Entrevista a Irene Aparicio Estrada (examazona de salto ecuestre)

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Irene Aparicio Estrada junto con un jabalí en un albergue para animales en Escocia - Examazona de salto ecuestre y deportista hípica

Irene Aparicio Estrada, examazona de salto ecuestre y deportista hípica, junto con un jabalí en un albergue de animales rescatados en Escocia.

De amazona a vegana, Irene nos habla de una realidad velada

E: Gracias, Irene, por aceptar mi propuesta de entrevistarte. A menudo se incurre en la falsa creencia de que los veganos somos todos «urbanitas». Y dentro del movimiento animalista se piensa a menudo que los explotadores taurinos, cazadores o ecuestres sean malas personas sin corazón. Habría que acabar con ese mito.

I: Totalmente de acuerdo, yo de urbanita tengo poco.

E: Cuéntanos un poco sobre ti.

I:  Yo vivo en Asturias, tierra de ganadería. Por lo general, en el norte la cultura de la carne está más arraigada. Quizás se halle relacionado con las condiciones climáticas, pero en Asturias es muy corriente ir a un restaurante y que no haya ni un solo plato que no contenga productos de origen animal. Por otro lado, se dice que Asturias es rural, lo que parece que lleva consigo la explotación animal por bandera. Cuanto más rural se considera un sitio, menos lugar hay para la reflexión. Quizás porque en nuestras costumbres norteñas está más arraigado el consumo de carne. Ésa es mi sensación.

E: ¿Tus padres se dedican a la ganadería?

I: No. Mis padres no son ganaderos, pero tienen una casa en el monte, en el pueblo de Villaviciosa, desde que nací. Mi padre tiene algunos animales para consumo propio. No nací en un ambiente ganadero, pero prácticamente todo asturiano es como si lo fuera. Él ha tenido desde cabras, ovejas, gallinas y palomas hasta avestruces, caballos, patos, ocas, y siempre los ha tenido por capricho y, por supuesto, los ha visto como un recurso. Esto te lo digo así ahora, porque para mí, mi padre era un verdadero amante de los animales, para mí eso era querer a los animales. Actualmente tiene siete u ocho gallinas para alimentarse de sus huevos y un par de gallos.

Irene Aparicio Estrada junto con su caballo Tango en el año 2013.

Irene Aparicio Estrada junto con su caballo Tango en el año 2013.

E: ¿Cómo te convertiste en amazona de salto ecuestre?

I: El tema de la hípica surgió porque, cuando yo tenía 3 años, mi padre compró nuestra primera yegua. Venía de una escuela hípica. Al parecer, la habían domado antes de la edad recomendada. Eso le había causado un problema de espalda. Parecía que la tenía combada o algo así. A mi padre le dijeron que seguramente sufría dolencias que se le pasarían. Tenía muchas esterotipias, sobre todo cuando le echaban de comer. Se ponía agresiva a la hora de la comida porque siempre había tenido que pelear por comer al estar junto a caballos más dominantes que ella. Era como una especie de trauma que tenía. Al echarle heno se volvía loca y no dejaba que otros caballos se acercaran por si se lo quitaban. Él me enseñó a montar en mi casa y con esta misma yegua llegué a competir 10 años más tarde. Sobrevino porque mi padre tenía un amigo, cuyo hijo montaba y competía, por lo que me apuntó a clases de hípica con unos 12 o 13 años. Para entonces, él quería apuntarme a clases extraescolares para que fuese una buena estudiante y no me dejara llevar por la «mala vida». De hecho, también estuve en kárate y en gimnasia rítmica. En la familia nos iba bien y llegamos a tener incluso 6 caballos. De ahí en adelante seguí y llegué hasta a competir a nivel nacional, por lo que te puedes imaginar la de cosas que podría contar.

E: ¿Cuáles fueron tus experiencias cuando comenzaste en la hípica?

I: Ya desde pequeña, mi padre había enseñado bastante bien a montar mientras íbamos de rutas con amigos. Así que, cuando empecé en la hípica, hubo cosas que me impresionaron y otras que, por la edad y el contexto, me hicieron ver como normales. Muchos caballos del centro en el que me entrené, y lo mismo cabe decir de otros centros, sufrían un vicio conocido como «tragar aire», entre otras esterotipias y resabios. Lo peor era que los instructores no hacían ni lo más mínimo por ayudarlos. Lo percibían como algo completamente natural. Sabían explicarme por qué sucedía, pero no se le prestaba mucha atención al problema.

Irene Aparicio Estrada durante la competición de la Liga Norte del año 2010 con su yegua Nika For Ever - Examazona y deportista hípica

Irene Aparicio Estrada durante la competición de la Liga Norte de salto ecuestre del año 2010 con su yegua Nika For Ever.

E: ¿Te enseñaban que la hípica era un «binomio», algo mutuo?

I: Sí, pero la hípica no es algo mutuo. Sólo importa que obedezcan. Para someterlos se hacían un montón de cosas que aborrecía. En primer lugar, si el caballo se resistía a ser montado durante la doma, lo normal es darle cuerda hasta «matarlo de cansancio». Así, un día y otro, hasta que pudiéramos subirnos al caballo sin que hiciese por tirarnos. Más tarde, cuando llegaba la hora de entrenarlos para el salto ecuestre, una «técnica» de entrenamiento consistía en meterse en las cuadras y permanecer un rato pegándoles en las patas para que asociaran los golpes con los palos y así siempre los evitasen. Y, cuando llegaba la hora de competir, otra «técnica» usada incluso en alta competición consistía en meterles chinchetas dentro de los protectores de las patas para que se las clavasen si rozaban un palo. De esta manera, el caballo asociaba que no debía nunca rozar uno de los palos que forman las barreras de salto. Ni siquiera llegaban a considerar que aquellas prácticas fuesen «maltrato». Cualquier daño que causáramos en nuestro beneficio era excusable. He estado en dos centros hípicos, uno en Gijón y otro en Oviedo, y esto lo he vivido en persona.

E: ¿Cómo afrontabas estas acciones que veías y te enseñaban a realizar?

I: Llegué a enfadarme con mi profesor cuando lo vi pegándole a mi yegua a mis espaldas. Su excusa, y la de todos, fue que así es como se les enseña y que así se doma a todos los caballos. «¿Qué crees que hacen los equitadores?», me preguntaba retóricamente. Si quería ganar, tenía que hacerlo y punto. Mi profesor recurría a eso en ciertas ocasiones, sobre todo cuando la competición era importante. El bienestar animal no existe ni en la hípica ni en ninguna forma de explotación animal. Es un cuento para tranquilizar conciencias. Los caballos son objetos. Y digo que son objetos porque se los trataba (y trata) como objetos en todos los sentidos. Por ejemplo, mi yegua se encontraba en régimen de pupilaje y se alojaba en el centro hípico. Yo iba a entrenar cuatro días a la semana, más por sacarla de la cuadra que por necesidad mía. Si, por el contrario, un dueño se desentendía de su caballo, éste se quedaba todo el tiempo en la cuadra. Y lo peor no era eso. Como los caballos son legalmente propiedades, si un propietario deja de pagar la cuota de pupilaje, el caballo es embargado. Y mientras dura el proceso de embargo, que puede ir desde dos meses hasta lo que quiera el tribunal, el centro no puede ni tocarlo siquiera. Normalmente, el centro sigue alimentándolo y abrevándolo, pero imagínate el sufrimiento y las enfermedades que se les provoca.

E: ¿Viste que explotaran yeguas embarazadas o algo respecto a la crianza de caballos?

I: Pues mira, casos de yeguas embarazadas obligadas a competir o entrenar no vi nada, o no lo recuerdo. Pero respecto a las compraventas, aquellos caballos que pasaban de mano en mano acababan usados por niños recién iniciados en la equitación o como caballos para terapias («hipoterapia»), sobre todo, si eran bastante mayores, tenían un carácter noble y tranquilo, y no eran muy altos. Vamos, ni jubilarse tienen permitido. Luego están las famosas paradas, donde propietarios con caballos, famosos por sus resultados en las pruebas o por sus «genes», los llevaban a tal sitio y venían todos los clientes con sus yeguas para que el semental o los sementales de turno las cubriesen. Muchas veces era el propio ejército el que hacía esas paradas con sus sementales. En la hípica, los caballos son mercancías.

Irene Aparicio Estrada durante entrenamientos de salto ecuestre - Examazona y deportista hípica

Irene Aparicio Estrada durante sus entrenamientos de salto ecuestre.

E: Aún así seguiste…

I: Te inculcan que todo esto es normal y que, después de todo, «amábamos a los animales» por tratar con ellos, a diferencia de mucha gente que no ve de cerca a un caballo en su vida. Darles de comer por nuestra conveniencia, entrenarlos por nuestra conveniencia y por forzarlos por nuestra conveniencia era una forma de «amor». Al principio me parecía como un juego y cuando me forzaban a hacer ciertos ejercicios, creía que yo misma era una cobarde o una exagerada por preocuparme por el animal. Saltar 0,5 m no es casi nada, pero cuando subí de categoría a 1,1 y 1,2 m, empecé a sentirlo como algo abusivo. Recuerdo que, una vez entrenando, mi profesor se calentó y elevó el salto a 1,3 m, una altura que suponía un gran desgaste para el caballo y que a mí me ponía en riesgo. Sinceramente no sé cómo llegué hasta ahí, porque recuerdo que cuando la hípica se convirtió en un deporte para mí, no me sentía a gusto. A medida que mi nivel de competición iba subiendo, me iba asustando más, sentía de alguna manera que eso me quedaba muy grande y me daba mucho apuro que el caballo hiciera esos esfuerzos. Como te digo, yo pensaba que lo que me pasaba es que no era lo suficientemente valiente, porque todo el mundo lo hacía y yo era la única que tenía miedo, sentía que estaba sometiendo a un animal a algo que realmente no quería hacer, ni él, ni yo. Para prepararme mentalmente, iba con mi padre a ver las competiciones de salto de Las Mestas. Lo pasaba fatal, de veras, al ver que les ponían una burrada de altura para saltar. Dejó incluso de gustarme a ir.

E: E incluso para no gustarte eras buena en salto ecuestre, ¿verdad?

I: En el año 2007 gané el campeonato de Asturias en la categoría ponis D y al año siguiente gané la medalla de bronce a nivel regional. Competí en la Liga Norte y quedé en quinta posición en la clasificación general. Entretanto, gané varias competiciones locales y participé en la liga nacional de España. Entonces, me retiré de un día para otro con 20 años.Irene Aparicio Estrada durante sus entrenamientos de salto ecuestre - Examazona y deportista hípica

Irene Aparicio Estrada durante sus entrenamientos de salto ecuestre.

E: ¿Qué pasó?

I: Sufrí una caída bastante grave. Mis padres se asustaron y me dijeron, literalmente, que no compensaba exponerme a las exigencias del deporte profesional ni tampoco económicamente. Para entonces ya montaba a otra yegua. Y ésta quedó, igualmente, en segundo plano. Respecto a mi primera yegua, mis padres se la «donaron» a un señor que la cuidaría. Ya no tengo contacto con ella, pero sé dónde está y que, al menos, está bien.

E: ¿Y cómo te hiciste vegana?

I: Me habría gustado decir que dejé la hípica por hacerme vegana, pero, como oyes, no fue así. Como ves, el animal siempre dio igual. Me hice vegana hace un año aproximadamente. Mi relación con el veganismo vino porque conocí a un amigo que era vegetariano, y a raíz de hablar con él, me di cuenta de que, si yo siempre había querido a mis animales, ¿cómo podía estar comiéndomelos al mismo tiempo? Entonces di el paso y me hice vegetariana. Luego, a medida que fui concienciándome e informándome, además de ver documentales estremecedores como Earthlings o Hope, di el paso definitivo hacia el veganismo en un mes. Ahora estoy muy contenta de poner mi grano de arena como activista al desarrollar un proyecto fotográfico para reivindicar los Derechos Animales.

E: ¡Vaya! Eso sí que es tener iniciativa. Háblanos de ese proyecto.

I: Se trata de un proyecto fotoperiodístico que he gestado en Escocia, donde trato de mostrar la realidad de muchos individuos no-humanos invisibilizados. Tengo fotografías que visibilizan la explotación animal en todas sus formas y otras para luchar contra el especismo. Mi idea es llevar el proyecto a institutos, exposiciones e impartir charlas al respecto. También voy a cubrir historias de humanos que, a diferencia de mí, tienen una relación especial con un animal diferente de los que solemos ver con un humano. Por ejemplo, está la historia de una chica y una oveja que son inseparables para que la gente vea que podemos romper esa barrera especista y respetar a todos los animales por igual, no solo a los perros y gatos… o a caballos, aquellas pocas veces en que la sociedad se acuerda de ellos.

Estas fotografías pertenecen al proyecto fotoperiodístico de Irene Aparicio Estrada (Irene Ziel). Se muestran en esta publicación con permiso de la autora. Para información y contacto, visite la página del proyecto.

E: Desde luego, todos nos sorprendemos cuando echamos la mirada hacia atrás. ¿Cómo se lo tomaron tu familia y amigos?

I: Mis padres llevan bien lo de mi alimentación, pero les molesta que les diga que dejen de explotar a los animales y que no compren más. Mi hermana me critica que yo ahora condene aquello que yo misma he estado haciendo durante años. Yo le respondo que todos cambiamos y que los animales necesitan que empecemos a verlos como personas en lugar de como simples objetos. Mis amigos, por su parte, lo «flipan» como mi familia, pero no me he sentido rechazada por ellos. A una chica que conozco, muy sentimental y expresiva, traté de explicarle esto mismo, pero no quiere entenderlo. La sociedad muestra una gran aversión al cambio. Sienten mucho miedo interior.

E: Nadie podría negar que eres muy valiente al contar tus experiencias. Y, además, lo haces con tu nombre y apellidos.

I: Digo sin pudor que ya no volvería a montar a caballo. Y hoy no tendría tampoco ningún reparo en enfrentar la realidad ni de tratar de dialogar con quienes participan en la explotación ecuestre o me enseñaron esas terribles prácticas. Creo que hay mucha gente sensible como yo, pero que simplemente no han hecho la conexión porque les da miedo enjuiciar sus actos. Los animales necesitan que seamos valientes. Y la valentía no está en saltar dos metros a lomos de un caballo, sino en asumir nuestros errores y luchar por enmendarlos. La perseverancia es lo último que espero perder.

Referencias

Ocio caballo

El Comercio

Portal Ecuestre (palmarés de Irene Aparicio Estrada)

Perfil público de Irene Aparicio Estrada (Facebook)


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2 Comentarios

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    Manuel Publicado 21/07/2019 10:03

    Me ha emocionado la lectura de este documento. En cierto modo me ha recordado mi niñez donde siempre se justificaban los motivos por los cuales se hace sufrir a los animales, pues se les considera mercancía en lugar de seres vivos que sienten y padecen. En fin, felicitar a Irene por dar el mayor «salto» de su vida haciéndose vegana.

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    Patrix Publicado 23/07/2019 14:45

    Cuántos de los que leen y comentan pasarán solo de conmoverse, horrorizarse, algunos hasta llorarán. Hay muchos, millones de animales siendo asesinados ahora mismo y también hay muchos comiendo sus cadáveres bien apiñados para tapar el amargo sabor de la agonía. Hazte vegano hoy.

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