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Natrix natrix se hace la muerta

Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas

Natrix natrix se hace la muerta - Estrategias defensivas de los reptiles

Las estrategias defensivas de los reptiles comprenden distintos mecanismos activos y pasivos. La estrategia de «hacerse el muerto» es un mecanismo activo típico de Natrix natrix.

Estrategias defensivas de los reptiles

Para defenderse de todos unos y otros depredadores, los reptiles utilizan distintos mecanismos de defensa activa, además de los pasivos relacionados con la coloración (cripsis, aposematismo, mimetismo batesiano) ya citados previamente. Tan variados como los tipos de depredadores, los mecanismos activos van desde la huida hasta el contraataque, e incluyen algunos tan peculiares como la estrategia de «hacerse el muerto», típica de la culebra de collar, o el mimetismo batesiano, que consiste en imitar el comportamiento de las víboras.

Estrategias defensivas de los lagartos y lagartijas

Como estrategia defensiva, muchos lagartos pueden desprenderse voluntariamente de una parte de la cola por autotomía. Una vez roto, este apéndice se regenera, pero el aspecto externo de la nueva cola es bastante diferente, y más aún su anatomía interna, ya que las vértebras y los músculos se sustituyen por una estructura cartilaginosa y muscular continua que ya no podrá autotomizarse.

La autotomía de los lagartos es muy efectiva como medio de defensa. Cuando estos animales están en peligro suelen huir hasta el escondite más próximo (cuando no confían plenamente en la cripsis); pero si se sienten acorralados presentan la cola al depredador y se desprenden de ella; mientras la cola se agita violentamente en el suelo distrayendo al agresor, el resto del lagarto puede alejarse y refugiarse en un lugar seguro.

Sin embargo, aquellos ejemplares que han sufrido la pérdida de la cola —incluso si ya la han regenerado— tienen menores probabilidades de supervivencia y de reproducción. En Podarcis lilfordi se ha comprobado que presentan una menor distancia de huida que los que mantienen la cola intacta. No obstante, dicha especie presenta una tendencia a no perder la cola porque en los islotes donde vive hay pocos depredadores, por lo que este apéndice funciona más como reserva energética. La misma tendencia se observa en los lagartos canarios, incluso de forma tan acusada, pues la autotomía apenas se produce.

Cuando se sienten acorralados, los grandes lagartos a menudo plantan cara al agresor, por grande que éste sea, quizás para no recurrir más que in extremis a la energéticamente costosa autotomía de la cola. Muchas serpientes también contraatacan mediante mordidas si bien, curiosamente, las que suelen utilizar con menor frecuencia el contraataque son las víboras, debido probablemente al elevado coste energético que representa la producción de su veneno, cuya función principal yes la de inmovilizar a las presas.

Estrategias defensivas de las tortugas

Las tortugas terrestres se protegen de la depredación ocultando las patas, el cuello y la cabeza en su eficiente caparazón, que en el caso de las tortugas caja (géneros Terrapene, Cuora y Cyclemys) llega a ser inexpugnable. Esta pauta de comportamiento también la utilizan en ocasiones los semiacuáticos galápagos; aunque estas tortugas casi siempre prefieren huir y refugiarse en el fondo del agua o del curso del río. Las Trionyx y otros trioníquidos, tortugas que tienen el caparazón blando incluso cuando son adultas, se defienden de sus agresores mordiendo activamente, método defensivo al que también recurren las norte-americanas tortuga mordedora (Chelydra serpentina) y tortuga aligator (Macrochelys temminckii), primitivos que no pueden esconder por completo su gran cabeza bajo el espaldar.

Estrategias defensivas de los reptiles más sorprendentes

Finalmente, algunas especies de reptiles adoptan una estrategia defensiva que utilizan al mismo tiempo como estrategia de caza al acecho. Se da cuando la cripsis no sólo les sirve para pasar desapercibidas ante los depredadores, sino también para que las presas se confíen y se acerquen. Este procedimiento se puede perfeccionar mediante un cebo: algunas tortugas —como la citada aligátor— poseen un apéndice en la lengua que parece un gusano que atrae a los peces; y la víbora de Peringuey se entierra en la arena del desierto; pero mantiene fuera la cola, la cual no tiene un color terroso sino un tono negruzco que destaca del entorno para que el incauto cazador de gusanos sea cazado por la venenosa serpiente.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

  1. Biología de los reptiles (I): Características generales
  2. Biología de los reptiles (II): Origen y evolución
  3. Biología de los reptiles (III): Regulación de la temperatura
  4. Biología de los reptiles (IV): Piel, escamas y coloración
  5. Biología de los reptiles (V): Esqueleto, órganos de los sentidos y otros detalles anatómicos
  6. Biología de los reptiles (VI): Reproducción
  7. Biología de los reptiles (VII): La locomoción y sus adaptaciones
  8. Biología de los reptiles (VIII): Locomoción en el medio hipogeo
  9. Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo
  10. Biología de los reptiles (X): Locomoción en el medio acuático
  11. Biología de los reptiles (XI): Alimentación
  12. Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas
  13. Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles
  14. Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas
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Coronella austriaca engulle una lagartija - Depredadores de reptiles

Muchos depredadores de reptiles son también reptiles. En la fotografía, un miembro de la especie Coronella austriaca engulle una lagartija.

Depredadores de reptiles

Los reptiles sufren depredación por otros reptiles, por aves y por mamíferos, aunque en el ámbito de la fauna ibérica sólo suelen ser presas accesorias en la dieta de estos últimos, con la notable excepción de la culebrera europea o «águila culebrera» (Circaetus gallicus). En poblaciones isleñas, sin embargo, las lagartijas pueden ser presas importantes de otras aves; así, por ejemplo, varias poblaciones menorquinas de lagartija balear tienen en el cernícalo vulgar a uno de sus máximos cazadores [Barbadillo et al., 1999]; y los lagartos atlántico y tizón son presas habituales de cernícalos y alcaudones, mientras que la lagartija de Columbretes es presa muy habitual de la gaviota patiamarilla.

Aparte de estas aves, los reptiles ibéricos sólo representan un porcentaje importante en la dieta de otros reptiles [Salvador et al., 1998]. Las lagartijas, por ejemplo, son elementos importantes en la dieta de los adultos de la culebra lisa europea, y mayoritarios —a menudo junto con las salamanquesas— en la dieta de los adultos de la culebra lisa meridional y de las culebras de cogulla, así como de los subadultos de culebra de herradura. Los juveniles de los lagartos ocelado, verde y verdinegro y del lución también son presas importantes de los adultos de la culebra lisa europea. Los adultos del lagarto verde son a veces capturados por la culebra de Esculapio y los del lagarto ocelado, por la de escalera; cuyos juveniles a menudo depredan lagartijas.

Los escamosos en general —incluidas las culebrillas legas, los eslizones y varias culebras, entre ellas los juveniles de su propia especie— son las presas preferidas de la culebra bastarda y a menudo las capturan las víboras hocicuda y de Seoane, y más ocasionalmente la víbora áspid. Las lagartijas también pueden ser depredadas por los lagartos verdinegro (que consume muchas lagartijas del género Iberolacerta), por el ocelado —que también caza salamanquesas, culebrillas ciegas, culebras de agua e incluso jóvenes de su propia especie— y por el lagarto verde, que sólo las depreda ocasionalmente. Las lisas canarias y los perinquenes, por su parte, pueden ser presa de los lagartos de Lehrs y tizón, en tanto que las lagartijas cenicienta pueden ser capturadas por varias culebras e incluso por el insectívoro camaleón.

Varios escamosos, a su vez, practican canibalismo ocasional sobre sus juveniles, como por ejemplo. la salamanquesa común, las lagartijas colirroja y colilarga, el lagarto tizón, el lagarto ágil (en poblaciones europeas no ibéricas), el verde y el ocelado, el loción y las culebras verdiamarilla, lisa europea y bastarda. La salamanquesa común, en concreto, no sólo consume ocasionalmente los juveniles de su propia especie, sino también los de la salamanquesa rosada y de las lagartijas ibérica y balear; en sentido inverso, los adultos de la lagartija ibérica se «vengan» de la salamanquesa común depredando sus neonatos.

Herpestes ichneumon arrastra un ejemplar de Rhinechis scalaris - Depredadores de reptiles

En la imagen, Herpestes ichneumon arrastra un ejemplar de Rhinechis scalaris.

Entre los mamíferos que depredan reptiles terrestres con cierta frecuencia —aunque, recordemos, siempre de una manera bastante minoritaria—, cabe mencionar el erizo moruno, las musarañas canarias, el jabalí (que además ingiere huevos y crías de tortuga verde en sus playas de reproducción), las ratas parda y gris, el zorro, la gineta, el meloncillo, la comadreja, la marta y otros pequeños carnívoros. De entre estos últimos, los que sin duda se llevan la palma son los gatos asilvestrados, que pueden tener un impacto muy negativo en entornos suburbanos y en medios insulares.

Entre las aves depredadoras de reptiles terrestres, citemos las rapaces diurnas (cernícalos vulgar y primilla, milanos real y negro, busardo ratonero, aguilucho cenizo, águilas calzada y culebrera, etc.) y nocturnas, los alcaudones, varios córvidos e incluso túrdidos, la garcilla bueyera, la garza real y las cigüeñas.

Por lo que respecta a los reptiles acuáticos, los huevos, los recién nacidos y los juveniles de las tortugas marinas son depredados por hormigas, cangrejos, cocodrilos y otros reptiles, numerosas aves y peces carnívoros, así como por mangostas, chacales, zorros y coyotes. Los adultos de estos quelonios, incluidos los de la enorme tortuga laúd, son presas ocasionales de tiburones y orcas; aunque sus peores enemigos son las artes de pesca, el consumo humano de sus huevos y las molestias que sufren en las playas donde efectúan la puesta.

Los galápagos, por su parte, son presa de jabalíes, zorros y otros pequeños carnívoros, varias rapaces y cérvidos, garzas, cigüeñas y grandes peces, mientras que la culebra viperina es depredada sobre todo por garzas, cigüeñas, varias rapaces, la culebra bastarda, los erizos, la nutria, el turón y otros mustélidos. Varios de estos depredadores también consumen huevos y juveniles de las tortugas mora y mediterránea, las cuales tienen pocos enemigos cuando son adultas a excepción del coleccionismo (explotación animal) y los incendios forestales. No obstante, si alguna rapaz se encuentra una, puede dar buena cuenta de ella, como es el caso del alimoche, no sin antes emplear una gran cantidad de esfuerzos y energía.

Aunque no sean depredadores de reptiles, un capítulo aparte merecería el mundo de los parásitos, tanto internos como externos; pero se trata de un aspecto poco tratado en herpetología. Con frecuencia se pueden observar ácaros, como las conspicuas especies de color rojo que a veces se ven en las axilas y la cola de las lagartijas y en los dedos de las salamanquesas. Éstas y otros pequeños reptiles pueden acabar siendo presa incluso de invertebrados agresivos, como las mantis.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

  1. Biología de los reptiles (I): Características generales
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Lampropeltis getula olfatea con su lengua hacia fuera

Biología de los reptiles (XI): Alimentación

Lampropeltis getula olfatea con su lengua hacia fuera

La alimentación de los reptiles es muy variada. Todas las serpientes son depredadoras, suelen cazar al acecho y localizan a sus presas gracias a su olfato «vomeriano». En la fotografía se muestra un ejemplar de Lampropeltis getula.

La alimentación de los reptiles

Los reptiles presentan diversos tipos de lengua: larga, bífida y protráctil en las serpientes; carnosa, unida con el fondo de la boca en toda su extensión en los cocodrilos; corta, gorda y carnosa en las tortugas, y varias formas intermedias en los lagartos; aunque los varanos tienen la lengua larga y bífida como las serpientes, y los camaleones tienen una larguísima lengua muy especializada, protráctil y pegajosa, con la que capturan las presas que cazan al acecho.

A excepción de las tortugas, que carecen de dientes y en lugar de ellos poseen un pico córneo con cuyo borde cortan sus alimentos, los reptiles suelen tener dientes cónicos o cilíndricos, dispuestos en hilera a lo largo de ambas mandíbulas. Con todo, existen numerosas variaciones.

Alimentación de los reptiles herbívoros, carnívoros, necrófagos e insectívoros

Los lagartos herbívoros, por ejemplo, suelen tener dientes lateralmente comprimidos y con bordes superiores aserrados —una muestra de ello son los dientes de varias cúspides de los lagartos gigantes canarios—, mientras que las serpientes tienen los dientes mandibulares largos, finos y dirigidos hacia atrás, al tiempo que numerosas especies poseen dientes palatinos y pterigoideos. Algunos ofidios, como es bien sabido, presentan dientes modificados para inocular veneno, provistos de un canal —abierto o cerrado— y conectados con glándulas inoculadoras de la toxina.

Los dientes de los reptiles no suelen tener una función masticadora sino prensil y sirven, sobre todo, para retener a la presa durante la deglución, ya que estos animales suelen ingerir enteras a sus presas. Tan sólo algunas especies necrófagas, como el varano de Komodo, y obviamente los escamosos fitófagos, recortan o directamente arrancan trozos de sus alimentos con los dientes.

Alimentación de los reptiles insulares

La mayoría de los escamosos son predadores, si bien muchos miembros del infraorden Iguania son más o menos omnívoros y algunos, como las iguanas (Iguana, Brachylophus, Conolophus, etc.) y chuckwallas (Sauromalus spp.), son principalmente vegetarianos. Un caso especial entre estas iguanas fitófagas es la conocida iguana marina (Amblyrhynchus cristatus) de las Galápagos, que sólo se alimenta de las algas que quedan al descubierto durante la marea (las hembras y los jóvenes) y de las que busca activamente bajo el agua (los machos adultos).

Podarcis lilfordi kuligae se alimenta de flores, néctar y pólen - Alimentación de los reptiles

En la imagen se observa a un lagarto de la especie Podarcis lilfordi kuligae alimentándose de flores, néctar y pólen.

Además de la iguana marina y las iguanas terrestres de las Galápagos (Conolophus spp.), muchos otros escamosos insulares recurren a la fitofagia. Ésta acostumbra a ser la norma en los hábitats isleños. En la fauna de la Península Ibérica, en concreto, esta fitofagia insular se observa en los adultos de casi todos los lagartos canarios del género Gallotia (los juveniles y adultos que presentan menor tamaño de Gallotia atlantica tienden a ser casi totalmente insectívoros), excepto el de Lehrs, que es principalmente insectívoro a lo largo de toda su vida.

También se observa, aunque en menor medida, en la lagartija balear, cuya dieta omnívora incluye insectos, caracoles, pequeños crustáceos litorales, frutos, flores, polen y néctar; en la lagartija de las Pitiusas, que tiene una dieta similar aunque en vez de flores y néctar consume hojas y brotes tiernos; y en la lagartija italiana, las poblaciones isleñas de lagartijas ibéricas y las lisas y lisnejas canarias que, sin embargo, consumen muchos más insectos o gasterópodos que flores, frutos u otros elementos vegetales.

Alimentación de los reptiles peninsulares

Los lagartos y lagartijas peninsulares, por su parte, suelen ser insectívoros —aunque muchas especies también consumen arácnidos y otros artrópodos, incluso gasterópodos y lombrices—, si bien los de mayor tamaño también consumen ocasionalmente vertebrados, tales como pequeños mamíferos, huevos y pollos de aves, otros escamosos, incluidos los juveniles de su propia especie, y menos a menudo algún anfibio.

Asimismo, hay reptiles básicamente insectívoros como el camaleón (que consume sobre todo insectos voladores), las culebrillas ciegas, los juveniles de algunas culebras, las salamanquesas y perinquenes, los eslizones ibérico y tridáctilo y el lución. Estos dos últimos también consumen otros artrópodos y babosas, y el lución, concretamente, caza lombrices, caracoles y ocasionalmente urodelos y pequeños reptiles.

A diferencia de los lagartos, todas las serpientes son exclusivamente depredadoras. Las españolas, en concreto, pueden depredar sobre todo reptiles, como hacen la culebra de herradura y las culebras de cogulla, que consumen especialmente lagartijas, salamanquesas o eslizones.

Las culebras lisas meridional y europea también capturan luciones y pequeños lagartos y serpientes (la culebra lisa europea caza incluso víboras juveniles). La culebra bastarda ingiere lagartos, culebras, aves y mamíferos.

La víbora áspid y las culebras de Esculapio, de escalera y los adultos grandes de la de herradura depredan pequeños mamíferos. Finalmente, las larvas y adultos de diversos anfibios son presas de las culebras de collar y viperina. Esta última, sin embargo, es algo más eurífaga, ya que también captura invertebrados, tanto acuáticos como terrestres, y en ocasiones pequeños mamíferos, en tanto que las víboras hocicuda y de Seoane cazan reptiles, anfibios, pequeños mamíferos, aves paseriformes y algunos artrópodos.

Respecto a la alimentación de los reptiles y de otros animales, el tamaño de todas estas presas suele estar en relación con la talla del depredador, ya que, como sucede con los anfibios, los reptiles se rigen por el principio de «cuanto más grande mejor». Con este principio llevado al límite, los ofidios capturan con frecuencia —y tragan enteros— animales mucho mayores que ellos gracias a la gran capacidad de separación de sus mandíbulas y de sus costillas. Antes de tragarlos, sin embargo, varias especies los matan a menudo por constricción —culebras verdiamarilla, de Esculapio, de escalera y lisa meridional— o, como en el caso de las víboras, inoculándoles veneno.

Lacerta schreiberi ataca una mariposa diurna - Alimentación de los reptiles

Un miembro de la especie Lacerta schreiberi retiene a una mariposa diurna entre las mandíbulas.

Estrategias de búsqueda de alimento

Las estrategias de búsqueda de alimento en los reptiles está condicionada por su tipo de alimentación, por su parte, varían desde las más lentas y pasivas hasta las más activas, propias de las especies que invierten gran parte de su tiempo en la búsqueda de presas muy lentas o, en el caso de reptiles fitófagos, de los materiales vegetales más apropiados para ellos. En la fauna española el caso quizás más extremo de metodología pasiva es el camaleón, escamoso que acecha inmóvil, camuflado entre la vegetación, a que pase a su alcance una presa apropiada para capturarla instantáneamente con su larga y pegajosa lengua.

La técnica del acecho también la practican, aunque a menudo combinándolo con el rececho o con la búsqueda activa, gran parte de los escamosos de la fauna española. Las lagartijas, por ejemplo, suelen acechar a sus presas observándolas con la cabeza inclinada y relamiéndose el hocico hasta que, de repente, con un rápido movimiento, la capturan y, reteniéndola con los dientes, la engullen lentamente.

La alimentación de las tortugas, por su parte, es vegetariana en unas especies, carnívora en otras y mixta u omnívora en muchas tortugas acuáticas. Las especies terrestres suelen ser básicamente fitófagas: las tortugas mediterránea y mora, por ejemplo, comen hojas, tallos y frutos, aunque ocasionalmente completan su dieta con gasterópodos, otros invertebrados y carroña.

Las tortugas palustres son carnívoras y se alimentan principalmente de moluscos, insectos, caracoles y otros invertebrados, peces, anfibios y en ocasiones pollos de aves, como hace el galápago europeo, aunque existen varias especies omnívoras, como el galápago leproso que, si bien consume sobre todo peces, anfibios e insectos, también come carroña, vegetales e incluso excrementos.

Las tortugas marinas pueden ser básicamente fitófagas, como la tortuga verde, que pace en las praderas submarinas, o bien carnívoras como la tortuga boba, cuyas mandíbulas extremadamente fuertes le permiten depredar moluscos, cangrejos y otros invertebrados de caparazón duro. Otras especies marinas son omnívoras, como la tortuga carey que consume esponjas, erizos de mar, corales y otros cnidarios, algas, plantas marinas e incluso raíces y frutos de los mangles; o como la tortuga golfina, que caza cangrejos, peces, equinodermos, crustáceos, moluscos y algas.

Más estenófaga es la tortuga laúd, cuya dieta se basa casi exclusivamente en medusas, a las que a veces captura a grandes profundidades (hasta más de 1.000 m, si bien por lo general no pasa de los 150-200 m), y sólo accidentalmente captura otras presas. Por todo ello, la alimentación de los reptiles está adaptada al modo de vida de cada uno y se aprecia especialmente diversa.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Biología de los reptiles

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Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo

Ahaetulla prasina se desliza entre las ramas de los árboles - Locomoción en el medio arbóreo

En la imagen, un ejemplar de Ahaetulla prasina se desliza entre las ramas de los árboles.

La locomoción en el medio arbóreo combina varias adaptaciones. Las culebras arborícolas, por ejemplo, tienen el cuerpo muy largo y esbelto, y a veces comprimido lateralmente, lo que les permite trepar o avanzar por entre las ramas con gran rapidez y destreza mediante movimientos ondulatorios del cuerpo. Aunque obviamente en menor medida que las tropicales serpientes liana y serpientes látigo, estas adaptaciones pueden observarse en especies trepadoras de nuestra fauna como las culebras verdiamarilla, de herradura y de Esculapio.

Otros ofidios, como las boas, las pitones y las víboras arborícolas, que son más pesados y lentos, tienen en cambio una cola prensil que les permite agarrarse con firmeza a las ramas de los árboles. Esta adaptación no es exclusiva de las serpientes, ya que algunos escíncidos, ánguidos, agámidos e iguánidos, así como un varano (Varanus prasinus) y la mayoría de los camaleones, también tienen la cola prensil. Estos últimos, que además tienen el cuerpo muy comprimido lateralmente, utilizan también una técnica muy especial para desplazarse por entre la vegetación. Gracias a la transformación de sus patas en verdaderas pinzas, con dos grupos de dedos oponibles en cada pata —dos dedos unidos por un estuche cutáneo se oponen a los otros tres dedos unidos por otro estuche—, los camaleones se desplazan con lentitud pero también con una extrema seguridad por las ramas de árboles y arbustos.

Laminillas adhesivas de las salamanquesas (fondo negro)

A las salamanquesas, sus laminillas adhesivas les sirven para adaptarse al sustrato. Aquí aparece el escaneo de la pata de una Tarentola mauritanica.

La locomoción en el medio arbóreo de algunas serpientes arborícolas, como las culebras Chrysopelea, se produce gracias a que tienen en los lados del vientre y de la cola una fuerte quilla que les sirve de andaje y que les permite trepar por un tronco vertical con una facilidad asombrosa. La presencia de dispositivos de anclaje o antideslizantes también se observa en algunos lagartos como el de cola de sierra (Holaspis guentheri) de África tropical o en los dragones voladores asiáticos (Draco sp.).

Los geckos, como es bien sabido, pueden moverse con gran rapidez por las paredes más lisas y verticales, e incluso por techos planos, con ayuda de las laminillas de la parte inferior de sus dedos. Contrariamente a una creencia común, estas laminillas no son ventosas; sino que su adherencia al soporte se debe a la presencia de miles de pelos microscópicos que se adhieren a las superficies tanto lisas como rugosas porque se adaptan totalmente al sustrato. Gracias a estas estructuras, muchos geckos son capaces de correr incluso por la cara inferior de un cristal. Otros lagartos, como los Anolis y algunos escíncidos, también presentan laminillas de este tipo, aunque menos perfeccionadas que las de los gecónidos.

De un modo similar a las ranas voladoras Rhacophorus, algunos reptiles han logrado dominar el vuelo «en paracaídas» (caída más o menos vertical) y el vuelo planeado (horizontal o inclinado). Entre los primeros cabe citar los gecónidos de los géneros Ptychozoon y Uroplatus, los cuales saltan de una rama a otra inferior en una caída amortiguada. Entre los segundos destacan los dragones voladores, que son capaces de salvar de 10 a 15 metros de distancia en vuelo planeado, o las culebras arborícolas Dendroelaphis y Chrysopelea que, al saltar de un árbol elevado, separan las costillas y contraen su pared abdominal para frenar su velocidad de caída y planear a gran distancia.

Varano de Etiopía trepa ágilmente un árbol (vista dorsal)Varano de Etiopía trepa ágilmente un árbol (vista lateral)

Fotografías de un varano de Etiopía a quien se ve trepando ágilmente un árbol. Izquierda: vista dorsal. Derecha: vista lateral. 

 

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

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Blanus cinereus se desplaza a través de arena con escasa cobertura vegetal - Locomoción en medio hipogeo

Muchos reptiles hipogeos son completamente ápodos, lo cual no les dificulta desplazarse con agilidad y velocidad. En esta fotografía se observa a un ejemplar de Blanus cinereus sobre arena con escasa cobertura vegetal.

La locomoción de los reptiles en el medio hipogeo

En los reptiles que se desplazan bajo tierra se han desarrollado varios caracteres adaptativos, tales como una cabeza cuneiforme con unos ojos atrofiados o protegidos por escamas protuberantes, y unos orificios auditivos y nasales reducidos o también protegidos por escamas. Si un lagarto utiliza sus patas para cavar, los dedos a menudo presentan a los lados una orla de escamas que incrementa su capacidad excavadora. Este carácter aparece por convergencia evolutiva en agámidos, iguánidos, lacértidos, escíncidos y gecónidos que viven en zonas arenosas. Con todo, la adaptación más insólita a la vida en las arenas del desierto es la del gecónido Palmatogecko rangei, cuyos dedos de manos y pies están unidos por una gran membrana palmar que no sólo le permite al lagarto correr sobre la arena sin hundirse; sino también excavarla sin esfuerzo.

No obstante, la utilización de miembros especializados no es el caso más usual entre los reptiles cavadores. La mayoría de las especies psammófilas (que habitan en la arena) utilizan movimientos ondulatorios del cuerpo para avanzar en este medio. Y no sólo las especies más alargadas, sino también otras más rechonchas como el escíncido común (Scincus scincus), un lagarto capaz de «nadar» con tal destreza por la arena que su captura en ella es tan difícil como la de un pez dentro del agua. Por lo demás, muchos reptiles hipogeos muestran las extremidades atrofiadas o bien son completamente ápodos como las culebrillas ciegas y los escolecofidios o «serpientes ciegas», lo que no les impide desplazarse con gran rapidez por la arena o la tierra suelta.

En suelos duros, el avance bajo tierra ya no puede hacerse mediante un movimiento ondulatorio, sino que debe realizarse a la manera de una lombriz. Este medio de locomoción es el que emplean los anfisbénidos y afines, los cuales son capaces de desplazarse con la misma facilidad hacia detrás que hacia delante. Un último sistema de locomoción subterránea es el que consiste en poner rígido el cuerpo y utilizarlo como un ariete (no sólo la cabeza, como las culebrillas ciegas), impulsándolo hacia adelante mientras apoya con fuerza contra el suelo el extremo posterior de una cola muy musculosa. Ésta suele estar provista en su extremo de escamas engrosadas que llevan espinas o pequeñas protuberancias.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

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  5. Biología de los reptiles (V): Esqueleto, órganos de los sentidos y otros detalles anatómicos
  6. Biología de los reptiles (VI): Reproducción
  7. Biología de los reptiles (VII): La locomoción y sus adaptaciones
  8. Biología de los reptiles (VIII): Locomoción en el medio hipogeo
  9. Biología de los reptiles (IX): Locomoción en el medio arbóreo
  10. Biología de los reptiles (X): Locomoción en el medio acuático
  11. Biología de los reptiles (XI): Alimentación
  12. Biología de los reptiles (XII): Serpientes venenosas
  13. Biología de los reptiles (XIII): Depredadores de reptiles
  14. Biología de los reptiles (XIV): Estrategias defensivas
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