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Partido Vegano: pionero en la defensa de los Derechos Animales

¡Derechos Animales ya! - Presentación del Partido VeganoEn esta entrada deseo presentar una formación política de la que soy partícipe. El pasado 22 de abril de 2020, unos compañeros activistas y yo presentamos el Partido Vegano, el primer partido político de España y pionero en el mundo en la defensa los Derechos Animales y del colectivo vegano.

¿Qué es el Partido Vegano?

El Partido Vegano es un partido político de ámbito nacional, novedoso y pionero en el mundo por defender única y exclusivamente los Derechos Animales e intereses del colectivo vegano.

El Partido Vegano es, por definición, abolicionista. Reivindicamos única y exclusivamente la supresión del estatus de propiedad al cual están sujetos los animales no-humanos. Centramos nuestro objetivo político en aunar lo único que nos une a todos los veganos: el veganismo.

¿Un partido vegano? ¿Para qué?

Como somos activistas y estamos rodeados de otros activistas, una de las críticas más repetidas es la de cuestionar por qué nos metemos en política. Sabemos que los animales sólo podrán recibir derechos legales cuando la sociedad deje, mayoritariamente, de participar en su explotación.

El activismo educativo es la única herramienta que puede ejercer cambios sociales completos. Así ocurre porque la sociedad humana explota y vulnera los intereses inalienables de los animales por la existencia de un prejuicio moral basado en la discriminación de quienes no pertenecen a nuestra especie: el especismo.

La política no tiene ese alcance porque no busca, en teoría, educar ni convencer, sino elaborar una estructura socio-económica que represente los intereses de la ciudadanía. Mientras la sociedad conserve un interés egoísta en explotar animales, nosotros no podremos hacer nada ahí.

¡Derechos Animales ya! - Nace el Partido Vegano

El Partido Vegano busca promover el veganismo, dotarlo de autoridad y encauzar al colectivo vegano en la defensa de los Derechos Animales y de nuestros derechos como ciudadanos.

¿Por qué nos metemos en política entonces?

Dado el contexto actual, en que se distorsiona y calumnia el significado del veganismo, y en que el propio Gobierno de España miente a sus ciudadanos al apropiarse del término «Derechos Animales» —cuando no los defienden en absoluto—, nuestros argumentos para fundar el Partido Vegano y entrar en el terreno político se resumen en una sola idea: estrategia.

Los humanos somos seres políticos y tenemos una cierta propensión por saber y conocer las leyes que nos rigen y aquéllos que nos gobiernan. Entrar en el terreno político nos brinda herramientas, aparte de las educativas, para llegar a la sociedad y dotar de autoridad al veganismo y a los Derechos Animales.

Entre esas herramientas se encuentran las de captar el interés de muchos veganos y simpatizantes por ayudar en la causa para formarlos en Derechos Animales, ayudarlos a entender conceptos legales y políticos con claridad, y a encauzar acciones conjuntas en nombre de nuestro colectivo.

Creemos que ya hay suficientes veganos en España para hacernos oír por los animales y por ciertas discriminaciones que sufrimos nosotros también como colectivo.

Asimismo, crear un partido vegano ahora sirve para sentar las bases, señalar tácitamente a los falsos defensores de los Derechos Animales y evitar que otros partidos ocupen el veganismo para hablar de salud o medio ambiente.

¡Derechos Animales ya! - El Partido Vegano no se posiciona en el espectro políticoEl Partido Vegano, con el fin de unir al colectivo vegano y centrarse en la ética fundamental, no se posiciona en el espectro socio-económico. Sólo nos debemos a las víctimas no humanas y al colectivo vegano con independencia de nuestras diferencias ideológicas.

¿Cuáles son nuestros objetivos?

Tal como explicamos en nuestro apartado de «Información», el Partido Vegano persigue concienciar, defender y reivindicar derechos legales reconocidos para todos los animales sintientes mediante el activismo educativo y la acción militante. Buscamos la universalización de los valores éticos asociados a las bases del veganismo y los Derechos Animales a través del diálogo, el debate y la confrontación racional de ideas como pilares de una sociedad de progreso.

Más específicamente, nuestros objetivos con el Partido Vegano son dos:

  1. Deseamos abanderar los ideales del veganismo sin posicionarnos en ningún lado del espectro político.
  2. Aspiramos a unificar el colectivo vegano para lograr el cese absoluto, completo, entero y tajante de cualquier forma de explotación animal —uso como recurso— en tanto que cualquier utilización de un ser sintiente en contra de su voluntad e intereses supone una violación de su persona y dignidad.

Los avances presentes y futuros respecto a la esclavitud animal estarán regidos en gran medida por lo que hagamos y reivindiquemos hoy mismo. Por ello, hemos decidido dar un paso extra en una dirección complementaria.

¡Ayúdanos a romper cadenas!

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Los derechos individuales y el software libre

Derechos Animales ya - Cocodrilo saliendo de la pantalla de un ordenador portátil - Derechos individualesLos derechos individuales representan la protección moral y legal que todos merecemos como individuos. Debemos preocuparnos también por las implicaciones éticas de nuestro papel como activistas, usuarios o creadores de software. El software libre es ideal para la sociedad del mañana. Y esto lo sabe incluso este cocodrilo que sale de la pantalla de un ThinkPad.

La importancia de los derechos individuales

Los Derechos Animales, al igual que los Derechos Humanos, toman su base en el individuo. Esto significa que sus fundamentos y campo de acción se enfocan exclusivamente en cada sujeto de una vida; pues cada sujeto posee intereses inalienables propios que se diferencian de los intereses de terceros. Si los derechos se construyeran sobre un colectivo o sociedad, estaríamos homogeneizando y negando las diferencias e intereses propios de quienes conforman dicho colectivo o sociedad. A tenor de ello, hablamos de «derechos individuales» para aludir a la protección moral y legal de los intereses inalienables de cada sujeto.

Partiendo desde la premisa de que debemos promover y proteger los derechos individuales y de que, como sabemos científicamente, los seres humanos no somos los únicos individuos o personas —seres con intereses inalienables—, llegamos a la conclusión de que deberíamos proteger también los derechos individuales de los demás animales con quienes compartimos el planeta. Sin embargo, se torna a menudo muy difícil explicar y argumentar por qué los animales merecen respeto en un contexto social en que los derechos individuales se tornan una entelequia o algo incomprensible.

Tras esta introducción sobre la trascendencia global y universal de los derechos individuales, quisiera arrojar un poco de luz relacionando la repercusión y la falta de asunción de los derechos individuales con la importancia y carestía de conocimiento sobre qué es el software libre y por qué deberíamos promoverlo como principio ético dentro del marco de los derechos individuales. En los artículos enlazados se ahonda en aquellos conceptos mencionados, por ello, recomiendo consultarlos para facilitar la comprensión de esta entrada.

Derechos Animales ya - Gato echado sobre un Macbook Air - Software libreEste gato está enfadado contigo porque te has gastado un riñón —y parte del otro— en un MacBook Air y ahora no puedes pagarle el veterinario. Haz caso a tu gato y rompe las cadenas de software privativo tanto como deseas romper las cadenas del especismo.

El utilitarismo y la percepción social de los derechos individuales

La sociedad avanza, pero lo hace lentamente. Nuestro mundo evoluciona en tecnología mucho más rápido que en un sentido moral. La prueba de ello radica en que, mientras hoy podemos viajar y comunicarnos con otros humanos situados en el extremo opuesto del globo, la mayor parte de los problemas ético-sociales vinculados a la humanidad desde sus orígenes (pobreza, asesinatos, gobiernos dictatoriales, dogmas religiosos, guerras, etc.) siguen presentes en la actualidad. Muchas veces, incluso hoy se presentan en un grado muy superior y aberrante que en épocas pasadas. Como ejemplo tenemos la vigencia del prejuicio especista y la explotación animal.

Aun cuando hemos progresado en minimizar injusticias como la discriminación y la desigualdad entre seres humanos, todavía no se han reducido en absoluto las injusticias ni la discriminación que padecen los animales. Tanto el caso de los no-humanos como el de las injusticias exclusivas de la sociedad humana, la causa radica en una educación ineficiente en una sociedad creciente que tiende hacia el individualismo (la satisfacción del yo) en lugar de a la individualidad (el reconocimiento de una justicia universal basada en el individuo).

Son innumerables los autores contemporáneos, desde académicos a divulgadores aficionados, que critican y condenan la acuciada ausencia de valores en nuestra sociedad actual. Lejos de citar frases grandilocuentes de pensadores reputados, prefiero quedarme con un comentario que hizo mi compañero activista Luis Tovar respecto a la noticia de que, según una encuesta realizada en España, sólo uno de cada tres españoles pondría límites éticos a la ciencia:

No me ha sorprendido la aparición de una encuesta que indica un mayoritario desprecio hacia la ética en España. Un país en el que ‘bueno’ es considerado sinónimo de ‘tonto’. Aparte del hecho de que cada vez más gente va depositando en la ciencia las mismas esperanzas que abandonaron en la religión, como las de lograr la inmortalidad y el paraíso. Así pues, no quieren que se restrinja su actividad.

Uno de los factores que considero limitantes en cuanto a la comprensión de los derechos individuales radica en la amplia extensión del utilitarismo moral. A modo de explicación breve, el utilitarismo es una doctrina dogmática que, surgida de la fusión entre el consecuencialismo y el hedonismo, considera que la moralidad de una acción depende únicamente de la relación entre el beneficio o placer de quien la realiza frente al perjuicio o sufrimiento de quien la padece. De esta manera, un utilitarista moral considera que acciones contrarias a los derechos individuales —como robar o asesinar— estarían bien y serían aceptables si el ladrón o asesino tuviesen alguna «necesidad» o «justificación».

Opino que esta mentalidad es el origen último de todas las acciones injustas cometidas por seres humanos; pues si supeditamos la ética a los gustos y a la subjetividad de cada quien, entonces todo estaría permitido y pasaría a ser «correcto». En lo que respecta a los derechos individuales, el utilitarismo sería culpable de fomentar dos tipos de comportamientos:

  1. La desconsideración hacia a los intereses inalienables de terceros cuando existe un conflicto de intereses. En lo tocante al veganismo y los Derechos Animales, esto se traduce en la esclavitud y exterminio de animales no-humanos.
  2. La percepción de que sus actos son una «elección personal» y que no deben enjuiciarse a la luz de cómo afectan a terceros. Qué vegano no ha oído alguna vez eso de «comer carne es una decisión personal», ¿verdad?

En referencia al software libre, ambas razones desembocarían en el porqué la sociedad no considera, mayoritariamente, un deber su desarrollo y fomento. En las siguientes líneas trataré de justificar por qué el software libre compete a la ética en general y a los derechos individuales en particular.

El utilitarismo es una monstruosidadPeter Singer, célebre filósofo utilitarista, es bien conocido en nuestro ámbito por rechazar los Derechos Animales apelando a que el beneficio humano se sitúa por encima de sus vidas.

¿Por qué el desarrollo del software libre sería un deber moral?

Si entendemos un principio ético o deber moral como la fundamentación lógica de algo que debemos o no hacer, entonces la sociedad debería fomentar el uso y desarrollo del software libre porque es un requisito necesario —aunque no suficiente— para el respeto de los derechos individuales de quienes usan programas informáticos.

Los programas informáticos, como quizás se sepa, son un conjunto de instrucciones aritmético-lógicas destinadas a la resolución de un problema mediante el procesamiento de datos. Esta definición general, la cual podría complicarse hasta límites insospechados, sirve tanto para explicar el funcionamiento de un sistema informático complejo como el de un pequeño videojuego.

Debido a la naturaleza intangible de un programa y a la forma en que la computadora los procesa, cuando el usuario ejecuta un programa no puede ver ni ser consciente realmente de cuáles instrucciones está cumpliendo la computadora o de si alguna de tales instrucciones vulnera sus intereses fundamentales.

Pongamos el ejemplo de un usuario que ejecuta un programa para escribir un texto en su propio ordenador, el usuario, mientras lo ejecuta, no tiene —o potencialmente no tiene— maneras de saber si el programa sólo y exclusivamente está procesando los datos que introduce para cumplir el fin para el cual ha brindado su consentimiento —al tomar su decisión de usar el programa— o si, por el contrario, el programa está vulnerando su consentimiento al realizar otras tareas que desconoce o que atentan directamente contra sus intereses inalienables. ¿Enviará el programa una copia de ese texto a un tercero? ¿Enviará el programa datos de geolocalización que les facilitarán a terceros el control sobre este individuo? ¿Perjudicará este programa al usuario de algún modo?

Derechos Animales ya - Perro con gafas junto a un ordenador MacEl software privativo, como sucede con la industria de la explotación animal, se basa en la publicidad para darles una buena imagen a sus productos y ocultar su falta de escrúpulos.

Software libre contra software privativo

Si nos referimos al software privativo —aquél en que el usuario carece de las cuatro libertades definidas por Richard Stallman a través de la Free Sotware Foundation—, la respuesta corta es que ni el usuario ni ningún experto bienintencionado podría responder a esta pregunta porque el código que constituye el programa únicamente lo conocen los programadores que lo han creado o los depositarios legales de tal derecho. Por tanto, un programa privativo puede, a expensas de la ley, vulnerar sistemáticamente los derechos individuales y seguir haciéndolo sin delito punible ante la carencia de una posible prueba o evidencia.

En cambio, el software libre —del inglés free software—, cuyo código es visible y puede ser conocido por cada usuario del programa, solventa este conflicto ético —yo lo llamo «inopia ética»— al poderse demostrar fehacientemente qué hace y no hace el programa en cuestión. Cuando un usuario ejecuta un programa libre, puede estar seguro —o potencialmente seguro— de que ejecuta el programa no sólo con su consentimiento aparente, sino con su consentimiento verdaderamente informado y con plena información de su acción y riesgos.

Atendiendo a estos argumentos, todo programa informático debería, al menos, permitir el estudio y la revisión de su código en tanto que esto sería requisito indispensable para garantizar los derechos individuales del usuario. Dicho estudio y revisión no habría de estar reservada a un grupo exclusivo de individuos o depositadores de derechos en tanto que, al faltar un control «democrático», esta situación podría desembocar en fraude por conflicto de intereses.

Un programa cuyo código sea visible y obtenible por todos, pero sin necesidad de brindar ninguna libertad al usuario —de acuerdo con las cuatro libertades definidas en la Free Software Foundation— recibe el nombre común de «código abierto» —proveniente del inglés open source—. Alguien podría afirmar que un programa con estas características ya cumpliría la condición argumentada de que todo programa informático debería ser transparente al usuario. Sin embargo, en las siguientes líneas expondré por qué no basta con que un programa sea de código abierto para garantizar los derechos individuales del usuario.

Derechos Animales ya - Gato sentado sobre un ordenador portátil - Software libreEste gato ya está hasta la coronilla de ti porque todavía usas Windows 7. Para colmo, te oyó decir que ibas a pasarte a Windows 10 porque te gusta la voz de Cortana.

¿Por qué no basta con que un programa sea de código abierto?

Si un programa privativo supone, en todos los casos, un riesgo potencial para la intimidad y el consentimiento del usuario por falta de transparencia —y, por esta razón, debemos rechazar su uso y dicho modelo de desarrollo—, un programa de código abierto también conlleva otra violación de los derechos individuales: la libertad del usuario para alterar tal software.

Si entendemos un programa como una herramienta a raíz de que siempre está destinado a cumplir una función —a tener una utilidad— para un sujeto, cualquier usuario debería tener la libertad legal de alterar o modificar dicha herramienta. Esto puede justificarse con una sencilla analogía: si compramos un martillo, ¿no tenemos acaso la libertad moral de transformarlo, romperlo o venderlo? Sí, ¿verdad? Así ocurre porque se entendemos, por medio de la lógica, que cualquier manipulación humana sobre una herramienta de su propiedad corresponde a necesidades básicas como la creatividad, la recreación o la libertad de expresión mediante los cambios efectuados.

Un programa de código abierto no tiene por qué cumplir u ofrecer las cuatro libertades definidas para el software libre. Esto significa que no tiene por qué permitir, por ejemplo, que un usuario copie el código del programa y lo modifique para satisfacer sus propios deseos o necesidades.

En consecuencia, para respetar los derechos individuales del usuario, todo programa debería, cómo mínimo, brindar legalmente la posibilidad de que el usuario pudiera tanto ver como modificar el código. Esto es, por definición, compatible con el software libre pero incompatible con el software de código abierto.

Este planteamiento, sin lugar a dudas, nos llevaría de pleno al vasto mundo de las leyes de propiedad intelectual y de los derechos de autor, y sus infinitas interpretaciones a lo largo de la historia y del presente. Si nos ceñimos a enjuiciar si las cuatro libertades del software libre son compatibles con los derechos individuales, debemos destacar, empero, que pudiera darse el caso de que su aplicación vulnerase la libertad de los creadores del software para ser los únicos moralmente legitimados para publicarlo u obtener un lucro a través de éste. En este sentido, no cabría, a mi juicio, una discriminación justificada entre la creación de una herramienta u objeto con un fin utilitario —software— o una obra artística en el sentido estricto de la palabra, aun cuando, a menudo, la división entre ambos resulta muy difusa.

Derechos Animales ya - Estafas informáticas - Software privativoEl software privativo supone un riesgo real y evidente para la seguridad e intimidad de los usuarios. Libérate con el software libre. Puedes encontrar información y consejos en el magnífico blog de Más Linux.

¿Cuándo el software respeta los derechos individuales?

En conclusión, tomando como referencia la diferencia filosófica entre un deber moral y una virtud moral, resumiré lo expuesto en los siguientes puntos:

  1. Tenemos el deber moral de garantizar la transparencia y el pleno conocimiento del usuario acerca de qué ejecuta en cada momento. Sólo así puede existir un consentimiento moralmente legítimo respecto al creador o beneficiario del software.
  2. Tenemos el deber moral de garantizar la manipulación y la —potencial— publicación por parte del usuario de cualquier software como fruto de su interés intrínseco en la plena libertad de su expresión creativa y la resolución de sus propias necesidades. Desde el punto de vista de los derechos de autor, para juzgar el derecho del usuario a publicar o a arrogarse la autoría sobre un programa, cabría estudiar si las modificaciones llegarían o no a conformar la identidad de una obra propia.
  3. El cumplimiento de las cuatro libertades definidas para el software libre podría entrar en conflicto con los intereses del creador y con su libertad; pues los dos deberes morales anteriores no alcanzan para justificar que todo software debiera permitir la distribución de copias exactas o mínimamente modificadas. Por ende, no puede existir una obligación moral respecto a los autores del programa más allá de garantizar la no-vulneración de los intereses de terceros.
  4. Como conclusión, en el seno de nuestra sociedad, sería una virtud moral promocionar el software libre y aliviar las limitaciones de los derechos de autor para brindar una mayor facilidad a la manipulación y publicación de software —y obras de toda índole— con objeto de construir una sociedad de futuro que respete los derechos individuales de humano y no-humanos, y en la que juntos progresemos mediante la solidaridad y el bien común.
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La Dirección General de Derechos Animales no respeta a los animales

Entrevista a Sergio García Torres - Director general de Derechos AnimalesSergio García Torres, Director General de la nueva Dirección General de Derechos Animales, no defiende los Derechos Animales. El veganismo se opone al especismo. Este señor dice «incluir a los animales dentro del núcleo familiar» en referencia exclusiva a perros y gatos, mientras blanquea la esclavitud de los animales que están fuera del «núcleo familiar» y promueve la explotación animal en general mediante leyes especistas de Bienestar Animal y de Protección Animal.

La institucionalización del Bienestar Animal

A principios de este año, el Gobierno de España ha abierto un nuevo departamento llamado «Dirección General de los Derechos de los Animales». Irónicamente, dicha oficina no tiene la intención ni el fin de defender los Derechos Animales. Puedes ahondar en este concepto en el apartado de «¿Qué son los DD.AA?».

El Gobierno se ha apropiado del término «Derechos Animales» para confundir intencionalmente a la sociedad mientras promociona el Bienestar Animal. La doctrina del Bienestar Animal, a pesar de lo que uno podría entender a raíz de su nombre, no persigue el bienestar de los animales. Ésta se refiere a aquellas medidas para regular la forma en que gestionamos a los animales con objeto de aumentar la productividad, incrementar el consumo y tranquilizar la conciencia de los consumidores. Este concepto, en lugar de «Bienestar animal», debiera llamarse «Bienestar del consumidor».

Esta nueva oficina del Gobierno, dirigida por García Torres —quien afirma ser vegano y no lo esapenas le ha faltado tiempo para blanquear la ganadería y para esgrimir todas y cada una de las falacias conocidas en el sector para obtener el apoyo de explotadores y animalistas a partes iguales. Resulta, pues, que la Dirección General de Derechos Animales fomenta, legisla y promociona la explotación animal.

Primeras medidas de la dirección general de Derechos AnimalesLas medidas de la nueva Dirección General, dirigida por Sergio García Torres, son un despropósito para los animales y los derechos que debiera tener; pues tales regulaciones parten desde la base de que los animales son y deben ser objetos. Esta nueva dirección sólo promueve leyes de Bienestar Animal —o de Protección Animal— que discriminan entre animales promueve explícitamente la explotación animal.

Las medidas de la nueva Dirección General

La nueva Dirección General de Derechos Animales, a pesar de su nombre, no defiende los Derechos Animales. Sólo pretende ejercer algunas regulaciones sobre el uso de la propiedad animal. Las leyes de Bienestar Animal sólo regulan la forma en que se los cría, hacina y asesina con fines meramente humanos (utilitaristas). Es injusto partir desde la premisa de que está bien hacerles a ellos lo que nunca querríamos para nosotros. No existe ningún bienestar animal durante el marcaje, el descorne, el despique, la separación de crías o el triturado de pollitos macho. No basta con rechazar el «maltrato animal» ni tampoco con mostrar compasión.

La nueva Dirección General propone algunas medidas interesantes, como la reducción del IVA veterinario, pero extremadamente insuficientes. No obstante, el grueso de sus propuestas actuales y futuras son y serán un fraude para los animales y sus derechos. Casi tanto como el fallido código deontológico veterinario.

El abandono de animales

Por ejemplo, dicha Dirección General se ha pronunciado hace unos días respecto al abandono de animales domesticados usados como compañía (mascotas). En vez de señalar las causas evidentes de estos sucesos y tratar de enmendarlos, propone aumentar las multas y sanciones al cometer estos delitos. La sociedad no abandona animales porque no esté lo suficientemente penado, sino porque no percibe que esté mal tratar a los animales como simples objetos.

Las medidas de la nueva Dirección General con un completo sinsentido; pues no puede evitarse el abandono mientras la crianza y compra-venta sean legales. Se abandonan animales por la misma razón por la que se dejan frigoríficos en mitad de un parque: la gente percibe a los animales como objetos a causa de sus prejuicios antropocéntricos. El argumento de la «tenencia responsable» es exactamente el mismo que esgrimían los negreros en la época colonial para excusar la esclavitud negra: no existe virtud ni protección para quien está considerado como un objeto a ojos de la ley y de la sociedad imperante.

Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punibles y, en cambio, no lo sea la caza. De hecho, el propio Gobierno puede asesinar a cualesquier animales sin ningún problema —como a las cotorras y otros animales tachados de «especies invasoras»—debido a que carecen de derechos legales.

Sellos de bienestar animal

Para completar el colmo del despropósito, esta nueva Dirección propone sacar al mercado un sello unitario de Bienestar Animal para tranquilizar a los consumidores al informarlos de que el trozo de cadáver que ven en una badeja provino de un animal que pudo haber sufrido más antes de ser descuartizado. Sólo le falta promover los mataderos móviles y las grabaciones en mataderos para completar el súmmum de la hipocresía defendida por organizaciones sin escrúpulos como Igualdad Animal.

El nueva Dirección General de los Derechos Animales, con el falso vegano Sergio García Torres, hará simplemente lo que marquen los intereses de distintos colectivos respecto a los animales. Las víctimas, como tales, quedan y quedarán en segundo plano.

Por ejemplo, dicha Dirección General se ha pronunciado hace unos días respecto al abandono de animales domesticados usados como compañía (mascotas). En vez de señalar las causas evidentes de estos sucesos y tratar de enmendarlos, propone aumentar las multas y sanciones al cometer estos delitos. La sociedad no abandona animales porque no esté lo suficientemente penado, sino porque no percibe que esté mal tratar a los animales como simples objetos.

Las medidas de la nueva Dirección General con un completo sinsentido; pues no puede evitarse el abandono mientras la crianza y compra-venta sean legales. Se abandonan animales por la misma razón por la que se dejan frigoríficos en mitad de un parque: la gente percibe a los animales como objetos a causa de sus prejuicios antropocéntricos. El argumento de la «tenencia responsable» es exactamente el mismo que esgrimían los negreros en la época colonial para excusar la esclavitud negra: no existe virtud ni protección para quien está considerado como un objeto a ojos de la ley y de la sociedad imperante.

Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punibles y, en cambio, no lo sea la caza. De hecho, el propio Gobierno puede asesinar a cualesquier animales sin ningún problema —como a las cotorras y otros animales tachados de «especies invasoras»—debido a que carecen de derechos legales. El nueva Dirección General de los Derechos Animales hará, simplemente, lo que marquen los intereses de distintos colectivos respecto a los animales. Las víctimas, como tales, quedan y quedarán en segundo plano.

Sergio García Torres reunido con grupos animalistasSergio García Torres se reúne con distintos colectivos relacionados con los animales (protectoras, ecologistas, cazadores, etc.) para buscar regulaciones legales que satisfagan los intereses de cada uno mientras los animales siguen sin derechos legales y continúan siendo asesinados y exterminados cada día con el beneplácito de todos ellos.

Conclusiones

La nueva Dirección General de los Derechos de los Animales sólo busca regular la explotación animal para cumplir con una agenda que se adecúe a los intereses de ciertos grupos ecologistas (proteccionistas), animalistas (bienestaristas) y explotadores de animales en general (ganaderos, cazadores, taurinos, etc.). Aspira a institucionalizar el Bienestar Animal para tratar de acallar voces críticas y contentar a colectivos animalistas que no conocen los Derechos Animales. En ningún momento aspiran a proteger de verdad los intereses inalienables de los animales.

El Bienestar Animal busca reconducir la sensibilidad de los animalistas y otros individuos preocupados por los animales hacia consumidores «tranquilos» que continúen sosteniendo un paradigma basado en la crianza, manipulación y asesinato de animales por simple gusto y placer.

Para que los animales puedan recibir derechos legales se necesita, por coherencia, dejar de participar en toda forma de explotación animal, es decir, se requiere asumir el principio ético del veganismo.

Si realmente nos importan los animales, debemos hacernos veganos y promover el veganismo. Es tan sencillo como eso.

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¿El veganismo es de izquierdas? ¿El veganismo es interseccional?

Bandera del comunismo junto con el símbolo del veganismo - El veganismo es de izquierdasMuchos creen que el veganismo es de izquierdas. La sociedad actual está muy confundida por la falta de información y la actitud desinformante de supuestos veganos que llegan a hablar de «veganismo interseccional» o de «veganismo blanco» entre otras lindezas posmodernas. A los animales les da igual nuestra ideología política, merecen respeto por encima de todo.

¿El veganismo es de izquierdas?

Vivimos en una sociedad en constante evolución y bastante convulsa desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. Los humanos, como animales sociales, mostramos una tendencia innata hacia el colectivismo: tendemos a juntarnos con gente que comparta nuestras creencias e ideales, por muy estúpidas o equivocadas que estén. Este fenómeno afecta a todos los aspectos de nuestra vida: ética, política, religión, etc.

La política envuelve todos los aspectos de nuestra vida, aunque no deseemos ser militantes políticos. Cuando una serie de ideas empiezan a resonar en la opinión pública, los partidarios y detractores de una determinada ideología o conjunto de ideologías preexistentes —ya fuere adrede o por mera inercia— empiezan a asociarla con otras determinadas ideas preexistentes, con algún tipo de colectividad o con cualesquier rasgos socio-políticos o económicos.

Es un secreto a voces que el veganismo ha calado más entre gente que se autoconsidera «de izquierdas» que «de derechas» pero… ¿significa eso que el veganismo es de izquierdas?

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaBasta con escribir «veganismo interseccional», «vegan feminismo interseccional» o «veganismo blanco» en cualquier buscador para que aparezcan figuras como la presente [en la imagen aparecía una chica «vegana» que afirma que los hombres veganos blancos oprimen a los veganos de otras razas y sexos; es legalmente legítimo mostrar la captura de un vídeo; pero retiré la imagen por no aguantar sus amenazas]. Esta imagen representa la postura reaccionaria, fanática, irracional, identitaria y femisexista que muchos individuos vierten sobre el veganismo y los Derechos Animales al afirmar que «el veganismo es interseccional» o al hablar de «veganismo blanco», para introducir sus propios ideales como si a los animales les importase algo que los explote un hombre, una mujer, un blanco o un negro…

Relación entre el veganismo y el progresismo

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo ni nada detallado sobre posturas políticas ni sus evoluciones a lo largo del tiempo. Su intención no es otra que la de tratar de circunvalar y esclarecer ciertos alegatos y mantras —que se repiten desde uno y otro lado del espectro político— para reflexionar si tiene sentido relacionar el veganismo con la izquierda política. Con este fin, cabría empezar por tratar de acotar el significado de lo que entendemos por «ser de izquierdas». Decir que algo o alguien es «de izquierdas» se refiere, en principio, a que refleja los ideales del progresismo.

El progresismo, entendiéndolo en sus inicios como parte y consecuencia del movimiento de la Ilustración, defendía el progreso social mediante el uso de la razón y la adquisición de valores universales. El concepto de «izquierda», nacido durante la Revolución Francesa, ha ido transformándose desde el siglo XVIII hasta nuestros días y su significado sufrió severas alteraciones por la influencia directa del marxismo y su propagación de la idea sobre las luchas de clases que se desarrollaron entre finales del siglo XIX, y comienzos y primera mitad del siglo XX.

Y, en fechas más recientes, se ha visto también influenciado por el posmodernismo. Existiendo tantos matices e interpretaciones posibles, apenas podemos separar dos vertientes dentro de lo que llamamos «izquierda»: una vertiente moral y una vertiente política.

Si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido moral —es decir, como la defensa de la razón y la búsqueda de valores universales—, podemos afirmar que el veganismo es un principio ético que recoge el testigo del progresismo y de los primeros movimientos de izquierda.

En cambio, si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido político —es decir, como la defensa de unas estructuras sociales y económicas vinculadas a la existencia o no de un Estado y del individuo como carente de valor intrínseco—, entonces el veganismo no puede ser de izquierdas por dos razones:

  1. Pertenece a otra categoría. El veganismo es un principio ético y, como tal, se refiere a las acciones del individuo al margen de la sociedad y de cualquier estructura socio-económica. El respeto que merecen los animales es independiente de que los humanos vivamos bajo un régimen social, político y económico en específico.
  2. El actual movimiento político de izquierdas rechaza los pilares que lo fundaron. Si en un origen se apostaba por el uso de la razón y la adquisión de valores universales, las actuales corrientes de izquierdas incurren de lleno en el tribalismo —defensa egoísta de los intereses de un colectivo— y en el relativismo moral e identitariola creencia dogmática de que la verdad es relativa, de que no hay valores universales y de que nuestra identidad está por encima de los hechos objetivos—.

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaComo fruto esperable de la tercera ola feminista y el adoctrinamiento posmoderno que ya se produce y reproduce en las universidades de Occidente, encontramos a individuos que sacan palabros [en la imagen figuraban unos ejemplos propuestos por la autora para acusar y vilipendiar a hombres veganos blancos] a la palestra como «veganismo blanco» —parte de su lucha por un «veganismo interseccional»—, como si alguien pudiera ahora ser vegano o no, o ser más o menos vegano según su color del piel o un «medidor de privilegios». Los animales merecen respeto y necesitan que los respetemos. Estas cuestiones identitarias son tanto una aberración como un insulto a las propias víctimas. A los animales les urge una sociedad vegana, no un corrillo de adolescentes haciéndose ‘selfies’ antes de entrar a su clase de estudios de género… 

¿El veganismo es de izquierdas por su relación con la izquierda actual?

Muchos de quienes hoy se consideran veganos también dicen ser «de izquierdas». A partir de lo que uno puede observar en su día a día, hablando con la gente en persona y en las redes, existe una enorme diferencia, al menos en apariencia, entre el número de veganos de que dicen ser «de izquierdas» y «de derechas», o bien que no se identifican con ningún lado del espectro. Hasta la fecha ha habido algunos estudios en distintos países y contextos. Como curiosidad, uno reciente ha sido sobre si hay veganos que hayan votado al presidente estadounidense Trump. Tales datos muestreados y sus resultados hay que atenderlos con precaución, pues algunos estudios —por no decir la mayoría— toman una muestra poblacional baja o hacen ciertas preguntas que polarizan los resultados.

Partiendo desde la premisa de que, verdaderamente, la mayoría de los veganos actuales sean «de izquierdas» o simpatizantes del socialismo, el marxismo o determinadas políticas identitarias, deberíamos detenernos un momento a averiguar un posible origen de esta realidad y preguntarnos si esto conlleva que, entonces, el veganismo es de izquierdas.

El origen del veganismo vinculado a otros movimientos sociales

Como han explicado maravillosamente otros autores, el veganismo surgió hacia la mitad del siglo XX. Este periodo estuvo marcado por el auge y apogeo de los movimientos sociales: la primera era del ecologismo y de la lucha homosexual, la segunda era del feminismo, entre otros hitos relevantes.

El veganismo, como principio ético seguido por humanos con metas e ideales propios, ha encontrado desde hace décadas una mejor aceptación «relativa» entre aquellos individuos que, a su vez, están sensibilizados con otras injusticias padecidas por humanos. Así ocurre porque, como explica el divulgador científico Steven Pinker, existe un fenómeno de causa-efecto por el cual un avance o progreso moral allana el camino para otro sucesivo. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud negra facilitó el reconocimiento del sufragio femenino y, éste a su vez, supuso el reconocimiento de los derechos del menor, y así, sucesivamente, hasta la actualidad.

Por ende, apelando a una «lógica social», cabe comprender que en nuestro contexto actual, caracterizado por la discriminación sistemática de otros animales por una razón de especie transmitida de generación en generación, haya más humanos proclives a adoptar el veganismo si conocen bien o son partícipes en otros movimientos sociales vinculados tradicionalmente a la izquierda política.

¡Derechos Animales ya! - Logo del veganismo interseccional tachado - Veganismo es de izquierdasÉste es uno de los muchos logos que los grupos posmodernos difunden por redes sociales. Se ven a sí mismo como héroes y justicieros a la par que discriminan y adoptan actitudes y acciones irracionales y, muchas veces, violentas contra quienes rechacen o refuten sus dogmas identitarios. Hacerse vegano no tiene ningún misterio ni implica adoptar determinados ideales políticos.

Pero entonces… ¿El veganismo es de izquierdas? ¿Sí o no?

La respuesta es no y ya aparece en los párrafos anteriores. El veganismo no es ni puede ser de izquierdas porque no es un principio político; sino ético. No tendría ningún sentido afirmar que el veganismo es de izquierdas ni aun suponiendo que la mayoría de sus practicantes fuesen militantes de izquierda. Creer que los seguidores de algo condicionan la naturaleza de ese algo incurre en la llamada «falacia de asociación».

Alguien de derechas y muy, muy de derechas puede ser vegano perfectamente en tanto que, como individuo, comprenda que los animales merecen respeto por sí mismos y no participe en ninguna forma de explotación animal. Justo como cualquier otro humano con plenas facultades. El alegato de que alguien no puede ser vegano si es de derechas —una afirmación gratuita que me indigna— evidencia el interés de un particular o colectivo por tergiversar, manipular, adueñarse y apropiarse del significado y alcance del veganismo para promover sus propios intereses.

Y esto es justo lo que está ocurriendo: miles de individuos y colectivos que ven el veganismo como un simple instrumento de moda para encauzar sus propios intereses, obsesiones e ideas enfermizas. Los individuos de izquierda intentan politizar el movimiento y lo promocionan como una reivindicación política. Y, por su parte, los individuos de derechas oyen llover sin saber dónde y responden estupideces creyendo que el veganismo es la nueva locura posmoderna de unos cuantos comunistas, feministas o femisexistas con el pelo rosa.

¡Derechos Animales ya! - El objetivo de una discusión o argumento no debe ser la victoria, sino el progresoCuando algunos militantes de izquierda se apropian del veganismo y lanzan apologías del «veganismo interseccional» o «vegan feminismo interseccional», o van contra lo que ellos llaman «veganismo blanco», lo que hacen es polarizar y enfrentar a la sociedad entre buenos y malos —¡y luego dicen que nosotros somos divisivos!— debido a una interpretación y a una percepción maniquea, reduccionista y patológica de la realidad y de por qué los humanos cometemos injusticias, ya sea contra otros humanos o contra los animales.

¿Y por qué el veganismo tampoco es transversal o interseccional?

Cuando se dice que un movimiento es «transversal» significa que afecta y va destinado a combatir injusticias en todos los niveles de la sociedad. El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a los animales. Y no, no vale decir que los «humanos también somos animales» para excusar que el veganismo también se refiera a nuestra especie porque el veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los humanos hemos reducido a los demás animales —otros seres sintientes—, al estatus de propiedad y a la condición de esclavos.

Los humanos podemos estar oprimidos según nuestros rasgos biológicos en determinados lugares del mundo, pero ningún ser humano es esclavizado sistemáticamente por ser humano. En cambio, los demás animales son esclavizados sistemáticamente por no pertenecer a nuestra especie y carecen de ningún tipo de derechos reconocidos.

Defender un «veganismo interseccional» implica difuminar la definición de veganismo para abarcar cuestiones ajenas al mismo. Claro que son importantes las luchas obreras, feministas y homosexuales; pero eso no conlleva que el veganismo se refiera o deba referirse a estas luchas. Dado que la sociedad actual es especista y tendemos a marginar los intereses de los demás animales, un «veganismo interseccional» se traduce en la marginación de los animales dentro del propio principio ético que se refiere a ellos en pos de los intereses colectivistas, políticos e identitarios de algunos humanos.

Y, por supuesto, ir contra lo que algunos llaman «veganismo blanco» significa, ni más ni menos, que crear una barrera discriminatoria —dentro de un principio contrarias a las discriminaciones morales— para juzgar, condenar y marginar a veganos según sus rasgos identitarios, juzgados y evaluados por otra gente que cree tener otros rasgos identarios oprimidos por estos primeros. Menuda aberración irracional.

El veganismo no es de izquierdas ni puede serlo

El veganismo no es una dieta, no es un estilo de vida, no es una moda, no es fruto del posmodernismo —el posmodernismo ni existía en 1951— ni nada ajeno a los Derechos Animales. Cualquier agente moral —adulto con plenas facultades— puede ser vegano con independencia de su raza, sexo, orientación sexual, credo, religión, etnia, ideales políticos, de su equipo de fútbol favorito o de cualquier otra razón social, política y económica ajena a la cuestión moral de los animales. Por tanto, a la pregunta tan manida de si el veganismo es de izquierdas, la respuesta es un «no» rotundo. Cualquier etiqueta y adjetivo que deje al margen el significado del veganismo y el respeto que merecen las víctimas se convierte en parte del problema. ¡Ya está bien de decir y propagar sandeces como «veganismo interseccional o «veganismo blanco»! Se precisa madurez, honestidad, seriedad y ganas de formarse y transmitir un mensaje veraz por los animales.

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El alter ego es la actitud psicológica, a menudo inconsciente, por la cual uno actúa en beneficio de sí mismo al mismo tiempo que dice o cree estar haciéndolo por los demás. De tal forma, traslada sus intereses a un otro-yo (alter ego) que le permita sentirse mejor y autojustifique los medios y fines de sus propios actos. El fenómeno del alter ego abunda dentro del movimiento vegano y de la lucha por los Derechos Animales.

Este estado psicológico condiciona toda clase de irracionalidades y comportamientos narcisistas que podemos observar. Se evidencia cuando el activista en cuestión no quiere escuchar ninguna crítica ni atenerse a ninguna prueba de la realidad que pueda destrozar su creencia en la legitimidad e idoneidad de sus acciones.

A alguien que sufre un sesgo de alter ego le importa muy poco si hacer esto o lo otro será inútil, no salvará vidas o incluso puede ser peligroso, ilegal o perjudicial para las víctimas; aún así lo justificará porque el origen de sus acciones no se enfoca en el sufrimiento de las víctimas sino en el suyo propio al ser consciente de la situación en que viven. Quien padece este estado intenta realizar y justificar cualquier acto que considere «bueno» para calmar su sufrimiento a pesar de que no sirva para eliminar el sufrimiento de las víctimas reales.

Los individuos con alter ego quieren hacer y creer todo aquello que les reduzca el dolor psicológico provocado por el conocimiento de la situación actual respecto a los no-humanos. Así, cuando donan o asisten a una manifestación no luchan por mejorar el paupérrimo estado en que moran las víctimas; sino en poder decirse a sí mismos que ya han cumplido o cumplen con las acciones necesarias para «cambiar la realidad» aun cuando no hayan hecho nada lógico, coherente o viable en esa dirección.

Debido a este hecho, un individuo sumido en el alter ego mostrará una enorme aversión y violencia (gritos, insultos, etc.) a quien señale qué tal o cuál acción no ayudará a las víctimas. Esto explica por qué hay tantos comportamientos violentos ante las críticas, por qué se vierten tantas falacias unionistas («todos estamos en el mismo barco») y por qué hay miles de veganos que siguen donando y creyéndose a pies juntillas las «victorias» de las grandes organizaciones animalistas.

Origen, actualidad y remedio del alter ego

El efecto del alter ego aparece por una serie de razones biológicas y contextuales. Habría que estudiar a fondo por qué acontece. Por un lado, los demás animales no hablan en nuestro idioma ni usan algún lenguaje que el ser humano pueda reconocer fácilmente. Tampoco conocemos tan bien —como en humanos— qué sienten, qué piensan o si algo puede causarles malestar o sufrimiento; lo cual puede derivarse en que uno confunda la realidad con sus propias inferencias e interpretaciones.

Y, por otro, estamos inmersos en una cultura especista que confunde nuestro sentido de la justicia y la situación de los no-humanos resulta tan lamentable, bochornosa y aberrante que cualquier mínimo cambio o mejora genera enormes expectativas y una sensación de autorecompensa muy intensa con independencia de que las víctimas se sientan igual de mal.

La lucha por los Derechos Animales podría avanzar más rápido si muchos veganos dejaran de limitarse a seguir sus impulsos y a realizar aquellas acciones que solamente les brinda satisfacción en su día a día aunque, en la práctica, no sirvan de nada a los animales esclavizados y torturados. Un vegano es, por definición, aquél que ha entendido el deber moral de respetar y defender a las víctimas. Por el contrario, si uno las defiende únicamente por su propio interés de considerarse «mejor persona», entonces no puede entender la base del problema y llegará un momento en que sus intereses incluso entrarán en conflicto con los de las víctimas.

Quizás sea ésta es una de las razones fundamentales, aparte del argumento lucrativo, de la corrupción en organizaciones animalistas que en su día empezaron como abolicionistas (p. ej: Igualdad Animal) y que ahora son bienestaristas totales y, además, uno de los motivos entre quienes integran grupos de acción directa. Estas organizaciones emplean la compasión instintiva y el sesgo de la confirmación para alentar comportamientos irracionales que se desprenden del alter ego.

En conclusión, no somos perfectos y resulta increíblemente mantener la objetividad —y casi la cordura— en una lucha tan ignorada y minusvalorada; sin embargo, si queremos el bien de las víctimas y un futuro mejor, no caben las actitudes irracionales o ególatras que sitúen nuestras esperanzas por encima de sus realidades diarias. Un activista siempre debe querer formarse, mejorar como persona y tener claro cómo lograr el fin de la explotación animal. Esto se resume en la consecución de que la sociedad entienda por qué merecen respeto más allá del trato que reciban. Para ello, debemos hacernos veganos y promover los Derechos Animales conociendo de primera mano la realidad y cómo podemos tratar de cambiarla.

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