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El concepto de «maltrato animal» es erróneo

¡Derechos Animales ya! - Vacas estabuladas con ubres deformes - Maltrato animalLos animales esclavizados como ganado viven una vida de confinamiento en cuerpos deformes por selección artificial. Rechazar «maltrato animal» sólo significa rechazar aquellos daños que no nos benefician. Fotografía tomada por Irene Aparicio Estrada.

Luchar contra el «maltrato animal» no significa nada en la práctica

Si uno va por la calle y les pregunta a varios transeúntes si consideran que pegarle un cachete a un niño es una forma de maltrato, algunos afirmarán y otros negarán con la cabeza. Este simple experimento cotidiano sirve para evidenciar que nos encontramos ante un concepto subjetivo e inservible para juzgar la validez de un acto. Entonces, ¿tiene sentido hablar de «maltrato animal»?

La ética no condena cómo se realiza una acción; sino éstas en sí mismas. El trato (es decir, la manera en que se le pegue) carece de significación o relevancia más allá de los sentimientos que despierten. Las circunstancias podrán determinar que una intervención resulte más o menos comprensible; lo cual ocurre en casos graves como la defensa propia. Sin embargo, desde el punto de vista ético, el contexto no convierte una actuación «mala» en «buena» o viceversa.

Siempre que hablamos de una injusticia habida entre humanos (por ejemplo: una agresión sexual) solamente valoramos aquello que alguien le ha hecho a un tercero. Si tal sujeto incurre en una violencia extrema, ello lo condenamos y comentamos; no obstante, en ningún momento nos plantearíamos que un ataque más «suave» o «moderado» no habría tenido nada de malo.

¿Quién postularía una «violación humanitaria» hacia una mujer? Suena ridículo, ¿verdad? Pues cuando los activistas planteamos el fin de la explotación animal, suelen respondernos con que la solución consiste en explotarlos con miramientos (bienestarismo). Ante una injusticia resulta imperativo ser «radical». Por supuesto, algo radical no equivale a «malo»; sino que significa ir a la raíz de una materia.

¡Derechos Animales ya! - Aenor entrega a Pascual premio de leche de bienestar animalEn la fotografía, la organización Aenor le entrega a Pascual un premio por de «bienestar animal». Los ganaderos son los primeros en rechazar el maltrato animal porque no les reporta beneficios, de nada sirve rechazar el maltrato animal si se consumen productos de origen animal.

El «maltrato animal» es un concepto creado por la industria y las organizaciones animalistas para lucrarse

Nosotros, adultos con plenas facultades, somos agentes morales. En consecuencia, cumplimos con el principio de igualdad a tenor de nuestro desarrollo cognitivo alcanzado a una edad determinada. Ahora bien, ¿por qué únicamente lo aplicamos entre miembros de nuestra especie?

Cuando nos referimos a los demás animales, cada acontecimiento solemos enjuiciarlo de forma unilateral. Enfocamos al ser humano partícipe y sólo parece importarnos la forma en que hizo algo o los motivos que lo llevaron a ser injusto con otros individuados ajenos al Homo sapiens. Evaluamos los daños causados a modo de peritaje y se utiliza el término «maltrato animal» en referencia a aquellos ejercicios innecesarios para lograr un fin.

Condenar el «abuso animal» únicamente implica rechazar aquel daño que no nos beneficia. Ahí radica la clave: si obtenemos un beneficio aceptado socialmente al explotar a animales no humanos, justificamos dichas acciones para ejecutarlo. Por el contrario, si no cosechamos un provecho aprobado en sociedad, recurrimos al susodicho «maltrato animal», una manera de señalar «maltrato sobre la propiedad».

La crianza y el asesinato sistemáticos están legalizados e institucionalizados por la asunción de que somos superiores y el mito de que explotar a otros animales sea necesario. Así como también lo están otras acciones que vulneran la vida, libertad e integridad de los animales.

¡Derechos Animales ya! - Cartón de huevos de gallinas felicesEn los últimos años, la industria es cada vez más consciente de utilizar el reclamo de los sellos de bienestar animal y de posicionarse con el maltrato animal para incrementar el consumo y el precio de sus productos. Los animalistas que se limitan a hablar de maltrato animal son culpables en gran medida de esta situación.

El «maltrato animal» esconde una ideología bienestarista

Ciertos animales reciben un mayor valor moral por parte de amplios grupos humanos: perros, gatos, toros, chimpancés, caballos, delfines, ballenas y unos pocos «afortunados» más. Esto se debe a razones sentimentales (personales); pues la posesión de intereses inalienables es un rasgo compartido por casi la totalidad del reino animal.

Debido al prejuicio moral del especismo, asumimos dogmáticamente que existan animales «mejores» y «peores», es decir, vidas más importantes que otras. Para los primeros, según cuáles casos, hemos reducido el umbral de «explotación permitida» bajo el rechazo tajante al «maltrato animal» y, para los segundos, prácticamente cualquier actividad humana se ve implícitamente respaldada por proceder de unos servidores.

A partir de la subjetividad del concepto de «maltrato animal», unido a la discriminación moral según la especie, surgen campañas arbitrarias cuyo fin consiste en acabar con aquellas formas de explotación (p. ej: tauromaquia, festejos, etc.) situadas por encima del umbral admitido por la ciudadanía general, tanto en lugares donde dicha frontera se percibe como autóctona (tauromaquia) como alóctona (festival de Yulin). Toros y perros son víctimas del mismo fenómeno que afecta a los restantes animales: la cosificación moral.

Reprobar o endemoniar los comportamientos de humanos procedentes de otras nacionalidades, por cometer las mismas injusticias que los ciudadanos de Occidente, incurre en una marcada hipocresía apenas concebible por la disonancia cognitiva entre aquello que a uno desde pequeño se le ha enseñado que está bien hacer y qué no.

No existe bienestar animal alguno en ningún caso. Asimismo, quienes defienden a las empresas responsables de tales luchas mediáticas caen de lleno en las contradicciones ya expuestas y debieran dejar de discriminar a unos animales no humanos frente a otros para actuar justamente.

Leones entre rejasVíctimas de la cosificación moral en una cárcel destinada a quienes no pertenecen a nuestra especie. El concepto «maltrato animal» se limitaría a pedir una jaula más grande para ellos. ¿Les serviría de algo? ¿Por qué toleramos esto?

¿Qué podemos hacer?

Nuestro error fundamental reside en creernos con legitimidad para regir la vida de otros individuos a la par que propugnamos vigorosamente que nadie debe gobernar la nuestra. Se trata de una cuestión moral; no legal. Por ende, resulta incoherente exigir leyes contra el «maltrato animal» al mismo tiempo que se deja a la mayoría fuera y condicionamos la entera existencia de millones de personas no humanas. ¿Cómo va a ser posible fijar un marco práctico derivado de una incongruencia teórica? No habrá medidas ni regulaciones que los protejan como sujetos de derecho hasta que primeramente no se reconozcan sus intereses inalienables.

No habrá justicia hasta que no nos opongamos a la explotación de todos los animales no humanos de la misma manera en que contrariamos la explotación humana. Ése es el significado del veganismo. A lo largo de esta página puedes obtener información sobre cómo llevar el veganismo a la práctica.

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La educación animal y los aspectos éticos subyacentes

¡Derechos Animales ya! - Bulldog con cara de aburridoLa convivencia con animales puede ser difícil y compleja. La educación animal o su adiestramiento debería estar siempre encaminado en favorecer la comodidad y el bienestar del animal que vive en un entorno humano. No es justo que los sometamos a nuestros caprichos ni que los obliguemos a obedecer por simple sentimiento de superioridad.

La convivencia con animales debe ser respetuosa

En la actualidad estamos rodeados de animales domesticados, ya hablemos de la ciudad o del campo. Aquellas personas más concienciadas recogen —adoptan— animales que no pueden —legal o contextualmente— valerse por sí mismos para darles una vida mejor. Sin embargo, muchos humanos crían perros, gatos y a otros animales para fines antropocéntricos y acentúan, con ignorancia o conocimiento de causa, dos problemas gravísimos al que apenas hacen mención en los medios: el abandono de animales y la sobrepoblación animal por efecto antrópico de especies domesticadas en detrimento de las especies «salvajes».

A raíz de que no siempre la relación humano-animal es deseada o se desarrolla de una manera preconcebida, desde hace ya varias décadas pueden encontrarse en librerías y supermercados multitud de libros y revistas especializados en el adiestramiento de animales y su enseñanza, a menudo forzada, para que se adecúen a los intereses u preferencias de sus amos.

En estos manuales suele aparecer un humano en posición amenazante, señalando con el dedo índice a un can para indicarle ‘yo mando’. También los hay con títulos bastante sugerentes como «doma rápida» o «entrenamiento seguro», si hablamos de caballos, con foto incluida de un hombre dándole cuerda a un caballo en un picadero o atalajando a uno. Con frecuencia, se trata de camuflar un interés personal bajo la excusa de la necesidad.

¡Derechos Animales ya! - Gato debajo de una mantaLa educación animal debe ajustarse a las necesidades oportunas de una convivencia con animales. Debemos recordar que nuestra casa no es el hogar perfecto para perros, gatos y otros animales domesticados. Si nos importa su bien, debemos respetar sus vidas en la medida de lo posible, alimentarlos sin causar víctimas, dejar de criarlos, de participar en su explotación y de vulnerar su integridad.

La educación animal parte desde un enfoque antropocéntrico

En virtud de nuestra transmisión cultural, no hemos de extrañarnos de que nuestra especie se crea con legitimidad para dominar a otras a cualquier precio o para imponer unilateralmente sus condiciones. A los humanos, en términos generales, nos encanta el control y la dominancia sobre otros. En ello se fundamentan las guerras que asolan el mundo, el terrorismo, los gobiernos dictatoriales y el triunfo del capitalismo; por destacar algunos ejemplos. Desde siempre hemos incumplido el principio de igualdad. Aunque una educación, en sentido estricto, puede «mejorar» la relación entre ambas partes si se practica con miramientos, resulta conveniente pararse a pensar y recordar que ésta ya parte desde un punto desequilibrado.

En nuestro entorno humanizado se requiere que los animales mantengan una actitud determinada o asuman una situación para evitar peligros (pj: correas) o que sufran un accidente. Esta descompensación aludida subyace en que la relación humano-animal siempre nace por menester del humano (obviemos contextos muy improbables, como la posibilidad de encontrarnos con un leopardo en la sabana africana) y, normalmente, éste lo hace con un fin propio, individual y egoísta; por especismo.

Debemos recordar que cualquier animal, si pudiera desde pequeño, optaría por eludir nuestra presencia y poder vivir con los demás miembros de su especie en libertad y sin vernos nuestras feas caras. Por tanto, una educación animal puede beneficiar al animal en cierto modo sólo y exclusivamente mientras nos hallemos en un ambiente humanizado y diferente al medio natural; nunca nos corresponderá tal potestad en ambientes «naturales».

Conclusión

Hemos alterado casi todos los hábitats ambientes conocidos y ya no hay vuelta atrás. Aquéllos que respetamos a los animales deseamos que no se siga con la destrucción de hábitats ni con el forzamiento al vasallaje, es decir, a convertir más especies animales salvajes (o casi) en especies domesticadas. ¿Habrá un futuro mejor para estas especies? No lo sabemos y yo, personalmente, no estoy muy esperanzado en esta dirección utópica a menos que la sociedad avance con pasos agigantados hacia el entendimiento de que todos los animales merecen respeto.

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Las falacias dialécticas más comunes para justificar la explotación animal

Fragmento del cuadro La escuale de Atenas - Falacias dialécticas
Las falacias dialécticas son comunes en toda clase de discusiones y debates.

Falacias dialécticas contra los Derechos Animales

La dialéctica es el arte de dialogar, argumentar y discutir. Igualmente, también se define como el método de razonar a partir de principios y recibe muy diversas acepciones más. Según mi opinión y como bien sabían los antiguos griegos, dominar esta disciplina requiere una gran capacidad de raciocinio y, sobre todo, una destacada perseverancia. Es una pena que en la actualidad, un mundo dominado por las masas, los debates que tan comúnmente conocemos no hagan sino incurrir en graves errores de argumentación.

El propósito en esta entrada se resume en señalar y remarcar cuáles son las falacias dialécticas más habituales, usadas por diferentes personas de toda índole y posición para justificar de alguna o en toda medida cierto tipo de explotación animal. ¿Qué espero lograr con estas sencillas indicaciones? Pues que mucha gente concienciada con una ética regida por el principio de igualdad «sepa» qué responder y cómo refutar los argumentos (casi siempre inválidos) lanzados en contra de tales principios.

Con base en mis propias experiencias, citaré aquellos razonamientos falsos que conozco de primera mano con sus respectivos ejemplos ofrecidos por mí. Las definiciones, en cambio, provienen de la Wikipedia. He decidido utilizarlas por su sencillez.

Breve listado de falacias dialécticas

Ad antiquitatem

El argumento ad antiquitatem (apelación a la tradición) es una falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo o creyendo desde antiguo, entonces es que está bien o es verdadero.

Ejemplos:

  • Las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades lúdicas o laborales llevan existiendo toda la vida. Por algo será.
  • Las fiestas taurinas y otros festejos con animales se remontan desde la Edad Media.
  • La caza de delfines y ballenas constituye una parte fundamental en cuanto a la cultura de varios pueblos nórdicos.
  • Los humanos siempre hemos utilizado plantas y animales. No es nada nuevo.

Refutación: El interés humano ha promovido desde siempre la explotación de animales no humanos para cumplir determinados fines. Estos designios o usos de los nohumanos sólo responden al egoísmo humano y a su visión antropocéntrica. Dado que la naturaleza humana no ha cambiado desde que nos consideramos como tal, resulta esperable que se mantengan muchas prácticas basadas en el utilitarismo. Conlleva igualmente injusticia a otras especies por el mero hecho de no ser humanas (especismo).

Ad consequentiam

El argumento ad consequentiam (dirigido a las consecuencias) es una falacia lógica que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a las posibles consecuencias negativas o positivas del mismo.

Ejemplos:

  • Si nos oponemos a la industria cinegética se perderán miles de puestos de trabajo.
  • Prohibir las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades supondrán una pérdida enorme en la cultura e identidad de un pueblo.

Refutación: Ni la investigación con otros animales es capaz de curar todos las enfermedades o males de nuestra especie ni la ausencia de ésta niega la posibilidad de que en un futuro se desarrollase otro tipo de investigación más efectiva no basada en la explotación animal. Fundamentar la existencia de una industria por el supuesto de mantener puestos de trabajo no asegura realmente que éstos se conserven para siempre; así como la eliminación de ésta no implica que a estos trabajadores no pueda otorgárseles otro puesto con un fin distinto. Un acciones especistas tales como las expuestas arriba se dejen de practicar no significa que la comunidad deba olvidar qué y cómo se hacía; todo ello con el objetivo de asegurar que no se vuelvan a repetir.

La veracidad de un argumento no depende de sus consecuencias al igual que la veracidad de una ley física tampoco depende de sus consecuencias.

Ad ignorantiam

El argumento ad ignorantiam (llamada a la ignorancia) es una falacia que consiste en sostener la verdad (o falsedad) de una afirmación alegando que no existe evidencia o prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario.

Ejemplos:

  • Como ningún animal habla, ninguno de ellos alcanza una inteligencia cercana a la humana.
  • No se puede demostrar que un animal merezca tener derechos como las personas.
  • Si un caballo no se queja al tirar de un carro o un arado significa que no le importa y no sufre.

Refutación: La inteligencia animal no ha de analizarse según los patrones de nuestras capacidades. Al igual que nosotros no juzgamos nuestra invalidez para volar o ver en el infrarrojo; no es razonable exigirles a aves o serpientes que se comuniquen de una forma y complejidad similares a la humana. Que algún animal sea o no capaz de superar la prueba del espejo no implica que no cuente con conciencia de sí mismo ni que a causa de tal hipótesis poseamos legitimidad para situarla en un peldaño moral inferior.

La última proposición mostrada corresponde con una variante distinguida: falacia de quietismo o de reserva (también llamada «el que calla, otorga»). El argumentador asume que la situación del animal debe de ser satisfactoria, simplemente porque éste no expresa ninguna queja sobre su estado. De que no se queje no se puede inferir que no haya nada que lo moleste, irrite o asuste. De hecho y al igual que ocurre con las personas humanas, puede sentir buenas razones por las que no manifestar ese malestar; por ejemplo, si recibe golpes al reaccionar negativamente ante el trabajo encomendado o a la hora de aparejarlo.

Ad nauseam

El argumento ad nauseam es una falacia en la que se argumenta a favor de un enunciado mediante su prolongada reiteración, por una o varias personas.La apelación a este argumento implica que alguna de las partes incita a una discusión superflua para escapar de razonamientos que no se pueden contrarrestar, reiterando aspectos discutidos, explicados o refutados con anterioridad.

Ejemplos:

  • En clase enseñan que los animales sólo sirven para satisfacer las necesidades del hombre.
  • Todos dicen que los toros intentan empitonar porque son bravíos por instinto.
  • Los caballos son unos animales que viven como reyes: están bien cuidados y reciben mimos.

Refutación: Que una mentira sea mil veces contada y repetida no la convierte en verdad. En general, todos estos enunciados se conocen típicamente como «prejuicios» o «leyendas urbanas»; así pues y en general, basta con tratarlos según el caso de un modo análogo a como se asumirían en contextos humanos.

Ad populum

El argumento ad populum (dirigido al pueblo) es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo.

Ejemplos:

  • A una vasta cantidad de gente les encanta las carreras de caballos; por tanto, no hay nada de malo.
  • Actividades como la doma o el enganche se justifican porque apasionan a un gran público.
  • Los zoológicos o acuarios son centros muy educativos: los niños siempre desean visitarlos.

Refutación: Que la gente vea con buenos o malos ojos cierta materia no se correlaciona con la justificación de ésta. El «bien» o «mal» ético no están subyugados a la democracia, sino al uso de la razón.

Ad verecundiam

El argumento ad verecundiam o magister dixit es una forma de falacia que consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia.

Ejemplos:

  • La Tierra y los animales pertenecen al hombre y son su recurso porque así lo detalla la Biblia.
  • Si los expertos en equitación aseguran que el caballo no sufre, seguro que es cierto.
  • Creo que los animales no tienen sentimiento porque lo leí en Internet.

Refutación: Ampararse en los dichos o hechos de un ente considerado como autoridad (o considerado así) para respaldar o desaprobar algún argumento carece de validez. Nuestro propio criterio y cordura debiera alejarnos de los infundios o, simplemente, de aquello referido a un escenario ajeno (no extrapolable).

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Explotación hacia los caballos: Espuelas

Diferentes tipos de espuelas

Las espuelas se definen comúnmente como una rodaja de espigas metálicas terminadas en punta que, ajustada al talón de un calzado, se emplean para «picar» a la cabalgadura. En esta entrada voy a analizar brevemente los usos de este artilugio de tortura, las malconcepciones (falsas creencias) habidas acerca de su supuesta necesidad y simbolismo, y los efectos sobre el animal.

Usos

Las espuelas suelen emplearse, o incluso a veces vienen impuestas en ciertos campos, con el objetivo de obligar a dicha montura a que «respete» (obedezca) al jinete o se doblegue rápidamente a su voluntad. El «funcionamiento» resulta muy sencillo: dado que las ijadas y la zona alrededor de las caderas son una región corporal ultrasensible en los équidos, cualquier tipo de presión, ya sea mayor o menor, supone una notable molestia para el cuadrúpedo. Éste aprende, a través de una forma negativa y nada excusable al provenir de una autoproclamada especie inteligente, que sufrirá dolor si no responde a los deseos de quien lo cabalga.

Según exponen algunas encuestas realizadas en foros, aproximadamente el 50% de quienes utilizan este instrumento sólo lo hacen como estímulo («refuerzos positivos») y el 50% restante lo usa tanto para estimular como para castigar («refuerzos negativos»).

Personalmente, los conceptos de «refuerzos positivos» y «refuerzos negativos» me parecen grotescos, ridículos, eufemísticos y subjetivos. En términos humanos habría que hablar de «amenazas» y «castigos», respectivamente.

Malconcepciones

No pocos «expertos de la equitación» en no pocas escuelas aconsejan de uno u otro modo la utilización de espuelas. Aluden a que así el caballo responde mejor, que si se avanza más rápido en la doma, que si reunión con el animal, etc. Por una parte, algunos mencionan que no se recomiendan para jinetes novatos o recién iniciados; sino que son una especie de medalla, trofeo o signo de reconocimiento para aquéllos más experimentados: «las espuelas hay que ganárselas» [sic] (no explicado de esta manera tan nimiamente heroica, claro). Otros, por el contrario, enseñan desde primera hora a sus alumnos una «equitación» con espuelas.

¿Se justifica el empleo de espuelas? ¿Se requieren realmente para algo?

La respuesta es NO, un buen jinete sabe que bastan unos suaves toques con las pantorrillas para hacerse entender. Ningún proceso de la doma (entendida en un sentido utópicamente respetuoso: es antinatural de por sí que un animal obedezca a otro animal) precisa instrumento alguno que atente contra la integridad de los individuos. Ésta es simple y llanamente una herramienta de sometimiento; una vía engañosamente fácil de dominar a la «bestia».

Efectos

Empleadas con desafuero, las espuelas pueden causar contusiones, heridas y sarpullidos; cuanto más, un miedo terrible en el animal. En muchas ocasiones reciben espuelazos de jinetes desaprensivos sin ton ni son, lo cual provoca que estos ejemplares queden «inservibles» para los propósitos que las personas les han egoístamente encomendado.

Conclusión

Para ser justos debemos posicionarnos en contra de todas las disciplinas ecuestres y, en definitiva, de toda explotación caballar (animal en general): competición (hípica), crianza (yeguadas), monta, compra-venta (empresas, particulares)… Incluido asimismo los enganches y demás carruajes con finalidad exhibicionista, laboral, religiosa (romerías) u ociosa.

Tampoco debiera aceptarse desde un punto de vista ético acciones especistas tan asentadas y glamurosas como el hecho de pasear a caballo. Jamás resulta ético ninguna acción ni ningún arreo, guarnición o atalaje dispuesto para la explotación y el sufrimiento ajeno.

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«Azabache», de Anna Sewell

Portada libro Azabache (Black Beauty) - Anna Sewell«Azabache» es el título y nombre del protagonista de una novela juvenil que, escrita a finales del siglo XIX por Anna Sewell, se hace eco de las condiciones de la esclavitud de los caballos.

Azabache: las vivencias de un caballo en primera persona

Cita de la autora:

«We call them dumb animals, and so they are, for they cannot tell us how they feel, but they do not suffer less because they have no words».

«Los llamamos animales mudos, y así lo son al no podernos contar cómo se sienten; pero no sufren menos porque no tengan palabras».

Título original: Black Beauty (Literalmente: Belleza negra)

Reseña personal

Anna Sewell fue una escritora ingeniosa y muy peculiar; una mujer adinerada que, minusválida, requería constantemente la ayuda de sirvientes para moverse dentro de casa y la explotación de équidos para el transporte por la ciudad. Esta señora, tremendamente idealista, se propuso a una edad ya muy avanzada el escribir una novela juvenil para plasmar sus críticas y experiencias en torno a aquéllos a quienes mejor conocía: los caballos y el trato que les daba la gente, con la ilusión de mejorar el día a día de éstos y su condición de vida.

Esta novela, narrada en primera persona por un caballo, tiene como protagonista a Azabache. Un equino que, de una manera amena y estoica, narra sus vivencias desde que era un simple potrillo hasta la vejez. Cada etapa y cada dueño por los que pasa le servirán para conocer mejor a los humanos, sus manías, caprichos, excentricidades y arraigados convencionalismos.

A sabiendas, Anna Sewell aprovecha al máximo las circunstancias planteadas para hacernos ver qué hacemos los humanos y por qué lo hacemos en una velada actitud removedora de conciencias. Posiblemente, la autora hubiera estado bastante de acuerdo con argumentos similares a los expuestos incluso por actuales explotadores ecuestres.

A través de Azabache, su protagonista y narrador, descubrimos que la postura de la autora es bienestarista. Condena la manera en que la sociedad explotaba —y explota— pero no cuestiona el mero hecho de que sean usados como medios de transporte ni para otros fines. Azabache, en un sentido metaliterario, corresponde a un alter ego de la autora que incurre en el sesgo antropocéntrico y bienestarista al asumir que los caballos y otros animales serían felices con sólo recibir un trato amable.

Recomiendo este clásico de la literatura inglesa por su calidad literatura, temática e impacto social. Es una obra que interesará tanto a jóvenes como a adultos que sientan una especial apego por los Derechos Animales y las acciones humanas sobre la naturaleza. Este libro, al menos, merece el mérito de que logró influir muchísimo en la Inglaterra de finales del siglo XIX y favoreció la supresión de ciertas prácticas hacia los caballos poco comunes en la actualidad.

Quizás, el impacto habría sido mayor si no hubiese estado censurado durante todo el periodo del Apartheid; pues, aunque no se centra en la raza negra ni en la esclavitud humana, las analogías entre las características de ambos fenómenos son más que evidentes.

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Tanto la versión original de «Azabache» —en inglés británico— como la traducción al español están en dominio público.

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