¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos

La domesticación, la selección artificial y sus efectos

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¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectosLa domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

Una introducción al especismo científico

Un biólogo investigador, experto en el campo de la domesticación animal, trató de humillarme en Twitter —sin expresar ningún argumento, dejándome a merced de sus seguidores (o palmeros)— ante mi afirmación de que la domesticación podría definirse como «el proceso de endogamia forzada por el cual el ser humano ha seleccionado y manipulado a los demás animales para disponerlos como recursos para sus fines. Es la consecuencia de un fenómeno de cosificación».

Quizás recurrió a la ridiculización y al insulto fácil porque no sabía que yo también era biólogo. Este señor, como doctorado, posee un nivel de conocimientos y de especialización mayor en su área. Sin embargo, eso no lo vuelve inmune de incurrir en el efecto Dunning-Kruger, es decir, sus altos conocimientos no le impiden caer en la creencia irracional de que siempre llevará razón en su campo de estudio o de que tenga suficiente conocimientos para refutar o contraargumentar en otros campos (como en filosofía, antropología, historia o Derechos Animales).

Los prejuicios morales, junto con los conflictos de intereses personales y colectivos, constituyen uno de los pilares del antropocentrismo. Y una interpretación sesgada de la naturaleza nos lleva a tratar de excusar la explotación animal apelando a la falacia naturalista. La ciencia es objetiva en sí misma. Sin embargo, al estar construida por seres humanos, no queda libre de prejuicios especistas camuflados de objetividad.

Sin más preámbulos, en este artículo quisiera definir y reflexionar acerca del proceso y los efectos de la domesticación desde un punto de vista biológico y filosófico, y ofrecer mis propios juicios sobre la selección artificial y, en sentido amplio, la manipulación humana de animales como fruto del antropocentrismo.

Este ensayo está relacionado con otro, igualmente importante, titulado: La ganadería y las prácticas ganaderas

Los animales domesticados son los actuales descendientes de animales salvajes que fueron separados, confinados, manipulados y asesinados por el ser humano. Lejos de conformarnos con esclavizarlos a nivel de «individuo», los hemos esclavizado como «colectivo» o «raza» al condicionar sus caracteres por selección artificial para volverlos dóciles e, hipotéticamente, también menos inteligentes.

¿Qué es la domesticación?

Desde un punto de vista biológico, la domesticación es un proceso artificial —ejercido o condicionado por el ser humano, elemento antrópico— consistente en la selección de animales con unos rasgos biológicos determinados —o, en la actualidad, su inclusión genética— que ingenió nuestra especie desde los albores de la civilización para mejorar e incrementar los beneficios obtenidos por medio de la explotación animal.

Desde antaño, tales ganancias se traducen en recursos y dinero (bienes materiales y bienes abstractos). Por ejemplo, seleccionar a aquellas vacas con las ubres más voluminosas y que segregaran más leche aumentaba la producción de dicha sustancia y, a mismo tiempo, el rendimiento económico del ganadero.

El mismo caso aconteció con infinidad de especies animales: cerdos más gordos al nacer y que engordasen más rápido, caballos más pesados o rápidos según a cuál fin se los vinculase, o toros que, supuestamente, fuesen más agresivos de lo esperado para un animal herbívoro con el fin de que los humanos —«la raza superior»— pudiera divertirse mediante la tauromaquia u otros festejos que son una recreación festiva de la dominación humana.

Hoy, por fortuna o desgracia de los avances científicos en genética, la selección artificial llega al nivel de que se insertan genes alóctonos y perjudiciales para sus vidas con tal de incrementar la productividad.

La domesticación, por definición, implica la selección artificial de caracteres beneficiosos para el ser humano, no para el animal de turno. La aparición de un fenotipo beneficioso para el ser humano requiere conseguir que los ejemplares sean de «raza pura», es decir, que sean homocigóticos para el carácter deseado. Un animal homocigótico o de «raza pura» para uno o más caracteres es aquél que presenta todos sus alelos —variantes posibles de un gen— iguales para uno o varios caracteres.

Explicado de una manera simple, la domesticación requiere buscar animales que muestren unos caracteres deseados y que, al mismo tiempo, estos caracteres sean la única manifestación génica posible de los parentales para evitar que la aleatoriedad de los cruzamientos —originada por recombinación génica— genere híbridos —animales con más de un alelo diferente para un mismo carácter— sin los caracteres deseados.

Es tal el grado de cosificación, que por boca de ecólogos, he llegado a oír que los animales esclavizados como «ganado» —el propio término despierta connotaciones negativas— constituyen «microhábitats» de la biodiversidad para moscas, tábanos, bacterias y endoparásitos. Yo, en esta fotografía, sólo veo la parte del cuerpo de un animal. Las funciones que pueda desempeñar un animal por su existencia en la naturaleza no deben reducir al animal a ser un mero elemento del paisaje.

Relación entre domesticación y endogamia

Cruzando animales que sean razas puras para los caracteres deseados, el ser humano se asegura de que su descendencia, en teoría —a menos que lo impidan la expresión de otros genes—, manifieste fenotípicamente dichos caracteres deseados.

Debido a que la presencia de caracteres homocigóticos aumenta dentro de una población animal seleccionada por el ser humano —como consecuencia de la selección artificial— la domesticación conlleva, inherentemente, un incremento de la endogamia —del parecido genético— entre los animales seleccionados y reproducidos con el fin de mantener dichos caracteres.

El concepto de «endogamia», con ligeras variaciones según de la fuente tomada, aparece definida usualmente como «la acción y el efecto del cruzamiento o la reproducción entre individuos con un parentesco genético».

En veterinaria abundan los artículos académicos sobre animales esclavizados como ganado en los que analizan sus tasas de endogamia como fruto de la selección artificial. Por ejemplo, enlazo esta tesis doctoral sobre la tasa de endogamia en la ganadería vacuna mexicana para la raza «beefmaster», nótese que los humanos somos jocosos incluso a la hora de nombrar a nuestros esclavos.

Que la domesticación conduce a la endogamia no es un misterio de la ciencia. Por este hecho, los veterinarios cómplices de la industria ganadera deben analizar de cuando en cuando la tasa de endogamia de su ganado esclavizado.

¡Derechos Animales ya! - Buceador junto a una mantarraya - Especismo en la cienciaLa ciencia actual está muy condicionada por el especismo. A través de la domesticación y de la selección artificial hemos esclavizado a los animales. Los pocos animales salvajes que todavía quedan se libran, de refilón, de la endogamia impuesta por el ser humano sobre los animales domesticados.

Verdades y mitos sobre la domesticación

La endogamia en animales —como en humanos— genera enfermedades por taras genéticas y los vuelve más susceptibles a otras. La selección artificial ha creado y crea animales deformes y enfermos. Esta razón, unida al hacinamiento o incluso a la introducción intencional de genes dañinos para su salud, hace que los animales esclavizados requieran una gran cantidad de medicamentos.

Por otra parte, existen muchos mitos sociales sobre los efectos de la domesticación y de la selección artificial. En algunas ocasiones, incluso aparecen divulgados sin pudor en libros académicos de filosofía, derecho o incluso de veterinaria.

Se alega a menudo que los animales domesticados por el ser humano carecen de la capacidad o fortaleza de sobrevivir en la naturaleza aun cuando existen especies asilvestradas de prácticamente de todas las especies domesticadas; las cuales reciben la etiqueta de «plaga» y acaban siendo asesinadas cuando molestan a las poblaciones humanas adyacentes.

A menudo se cree que la docilidad hacia el ser humano implica indefensión frente al medio natural. Que un animal se muestre dócil no significa que, en en condiciones naturales, no sepa sobrevivir o adopte estructuras sociales complejas aunque nunca las haya conocido. Los animales no somos una tabla rasa ni la domesticación es capaz de sobrescribir millones de años de evolución.

En estos casos se observa una dualidad entre ignorancia y racionalización. La sociedad general asume que no pueden vivir sin nosotros con la intención interiorizada de justificar el dominio que ejercemos sobre ellos o, al menos, su tenencia en nuestros hogares porque así nos beneficiamos.

Por fortuna, la selección artificial es reversible si obra de nuevo la selección natural, bastan unas pocas generaciones de selección natural para que reviertan la mayor parte de las taras génicas debidas a la endogamia. Esto rompe el mito social —también común entre veganos— de que los animales domesticados siempre serán dependientes de los humanos para sobrevivir.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoHasta la fecha están relativamente bien estudiados aquellos rasgos más característicos en las especies domesticadas y en sus respectivas razas como fruto de la selección artificial. Un ejemplo llamativo de carácter obtenido como consecuencia de la domesticación —y propagado mediante endogamia— reside en la mancha blanca que exhiben los bovinos e incluso en équidos.

Se estima que ciertos genes cuya expresión modulan la agresividad también intervienen en la secreción de melanina, al menos, en estas especies. En consecuencia, la selección de aquellos ejemplares —individuos— más dóciles ha causado que éstos también exhiban una mancha blanca sobre sus frentes.

Mi argumentación para definir la domesticación

Mi definición de la domesticación —expuesta al comienzo de este artículo— es una simple inferencia secuencial de proposiciones: Si la domesticación (A) aumenta la presencia de caracteres homocigóticos (B) porque se basa en la selección de parentales con caracteres homocigóticos, y la presencia de caracteres homocigóticos (B) incrementa la tasa de endogamia (C) porque se requiere mantener cruzamientos entre animales con caracteres homocigócitos —con parentesco génico— para la continuidad del fenotipo deseado, ergo, la domesticación (A) conlleva un aumento de la tasa de endogamia (C) dentro la población dada.

Si la domesticación, debido a la selección artificial, es un proceso que conduce inevitablemente a la endogamia, y la endogamia no se produce voluntariamente en los animales esclavizados —porque ellos, los parentales, no eligen la pareja por selección natural—, es legítimo entonces añadir el adjetivo o epíteto «endogamia forzada» para indicar así que la domesticación es un proceso de endogamia forzada.

De hecho, me atrevo a afirmar sin reparos que la domesticación es un proceso triplemente forzado:

  1. Forzado porque nosotros —los humanos— imponemos nuestra voluntad e intereses sobre la voluntad e intereses de los animales domesticados.
  2. Forzado porque la selección artificial —base de la domesticación—, conlleva el uso inherente de la violencia para sujetar, atar, controlar, inmovilizar, separar o dirigir a los animales sementales y a las hembras destinadas a la procreación, ya sea para una cópula natural o una recogida de semen y posterior inseminación artificial.
  3. Forzado porque los animales parentales no eligen a sus parejas ni ningún otro elemento que altera y modula el desarrollo de sus vidas y de la de su descendencia.

En conclusión, por mucho que este biólogo sea experto en el campo de la domesticación, ha optado por intentar una refutación sin argumentos porque posiblemente no tiene argumentos con que refutar esta argumentación sobre que la domesticación causa endogamia.

Quizás le haya sorprendido mi uso intencional de los términos en rechazo al especismo y la vehemencia con que me expreso —eso me comentaron cuando presenté mi TFM—, pero este rasgo —originado en mi caso por una selección natural sin muchos de los filtros naturales— no constituye una incorrección científica.

Lo más grave del comportamiento de muchos «expertos» reside en que su arrogancia convierte su talento potencial en manifestaciones de irracionalidad. En ausencia de contar con los argumentos de este biólogo, considero que lo expuesto hasta el momento en este artículo es coherente y científicamente correcto.

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Adrián López Galera

Adrián López Galera

Grado en Biología. Máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales. Amplia experiencia en Derechos Animales, Escritura Creativa y Administración de sistemas informáticos.