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Una visión romántica de la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Una visión romántica de la esclavitud animal - Cita de William Lloyd Garrison sobre la esclavitud negraDecimos que acontece una visión romántica de la esclavitud animal cuando la sociedad humana da por sentado que los animales criados, seleccionados, coaccionados y manipulados por el ser humano viven bien o son felices mientras se los explota como simples recursos o medios para nuestros fines. La explotación animal, por definición, implica instrumentalizar a un sujeto como si fuese un objeto. Tal como argumentó el escritor y filósofo William Lloyd Garrison, este mismo fenómeno sociológico se producía en tiempo de la esclavitud negra.

Introducción

En nuestros días, cada vez más humanos son conscientes de la realidad que viven los animales y se oponen a la violencia que ejercemos contra ellos (maltrato animal). Sin embargo, pocos cuestionan el origen de este fenómeno (el especismo) ni aplican este principio humanitario en los diferentes contextos que envuelven la explotación animal.

Todavía hoy impera una visión romántica de la esclavitud animal cuando el ser humano ejerce explotaciones que no implica un sufrimiento directo para el animal, o bien, cuando dicha explotación la ejerce un colectivo oprimido o minoritario. A estas explotaciones, a menudo, se las percibe como positivas, bellas o parte de la cultura o la historia de una sociedad, o se las excusa apelando a que el individuo humano lo necesita para subsistir o por alguna razón excepcional.

Como ejemplo de lo primero tenemos a la equitación o hípica, y, para la segunda situación, a las explotaciones ejercidas por humanos que viven en la probreza, refugiados o colectivos minoritarios. La desgracia de un ser humano no justifica que cometamos injusticias contra los animales porque ellos poseen sus propios intereses inalienables. La necesidad no es justificación moral. Y la cultura o la tradición sólo indican que algo lleva haciéndose mucho tiempo, no que tenga legitimidad para continuar haciéndose.

No tiene justificación, por ejemplo, que se valide la caza de leones ejercidas por las tribus Masai ni la pesca ni caza de osos o focas por parte de las tribus Inuit porque forme parte de su cultura. Lo paradójico del asunto radica en que, cuando se habla de rasgos culturales occidentales, como la tauromaquia o la caza de cetáceos en las Islas Feroe, muchos ciudadanos no dudan en oponerse a pesar de que sea parte de la cultura de estos países. Esta doble vara de medir, que incluso acontece entre veganos, responde a un sesgo identitario y propio del marxismo cultural.

Derechos Animales ya - Retrato de William Lloyd GarrisonWilliam Lloyd Garrison fue uno de los pensadores, periodistas y discursistas más relevantes en la lucha abolicionista de la esclavitud negra.

La visión romántica de la esclavitud animal coincide con la visión de la esclavitud negra

Esta visión romántica de la esclavitud animal es el fruto esperable de dos fenómenos interrelacionados: la cosificación que padecen y el autoconvencimiento de que las víctimas reciben un buen trato. Para reflejar el pensamiento especista en la actualidad, basta con citar un discurso de William Lloyd Garrison, realizado el 22 de abril de 1845 en Boston, respecto a la percepción de los estadounidenses de aquella época sobre la esclavitud negra:

Hay personas tan profundamente ignorantes de la naturaleza de la esclavitud que se muestran obstinadamente incrédulas cuando leen o escuchan cualquier relación de las crueldades que a diario se inflige a sus víctimas. No niegan que se considera a los esclavos una mera propiedad. Pero este terrible hecho no parece suscitar en sus mentes ninguna idea de injusticia, ultraje o barbarie.

Hablémosles de crueles azotes, de mutilaciones y marcas a fuego, de escenas de corrupción y sangre, del destierro de toda luz y conocimiento y fingirán una gran indignación ante tan enormes exageraciones, tan inmensas tergiversaciones, tan abominables calumnias en torno al carácter de las plantaciones sureñas.

¡Como si todas estas espantosas atrocidades no fueran producto de la esclavitud! ¡Como si fuera menos cruel reducir a un ser humano a la condición de simple objeto que flagelarlo severamente o privarle de los alimentos y vestimentas necesarios! ¡Como si los látigos, cadenas, empulgueras, palizas, sabuesos, capataces, mayorales, patrullas no fueran indispensables para mantener bajo control a los esclavos y proteger a sus despiadados opresores! ¡Como si abolir la institución del matrimonio no conllevase un aumento del concubinato, el adulterio y el incesto!

Cuando se aniquilan todos los derechos humanos, no hay ya ninguna barrera que proteja a las víctimas de la furia del expoliador. Cuando se asume un poder absoluto sobre la vida y la libertad, se ejerce de modo destructivo. Este tipo de escépticos abundan en la sociedad. En casos contados, su incredulidad surge de una falta de reflexión, pero por lo general es indicativa de un odio a la luz, de un deseo de proteger la esclavitud de sus enemigos, de un desprecio de la raza de color, ya sea libre o esclava.

Derechos Animales ya - Campesino africano conduce una yunta de mulasEn muchos lugares del mundo dependen de la esclavitud animal como modo de vida para el transporte de pasajeros y víveres. Que haya humanos en situación de injusticia, marginación y pobreza no justifica la explotación animal ni los legitima a tener esclavos que les sirvan.

Nuestra ética para los animales no ha avanzado desde el siglo XIX

Estamos en el siglo XXI y esos argumentos expuestos por William Lloyd Garrison siguen más vivos que nunca. Lo resumiré en estos tres puntos:

  1. La sociedad general no percibe que haya nada malo en el hecho de que los animales sean legalmente propiedades de los seres humanos, como hace dos siglos no veía nada malo que en los negros fuesen propiedades de los blancos.
  2. Tanto entonces como ahora, la sociedad sólo se compadece de las víctimas cuando se les habla y se les muestra la realidad; pero resulta mucho más fuerte la necesidad social de justificar la injusticia por tal de tranquilizar sus conciencias. Se trata de una negación nihilista con que obviar una reflexión ética.
  3. La sociedad sigue sin comprender que no es justo que nadie sea esclavo de algún otro. Sigue sin comprender que los animales no desean ser criados, hacinados, manipulados, domados ni asesinados para alimentarnos ni servirnos de ningún modo. Y sigue sin comprender que todas estas acciones derivan de su propio prejuicio y desprecio hacia los animales, tal como en épocas pasadas se despreciaba a la raza negra.

La analogía entre la pasada esclavitud negra y la esclavitud animal es total. Y esta misma visión romántica se ha mantenido sin ningún cambio.

Derechos Animales ya - Tuit que justifica la explotación de burros - Visión romántica de la esclavitud animalEl autor de este tuit se ofrece una visión romántica de la esclavitud animal como si tales burros desearan cargar mercancías o trabajar para el ser humano. Los burros y otros animales que están junto a los seres humanos han sido domados y domesticados para servir como simples herramientas de transporte. No hay nada romántico en la guerra ni en la explotación animal. Todos los animales merecen respeto y son víctimas también de esos pobres seres humanos, quienes son víctimas de sus circunstancias.

La creencia de que los animales son esclavos por voluntad

Como parte inherente del romanticismo que envuelve la esclavitud animal, no es de extrañar que, como ocurría en el siglo XIX, también se incurra en la creencia de que los animales trabajan para ser humano por propia voluntad. William Lloyd Garrison y otros abolicionistas denunciaban la fantasía generalizada de que los negros eran felices en las plantaciones y de que cantaban de júbilo mientras recogían las cosechas. La misma similitud se esgrime frecuentemente en lo tocante a los animales. Una de las manera más efectivas de anular a las víctimas consiste en presuponer que su voluntad, casualmente, coincide con las de su amo.

Cuesta imaginar cómo un animal podría desear ser encerrado en un corral, en un zoológico, ser castrado o separado de sus crías; pero esto es lo que piensa mucha gente e incluso lo que promociona la nueva Dirección General del Gobierno.

Todos los animales están catalogados como bienes muebles semovientes —objetos con movimiento autónomo— y dicha consideración no cambiará mientras la sociedad, como ocurría con la esclavitud negra, se autoengañe creyendo que sólo haya un problema con la forma en que los tratamos y no con el hecho mismo de que sean esclavos. Por desgracia, más grave resulta que sus propios defensores participen, excusen y defiendan alguna clase de explotación animal.

El origen de los males que padecen los animales está en el especismo, en la creencia de que está bien discriminar y hacer con otros animales lo que nunca aceptaríamos ni veríamos bien para seres humanos. El especismo, a su vez, proviene de nuestra concepción antropocéntrica de que el ser humano es el único ser valioso que existe o la asunción de que los intereses de los demás animales quedan por debajo de los nuestros y de que sólo existan en la Tierra para servirnos.

Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales y ello nos exige, por coherencia, hacernos veganos.

Derechos Animales ya - Mujer birmana lleva a vacas del narigón - Visión romántica de la esclavitud animal - William Lloyd Garrison - Esclavitud negraEsta fotografía, que les evocaría a algunos un ambiente bucólico y respetuoso con la naturaleza, no tiene nada de romántico para las víctimas no-humanas. La mujer lleva a un par de vacas tirándoles de unas cuerdas que les atraviesan el cartílago nasal. Al igual que explicaba William Lloyd Garrison respecto a la esclavitud negra, ningún animal quieren ser coaccionado por el ser humano ni existe justificación alguna para vulnerar sus vidas, libertad e integridad. Se produce una visión romántica de la esclavitud animal cuando se asocian dichas acciones a la belleza, la cultura o se presupone una relación mutualista entre el ser humano y tales animales.

Conclusión

Los activistas veganos entendemos que hemos llegado a esta situación por la transmisión histórica de un prejuicio inculcado desde la infancia. Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales. A las víctimas no les basta con recibir un mejor trato ni cabe autoengañarse con que sea correcto utilizarlos como si fuesen objetos.

El respeto que merecen los animales nos exige, por coherencia, hacernos veganos y defender la liberación de todos los animales esclavizados. Nuestra formación hace hincapié en el activismo educativo —este artículo se incluye esa categoría— para tratar de concienciar a la sociedad sobre la realidad de la esclavitud animal. Nuestro alcance a otros países es muy limitado; pero en España podremos hacer mucho con tu voto y apoyo.

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El coronavirus, psicosis colectiva y la pandemia del especismo

Derechos Animales ya - Los canales de Venecia están limpios por el coronavirus
Muchos medios, como El Confidencial, se han hecho eco de que los canales de Venecia han revivido y están más limpios que nunca debido al coronavirus. Los humanos somos la verdadera plaga de este planeta. Nuestro especismo, junto a la psicosis colectiva, conforma la peor pandemia. ¿Por qué no señala esto Gary Francione?

El coronavirus no es la peor pandemia…

El famoso coronavirus (COVID-19) está afectando a nuestro presente. Hasta hoy, no sabemos cuánto más alterará nuestras vidas en las semanas y los meses que se avecinan. En este artículo no voy a hablar de la biología del virus, de salud humana, de política, de medidas preventivas ni a hipotetizar sobre sus orígenes u otros planes maquiavélicos. Si algo hemos sacado en claro es que ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo en estos y otros aspectos. No deseo, en estos momentos de confinamiento impuesto, realizar una revisión de los estudios académicos ni seré yo quien siente cátedra.

En esta entrada únicamente pretendo relacionar la existencia y expansión actual del coronavirus con la psicosis colectiva y, en conjunto, con el especismo y la explotación animal. La peor pandemia no radica en ningún agente patógeno, sino en nuestra mentalidad para afrontarla. A la par que ha crecido el interés por usar mascarillas o por fabricar desinfectantes caseros, también se han producido y están produciéndose hechos lamentables y reseñables en lo tocante a la situación mundial que viven los animales no humanos. La verdadera pandemia sigue siendo nuestro prejuicio especista.

Derechos Animales ya - Bandejas de la hamburguesa vegana Next Level - Psicosis colectiva
En esta fotografía, tomada en un Lidl de Sabadell, observamos que las únicas bandejas de la sección de regrigerados son las hamburguesas veganas Next Level. Esto pudiera deberse a que los no-veganos quieren ser solidarios con los veganos al no arramblar con aquellos productos deseados para nosotros o bien se trata de una muestra más de veganofobia.

El instinto de supervivencia degenera en paranoia

Somos animales y tenemos instintos. Resulta incoherente afirmarlo en otros animales y negarlo en nosotros. Cuando estamos expuestos a un entorno hostil y vemos peligrar nuestra vida, se activan nuestros instintos de supervivencia y éstos pueden llevarnos a ejercer acciones y adoptar actitudes egoístas e irracionales. Si a estos sesgos individuales y endogrupales, seleccionados evolutivamente, le sumamos la discriminación moral generalizada que padecen los animales, obtenemos más y nuevas situaciones de abuso contra los más débiles.

Todos los animales del mundo están catalogados como bienes muebles semovientes —objetos con movimiento autónomo— y, aunque en algunos países traten de maquillarlo, ello implica que carecen de derechos legales y que el ser humano puede hacerles prácticamente cualquier cosa.

En relación a los animales, a continuación enumeraré algunos de los sucesos que evidencian esta psicosis colectiva y especista detonada por el coronavirus:

  • Más animales abandonados en calles, carreteras y lugares públicos; ya sea por la creencia infundada de que puedan ser vectores de este virus o simplemente para beneficiarse gracias a esta situación de desconcierto.
  • Más animales asesinados en mataderos y otros lugares como consecuencia del incremento de la venta de productos de origen animal y un cierto matiz veganófobo.
  • Más animales asesinados en medios naturales y urbanos debido a unos planes de fumigación que no tienen en cuenta sus vidas ni su salud.
  • Más animales explotados en experimentación animal para ensayar el virus y sus posibles vacunas; pues el ser humano se considera superior, más importante y que merece salvación aun cuando nosotros mismos creamos nuestros propios males.
  • Más animales domesticados en una situación incierta porque ahora mismo no sirven para el propósito que se espera de ellos. En este categoría entran animales explotados en la tauromaquia, en la caza y en otras actividades turísticas y recreativas.

Derechos Animales ya - Gary Francione hace un juego de palabras entre Coronavirus y carnívoro - Psicosis colectiva por comer carne
En esta publicación realizada en Facebook, Gary Francione hace un anagrama entre la palabra «coronavirus» y «carnívoro» (en inglés) para dar a entender que esta pandemia se ha originado por comer carne y que debemos dejar de hacerlo por nuestra salud. Este mensaje obvia el hecho de que los animales merecen respeto por sí mismos y no según si explotarlos nos beneficia o no.

Gary Francione sucumbe a la psicosis colectiva por el coronavirus

Gary Francione, padre moderno del abolicionismo, está irreconocible. Desde hace un tiempo hasta ahora, está compartiendo en sus redes sociales un sinfín de publicaciones en las que insta a organizaciones ecologistas (proteccionistas) para que hablen sobre que comer animales es la causa del coronavirus.

Si resulta lamentable observar acciones injustas contra los animales por parte del ciudadano medio, todavía más sangrante se siente cuando las grandes organizaciones animalistas y pensadores reputados aprovechan la epidemia del coronavirus para transmitir un mensaje erróneo, sesgado o de simple burla hacia quienes comen carne; lo cual ignora, al mismo tiempo, que toda forma de explotación animal es injusta y que comer carne no implica, necesariamente, que surjan pandemias.

Esto lo han señalado, acertadamente, varios compañeros activistas. Aquí cito uno de tales textos:

Johan Ramírez Martínez:

It is very irresponsible to send out a message against the consumption of animal corpses due to this practice has negative effects on human health. In which case, if people improve their health and any signs of the virus eating animals and their secretions would we say the same? Actually, in China is promoting dairy and their sells have increased 13%.
The cause of zoonotic pandemics could be or not the nonveganism, and this point is irrelevant, it exist hundreds ways of contagion that no necessarily come from animal abuse, in the same way with climate catastrophe, linking these topics like a platform to spread the message of veganism is ignore the inherent value of non humans that must be respect as a unique and legitimate aim in itself. Publications like this have no bearing with abolitionism.

(Traducción)

Es muy irresponsable enviar un mensaje contra el consumo de cuerpos animales debido a que esta práctica tiene efectos negativos sobre la salud humana. En ese caso, ¿si la gente recuperara su salud y cualquier síntoma del virus comiendo animales y sus secreciones diríamos lo mismo? De hecho, China está promoviendo los lácteos y su consumo se ha incrementado en un 13 %.

La causa de pandemias zoonóticas podría ser o no del no-veganismo y este aspecto es irrelevante. Existen cientos de maneras de contagio que no necesariamente proviene de la explotación animal, lo mismo ocurre con el cambio climático. Relacionar esos temas como un argumento para difundir el mensaje del veganismo significa ignorar el valor inherente de los no-humanos, que debe ser respetado como una razón única y legítima en sí misma. Las publicaciones como éstas no guardan relación con el abolicionismo.

El error, como señala este compañero, radica en tomar la parte por el todo y esgrimir el argumento antropocéntrico de que no deberíamos comer animales por nuestra salud. Seguir creyéndonos el centro del universo no beneficia en nada a las víctimas y no hablemos de aquellos animales que sufren otras explotaciones no relacionadas con la alimentación. Lejos de hacer autocrítica o de abrirse al debate, Gary Francione ha mentido, difamado y censurado a compañeros activistas que condenan este tipo de mensajes y ha evidenciado su vertiente más antropocentrista y narcisista durante estos días de encierro.

Derechos Animales ya - Gary Francione expulsa a David Peris CaveroEn esta captura, Gary Francione reconoce que censura a quienes le llevan la contraria y se sitúa como única autoridad en el abolicionismo. Traducción: «David Peris Cavero ya no está con nosotros. Él dice que entiende el abolicionismo mejor que yo, así pues, vamos a exonerarlo para que difunda su mensaje en otra parte».

Gary Francione ha pasado de ser un pensador magistral en el ámbito de los Derechos Animales a convertirse en una sombra de sí mismo. Rodeado de palmeros y de individuos sin atisbo de autocrítica, no duda en soltar falacias ad verecundiam con las que acallar cualquier pensamiento diferente ni en poner a merced de sus seguidores a quien no siga a pies juntillas cada uno de sus argumentos.

Los animales están doblemente desamparados: una sociedad especista, e imbuida en una psicosis colectiva, los explota mientras otros supuestos defensores de sus derechos ponen su ego e intereses por encima mientras aparentan defender los de ellos. Es triste.

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¿El veganismo es de izquierdas? ¿El veganismo es interseccional?

Bandera del comunismo junto con el símbolo del veganismo - El veganismo es de izquierdasMuchos creen que el veganismo es de izquierdas. La sociedad actual está muy confundida por la falta de información y la actitud desinformante de supuestos veganos que llegan a hablar de «veganismo interseccional» o de «veganismo blanco» entre otras lindezas posmodernas. A los animales les da igual nuestra ideología política, merecen respeto por encima de todo.

¿El veganismo es de izquierdas?

Vivimos en una sociedad en constante evolución y bastante convulsa desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. Los humanos, como animales sociales, mostramos una tendencia innata hacia el colectivismo: tendemos a juntarnos con gente que comparta nuestras creencias e ideales, por muy estúpidas o equivocadas que estén. Este fenómeno afecta a todos los aspectos de nuestra vida: ética, política, religión, etc.

La política envuelve todos los aspectos de nuestra vida, aunque no deseemos ser militantes políticos. Cuando una serie de ideas empiezan a resonar en la opinión pública, los partidarios y detractores de una determinada ideología o conjunto de ideologías preexistentes —ya fuere adrede o por mera inercia— empiezan a asociarla con otras determinadas ideas preexistentes, con algún tipo de colectividad o con cualesquier rasgos socio-políticos o económicos.

Es un secreto a voces que el veganismo ha calado más entre gente que se autoconsidera «de izquierdas» que «de derechas» pero… ¿significa eso que el veganismo es de izquierdas?

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaBasta con escribir «veganismo interseccional», «vegan feminismo interseccional» o «veganismo blanco» en cualquier buscador para que aparezcan figuras como la presente [en la imagen aparecía una chica «vegana» que afirma que los hombres veganos blancos oprimen a los veganos de otras razas y sexos; es legalmente legítimo mostrar la captura de un vídeo; pero retiré la imagen por no aguantar sus amenazas]. Esta imagen representa la postura reaccionaria, fanática, irracional, identitaria y femisexista que muchos individuos vierten sobre el veganismo y los Derechos Animales al afirmar que «el veganismo es interseccional» o al hablar de «veganismo blanco», para introducir sus propios ideales como si a los animales les importase algo que los explote un hombre, una mujer, un blanco o un negro…

Relación entre el veganismo y el progresismo

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo ni nada detallado sobre posturas políticas ni sus evoluciones a lo largo del tiempo. Su intención no es otra que la de tratar de circunvalar y esclarecer ciertos alegatos y mantras —que se repiten desde uno y otro lado del espectro político— para reflexionar si tiene sentido relacionar el veganismo con la izquierda política. Con este fin, cabría empezar por tratar de acotar el significado de lo que entendemos por «ser de izquierdas». Decir que algo o alguien es «de izquierdas» se refiere, en principio, a que refleja los ideales del progresismo.

El progresismo, entendiéndolo en sus inicios como parte y consecuencia del movimiento de la Ilustración, defendía el progreso social mediante el uso de la razón y la adquisición de valores universales. El concepto de «izquierda», nacido durante la Revolución Francesa, ha ido transformándose desde el siglo XVIII hasta nuestros días y su significado sufrió severas alteraciones por la influencia directa del marxismo y su propagación de la idea sobre las luchas de clases que se desarrollaron entre finales del siglo XIX, y comienzos y primera mitad del siglo XX.

Y, en fechas más recientes, se ha visto también influenciado por el posmodernismo. Existiendo tantos matices e interpretaciones posibles, apenas podemos separar dos vertientes dentro de lo que llamamos «izquierda»: una vertiente moral y una vertiente política.

Si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido moral —es decir, como la defensa de la razón y la búsqueda de valores universales—, podemos afirmar que el veganismo es un principio ético que recoge el testigo del progresismo y de los primeros movimientos de izquierda.

En cambio, si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido político —es decir, como la defensa de unas estructuras sociales y económicas vinculadas a la existencia o no de un Estado y del individuo como carente de valor intrínseco—, entonces el veganismo no puede ser de izquierdas por dos razones:

  1. Pertenece a otra categoría. El veganismo es un principio ético y, como tal, se refiere a las acciones del individuo al margen de la sociedad y de cualquier estructura socio-económica. El respeto que merecen los animales es independiente de que los humanos vivamos bajo un régimen social, político y económico en específico.
  2. El actual movimiento político de izquierdas rechaza los pilares que lo fundaron. Si en un origen se apostaba por el uso de la razón y la adquisión de valores universales, las actuales corrientes de izquierdas incurren de lleno en el tribalismo —defensa egoísta de los intereses de un colectivo— y en el relativismo moral e identitariola creencia dogmática de que la verdad es relativa, de que no hay valores universales y de que nuestra identidad está por encima de los hechos objetivos—.

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaComo fruto esperable de la tercera ola feminista y el adoctrinamiento posmoderno que ya se produce y reproduce en las universidades de Occidente, encontramos a individuos que sacan palabros [en la imagen figuraban unos ejemplos propuestos por la autora para acusar y vilipendiar a hombres veganos blancos] a la palestra como «veganismo blanco» —parte de su lucha por un «veganismo interseccional»—, como si alguien pudiera ahora ser vegano o no, o ser más o menos vegano según su color del piel o un «medidor de privilegios». Los animales merecen respeto y necesitan que los respetemos. Estas cuestiones identitarias son tanto una aberración como un insulto a las propias víctimas. A los animales les urge una sociedad vegana, no un corrillo de adolescentes haciéndose ‘selfies’ antes de entrar a su clase de estudios de género… 

¿El veganismo es de izquierdas por su relación con la izquierda actual?

Muchos de quienes hoy se consideran veganos también dicen ser «de izquierdas». A partir de lo que uno puede observar en su día a día, hablando con la gente en persona y en las redes, existe una enorme diferencia, al menos en apariencia, entre el número de veganos de que dicen ser «de izquierdas» y «de derechas», o bien que no se identifican con ningún lado del espectro. Hasta la fecha ha habido algunos estudios en distintos países y contextos. Como curiosidad, uno reciente ha sido sobre si hay veganos que hayan votado al presidente estadounidense Trump. Tales datos muestreados y sus resultados hay que atenderlos con precaución, pues algunos estudios —por no decir la mayoría— toman una muestra poblacional baja o hacen ciertas preguntas que polarizan los resultados.

Partiendo desde la premisa de que, verdaderamente, la mayoría de los veganos actuales sean «de izquierdas» o simpatizantes del socialismo, el marxismo o determinadas políticas identitarias, deberíamos detenernos un momento a averiguar un posible origen de esta realidad y preguntarnos si esto conlleva que, entonces, el veganismo es de izquierdas.

El origen del veganismo vinculado a otros movimientos sociales

Como han explicado maravillosamente otros autores, el veganismo surgió hacia la mitad del siglo XX. Este periodo estuvo marcado por el auge y apogeo de los movimientos sociales: la primera era del ecologismo y de la lucha homosexual, la segunda era del feminismo, entre otros hitos relevantes.

El veganismo, como principio ético seguido por humanos con metas e ideales propios, ha encontrado desde hace décadas una mejor aceptación «relativa» entre aquellos individuos que, a su vez, están sensibilizados con otras injusticias padecidas por humanos. Así ocurre porque, como explica el divulgador científico Steven Pinker, existe un fenómeno de causa-efecto por el cual un avance o progreso moral allana el camino para otro sucesivo. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud negra facilitó el reconocimiento del sufragio femenino y, éste a su vez, supuso el reconocimiento de los derechos del menor, y así, sucesivamente, hasta la actualidad.

Por ende, apelando a una «lógica social», cabe comprender que en nuestro contexto actual, caracterizado por la discriminación sistemática de otros animales por una razón de especie transmitida de generación en generación, haya más humanos proclives a adoptar el veganismo si conocen bien o son partícipes en otros movimientos sociales vinculados tradicionalmente a la izquierda política.

¡Derechos Animales ya! - Logo del veganismo interseccional tachado - Veganismo es de izquierdasÉste es uno de los muchos logos que los grupos posmodernos difunden por redes sociales. Se ven a sí mismo como héroes y justicieros a la par que discriminan y adoptan actitudes y acciones irracionales y, muchas veces, violentas contra quienes rechacen o refuten sus dogmas identitarios. Hacerse vegano no tiene ningún misterio ni implica adoptar determinados ideales políticos.

Pero entonces… ¿El veganismo es de izquierdas? ¿Sí o no?

La respuesta es no y ya aparece en los párrafos anteriores. El veganismo no es ni puede ser de izquierdas porque no es un principio político; sino ético. No tendría ningún sentido afirmar que el veganismo es de izquierdas ni aun suponiendo que la mayoría de sus practicantes fuesen militantes de izquierda. Creer que los seguidores de algo condicionan la naturaleza de ese algo incurre en la llamada «falacia de asociación».

Alguien de derechas y muy, muy de derechas puede ser vegano perfectamente en tanto que, como individuo, comprenda que los animales merecen respeto por sí mismos y no participe en ninguna forma de explotación animal. Justo como cualquier otro humano con plenas facultades. El alegato de que alguien no puede ser vegano si es de derechas —una afirmación gratuita que me indigna— evidencia el interés de un particular o colectivo por tergiversar, manipular, adueñarse y apropiarse del significado y alcance del veganismo para promover sus propios intereses.

Y esto es justo lo que está ocurriendo: miles de individuos y colectivos que ven el veganismo como un simple instrumento de moda para encauzar sus propios intereses, obsesiones e ideas enfermizas. Los individuos de izquierda intentan politizar el movimiento y lo promocionan como una reivindicación política. Y, por su parte, los individuos de derechas oyen llover sin saber dónde y responden estupideces creyendo que el veganismo es la nueva locura posmoderna de unos cuantos comunistas, feministas o femisexistas con el pelo rosa.

¡Derechos Animales ya! - El objetivo de una discusión o argumento no debe ser la victoria, sino el progresoCuando algunos militantes de izquierda se apropian del veganismo y lanzan apologías del «veganismo interseccional» o «vegan feminismo interseccional», o van contra lo que ellos llaman «veganismo blanco», lo que hacen es polarizar y enfrentar a la sociedad entre buenos y malos —¡y luego dicen que nosotros somos divisivos!— debido a una interpretación y a una percepción maniquea, reduccionista y patológica de la realidad y de por qué los humanos cometemos injusticias, ya sea contra otros humanos o contra los animales.

¿Y por qué el veganismo tampoco es transversal o interseccional?

Cuando se dice que un movimiento es «transversal» significa que afecta y va destinado a combatir injusticias en todos los niveles de la sociedad. El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a los animales. Y no, no vale decir que los «humanos también somos animales» para excusar que el veganismo también se refiera a nuestra especie porque el veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los humanos hemos reducido a los demás animales —otros seres sintientes—, al estatus de propiedad y a la condición de esclavos.

Los humanos podemos estar oprimidos según nuestros rasgos biológicos en determinados lugares del mundo, pero ningún ser humano es esclavizado sistemáticamente por ser humano. En cambio, los demás animales son esclavizados sistemáticamente por no pertenecer a nuestra especie y carecen de ningún tipo de derechos reconocidos.

Defender un «veganismo interseccional» implica difuminar la definición de veganismo para abarcar cuestiones ajenas al mismo. Claro que son importantes las luchas obreras, feministas y homosexuales; pero eso no conlleva que el veganismo se refiera o deba referirse a estas luchas. Dado que la sociedad actual es especista y tendemos a marginar los intereses de los demás animales, un «veganismo interseccional» se traduce en la marginación de los animales dentro del propio principio ético que se refiere a ellos en pos de los intereses colectivistas, políticos e identitarios de algunos humanos.

Y, por supuesto, ir contra lo que algunos llaman «veganismo blanco» significa, ni más ni menos, que crear una barrera discriminatoria —dentro de un principio contrarias a las discriminaciones morales— para juzgar, condenar y marginar a veganos según sus rasgos identitarios, juzgados y evaluados por otra gente que cree tener otros rasgos identarios oprimidos por estos primeros. Menuda aberración irracional.

El veganismo no es de izquierdas ni puede serlo

El veganismo no es una dieta, no es un estilo de vida, no es una moda, no es fruto del posmodernismo —el posmodernismo ni existía en 1951— ni nada ajeno a los Derechos Animales. Cualquier agente moral —adulto con plenas facultades— puede ser vegano con independencia de su raza, sexo, orientación sexual, credo, religión, etnia, ideales políticos, de su equipo de fútbol favorito o de cualquier otra razón social, política y económica ajena a la cuestión moral de los animales. Por tanto, a la pregunta tan manida de si el veganismo es de izquierdas, la respuesta es un «no» rotundo. Cualquier etiqueta y adjetivo que deje al margen el significado del veganismo y el respeto que merecen las víctimas se convierte en parte del problema. ¡Ya está bien de decir y propagar sandeces como «veganismo interseccional o «veganismo blanco»! Se precisa madurez, honestidad, seriedad y ganas de formarse y transmitir un mensaje veraz por los animales.

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Cuando el ego se disfraza de altruismo por los animales

El alter ego es la actitud psicológica, a menudo inconsciente, por la cual uno actúa en beneficio de sí mismo al mismo tiempo que dice o cree estar haciéndolo por los demás. De tal forma, traslada sus intereses a un otro-yo (alter ego) que le permita sentirse mejor y autojustifique los medios y fines de sus propios actos. El fenómeno del alter ego abunda dentro del movimiento vegano y de la lucha por los Derechos Animales.

Este estado psicológico condiciona toda clase de irracionalidades y comportamientos narcisistas que podemos observar. Se evidencia cuando el activista en cuestión no quiere escuchar ninguna crítica ni atenerse a ninguna prueba de la realidad que pueda destrozar su creencia en la legitimidad e idoneidad de sus acciones.

A alguien que sufre un sesgo de alter ego le importa muy poco si hacer esto o lo otro será inútil, no salvará vidas o incluso puede ser peligroso, ilegal o perjudicial para las víctimas; aún así lo justificará porque el origen de sus acciones no se enfoca en el sufrimiento de las víctimas sino en el suyo propio al ser consciente de la situación en que viven. Quien padece este estado intenta realizar y justificar cualquier acto que considere «bueno» para calmar su sufrimiento a pesar de que no sirva para eliminar el sufrimiento de las víctimas reales.

Los individuos con alter ego quieren hacer y creer todo aquello que les reduzca el dolor psicológico provocado por el conocimiento de la situación actual respecto a los no-humanos. Así, cuando donan o asisten a una manifestación no luchan por mejorar el paupérrimo estado en que moran las víctimas; sino en poder decirse a sí mismos que ya han cumplido o cumplen con las acciones necesarias para «cambiar la realidad» aun cuando no hayan hecho nada lógico, coherente o viable en esa dirección.

Debido a este hecho, un individuo sumido en el alter ego mostrará una enorme aversión y violencia (gritos, insultos, etc.) a quien señale qué tal o cuál acción no ayudará a las víctimas. Esto explica por qué hay tantos comportamientos violentos ante las críticas, por qué se vierten tantas falacias unionistas («todos estamos en el mismo barco») y por qué hay miles de veganos que siguen donando y creyéndose a pies juntillas las «victorias» de las grandes organizaciones animalistas.

Origen, actualidad y remedio del alter ego

El efecto del alter ego aparece por una serie de razones biológicas y contextuales. Habría que estudiar a fondo por qué acontece. Por un lado, los demás animales no hablan en nuestro idioma ni usan algún lenguaje que el ser humano pueda reconocer fácilmente. Tampoco conocemos tan bien —como en humanos— qué sienten, qué piensan o si algo puede causarles malestar o sufrimiento; lo cual puede derivarse en que uno confunda la realidad con sus propias inferencias e interpretaciones.

Y, por otro, estamos inmersos en una cultura especista que confunde nuestro sentido de la justicia y la situación de los no-humanos resulta tan lamentable, bochornosa y aberrante que cualquier mínimo cambio o mejora genera enormes expectativas y una sensación de autorecompensa muy intensa con independencia de que las víctimas se sientan igual de mal.

La lucha por los Derechos Animales podría avanzar más rápido si muchos veganos dejaran de limitarse a seguir sus impulsos y a realizar aquellas acciones que solamente les brinda satisfacción en su día a día aunque, en la práctica, no sirvan de nada a los animales esclavizados y torturados. Un vegano es, por definición, aquél que ha entendido el deber moral de respetar y defender a las víctimas. Por el contrario, si uno las defiende únicamente por su propio interés de considerarse «mejor persona», entonces no puede entender la base del problema y llegará un momento en que sus intereses incluso entrarán en conflicto con los de las víctimas.

Quizás sea ésta es una de las razones fundamentales, aparte del argumento lucrativo, de la corrupción en organizaciones animalistas que en su día empezaron como abolicionistas (p. ej: Igualdad Animal) y que ahora son bienestaristas totales y, además, uno de los motivos entre quienes integran grupos de acción directa. Estas organizaciones emplean la compasión instintiva y el sesgo de la confirmación para alentar comportamientos irracionales que se desprenden del alter ego.

En conclusión, no somos perfectos y resulta increíblemente mantener la objetividad —y casi la cordura— en una lucha tan ignorada y minusvalorada; sin embargo, si queremos el bien de las víctimas y un futuro mejor, no caben las actitudes irracionales o ególatras que sitúen nuestras esperanzas por encima de sus realidades diarias. Un activista siempre debe querer formarse, mejorar como persona y tener claro cómo lograr el fin de la explotación animal. Esto se resume en la consecución de que la sociedad entienda por qué merecen respeto más allá del trato que reciban. Para ello, debemos hacernos veganos y promover los Derechos Animales conociendo de primera mano la realidad y cómo podemos tratar de cambiarla.

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Contra la politización del veganismo y la lucha transversal

Politización del veganismoEste cartel propagandístico representa, precisamente, lo que no debemos hacer.

La politización del veganismo lleva a ignorar a las víctimas

En otras muchas entradas he descrito qué es el veganismo y algunas de las malconcepciones más habituales respecto al mismo. En ésta me centraré en explicar por qué no debemos politizar el veganismo, es decir, introducir en dicho principio algún tipo de carga política ni convertirlo en una lucha transversal.

Los principios éticos provienen del raciocinio y se refieren al comportamiento humano en sí mismo, al individuo. No consideran contextos sociales más allá de respetar los intereses de terceros. Por tanto, la validez de un principio ético no depende de que vivamos en el siglo XXI, estemos en la Antártida o nos embarquemos en un viaje intergaláctico a Marte. Desemejantemente, un ideal político no tiene por qué seguir lógica alguna y se limita a marcar una estructura social que condiciona el comportamiento y relación de los integrantes.

Ambos conceptos pertenecen a categorías diferentes cuyo única coincidencia radica en que afectan a las acciones humanas. Introducir elementos políticos en el veganismo implica imbuir a este último de razones ajenas al razonamiento o meramente subjetivas. Un principio ético no puede, por definición, llevar criterios contrapuestos o irrazonables. De lo contrario no estaríamos hablando de ética; sino de religión.

Veganismo, economía y lucha transversal

A raíz de nuestro pasado histórico, desde una perspectiva occidental existe una tendencia a que el veganismo sea más fácilmente comprensible e integrado por humanos con ideologías de «izquierda», tales como comunistas y anarquistas. Sin embargo, resulta tanto un error considerar que individuos con otras percepciones políticas no pueden asumir el veganismo como creer dogmáticamente que la instauración de alguna forma de gobierno anticapitalista (comunista, anarquista, etc.) conllevaría el cese de la explotación animal.

Dentro del sistema capitalista no se explota a los animales no-humanos porque éste motive a hacerlo. En absoluto. El capitalismo se ajusta a una mentalidad subyacente desde los albores de nuestra civilización. En una nación con un régimen contrario al capitalismo no tendría por qué existir justicia hacia los animales no humanos; pues éstos están cosificados moralmente y dicha cosificación es ancestral y muy anterior al establecimiento de cualquier forma de gobierno.

El especismo es cultural y tiene unas bases biológicas que subyacen desde hace milenios cuando todavía vivíamos en las copas de los árboles. En consecuencia, politizar el veganismo conlleva la transmisión de un mensaje sesgado y la implicación implícita de que respetar a los animales no humanos exija estar a favor de una determinada estructura social.

Bajo mi punto de vista, esta mezcolanza entre el veganismo e ideales políticos no suele deberse a la ignorancia; sino que se deriva más bien de un interés personal o institucional por reforzar determinados pensamientos o partidos en aprovechamiento del auge del veganismo como resultado de un mayor acceso a la información.

Asimismo, cuando el veganismo se ve envuelto en corrientes reivindicativas feministas o de otros colectivos (luchas transversales), aunque fueren legítimas, implican dejar a los animales en segundo plano en la escala social. Pues cuando se practica ese activismo, la sociedad general solamente se fija en los individuos humanos y no en los animales. Cabe recordar que el veganismo tiene como fin la abolición de estatus de propiedad de los demás animales. Ningún humano del mundo, por muy discriminados que esté, se encuentra catalogado como esclavo, siervo o un bien mueble semoviente.

En conclusión, para ser justos con las víctimas no basta con que uno mismo no participe en la explotación animal; sino que también tiene el deber de promover el veganismo como guía básica de los actos humanos hacia otros animales y no utilizarlo jamás como herramienta para un fin.

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