La necesidad no es justificación moral para explotar animales

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Burra atada en una finca - Explotación animal vinculada a la pobreza

A menudo se aduce que explotar animales sea necesario porque sus explotadores necesitan hacerlo para ganarse la vida. La necesidad no es justificación moral bajo ningún concepto, pues ellos no son culpables de la situación humana ni de las injusticias que sufran sus explotadores.

Padecer una injusticia no legitima no es una justificación moral para explotar animales

En España y otros cientos de países en condiciones de extrema miseria existe explotación animal vinculada a la pobreza. Uno de los ejemplos más representativos en países de América Latina lo constituye la tracción de sangre, una forma peculiar que se emplea en varios países del Cono Sur para referirse a la actividad de recoger chatarra y transportar objetos mediante la explotación de équidos.

A tenor de la crisis económica mundial, se observa un incremento directamente proporcional entre la desigualdad sufrida por el pueblo y la opresión que éste ejerce contra otros animales (aún más débiles) debido a una absoluta desconsideración hacia sus intereses. No cabe extrañarse; pues los humanos, con una mentalidad utilitarista, hemos tratado históricamente y seguimos tratando a los no-humanos como simples recursos. Ellos siempre se llevan la peor parte de una injusta estructura social y, para colmo, no reciben la atención de casi nadie. Si el humano corriente no suele hacer actos altruistas por sus congéneres, aun menos por otros animales. De hecho, a la indiferencia absoluta se le suma el alegato bastante irritante de «¡Los humanos primero!».

La necesidad no es justificación moral. Las condiciones en que viva un ser humano no le otorgan legitimidad para cometer injusticias. Que los humanos suframos injusticias no convierte en menos injusto para los animales la acción de comerlos o explotarlos de alguna forma. Si esto, a veces, parece complicado de entender y explicar en sociedad en referencia a humanos sin que alguien nos mire mal, peor incluso cuando uno pretende defender a las víctimas no humanas. Así como la explotación humana resulta siempre injustificable, la explotación animal es injusta ya la practique un rico o un pobre. Si matar a un ser humano —aún se haga por dinero para comer— no está bien por unos fundamentos éticos, ¿por qué razón va a ser justificable si se trata de un no-humano? Precisamente, el especismo consiste en aplicar un código ético diferente según quién padezca la injusticia. Si ninguno de los presentes pondría a un humano de esclavo para cargar con fardos, ¿por qué un caballo, mula o burro sí debe hacerlo? Y no, no vale salir por la tangente diciendo que quizás las plantas también sientan. Esta «escala de prioridades» refleja fielmente una moral convenida por un conflicto de intereses. Este punto ha de quedar grabado a fuego para reconocer nuestra doble vara de medir.

Para condenar una injusticia no necesitamos «saber» cómo enmendar una situación derivada

Otra de las falacias habituales se basa en exigir alternativas con el objetivo de excusar acciones humanas. Ni yo ni ningún activista tiene que «aportar» previamente una solución al problema para ganarse la potestad de denunciarlo. Alegar que una forma de explotación animal resulta «aceptable» en el caso de no haber opciones deseables o viables a corto plazo es como haber afirmado en el siglo XIX (como se hacía) que la esclavitud negra estaba bien porque los blancos necesitaban dicha mano de obra o sus negocios se irían a la ruina.

La lucha por los Derechos Animales será terriblemente larga. Hoy por hoy, en una sociedad incapacísima de comprender los aspectos básicos del principio de igualdad, uno se siente inútil e impotente ante una masa de ignorancia, egocentrismo y agresividad que apenas alza la voz para hablar de «maltrato animal» y pedir un «bienestar animal» imposible en la práctica. Desde la base, bastaría con que todos los autoproclamados animalistas fuesen éticamente coherentes para que ya hubiese un verdadero ejército capaz de cambiar la realidad. Entretanto, tenemos a unos que creen que ya hacen lo correcto (y se cuelgan medallas) y otros que directamente pasan o se montan justificaciones ridículas.

Han de tenerse las bases de los Derechos Animales para formarnos como activistas y sólo de esta manera obraremos sin discriminación moral.


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