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El concepto de «maltrato animal» es erróneo

¡Derechos Animales ya! - Vacas estabuladas con ubres deformes - Maltrato animalLos animales esclavizados como ganado viven una vida de confinamiento en cuerpos deformes por selección artificial. Rechazar «maltrato animal» sólo significa rechazar aquellos daños que no nos benefician. Fotografía tomada por Irene Aparicio Estrada.

Luchar contra el «maltrato animal» no significa nada en la práctica

Si uno va por la calle y les pregunta a varios transeúntes si consideran que pegarle un cachete a un niño es una forma de maltrato, algunos afirmarán y otros negarán con la cabeza. Este simple experimento cotidiano sirve para evidenciar que nos encontramos ante un concepto subjetivo e inservible para juzgar la validez de un acto. Entonces, ¿tiene sentido hablar de «maltrato animal»?

La ética no condena cómo se realiza una acción; sino éstas en sí mismas. El trato (es decir, la manera en que se le pegue) carece de significación o relevancia más allá de los sentimientos que despierten. Las circunstancias podrán determinar que una intervención resulte más o menos comprensible; lo cual ocurre en casos graves como la defensa propia. Sin embargo, desde el punto de vista ético, el contexto no convierte una actuación «mala» en «buena» o viceversa.

Siempre que hablamos de una injusticia habida entre humanos (por ejemplo: una agresión sexual) solamente valoramos aquello que alguien le ha hecho a un tercero. Si tal sujeto incurre en una violencia extrema, ello lo condenamos y comentamos; no obstante, en ningún momento nos plantearíamos que un ataque más «suave» o «moderado» no habría tenido nada de malo.

¿Quién postularía una «violación humanitaria» hacia una mujer? Suena ridículo, ¿verdad? Pues cuando los activistas planteamos el fin de la explotación animal, suelen respondernos con que la solución consiste en explotarlos con miramientos (bienestarismo). Ante una injusticia resulta imperativo ser «radical». Por supuesto, algo radical no equivale a «malo»; sino que significa ir a la raíz de una materia.

¡Derechos Animales ya! - Aenor entrega a Pascual premio de leche de bienestar animalEn la fotografía, la organización Aenor le entrega a Pascual un premio por de «bienestar animal». Los ganaderos son los primeros en rechazar el maltrato animal porque no les reporta beneficios, de nada sirve rechazar el maltrato animal si se consumen productos de origen animal.

El «maltrato animal» es un concepto creado por la industria y las organizaciones animalistas para lucrarse

Nosotros, adultos con plenas facultades, somos agentes morales. En consecuencia, cumplimos con el principio de igualdad a tenor de nuestro desarrollo cognitivo alcanzado a una edad determinada. Ahora bien, ¿por qué únicamente lo aplicamos entre miembros de nuestra especie?

Cuando nos referimos a los demás animales, cada acontecimiento solemos enjuiciarlo de forma unilateral. Enfocamos al ser humano partícipe y sólo parece importarnos la forma en que hizo algo o los motivos que lo llevaron a ser injusto con otros individuados ajenos al Homo sapiens. Evaluamos los daños causados a modo de peritaje y se utiliza el término «maltrato animal» en referencia a aquellos ejercicios innecesarios para lograr un fin.

Condenar el «abuso animal» únicamente implica rechazar aquel daño que no nos beneficia. Ahí radica la clave: si obtenemos un beneficio aceptado socialmente al explotar a animales no humanos, justificamos dichas acciones para ejecutarlo. Por el contrario, si no cosechamos un provecho aprobado en sociedad, recurrimos al susodicho «maltrato animal», una manera de señalar «maltrato sobre la propiedad».

La crianza y el asesinato sistemáticos están legalizados e institucionalizados por la asunción de que somos superiores y el mito de que explotar a otros animales sea necesario. Así como también lo están otras acciones que vulneran la vida, libertad e integridad de los animales.

¡Derechos Animales ya! - Cartón de huevos de gallinas felicesEn los últimos años, la industria es cada vez más consciente de utilizar el reclamo de los sellos de bienestar animal y de posicionarse con el maltrato animal para incrementar el consumo y el precio de sus productos. Los animalistas que se limitan a hablar de maltrato animal son culpables en gran medida de esta situación.

El «maltrato animal» esconde una ideología bienestarista

Ciertos animales reciben un mayor valor moral por parte de amplios grupos humanos: perros, gatos, toros, chimpancés, caballos, delfines, ballenas y unos pocos «afortunados» más. Esto se debe a razones sentimentales (personales); pues la posesión de intereses inalienables es un rasgo compartido por casi la totalidad del reino animal.

Debido al prejuicio moral del especismo, asumimos dogmáticamente que existan animales «mejores» y «peores», es decir, vidas más importantes que otras. Para los primeros, según cuáles casos, hemos reducido el umbral de «explotación permitida» bajo el rechazo tajante al «maltrato animal» y, para los segundos, prácticamente cualquier actividad humana se ve implícitamente respaldada por proceder de unos servidores.

A partir de la subjetividad del concepto de «maltrato animal», unido a la discriminación moral según la especie, surgen campañas arbitrarias cuyo fin consiste en acabar con aquellas formas de explotación (p. ej: tauromaquia, festejos, etc.) situadas por encima del umbral admitido por la ciudadanía general, tanto en lugares donde dicha frontera se percibe como autóctona (tauromaquia) como alóctona (festival de Yulin). Toros y perros son víctimas del mismo fenómeno que afecta a los restantes animales: la cosificación moral.

Reprobar o endemoniar los comportamientos de humanos procedentes de otras nacionalidades, por cometer las mismas injusticias que los ciudadanos de Occidente, incurre en una marcada hipocresía apenas concebible por la disonancia cognitiva entre aquello que a uno desde pequeño se le ha enseñado que está bien hacer y qué no.

No existe bienestar animal alguno en ningún caso. Asimismo, quienes defienden a las empresas responsables de tales luchas mediáticas caen de lleno en las contradicciones ya expuestas y debieran dejar de discriminar a unos animales no humanos frente a otros para actuar justamente.

Leones entre rejasVíctimas de la cosificación moral en una cárcel destinada a quienes no pertenecen a nuestra especie. El concepto «maltrato animal» se limitaría a pedir una jaula más grande para ellos. ¿Les serviría de algo? ¿Por qué toleramos esto?

¿Qué podemos hacer?

Nuestro error fundamental reside en creernos con legitimidad para regir la vida de otros individuos a la par que propugnamos vigorosamente que nadie debe gobernar la nuestra. Se trata de una cuestión moral; no legal. Por ende, resulta incoherente exigir leyes contra el «maltrato animal» al mismo tiempo que se deja a la mayoría fuera y condicionamos la entera existencia de millones de personas no humanas. ¿Cómo va a ser posible fijar un marco práctico derivado de una incongruencia teórica? No habrá medidas ni regulaciones que los protejan como sujetos de derecho hasta que primeramente no se reconozcan sus intereses inalienables.

No habrá justicia hasta que no nos opongamos a la explotación de todos los animales no humanos de la misma manera en que contrariamos la explotación humana. Ése es el significado del veganismo. A lo largo de esta página puedes obtener información sobre cómo llevar el veganismo a la práctica.

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La educación animal y los aspectos éticos subyacentes

¡Derechos Animales ya! - Bulldog con cara de aburridoLa convivencia con animales puede ser difícil y compleja. La educación animal o su adiestramiento debería estar siempre encaminado en favorecer la comodidad y el bienestar del animal que vive en un entorno humano. No es justo que los sometamos a nuestros caprichos ni que los obliguemos a obedecer por simple sentimiento de superioridad.

La convivencia con animales debe ser respetuosa

En la actualidad estamos rodeados de animales domesticados, ya hablemos de la ciudad o del campo. Aquellas personas más concienciadas recogen —adoptan— animales que no pueden —legal o contextualmente— valerse por sí mismos para darles una vida mejor. Sin embargo, muchos humanos crían perros, gatos y a otros animales para fines antropocéntricos y acentúan, con ignorancia o conocimiento de causa, dos problemas gravísimos al que apenas hacen mención en los medios: el abandono de animales y la sobrepoblación animal por efecto antrópico de especies domesticadas en detrimento de las especies «salvajes».

A raíz de que no siempre la relación humano-animal es deseada o se desarrolla de una manera preconcebida, desde hace ya varias décadas pueden encontrarse en librerías y supermercados multitud de libros y revistas especializados en el adiestramiento de animales y su enseñanza, a menudo forzada, para que se adecúen a los intereses u preferencias de sus amos.

En estos manuales suele aparecer un humano en posición amenazante, señalando con el dedo índice a un can para indicarle ‘yo mando’. También los hay con títulos bastante sugerentes como «doma rápida» o «entrenamiento seguro», si hablamos de caballos, con foto incluida de un hombre dándole cuerda a un caballo en un picadero o atalajando a uno. Con frecuencia, se trata de camuflar un interés personal bajo la excusa de la necesidad.

¡Derechos Animales ya! - Gato debajo de una mantaLa educación animal debe ajustarse a las necesidades oportunas de una convivencia con animales. Debemos recordar que nuestra casa no es el hogar perfecto para perros, gatos y otros animales domesticados. Si nos importa su bien, debemos respetar sus vidas en la medida de lo posible, alimentarlos sin causar víctimas, dejar de criarlos, de participar en su explotación y de vulnerar su integridad.

La educación animal parte desde un enfoque antropocéntrico

En virtud de nuestra transmisión cultural, no hemos de extrañarnos de que nuestra especie se crea con legitimidad para dominar a otras a cualquier precio o para imponer unilateralmente sus condiciones. A los humanos, en términos generales, nos encanta el control y la dominancia sobre otros. En ello se fundamentan las guerras que asolan el mundo, el terrorismo, los gobiernos dictatoriales y el triunfo del capitalismo; por destacar algunos ejemplos. Desde siempre hemos incumplido el principio de igualdad. Aunque una educación, en sentido estricto, puede «mejorar» la relación entre ambas partes si se practica con miramientos, resulta conveniente pararse a pensar y recordar que ésta ya parte desde un punto desequilibrado.

En nuestro entorno humanizado se requiere que los animales mantengan una actitud determinada o asuman una situación para evitar peligros (pj: correas) o que sufran un accidente. Esta descompensación aludida subyace en que la relación humano-animal siempre nace por menester del humano (obviemos contextos muy improbables, como la posibilidad de encontrarnos con un leopardo en la sabana africana) y, normalmente, éste lo hace con un fin propio, individual y egoísta; por especismo.

Debemos recordar que cualquier animal, si pudiera desde pequeño, optaría por eludir nuestra presencia y poder vivir con los demás miembros de su especie en libertad y sin vernos nuestras feas caras. Por tanto, una educación animal puede beneficiar al animal en cierto modo sólo y exclusivamente mientras nos hallemos en un ambiente humanizado y diferente al medio natural; nunca nos corresponderá tal potestad en ambientes «naturales».

Conclusión

Hemos alterado casi todos los hábitats ambientes conocidos y ya no hay vuelta atrás. Aquéllos que respetamos a los animales deseamos que no se siga con la destrucción de hábitats ni con el forzamiento al vasallaje, es decir, a convertir más especies animales salvajes (o casi) en especies domesticadas. ¿Habrá un futuro mejor para estas especies? No lo sabemos y yo, personalmente, no estoy muy esperanzado en esta dirección utópica a menos que la sociedad avance con pasos agigantados hacia el entendimiento de que todos los animales merecen respeto.

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Las falacias dialécticas más comunes para justificar la explotación animal

Fragmento del cuadro La escuale de Atenas - Falacias dialécticas
Las falacias dialécticas son comunes en toda clase de discusiones y debates.

Falacias dialécticas contra los Derechos Animales

La dialéctica es el arte de dialogar, argumentar y discutir. Igualmente, también se define como el método de razonar a partir de principios y recibe muy diversas acepciones más. Según mi opinión y como bien sabían los antiguos griegos, dominar esta disciplina requiere una gran capacidad de raciocinio y, sobre todo, una destacada perseverancia. Es una pena que en la actualidad, un mundo dominado por las masas, los debates que tan comúnmente conocemos no hagan sino incurrir en graves errores de argumentación.

El propósito en esta entrada se resume en señalar y remarcar cuáles son las falacias dialécticas más habituales, usadas por diferentes personas de toda índole y posición para justificar de alguna o en toda medida cierto tipo de explotación animal. ¿Qué espero lograr con estas sencillas indicaciones? Pues que mucha gente concienciada con una ética regida por el principio de igualdad «sepa» qué responder y cómo refutar los argumentos (casi siempre inválidos) lanzados en contra de tales principios.

Con base en mis propias experiencias, citaré aquellos razonamientos falsos que conozco de primera mano con sus respectivos ejemplos ofrecidos por mí. Las definiciones, en cambio, provienen de la Wikipedia. He decidido utilizarlas por su sencillez.

Breve listado de falacias dialécticas

Ad antiquitatem

El argumento ad antiquitatem (apelación a la tradición) es una falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo o creyendo desde antiguo, entonces es que está bien o es verdadero.

Ejemplos:

  • Las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades lúdicas o laborales llevan existiendo toda la vida. Por algo será.
  • Las fiestas taurinas y otros festejos con animales se remontan desde la Edad Media.
  • La caza de delfines y ballenas constituye una parte fundamental en cuanto a la cultura de varios pueblos nórdicos.
  • Los humanos siempre hemos utilizado plantas y animales. No es nada nuevo.

Refutación: El interés humano ha promovido desde siempre la explotación de animales no humanos para cumplir determinados fines. Estos designios o usos de los nohumanos sólo responden al egoísmo humano y a su visión antropocéntrica. Dado que la naturaleza humana no ha cambiado desde que nos consideramos como tal, resulta esperable que se mantengan muchas prácticas basadas en el utilitarismo. Conlleva igualmente injusticia a otras especies por el mero hecho de no ser humanas (especismo).

Ad consequentiam

El argumento ad consequentiam (dirigido a las consecuencias) es una falacia lógica que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a las posibles consecuencias negativas o positivas del mismo.

Ejemplos:

  • Si nos oponemos a la industria cinegética se perderán miles de puestos de trabajo.
  • Prohibir las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades supondrán una pérdida enorme en la cultura e identidad de un pueblo.

Refutación: Ni la investigación con otros animales es capaz de curar todos las enfermedades o males de nuestra especie ni la ausencia de ésta niega la posibilidad de que en un futuro se desarrollase otro tipo de investigación más efectiva no basada en la explotación animal. Fundamentar la existencia de una industria por el supuesto de mantener puestos de trabajo no asegura realmente que éstos se conserven para siempre; así como la eliminación de ésta no implica que a estos trabajadores no pueda otorgárseles otro puesto con un fin distinto. Un acciones especistas tales como las expuestas arriba se dejen de practicar no significa que la comunidad deba olvidar qué y cómo se hacía; todo ello con el objetivo de asegurar que no se vuelvan a repetir.

La veracidad de un argumento no depende de sus consecuencias al igual que la veracidad de una ley física tampoco depende de sus consecuencias.

Ad ignorantiam

El argumento ad ignorantiam (llamada a la ignorancia) es una falacia que consiste en sostener la verdad (o falsedad) de una afirmación alegando que no existe evidencia o prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario.

Ejemplos:

  • Como ningún animal habla, ninguno de ellos alcanza una inteligencia cercana a la humana.
  • No se puede demostrar que un animal merezca tener derechos como las personas.
  • Si un caballo no se queja al tirar de un carro o un arado significa que no le importa y no sufre.

Refutación: La inteligencia animal no ha de analizarse según los patrones de nuestras capacidades. Al igual que nosotros no juzgamos nuestra invalidez para volar o ver en el infrarrojo; no es razonable exigirles a aves o serpientes que se comuniquen de una forma y complejidad similares a la humana. Que algún animal sea o no capaz de superar la prueba del espejo no implica que no cuente con conciencia de sí mismo ni que a causa de tal hipótesis poseamos legitimidad para situarla en un peldaño moral inferior.

La última proposición mostrada corresponde con una variante distinguida: falacia de quietismo o de reserva (también llamada «el que calla, otorga»). El argumentador asume que la situación del animal debe de ser satisfactoria, simplemente porque éste no expresa ninguna queja sobre su estado. De que no se queje no se puede inferir que no haya nada que lo moleste, irrite o asuste. De hecho y al igual que ocurre con las personas humanas, puede sentir buenas razones por las que no manifestar ese malestar; por ejemplo, si recibe golpes al reaccionar negativamente ante el trabajo encomendado o a la hora de aparejarlo.

Ad nauseam

El argumento ad nauseam es una falacia en la que se argumenta a favor de un enunciado mediante su prolongada reiteración, por una o varias personas.La apelación a este argumento implica que alguna de las partes incita a una discusión superflua para escapar de razonamientos que no se pueden contrarrestar, reiterando aspectos discutidos, explicados o refutados con anterioridad.

Ejemplos:

  • En clase enseñan que los animales sólo sirven para satisfacer las necesidades del hombre.
  • Todos dicen que los toros intentan empitonar porque son bravíos por instinto.
  • Los caballos son unos animales que viven como reyes: están bien cuidados y reciben mimos.

Refutación: Que una mentira sea mil veces contada y repetida no la convierte en verdad. En general, todos estos enunciados se conocen típicamente como «prejuicios» o «leyendas urbanas»; así pues y en general, basta con tratarlos según el caso de un modo análogo a como se asumirían en contextos humanos.

Ad populum

El argumento ad populum (dirigido al pueblo) es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo.

Ejemplos:

  • A una vasta cantidad de gente les encanta las carreras de caballos; por tanto, no hay nada de malo.
  • Actividades como la doma o el enganche se justifican porque apasionan a un gran público.
  • Los zoológicos o acuarios son centros muy educativos: los niños siempre desean visitarlos.

Refutación: Que la gente vea con buenos o malos ojos cierta materia no se correlaciona con la justificación de ésta. El «bien» o «mal» ético no están subyugados a la democracia, sino al uso de la razón.

Ad verecundiam

El argumento ad verecundiam o magister dixit es una forma de falacia que consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia.

Ejemplos:

  • La Tierra y los animales pertenecen al hombre y son su recurso porque así lo detalla la Biblia.
  • Si los expertos en equitación aseguran que el caballo no sufre, seguro que es cierto.
  • Creo que los animales no tienen sentimiento porque lo leí en Internet.

Refutación: Ampararse en los dichos o hechos de un ente considerado como autoridad (o considerado así) para respaldar o desaprobar algún argumento carece de validez. Nuestro propio criterio y cordura debiera alejarnos de los infundios o, simplemente, de aquello referido a un escenario ajeno (no extrapolable).

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Argumentos a favor de las bridas abiertas en Farming With Horses

Explotación de caballos en arados

Críticas a las anteojeras por Steven Bowers y Marlen Steward.

 

Recientemente conocí el libro «Farming With Horses», escrito por Steven Bowers y Marlen Steward. Ambos autores son unos hombres estadounidenses que se dedican a la doma de caballos destinados al tiro y, en general, a la agricultura por medio de tracción animal. Poseen una gran experiencia en la gestión de caballos y gozan de cierto reconocimiento en el sector. Esta entrada, lejos de guardar fines publicitarios o aspirar a reseñar la obra, tiene el propósito de destacar aquellos escasos puntos en los cuales coincido éticamente con un documento cuyo objetivo no se basa en otro que difundir y propugnar acciones especistas tales como el empleo de caballos en arados, carruajes y diversos deportes para beneficio económico o recreativo del hombre.

En cualquier caso, me alegra que de entre toda una vasta cantidad de información anecdótica y llena de batallitas me haya topado con unos pasajes muy llamativos que sirven para demostrar que hasta quienes son más cerriles y tradicionales en asuntos vinculados al manejo de équidos pueden cambiar su visión de la realidad. ¿A qué materia estoy refiriéndome? Pues al nada conveniente empleo de anteojeras en caballos enganchados, un tema ya tratado con anterioridad en este blog: Explotación hacia los caballos: Anteojeras I y Explotación hacia los caballos: Anteojeras II.

 

Nota del traductor: Me he tomado la libertad de traducir el texto sin ningún tipo de relación con los autores o la editorial. Solamente presento unos fragmentos resumidos con una literalidad moderada. Es decir, si bien he procurado conservar el orden, me he visto obligado a reformular muchas oraciones y a omitir algunas anécdotas superfluas. Supongo que haciendo esto infringo los trillados derechos de autor; sin embargo, no me queda otra opción para allegar la argumentación de estos dos individuos a las personas de habla hispana no bilingües.

 


 

Ver el paisaje entero. Un argumento a favor de las bridas abiertas.

Estuve hablando por teléfono con mi sobrino y le mencioné que ahora estaba conduciendo a la mayoría de nuestros caballos con bridas abiertas y enseñándole a la gente los beneficios de hacerlo de esa manera. Inmediatamente, se puso a echar chispas: «¿Estás loco? Ése es un buen modo de provocar que la gente se haga daño. ¿No eras tú uno de los pasaba muchísimo tiempo ilustrando los beneficios de las anteojeras y cómo colocarlas?».

Podía ver que él no iba a aceptar mi nueva forma de hacer las cosas sin discutir. Su actitud la comparten muchos de quienes nunca han considerado usar bridas abiertas. Si desea que lo miren con completa desconfianza y suspicacia, basta con acercarse virtualmente a cualquier espectáculo de enganches en Estados Unidos manejando un caballo sin anteojeras. La mayoría de los espectadores querría expulsarlo de allí con gran apremio antes de que su caballo se desbocase y destrozara algo.

 

Los carreteros sí usan bridas abiertas

Después de darle a mi sobrino un momento para calmarse, comencé a explicarle mis razones para el gran cambio de «con anteojeras» a «sin anteojeras». Pareció confortarlo el contarle que yo no soy el único en la Tierra que emplea bridas abiertas. En muchos países extranjeros resulta más común ver caballos enganchados sin anteojeras que con ellas. Incluso así ocurre en situaciones altamente complejas con calles atestadas y un tráfico espantoso.

 

Los caballos que no llevan anteojeras exhiben un alto rendimiento

Luego le di a mi sobrino una perspectiva histórica. Hacia los comienzos del siglo XX, antes de la introducción de equipos motorizados contraincendios, se utilizaban caballos para impeler los vehículos imprescindibles para combatir un fuego. Entonces, a todos esos animales se los dirigía sin anteojeras y aun así se mantenían bajo control. Imagine la vergüenza para el cuerpo de bomberos si sus bestias de carga pasaran de largo en cuanto viesen el humo emergiendo por las ventanas. En ninguna imagen antigua he visto jamás un caballo perteneciente a un equipo contra incendios que llevara anteojeras, sólo pueden encontrarse hoy en recreaciones modernas.

Los caballos de artillería que empujaban cañones durante la Primera Guerra Mundial son otro ejemplo de cómo  logran desempeñar estos animales una labor extremadamente exigente (una que excede de sobra cuanto se les exige en la actualidad durante las faenas cotidianas) sin la necesidad de que algo les obstruya el campo de visión. Aquellos equinos estaban entrenados tanto para ser montados en cualquier momento y lugar como para ocupar el emplazamiento que fuese en un carruaje. A veces, para precisar la localización exacta de los cañones enemigos, se los hacía avanzar hasta delimitar la llamada «línea de la muerte» y conseguían su objetivo incluso con los bombardeos a plena vista.

 

¿Cuál es el beneficio de ver?

También expuse un argumento filosófico a favor de las bridas abiertas. No importa cómo las estimes, acortar parte o toda la capacidad que tiene un caballo para estudiar el entorno es una técnica de refreno. No se trata de una técnica relacional, como el uso del bocado dentro de la boca del animal, porque las anteojeras están o no están: no se utilizan para guiar o detener a los animales según algo les cubran los ojos o no. Cuando un carruaje se apresta para salir, las anteojeras se emplazan cuidadosamente con la finalidad de que permanezcan ahí bien puestas durante toda la conducción, no importa cómo esté comportándose el caballo. Así pues, las anteojeras no dependen del comportamiento; lo cual las convierte en un dispositivo de control no relacional.

Dado que los caballos son animales especialmente relacionales, pienso que es mejor un seguir entrenamiento adecuado para demostrarles que uno mismo es igualmente tan «relacional» como ellos.

Metiéndonos un poco más en profundidad, debido a que las anteojeras son unos elementos de contención que no se usan de manera relacional; únicamente sirven para comunicarles psicológicamente al animal que no se confían en él cuando éste dispone de pleno uso de sus facultades: consiste en una sutil pero poderosa forma de decirle al caballo que sólo queremos utilizar su cuerpo sin usar su mente. En otras palabras, las anteojeras le dicen al caballo que usted no se fía ni lo más mínimo de cómo usará su cerebro si pudiera ver enteramente qué estamos haciendo con él.

Una de mis citas favoritas sobre esta materia es: «Si introduces un elemento de desconfianza en una relación, se acaba la comunicación». Una parte importante del lenguaje de la «confianza» está en «ser abierto».

Para muchísima gente, tener a sus caballos haciendo lo que deben sin haber ningún tipo de respeto mutuo llega a ser aparentemente deseable. Uno de los motivos más básicos para que un caballo salga huyendo es el miedo. Muchos carreteros valoran el efecto «restamiedo» de las anteojeras porque son lo único que conocen e incapaces de aplicar otras fórmulas.

La clave está en entrenar mediante tácticas que se basen en el respeto y no en el miedo como factor estimulante; aunque, para ello, se precisa una mentalidad diferente.

 

Las anteojeras y la imaginación.

Mi sobrino parecía entender ahora mi perspectiva, así que añadí mi razón preferida de todos los tiempos para no ponerles anteojeras: incrementar la calma. Si le quitas al animal la capacidad de ver cuanto esté a su alrededor, estás multiplicando las posibilidades de que imagine cosas que realmente no están ahí. A menudo he oído historias de algunos cocheros sobre que sus caballos no se asustan ante perros ladradores cuando éstos se les acercan desde lejos; pero que, tan pronto como las anteojeras ocultan el perro en un lado de la acera, emprenden una enloquecida escapada.

Imaginación, desconfianza e incapacidad de ver pueden causar un pánico repentino en estos animales.

Como iba diciendo, la clave radica en un entrenamiento cuidadoso en el cual logremos desensibilizarlo ante la carga que lleve. Algo que caracteriza a los caballos entrenados en bridas abiertas es la tranquilidad y suavidad con la que actúan. Se les nota así que ha aumentado su comprensión mental. En cambio, aquellos caballos entrenados con anteojeras suelen desbocarse si de repente ven cuanto llevan detrás. Éstas deberían ser razones suficientes para que todo cochero se replanteara su forma de entrenar. Depositar en unos trozos de baqueta la esperanza de que no sucederá una catástrofe no lo veo como un acto prudente ni apetecible.

Si pese a este razonamiento sigue sin tener interés en desterrar las anteojeras, sepa igualmente que algún día puede toparse con otro cochero cuya manera de ejercer sea distinta. Al contrario de la reacción inicial de mi sobrino, ponerles unas bridas abiertas no es algo que nadie haga por un episodio de locura. Quienes así proceden se sienten más seguros. Como le dije a sobrino: en vez de mantener una actitud «ciega» sería mejor que abriera los ojos para contemplar otra cara del mundo.

 


 

Por desgracia, la mayor parte del libro sólo me produce náuseas, sobre todo, cuando realiza referencias puntuales a arreos «de control» durísimos utilizados en entrenamientos o durante las competiciones; sin apreciarse ningún matiz crítico. Es más, ellos mismos deberían aplicar su propio análisis y consideraciones para estar en contra de algunos artilugios, tales como los engalladores y las sobrerriendas, basándose en que son asimismo instrumentos no relacionales (además de increíblemente crueles).

Pese a todo, es de agradecer que individuos tan involucrados en este mundillo tengan capacidad de autocrítica y así lo expongan; aunque resulte insuficiente.

 

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Explotación hacia los caballos: Espuelas

Diferentes tipos de espuelas

Las espuelas se definen comúnmente como una rodaja de espigas metálicas terminadas en punta que, ajustada al talón de un calzado, se emplean para «picar» a la cabalgadura. En esta entrada voy a analizar brevemente los usos de este artilugio de tortura, las malconcepciones (falsas creencias) habidas acerca de su supuesta necesidad y simbolismo, y los efectos sobre el animal.

Usos

Las espuelas suelen emplearse, o incluso a veces vienen impuestas en ciertos campos, con el objetivo de obligar a dicha montura a que «respete» (obedezca) al jinete o se doblegue rápidamente a su voluntad. El «funcionamiento» resulta muy sencillo: dado que las ijadas y la zona alrededor de las caderas son una región corporal ultrasensible en los équidos, cualquier tipo de presión, ya sea mayor o menor, supone una notable molestia para el cuadrúpedo. Éste aprende, a través de una forma negativa y nada excusable al provenir de una autoproclamada especie inteligente, que sufrirá dolor si no responde a los deseos de quien lo cabalga.

Según exponen algunas encuestas realizadas en foros, aproximadamente el 50% de quienes utilizan este instrumento sólo lo hacen como estímulo («refuerzos positivos») y el 50% restante lo usa tanto para estimular como para castigar («refuerzos negativos»).

Personalmente, los conceptos de «refuerzos positivos» y «refuerzos negativos» me parecen grotescos, ridículos, eufemísticos y subjetivos. En términos humanos habría que hablar de «amenazas» y «castigos», respectivamente.

Malconcepciones

No pocos «expertos de la equitación» en no pocas escuelas aconsejan de uno u otro modo la utilización de espuelas. Aluden a que así el caballo responde mejor, que si se avanza más rápido en la doma, que si reunión con el animal, etc. Por una parte, algunos mencionan que no se recomiendan para jinetes novatos o recién iniciados; sino que son una especie de medalla, trofeo o signo de reconocimiento para aquéllos más experimentados: «las espuelas hay que ganárselas» [sic] (no explicado de esta manera tan nimiamente heroica, claro). Otros, por el contrario, enseñan desde primera hora a sus alumnos una «equitación» con espuelas.

¿Se justifica el empleo de espuelas? ¿Se requieren realmente para algo?

La respuesta es NO, un buen jinete sabe que bastan unos suaves toques con las pantorrillas para hacerse entender. Ningún proceso de la doma (entendida en un sentido utópicamente respetuoso: es antinatural de por sí que un animal obedezca a otro animal) precisa instrumento alguno que atente contra la integridad de los individuos. Ésta es simple y llanamente una herramienta de sometimiento; una vía engañosamente fácil de dominar a la «bestia».

Efectos

Empleadas con desafuero, las espuelas pueden causar contusiones, heridas y sarpullidos; cuanto más, un miedo terrible en el animal. En muchas ocasiones reciben espuelazos de jinetes desaprensivos sin ton ni son, lo cual provoca que estos ejemplares queden «inservibles» para los propósitos que las personas les han egoístamente encomendado.

Conclusión

Para ser justos debemos posicionarnos en contra de todas las disciplinas ecuestres y, en definitiva, de toda explotación caballar (animal en general): competición (hípica), crianza (yeguadas), monta, compra-venta (empresas, particulares)… Incluido asimismo los enganches y demás carruajes con finalidad exhibicionista, laboral, religiosa (romerías) u ociosa.

Tampoco debiera aceptarse desde un punto de vista ético acciones especistas tan asentadas y glamurosas como el hecho de pasear a caballo. Jamás resulta ético ninguna acción ni ningún arreo, guarnición o atalaje dispuesto para la explotación y el sufrimiento ajeno.

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