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Reseña: Investigación sobre la visión lateral de los caballos

Abstracto de la investigación lateral de los caballos

Título del artículo científico: Lateral vision in horses: A behavioral investigation

(Traducción al español: Visión lateral en caballos: Una investigación conductual).

Autores: Evelyn B. Hanggi, Jerry F. Ingersoll (Equine Research Foundation, P.O. Box 1900, Aptos, CA 95001, USA).

Historial de publicación: Recibido el 10 de enero de 2012, recibido tras revisión el 11 de mayo de 2012 y aceptado el 28 de mayo de 2012.

Palabras clave: Lateral vision, Horse, Equine, Stimulus discriminatio, Field of view, Peripheral

 

Reseña sobre la visión lateral de los caballos

Hasta la fecha, distintos investigadores han estudiado la capacidad de los equinos para ver en color, su percepción de la profundidad, su transferencia interocular y visión escotópica. Desde entonces han ido cosechándose datos significativos, tales como que cuentan con una visión monocular media de entre 190-195º (un rango enorme, propiciado evolutivamente por ser una especie presa) y una binocular de entre 55-65º (moderada). Con respecto a la agudeza frontal, éstos obtuvieron una puntuación de 20/30 en la escala Snellen (no tan buena como la de los humanos pero superior a perros y gatos).

En el presente estudio, los autores se centraron en el alcance de la visión lateral de los caballos a la hora de discriminar objetos desde un punto de vista comportamental. Para realizar el experimento seleccionaron tres ejemplares de 15 años cada uno que vivían en la Equine Research Foundation (ERF), California. Al aire libre construyeron una especie de corral totalmente cerrado en forma de media luna. A lo largo del perímetro situaron unas posiciones denominadas A (90º), B (114º), C (138º) y D (162º) en relación a donde se encontraba el animal; tanto por la izquierda como por la derecha de la semicircunferencia.

 

Experimento en media luna para estudiar la visión lateral de los caballosFigura esquemática del modelo empleado

 

El estímulo consistía en un conjunto de raquetas de plástico o gomaespuma junto con bolas de caucho naranjas y amarillas. Dos asistentes, ocultos tras el vallado, se encargaban de colocar estos objetos a una altura alta y baja sin hacer ruido. Explicaron que, a modo de control, también había algunos cordones blancos de algodón sin nada colgado y, asimismo, el personal colaborador rotaba para no operar siempre con el mismo ejemplar.

En el texto se detalla muy acertadamente una diferencia fundamental de este procedimiento en comparación con los usados en el pasado. Antes, los caballos tocaban el estímulo con su hocico si lo reconocían; en este experimento, sin embargo, se los enseñó previamente a presionar una de las dos paletas en respuesta a la localización lateral de un objeto. Si el caballo empujaba la paleta correspondiente al lado donde aparecía el estímulo, oía un ‘good‘ (bien) y se le obsequiaba 15 g de una mezcla entre maíz, avena y cebada; por el contrario, si erraba se le profería un ‘no’ y no se le daba ningún premio. Tanto si acertaba como si no, después se hacía recular al animal y se emplazaba nuevamente su morro sobre el dispositivo. En definitiva, el diseño resultó una mezcla entre sencillez e innovación.

Los resultados llamaron bastante la atención: los tres caballos fueron capaces de distinguir entre las raquetas y las pelotas en las posiciones A, B y C; mas no en la D. Es decir, en este último punto podían reconocer que había algo ahí pero no llegaban a diferenciar entre objetos. Todo ello quedó indicado por medio de una serie de gráficas y tablas con estadísticas.

Finalmente, en la discusión presentaron numerosas reflexiones para futuros estudios y para quienes explotan a estos animales. A continuación, destacaré tres fragmentos esenciales:

 

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 1

Fragmento 1: «Estas restricciones causan problemas de percepción que pueden interferir en la adecuada identificación de los objetos en el entorno y conllevar un incremento del estrés debido a conflictos con la naturaleza del caballo. Los equinos entrenados apropiadamente a los que se les permite llevar sus cabezas en una posición natural y son capaces de ver sus alrededores están a menudo más a gusto durante las interacciones humano-caballo».

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 2

Fragmento 2: «Esto contradice el antiguo pero vivo mito de que un caballo no puede reconocer algo que pase detrás de él sin reaccionar negativamente en consecuencia».

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 3

Fragmento 3: «Malentendidos y malconcepciones acerca de la naturaleza del caballo implican frecuentemente malcuidado y malgestión de este animal».

 

A raíz de estos apartados, puede inferirse que los autores están en contra de ciertos métodos antiquísimos utilizados para prevenir accidentes (anteojeras y riendas cortas), consideran imprescindible la desaparición de viejos mitos instaurados entre la gente allegada a estos animales y son, por tanto, partidarios del desarrollo de nuevas formas de entrenamiento, manejo y cuidado de los caballos a fin de evitarles malestar y sufrimiento.

Argumentos a favor de las bridas abiertas en Farming With Horses

A rasgos generales, me ha parecido un artículo muy interesante que dirige sutilmente una crítica hacia la gestión actual de los équidos. Resulta ser uno de los pocos que se ha enfocado claramente en la etología equina y no en asuntos veterinarios sufragados por inversiones millonarias.

No obstante, la única manera de comportarnos con verdadera justicia hacia ellos consiste en respetarlos como sujetos y no someterlos a nuestros caprichos.

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Argumentos a favor de las bridas abiertas en Farming With Horses

Explotación de caballos en arados

Críticas a las anteojeras por Steven Bowers y Marlen Steward.

 

Recientemente conocí el libro «Farming With Horses», escrito por Steven Bowers y Marlen Steward. Ambos autores son unos hombres estadounidenses que se dedican a la doma de caballos destinados al tiro y, en general, a la agricultura por medio de tracción animal. Poseen una gran experiencia en la gestión de caballos y gozan de cierto reconocimiento en el sector. Esta entrada, lejos de guardar fines publicitarios o aspirar a reseñar la obra, tiene el propósito de destacar aquellos escasos puntos en los cuales coincido éticamente con un documento cuyo objetivo no se basa en otro que difundir y propugnar acciones especistas tales como el empleo de caballos en arados, carruajes y diversos deportes para beneficio económico o recreativo del hombre.

En cualquier caso, me alegra que de entre toda una vasta cantidad de información anecdótica y llena de batallitas me haya topado con unos pasajes muy llamativos que sirven para demostrar que hasta quienes son más cerriles y tradicionales en asuntos vinculados al manejo de équidos pueden cambiar su visión de la realidad. ¿A qué materia estoy refiriéndome? Pues al nada conveniente empleo de anteojeras en caballos enganchados, un tema ya tratado con anterioridad en este blog: Explotación hacia los caballos: Anteojeras I y Explotación hacia los caballos: Anteojeras II.

 

Nota del traductor: Me he tomado la libertad de traducir el texto sin ningún tipo de relación con los autores o la editorial. Solamente presento unos fragmentos resumidos con una literalidad moderada. Es decir, si bien he procurado conservar el orden, me he visto obligado a reformular muchas oraciones y a omitir algunas anécdotas superfluas. Supongo que haciendo esto infringo los trillados derechos de autor; sin embargo, no me queda otra opción para allegar la argumentación de estos dos individuos a las personas de habla hispana no bilingües.

 


 

Ver el paisaje entero. Un argumento a favor de las bridas abiertas.

Estuve hablando por teléfono con mi sobrino y le mencioné que ahora estaba conduciendo a la mayoría de nuestros caballos con bridas abiertas y enseñándole a la gente los beneficios de hacerlo de esa manera. Inmediatamente, se puso a echar chispas: «¿Estás loco? Ése es un buen modo de provocar que la gente se haga daño. ¿No eras tú uno de los pasaba muchísimo tiempo ilustrando los beneficios de las anteojeras y cómo colocarlas?».

Podía ver que él no iba a aceptar mi nueva forma de hacer las cosas sin discutir. Su actitud la comparten muchos de quienes nunca han considerado usar bridas abiertas. Si desea que lo miren con completa desconfianza y suspicacia, basta con acercarse virtualmente a cualquier espectáculo de enganches en Estados Unidos manejando un caballo sin anteojeras. La mayoría de los espectadores querría expulsarlo de allí con gran apremio antes de que su caballo se desbocase y destrozara algo.

 

Los carreteros sí usan bridas abiertas

Después de darle a mi sobrino un momento para calmarse, comencé a explicarle mis razones para el gran cambio de «con anteojeras» a «sin anteojeras». Pareció confortarlo el contarle que yo no soy el único en la Tierra que emplea bridas abiertas. En muchos países extranjeros resulta más común ver caballos enganchados sin anteojeras que con ellas. Incluso así ocurre en situaciones altamente complejas con calles atestadas y un tráfico espantoso.

 

Los caballos que no llevan anteojeras exhiben un alto rendimiento

Luego le di a mi sobrino una perspectiva histórica. Hacia los comienzos del siglo XX, antes de la introducción de equipos motorizados contraincendios, se utilizaban caballos para impeler los vehículos imprescindibles para combatir un fuego. Entonces, a todos esos animales se los dirigía sin anteojeras y aun así se mantenían bajo control. Imagine la vergüenza para el cuerpo de bomberos si sus bestias de carga pasaran de largo en cuanto viesen el humo emergiendo por las ventanas. En ninguna imagen antigua he visto jamás un caballo perteneciente a un equipo contra incendios que llevara anteojeras, sólo pueden encontrarse hoy en recreaciones modernas.

Los caballos de artillería que empujaban cañones durante la Primera Guerra Mundial son otro ejemplo de cómo  logran desempeñar estos animales una labor extremadamente exigente (una que excede de sobra cuanto se les exige en la actualidad durante las faenas cotidianas) sin la necesidad de que algo les obstruya el campo de visión. Aquellos equinos estaban entrenados tanto para ser montados en cualquier momento y lugar como para ocupar el emplazamiento que fuese en un carruaje. A veces, para precisar la localización exacta de los cañones enemigos, se los hacía avanzar hasta delimitar la llamada «línea de la muerte» y conseguían su objetivo incluso con los bombardeos a plena vista.

 

¿Cuál es el beneficio de ver?

También expuse un argumento filosófico a favor de las bridas abiertas. No importa cómo las estimes, acortar parte o toda la capacidad que tiene un caballo para estudiar el entorno es una técnica de refreno. No se trata de una técnica relacional, como el uso del bocado dentro de la boca del animal, porque las anteojeras están o no están: no se utilizan para guiar o detener a los animales según algo les cubran los ojos o no. Cuando un carruaje se apresta para salir, las anteojeras se emplazan cuidadosamente con la finalidad de que permanezcan ahí bien puestas durante toda la conducción, no importa cómo esté comportándose el caballo. Así pues, las anteojeras no dependen del comportamiento; lo cual las convierte en un dispositivo de control no relacional.

Dado que los caballos son animales especialmente relacionales, pienso que es mejor un seguir entrenamiento adecuado para demostrarles que uno mismo es igualmente tan «relacional» como ellos.

Metiéndonos un poco más en profundidad, debido a que las anteojeras son unos elementos de contención que no se usan de manera relacional; únicamente sirven para comunicarles psicológicamente al animal que no se confían en él cuando éste dispone de pleno uso de sus facultades: consiste en una sutil pero poderosa forma de decirle al caballo que sólo queremos utilizar su cuerpo sin usar su mente. En otras palabras, las anteojeras le dicen al caballo que usted no se fía ni lo más mínimo de cómo usará su cerebro si pudiera ver enteramente qué estamos haciendo con él.

Una de mis citas favoritas sobre esta materia es: «Si introduces un elemento de desconfianza en una relación, se acaba la comunicación». Una parte importante del lenguaje de la «confianza» está en «ser abierto».

Para muchísima gente, tener a sus caballos haciendo lo que deben sin haber ningún tipo de respeto mutuo llega a ser aparentemente deseable. Uno de los motivos más básicos para que un caballo salga huyendo es el miedo. Muchos carreteros valoran el efecto «restamiedo» de las anteojeras porque son lo único que conocen e incapaces de aplicar otras fórmulas.

La clave está en entrenar mediante tácticas que se basen en el respeto y no en el miedo como factor estimulante; aunque, para ello, se precisa una mentalidad diferente.

 

Las anteojeras y la imaginación.

Mi sobrino parecía entender ahora mi perspectiva, así que añadí mi razón preferida de todos los tiempos para no ponerles anteojeras: incrementar la calma. Si le quitas al animal la capacidad de ver cuanto esté a su alrededor, estás multiplicando las posibilidades de que imagine cosas que realmente no están ahí. A menudo he oído historias de algunos cocheros sobre que sus caballos no se asustan ante perros ladradores cuando éstos se les acercan desde lejos; pero que, tan pronto como las anteojeras ocultan el perro en un lado de la acera, emprenden una enloquecida escapada.

Imaginación, desconfianza e incapacidad de ver pueden causar un pánico repentino en estos animales.

Como iba diciendo, la clave radica en un entrenamiento cuidadoso en el cual logremos desensibilizarlo ante la carga que lleve. Algo que caracteriza a los caballos entrenados en bridas abiertas es la tranquilidad y suavidad con la que actúan. Se les nota así que ha aumentado su comprensión mental. En cambio, aquellos caballos entrenados con anteojeras suelen desbocarse si de repente ven cuanto llevan detrás. Éstas deberían ser razones suficientes para que todo cochero se replanteara su forma de entrenar. Depositar en unos trozos de baqueta la esperanza de que no sucederá una catástrofe no lo veo como un acto prudente ni apetecible.

Si pese a este razonamiento sigue sin tener interés en desterrar las anteojeras, sepa igualmente que algún día puede toparse con otro cochero cuya manera de ejercer sea distinta. Al contrario de la reacción inicial de mi sobrino, ponerles unas bridas abiertas no es algo que nadie haga por un episodio de locura. Quienes así proceden se sienten más seguros. Como le dije a sobrino: en vez de mantener una actitud «ciega» sería mejor que abriera los ojos para contemplar otra cara del mundo.

 


 

Por desgracia, la mayor parte del libro sólo me produce náuseas, sobre todo, cuando realiza referencias puntuales a arreos «de control» durísimos utilizados en entrenamientos o durante las competiciones; sin apreciarse ningún matiz crítico. Es más, ellos mismos deberían aplicar su propio análisis y consideraciones para estar en contra de algunos artilugios, tales como los engalladores y las sobrerriendas, basándose en que son asimismo instrumentos no relacionales (además de increíblemente crueles).

Pese a todo, es de agradecer que individuos tan involucrados en este mundillo tengan capacidad de autocrítica y así lo expongan; aunque resulte insuficiente.

 

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Anteojeras: historia, uso y efectos en la explotación ecuestre

Caballo raza española con anteojeras enganchado a carruajeCoche de caballos en el centro de Sevilla. Las anteojeras son unas guarniciones empleadas para reducir el campo de visión de los équidos.

Introducción

Las anteojeras son una de las guarniciones más comunes y omnipresentes tanto en animales de tiro —y análogos— como en aquéllos destinados a las carreras de caballos. Constan de unas piezas de vaqueta (o cuero sintético) que, colocadas junto a los ojos del animal, reducen su campo de visión e impiden que éste vea por los lados.

Siempre me ha despertado un gran interés conocer cómo nuestra especie aplica su intelecto para violentar y dominar a terceros. Esta entrada es una monografía con la finalidad de ahondar en estos arreos para así arrojar algunas reflexiones sobre aquellos instrumentos creados por los seres humanos para explotar y coaccionar a los animales.

El prejuicio moral del especismo nos lleva a considerar a los demás animales como simples instrumentos o recursos a nuestro servicio. Y, a la par que los tratamos cual objetos, creamos y desarrollamos otros para lograr someterlos a nuestra voluntad en detrimento de la suya propia. En el caso de los caballos, ésta es la causa de la explotación ecuestre en sus infinitas formas. Algunas formas de explotación, al estar basados en ritos de poder, son especialmente violentas.

Anteojera de caballo de bronce - Las anteojeras sirven para reducir el campo de visión de los équidosFotografía de unas anteojeras de caballo esculpidas en bronce encontradas en el tempo de Apolo Dafnéforo.

Historia de las anteojeras

Como ocurre con cualquier invento humano, resulta difícil concretar cuándo surgieron. Si bien, las excavaciones arqueológicas han hallado que su utilización se remonta al imperio Asirio. También aparecen en distintos puntos del Imperio Griego en época arcaica, en concreto, en el área correspondiente a las antiguas provincias de Eubea, Mileto, Rodas y Samos.

El origen de las anteojeras, desde el prisma utilitario, posiblemente se relacione con la creencia popular de que un caballo se asusta al ver las ruedas de los carros o de que al reducir su campo de visión se evitaban más los desbocamientos cuando otro lo adelantaba. En este sentido, cabe destacar la consolidación de ciertas leyendas rurales y mitos sobre la naturaleza del caballo aún muy asentados a través de argumentos ad antiquitatem: «esto es así porque siempre se ha hecho así o se ha pensando así». Por ejemplo, la cultura árabe de los siglos XI y X daba por sentado que un semental conocía el sexo del futuro potro según si desmontaba a la yegua por el lado izquierdo o derecho de sus grupas.

Si las anteojeras se han mantenido hasta la actualidad quizás se haya debido —aparte de la obvia cosificación moral de los animales— a que ofrecen algunas ventajas aparentes para el ser humano desde el punto de vista del tiempo y el esfuerzo dedicados a la doma. Por ventura o desgracia, detrás de cada mito suele haber algo de verdad.

La utilización de las anteojeras se extendió y empezó a cobrar interés en aquella literatura relacionada con la doma y manejo de caballos —sobre todo en Reino Unido y sus colonias— a partir de la Revolución Industrial. Las menciones y enseñanzas respecto a estas guarniciones alcanzaron su cénit en el siglo XIX, cuando comenzó a haber ardientes debates en torno a su eficacia y al bienestar animal.

Fueron muchos los manuales de aquellos años que versaban a favor o en contra de cegar parcialmente a los caballos y a otros équidos mientras se los obligaba a trabajar en las calles de una populosa ciudad. Este clima social incluso llegó a obras célebres como el libro juvenil titulado «Azabache», de la escritora Anna Sewell. El uso y extensión de las anteojeras es irregular a lo largo del mundo. En la actualidad, en muchos países y regiones rurales no se emplean o raramente aparecen.

Esquema del ángulo de visión de un caballo con y sin anteojeras puestasEsquema del ángulo de visión de un caballo según si lleva o no anteojeras puestas. Nótese que el campo de visión se ve muy reducido.

¿Por qué se usan las anteojeras?

Son relativamente pocos los estudios que se realizan de etología equina. Los caballos y otros équidos suelen despertar mayor interés en campos como la veterinaria y en asuntos relacionados con la hípica. A modo de introducción, recomiendo leer una reseña sobre un interesante artículo científico sobre la visión lateral de los caballos. También, en este mismo blog, hay publicado análisis de un fragmento extraído del libro «Farming With Horses». En éste, ambos autores —explotadores de animales— explican los motivos que encontraron para rechazar el uso de estos aparejos durante la explotación en arados o carruajes.

Atendiendo a los hechos empíricos, cuando los interesados desean forzar a un caballo para que tire de un carruaje o un arado, se observa que un número moderado de éstos se resiste menos —se vuelve más «manejable»— si su campo de visión se torna más estrecho. Pues ello les causa una disminución de la orientación espacial e incrementa la dependencia hacia su manejador. Este fenómeno se relaciona, a su vez, con la coincidencia histórica de que normalmente se destinaba al tiro a aquellos caballos más cerriles y menos obedientes para dejarse montar.

A pesar de la manipulación humana, muchos équidos se muestran molestos desde primera hora al sentir limitado su campo de visión. Algo que conocen muy bien sus propios domadores. Algunos, de hecho, invitan a ponérselas después de los entrenamientos y dejarlos sueltos en el picadero para que se «acostumbren». La brida con anteojeras o bridón suele reservarse para cuando la doma de enganche ya está bastante avanzada; antes o al mismo tiempo que los ejercicios de rueda.

Más que acostumbramiento, el animal se resigna a cualquier cosa que se le haga porque carece de opción al respecto. ¿Acaso puede elegir? «Ahora ves y ahora no ves según me convenga», ése es el mensaje no-verbal que le transmite el ser humano. Que el caballo empiece a responder a la rienda y a la voz sin ver a su domador significa que obedece a pesar de las imposiciones. De esta manera, el caballo se doblega y se deja dirigir al estar imposibilitado para responder por sí mismo a estímulos visuales.

Eliminar el libre albedrío —indefensión aprendida implica que el humano está consiguiendo justo lo que quiere para el tipo de explotación al que destina o destinará al animal, no lo que sería mejor para el equino. Aun sí, la explotación ecuestre persigue a menudo una visión romántica de la explotación animal, nunca mejor dicho.

En definitiva, la aplicación de las anteojeras constituyen un método de coacción que consigue someterlos mediante la restricción visual.

Carruaje de caballo turísticoEn países occidentales, el uso de las anteojeras es generalizado para asegurar el control y el dominio sobre los caballos durante su explotación.

Argumentos y prácticas especistas respecto a la coacción visual

Si la explotación animal, en sí misma, se mantiene hasta nuestros días por un prejuicio antropocéntrico, también hemos de destacar los fines utilitarios con que el ser humano trata de justificar la coacción visual que ejerce sobre los caballos y otros équidos.

Dado que los équidos son animales de presa, algunos se angustian al principio ante el propio carro al cual van enlazados y frente a ruidos que nunca habían oído hasta entonces. Obviamente, no ha de resultarles muy agradable estar rodeados y ceñidos con correas por todas partes.

Aunque a menudo se emplea el concepto biológico de «insensibilización», los caballos y otros animales sólo se insensibilizan frente a las condiciones usadas por sus explotadores. Ni las anteojeras ni otros métodos de restricción los insensibiliza ante cuanto pudiera aparecer en el medio. Éstas insensibilizan al caballo respecto a su sumisión al ser humano, no les hace comprender el entorno.

De esta manera, las anteojeras dificultan en algún grado que el animal se entretenga por donde vaya —argumento antropocéntrico— al no poder ver un objeto de su interés, lo cual, favorece los intereses humanos. Se utilizan o incluso son requeridas en numerosos espectáculos de enganches porque una amplia cantidad de gente allegada a dicho mundillo estima que así estos animales se aprecian más gallardos y airosos o reviven épocas pasadas.

Ya en el siglo XIX había autores que esgrimían el argumento de que se abusaba de estos aparejos porque solían venir dentro del «paquete» de guarniciones destinadas para caballos de tiro. Por ello, muchos explotadores novatos asumieron y asumen que hay que usarlas sin plantearse siquiera el porqué o si existe alguna alternativa.

Aparte de por los motivos ya aducidos, ciertos «profesionales» prefieren evitar que el caballo se adelante a las órdenes o al toque del látigo y encuentran en éstas herramientas una forma fácil de lograrlo. En este sentido, se incurre un cinismo estandarizado al obligar a estos animales a participar en carreras de obstáculos o pruebas de eslalon con anteojeras puestas, aun cuando eso merma sus capacidades físicas de cara a los resultados cosechados. Es decir, todo sea por dominarlos y por asegurar que obedecerán incluso en circunstancias novedosas u hostiles para ellos.

Con más frecuencia de la esperada, también se da el caso de que algunos domadores primero los adiestran sin ellas y más tarde se las instalan por eso de que el animal esté acostumbrado a todo por si luego lo venden. Y existe asimismo la creencia de los caballos explotados para el tiro deben ser montados con anteojeras para que no se asusten.

En definitiva, hay dos tendencias fundamentales por las cuales la gente del sector suele defender la utilización de anteojeras:

  1. «Supuesta» necesidad de que el animal no se distraiga y se dirija hacia donde uno desea.
  2. «Supuesta» necesidad para evitar accidentes por desbocamientos o reacciones indeseadas ante el tráfico o la utilización del látigo.

Respecto a la gente que es ajena a la explotación ecuestre, ésta se sitúa en dos extremos: o considera la aplicación de las anteojeras como una forma de «maltrato animal» —un término bienestarista—, o directamente, ni se lo plantea. El desconocimiento, la indiferencia y la carencia de una perspectiva ética son las tres armas más opresoras para cualquier animal que se desenvuelva en un entorno entre humanos.

Caballos enganchados con anteojeras puestasLas anteojeras, como herramientas pensadas para la coacción, minimiza el contacto visual de estos animales y los mantiene más «centrados» en satisfacer los intereses humanos.

¿Las anteojeras perjudican a los caballos?

El uso de anteojeras no beneficia al animal en absoluto ni le reduce el estrés; pues no suprimen el agente causante de éste; sino su capacidad de analizarlo. Que el caballo sea incapaz de ver conlleva asimismo que tampoco pueda asimilar qué es ese ente voluminoso que está obligado a arrastrar, ni lo que hay detrás de los ruidos vinculados al campo o a la carretera y habituarse a los causantes de éstos sin sobresaltos.

La naturaleza de los caballos no debiera medirse o modularse según nuestras necesidades. Todos los animales merecen respeto y ser libres. Lejos de ello, aquel espléndido animal del cual sus dueños estaban orgullosos de haber domado en un par de semanas es precisamente un equino que siempre estará estresado, angustiado y temeroso de cuanto lo rodea a causa de tanta celeridad. Aunque la perturbación inductora del pánico haya pasado, el animal no puede verlo ni calmarse; justo como lo haría en su medio natural. Los caballos y las personas humanas compartimos el hecho de que la vista se presenta como el sentido más desarrollado y necesario para la supervivencia.

Por muy miedoso que desde el nacimiento parezca ser un equino, todos y cada uno de ellos tienen la capacidad suficiente de aprender. Y todos ellos, a su pesar, pueden a realizar un cometido en mitad de la ciudad sin asustarse de un automóvil, una bicicleta, una motosierra o cuando al cochero le da por rociarles encima un aerosol antimoscas; ya les venga desde detrás, de frente o por los flancos.

Puesto que los animales no somos autómatas ni meras máquinas, podemos aclimatarnos a cualquier situación. Huelga mencionar cuán eficaz y evidente se muestra esta realidad cuando se les efectúan aquellos entrenamientos especiales propios de las fuerzas del orden (policía, ejército etc.). Se da la paradoja de quienes más afirman conocer a los caballos acostumbran a menospreciar sus facultades como consecuencia directa de la cosificación que padecen. Los explotadores no acostumbran a ponerse en el pellejo de los animales a los que explotan —so pena de considerarlo una humanización— ni se imaginan que el recelo de los caballos es muy lógico frente a una atmósfera cimentada y desforestada, y sobre todo, demasiado ruidosa (recordemos su enorme capacidad auditiva).

Para cualquier explotador resulta muchísimo más sencillo colocarle unas anteojeras y dominarlo mediante una ceguera impuesta cada vez que salga de las cuadras que ir paseándolo por las avenidas y enseñarlo a que no debe tenerles miedo a los seres humanos ni a sus objetos asociados. Sin embargo, no seré yo, por supuesto, quien vaya a proponerles a sus explotadores nuevos métodos para explotar a los caballos o a otros animales. No existe ningún modo justo ni ético de regir sus vidas.

Los humanos somos unos claros animales de costumbres y, en general, bastante testarudos en cuanto a mantener éstas se refiere. A pesar de cuantas razones, evidencias o explicaciones científicas se ofrezcan sobre el hecho de que debemos dejar de participar en toda forma de explotación animal y, por tanto, de utilizar cualquier herramienta de control o tortura, una alta cantidad de humanos seguirá teniendo con otros animales la misma visión y el mismo trato que conoció por su padre, abuelos y de la comunidad allegada.

Sería ideal que los humanos tuviésemos una mente más abierta para recapacitar y pensar en la justicia y la dignidad de los animales en vez de en nuestro propio ombligo. ¿Por qué explotamos a animales no humanos para nuestro disfrute, recreación u obtención de bienes monetarios? ¿Qué derecho tenemos, como seres humanos, a decidir si un caballo puede ver o no? ¿Acaso no desean contemplar el entorno igual de bien que cuando van montados? ¿Es ético que nos autootorguemos la potestad para hacer con ellos cuanto se nos antoje, a menudo bajo la excusa pseudoaltruista de procurarles tranquilidad?

Caballo con anteojeras muy ceñidasToda situación de poder comporta abusos. Por ello, no es de extrañar que algunos explotadores de caballos y otros équidos ciñan al mínimo de su campo de visión.

Resumen de cómo las anteojeras afectan y coaccionan a los équidos

  • Incrementan el estrés del animal al oír algo que les provoca temor y no ser capaces de localizarlos con la mirada. El equino no logra inmunizarse frente a un determinado ambiente o una misma situación. Sólo oculta el problema, no lo soluciona.
  • Reducen notablemente la coordinación del animal en comparación con su visión normal. Le imposibilitan calcular las distancias entre el bordillo y la carretera, y se ve forzado a girar sin ver la trayectoria, lo cual puede traducirse en forma de accidente —heridas o muerte— ante un mal manejo por parte del cochero. Por la noche, el animal marcha prácticamente ciego.
  • Algunos caballos, mulos, etc., se ponen bizcos por su necesidad de curiosear el entorno y solamente poder hacerlo por el rabillo del ojo. Estas piezas pueden llegar a tapar más del 90% de la visión; pues los équidos no presentan los ojos en posición frontal (como los humanos) sino lateral, por lo que el efecto se agrava mucho más de lo que los humanos suelen imaginarse.
  • Pueden causan irritación del globo ocular, ya sea por su mal posicionamiento, alergias al material o porque el polvo de las calzadas les acabe directamente en los ojos.
  • Los priva de su aptitud innata para captar estímulos complejos provenientes del medio e interacturar con sus semejantes. Si además se hallan involucrados en una yunta, cegarlos con estas piezas no hace sino dificultarles la coordinación que alcanzarían al verse mutuamente. En una cuarta de caballos o mulas, los que van detrás no llegan a ver prácticamente nada.
  • Hacen que sus continuas travesías sean una constante monotonía y no puedan disfrutar, siquiera mínimamente, de aquellos parques y otros lugares amenos y placenteros por los cuales circulan. Los équidos son esclavos que apenas si pueden encontrar paz en algún momento.
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