¿Cuándo el lenguaje es especista?

Izquierda: Hombre negro ahorcado durante uno de los típicos linchamientos contra la rebeldía acontecidos en EE. UU. Derecha: Dos galgos ahorcados a manos de cazadores en Cuenca.

 

El lenguaje representa nuestra visión particular del mundo y la descripción objetiva de un acontecimiento. Por ende, resulta comprensible que establezcamos diferentes términos para aludir entes y acciones determinadas. Si nos acercamos al lenguaje verbal, éste sigue una serie de reglas por las cuales tiende simultáneamente a la simplificación expresiva y una complejidad antianfibológica que permita aclarar sujeto, verbo y objeto.

Mediante el método científico llegamos a analizar del modo más objetivo posible los distintos fenómenos naturales y diferenciarlos. Sin embargo, siempre existirá un componente subjetivo o contractual a la hora de fijar ciertos límites de aplicación. Por ejemplo, todos los físicos quizás se pongan de acuerdo sobre cómo definir la gravedad; mas dudo que pudieran hacerlo acerca de si sería correcto o conveniente usar el sustantivo «gravedad» para aludir a los alcances de un suceso (su «gravedad») .

De manera similar, los biólogos podemos describir las estructuras anatómicas de diferentes animales y constatar las semejanzas y desemejanzas. No obstante, como en el caso anterior, resultaría complicado convenir sobre si las diferencias encontradas en cuanto a tejidos, formas y tamaños permitirían que el término se aplicase para unos u otros animales, o incluso, para hacer alusión a estructuras vegetales o edificaciones artificiales.

En consecuencia, encontramos muy difícil y complejo clasificar ciertos vocablos o giros idiomáticos según su grado de idoneidad, respeto o complacencia hacia un individuo. Nos preguntamos: ¿Cuándo el lenguaje es especista?

Hay quienes lo consideran como la distinción inapropiada entre dos conceptos o fenómenos en los cuales solamente varía el individuo mencionado. Esta consideración niega que las cualidades del animal humano o no humano desempeñen un papel lo suficientemente importante para justificar un uso diferenciado de las palabras.

Yo, en cambio, pienso que deberíamos estimar las variables intrínsecas al sujeto en cuestión y desechar las extrínsecas. Así pues, una utilización determinada del lenguaje será especista tanto cuando no considere al sujeto como cuando introduzca elementos ajenos a éste. Lo explicaré mediante dos ejemplos:

1) Hablar de «sacrificios» o decir que los nohumanos son «sacrificados» incurre en el prejuicio especista no simplemente porque jamás afirmaríamos tal cosa hacia un humano (conclusión por comparación); sino porque un nohumano nunca podría brindar su consentimiento para quitarse la vida en favor de un tercero. Como «excepción» a la regla, a veces un miembro de una manada sí llegaría a arriesgar su vida por sus semejantes y no alcanzamos a conocer su grado de conciencia al hacerlo.

Juzgamos que una realidad del sujeto (su incapacidad para consentir al ser un sujeto amoral) es la que determina la validez de una expresión y cuestiona sus visos discriminatorios. A partir de este caso quisiera destacar una breve reflexión personal acerca de las razones que impulsaron el empleo del verbo «sacrificar» (eufemismo para «asesinar»). Un humano con plenas facultades puede elegir libremente si despojarse de sus propiedades (su vida considerada como parte de su propiedad). Por tanto, no vería nada descabellado pensar en el origen de este uso como una manera de referirse al acto de despojarnos de una propiedad nohumana nuestra. Pues, al fin y al cabo, los animales no humanos llevan cosificados moralmente desde que nuestra especie asomó la cabeza por entre las llanuras. La fotografía inicial pretende reflejar este pensamiento: en ambas circunstancias estamos ante dueños que se libran de sus propiedades cuando ya no brindan ninguna utilidad o les parecen un estorbo.

2) Muchos compañeros señalan que la distinción entre «pierna» y «pata» es especista porque, utilizando el mismo razonamiento anterior (el cual critico), reservamos el primer sustantivo para nuestra especie y relegamos el segundo para las demás (cosa que no sucede siempre). Otra razón aportada es aquélla referida a que «pata» se utiliza también para objetos y ello pudiera evidenciar un síntoma de cosificación moral. A pesar de ello, no considero acertadas estas conclusiones debido a que ambos términos no representan una misma concreción abstracta ni guardan necesariamente los mismos matices a la hora de describir la morfología de un individuo.

«Pierna» hace referencia a un apéndice locomotor de tipo quiridio, preferentemente alargado (mayor longitud relativa desde el esqueleto al talón que desde éste al extremo apendicular) y trasero (si hay disimilitud entre las extremidades del animal). Presenta un carácter más específico o restrictivo.

«Pata» sugiere un apéndice de cualquier tipo, quiridio o no, que se apoya contra una superficie. Muestra un espectro bastante amplio.

Cuando imagino una rana, por ejemplo, pienso que posee cuatro patas y dos de ellas son piernas. Por otro lado, las alas de las aves también son miembros quiridios y, sin embargo, no dudamos en usar otro término ni asumimos que tal diferenciación se haya originado por especismo. Sin embargo, esto mismo podría refutarse diciendo que las patas sirven para el desplazamiento térreo y las alas se utilizan para el aéreo.

Esta explicación sobre la importancia de valorar las características del sujeto sirve asimismo para enjuiciar aquellas definiciones que se basan en elementos extrínsecos y utilitaristas. Los diccionarios de mi niñez han sido un fiel reflejo de este hecho. Sin más, nos inculcan que los nohumanos merecen apelativos como «ganado» o «pescado» y los denominados animales «de granja», «de laboratorio», «de tiro», de «compañía», ect. a raíz de la actividad en que los esclavizamos.

Cabe destacar que los matices del lenguaje cambian con el tiempo y que dentro de una comunidad se presentan importantes variedades diatópicas hasta el punto de que un vocablo determinado sugiere un significado totalmente distinto a dos hablantes interpelados. Existe la posibilidad de que estos términos evaluados varíen de significado con el tiempo o que el contexto social nos motive a favorecer una palabra sobre otra. Ello responde a la explicación que introdujo este artículo en relación a la subjetividad permanente de nuestro lenguaje.

Para finalizar, a pesar de todo, considero que la lucha contra determinados usos del lenguaje se vuelve secundaria frente al problema primordial: la discriminación por razones éticas. No estoy afirmando que sea inútil; pero sí menos vital. Cuando la sociedad dejare de ser especista, entonces el idioma se adaptará. Mientras tanto, únicamente tendremos una batalla contra las infinitas ramas de la injusticia. Lo mismo expuesto en este artículo opino y trato de matizar en cuanto a las reivindicaciones para visibilizar a la mujer.

 

1 Comentario

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    Vita Publicado 16/08/2018 13:04

    Hola.
    Viendo que en tu discurso hilvanas lenguaje con especismo…
    Yo estaba ahora mismo reflexionando sobre el término anti especista y pretendía hallar algo q significara lo mismo pero en positivo.
    Pro … especies …
    No sé.
    Googleando llegué hasta aqui.
    Gracias!

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