¡Derechos Animales ya! - Consumo de mierda

El consumo de mierda y el escepticismo irracional

¡Difunde!

¡Derechos Animales ya! - Consumo de mierdaLa expresión «consumo de mierda» sirve para criticar el consumo de animales y para ejemplificar un escepticismo irracional hacia el veganismo.

Introducción

En otros artículos, he tratado el poder de los medios de comunicación y cómo la sociedad se deja manipular por las figuras de autoridad. En esta entrada, quisiera centrarme en un ejemplo ficticio y en la metáfora del «consumo de mierda» para criticar la facilidad con que la sociedad cree cualquier cosa —publicada en la prensa o emitida en anuncios— a la par que muestra un escepticismo irracional contra la práctica del veganismo y contra los veganos.

Un ejemplo sobre comer mierda

Si mañana los medios de comunicación masiva iniciaran una campaña para promover el consumo de mierda (excrementos, heces, etc.), la sociedad empezaría a comer mierda.

Primero, se hablaría sobre un gran descubrimiento científico (la ciencia usada como la nueva religión del XXI) y lo errados que hemos estados durante miles de años por desechar nuestra mierda. Después, mostrarían el consejo de expertos sobre los valores nutricionales de la mierda. Y, finalmente, el proceso de normalización terminaría al plasmar con naturalidad el consumo de mierda por parte de gente famosa y gente corriente en la calle, en películas y otros encuentros sociales.

El poder de los medios de comunicación es capaz de persuadir a las masas sociales con cualquier fin porque el grueso de la humanidad presenta una ética inercial, es decir, una agencia moral relativa e influenciable por el conjunto de acciones realizadas por sus congéneres.

Hay objetivos más sencillos y difíciles según si se asemejan más o menos a las costumbres y prejuicios asentados en la población objetivo. No obstante, el bombardeo mediático siempre logrará su propósito. Este proceso de manipulación se conoce como «ventana de Overton».

¡Derechos Animales ya! - Pasta hecha de grillosPasta hecha a base de grillos. Desde la industria se nos vende la idea de que los insectos constituyen «superalimentos» inigualables por su alto número de proteínas. Solamente tratan desarrollar un nuevo nicho de mercado mediante consignas, nada más.

El consumo de insectos y la ganadería

Ejemplos de este fenómeno los tenemos a todos los niveles. Por un lado, la industria de la explotación animal intenta colarnos nuevos productivos «nutritivos» según su agenda. El creciente poder de China en Occidente se reflejará por un traslado de sus comercios alimenticios a la nuestra dieta: grillos, cucarachas, ratas, murciélagos, etc.

Ya empezamos a ver desde hace unos cuantos años, con timidez, cómo las empresas y los medios han sondeado la opinión pública para ir consiguiendo que comamos tales animales como la nueva panacea del siglo.

Este fenómeno, por supuesto, no se refiere exclusivamente a que nos adoctrinen para comer ciertos animales; sino en el adoctrinamiento cultural ya previo por el cual nos enseñan desde pequeños que los animales son seres inferiores que existen para servirnos. De esta manera, las empresas y los medios relacionados con la explotación animal autóctona lanzan campañas para promocionar el consumo de leche con el argumento del calcio, el pescado con el argumento de la vitamina omega 3 y así, sucesivamente.

¡Derechos Animales ya! - Chica sorprendidaLa sociedad muestra un escepticismo irracional y una incredulidad absoluta frente a cualquier información o argumento contrario a sus asunciones o intereses personales. No cabe confundir el interés de alguien sobre algo con que éste sea un interés inalienable.

Un escepticismo irracional

Se da la paradoja de que acontece un escepticismo irracional cuando a los veganos nos tachan de anticientíficos, de idiotas o fanáticos; a pesar de que quienes esgrimen estos ataquen reflejan en cada una de sus acciones diarias que son esclavos de los medios y de las costumbres heredadas.

La sociedad tiene miedo irracional a lo desconocido. Ese miedo se revela a menudo en forma de un escepticismo irracional. La sociedad se traga sin rechistar todo lo que diga la prensa o un desconocido con bata; pero siempre cuestiona las explicaciones lógicas, argumentadas y con referencias que exponga una activista vegano.

La gente expone a diario un desconocimiento tremendo de nutrición y de lógica cuando esgrimen mitos como que el cerebro contribuyó al desarrollo evolutivo del cerebro, que las plantas sienten y otras tonterías variadas para tratar sortear el punto central de la cuestión: que explotamos a los animales sin necesidad y por mera transmisión cultural.

Otras veces, la obligación moral de respetar a los animales queda marginada como si fuera una decisión personal o un asunto de percepción relativa. No humanizamos a los animales; los humanos no tenemos nada de especial que no exista ya en otros animales.

Otra forma de manipulación común reside en el activismo animalista institucionalizado. Las organizaciones animalistas, que funcionan como empresas, se aprovechan de ello para lucrarse a costa de la gente compasiva con los animales mientras refuerzan en dicha gente comportamientos y creencias especistas, antropocéntricas y carentes de criterio científico. Tan incoherente es promocionar el consumo de insectos para «salvar el planeta» como alegar que debemos pedir jaulas más grandes para «salvar a las gallinas».

¡Derechos Animales ya! - Desechos en un vertederoLos humanos consumimos mierda y generamos mierda. Tenemos que cambiar nuestra mentalidad sobre los animales. Ello llevaría a una mayor consideración hacia el medio en que viven. De lo contrario, el antropocentrismo vuelve imposible cualquier defensa del medio ambiente.

Una metáfora sobre el consumo de mierda

Cuando uno menciona la expresión «consumo de mierda», a la mayoría de la gente le viene a la cabeza su uso metafórico para tratar el tema del consumismo, el capitalismo, la obsolescencia programada, etc. Estos asuntos también son importantes. Sin embargo, en lo que concierne a los animales, el origen de su problema no radica en nuestro modelo económico.

Nuestra relación con los animales no ha variado desde el Neolítico. En la actualidad, los animales son legalmente nuestros esclavos porque los consideramos seres inferiores que existen para servirnos. Mientras dicha mentalidad no cambie, los animales seguirán explotados y esclavizados con independencia de si vivimos bajo un sistema capitalista, comunista, anarquista o en cualquier tipo de edén antropocéntrico. Un activista vegano debe tener sus prioridades muy claras.

Conclusión

La tendencia humana hacia una ética inercial nos propicia a condicionar nuestros pensamientos y valores morales según la dictadura de las mayorías. Una gran mayoría puede estar equivocada. Lo justo es correcto aunque no lo haga nadie y lo injusto sigue siéndolo aunque sea la norma y cuente con el aval de las leyes y del poder mediático. No hay que confundir valor con precio, ni moralidad con legalidad.

Debemos entender el hecho científico, real e irrebatible de que los humanos podemos vivir sin consumir ningún animal ni productos segregados por éstos. Asimismo, debemos entender el hecho científico de que podemos cambiar nuestros hábitos y respetar a los animales en la medida de lo posible.

Y, finalmente, debemos entender que los animales sienten, padecen y tienen sentimientos como nosotros. Por ende, no debemos instrumentalizarlos como simples objetos o recursos para nuestros fines. Ése es el significado del veganismo.

No comamos mierda, no comamos animales ni participemos en ninguna forma de explotación animal; aunque nos hayan vendido como necesaria, sana, natural o justa. Todo depende de nosotros.

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Fotografia Adrian Lopez Galera pequena

Adrián López Galera

Grado en Biología. Máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales. Amplia experiencia en Derechos Animales, Escritura Creativa y Administración de sistemas informáticos.