Elementos esqueléticos de los cocodrilos

Los elementos esqueléticos de los cocodrilos son muy visibles a plena vista debido a la distribución variada de sus escamas, su textura y especialización. En la fotografía, un cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer) aparece junto a la orilla de una lago.

Los elementos esqueléticos en cocodrilos

La forma corporal elongada y fusiforme de los cocodrilos refleja adaptaciones evolutivas hacia un modo de vida acuático al tener una cola como principal unidad propulsora y ambos pares de extremidades pobremente desarrollados.

La cabeza cocodriliana es el principal elemento esquelético de un cocodrilo. Ésta presenta dos conjuntos de modificaciones. El primer conjunto se basa en un cráneo aplanado dorsoventralmente, fortalecido mediante un hocico prominente y una hilera de dientes. Íntimamente vinculado a esto está la existencia de un paladar secundario que separa las cavidades nasal y oral. Y, el segundo, radica en la migración de los ojos, oídos externos y narinas hacia la cima del cráneo donde así pueden funcionar bajo la superficie del agua mientras están sumergidos la mayor parte de la cabeza y el remanente del cuerpo.

Uno de los elementos esqueléticos fundamentales en los cocodrilos reside en las vértebras que, encontradas por el tronco y la cola, además de proteger la médula espinal y acompañar los vasos sanguíneos, actúan como una biela rígida para facilitar la natación rápida. Las vértebras troncales proveen un origen de inserción para los músculos que soportan las vísceras y participan en la locomoción. Las costillas colaboran tanto a la hora de aguantar el peso corporal como en las actividades musculares de la región superior del tronco. Las vértebras caudales y sus huesos ventrales cheurones son simples en forma y su función primordial es acomodar las acciones agonistas y antagonistas de tales músculos durante el buceo.

Traducción y adaptación de la obra CROCODILES: INSIDE OUT. A Guide to the Crocodilians and Their Functional Morphology. Autores: K. C. Richardson, G. J. W. Webb y S. C. Manolis.

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