Los derechos individuales y el software libre

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Derechos Animales ya - Cocodrilo saliendo de la pantalla de un ordenador portátil - Derechos individualesLos derechos individuales representan la protección moral y legal que todos merecemos como individuos. Debemos preocuparnos también por las implicaciones éticas de nuestro papel como activistas, usuarios o creadores de software. El software libre es ideal para la sociedad del mañana. Y esto lo sabe incluso este cocodrilo que sale de la pantalla de un ThinkPad.

La importancia de los derechos individuales

Los Derechos Animales, al igual que los Derechos Humanos, toman su base en el individuo. Esto significa que sus fundamentos y campo de acción se enfocan exclusivamente en cada sujeto de una vida; pues cada sujeto posee intereses inalienables propios que se diferencian de los intereses de terceros. Si los derechos se construyeran sobre un colectivo o sociedad, estaríamos homogeneizando y negando las diferencias e intereses propios de quienes conforman dicho colectivo o sociedad. A tenor de ello, hablamos de «derechos individuales» para aludir a la protección moral y legal de los intereses inalienables de cada sujeto.

Partiendo desde la premisa de que debemos promover y proteger los derechos individuales y de que, como sabemos científicamente, los seres humanos no somos los únicos individuos o personas —seres con intereses inalienables—, llegamos a la conclusión de que deberíamos proteger también los derechos individuales de los demás animales con quienes compartimos el planeta. Sin embargo, se torna a menudo muy difícil explicar y argumentar por qué los animales merecen respeto en un contexto social en que los derechos individuales se tornan una entelequia o algo incomprensible.

Tras esta introducción sobre la trascendencia global y universal de los derechos individuales, quisiera arrojar un poco de luz relacionando la repercusión y la falta de asunción de los derechos individuales con la importancia y carestía de conocimiento sobre qué es el software libre y por qué deberíamos promoverlo como principio ético dentro del marco de los derechos individuales. En los artículos enlazados se ahonda en aquellos conceptos mencionados, por ello, recomiendo consultarlos para facilitar la comprensión de esta entrada.

Derechos Animales ya - Gato echado sobre un Macbook Air - Software libreEste gato está enfadado contigo porque te has gastado un riñón —y parte del otro— en un MacBook Air y ahora no puedes pagarle el veterinario. Haz caso a tu gato y rompe las cadenas de software privativo tanto como deseas romper las cadenas del especismo.

El utilitarismo y la percepción social de los derechos individuales

La sociedad avanza, pero lo hace lentamente. Nuestro mundo evoluciona en tecnología mucho más rápido que en un sentido moral. La prueba de ello radica en que, mientras hoy podemos viajar y comunicarnos con otros humanos situados en el extremo opuesto del globo, la mayor parte de los problemas ético-sociales vinculados a la humanidad desde sus orígenes (pobreza, asesinatos, gobiernos dictatoriales, dogmas religiosos, guerras, etc.) siguen presentes en la actualidad. Muchas veces, incluso hoy se presentan en un grado muy superior y aberrante que en épocas pasadas. Como ejemplo tenemos la vigencia del prejuicio especista y la explotación animal.

Aun cuando hemos progresado en minimizar injusticias como la discriminación y la desigualdad entre seres humanos, todavía no se han reducido en absoluto las injusticias ni la discriminación que padecen los animales. Tanto el caso de los no-humanos como el de las injusticias exclusivas de la sociedad humana, la causa radica en una educación ineficiente en una sociedad creciente que tiende hacia el individualismo (la satisfacción del yo) en lugar de a la individualidad (el reconocimiento de una justicia universal basada en el individuo).

Son innumerables los autores contemporáneos, desde académicos a divulgadores aficionados, que critican y condenan la acuciada ausencia de valores en nuestra sociedad actual. Lejos de citar frases grandilocuentes de pensadores reputados, prefiero quedarme con un comentario que hizo mi compañero activista Luis Tovar respecto a la noticia de que, según una encuesta realizada en España, sólo uno de cada tres españoles pondría límites éticos a la ciencia:

No me ha sorprendido la aparición de una encuesta que indica un mayoritario desprecio hacia la ética en España. Un país en el que ‘bueno’ es considerado sinónimo de ‘tonto’. Aparte del hecho de que cada vez más gente va depositando en la ciencia las mismas esperanzas que abandonaron en la religión, como las de lograr la inmortalidad y el paraíso. Así pues, no quieren que se restrinja su actividad.

Uno de los factores que considero limitantes en cuanto a la comprensión de los derechos individuales radica en la amplia extensión del utilitarismo moral. A modo de explicación breve, el utilitarismo es una doctrina dogmática que, surgida de la fusión entre el consecuencialismo y el hedonismo, considera que la moralidad de una acción depende únicamente de la relación entre el beneficio o placer de quien la realiza frente al perjuicio o sufrimiento de quien la padece. De esta manera, un utilitarista moral considera que acciones contrarias a los derechos individuales —como robar o asesinar— estarían bien y serían aceptables si el ladrón o asesino tuviesen alguna «necesidad» o «justificación».

Opino que esta mentalidad es el origen último de todas las acciones injustas cometidas por seres humanos; pues si supeditamos la ética a los gustos y a la subjetividad de cada quien, entonces todo estaría permitido y pasaría a ser «correcto». En lo que respecta a los derechos individuales, el utilitarismo sería culpable de fomentar dos tipos de comportamientos:

  1. La desconsideración hacia a los intereses inalienables de terceros cuando existe un conflicto de intereses. En lo tocante al veganismo y los Derechos Animales, esto se traduce en la esclavitud y exterminio de animales no-humanos.
  2. La percepción de que sus actos son una «elección personal» y que no deben enjuiciarse a la luz de cómo afectan a terceros. Qué vegano no ha oído alguna vez eso de «comer carne es una decisión personal», ¿verdad?

En referencia al software libre, ambas razones desembocarían en el porqué la sociedad no considera, mayoritariamente, un deber su desarrollo y fomento. En las siguientes líneas trataré de justificar por qué el software libre compete a la ética en general y a los derechos individuales en particular.

El utilitarismo es una monstruosidadPeter Singer, célebre filósofo utilitarista, es bien conocido en nuestro ámbito por rechazar los Derechos Animales apelando a que el beneficio humano se sitúa por encima de sus vidas.

¿Por qué el desarrollo del software libre sería un deber moral?

Si entendemos un principio ético o deber moral como la fundamentación lógica de algo que debemos o no hacer, entonces la sociedad debería fomentar el uso y desarrollo del software libre porque es un requisito necesario —aunque no suficiente— para el respeto de los derechos individuales de quienes usan programas informáticos.

Los programas informáticos, como quizás se sepa, son un conjunto de instrucciones aritmético-lógicas destinadas a la resolución de un problema mediante el procesamiento de datos. Esta definición general, la cual podría complicarse hasta límites insospechados, sirve tanto para explicar el funcionamiento de un sistema informático complejo como el de un pequeño videojuego.

Debido a la naturaleza intangible de un programa y a la forma en que la computadora los procesa, cuando el usuario ejecuta un programa no puede ver ni ser consciente realmente de cuáles instrucciones está cumpliendo la computadora o de si alguna de tales instrucciones vulnera sus intereses fundamentales.

Pongamos el ejemplo de un usuario que ejecuta un programa para escribir un texto en su propio ordenador, el usuario, mientras lo ejecuta, no tiene —o potencialmente no tiene— maneras de saber si el programa sólo y exclusivamente está procesando los datos que introduce para cumplir el fin para el cual ha brindado su consentimiento —al tomar su decisión de usar el programa— o si, por el contrario, el programa está vulnerando su consentimiento al realizar otras tareas que desconoce o que atentan directamente contra sus intereses inalienables. ¿Enviará el programa una copia de ese texto a un tercero? ¿Enviará el programa datos de geolocalización que les facilitarán a terceros el control sobre este individuo? ¿Perjudicará este programa al usuario de algún modo?

Derechos Animales ya - Perro con gafas junto a un ordenador MacEl software privativo, como sucede con la industria de la explotación animal, se basa en la publicidad para darles una buena imagen a sus productos y ocultar su falta de escrúpulos.

Software libre contra software privativo

Si nos referimos al software privativo —aquél en que el usuario carece de las cuatro libertades definidas por Richard Stallman a través de la Free Sotware Foundation—, la respuesta corta es que ni el usuario ni ningún experto bienintencionado podría responder a esta pregunta porque el código que constituye el programa únicamente lo conocen los programadores que lo han creado o los depositarios legales de tal derecho. Por tanto, un programa privativo puede, a expensas de la ley, vulnerar sistemáticamente los derechos individuales y seguir haciéndolo sin delito punible ante la carencia de una posible prueba o evidencia.

En cambio, el software libre —del inglés free software—, cuyo código es visible y puede ser conocido por cada usuario del programa, solventa este conflicto ético —yo lo llamo «inopia ética»— al poderse demostrar fehacientemente qué hace y no hace el programa en cuestión. Cuando un usuario ejecuta un programa libre, puede estar seguro —o potencialmente seguro— de que ejecuta el programa no sólo con su consentimiento aparente, sino con su consentimiento verdaderamente informado y con plena información de su acción y riesgos.

Atendiendo a estos argumentos, todo programa informático debería, al menos, permitir el estudio y la revisión de su código en tanto que esto sería requisito indispensable para garantizar los derechos individuales del usuario. Dicho estudio y revisión no habría de estar reservada a un grupo exclusivo de individuos o depositadores de derechos en tanto que, al faltar un control «democrático», esta situación podría desembocar en fraude por conflicto de intereses.

Un programa cuyo código sea visible y obtenible por todos, pero sin necesidad de brindar ninguna libertad al usuario —de acuerdo con las cuatro libertades definidas en la Free Software Foundation— recibe el nombre común de «código abierto» —proveniente del inglés open source—. Alguien podría afirmar que un programa con estas características ya cumpliría la condición argumentada de que todo programa informático debería ser transparente al usuario. Sin embargo, en las siguientes líneas expondré por qué no basta con que un programa sea de código abierto para garantizar los derechos individuales del usuario.

Derechos Animales ya - Gato sentado sobre un ordenador portátil - Software libreEste gato ya está hasta la coronilla de ti porque todavía usas Windows 7. Para colmo, te oyó decir que ibas a pasarte a Windows 10 porque te gusta la voz de Cortana.

¿Por qué no basta con que un programa sea de código abierto?

Si un programa privativo supone, en todos los casos, un riesgo potencial para la intimidad y el consentimiento del usuario por falta de transparencia —y, por esta razón, debemos rechazar su uso y dicho modelo de desarrollo—, un programa de código abierto también conlleva otra violación de los derechos individuales: la libertad del usuario para alterar tal software.

Si entendemos un programa como una herramienta a raíz de que siempre está destinado a cumplir una función —a tener una utilidad— para un sujeto, cualquier usuario debería tener la libertad legal de alterar o modificar dicha herramienta. Esto puede justificarse con una sencilla analogía: si compramos un martillo, ¿no tenemos acaso la libertad moral de transformarlo, romperlo o venderlo? Sí, ¿verdad? Así ocurre porque se entendemos, por medio de la lógica, que cualquier manipulación humana sobre una herramienta de su propiedad corresponde a necesidades básicas como la creatividad, la recreación o la libertad de expresión mediante los cambios efectuados.

Un programa de código abierto no tiene por qué cumplir u ofrecer las cuatro libertades definidas para el software libre. Esto significa que no tiene por qué permitir, por ejemplo, que un usuario copie el código del programa y lo modifique para satisfacer sus propios deseos o necesidades.

En consecuencia, para respetar los derechos individuales del usuario, todo programa debería, cómo mínimo, brindar legalmente la posibilidad de que el usuario pudiera tanto ver como modificar el código. Esto es, por definición, compatible con el software libre pero incompatible con el software de código abierto.

Este planteamiento, sin lugar a dudas, nos llevaría de pleno al vasto mundo de las leyes de propiedad intelectual y de los derechos de autor, y sus infinitas interpretaciones a lo largo de la historia y del presente. Si nos ceñimos a enjuiciar si las cuatro libertades del software libre son compatibles con los derechos individuales, debemos destacar, empero, que pudiera darse el caso de que su aplicación vulnerase la libertad de los creadores del software para ser los únicos moralmente legitimados para publicarlo u obtener un lucro a través de éste. En este sentido, no cabría, a mi juicio, una discriminación justificada entre la creación de una herramienta u objeto con un fin utilitario —software— o una obra artística en el sentido estricto de la palabra, aun cuando, a menudo, la división entre ambos resulta muy difusa.

Derechos Animales ya - Estafas informáticas - Software privativoEl software privativo supone un riesgo real y evidente para la seguridad e intimidad de los usuarios. Libérate con el software libre. Puedes encontrar información y consejos en el magnífico blog de Más Linux.

¿Cuándo el software respeta los derechos individuales?

En conclusión, tomando como referencia la diferencia filosófica entre un deber moral y una virtud moral, resumiré lo expuesto en los siguientes puntos:

  1. Tenemos el deber moral de garantizar la transparencia y el pleno conocimiento del usuario acerca de qué ejecuta en cada momento. Sólo así puede existir un consentimiento moralmente legítimo respecto al creador o beneficiario del software.
  2. Tenemos el deber moral de garantizar la manipulación y la —potencial— publicación por parte del usuario de cualquier software como fruto de su interés intrínseco en la plena libertad de su expresión creativa y la resolución de sus propias necesidades. Desde el punto de vista de los derechos de autor, para juzgar el derecho del usuario a publicar o a arrogarse la autoría sobre un programa, cabría estudiar si las modificaciones llegarían o no a conformar la identidad de una obra propia.
  3. El cumplimiento de las cuatro libertades definidas para el software libre podría entrar en conflicto con los intereses del creador y con su libertad; pues los dos deberes morales anteriores no alcanzan para justificar que todo software debiera permitir la distribución de copias exactas o mínimamente modificadas. Por ende, no puede existir una obligación moral respecto a los autores del programa más allá de garantizar la no-vulneración de los intereses de terceros.
  4. Como conclusión, en el seno de nuestra sociedad, sería una virtud moral promocionar el software libre y aliviar las limitaciones de los derechos de autor para brindar una mayor facilidad a la manipulación y publicación de software —y obras de toda índole— con objeto de construir una sociedad de futuro que respete los derechos individuales de humano y no-humanos, y en la que juntos progresemos mediante la solidaridad y el bien común.

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