El veganismo y sus parásitos

Hoja de vid afectada por yesca

Hojas de vid afectadas por yesca, una de las enfermedades más antiguas de las vides que provoca el envejecimiento prematuro de la planta.

 

El veganismo abre un suculento nicho de mercado

Hay que precaverse de los parásitos. No, no me refiero a esos pobres animales que están obligados fisiológicamente a parasitar a otros ni tampoco a otros organismos que requieren invadir tejidos para completar su ciclo de vida. En esta entrada aludo a los humanos adultos con plenas facultades que deciden aprovechar la gran proliferación de un movimiento para sacar tajada.

Quienes realmente desean la expansión del veganismo son aquéllos que consideran a las víctimas. Hay tantas razones para ser vegano como víctimas no humanas; pero los motivos utilitaristas no tienen cabida. Cuando hablamos de un acción motivada por el beneficio personal, no se trata de ética; sino de utilitarismo moral.

Dado que compartimos una preocupación por los demás animales, quienes compartimos este planteamiento buscaremos el modo de que la información llegue a más gente con el propósito de concienciar y salvar vidas ajenas. Carecería de coherencia crear páginas o blogs privados o que funcionaran mediante suscripción económica. Puede deducirse, por tanto, que cualquier actividad reservada en torno al veganismo no aspira a ninguna labor educativa altruista.

Si por un lado tenemos a las organizaciones proteccionistas y bienestaristas, por otro se avizora a través del retrovisor a algunas empresas que ofrecen cursos para ser veganos. Sí, tal cual. Una búsqueda rápida con palabras clave como «curso de veganismo» nos dirigirán a varias páginas centradas en la nutrición y el deporte para individuos que son o aspiran a convertirse en veganos. Nos toparemos con webs muy elaboradas, con foros y contenido multimedia, que ofrecen planes de suscripción para acceder a sus cursos.

Se comprende que conforme aumente la presencia social, aparezca un número ingente de academias, formaciones profesionales y otros mecanismos educativos para la enseñanza de una adecuada nutrición 100% vegetal. Los aspectos educativos, en sentido amplio, no tienen nada de malo mientras brinden datos objetivos en vez de transmitir los pensamientos e interpretaciones del instructor.

Sin embargo, muchos de estos profesionales que ahora se enfocan en el veganismo por motivos económicos, no dudan en asaltar y atribuirse correspondencias en aspectos para los cuales no están cualificados ni se molestan lo más mínimo en estarlo. Te enseñarán recetas, a sentirte a gusto con tu nuevo «estilo de vida», te aconsejarán sobre cómo afrontar críticas y difundir esta filosofía. Todo queda bien sobre el papel; pero terminan pervirtiendo nuestra causa por ignorancia o para satisfacer intereses propios: expansión del área de mercado.

Con el propósito de llamar la atención e incitar a lo menos duchos, incurren en continuas apelaciones a la autoridad (ad verecundiam). Nos mencionan así personajes célebres próximos (o no) a una vida vegetariana. No suele faltar el ejemplo de Albert Einstein, si un genio de su calibre rechazaba las carnes, nosotros no hemos de quedarnos atrás. Emulémoslo. Menos mal que no he visto por ahí a Peter Singer, imagino que porque no resulta tan conocido de cara al cliente potencial. Sería vastamente irónico que tomaran como referencia del veganismo y la liberación animal a un académico que defiende el bienestarismo. Si bien, no obstante, tal ironía máxima ya la cometió cuando tituló su obra magna…

En consecuencia, nos encontramos con cursos sobre alimentación, cocina o superación personal que hablan de este imperativo ético a modo de ideología esotérica o creencia espiritual con matices ecologistas. Llegamos a oír expresiones bastante desafortunadas como: «Hay gente que quiere ser vegana algunos días a la semana». Si uno no ingiere productos animales por salud, medio ambiente u otros motivos, no se es vegano sino vegetariano estricto. Y si uno engulle alimentos de origen animal un día sí y otro no; ni siquiera se alcanza el vegetarianismo. De hecho, esta tamaña hipocresía recibe oficial el nombre de flexitarianismo.

¿Por qué no creo yo un curso para enseñar a difundir el veganismo? ¿Soy yo el único idiota que no cobra por su esfuerzo? Ser activista no es un trabajo remunerado porque cobrar dinero puede despojarnos de objetividad y provocar que nuestras acciones perjudiquen a los animales no humanos. El veganismo surgió para ahondar en aspectos fundamentales de nuestra conducta hacia otras especies sintientes, por ende, no debiera ocupar su nombre aquello que no se centre en los intereses fundamentales de las víctimas.

Mi conclusión final se resume en que muchos profesionales están ansiosos de aprovechar las «modas» para orientar sus estudios hacia algo determinado sin importarles absolutamente nada la disciplina que manejan. En la mayor parte de los casos se limitan a combinar sus conocimientos en fitness con charlas acerca del «sufrimiento animal». Todavía falta un abismo para que el ciudadano medio comprenda qué hay detrás.

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