¿Qué es el veganismo y cómo llevarlo a la práctica?

Definición de veganismo

El veganismo es el principio ético que defiende los Derechos Animales, basado en el rechazo hacia toda forma de explotación animal en reconocimiento de que ellos, como nosotros, poseen intereses inalienables como la vidalibertad e integridad. Esto implica no consumir productos de origen animal, no vestirse con sus pieles, no encerrarlos en zoológicos, no divertirse a su costa ni usarlos de ninguna manera como si fuesen objetos, recursos o vehículos para fines de terceros. A pesar de su parecido léxico, no debe confundirse con el vegetarianismo.

El veganismo consiste en la aplicación del principio ético de igualdad hacia todos los demás animales debido a que contamos con la capacidad de sentir, lo cual nos permite desarrollar intereses inalienables. Concretamente, Donald Watson, presiente de la Unión Vegetariana Internacional se refirió a éste por vez primera en 1944 cuando explicó que algunos miembros estaban escindiéndose de la organización debido a que ya no se consideraban representados por el término «vegetariano» y sus habituales razones egocéntricas. Posteriormente, apareció definido por Leslie Cross en el año 1951 dentro del primer boletín de la Vegan Society como «la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales».

Posteriormente, filósofos como Tom Regan y Gary Francione matizaron y postularon aquellas razones filosóficas por las cuales los no-humanos merecen el mismo respeto que los seres humanos. Las obras de ambos pensadores han sido diversas. No obstante, las obras de Francione destacan por su análisis profundo y pormenorizado sobre el estatus adjudicado a animales no humanos y los distintos enfoques sociales respecto a nuestra relación con ellos.

El veganismo se fundamenta en la idea básica, sencilla y trivial de que todos los animales merecemos vivir.

Las bases del veganismo

La cultura es una parte integral de lo que somos: forja cada elemento que la biología deja a disposición del medio, marca el idioma con que nos comunicamos, cómo nos relacionamos con los demás y nuestra percepción hacia el mundo físico. No nacemos como una tabula rasa; pues ya desde el vientre materno empezamos a asimilar un «yo» que nos acompañará durante buena parte de nuestra vida. El saber, las experiencias y los traumas moldean nuestra predisposición genética y nos forman una personalidad única y diferente.

Al igual que hace siglos había humanos expuestos a crecer en una atmósfera terriblemente racista, y todavía hay quienes se engendran en un ambiente sexista y homófobo, todos nos criamos en una cultura especista. Es decir, nos inculcan desde pequeños una serie de valores o deberes para con otros animales basados en la utilidad que nos ofrecen (utilitarismo) porque, a pesar de que se muevan y muchos posean un cerebro y sentidos muy desarrollados, consideramos ciegamente que sólo nosotros contamos con individualidad e intereses. Tomando nuestros propios sentidos como base, la ciencia (aún con dificultad) reconoce que no nos diferenciamos en nada relevante. Si no fuese así, cuanto sabemos de ellos no sería en absoluto aplicable a nuestra especie. La mayor parte del conocimiento científico sobre el Homo sapiens proviene de la observación histórica y, más recientemente, experimentación con otros animales. La explotación animal es cultural; pues no tenemos ninguna necesidad biológica ni instinto que nos fuerce explotar animales. Todo cuanto les hemos proveído a otros animales a lo largo de la historia ha sido por nuestro provecho y beneficio. La veterinaria, por ejemplo, no existe para salvar la vida de los animales ni tampoco mantenemos una relación mutualista ni son ciertas muchas sandeces pseudocientíficas que todavía se oyen dentro de las facultades de ciencias o se difunden a los cuatro vientos entre asociaciones ecologistas.

El avance científico, en lugar de servir como argumento para la continuación de prácticas antropocéntricas, nos lleva de nuevo a reconocer forzadamente que. si otros animales no son distintos de nosotros, no cabe darles un tratamiento desigual en aquellos parámetros en que coincidamos, ¿verdad? A menudo se señala que si un animal carece de obligaciones no puede tener derechos, lo cual, además de falso, resulta sumamente hipócrita: cuando los explotamos les endilgamos una obligación para con nosotros. Un toro en una plaza, un caballo montado o atalajado, un primate en un zoo, una vaca estabulada, una gallina enjaulada, cerdos, sardinas, palomas, abejas, etc., tales animales están obligados a hacer o permanecer de cierta forma porque los humanos lo hemos decidido. Entonces, ¿dónde quedan sus derechos? También hay quienes caen en el relativismo moral de afirmar que todo es relativo y que los derechos son «invenciones» o «constructos sociales». Si así fuera, ¿alguno de nuestros oyentes o lectores dejaría que otro lo asesinase apelando a que la ética sea subjetiva? Me temo que no hay nada relativo en que poseemos unos intereses propios. Un derecho es la defensa de un hecho, la defensa de dicho interés.

El veganismo conlleva descosificar a los animales domesticados, empezar a verlos como personas y oponernos al propio hecho de que sean esclavizados y coaccionados.

Las razones del veganismo

El veganismo trata de justicia fundamental, ni más ni menos. Y la justicia se consigue cuando se dejan de cometer barbaries y aberraciones. No basta con pedir que se hagan con menos sufrimiento. Del mismo modo en que antes del cese de la esclavitud humana se postularon medidas y propuestas con un fin «amortiguador» entre conflictos de intereses, desde hace décadas existe una respuesta «apagaconciencias»: el bienestarismo. Esta ideología toma la filosofía del utilitarismo moral y la aplica a la explotación animal. La analogía con la esclavitud humana no cobraría sentido si los demás animales fuesen piedras o seres inertes, pero no lo son. El veganismo, de igual modo al principio abolicionista de la esclavitud negra, argumenta que los animales merecen un reconocimiento moral y legal a tenor de las mismas razones que se emplearon para constituir los Derechos Humanos: la posesión de intereses inalienables (necesidades conscientes) tales como la libertad, integridad y vida; las cuales se derivan de la capacidad de sentir (sintiencia). Si estimamos que dichos intereses son valiosos en sí mismos en nosotros, ¿por qué acaso no van a serlo en tales sujetos? Hasta la más diminuta hormiga pelea por sobrevivir y estima su vida aunque nadie más lo haga. Reducir las acciones no-humanas al instinto es un reduccionismo para obviar el sesgo de que nos cuesta asumir las semejanzas. Pues, si los humanos al final no resultamos ser tan exclusivos ni el sol gira a nuestro alrededor, ¿en qué podemos agarrarnos para darles un sentido a nuestra existencia?

Si hace dos siglos nos encontrábamos con organizaciones que pedían un descanso para los negros el domingo porque era el día del Señor, menos latigazos o la compra conjunta de madres e hijos para evitar la separación filial; en el caso que nos atañe nos topamos con grandes instituciones que exigen mataderos de muerte rápida, huevos de corral (olvidándose de los pollitos triturados) y jaulas algo más grandes para estos esclavos. El fin es el mismo: perpetuar el uso como recurso porque nos beneficia al mismo tiempo que se logra mantener la conciencia tranquila. Los medios y fines se diluyen ante las apetencias puntuales o permanentes de sus explotadores. Cualquier cosa les vale por tal de vivir gracias a la compasión de sus socios y donantes. Cada explotador, ya hablemos de particulares o la industria, maneja sus «objetos» como le viene en gana. El bienestarismo refuerza la idea de que todo ello sería una «elección personal» mientras no se los hiciere sufrir en exceso para la finalidad a cual se los compele.

Por otro lado, están otro tipo de colectivos y organizaciones animalistas que sólo piden respeto para determinados grupos animales (primates o cetáceos, generalmente) o que promueven algunas formas de explotación animal «compasivas» (que no conducen directamente a la muerte), como el caso de la «doma natural» o de una tauromaquia sin estocadas. Por si los hechos no hablan por sí solos, siempre hay gente valiente que proviene de este mundillo para reconocer sus prácticas.

El veganismo se basa en la sintiencia para reconocer el respeto que merecen los demás animales.

¿Por qué debemos dejar de participar en la explotación animal?

Cada uno es libre de creer en cuanto desee; pero no de obrar según sus gustos, intereses o apetitos. Si los demás animales valoran sus propios intereses, ningunearlos sería una contradicción respecto al deseo propio de que otros respectasen los nuestros. Por esta inferencia lógica nació históricamente el veganismo: el movimiento social por la abolición de la explotación animal, el cual se confunde constantemente y con dudosa intencionalidad con el vegetarianismo. Una vez tomamos conciencia de una realidad científica (ellos también sienten y padecen) y antropológica (cultural), nos lanzamos a tratar de explicar cómo hemos llegado a esta situación en que millones de animales pertenecientes a otras especies pierden la vida en nuestras manos por razones inverosímiles y el más nimio de los placeres atávicos.

Así, retornamos al punto inicial, nacemos en una cultura que nos inculca nociones incorrectas y sesgadas sobre la naturaleza. Estas fallas, en consonancia con propósitos individuales o colectivos, nos llevó al origen del especismo: la discriminación moral según la especie. Y, más concretamente, la creencia de que una diferencia génica marca la diferencia entre quiénes merecen respeto y quiénes la muerte del mismo modo en que desde los albores de la civilización hemos esclavizado vilmente a otros humanos. Por tanto, nuestro deber es dejar de participar en la explotación animal (uso como recurso) de todos los demás animales de la misma manera en que abogamos por la justicia hacia otros seres humanos.

Por desgracia, el sencillo planteamiento del veganismo se ve expuesto y vapuleado frente al egocentrismo y conveniencias de quienes viven y disfrutan gracias al trabajo de terceros. La creciente preocupación social por el «bienestar animal» ha convertido lo que debiera ser una evolución o progreso humano en un negocio redondo (con audiencia televisiva incluida), en el lucro mediante victorias pregonadas sobre la desgracia ajena y el autoconsuelo de quienes prefieren ceder su arbitrio y agencia moral en aquéllos que, con bellas y rimbombantes palabras, les alivia el sufrimiento de saber que causan un mal evitable (por ejemplo, comer carne) por el hecho de donar para que, milagrosamente, ciertas víctimas sufran una miseria algo menor antes de terminar en sus platos.

El cambio comienza en nosotros mismos; no cabe esperar un mundo más justo mientras seamos parte de la injusticia. En un principio solemos sentirnos asaltados por racionalizaciones peregrinas para no aceptar la realidad (justificación en la tradición, en el supuesto beneficio, etc.). Nadie piensa nunca que está equivocado. Asumir que nuestra cultura causa un holocausto contra otros animales sin ninguna necesidad real nos genera de antemano un fuerte rechazo que motiva el incurrimiento en falacias dialécticas. Una vez abandonamos la visión tan «idílica» (manipulada) de la explotación animal, introducida desde nuestra infancia, entendemos nuestro deber de actuar.

El veganismo está expandiéndose más rápido que nunca gracias a los avances en informática.

Algunas consideraciones el veganismo llevado a la práctica

El veganismo, llevado a la práctica, implica romper y promover un cambio radical en la forma en que percibimos y tratamos a los animales como consecuencia de nuestra cultura. Parte desde el hecho evidente y argumentado de que todas las culturas humanas participan en explotación animal debido a un fenómeno de cosificación derivado de una discriminación moral (especismo).

Hacerse vegano no tiene ningún misterio. Basta con informarse sobre llevar una dieta variada y evitar cualquier producto o acción que conlleve el uso de animales como recurso. Sin embargo, sí resulta más complicado tener las ideas claras y formarse como activista para promover el respeto que merecen las víctimas no-humanas. A menudo, entre los grupos veganos existen acalorados debates en torno a la acción directa. Salvar víctimas mediante acción directa puede ser una virtud; pero, por desgracia, entrar en una granja, boicotear una corrida de toros o gritarle a la gente en algún sitio no cambia la mentalidad colectiva. Dado que todas nuestras acciones derivan de la cultura, si no nos esforzamos por transformar el acervo cultural en donde nos hemos criado, ¿cómo evitaremos el statu quo? Es literalmente imposible, por ejemplo, que un pescador deje de ver con buenos ojos el acto de pescar porque exista gente que rescate peces y vuelva a echarlos al agua. Aparte de una sonrisilla entre dientes, no lograremos un cambio en dicha persona. En consecuencia, si el problema es cultural; la solución deberá producirse mediante activismo educativo.

Dado que somos seres emocionales, el activismo vegano causa estrés y frustración, tanto por su ejercicio como por nuestra experiencia acerca de los horrores de la explotación animal. Este desasosiego propicia oscilaciones comportamentales que pueden conducirnos hacia la pérdida de nuestros valores tan apreciados. Las prisas por reconvertir la sociedad y las esperanzas vacuas provocan que muchos activistas vuelvan a convertirse en parte del problema al apoyar las medidas que permiten y fomentan la continuidad de la percepción moral causante de todo mal. Defender medidas y propuestas como el «Lunes sin carne» equivale a reivindicar un «Lunes sin violaciones», implica afirmar que reducir el consumo o las violaciones sea un paso en sí mismo en vez de un deber mientras fomenta otras formas de explotación como los lácteos o los huevos. En el mismo saco se hallan las campañas monotemáticas, propuestas bienestaristas como la carne de laboratorio y el enfoque errado en el «maltrato animal».

Las presiones por parte de instituciones animalistas (empresas de facto) y los visos todavía presentes del especismo de nuestro anterior «yo», llevan al autoengaño, el «elitismo altruista» (sentido de superioridad a causa de que se hace el bien en un océano de malas conductas), el «elitismo moral» (pensamiento consistente en que los demás no están preparados para cambiar) y la sobrevaloración (especismo de preferencias) de aquellos animales más cercanos (perros, gatos, etc.). Así como la promoción de prácticas contrarias a los Derechos Animales, tales como la castración sistemática o la eutanasia de animales sanos. Otros, además, son hedonistas extremos, están profundamente influenciados por sus sentimientos y perciben a los demás animales como un alter ego sobre el cual intervenir sin ninguna clase de coherencia ética; desde la extinción de especies carnívoras y practicar la zoofilia hasta la manipulación genética de animales para «despojarlos del defecto de sufrir». El veganismo se opone, por definición, a la crianza en cautividad y a cualquier condicionamiento de la vida de los animales contrario a sus intereses inalienables. Quienes promulguen y practican estas barbaridades, como el autor de la página web «Respuestas veganas» (el nombre es ya de por sí una auténtica propiación), no son veganos y únicamente empañan nuestra labor y argumentos para satisfacer traumas y obsesiones personales.

El veganismo, como principio basado en los Derechos Animales, rechaza la actual consideración legal de todos los animales no humanos del planeta. Todos ellos están catalogados como «bienes muebles semovientes». A raíz de que tal denominación responde a una previa consideración moral (especismo heredado de generación en generación), por ende, de nada sirve luchar contra los términos aplicados (por ejemplo, a través de peticiones por internet): la transformación social requiere la derogación o abolición de su estatus de propiedad como respuesta intrínseca a una asunción moral en la igualdad. Esto se sintetiza en los seis apartados del principio abolicionista. Sin activismo, no hay avance posible porque nuestros actos proceden de una enseñanza anterior. Para mayor información sobre lecturas recomendadas, puede consultar el apartado de «Novedades».

Si, finalmente, comprendemos el origen de nuestra mentalidad, por qué debemos cambiar y cómo hemos de aplicarnos hacia otros humanos, debemos hacernos veganos para marcar la verdadera diferencia que necesita este mundo; no por nosotros, sino por ellos.

16 Comentarios

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    Vicente Martin Publicado 23/12/2018 13:21

    Totalmente en desacuerdo. No se puede obligar a ser vegano a nadie. Sin embargo es algo muy habitual, y no solo en padres a sus hijos menores, también en la universidad y en otros estamentos. Un país moderno, cívico, no debería permitir estas actuaciones. Leyes y sobre todo sanciones: pérdida de la custodia y cárcel, expulsión de la universidad durante 3 ó 4 años. Somos personas, no animales. Qué estamos transmitiendo a nuestros hijos?

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 23/12/2018 14:17

      Hola, Vicente. Su comentario no tiene ni pies ni cabeza. A nadie se lo obliga a ser vegano. Si usted fuese obligado a ello, no podría comer o asesinar animales impunemente. ¿Acaso alguna ley se lo impide? Entonces, ¿dónde está la imposición? La única imposición es la suya cuando elige que un animal debe morir por su placer e indiferencia cuando no lo necesitamos para estar sanos ni por ninguna razón razón. Un padre es responsable de la buena alimentación de sus hijos y el veganismo, aplicado con cabeza, es sano para todas las etapas de la vida como así ha postulado la organización internacional de nutrición. Haría bien en informarse en lugar de venir a un blog de alguien formado en biología y derecho para exponer sus prejuicios. No sé a quién quiere echar por la universidad por ser vegano, la verdad que me da miedo ese cinismo de que se considera vulnerado su no-derecho de asesinar animales al mismo tiempo que quiere expulsar a gente o meterla en la cárcel por señalar que es injusto hacerlo. Finalmente, cabe señalar que los humanos también somos animales. Ese desconocimiento es la guinda del pastel. Lo que la sociedad general les transmite a sus hijos son sus propios prejuicios. El especismo existe por inculcación en la niñez. Los niños no se consideran desde pequeños diferentes o superiores a los demás animales, eso sólo ocurre en adultos. Debería informarse y abrir su mente para reconocer que no tiene ni idea de lo que habla y que su respuesta es meramente reaccionaria ante lo desconocido. Le recomiendo leer esta introducción a los Derechos Animales: https://filosofiavegana.blogspot.com/p/preguntas-frecuentes_407.html y le aconsejo ver también este documental sobre unos ganaderos que decidieron hacerse veganos tras las barbaries que cometían:
      https://www.tribeofheart.org/sr/pkj_spanish.htm

      Un saludo cordial.

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    Sukwung Publicado 12/04/2019 05:06

    a verdad es que cada vez estoy más de acuerdo con la postura de Campbell y cía al respecto del veganismo y la razón por la cual ya no se nombran a sí mismo veganos, sino vegetarianos estrictos (la traducción correcta de plant based diet eater). No es un signo de salud mental el maltratar animales, pero las razones éticas no son suficientes para justificar un vegetarianismo estricto.

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 12/04/2019 10:47

      Para estar de acuerdo con algo se requieren razones y argumentos, ¿cuáles son los tuyos? O sea, no te parece justificable el hecho de evitar daños en los animales. Es más, sugieres que se los puede explotar con un «buen trato» y que este buen trato justifica la explotación. ¿Te explotamos a ti? Muchos especistas como Campbell hacen bien en no llamarse veganos, así no confunden a la gente fingiendo lo que no son. Tenemos el deber de respetar a otros animales porque ellos valoran sus vidas, libertad e integridad tanto como nosotros. ¿No lo entiendes? Eso justifica un vegetarianismo estricto motivado por esta razón ética. Y esto es algo que puede entender cualquiera atendiendo a cuanto sabemos hoy día sobre conciencia animal. El especismo existe por ignorancia y egocentrismo. No hay más.

      Un saludo.

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    Aitor Publicado 13/04/2019 00:21

    Buenas Adrán llevo tiempo leyendo tu blog para mi trabajo de instituto, y estoy siguiendo muy de cerca el tema del animalismo y el veganismo, plant based diet etc. gracias a estos blogs, y ayer creo como reacción al video electoral de pacma, uno de los articulos de prensa mas duros que he visto contra el veganismo, a mi me ha dejado muy «peturbado»

    Este es: https://elpais.com/politica/2019/04/11/actualidad/1554971030_964379.html

    Denuncia cada una de tus ideas espuestas en tu blog, mwe ha parecido muy duro, no sé que pensaras

    Por cierto el autor (ademas de muchas cosas horribles) califica al veganismo de religión, me ha llamado la atención por que algunos comentaristas en tu blog también lo han llamado religión aunque yo pwensaba que religión era como el confucionismo o el cristianismo, pero no sé quizas sea cierto o no, no lo se por que todavia estoy aprendiendo.
    Estaria bien que me dieras tu opinión o hicieras un nuevo post sobre este articulo, creo que estas muy liado con tus estudios (a mi menos mal que todavía lo llevamos bien en el instituto) pero este articulo esta dando la vuelta y creo es un golpe muy duro al veganismo y al animalismo
    mucjos saludos

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 13/04/2019 00:59

      Hola, Aitor. Me llama la atención que cada vez más jóvenes dicen hacer trabajos sobre veganismo en el instituto. Yo lo terminé hace 10 años y no conocí nada semejante, así pues, parece que avanzamos rápidamente. Y sí, estoy tan atareado que llevo años a remolque de lo que me pide la gente y de publicar artículos según me entra la inspiración. Antes de pasar a comentar el artículo que me enlazas, te comentaré de antemano que no dudes en preguntarme cuanto quieras. Al final te dejaré tres blogs que recomiendo por encima del mío (debido a mi desorden) para ahondar en el veganismo y los Derechos Animales.
      Ese artículo poco tiene de especial. Si has notado que «denuncia» cada una de mis ideas es precisamente porque escribí mi artículo para señalar cada uno de los prejuicios y mitos (cuando no falsedades) que llevan repitiéndose sobre los Derechos Animales desde mediados del siglo XX. El autor comete muchísimos errores de bulto que evidencian una preparación y un conocimiento escaso de Derecho.
      En primer lugar, sólo se enfoca en PACMA para sugerir que todos los veganos apoyamos a PACMA y afirma que PACMA defiende los Derechos Animales. Ninguna de esas dos cosas son ciertas. PACMA es un partido político bienestarista y no lucha por la liberación animal. Un vegano no debiera apoyar a este partido porque no defiende a las víctimas; sino que prometen una serie de regulaciones legales inviables y absurdas (papel mojado), puesto que no se puede proteger a los animales si no reciben primero derechos legales. El autor, ignorante, pasa entonces a confundir tenencia (adopción) con explotación (beneficiarnos de ellos) al concluir que un vegano tendría que soltar a sus perros y gatos para ser coherente. Ocurre que, como no tienen derechos ni hábitat, no podemos ni legal ni éticamente dejarlos en mitad de un monte. De hecho, aunque pudiera ser libres, el estado nos impondría multas por hacerlo. Por tanto, el autor confunde conceptos y nos acusa cínicamente de una realidad que no queda en nuestra mano. Continúa hablando de «humanización» sin tener ni idea de lo que significa eso. Los activistas no humanizamos a los animales, pues no les otorgamos cualidades humanas. Los propios animales poseen características que comparten con nosotros, como su interés en la vida, libertad e integridad. Son esas características (no exclusivas de los humanos) las que los convierten en merecedores de respeto. Nosotros no estamos inventándonos ni «otorgándoles» nada». Reconocer que ellos también quieren vivir es una obligación ética ante un hecho científico. El veganismo no es una religión; sino un principio ético basado en el rechazo de toda forma de explotación animal en reconocimiento de que, como sabemos científicamente, los humanos no somos los únicos seres que merecemos respeto. Su siguiente falacia es de afirmar que no se pueden tener derechos si no se tienen obligaciones. Esta afirmación es el culmen de la ignorancia. Bebés, niños y humanos con trastornos psicológicos determinados poseen derechos pero no obligaciones. Esto se debe a que los derechos son inherentes al individuo; mientras que las obligaciones se contraen en sociedad. Un individuo que no es consciente de sus actos no debe tener obligaciones y los animales ni siquiera pertenecen a nuestra sociedad; sino que son esclavos en la misma. Paradójicamente, a los animales se les arrogan obligaciones de por vida al mismo tiempo que se les niegan sus derechos. Por ejemplo, un caballo que tira de un carruaje, un elefante que se pone de pie en un circo o un delfín que palmotea con las aletas son obligados a cumplir determinadas tareas y, sin embargo, carecen de derechos. Así sucede porque el criterio real del autor no radica en que los animales cumplan o no obligaciones, sino en que «son animales», es decir, que no son humanos. Su único criterio de fondo es el antropocentrismo y la cosificación animal. Para acabar su mezcolanza de argumentos falaces (por ignorancia), termina diciendo que «respetar a los animales significa tratarlos como animales», toda una deformación del lenguaje que trata de ocultar una petición de principio. El respeto se define como «velar por los intereses ajenos». No puede existir respeto hacia los animales mientras los criamos, hacinamos y asesinamos sistemáticamente por el simple hecho de no ser humanos. Asimismo «tratar como animales», es una petición de principio (afirmación inaguamentada), por la cual afirma que pertenecer a una determinada categoría (como ser blanco o ser negro) justifica un trato diferente. Si cambiásemos en su frase la palabra «animales» por «negros» tendríamos claramente una noticia racista del siglo XIX. El argumento falaz de que «los animales son animales» apenas queda como una coletilla que no argumenta nada más allá de servir como una racionalización de prejuicios y una evidencia palmaria de una absoluta falta de conocimientos (y profesionalidad) sobre el tema tratado.

      Ahora te dejaré los blogs que te recomendaba al principio:
      https://filosofiavegana.blogspot.com/
      https://lluvia-con-truenos.blogspot.com
      https://vetyvegan.weebly.com/blog/

      Un saludo cordial.

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    Cross Publicado 04/06/2019 10:52

    El término “veganismo” es un término que está adoptando la industria y que en mi opinión, en no mucho tiempo será irrecuperable, como lo fue en su día “animalismo”.

    Por tanto hay que abandonarlo por antiespecismo. Antiespecismo es un termino que el especismo no va a cooptar, por mucho qué agradezcamos a Donald Watson poner nombre al fin contra la explotación animal, pero como digo, veganismo no va a ser más que otra palabra vacía.

    Qué opinas?

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 04/06/2019 16:19

      Hola, Cross:

      El término «veganismo» tiene en su contra el parecido con «vegetarianismo», lo cual lleva a mucha gente a creer que se trata de un «vegetarianismo estricto». Sin embargo, queda en nosotros, los activistas, informar y usarlo correctamente para contrarrestar los intereses de la industria y de especistas particulares. En mi opinión, el término «antiespecismo» está cargado ya de ideales políticos ajenos a los Derechos Animales y eso complica las cosas. Muchos de quienes dicen ser antiespecistas usan el término para promover posturas anarquistas o comunistas, hablan de los animales como «clase trabajadora» o introducen temas sociales como el feminismo o la xenofobia que no compete en absoluto a los animales y que, lejos de ayudarlos, vuelve a dejarlos al margen del debate. Mi compañero Luis Tovar explica en este breve ensayo las tres razones por las que no cree útil el término «antiespecismo»: https://filosofiavegana.blogspot.com/search?q=antiespecismo

      Un saludo cordial.

  • Adrián López Galera Publicado 04/06/2019 16:19

    Hola, Cross:

    El término «veganismo» tiene en su contra el parecido con «vegetarianismo», lo cual lleva a mucha gente a creer que se trata de un «vegetarianismo estricto». Sin embargo, queda en nosotros, los activistas, informar y usarlo correctamente para contrarrestar los intereses de la industria y de especistas particulares. En mi opinión, el término «antiespecismo» está cargado ya de ideales políticos ajenos a los Derechos Animales y eso complica las cosas. Muchos de quienes dicen ser antiespecistas usan el término para promover posturas anarquistas o comunistas, hablan de los animales como «clase trabajadora» o introducen temas sociales como el feminismo o la xenofobia que no compete en absoluto a los animales y que, lejos de ayudarlos, vuelve a dejarlos al margen del debate. Mi compañero Luis Tovar explica en este breve ensayo las tres razones por las que no cree útil el término «antiespecismo»: https://filosofiavegana.blogspot.com/search?q=antiespecismo

    Un saludo cordial.

  • Adrián López Galera Publicado 04/06/2019 16:19

    Hola, Cross:

    El término «veganismo» tiene en su contra el parecido con «vegetarianismo», lo cual lleva a mucha gente a creer que se trata de un «vegetarianismo estricto». Sin embargo, queda en nosotros, los activistas, informar y usarlo correctamente para contrarrestar los intereses de la industria y de especistas particulares. En mi opinión, el término «antiespecismo» está cargado ya de ideales políticos ajenos a los Derechos Animales y eso complica las cosas. Muchos de quienes dicen ser antiespecistas usan el término para promover posturas anarquistas o comunistas, hablan de los animales como «clase trabajadora» o introducen temas sociales como el feminismo o la xenofobia que no compete en absoluto a los animales y que, lejos de ayudarlos, vuelve a dejarlos al margen del debate. Mi compañero Luis Tovar explica en este breve ensayo las tres razones por las que no cree útil el término «antiespecismo»: https://filosofiavegana.blogspot.com/search?q=antiespecismo

    Un saludo cordial.

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