Una visión romántica de la esclavitud animal

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Derechos Animales ya - Mujer birmana lleva a vacas del narigón - Visión romántica de la esclavitud animal - William Lloyd Garrison - Esclavitud negra
No existe romanticismo alguno en la esclavitud animal. Esta fotografía, que les evocaría a algunos un ambiente bucólico y respetuoso con la naturaleza, no tiene nada de romántico para las víctimas no-humanas. La mujer lleva a un par de vacas tirándoles de unas cuerdas que les atraviesan el cartílago nasal. Al igual que explicaba William Lloyd Garrison respecto a la esclavitud negra, ningún animal quieren ser coaccionado por el ser humano ni existe justificación alguna para vulnerar sus vidas, libertad e integridad.

Introducción

En nuestros días, cada vez más humanos son conscientes de la realidad que viven los animales y se oponen a la violencia que ejercemos contra ellos (maltrato animal). Sin embargo, pocos cuestionan el origen de este fenómeno (el especismo) ni aplican este principio humanitario en los diferentes contextos que envuelven la explotación animal.

Todavía hoy impera una visión romántica de la esclavitud animal cuando el ser humano ejerce explotaciones que no implica un sufrimiento directo para el animal, o bien, cuando dicha explotación la ejerce un colectivo oprimido o minoritario. A estas explotaciones, a menudo, se las percibe como positivas, bellas o parte de la cultura o la historia de una sociedad, o se las excusa apelando a que el individuo humano lo necesita para subsistir o por alguna razón excepcional.

Como ejemplo de lo primero tenemos a la equitación o hípica, y, para la segunda situación, a las explotaciones ejercidas por humanos que viven en la probreza, refugiados o colectivos minoritarios. La desgracia de un ser humano no justifica que cometamos injusticias contra los animales porque ellos poseen sus propios intereses inalienables. La necesidad no es justificación moral. Y la cultura o la tradición sólo indican que algo lleva haciéndose mucho tiempo, no que tenga legitimidad para continuar haciéndose.

No tiene justificación, por ejemplo, que se valide la caza de leones ejercidas por las tribus Masai ni la pesca ni caza de osos o focas por parte de las tribus Inuit porque forme parte de su cultura. Lo paradójico del asunto radica en que, cuando se habla de rasgos culturales occidentales, como la tauromaquia o la caza de cetáceos en las Islas Feroe, muchos ciudadanos no dudan en oponerse a pesar de que sea parte de la cultura de estos países. Esta doble vara de medir, que incluso acontece entre veganos, responde a un sesgo identitario y propio del marxismo cultural.

Derechos Animales ya - Retrato de William Lloyd Garrison
William Lloyd Garrison fue uno de los pensadores, periodistas y discursistas más relevantes en la lucha abolicionista de la esclavitud negra.

La visión romántica de la esclavitud animal coincide con la visión de la esclavitud negra

Esta visión romántica de la esclavitud animal es el fruto esperable de dos fenómenos interrelacionados: la cosificación que padecen y el autoconvencimiento de que las víctimas reciben un buen trato. Para reflejar el pensamiento especista en la actualidad, basta con citar un discurso de William Lloyd Garrison, realizado el 22 de abril de 1845 en Boston, respecto a la percepción de los estadounidenses de aquella época sobre la esclavitud negra:

Hay personas tan profundamente ignorantes de la naturaleza de la esclavitud que se muestran obstinadamente incrédulas cuando leen o escuchan cualquier relación de las crueldades que a diario se inflige a sus víctimas. No niegan que se considera a los esclavos una mera propiedad. Pero este terrible hecho no parece suscitar en sus mentes ninguna idea de injusticia, ultraje o barbarie.

Hablémosles de crueles azotes, de mutilaciones y marcas a fuego, de escenas de corrupción y sangre, del destierro de toda luz y conocimiento y fingirán una gran indignación ante tan enormes exageraciones, tan inmensas tergiversaciones, tan abominables calumnias en torno al carácter de las plantaciones sureñas.

¡Como si todas estas espantosas atrocidades no fueran producto de la esclavitud! ¡Como si fuera menos cruel reducir a un ser humano a la condición de simple objeto que flagelarlo severamente o privarle de los alimentos y vestimentas necesarios! ¡Como si los látigos, cadenas, empulgueras, palizas, sabuesos, capataces, mayorales, patrullas no fueran indispensables para mantener bajo control a los esclavos y proteger a sus despiadados opresores! ¡Como si abolir la institución del matrimonio no conllevase un aumento del concubinato, el adulterio y el incesto!

Cuando se aniquilan todos los derechos humanos, no hay ya ninguna barrera que proteja a las víctimas de la furia del expoliador. Cuando se asume un poder absoluto sobre la vida y la libertad, se ejerce de modo destructivo. Este tipo de escépticos abundan en la sociedad. En casos contados, su incredulidad surge de una falta de reflexión, pero por lo general es indicativa de un odio a la luz, de un deseo de proteger la esclavitud de sus enemigos, de un desprecio de la raza de color, ya sea libre o esclava.

Derechos Animales ya - Campesino africano conduce una yunta de mulas
En muchos lugares del mundo dependen de la esclavitud animal como modo de vida para el transporte de pasajeros y víveres. Que haya humanos en situación de injusticia, marginación y pobreza no justifica la explotación animal ni los legitima a tener esclavos que les sirvan.

Nuestra ética para los animales no ha avanzado desde el siglo XIX

Estamos en el siglo XXI y esos argumentos expuestos por William Lloyd Garrison siguen más vivos que nunca. Lo resumiré en estos tres puntos:

  1. La sociedad general no percibe que haya nada malo en el hecho de que los animales sean legalmente propiedades de los seres humanos, como hace dos siglos no veía nada malo que en los negros fuesen propiedades de los blancos.
  2. Tanto entonces como ahora, la sociedad sólo se compadece de las víctimas cuando se les habla y se les muestra la realidad; pero resulta mucho más fuerte la necesidad social de justificar la injusticia por tal de tranquilizar sus conciencias. Se trata de una negación nihilista con que obviar una reflexión ética.
  3. La sociedad sigue sin comprender que no es justo que nadie sea esclavo de algún otro. Sigue sin comprender que los animales no desean ser criados, hacinados, manipulados, domados ni asesinados para alimentarnos ni servirnos de ningún modo. Y sigue sin comprender que todas estas acciones derivan de su propio prejuicio y desprecio hacia los animales, tal como en épocas pasadas se despreciaba a la raza negra.

La analogía entre la esclavitud negra y la esclavitud animal es total. Y esta misma visión romántica se ha mantenido sin ningún cambio.

Derechos Animales ya - Tuit que justifica la explotación de burros - Visión romántica de la esclavitud animalEl autor de este tuit se ofrece una visión romántica de la esclavitud animal como si tales burros desearan cargar mercancías o trabajar para el ser humano. Los burros y otros animales que están junto a los seres humanos han sido domados y domesticados para servir como simples herramientas de transporte. No hay nada romántico en la guerra ni en la explotación animal. Todos los animales merecen respeto y son víctimas también de esos pobres seres humanos, quienes son víctimas de sus circunstancias.

La creencia de que los animales son esclavos por voluntad

Como parte inherente del romanticismo que envuelve la esclavitud animal, no es de extrañar que, como ocurría en el siglo XIX, también se incurra en la creencia de que los animales trabajan para ser humano por propia voluntad. William Lloyd Garrison y otros abolicionistas denunciaban la fantasía generalizada de que los negros eran felices en las plantaciones y de que cantaban de júbilo mientras recogían las cosechas. La misma similitud se esgrime frecuentemente en lo tocante a los animales. Una de las manera más efectivas de anular a las víctimas consiste en presuponer que su voluntad, casualmente, coincide con las de su amo.

Cuesta imaginar cómo un animal podría desear ser encerrado en un corral, en un zoológico, ser castrado o separado de sus crías; pero esto es lo que piensa mucha gente e incluso lo que promociona la nueva Dirección General del Gobierno.

Todos los animales están catalogados como bienes muebles semovientes —objetos con movimiento autónomo— y dicha consideración no cambiará mientras la sociedad, como ocurría con la esclavitud negra, se autoengañe creyendo que sólo haya un problema con la forma en que los tratamos y no con el hecho mismo de que sean esclavos. Por desgracia, más grave resulta que sus propios defensores participen, excusen y defiendan alguna clase de explotación animal.

El origen de los males que padecen los animales está en el especismo, en la creencia de que está bien discriminar y hacer con otros animales lo que nunca aceptaríamos ni veríamos bien para seres humanos. El especismo, a su vez, proviene de nuestra concepción antropocéntrica de que el ser humano es el único ser valioso que existe o la asunción de que los intereses de los demás animales quedan por debajo de los nuestros y de que sólo existan en la Tierra para servirnos.

Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales y ello nos exige, por coherencia, hacernos veganos.


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