La explotación de las personas

Si queremos cambiar el mundo hay que reconocer las injusticias

Las personas se encuentran actualmente en la época, de lejos, más injusta jamás acontecida. En nuestra historia se han sucedido guerras, devastaciones y otras acciones inaceptables; pero nunca antes había habido tantos millones de personas explotadas por una poderosa minoría. Todo esto ocurre ante la impasibilidad de esa misma minoría; un número proporcionalmente reducido de individuos que se consideran especiales y con derechos exclusivos sobre los demás. ¿Por qué no nos enfrentamos unidos contra tal explotación ejercida por esa minoría?

La explotación ha variado muy superficialmente con el transcurso del tiempo. El paso de los siglos sólo ha servido para adecuar y perpetuar los regímenes sociales, políticos y económicos; y consolidar la exclusión moral de quienes son diferentes en apariencias. Nuestra cultura nos ha condicionado despreciar a otras culturas. Nuestro pensamiento nos permite ver las disimilitudes más fácilmente que las similitudes. El escaso uso de la razón y los prejuicios han condicionado la situación que hoy viven la mayor parte de las personas. Apenas estamos empezando a vislumbrar las raíces del problema presente y cómo enmendar el pasado.

Para la mayoría de las personas, tanto el entorno como la esperanza y calidad de vida se han visto reducidos a escala mundial. Vivir hoy en la Tierra es el mismísimo averno bíblico y una pesadilla interminable para millones de individuos. Así, por ejemplo, los moradores de la selva sufren cada día el atentado del capital maderero y los habitantes de la sabana soportan estoicamente la penetración de otras personas que sólo buscan asesinarlos por diversos motivos. No obstante, la vasta totalidad de las personas no goza en su vida ni del mísero significado del sustantivo «libertad» antes o durante su explotación.

Los tipos y fines con que se explota a las personas son muy numerosos. Hay personas cuya existencia está condenada para servir a la minoría mediante sus actos, obligadas a realizar trabajos pesados y esfuerzos desmedidos para cumplir con las intenciones egoístas de dichas personas. Hay personas destinadas a nacer para morir con objeto de producir algún producto basado en su propia fisionomía o a soportar la esclavitud a cambio de brindar algún producto que posteriormente les robará la minoría. Y también hay personas designadas para acabar muertas en el intento de salvar a otras personas enfermas que constituyen susodicha minoría.

Hay casos muy llamativos y concretos para los cuales esta minoría de personas parece mostrar cierto interés por la mayoría. Así, tenemos organizaciones que hablan a favor de tales desfavorecidos y se esfuerzan con el propósito de salvar a algunas personas de la miseria. Sin embargo, apenas se actúa con altruismo ni existe un fin ético detrás de cada manifestación. Ya sea por desconocimiento o hipocresía, hay gente que no duda en afirmar que no todas las personas valemos lo mismo y sólo se centran en defender a individuos de un determinado color o según alguna variable igualmente arbitraria. De manera análoga, hay gente que no vacila en asegurar que no hay nada de malo en explotar a las personas; pues proclaman que algunas personas (pero no ellas mismas) existen en este mundo para dicha finalidad. ¿Quién está acaso legitimado para «conceder» designios?

El efecto de los medios comunicativos sobre la ideología social se manifiesta cada vez más acentuado. El orden actual pretende el status quo definitivo a cualquier precio; pues a la absoluta minoría no le importa nadie menos minoritario que sí misma. Debido a ello, la mayoría de las personas está en el absoluto desamparo mediático a pesar de que sus intereses son tan importantes para ellos como lo son los suyos para esta minoría. ¿Por qué no abrimos los ojos? ¿Por qué no queremos sentirnos ni mínimamente responsables al participar, incentivar o fomentar la explotación de millones de personas?

Estudiándolo con objetividad, podemos asentir que ahora nos preocupamos por la mayoría de las personas en mayor grado frente a cuanto se preocupaban nuestros antepasados igualmente minoritarios. Aun así, todavía falta un largo camino por recorrer para llegar a aplicar una justicia mundial expresada hacia todas las personas y no solamente para quienes conforman la minoría.

¿Y usted? ¿Considera que el conjunto de las personas debiéramos tener derechos reconocidos sin importar si pertenecemos a la minoría o a la mayoría?

Si así es —con independencia de que haya comprendido el trasfondo intencionado de este artículo—, está a un único paso de recibir el veganismo como principio universal basado en el rechazo a toda forma de explotación para todas las personas. Conseguirlo depende de nosotros, la parte mayoritaria de la minoría.

5 Comentarios

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    toxin Publicado 25/09/2015 16:07

    La libertad nunca existió hermano

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 25/09/2015 16:42

      Hola, Toxin:

      La libertad es relativa a las circunstancias. Por ello, se considera que un sujeto es plenamente consciente cuando puede elegir entre hacer algo o no hacerlo. La ética juzga las acciones voluntarias, por tanto, si uno comete una acción contra el principio de igualdad aun habiendo contado con la posibilidad de evitarlo, dicha acción no está justificada.

      Debemos evitar realizar apelaciones al relativismo para tratar de justificar lo injustificable. Al igual que nadie en su sano juicio diría que violó a una mujer porque «la libertad nunca existió», uno tampoco puede justificar ninguna forma de explotación animal porque «la libertad nunca existió».

      Un saludo.

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    Susan Publicado 22/01/2019 16:01

    A los animales se les reconocerá como personas el día en que ellos nos pidan que los reconozcamos como personas.

    • ¡Derechos Animales ya! Publicado 17/07/2019 01:26

      De acuerdo, Susan, entonces un pederasta dejará de violar niños cuando alguno de ellos sepa recitarle los artículos del código Penal que está vulnerando. Algunos respetamos la justicia universal y, otros, como usted, aducen argumentos basados en el poder y la fuerza sobre los débiles.

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