Explotación animal y el enfoque opuesto de la utilidad

Explotación de palomas como mensajeras (fotografía tomada en Jalisco)

Explotación de palomas como mensajeras en Jalisco.

El antropocentrismo justifica la utilidad de quienes no sean humanos

Continuamente, tanto en los medios de comunicación medios masivos como en los blogs personales nos encontramos noticias y narraciones históricas sobre la forma en que las demás especies animales han beneficiado al ser humano. Aunque algunas veces se da el caso, los nohumanos normalmente no nos ayudan de una forma libre. Se requiere un proceso de domesticación, entrenamiento y sometimiento para lograr que sirvan para un propósito definido ajeno a su propia existencia. Ya sea de un modo fortuito o premeditado, tales sucesos nos vanaglorian o generan un sentimiento de grandeza al evidenciar nuestra suma capacidad para transformar el mundo y hacer cumplir nuestros objetivos.

Si escribiéramos un artículo sobre cómo la esclavitud humana ha servido positivamente a otros humanos obtendríamos un texto más largo que la mayoría de los encontrados en Internet y de cuanto mucha gente pudiera creer en primera instancia.

Gracias a la explotación humana nos han llegado hasta nuestros días las pirámides de Egipto, el ferrocarril en buena parte del continente americano e incluso avances en medicina por medios de los nazis. Y esto son simples ejemplos con que situarnos. A rasgos generales, someter a nuestros congéneres ha permitido la construcción de todos los imperios y ha condicionado la vida de otros millones de miembros pertenecientes a nuestra especie.

Sin necesidad de explicarlo con pelos y señales, exponer estos hechos causaría de inmediato una terrible repugnancia moral; pues cuando nos referimos a seres humanos, todos pensamos invariablemente en los daños sufridos por las víctimas. Así ocurre porque sabemos que tales seres humanos no querían ser esclavos y que sus vidas fueron sometidas a un fin ajeno por utilidad y placer.

¿Acaso desean servir a los humanos o, más bien, ocurre que decidimos criarlos, entrenarlos y someterlos a nuestros deseos?

El antropocentrismo conlleva una valoración sesgada y unilateral de la utilidad

Los demás animales, al igual que los seres humanos, presentan intereses propios que se han visto y ven perjudicados por la explotación que los humanos practicamos contra ellos. Si hablásemos de seres humanos, el enfoque sería justo el opuesto.

¿Qué es lo que cambia? Sólo un detalle: el antropocentrismo o creencia dogmática de que todo cuando sea humano es superior a cuanto no lo es. Ello resulta tan arbitrario e injusto como proponer que el hombre blanco o el sexo masculino son superiores a negros y mujeres. Es éste el factor que trastoca nuestra percepción objetiva de los acontecimientos.

Entre los alegatos comunes a favor de la explotación animal nos topamos con justificaciones basadas en las consecuencias, ya sea por la pérdida del beneficio en el objeto o la implicación laboral de que tales animales dejen de utilizarse como tales. Cabe mencionar que este tipo de argumentos falaces se denominan falacias ad consequentiam, un error de razonamiento que ya enunció Aristóteles hace más de 2000 años. Existen muchas (o demasiadas) falacias aplicables a la situación moral de las demás especies animales.

El bienestarismo se erige como «autoconsuelo moral»

El progreso de las sociedades humanas en materia de derechos desembocó en una doctrina utilitarista aplicada a otras especies de una manera análoga a como se hizo un siglo antes con la esclavitud humana. Para no perder los beneficios, a los explotadores y a sus clientes les resulta más asequible establecer y promover, respectivamente, regulaciones sobre el uso de la propiedad para así sentirse mejor o transmitir una mayor implicación hacia las víctimas. El bienestarismo nada cambia para ellas; pero esta ideología materialista se ve ideal para mantener el status quo tras una primera toma de conciencia.

No se trata de hacer algo que nos beneficie más o menos; sino que debemos cuestionar nuestra legitimidad ética a la hora acometer tales actos. Explotar a otros sujetos al mismo tiempo que sabemos perfectamente que no quisiéramos ser explotados es una contradicción moral.

Por ende, para justos debemos, debemos abandonar la mirada hacia los demás animales como si fueran objetos. El mismo razonamiento que alcanzamos cognitivamente para defender a los humanos puede (y debe) aplicarse sin distinción de especie.

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