El antropocentrismo les negaría derechos a las inteligencias artificiales

Quizás en un futuro no muy lejano el ser humano les niegue un reconocimiento de sus derechos a las inteligencias artificiales de la misma manera en que hoy se les niega a los animales.

Los mismos debates del pasado y presente reaparecerán en el futuro hacia las inteligencias artificiales

A menudo aparecen debates sobre las posibilidades futuras de unas inteligencias artificiales altamente sofisticadas en cuanto a sus capacidades intelectuales y la creación de obras, es decir, ¿podrá un robot del futuro componer poesía?

Tales debates no se centran habitualmente lejos en los aspectos técnicos que pudieran requerir tales proezas (pocos son expertos en ese campo). Más bien, suelen enfocarse en que o bien nunca habrá inteligencias artificiales tan sofisticadas o en que, si ocurriere, nunca pondríamos considerarlos seres humanos en un sentido moral. Para complicar aún más el asunto, la mayor parte de la gente incurre en continuas anfibologías al equiparar consideración biológica y ética.

La mayoría de las veces oigo los alegatos de que una máquina no podría tener derechos por ser una creación humana (artificial), por ser dependientes de los humanos y, básicamente, porque no son humanos. ¿A qué nos sonarán estos argumentos?

Los argumentos que apelan a la pertenencia, la dependencia y las características del sujeto fueron los buques insignia de la esclavitud y del racismo hasta hace apenas unas décadas. Actualmente, argumentos como que los animales nos pertenecen porque nosotros los criamos, que no pueden vivir solos o que no pertenecen a nuestra especie, no son sino el reflejo de una mentalidad antropocéntrica. La humanidad parece empecinada en creer que somos algo especial, único, maravilloso e inigualable. Ello nos lleva a negar o despreciar nuestras semejanzas con otros animales y, en este caso, a condenarlas en sí mismas por muy calcadas estén por estar presentes en una máquina y no en un organismo de carne y hueso.

Estoy seguro de que esta misma mentalidad antropocéntrica que hoy condena a los animales no humanos llegaría a condenar las vidas de una máquina sintiente y cualesquiera inteligencias artificiales creadas por nuestra especie. ¿Podríamos llamar «artificialismo» a dicho prejuicio como llamamos «especismo» al que padecen los animales no humanos? Por coherencia respecto al principio de igualdad, nuestros derechos no se basan en qué somos; sino en qué sentimos.

Todo ente, ya sea biológico o una inteligencia artificial, que posea una conciencia propia merece y merecerá una consideración moral por el propio hecho de poseerla. Todas las demás variables son arbitrarias y sesgadas para tratar de imponernos o sentirnos especiales frente a nuestras propias creaciones, como si un padre se sintiera incómodo porque su hijo lo supera en facultades. Los humanos, aun cuando no seamos consciente pro nuestro prejuicios, imponemos nuestra medición y juicio sobre el mundo para encorsetar la realidad a una imagen que nos resulte cómoda y utilitaria al mismo tiempo.

La justicia no ha de entender de sexo, raza ni especie. Y, en un futuro más tarde o temprano, tampoco deberá importar si somos producto de la naturaleza o del ingenio de una especie engreída. Si algún día llegamos a diseñar inteligencias artificiales con conciencia, entonces deberemos reconocerles derechos apelando a la misma lógica que rige nuestro sistema de derecho. Para ilustrar esta breve, qué mejor que una escena de la famosa película de «Yo robot», inspirada en la obra homónima de Isaac Asimov.

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