Cocodrilo poroso (Crocodylus porosus)

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Cocodrilo de agua salada o estuarino (Crocodylus porosus)Cocodrilo poroso o cocodrilo de aguas saladas (Crocodylus porosus)

Descripción del cocodrilo poroso

El cocodrilo poroso, marino o de aguas saladas (también llamado cocodrilo de estuario o estuarino) está ampliamente distribuido desde el oeste de la India, y a lo largo del sur y sureste asiático hasta Australia y Vanuatu. Se distribuyen por numerosos hábitats, particularmente estuarios y ríos mareales; no obstante, a veces se hallan con mayor abundancia en pantanos de agua dulce. Son muy tolerantes ante aguas con alta salinidad, lo cual les permite aventurarse en áreas marinas durante extensos periodos. El alcance de sus viajes oceánicos apenas se conoce; pero con relativa frecuencia se registran travesías marinas de larga distancia (superiores a 1.000 km) en las cuales alcanzan velocidades de hasta 43 km/h.

Los machos de cocodrilo poroso pueden alcanzar el mayor tamaño de cualquier cocodrilo existente. El individuo más grande registrado llegaba a los 6,2 metros (algunos indicios sin confirmar hablan de incluso 8 metros). La longitud máxima típica para los machos es de 5,0 a 5,5 metros. En semejanza con el resto del género, las hembras manifiestan una menor envergadura más que los machos y raramente exceden los 3 metros. Los cocodrilos de agua salada tienen la cola más larga, en proporción a la longitud total, de todos los cocodrilianos.

El cocodrilo marino, al parecer, presenta la mordida más poderosa del reino animal. En el año 2004 se practicó una medición de su fuerza mandibular con un ejemplar de 4,5 metros y el resultado fue que, al cerrar sus mandíbulas, provistas de 66 dientes, ejercía una presión total de 1770 kg, la mordedura más poderosa que se haya medido hasta el momento.

Cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus) sobre la orilla de un lago

Cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus) descansa sobre la orilla de un lago.

El cocodrilo estuario se alimenta comúnmente peces, mamíferos pequeños, varanos o lagartos, e incluso partes de tiburones. Durante la estación húmeda acostumbra a permanecer más tiempo en tierra y se comporta como un carnívoro oportunista que captura sus presas cuando se aproximan al agua para beber, a veces del tamaño de un búfalo indio. Entonces, Crocodylus porosus las atrapa por sorpresa con sus potentes mandíbulas, las arrastra y ahoga en el agua para engullirlas posteriormente. Si no se satisface con un número suficiente de capturas, puede asimismo servirse de carroña.

El cortejo se inicia al final de la estación seca anual (octubre a noviembre) y la puesta se produce en nidos monticulares a lo largo de varios meses. El tamaño medio de la nidada está entre 40 y 60 huevos, en toda su gama. Las tasas de supervivencia suelen ser bajas, con una mortalidad entre el 75% y el 95% desde la eclosión hasta los 8 años de edad. La mortalidad en las crías depende de la densidad. Tras unos 30 años de monitorización, se sabe que las poblaciones mermadas de esta especie tienen una excelente capacidad de recuperación si sus hábitats permanecen protegidos; lo cual no debiera ser una sorpresa, ya que el ser humano es causante directo del exterminio de millones de animales.

Hay poblaciones vigorosas en distintos países. Por ejemplo, en Australia convive con el cocodrilo de agua dulce australiano y en Papúa Nueva Guinea queda aledaño al cocodrilo de Nueva Guinea; pero no abunda tanto en otros como Sri Lanka, donde mora el cocodrilo de las marismas, y Filipinas, habitado por el cocodrilo filipino. A menudo resulta difícil que los lugareños admitan la presencia de cocodrilos de aguas saladas aun cuando ha sido el ser humano quien ha invadido sus hábitats naturales. En consecuencia, cuando escasean los incentivos estatales hacia la conservación, el riesgo de extinción se presenta altísimo. Y, por si fuese poco, la piel de estos cocodrilos se sitúa junto con la del cocodrilo mexicano entre las más valiosas de todas las especies cocodrilianas.

Traducción y adaptación de la obra CROCODILES: INSIDE OUT. A Guide to the Crocodilians and Their Functional Morphology. Autores: K. C. Richardson, G. J. W. Webb y S. C. Manolis.


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