Archivo de la etiqueta: serpientes

Natrix natrix se hace la muerta

Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas

Natrix natrix se hace la muerta - Estrategias defensivas de los reptiles

Las estrategias defensivas de los reptiles comprenden distintos mecanismos activos y pasivos. La estrategia de «hacerse el muerto» es un mecanismo activo típico de Natrix natrix.

Estrategias defensivas de los reptiles

Para defenderse de todos unos y otros depredadores, los reptiles utilizan distintos mecanismos de defensa activa, además de los pasivos relacionados con la coloración (cripsis, aposematismo, mimetismo batesiano) ya citados previamente. Tan variados como los tipos de depredadores, los mecanismos activos van desde la huida hasta el contraataque, e incluyen algunos tan peculiares como la estrategia de «hacerse el muerto», típica de la culebra de collar, o el mimetismo batesiano, que consiste en imitar el comportamiento de las víboras.

Estrategias defensivas de los lagartos y lagartijas

Como estrategia defensiva, muchos lagartos pueden desprenderse voluntariamente de una parte de la cola por autotomía. Una vez roto, este apéndice se regenera, pero el aspecto externo de la nueva cola es bastante diferente, y más aún su anatomía interna, ya que las vértebras y los músculos se sustituyen por una estructura cartilaginosa y muscular continua que ya no podrá autotomizarse.

La autotomía de los lagartos es muy efectiva como medio de defensa. Cuando estos animales están en peligro suelen huir hasta el escondite más próximo (cuando no confían plenamente en la cripsis); pero si se sienten acorralados presentan la cola al depredador y se desprenden de ella; mientras la cola se agita violentamente en el suelo distrayendo al agresor, el resto del lagarto puede alejarse y refugiarse en un lugar seguro.

Sin embargo, aquellos ejemplares que han sufrido la pérdida de la cola —incluso si ya la han regenerado— tienen menores probabilidades de supervivencia y de reproducción. En Podarcis lilfordi se ha comprobado que presentan una menor distancia de huida que los que mantienen la cola intacta. No obstante, dicha especie presenta una tendencia a no perder la cola porque en los islotes donde vive hay pocos depredadores, por lo que este apéndice funciona más como reserva energética. La misma tendencia se observa en los lagartos canarios, incluso de forma tan acusada, pues la autotomía apenas se produce.

Cuando se sienten acorralados, los grandes lagartos a menudo plantan cara al agresor, por grande que éste sea, quizás para no recurrir más que in extremis a la energéticamente costosa autotomía de la cola. Muchas serpientes también contraatacan mediante mordidas si bien, curiosamente, las que suelen utilizar con menor frecuencia el contraataque son las víboras, debido probablemente al elevado coste energético que representa la producción de su veneno, cuya función principal yes la de inmovilizar a las presas.

Estrategias defensivas de las tortugas

Las tortugas terrestres se protegen de la depredación ocultando las patas, el cuello y la cabeza en su eficiente caparazón, que en el caso de las tortugas caja (géneros Terrapene, Cuora y Cyclemys) llega a ser inexpugnable. Esta pauta de comportamiento también la utilizan en ocasiones los semiacuáticos galápagos; aunque estas tortugas casi siempre prefieren huir y refugiarse en el fondo del agua o del curso del río. Las Trionyx y otros trioníquidos, tortugas que tienen el caparazón blando incluso cuando son adultas, se defienden de sus agresores mordiendo activamente, método defensivo al que también recurren las norte-americanas tortuga mordedora (Chelydra serpentina) y tortuga aligator (Macrochelys temminckii), primitivos que no pueden esconder por completo su gran cabeza bajo el espaldar.

Estrategias defensivas de los reptiles más sorprendentes

Finalmente, algunas especies de reptiles adoptan una estrategia defensiva que utilizan al mismo tiempo como estrategia de caza al acecho. Se da cuando la cripsis no sólo les sirve para pasar desapercibidas ante los depredadores, sino también para que las presas se confíen y se acerquen. Este procedimiento se puede perfeccionar mediante un cebo: algunas tortugas —como la citada aligátor— poseen un apéndice en la lengua que parece un gusano que atrae a los peces; y la víbora de Peringuey se entierra en la arena del desierto; pero mantiene fuera la cola, la cual no tiene un color terroso sino un tono negruzco que destaca del entorno para que el incauto cazador de gusanos sea cazado por la venenosa serpiente.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

  1. Biología de los reptiles (I): Características generales
  2. Biología de los reptiles (II): Origen y evolución
  3. Biología de los reptiles (III): Regulación de la temperatura
  4. Biología de los reptiles (IV): Piel, escamas y coloración
  5. Biología de los reptiles (V): Esqueleto, órganos de los sentidos y otros detalles anatómicos
  6. Biología de los reptiles (VI): Reproducción
  7. Biología de los reptiles (VII): La locomoción y sus adaptaciones
  8. Biología de los reptiles (VIII): Locomoción en el medio hipogeo
  9. Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo
  10. Biología de los reptiles (X): Locomoción en el medio acuático
  11. Biología de los reptiles (XI): Alimentación
  12. Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas
  13. Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles
  14. Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas
Artículos relacionados

Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles

Coronella austriaca engulle una lagartija - Depredadores de reptiles

Muchos depredadores de reptiles son también reptiles. En la fotografía, un miembro de la especie Coronella austriaca engulle una lagartija.

Depredadores de reptiles

Los reptiles sufren depredación por otros reptiles, por aves y por mamíferos, aunque en el ámbito de la fauna ibérica sólo suelen ser presas accesorias en la dieta de estos últimos, con la notable excepción de la culebrera europea o «águila culebrera» (Circaetus gallicus). En poblaciones isleñas, sin embargo, las lagartijas pueden ser presas importantes de otras aves; así, por ejemplo, varias poblaciones menorquinas de lagartija balear tienen en el cernícalo vulgar a uno de sus máximos cazadores [Barbadillo et al., 1999]; y los lagartos atlántico y tizón son presas habituales de cernícalos y alcaudones, mientras que la lagartija de Columbretes es presa muy habitual de la gaviota patiamarilla.

Aparte de estas aves, los reptiles ibéricos sólo representan un porcentaje importante en la dieta de otros reptiles [Salvador et al., 1998]. Las lagartijas, por ejemplo, son elementos importantes en la dieta de los adultos de la culebra lisa europea, y mayoritarios —a menudo junto con las salamanquesas— en la dieta de los adultos de la culebra lisa meridional y de las culebras de cogulla, así como de los subadultos de culebra de herradura. Los juveniles de los lagartos ocelado, verde y verdinegro y del lución también son presas importantes de los adultos de la culebra lisa europea. Los adultos del lagarto verde son a veces capturados por la culebra de Esculapio y los del lagarto ocelado, por la de escalera; cuyos juveniles a menudo depredan lagartijas.

Los escamosos en general —incluidas las culebrillas legas, los eslizones y varias culebras, entre ellas los juveniles de su propia especie— son las presas preferidas de la culebra bastarda y a menudo las capturan las víboras hocicuda y de Seoane, y más ocasionalmente la víbora áspid. Las lagartijas también pueden ser depredadas por los lagartos verdinegro (que consume muchas lagartijas del género Iberolacerta), por el ocelado —que también caza salamanquesas, culebrillas ciegas, culebras de agua e incluso jóvenes de su propia especie— y por el lagarto verde, que sólo las depreda ocasionalmente. Las lisas canarias y los perinquenes, por su parte, pueden ser presa de los lagartos de Lehrs y tizón, en tanto que las lagartijas cenicienta pueden ser capturadas por varias culebras e incluso por el insectívoro camaleón.

Varios escamosos, a su vez, practican canibalismo ocasional sobre sus juveniles, como por ejemplo. la salamanquesa común, las lagartijas colirroja y colilarga, el lagarto tizón, el lagarto ágil (en poblaciones europeas no ibéricas), el verde y el ocelado, el loción y las culebras verdiamarilla, lisa europea y bastarda. La salamanquesa común, en concreto, no sólo consume ocasionalmente los juveniles de su propia especie, sino también los de la salamanquesa rosada y de las lagartijas ibérica y balear; en sentido inverso, los adultos de la lagartija ibérica se «vengan» de la salamanquesa común depredando sus neonatos.

Herpestes ichneumon arrastra un ejemplar de Rhinechis scalaris - Depredadores de reptiles

En la imagen, Herpestes ichneumon arrastra un ejemplar de Rhinechis scalaris.

Entre los mamíferos que depredan reptiles terrestres con cierta frecuencia —aunque, recordemos, siempre de una manera bastante minoritaria—, cabe mencionar el erizo moruno, las musarañas canarias, el jabalí (que además ingiere huevos y crías de tortuga verde en sus playas de reproducción), las ratas parda y gris, el zorro, la gineta, el meloncillo, la comadreja, la marta y otros pequeños carnívoros. De entre estos últimos, los que sin duda se llevan la palma son los gatos asilvestrados, que pueden tener un impacto muy negativo en entornos suburbanos y en medios insulares.

Entre las aves depredadoras de reptiles terrestres, citemos las rapaces diurnas (cernícalos vulgar y primilla, milanos real y negro, busardo ratonero, aguilucho cenizo, águilas calzada y culebrera, etc.) y nocturnas, los alcaudones, varios córvidos e incluso túrdidos, la garcilla bueyera, la garza real y las cigüeñas.

Por lo que respecta a los reptiles acuáticos, los huevos, los recién nacidos y los juveniles de las tortugas marinas son depredados por hormigas, cangrejos, cocodrilos y otros reptiles, numerosas aves y peces carnívoros, así como por mangostas, chacales, zorros y coyotes. Los adultos de estos quelonios, incluidos los de la enorme tortuga laúd, son presas ocasionales de tiburones y orcas; aunque sus peores enemigos son las artes de pesca, el consumo humano de sus huevos y las molestias que sufren en las playas donde efectúan la puesta.

Los galápagos, por su parte, son presa de jabalíes, zorros y otros pequeños carnívoros, varias rapaces y cérvidos, garzas, cigüeñas y grandes peces, mientras que la culebra viperina es depredada sobre todo por garzas, cigüeñas, varias rapaces, la culebra bastarda, los erizos, la nutria, el turón y otros mustélidos. Varios de estos depredadores también consumen huevos y juveniles de las tortugas mora y mediterránea, las cuales tienen pocos enemigos cuando son adultas a excepción del coleccionismo (explotación animal) y los incendios forestales. No obstante, si alguna rapaz se encuentra una, puede dar buena cuenta de ella, como es el caso del alimoche, no sin antes emplear una gran cantidad de esfuerzos y energía.

Aunque no sean depredadores de reptiles, un capítulo aparte merecería el mundo de los parásitos, tanto internos como externos; pero se trata de un aspecto poco tratado en herpetología. Con frecuencia se pueden observar ácaros, como las conspicuas especies de color rojo que a veces se ven en las axilas y la cola de las lagartijas y en los dedos de las salamanquesas. Éstas y otros pequeños reptiles pueden acabar siendo presa incluso de invertebrados agresivos, como las mantis.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

  1. Biología de los reptiles (I): Características generales
  2. Biología de los reptiles (II): Origen y evolución
  3. Biología de los reptiles (III): Regulación de la temperatura
  4. Biología de los reptiles (IV): Piel, escamas y coloración
  5. Biología de los reptiles (V): Esqueleto, órganos de los sentidos y otros detalles anatómicos
  6. Biología de los reptiles (VI): Reproducción
  7. Biología de los reptiles (VII): La locomoción y sus adaptaciones
  8. Biología de los reptiles (VIII): Locomoción en el medio hipogeo
  9. Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo
  10. Biología de los reptiles (X): Locomoción en el medio acuático
  11. Biología de los reptiles (XI): Alimentación
  12. Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas
  13. Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles
  14. Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas
Artículos relacionados

Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas

Vista de los colmillos solenoglifos de Vipera aspis - Serpientes venenosas

Las serpientes venenosas presentan diferentes tipos de adaptaciones mandibulares y venenos. Como los demás vipéridos, Vipera aspis es un ofidio solenoglifo con unos colmillos inoculadores altamente especializados.

Serpientes venenosas

Una de las adaptaciones de depredación de los reptiles es la utilización de veneno de la que se valen las serpientes de varias familias (Elapidae, Atractaspididae, Viperidae y Colubridae), algunos varanos y los helodermátidos. En la fauna española, no hay lagartos venenosos; pero sí víboras y, lo que es menos sabido, tres culebras venenosas: la bastarda y las dos de cogulla. En algunas regiones se piensa erróneamente que el eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) es venenoso.

Estas últimas son opistoglifas, es decir, serpientes que presentan en el fondo del maxilar superior unos dientes en forma de gancho provistos de un surco abierto (no un conducto cerrado) que facilita la conducción e inoculación del veneno. La producción del veneno en las serpientes opistoglifas, cuya finalidad es la de paralizar a la presa una vez ésta se encuentra dentro de la boca del ofidio, acontece en un engrosamiento situado detrás de la glándula labial superior, la denominada glándula de Devernoy. Nuestras dos culebras de cogulla suelen devorar a sus presas inmediatamente después de atacarlas, pero éstas pueden ser bastante voluminosas y rápidas, como eslizones y lagartijas de mayor peso que la serpiente. El hecho de que reptiles tan veloces sean capturados por unas serpientes tan lentas se debe a que el ofidio los sorprende durmiendo o en reposo durante el crepúsculo. No obstante, a veces el «cazado» puede revolverse e infligir graves heridas —e incluso la muerte— a la serpiente. Por ejemplo, con las culebrillas ciegas —parte importante de su dieta— se ha observado que el ofidio actúa prudentemente: no intenta engullir la presa hasta que esté muerta por efecto del veneno o por asfixia. Ocurre que las culebrillas se retuercen, se enroscan y luchan fieramente, lo que puede llegar a frustrar el ataque e incluso producir la muerte del depredador. Tal es la fuerza con que se aprisionan mutuamente, que forman auténticos nudos con sus cuerpos.

La mordedura de los ofidios opistoglifos no suele ser peligrosa para el ser humano, dada la posición retrasada de los dientes inoculadores —y desde luego no lo es en España porque el veneno de ambas culebras tiene escasa toxicidad—, aunque existen notables excepciones, como la africana boomslang (Dispholidus typus), que tiene un veneno muy potente y ha causado varias víctimas mortales, y las también africanas culebras Thelotornis, una de las cuales causó la muerte del conocido herpetólogo Robert Mertens.

Otro tipo de serpientes venenosas son las proteroglifas, cuyos dos grandes dientes inoculadores se sitúan en la parte anterior del maxilar superior y están profundamente acanalados, con un surco casi cerrado sobre sí mismo: son las cobras, los coralinos, las mambas y demás miembros de la familia Elapidae, la cual comprende las especies más letales del planeta por la potencia de su veneno. Los elápidos no tienen representantes en la fauna de la Península Ibérica, pero sí la tienen los vipéridos, algunas de cuyas especies —la víbora de Russell de Asia y las Bothrops de América tropical— son, junto a la cobra de anteojos, los ofidios que provocan más víctimas letales en el mundo. En la península ibérica, los casos graves son excepcionales por su escasa agresividad, sus hábitos nocturnos y su comportamiento escondidizo. Aún así, su veneno es muy tóxico y puede ser mortal en niños pequeños y humanos con especial sensibilidad.

Blanus cinereus se enrosca alrededor de Macroprotodon brevis para defenderse - Defensa ante serpientes venenosas

En la fotografía, Blanus cinereus se enrosca alrededor de Macroprotodon brevis para defenderse. Si bien, finalmente, esta última la derrota al inyectarle su veneno.

Las tres especies de víboras ibéricas son, al igual que los demás vipéridos, serpientes solenoglifas, es decir, ofidios que han llevado al máximo la especialización de su mecanismo de inoculación. Sus dientes inoculadores o «colmillos» están sujetos al maxilar superior en una posición muy anterior, tienen un conducto interno que, como una aguja hipodérmica, inocula el veneno sin que se pierda una gota. Muy largos —en algunas especies tanto como la mitad de la cabeza— se articulan sobre el hueso prefrontal y quedan replegados hacia atrás cuando el animal no los utiliza. Cuando el vipérido muerde, sin embargo, la acción de los músculos despliega súbitamente estos dientes en ángulo recto y los deja en posición de ataque.

Los venenos de las serpientes contienen múltiples proteínas y polipéptidos con actividad biológica. Los que se han estudiado más a fondo son los neurotóxicos, compuestos que bloquean la transmisión nerviosa a los músculos. Otros polipéptidos afectan a las membranas celulares, por lo que se denominan citotóxicos. Entre las proteínas se encuentran algunas que inactivan componentes del sistema inmunitario. Por lo demás, muchos de ellos contienen enzimas que destruyen los músculos esqueléticos y, además, tienen acción hemotóxica: coagulan la sangre y producen trombosis, o bien la licúan provocando hemorragias. Algunos de estos componentes tienen aplicación en medicina y en investigación farmacológica, inmunitaria y bioquímica.

En todo caso, la utilidad del veneno es incuestionable para las especies que lo poseen, ya que les sirve para incapacitar a sus presas —en especial a las de gran tamaño, dado que, al carecer de patas, no pueden desgarrarlas— y, si bien en menor medida, para disuadir o defenderse de sus depredadores.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

  1. Biología de los reptiles (I): Características generales
  2. Biología de los reptiles (II): Origen y evolución
  3. Biología de los reptiles (III): Regulación de la temperatura
  4. Biología de los reptiles (IV): Piel, escamas y coloración
  5. Biología de los reptiles (V): Esqueleto, órganos de los sentidos y otros detalles anatómicos
  6. Biología de los reptiles (VI): Reproducción
  7. Biología de los reptiles (VII): La locomoción y sus adaptaciones
  8. Biología de los reptiles (VIII): Locomoción en el medio hipogeo
  9. Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo
  10. Biología de los reptiles (X): Locomoción en el medio acuático
  11. Biología de los reptiles (XI): Alimentación
  12. Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas
  13. Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles
  14. Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas
Artículos relacionados