Desobediencia civil contra la esclavitud animal

Manifestación contra el especismo. La desobediencia civil es una forma de activismo vegano —un deber circunstancial— para cuestionar la existencia de muchas leyes injustas que, por ejemplo, nos obligan a financiar la explotación animal y, en definitiva, la esclavitud animal.

El veganismo y los deberes circunstanciales

La mayoría de los artículos que aparecen en «Derechos Animales ya» se centran en explicar el veganismo, los Derechos Animales y su puesta en práctica. En éste, en cambio, quisiera lanzar algunas reflexiones sobre cómo podemos intentar ser lo más coherentes posibles como veganos en una sociedad no vegana.

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal. Para ser veganos basta con asumir el principio de igualdad y en rechazar, consecuentemente, toda forma de explotación animal. Sin embargo, un vegano en una sociedad no vegana contrae asimismo algunos deberes circunstanciales. Esto sucede así porque si un vegano se conforma con no participar en la explotación animal y no hace nada por minimizar la explotación animal cometida por el conjunto de los demás seres humanos, se convierte en cómplice por defecto del entorno en el que vive. Uno de estos deberes circunstanciales es la desobediencia civil, por ejemplo, para no financiar al explotación animal.

Si el veganismo es un deber moral, ello implica forzosamente que todos los agentes morales deberían respetar a los animales. Ésta es la razón de por qué un vegano debiera convertirse también en activista. Cabe señalar, empero, que no se justifica bajo ningún concepto el uso de la coacción o de la violencia para luchar contra la explotación animal. Sin embargo, sí se justifican otras acciones no violentas que, aun siendo legalmente punibles, son éticamente justas.

Las leyes no han hecho nunca más justos a los seres humanos. La esclavitud animal es legal y debemos luchar para que deje de serlo mediante activismo educativo y desobediencia civil. No es justo que a los veganos se nos obligue a financiar la explotación animal o a cometer otras atrocidades en nombre del estado.

La legalidad de la esclavitud animal

La esclavitud animal es legal. Los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes», por ende, pueden ser creados —criados—, almacenados —hacinados—, acondicionados —coaccionados—, manipulados —violentados— y desechados —exterminados— a nuestro antojo. Hemos llegado a esta situación aberrante como consecuencia de nuestro antropocentrismo, el cual, en referencia a los demás animales, se manifiesta en forma de especismo.

La ética —lo justo— y la legalidad —lo permitido— no van necesariamente de la mano. Recordemos que todas las grandes atrocidades de la historia fueron legales en su momento, como el caso de la esclavitud negra, entre miles de ejemplos enumerables. Las leyes no existen para educar ni para mejorar la sociedad; sino para perpetuar un statu quo y cohibir determinadas acciones según unos estándares ratificados por la sociedad general —si se trata de una democracia— o por un grupo de individuos con intereses propios. Creer que la legalidad ha de imponerse sobre la ética nos llevaría a una estructura social autoritaria —no garantista— en donde se vulnerarían las libertades individuales por intereses ajenos al individuo. Esto es lo opuesto a un sistema de derecho.

Si las leyes han cambiado históricamente es, precisamente, por la sociedad del momento se ha opuesto a ellas. Por tanto, nadie debiera escandalizarse ante el hecho de que yo u otro activista vegano promoviera acciones contra la legalidad vigente en favor de los Derechos Animales.

La justicia debe aspirar a regirse por la exclusivamente ética. Forma parte de nuestros deberes circunstanciales como ciudadanos el oponernos a las leyes injustas que validan la esclavitud animal y que sólo representan los intereses de unos colectivos frente al de otros. Financiar la explotación animal responde, asimismo, a una injusticia de índole socio-económica; pues favorecer a determinadas empresas por intereses económicos.

El veganismo aplicado conlleva desobediencia civil

Apelando a la Wikipedia y a sus respectivas fuentes citadas, la desobediencia civil puede definirse como «cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos»:

Los actos de desobediencia civil buscan no la afirmación de un principio en la esfera privada, sino una llamada de atención a la opinión pública sobre el hecho de que una ley o política sancionadas por las autoridades están conculcando un principio de índole moral. En adición, «la desobediencia civil se debe dar a conocer a los representantes de orden público de una manera que se sientan identificados sobre la cuestión por la que van a luchar y sus fines deben ser públicos y limitados. Su objetivo manifiesto no puede ser el beneficio particular o económico; debe guardar cierta relación con una concepción de la justicia o del bien común».

La desobediencia civil, al contrario de como a menudo se plasma en los medios de comunicación por razones sospechosas, no es algo que —únicamente— ejerzan ciertos grupos fanáticos, reaccionarios o anarquistas. A lo largo de la historia, grandes pensadores y filósofos han ejercido algún tipo de desobediencia civil para presionar a los gobiernos y presentar a la sociedad unas acciones alternativas más justas que debieran estar referendadas en las leyes. Parémonos un instante a conocer a uno de los mayores pioneros de la desobediencia civil.

Henry David Thoreau fue un pionero en la argumentación de cómo la desobediencia civil no es sólo un derecho; sino un deber del ciudadano para poner a prueba la salud de una democracia. Si hubiera vivido hasta nuestras días, quizás hubiera ejercido un activismo vegano.

Henry David Thoreau, un modelo de justicia coherentemente defendida

Un magnífico ejemplo que combina ética, justicia, coherencia y defensa ante los débiles lo observamos en Henry David Thoreau. Citando las palabras del activista Luis Tovar en un artículo suyo sobre Thoreau:

Una noción fundamental que encontramos en los escritos de Thoreau es la oposición radical a la esclavitud de los seres humanos. También estaba en contra de que el Estado forzara a sus ciudadanos a cumplir con el servicio militar o a pagar impuestos con los que luego financiaba tanto la esclavitud como la guerra. Es por esto que se considera a Thoreau como un pionero —tanto teórico como activista— del movimiento libertario y la desobediencia civil. Aunque no tenemos que ajustarnos a ninguna doctrina concreta para comprender la universalidad de las nociones morales que encontramos en la filosofía de Thoreau.

[…]

El progreso se consigue en el contexto moral y en nuestras actividades diarias. Esperar justicia por parte de las leyes y los gobernantes, cuando los principios morales no predominan en la propia sociedad civil, es esperar en vano. Las leyes simplemente recogen las costumbres más generalizadas o los intereses de los grupos más poderosos.

Recomiendo leer su artículo completo y los textos de Thoreau como fuente perpetua de inspiración para quienes pretendemos hacer del mundo un lugar mejor. Thoreau fue, sin lugar a dudas, un hombre que trató por todos los medios de ser coherente con su propio pensamiento. Llegó incluso a entrar en prisión por negarse a pagar impuestos con los que, según él, se fomentaba la esclavitud humana y la artificiosa guerra contra México.

Parafraseando ligeramente a Martin Luther King, me atrevería a decir que, de hecho, la mayor causa de las injusticias en el mundo no radica en los actos de la gente mala, sino tanto en la indiferencia como en la falta de coherencia de la gente bienintencionada.

Martin Luther King fue uno de los máximos exponentes de un activismo educativo basado en la no violencia. El activismo vegano debe enriquecerse de muchas de sus enseñanzas.

La desobediencia civil vegana contra la esclavitud animal

Una vez aclarado el significado y las implicaciones del veganismo en el contexto social actual; mencionada la diferencia entre legalidad y justicia; y citado a unos de sus máximos representantes, llega el turno de proponer algunas medidas de desobediencia civil vegana. Se trata de simples ideas o propuestas que, según el caso, podremos o no realizar con mayor acierto o perjuicio.

El objetivo de la desobediencia civil —como del activismo vegano en general— no es convertirnos en héroes o mártires por la causa —aunque alguno «se apuntaría a un bombardeo» por tal de convertirse en tendencia en las redes sociales—, sino en dar a conocer la sociedad una serie de prácticas injustas que están amparadas en las leyes y en presionar a las autoridades para que conozcan nuestro descontento hacia dichas injusticias.

Las formas de desobediencia civil están, a menudo, vinculadas a nuestros trabajos, oficios, cargos y otros desempeños en sociedad. Por ejemplo, un veterinario puede verse en la tesitura de estar obligado legalmente a sacrificar a un animal a causa de las leyes injustas que existen sobre el sacrificio de animales «por el riesgo potencial de que sean un vector infeccioso» aun cuando no hayan mostrado síntomas de ninguna enfermedad. El código deontológico en la profesión veterinaria es una gran falsedad. Que un veterinario se niegue a hacerlo es una forma de desobediencia civil ante unas leyes claramente especistas.

A continuación me limito a citar algunas acciones de desobediencia civil relacionadas con los Derechos Animales:

  • De manera general e indeterminada, negarnos a ejercer cualquier acción contra los Derechos Animales que esté legalizada aun cuando sea nuestro trabajo o responsabilidad ejercerla. Aquí entra el ejemplo anterior del veterinario y otros millones de ejemplos potenciales, desde a un biólogo que, trabajando para el estado, le encarguen realizar un estudio sobre cómo cazar, pescar o capturar animales catalogados como «especie invasora» para asesinarlos hasta a un profesor de escuela secundaria que deba enseñar un temario en donde se diga que «necesitamos consumir productos de origen animal» o que «los humanos somos especiales».
  • Colocar carteles, panfletos y material activista en la propiedad pública (calles, plazas, paredes de edificios gubernamentales, etc.) aun cuando esté prohibido.
  • Manifestarnos en momentos y lugares prohibidos por razones incoherentes contra cualquier forma de explotación animal que se ha ejercido o va a ejercerse en nombre del estado y está sufragado por los contribuyentes.
  • No pagar la parte proporcional de los impuestos que van destinados a la explotación animal. Por ejemplo, aquí se incluyen los festejos taurinos y de otra índole en donde se explotan animales y, por supuesto, las subvenciones a explotaciones ganaderos y productos de origen animal.

Una aclaración acerca del activismo vegano y de la desobediencia civil

La desobediencia civil es moralmente legítima y su alcance público —y a veces mediático— puede ser útil para sacar a la palestra distintas injusticias que padecen los animales. Sin embargo, no debemos olvidar que la desobediencia civil, por sí sola, no constituye una forma de activismo vegano que eduque a la sociedad en el respeto que merecen los animales. La sociedad general no puede entender las bases de los Derechos Animales si sólo nos limitamos a contradecir las leyes.

La desobediencia civil puede ser bastante efectiva cuando ya existe una masa social que cuestiona unas leyes injustas tras haber asumido unos principios éticos determinados. Dado que esa situación todavía no existe en el caso del veganismo, hoy nuestro principal deber circunstancial es el de ser activistas educativos por la abolición de la explotación animal. La desobediencia civil es un extra, por así decirlo.

Fotografía del activismo de la organización bienestarista «Anonymous for the voiceless». Aunque no tan aberrante como el caso de otras instituciones, esta organización animalista —como tantas otras— cae en el error de enfocarse en el sufrimiento de los animales esclavizados en lugar de explicar la inmoralidad inherente de la esclavitud animal. En consecuencia, los receptores traducen en compasión en regulaciones sobre el uso de la propiedad en lugar de trasformarla en respeto. El activismo vegano debe centrarse siempre en la injusticia de que los animales sean nuestros esclavos. El trato que se les dé es el resultado de su esclavitud, no el origen.

El bienestarismo sólo sirve para financiar la esclavitud animal

Algún lector de este artículo podría llegar a la errónea conclusión de que las manifestaciones, protestas, marchas y otros actos promovidos por grandes organizaciones animalistas —como PETA— sean una forma de desobediencia civil. En absoluto. Si tomamos el adjetivo «civil», éste solamente cuadraría en este caso posponiéndolo a los sustantivos «fraude», «estafa» o «circo»: fraude civil, estafa civil y circo civil. No hay otra manera de definirlo atendiendo a las pruebas existentes.

Las grandes organizaciones animalistas no defienden los Derechos Animales; sino el bienestarismo. Aunque, claro, esto no lo dicen. De hecho, no explican nada. Sólo repiten mantras y convenciones sociales ya asumidas sobre el bienestar animal. El bienestarismo, llevado a la práctica, consiste en regular la forma en que explotamos a los animalesla forma en que ejercemos la esclavitud animalpara, según sus proponientes, minimizar el sufrimiento de los animales.

El bienestarismo no implica desobediencia civil por la simple razón de que no se opone de ninguna manera al statu quo. Así ocurre porque los artífices del bienestarismo en la actualidad —las grandes organizaciones animalistas— explotan la existencia de la explotación animal y se lucran de la miseria animal mediante campañas fraudulentas destinadas a recaudar fondos mientras engañan a sus socios y donantes haciéndoles creer que hacen algo en favor de las víctimas. Es imposible defender a los animales mientras se participa en la explotación animal y se perpetúa el sistema que los oprime. Los bienestaristas, inspirados en el filósofo Peter Singer, no desean el cese de la esclavitud animal; sino que aspiran a regular la esclavitud animal de modo que satisfaga la necesidad de los consumidores de obtener placer y beneficios asociados a la explotación animal sin sentirse culpables por las aberraciones en las que incurren a diario.

Manifestación por la justicia en Polonia. El activismo vegano debe tomar las calles: primero para educar y, después, para presionar a los gobiernos.

Conclusiones generales

El activismo vegano es un deber circunstancial a tenor de la sociedad actual en que vivimos. Si nos importa la justicia hacia los animales, no basta con que únicamente nosotros —a título personal— seamos justos con ellos. La desobediencia civil se convierte en un forma de activismo para elevar a la opinión pública el hecho de que las leyes que rigen nuestros países son especistas y aberrantes contra los animales. Debemos ejercer un activismo educativo que, paulatinamente, pueda combinarse con acciones de desobediencia civil en pro de la justicia. Ante todo, hemos de mantener un ojo pegado a la ética de nuestras acciones para no cometer los mismos errores que condenamos.

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