Las víctimas de la industria peletera

Visón americano.

Las víctimas del negocio de la vestimenta de lujo en números

La industria peletera se cobra anualmente la vida de 20 millones de animales salvajes cazados en trampas y de más de 40 millones de ejemplares esclavizados en granjas. Detrás de la fabricación de un abrigo de piel se esconden cifras escandalosas y abochornantes. Para hacer un único abrigo de un animal se asesinan en concreto:

  • 300 chinchillas.
  • 250 ardillas.
  • 60 visones o martas.
  • 30 gatos o mapaches.
  • 20 zorros, nutrias, linces o focas bebés.
  • 15 ocelotes.
  • 8 lobos, perros o focas adultas.
  • 6 leopardos.

Las granjas de pieles están prohibidas en Austria. En Suiza, por ejemplo, la regulación de las granjas peleteras resulta tan estricta que ninguna se ha establecido. La mayor parte de las granjas peleteras se localizan en Europa, 6.000 en total. A pesar de que no existe un censo oficial, se estima que en España se crían cada año 400.000 visones en cautividad; el 80% se obtiene en Galicia con unas 50 granjas. Los visones nacen en abril y mueren en noviembre. A estos animales se los deja vivos tan sólo 6 meses, frente a los 6 años que vivirían en libertad: una explotación tan inmoral como demencial.

Europa produce el 70% de la piel mundial de visón y un 63% de la piel de zorro.

Las ventas mundiales de pieles decayeron en la década de los 80 y 90; no obstante, desde la llegada del nuevo milenio se han elevado a cotas altísimas. En ello ha influido:

  • El vasto número de diseñadores especistas y desconcienciados que apuestan por éstas en pasarelas y recomiendan su adquisición.
  • La gran cantidad de pieles que provienen de China y Rusia, lo cual abarata el costo de las prendas completas de piel o las que llevan complementos de tal.
  • Nuevas técnicas surgidas para el curtido.

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Las condiciones de vida de las granjas peleteras para los animales obligados a vivir en esos lugares son horrorosas y tétricas. La mayoría de ellos permanecen aislados o hacinados en estrechas jaulas metálicas o en naves cubiertas, a menudo expuestos a las inclemencias del tiempo y demás condiciones atmosféricas, hasta que los sentencian a muerte.

Estas víctimas están estresadas, aburridas, deprimidas, agobiadas, entristecidas, acongojadas y temerosas. Por ejemplo, los visones son animales solitarios que se estresan una barbaridad con el hacinamiento; pues siempre deambulan sin compañía por su hábitat. La depresión y vulneración de sus intereses inalienables los hace automutilarse.

Los zorros y otros animales, aquéllos que todavía mantienen unos hábitos salvajes pese a la continua intromisión e intento de domesticación por parte del hombre, sufren además de canibalismo en estas condiciones.

Como el producto que importa es la piel, se los alimenta lo mínimo posible y se los priva de cualquier cuidado necesario. Así pues, la atención veterinaria es un recurso más que prescindible para un negocio meramente capitalista y carente de ética, como todos los basados en la explotación de personas (humanas o no).

Si ocurre algún accidente a causa de una pésima gestión o por forcejeo entre tales animales, habitualmente se prefiere dejar morir al animal malherido; ya que si no hay tratamiento se incrementa el beneficio. En conclusión a todo esto, las granjas mantienen a dichos animales en un estado de subvivencia hasta que alcanzan la relación talla-peso calculada previamente como óptima.

Se asesina a los animales no humanos de tal manera que su piel no resulte dañada. En consecuencia, la ejecución se realiza por gaseamiento o electrocución por vía bucal, anal o vaginal, o también, acaban desnucados. Dado el ritmo frenético y desalmado de la granja, muchas veces los animales ni siquiera están totalmente muertos cuando se los despelleja.

Finalmente, los restos corporales terminan vendidos a la industria cárnica para la elaboración de alimentos destinados a perros, gatos y otros animales domesticados y despojados de su hábitat natural por el ser humano. También pueden enviarse asimismo hacia la fabricación de abonos y servir así para el cultivo de plantas.

Ésta y otras formas de explotación seguirán existiendo mientras los seres humanos continúen considerándose superiores a las restantes especies. Toda forma de explotación animal es igualmente injusta porque quebranta el principio de igualdad. El único camino hacia la justicia es el veganismo.

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