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Los derechos individuales y el software libre

Derechos Animales ya - Cocodrilo saliendo de la pantalla de un ordenador portátil - Derechos individualesLos derechos individuales representan la protección moral y legal que todos merecemos como individuos. Debemos preocuparnos también por las implicaciones éticas de nuestro papel como activistas, usuarios o creadores de software. El software libre es ideal para la sociedad del mañana. Y esto lo sabe incluso este cocodrilo que sale desde la pantalla de un ThinkPad.

La importancia de los derechos individuales

Los Derechos Animales, al igual que los Derechos Humanos, toman su base en el individuo. Esto significa que sus fundamentos y campo de acción se enfocan exclusivamente en cada sujeto de una vida; pues cada sujeto posee intereses inalienables propios que se diferencian de los intereses de terceros.

Si los derechos se construyeran sobre un colectivo o sociedad, estaríamos homogeneizando y negando las diferencias e intereses propios de quienes conforman dicho colectivo o sociedad. A tenor de ello, hablamos de «derechos individuales» para aludir a la protección moral y legal de los intereses inalienables de cada sujeto.

Partiendo desde la premisa de que debemos promover y proteger los derechos individuales y de que, como sabemos científicamente, los seres humanos no somos los únicos individuos o personas —seres con intereses inalienables—, llegamos a la conclusión de que deberíamos proteger también los derechos individuales de los demás animales con quienes compartimos el planeta.

Sin embargo, se torna a menudo muy difícil explicar y argumentar por qué los animales merecen respeto en un contexto social en que los derechos individuales se tornan una entelequia o algo incomprensible.

Tras esta introducción sobre la trascendencia global y universal de los derechos individuales, quisiera arrojar un poco de luz relacionando la repercusión y la falta de asunción de los derechos individuales con la importancia y carestía de conocimiento sobre qué es el software libre y por qué deberíamos promoverlo como principio ético dentro del marco de los derechos individuales. En los artículos enlazados se ahonda en aquellos conceptos mencionados, por ello, recomiendo consultarlos para facilitar la comprensión de esta entrada.

Derechos Animales ya - Gato echado sobre un Macbook Air - Software libreEste gato está enfadado contigo porque te has gastado un riñón —y parte del otro— en un MacBook Air y ahora no puedes pagarle el veterinario. Haz caso a tu gato y rompe las cadenas de software privativo tanto como deseas romper las cadenas del especismo.

El utilitarismo y la percepción social de los derechos individuales

La sociedad avanza, pero lo hace lentamente. Nuestro mundo evoluciona en tecnología mucho más rápido que en un sentido moral. La prueba de ello radica en que, mientras hoy podemos viajar y comunicarnos con otros humanos situados en el extremo opuesto del globo, la mayor parte de los problemas ético-sociales vinculados a la humanidad desde sus orígenes (pobreza, asesinatos, gobiernos dictatoriales, dogmas religiosos, guerras, etc.) siguen presentes en la actualidad.

Muchas veces, incluso hoy se presentan en un grado muy superior y aberrante que en épocas pasadas. Como ejemplo tenemos la vigencia del prejuicio especista y la explotación animal.

Aun cuando hemos progresado en minimizar injusticias como la discriminación y la desigualdad entre seres humanos, todavía no se han reducido en absoluto las injusticias ni la discriminación que padecen los animales. Tanto el caso de los no-humanos como el de las injusticias exclusivas de la sociedad humana, la causa radica en una educación ineficiente en una sociedad creciente que tiende hacia el individualismo (la satisfacción del yo) en lugar de a la individualidad (el reconocimiento de una justicia universal basada en el individuo).

Son innumerables los autores contemporáneos, desde académicos a divulgadores aficionados, que critican y condenan la acuciada ausencia de valores en nuestra sociedad actual. Lejos de citar frases grandilocuentes de pensadores reputados, prefiero quedarme con un comentario que hizo mi compañero activista Luis Tovar respecto a la noticia de que, según una encuesta realizada en España, sólo uno de cada tres españoles pondría límites éticos a la ciencia:

No me ha sorprendido la aparición de una encuesta que indica un mayoritario desprecio hacia la ética en España. Un país en el que ‘bueno’ es considerado sinónimo de ‘tonto’. Aparte del hecho de que cada vez más gente va depositando en la ciencia las mismas esperanzas que abandonaron en la religión, como las de lograr la inmortalidad y el paraíso. Así pues, no quieren que se restrinja su actividad.

Uno de los factores que considero limitantes en cuanto a la comprensión de los derechos individuales radica en la amplia extensión del utilitarismo moral. A modo de explicación breve, el utilitarismo es una doctrina dogmática que, surgida de la fusión entre el consecuencialismo y el hedonismo, considera que la moralidad de una acción depende únicamente de la relación entre el beneficio o placer de quien la realiza frente al perjuicio o sufrimiento de quien la padece.

De esta manera, un utilitarista moral considera que acciones contrarias a los derechos individuales —como robar o asesinar— estarían bien y serían aceptables si el ladrón o asesino tuviesen alguna «necesidad» o «justificación».

Opino que esta mentalidad es el origen último de todas las acciones injustas cometidas por seres humanos; pues si supeditamos la ética a los gustos y a la subjetividad de cada quien, entonces todo estaría permitido y pasaría a ser «correcto». En lo que respecta a los derechos individuales, el utilitarismo sería culpable de fomentar dos tipos de comportamientos:

  1. La desconsideración hacia a los intereses inalienables de terceros cuando existe un conflicto de intereses. En lo tocante al veganismo y los Derechos Animales, esto se traduce en la esclavitud y exterminio de animales no-humanos.
  2. La percepción de que sus actos son una «elección personal» y que no deben enjuiciarse a la luz de cómo afectan a terceros. Qué vegano no ha oído alguna vez eso de «comer carne es una decisión personal», ¿verdad?

En referencia al software libre, ambas razones desembocarían en el porqué la sociedad no considera, mayoritariamente, un deber su desarrollo y fomento. En las siguientes líneas trataré de justificar por qué el software libre compete a la ética en general y a los derechos individuales en particular.

El utilitarismo es una monstruosidadPeter Singer, célebre filósofo utilitarista, es bien conocido en nuestro ámbito por rechazar los Derechos Animales apelando a que el beneficio humano se sitúa por encima de sus vidas.

¿Por qué el desarrollo del software libre sería un deber moral?

Si entendemos un principio ético o deber moral como la fundamentación lógica de algo que debemos o no hacer, entonces la sociedad debería fomentar el uso y desarrollo del software libre porque es un requisito necesario —aunque no suficiente— para el respeto de los derechos individuales de quienes usan programas informáticos.

Los programas informáticos, como quizás se sepa, son un conjunto de instrucciones aritmético-lógicas destinadas a la resolución de un problema mediante el procesamiento de datos. Esta definición general, la cual podría complicarse hasta límites insospechados, sirve tanto para explicar el funcionamiento de un sistema informático complejo como el de un pequeño videojuego.

Debido a la naturaleza intangible de un programa y a la forma en que la computadora los procesa, cuando el usuario ejecuta un programa no puede ver ni ser consciente realmente de cuáles instrucciones está cumpliendo la computadora o de si alguna de tales instrucciones vulnera sus intereses fundamentales.

Pongamos el ejemplo de un usuario que ejecuta un programa para escribir un texto en su propio ordenador, el usuario, mientras lo ejecuta, no tiene —o potencialmente no tiene— maneras de saber si el programa sólo y exclusivamente está procesando los datos que introduce para cumplir el fin para el cual ha brindado su consentimiento —al tomar su decisión de usar el programa— o si, por el contrario, el programa está vulnerando su consentimiento al realizar otras tareas que desconoce o que atentan directamente contra sus intereses inalienables.

¿Enviará el programa una copia de ese texto a un tercero? ¿Enviará el programa datos de geolocalización que les facilitarán a terceros el control sobre este individuo? ¿Perjudicará este programa al usuario de algún modo?

Derechos Animales ya - Perro con gafas junto a un ordenador MacEl software privativo, como sucede con la industria de la explotación animal, se basa en la publicidad para darles una buena imagen a sus productos y ocultar su falta de escrúpulos.

Software libre contra software privativo

Si nos referimos al software privativo —aquél en que el usuario carece de las cuatro libertades definidas por Richard Stallman a través de la Free Sotware Foundation—, la respuesta corta es que ni el usuario ni ningún experto bienintencionado podría responder a esta pregunta porque el código que constituye el programa únicamente lo conocen los programadores que lo han creado o los depositarios legales de tal derecho.

Por tanto, un programa privativo puede, a expensas de la ley, vulnerar sistemáticamente los derechos individuales y seguir haciéndolo sin delito punible ante la carencia de una posible prueba o evidencia.

En cambio, el software libre —del inglés free software—, cuyo código es visible y puede ser conocido por cada usuario del programa, solventa este conflicto ético —yo lo llamo «inopia ética»— al poderse demostrar fehacientemente qué hace y no hace el programa en cuestión.

Cuando un usuario ejecuta un programa libre, puede estar seguro —o potencialmente seguro— de que ejecuta el programa no sólo con su consentimiento aparente, sino con su consentimiento verdaderamente informado y con plena información de su acción y riesgos.

Atendiendo a estos argumentos, todo programa informático debería, al menos, permitir el estudio y la revisión de su código en tanto que esto sería requisito indispensable para garantizar los derechos individuales del usuario. Dicho estudio y revisión no habría de estar reservada a un grupo exclusivo de individuos o depositadores de derechos en tanto que, al faltar un control «democrático», esta situación podría desembocar en fraude por conflicto de intereses.

Un programa cuyo código sea visible y obtenible por todos, pero sin necesidad de brindar ninguna libertad al usuario —de acuerdo con las cuatro libertades definidas en la Free Software Foundation— recibe el nombre común de «código abierto» (proveniente del inglés open source).

Alguien podría afirmar que un programa con estas características ya cumpliría la condición argumentada de que todo programa informático debería ser transparente al usuario. Sin embargo, en las siguientes líneas expondré por qué no basta con que un programa sea de código abierto para garantizar los derechos individuales del usuario.

Derechos Animales ya - Gato sentado sobre un ordenador portátil - Software libreEste gato ya está hasta la coronilla de ti porque todavía usas Windows 7. Para colmo, te oyó decir que ibas a pasarte a Windows 10 porque te gusta la voz de Cortana.

¿Por qué no basta con que un programa sea de código abierto?

Si un programa privativo supone, en todos los casos, un riesgo potencial para la intimidad y el consentimiento del usuario por falta de transparencia —y, por esta razón, debemos rechazar su uso y dicho modelo de desarrollo—, un programa de código abierto también conlleva otra violación de los derechos individuales: la libertad del usuario para alterar tal software.

Si entendemos un programa como una herramienta a raíz de que siempre está destinado a cumplir una función —a tener una utilidad— para un sujeto, cualquier usuario debería tener la libertad legal de alterar o modificar dicha herramienta. Esto puede justificarse con una sencilla analogía: si compramos un martillo, ¿no tenemos acaso la libertad moral de transformarlo, romperlo o venderlo? Sí, ¿verdad? Así ocurre porque se entendemos, por medio de la lógica, que cualquier manipulación humana sobre una herramienta de su propiedad corresponde a necesidades básicas como la creatividad, la recreación o la libertad de expresión mediante los cambios efectuados.

Un programa de código abierto no tiene por qué cumplir u ofrecer las cuatro libertades definidas para el software libre. Esto significa que no tiene por qué permitir, por ejemplo, que un usuario copie el código del programa y lo modifique para satisfacer sus propios deseos o necesidades.

En consecuencia, para respetar los derechos individuales del usuario, todo programa debería, cómo mínimo, brindar legalmente la posibilidad de que el usuario pudiera tanto ver como modificar el código. Esto es, por definición, compatible con el software libre pero incompatible con el software de código abierto.

Este planteamiento, sin lugar a dudas, nos llevaría de pleno al vasto mundo de las leyes de propiedad intelectual y de los derechos de autor, y sus infinitas interpretaciones a lo largo de la historia y del presente. Si nos ceñimos a enjuiciar si las cuatro libertades del software libre son compatibles con los derechos individuales, debemos destacar, empero, que pudiera darse el caso de que su aplicación vulnerase la libertad de los creadores del software para ser los únicos moralmente legitimados para publicarlo u obtener un lucro a través de éste.

En este sentido, no cabría, a mi juicio, una discriminación justificada entre la creación de una herramienta u objeto con un fin utilitario —software— o una obra artística en el sentido estricto de la palabra, aun cuando, a menudo, la división entre ambos resulta muy difusa.

Derechos Animales ya - Estafas informáticas - Software privativoEl software privativo supone un riesgo real y evidente para la seguridad e intimidad de los usuarios. Libérate con el software libre. Puedes encontrar información y consejos en el magnífico blog de Más Linux.

¿Cuándo el software respeta los derechos individuales?

En conclusión, tomando como referencia la diferencia filosófica entre un deber moral y una virtud moral, resumiré lo expuesto en los siguientes puntos:

  1. Tenemos el deber moral de garantizar la transparencia y el pleno conocimiento del usuario acerca de qué ejecuta en cada momento. Sólo así puede existir un consentimiento moralmente legítimo respecto al creador o beneficiario del software.
  2. Tenemos el deber moral de garantizar la manipulación y la —potencial— publicación por parte del usuario de cualquier software como fruto de su interés intrínseco en la plena libertad de su expresión creativa y la resolución de sus propias necesidades. Desde el punto de vista de los derechos de autor, para juzgar el derecho del usuario a publicar o a arrogarse la autoría sobre un programa, cabría estudiar si las modificaciones llegarían o no a conformar la identidad de una obra propia.
  3. El cumplimiento de las cuatro libertades definidas para el software libre podría entrar en conflicto con los intereses del creador y con su libertad; pues los dos deberes morales anteriores no alcanzan para justificar que todo software debiera permitir la distribución de copias exactas o mínimamente modificadas. Por ende, no puede existir una obligación moral respecto a los autores del programa más allá de garantizar la no-vulneración de los intereses de terceros.
  4. Como conclusión, en el seno de nuestra sociedad, sería una virtud moral promocionar el software libre y aliviar las limitaciones de los derechos de autor para brindar una mayor facilidad a la manipulación y publicación de software —y obras de toda índole— con objeto de construir una sociedad de futuro que respete los derechos individuales de humano y no-humanos, y en la que juntos progresemos mediante la solidaridad y el bien común.

¡Derechos Animales ya! - Diseño vectorial de un escritorio de UbuntuLos sistemas GNU/Linux están presentes en todas partes. Casi todos los servidores del mundo, pequeños electromésticos, tornos de acceso, detetores de metales, canceladoras de autobuses y un sinfín de dispositivos electrónicos funcionan gracias a software libre. Si usas un ordenador, prueba a instalar KDE NEON como reemplazo de Windows o MAC.

Conclusión

El mundo de la informática está en continua evolución en el seno de una sociedad con poco conocimiento e interés en el funcionamiento interno de los programas —herramientas— que usa a diario.

Las repercusiones éticas de la informática exigen que gobiernos, empresas y particulares sean más transparentes con los usuarios y respeten los derechos individuales del ciudadano. Para cumplir esta premisa, todo software debiera, como mínimo permitir el acceso a su código fuente y la manipulación por parte del usuario.

Para quienes estén interesados en saber más sobre software libre, los invito a leer los artículos que publico en otro blog de mi autoría. En concreto, recomiendo la lectura de esta introducción sobre por qué usar un sistema GNU/Linux para garantizar la autonomía, respetar privacidad y velar por la libertad de los usuarios.

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Una visión romántica de la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Una visión romántica de la esclavitud animal - Cita de William Lloyd Garrison sobre la esclavitud negraDecimos que acontece una visión romántica de la esclavitud animal cuando la sociedad humana da por sentado que los animales criados, seleccionados, coaccionados y manipulados por el ser humano viven bien o son felices mientras se los explota como simples recursos o medios para nuestros fines. La explotación animal, por definición, implica instrumentalizar a un sujeto como si fuese un objeto. Tal como argumentó el escritor y filósofo William Lloyd Garrison, este mismo fenómeno sociológico se producía en tiempo de la esclavitud negra.

Introducción

En nuestros días, cada vez más humanos son conscientes de la realidad que viven los animales y se oponen a la violencia que ejercemos contra ellos (maltrato animal). Sin embargo, pocos cuestionan el origen de este fenómeno (el especismo) ni aplican este principio humanitario en los diferentes contextos que envuelven la explotación animal.

Todavía hoy impera una visión romántica de la esclavitud animal cuando el ser humano ejerce explotaciones que no implica un sufrimiento directo para el animal, o bien, cuando dicha explotación la ejerce un colectivo oprimido o minoritario. A estas explotaciones, a menudo, se las percibe como positivas, bellas o parte de la cultura o la historia de una sociedad, o se las excusa apelando a que el individuo humano lo necesita para subsistir o por alguna razón excepcional.

Como ejemplo de lo primero tenemos a la equitación o hípica, y, para la segunda situación, a las explotaciones ejercidas por humanos que viven en la probreza, refugiados o colectivos minoritarios. La desgracia de un ser humano no justifica que cometamos injusticias contra los animales porque ellos poseen sus propios intereses inalienables. La necesidad no es justificación moral. Y la cultura o la tradición sólo indican que algo lleva haciéndose mucho tiempo, no que tenga legitimidad para continuar haciéndose.

No tiene justificación, por ejemplo, que se valide la caza de leones ejercidas por las tribus Masai ni la pesca ni caza de osos o focas por parte de las tribus Inuit porque forme parte de su cultura. Lo paradójico del asunto radica en que, cuando se habla de rasgos culturales occidentales, como la tauromaquia o la caza de cetáceos en las Islas Feroe, muchos ciudadanos no dudan en oponerse a pesar de que sea parte de la cultura de estos países. Esta doble vara de medir, que incluso acontece entre veganos, responde a un sesgo identitario y propio del marxismo cultural.

Derechos Animales ya - Retrato de William Lloyd GarrisonWilliam Lloyd Garrison fue uno de los pensadores, periodistas y discursistas más relevantes en la lucha abolicionista de la esclavitud negra.

La visión romántica de la esclavitud animal coincide con la visión de la esclavitud negra

Esta visión romántica de la esclavitud animal es el fruto esperable de dos fenómenos interrelacionados: la cosificación que padecen y el autoconvencimiento de que las víctimas reciben un buen trato. Para reflejar el pensamiento especista en la actualidad, basta con citar un discurso de William Lloyd Garrison, realizado el 22 de abril de 1845 en Boston, respecto a la percepción de los estadounidenses de aquella época sobre la esclavitud negra:

Hay personas tan profundamente ignorantes de la naturaleza de la esclavitud que se muestran obstinadamente incrédulas cuando leen o escuchan cualquier relación de las crueldades que a diario se inflige a sus víctimas. No niegan que se considera a los esclavos una mera propiedad. Pero este terrible hecho no parece suscitar en sus mentes ninguna idea de injusticia, ultraje o barbarie.

Hablémosles de crueles azotes, de mutilaciones y marcas a fuego, de escenas de corrupción y sangre, del destierro de toda luz y conocimiento y fingirán una gran indignación ante tan enormes exageraciones, tan inmensas tergiversaciones, tan abominables calumnias en torno al carácter de las plantaciones sureñas.

¡Como si todas estas espantosas atrocidades no fueran producto de la esclavitud! ¡Como si fuera menos cruel reducir a un ser humano a la condición de simple objeto que flagelarlo severamente o privarle de los alimentos y vestimentas necesarios! ¡Como si los látigos, cadenas, empulgueras, palizas, sabuesos, capataces, mayorales, patrullas no fueran indispensables para mantener bajo control a los esclavos y proteger a sus despiadados opresores! ¡Como si abolir la institución del matrimonio no conllevase un aumento del concubinato, el adulterio y el incesto!

Cuando se aniquilan todos los derechos humanos, no hay ya ninguna barrera que proteja a las víctimas de la furia del expoliador. Cuando se asume un poder absoluto sobre la vida y la libertad, se ejerce de modo destructivo. Este tipo de escépticos abundan en la sociedad. En casos contados, su incredulidad surge de una falta de reflexión, pero por lo general es indicativa de un odio a la luz, de un deseo de proteger la esclavitud de sus enemigos, de un desprecio de la raza de color, ya sea libre o esclava.

Derechos Animales ya - Campesino africano conduce una yunta de mulasEn muchos lugares del mundo dependen de la esclavitud animal como modo de vida para el transporte de pasajeros y víveres. Que haya humanos en situación de injusticia, marginación y pobreza no justifica la explotación animal ni los legitima a tener esclavos que les sirvan.

Nuestra ética para los animales no ha avanzado desde el siglo XIX

Estamos en el siglo XXI y esos argumentos expuestos por William Lloyd Garrison siguen más vivos que nunca. Lo resumiré en estos tres puntos:

  1. La sociedad general no percibe que haya nada malo en el hecho de que los animales sean legalmente propiedades de los seres humanos, como hace dos siglos no veía nada malo que en los negros fuesen propiedades de los blancos.
  2. Tanto entonces como ahora, la sociedad sólo se compadece de las víctimas cuando se les habla y se les muestra la realidad; pero resulta mucho más fuerte la necesidad social de justificar la injusticia por tal de tranquilizar sus conciencias. Se trata de una negación nihilista con que obviar una reflexión ética.
  3. La sociedad sigue sin comprender que no es justo que nadie sea esclavo de algún otro. Sigue sin comprender que los animales no desean ser criados, hacinados, manipulados, domados ni asesinados para alimentarnos ni servirnos de ningún modo. Y sigue sin comprender que todas estas acciones derivan de su propio prejuicio y desprecio hacia los animales, tal como en épocas pasadas se despreciaba a la raza negra.

La analogía entre la pasada esclavitud negra y la esclavitud animal es total. Y esta misma visión romántica se ha mantenido sin ningún cambio.

Derechos Animales ya - Tuit que justifica la explotación de burros - Visión romántica de la esclavitud animalEl autor de este tuit se ofrece una visión romántica de la esclavitud animal como si tales burros desearan cargar mercancías o trabajar para el ser humano. Los burros y otros animales que están junto a los seres humanos han sido domados y domesticados para servir como simples herramientas de transporte. No hay nada romántico en la guerra ni en la explotación animal. Todos los animales merecen respeto y son víctimas también de esos pobres seres humanos, quienes son víctimas de sus circunstancias.

La creencia de que los animales son esclavos por voluntad

Como parte inherente del romanticismo que envuelve la esclavitud animal, no es de extrañar que, como ocurría en el siglo XIX, también se incurra en la creencia de que los animales trabajan para ser humano por propia voluntad.

William Lloyd Garrison y otros abolicionistas denunciaban la fantasía generalizada de que los negros eran felices en las plantaciones y de que cantaban de júbilo mientras recogían las cosechas. La misma similitud se esgrime frecuentemente en lo tocante a los animales. Una de las manera más efectivas de anular a las víctimas consiste en presuponer que su voluntad, casualmente, coincide con las de su amo.

Cuesta imaginar cómo un animal podría desear ser encerrado en un corral, en un zoológico, ser castrado o separado de sus crías; pero esto es lo que piensa mucha gente e incluso lo que promociona la nueva Dirección General del Gobierno.

Todos los animales están catalogados como bienes muebles semovientes —objetos con movimiento autónomo— y dicha consideración no cambiará mientras la sociedad, como ocurría con la esclavitud negra, se autoengañe creyendo que sólo haya un problema con la forma en que los tratamos y no con el hecho mismo de que sean esclavos. Por desgracia, más grave resulta que sus propios defensores participen, excusen y defiendan alguna clase de explotación animal.

El origen de los males que padecen los animales está en el especismo, en la creencia de que está bien discriminar y hacer con otros animales lo que nunca aceptaríamos ni veríamos bien para seres humanos. El especismo, a su vez, proviene de nuestra concepción antropocéntrica de que el ser humano es el único ser valioso que existe o la asunción de que los intereses de los demás animales quedan por debajo de los nuestros y de que sólo existan en la Tierra para servirnos.

Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales y ello nos exige, por coherencia, hacernos veganos.

Derechos Animales ya - Mujer birmana lleva a vacas del narigón - Visión romántica de la esclavitud animal - William Lloyd Garrison - Esclavitud negraEsta fotografía, que les evocaría a algunos un ambiente bucólico y respetuoso con la naturaleza, no tiene nada de romántico para las víctimas no-humanas. La mujer lleva a un par de vacas tirándoles de unas cuerdas que les atraviesan el cartílago nasal. Al igual que explicaba William Lloyd Garrison respecto a la esclavitud negra, ningún animal quieren ser coaccionado por el ser humano ni existe justificación alguna para vulnerar sus vidas, libertad e integridad. Se produce una visión romántica de la esclavitud animal cuando se asocian dichas acciones a la belleza, la cultura o se presupone una relación mutualista entre el ser humano y tales animales.

Conclusión

Los activistas veganos entendemos que hemos llegado a esta situación por la transmisión histórica de un prejuicio inculcado desde la infancia. Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales. A las víctimas no les basta con recibir un mejor trato ni cabe autoengañarse con que sea correcto utilizarlos como si fuesen objetos.

El respeto que merecen los animales nos exige, por coherencia, hacernos veganos y defender la liberación de todos los animales esclavizados. Queda en nuestra mano hacr hincapié en el activismo educativo —este artículo se incluye esa categoría— para tratar de concienciar a la sociedad sobre la realidad de la esclavitud animal.

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La ventana de Overton y el veganismo

¡Derechos Animales ya! - Manipulación de masas - La ventana de Overton - VeganismoLa teoría de «la ventana de Overton» explica cómo pueden producirse, secuencialmente, cambios en la percepción social hasta convertir ideas impensables en mayoritarias. Aunque suena muy molón lo de relacionarla con la manipulación de masas, dicha teoría no justifica ni tiene por qué aplicarse a malas acciones. En este artículo se explica una posible aplicación de «la ventana de Overton» para lograr el avance del veganismo y de los Derechos Animales.

Una teoría política aplicada al veganismo

El veganismo es un principio ético que, en resumidas cuentas, pretende conseguir un cambio social para que la humanidad empiece a respetar a los demás animales como personas o sujetos morales. Sus fundamentos, aunque tan coherentes como las bases de los Derechos Humanos, no son hoy día conocidos y aceptados por la mayoría de la sociedad. Hay dos razones principales:

  1. La sociedad general ignora que haya motivos para respetar a los animales y que el significado de «respeto» no se limita a tratarlos bien; sino a dejar de participar en toda forma de explotación animal.
  2. La sociedad general presenta un marcado conflicto de intereses contra la aplicación del veganismo, pues supondrían renunciar o ser despojado de cualquier beneficio injustamente obtenido por la existencia directa o indirecta de la explotación animal. En este punto se incluyen, cómo no, los falsos defensores de los animales: las grandes organizaciones animalistas.

Considerando estos puntos señalados, se requiere un cambio social para que el veganismo pueda llegar a ver la luz del día. Dado que el veganismo no es un mero ideario —como puede serlo cualquier creencia política o religiosa— y no es compatible con la violencia, se requiere ejercer un activismo educativo para incentivar la comprensión de sus bases e inspirar ese necesario cambio social.

En este artículo analizaré brevemente las ideas principales de una teoría política llamada «La ventana de Overton» y expondré un ejemplo de cómo aplicarla al veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Diagrama de la ventana de OvertonDiagrama de «la ventana de Overton» y el espectro de ideas según cómo las enjuicie la sociedad imperante.

La ventana de Overton

«La ventana de Overton» es una teoría política desarrollada por el analista académico Joseph Overton. Esta teoría señala que en cada momento y lugar existe una «ventana» o «rango de ideas» que la sociedad puede encontrar aceptable. A partir de ello, «la ventana de Overton» establece que la viabilidad política de una idea se define principalmente por el sustrato previo de la sociedad a la que se dirige que por las preferencias individuales de los políticos. Overton desarrolló un modelo vertical de políticas que va de «más libre» (arriba) a «menos libre» (abajo), relativo a la intervención gubernamental, en el que las políticas aceptables se enmarcan en una «ventana» que puede moverse a lo largo de este eje.

Joseph Lehman, compañero de investigación, postuló además que los políticos muy raramente tratan de «mover la ventana», sino que se limitan a sondear dónde se encuentra para definir unas políticas que alcancen el máximo interés de los votantes. Por el contrario, quienes sí intentan «mover la ventana» son unos verdaderos líderes que para lograr la aceptación de sus ideales están dispuestos a hacer sacrificios.

Un punto vital que debe entenderse respecto a «la ventana de Overton» radica en que aquellas políticas con mayor posibilidades de entrar en la ventana son aquéllas apoyadas por fuertes movimientos sociales. Quienes proponen políticas que se hallan fuera de la ventana deben educar a la sociedad para que la ventana pueda tanto moverse como expandirse a fin de abarcarlos; mientras que los defensores de las políticas que estén dentro de la ventana, a raíz de un conflicto de intereses, buscan convencer al público que éstas deberían ser siempre consideradas inaceptables.

Ejemplo de lo que no es la ventana de OvertonÉste es un ejemplo de carteles absurdos que pululan en redes sociales y distintos sitios web. Versan sobre «la ventana de Overton» sin saber definir siquiera dicha teoría.

Voceros, distopías y sensacionalismos

En los últimos años ha habido varias menciones populares a «la ventana de Overton». A tenor de la necesidad patológica de muchos voceros y saltimbanquis de hablar de algo sin haberse detenido ni dos minutos a investigar, junto con nuestra naturaleza con tendencias sensacionalistas y malpensadas, se ha mostrado a menudo dicha teoría política como una estrategia de manipulación de masas al estilo «1984» o «Un mundo feliz», con supuestos argumentos sobre cómo lograr la legalización de acciones inmorales como el canibalismo. No, «la ventana de Overton» no va sobre cómo instaurar el Cuarto Reich.

«La ventana de Overton», por sí sola, es sólo una interpretación de cómo funciona la política y qué hacer para que determinadas ideas consideradas «radicales» o «impensables» pasen a estar normalizadas por la sociedad.

No se refiere a manipular a la gente, a engañarla ni a imponerse mediante el poder. Que un idea pueda considerarse «radical» o «impensable» no significa que sea negativa, injusta o aberrante. La asociación entre algo «radical» y «malo» es fruto de una intencionada manipulación psicológica que procede de estas últimas décadas.

Es precisamente la ignorancia de sus voceros y su necedad lo que los lleva a evidenciar que ni siquiera son consciente ni del significado de los términos que manejan. Parte de esta confusión proviene de las palabras del El comentarista político Joshua Treviño, quien señaló que una política pública puede pasar desde ser impensable a mayoritaria mediante los siguientes pasos secuenciales: idea impensable, idea radical, idea aceptable, idea sensata, idea popular e idea política.

¡Derechos Animales ya! - Diez técnicas de manipulación mediáticaExisten todo tipo de técnicas de manipulación. «La ventana de Overton» no es una teoría de la conspiración ni sobre cómo conspirar, solamente ofrece una interpretación sobre cómo se producen y pueden producirse cambios en la percepción social.

Cómo aplicar esta teoría política al veganismo

Como se ha explicado en varios artículos previos, conviene estar debidamente formado y contar con ciertos conocimientos sobre cómo han evolucionado los prejuicios morales y un poco acerca de cómo funciona la sociología y la psicología humana para ir a hombros de gigantes en lugar de reinventar la rueda, es decir, debemos aprovechar la experiencia lograda por nuestros antepasados para lograr la emancipación de los animales en vez de repetir sus errores y seguir cooptados por intereses particulares o colectivos.

En los siguientes puntos trataré de mostrar, a modo de ejemplo, cuáles serían los pasos secuenciales necesarios para que la sociedad se vuelva vegana y, por tanto, apoye cambios políticos coincidentes con el veganismo y los Derechos Animales. Los siguientes puntos son una interpretación propia a partir de la teoría de «la ventana de Overton».

Primera etapa: de lo impensable a lo radical (¿Superada?)

En este primer estadio, la aprobación social del veganismo es todavía absolutamente impensable. Casi toda la sociedad percibe a los animales como seres inferiores que existen en el mundo para servirnos, ya sea apelando a argumentos antropocéntricos o religiosos. La existencia de los veganos es algo desconocido por el ciudadano medio. La sociedad general encuentra lógico criarlos, explotarlos y asesinarlos con muy diversos fines y no cree que pueda vivir sin hacerlo.

En este momento, la práctica del veganismo se encuentra en el nivel más bajo de aceptación social de «la ventana de Overton», puesto que la sociedad general ni siquiera se ha planteado que exista un modo de vida posible sin causar daño adrede a los animales.

Para modificar esta apreciación, se empezaría por mencionar la existencia del veganismo, su definición, sus bases y las razones para hacernos veganos. Esta cuestión comenzaría, necesariamente, en la esfera ética y científica (académica). Algunos autores especialmente relevantes empezarían a argumentar que la discriminación que ejercemos contra los demás animales es arbitraria y que, científicamente, todos los animales poseen rasgos únicos y esenciales que los convertirían en sujetos de derechos: la sintiencia.

En esta etapa se vuelve especialmente relevante el papel de la ciencia y del razonamiento lógico para llegar a aquellos con la mente más abierta, con un nivel educativo superior y mayor empatía. La entrada del debate al entorno académico posibilitará su posterior entrada a la esfera pública.

Cita de Darwin - A los animales a quienes hemos convertido en nuestros esclavos no nos gusta considerarlos como nuestros iguales - VeganismoSegunda etapa: de lo radical a lo aceptable (¿En estos momentos?)

En esta segunda etapa, la esfera académica ha despertado el interés de algunos ciudadanos y empieza a haber humanos comunes y molientes que deciden dar el paso hacia el veganismo y a hacer activismo por la causa. Estos veganos se encargan de evidenciar que es posible llevar el veganismo a la práctica y que, sobre todo, se trata de un deber ético a favor de las víctimas no humanas.

En este momento, los veganos constituyen una masa social inferior al 1 %. La sociedad general tiene intereses opuestos a los del veganismo y jamás votaría mayoritariamente a favor de los que animales sean libres y respetados. El hecho de no participar en la explotación animal se enjuicia comúnmente como una decisión personal y, a menudo, como algo erróneamente dañino para la salud, para el planeta o que se realiza por moda.

Durante este periodo, los medios de comunicación empiezan a hacerse eco del veganismo —algunos con la única intención de obtener visitar y de criticarlo por prejuicios sin tener ni idea—, lo cual irá despertando cada vez a más detractores que ven peligrar sus privilegios. Estos detractores intentarán atacar tanto en la esfera académica como pública para que la sociedad general siga percibiendo al veganismo como alfo radical que nunca deberá aceptarse.

Entre los detractores están y estarán los bienestaristas y cualquiera que luche por mantener el statu quo mediante engaños y mentiras como el «bienestar animal» o la «carne ética» obtenida mediante mataderos móviles. Sin embargo, a pesar de unas crecientes enemistades, el activismo educativo irá rindiendo sus frutos, como lo consiguió el movimiento abolicionista de la esclavitud negra a mitad del siglo XIX.

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato (¿Futuro próximo?)

En esta tercera etapa, la esfera social cuenta con un creciente número de veganos que ya alcanza el 10 % de la población. Las manifestaciones veganas comienzan a ser masivas y numerosas por parte de gente debidamente formada y con ansías de cambio. Estas manifestaciones masivas recordarán a las habidas a inicios del siglo XX por el movimiento sufragista femenino.

En estos momentos aparecerán los primeros partidos veganos que puedan optar a escaño y las primeras figuras políticas desobediencia civil que realmente se interesen por los animales y defiendan sus derechos, como el caso de Macolm X o de Martin Luther King respecto a la discriminación racial en Estados Unidos. Las presiones políticas lograrán las primeras concesiones a favor de los Derechos Animales, como el prohicionismo arbitrario de aquellas formas de explotación animal peor vistas o del reconocimiento de derechos para algunas especies animales.

Para entonces, la industria y todos detractores del veganismo se movilizarán también con gran furor. Posiblemente habrá altercados violentos o choques entre ambos sectores sociales. El bienestarismo buscará aplicar cualquier medida de manipulación y engaño ante un colapso inevitable y tratará de cooptar a los principales figuras activistas y políticas para frenar lo máximo un avance ya imparable.

El color púrpura - VeganismoCuarta etapa: de lo sensato a lo popular (¿Viviremos para verlo?)

En esta cuarta etapa, la población vegana ya alcanza aproximadamente el 25 % de la población. Ya hay partidos veganos con escaños en los parlamentos de distintos países, y se ha logrado desarticular en gran parte la industria de la explotación animal mediante un activismo educativo que está haciendo ver estas acciones como propias de un pasado atávico, como costumbres despreciables y actos incompatibles con una sociedad de progreso. Al mismo tiempo, los partidos veganos tratarán de ganarse a algunos detractores proponiendo o facilitando la conversión de sus negocios explotadores en formas amigables con los Derechos Animales.

Las manifestaciones se convierten en grandes huelgas generales y habrá considerables brotes y estallidos de violencia en distintos lugares. Tales acontecimientos serán utilizados por los detractores para señalar a los veganos y sus partidos como terroristas o un peligro para la civilización.

Entretanto, los bastiones tradicionales de la explotación animal irán desapareciendo conforme vaya falleciendo sus consumidores con mayor edad. El veganismo, apoyado por una masa social joven —a menudo rebelde pero poco formada— va asentándose como paradigma de una nueva sociedad.

Quinta etapa: de lo popular a lo político (¿Nos recordarán nuestros tataranietos?)

En esta quinta etapa, la población vegana ya alcanzará algo más del 50 % de la población y la masa social logrará el reconocimiento universal de los Derechos Animales, lo cual podrá fin de la noche a la mañana toda forma de explotación animal y actividad económica relacionada. Se producirán unos últimos altercados de grave violencia. Los detractores intentarán hacerse pasar como víctimas de unos cambios sociales injustos, aduciendo que han perdido sus trabajos, sus casas y sus animales.

El clima político será arduo y estará lleno de ataques por diversos frentes. Los intelectuales veganos tendrán que afrontar cómo lidiar con los animales domesticados y tomar medidas oportunas para garantizar la defensa de los intereses de los animales mientras se minimiza al máximo los posibles conflictos humanos que se derivarán tras el cese de la esclavitud animal.

Los espacios que ocupaban las antiguas ganaderías y otros centros de explotación animal podrían convertirse en albergues temporales para aquellos animales que no puedan sobrevivir por sí mismos. De hecho, serán algunos de los mismos ganaderos y empresarios tradicionales quienes terminen trabajado así para cumplir con la ley. Los hábitats naturales deberán regenerarse y contar con una nueva protección legal que proteja el hogar de tanto los animales liberados como de los pocos que todavía existan en libertad.

Por último, la ciencia deberá hacer un esfuerzo por aplicar los conocimientos adquiridos a la evolución de las infraestructuras para prevenir posibles daños o riesgos asociados a la existencia de animales libres a las afueras de las poblaciones humanas, así como deberán continuar sus estudios sin inferir con la vida animal y sin dañar el medio ambiente.

A nivel social, el especismo quedará como un fenómeno marginal y mal percibido. Mientras tanto y en los años sucesivos seguirá habiendo grupos especistas y orgullosamente defensores del mismo, se producirán la caza, encierro y esclavización de animales al margen de la ley, y la sociedad reaccionará ante tales actos de una manera aproximada a como hoy se condena el asesinato, las violaciones o la trata de blanca en humanos.

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