Sello de bienestar animal, ¿aceptaríamos un sello de bienestar humano?

Inicialmente iba a mostrar la ilustración de un sello de bienestar animal como ejemplo, pero un colage ayuda a imaginar mejor cuánta creatividad tienen los humanos —y las organizaciones animalistas a la cabeza— a la hora de blanquear las más absolutas perversidades. ¿Alguien aceptaría un sello de bienestar humano?

¿Qué es un sello de bienestar animal?

Un sello de bienestar animal es una pegatina, adhesivo o un mísero logo estampado sobre un envoltorio, envase o caja que contiene algún producto de origen animal para informar —engañar— al consumidor diciéndole que el animal de turno sufrió relativamente poco durante su —según aplique— nacimiento, eclosión, hacinamiento, encierro, estabulación, atamiento, amarramiento, separación, marcaje, castración, descorne, despique, esquile, inseminación, despellejamiento, electrocución, aturdimiento, degüello y descuartizamiento hasta llegar a convertirse en un trozo de cadáver destinado al consumo humano o, para más inri, de otros animales.

Existen muchos sellos de bienestar animal para, prácticamente, cualquier forma de explotación animal que uno imagine y para la cual exista una mínima posibilidad de que el consumidor se plantee que, quizás, compra ese producto por simple placer, hábito y costumbre heredada desde su tío abuelo segundo y no por necesidad alguna. Si la industria de la explotación animal considera que el consumidor necesita tener fe en que hace lo correcto, ¿por qué no ayudarlo a seguir creyendo sus propias mentiras y a seguir defendiendo públicamente su ignorancia supina ante cualquier especialista que alce la voz contra lo que es un fraude moral y social? Después de todo, la religión mueve montañas y nada hay más divertido que ser el cuñado del barrio y solucionar por Facebook todos los problemas de la nación.

Gracias a las organizaciones animalistas tenemos sellos de bienestar animal tan elocuentes como éste. Únicamente en una sociedad atestada de especismo cabría que tantos los emisores como receptores de esta imagen no torcieran el gesto. Ni siquiera han tenido el detalle de editar la imagen para suprimir los crotales con que les perforan las orejas. Incluso en los  daguerrotipos y en las fotografías del siglo XIX en donde aparecían negros esclavos se cuidaban de que no aparecieran encadenados o con bozales puestos si se quería dar buena imagen. Desde luego, tengo claro que si todavía existiese la esclavitud humana, habría organizaciones «humanitarias» que propondrían sellos de bienestar humano análogos a éste.

¡Gracias organizaciones animalistas!

Un sello de bienestar animal no proviene, en teoría, del invento de un «geniecito maligno» al estilo de Descartes. Tales sellos son el resultado del trabajo conjunto de la industria de la explotación animal y de sus relaciones públicas: las magníficas organizaciones animalistas.

¡Oh! Dichosas organizaciones que dicen defender a los animales y tanto los defienden que no pasa ni un mes sin que promuevan una pegatina nueva que poner sobre una bandeja con filetes de ternera por tal de que la gente siga comprando carne y consumiéndola con tranquilidad y en convencimiento ciego en que alguien, en alguna parte, controla que a tales animales asesinados, casualmente, no les importó estar en la fila sangrienta y hedionda de un matadero —a menos que el matadero venga a tu casa— y que recibieron el cuchillo o la pistola de pernos que sujetaba el matarife con un placer boato de quien da su vida por los demás. ¡Qué buenos son los animales con nosotros! Nos dan carne, leche, huevos… ¿no se dice eso? Es más, seguro que incluso un animal recién nacido entre excrementos y los restos de sus hermanos moribundos, previamente seleccionado genéticamente, ya aspira a procurarnos bienes y servicios para honrarnos como la especie superior…

Los mismos empresarios de la explotación animal recomiendan adherirse a las prácticas de «bienestar animal»; ya que les reporta beneficios respecto a la «calidad del producto», y mejora su imagen frente a los consumidores. Cualquier inversión inicial la recuperan rápidamente al aumentar sus ventas gracias al sello de bienestar animal con la complicidad publicitaria de las organizaciones animales, las cuales se comprometen a publicitar a bombo y platillo que han logrado una «victoria para los animales», cuando la única victoria de por medio es el contrato que han firmado para lucrarse vendiendo a los animales al mejor postor.

Esta pequeña imagen pertenece a una campaña publicitaria de la organización animalista Certified Humane, la cual, sin tapujos, promueve a las empresas que adquiera su sello de bienestar animal para mejorar así las ventas a cambio de un «presupuesto» previo.

Las organizaciones animalistas, como la dichosa Igualdad Animal, son las primeras que promueven que la falsa idea de que es peor consumir aquellos «productos» —¡viva la cosificación!— que no siguen «estándares compasivos» —un eufemismo más para la saca— y aplauden, bajo contrato, a aquéllas empresas con las que han pactado un logo, una cámara en el matadero o cuatro estupideces variadas. Dicen importarles el «maltrato animal» mientras fomentan por dinero la crianza y asesinato de millones de animales al decirle a la sociedad que está bien hacerlo. ¡Qué maravilla!

Las organizaciones animalistas fomentan sin reparos ni escrúpulos que la gente siga creyendo que existe alguna forma correcta de explotar a los animales y ayudan a perpetuar la existencia de aquello contra lo que dicen luchar para seguir lucrándose con socios y donaciones. El bienestarismo tiene una necesidad patológica de arrogarse eufemismos, oxímoron, pleonasmos y, a menudo, también hablan de «seres sintientes» como hacemos los defensores de los Derechos Animales mientras ellos los discriminan y los tratan como seres no sintientes. De vergüenza. Y luego, cómo no, cometen la desfachatez de humillar e insultar a quienes somos activistas cuando mostramos su perverso negocio.

Si creía haber visto todo, lo que se lleva la palma es que incluso los gobiernos empiezan a sacar tajada de hipocresía animalista. En imagen vemos una campaña del propio gobierno de Colombia, en la cual otorga un sello de bienestar animal llamado «sello zoolidario» —previo pago, obvio— según su calificación del trato que les dé. No me imaginaba hasta ahora que fuese «solidario» aumentar la velocidad con que se mata a un sujeto en un centro de exterminio. Me pregunto si les preguntan a los animales sobre lo cómodo que están o sobre el método de ejecución que prefieren. Es grotesco.

¿Alguien se imaginaría un sello de bienestar humano?

La sociedad humana no justificaría jamás la existencia de un sello de bienestar animal aplicado a humanos porque sabe que ningún ser humano encontraría «bienestar» alguno al atravesar estas situaciones, sin embargo, no se percata o no acepta que esto también es verdad para las víctimas que no son humanas.

El problema de fondo radica en que el engañado consumidor, cual masa irracional y títere de intereses ajenos que fusionan con los suyos, centra el asunto en esa entelequia abstracta e incuantitativa que se llama «sufrimiento». Un término de ésos que parece profundo pero que, en realidad, no significa más que una sensación negativa hacia algo. De manera que si el humano medio opina que se puede o se deben eliminar esas «sensaciones negativas» que los animales acostumbran a sentir cuando son manipulados, coaccionados, violentados y asesinados… pues, ¡hala!, todo solucionado. ¿Verdad?

El humano medio, es decir, tú mismo, cualquier miembro de tu familia o tu vecino de enfrente, sólo suele cuestionar la forma en que se practican estos actos atroces y las consecuencias esperables que conllevan, en lugar de cuestionar mínimamente cuál legitimidad ética tenemos para acometer dichas aberraciones. Dicho humano suelta alegatos comunes del tipo «los animales no son humanos», lo cual no alcance siquiera el valor de argumento; sino que viene a ser la enunciación pedestre y grosera de una evidencia científica. Sí, los humanos y los animales somos diferentes en muchas cosas, al igual que en humanos existen diferencias entre razas, etnias y sexos; la clave reside en que una diferencia biológica no legitima una discriminación moral. ¿De verdad resulta tan difícil de entender?

2 Comentarios

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    Starfox Publicado 03/11/2019 06:13

    Es la Ley y solo la Ley la que determina lo que sea asesinato o que no lo sea. La Ley es para todos y la moral, cada cual tiene la suya.

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 03/11/2019 13:16

      Claro, por eso, como en Arabia Saudí es legal ejecutar homosexuales y lapidar mujeres entonces no es asesinato, ¿verdad? Como cada uno tiene su moral, entonces si alguien ve que matar o robar está bien entonces no hay nada criticable, ¿verdad? No sólo tu comentario es una ridícula petición de principio y la contradicción habitual de quien crítica la existencia de críticas, sino una confusión categorial respecto al origen de la ley y su relación con la moral. Las leyes indican que «lo que está permitido» y la moral «lo que es justo». Creer que la moral es subjetiva es como pensar que las matemáticas son subjetivas. Al contrario, la ley es subjetiva porque siempre nace de la legitimización de unas costumbres determinadas. Deberías aprender y reflexionar un poco sobre filosofía antes de soltar sandeces con que justificar la crianza, hacinamiento y asesinato de millones de animales por no pertenecer a tu especie. Todas las excusas, incluida ésa típica sobre la subjetividad de la moral, es un mero alegato para ocultar un interés egoísta y una nula formación en los términos que expresas.

      Un saludo.

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