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¡Derechos Animales ya! - Granjas de insectos - El mito de las proteínas de origen animal - Invertebrados

Las granjas de insectos y el mito de las proteínas

¡Derechos Animales ya! - Granjas de insectos - El mito de las proteínas de origen animal - Invertebrados

Las granjas de insectos son una nueva forma de explotación animal, nacida en el seno de una sociedad especista en que está presente el mito de las proteínas de origen animal y un fuerte desprecio hacia los animales invertebrados.

Las granjas de insectos son un reflejo del desprecio por los invertebrados

La explotación animal es universal porque la humanidad considera a todos los animales del mundo como seres inferiores que existen para servirnos. A tenor del actual desarrollo de las economías emergentes y la búsqueda de nuevos recursos que extraer de los animales, cada vez aparecen y se diversifican nuevas tipologías de granjas para satisfacer hasta el último apetito egoísta de nuestra civilización actual. En esta publicación, me gustaría hablar sobre las granjas de insectos.

Las granjas de insectos son centros ganaderos poco convencionales dedicados a la crianza de insectos por su carne. Como en otras formas de ganadería, las granjas de insectos hacinan a distintas especies de insectos y manipulan su crianza y alimentación para acelerar el crecimiento y obtener toneladas de cadáveres crujientes que moler, triturar o gestionar de la manera adecuada para producir otros productos de consumo.

Estas granjas han cobrado un especial protagonismo en nichos ecologistas por la creencia desvirtuada de que son fuentes de proteínas eficientes y baratas. Esto no es del todo cierto. A pesar de que la concentración de proteínas es relativamente elevada en insectos, muchísimos productos vegetales cuentan con una concentración muy alta de proteínas y muy superior a las necesidades humanas.

En todos los casos, la explotación animal es de origen cultural y no subyace en una necesidad absoluta e inapelable; sino a la comodidad y a los convencionalismos de una sociedad dada. Los nutrientes y otros beneficios que aporte la muerte de un animal no hace que su explotación como recurso sea correcta.

file:///home/adr/Mi propio contenido/Mi VPS/Derechos Animales ya - Imágenes/¡Derechos Animales ya! - Oruga sobre un frutoNo necesitamos comer animales, ya sean vertebrados o invertebrados, para obtener proteínas. Las granjas de insectos se alimentan del mito social de que las proteínas de origen animal sean diferentes o mejores nutricionalmente que las de origen vegetal.

El mito de las proteínas de origen animal se ceba con los invertebrados

Ante todo, nos encontramos que la proliferación de las granjas de insectos se ve alimentada por el prejuicio de que se requiera comer animales para obtener proteínas. Y, sobre todo, si se han alzado pocas voces críticas contra esta nueva forma de explotación animal en Occidente se debe al especismo hacia los insectos y la creencia de que son animales inferiores por ser tan distintos de nosotros.

Los activistas veganos condenamos las granjas de insectos y toda forma de explotación animal. No existe ningún modo ético o compasivo de criar, esclavizar y asesinar animales como todos entendemos que tampoco puede haberlo para seres humanos.

Si realmente nos importa la justicia, debemos comprender que todos los animales, pequeños y grandes, sean vertebrados o invertebrados, merecen respeto porque ellos, como nosotros, poseen intereses inalienables tales como la vida, libertad e integridad debido a la capacidad de sentir.

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Partido Vegano - Explotación de las abejas por la miel

Día Internacional de las Abejas (Apis mellifera)

Partido Vegano - Explotación de las abejas por la mielLas abejas, como otros animales, merecen respeto por sí mismos. El Partido Vegano, en el Día Internacional de las Abejas, desea reivindicar el reconocimiento del valor inherente para las abejas y para todos los demás animales.

Las abejas no son un mero vector de polinización

El 20 de mayo es el Día Internacional de la Abejas. Como ocurre con otros Días Internacionales, la humanidad solamente se acuerda de los animales cuando sirven para un propósito o están al borde de la extinción por el exterminio al que los sometemos. Esta visión o postura utilitarista hacia los animales se denominan proteccionismo y bienestarismo.

El enfoque ecologista se centra en la protección de las abejas por su labor polinizadora desde un punto de vista antropocéntrico. E incluso fomenta la explotación de colmenas como un bien ecológico sin tener en cuenta los intereses propios de ellas.

Aunque su ausencia condenaría a cientos de miles de especies vegetales y animales, en esta entrada no nos referimos dice a nosotros podamos o no vivir sin la función ecológica de las abejas; sino que merecen respeto por sí mismas. Las abejas merecen respeto, al margen de su función ecológica y del beneficio que la humanidad extraiga de ellas mediante el consumo de miel y otras formas de explotación animal.

Desde el Partido Vegano no vamos a hablar, pues, sobre su importante función ecológica ni a ensalzarla por su valor económico en actividades humanas. Nuestra formación, en cambio, desea reivindicar el derecho de las abejas, y de otros animales, a la vida, la libertad y la integridad. Los humanos tenemos el deber de respetar sus intereses inalienables.

Ninguna forma de explotación animal tiene una justificación racional. La apicultura es estrictamente necesaria para cultivar ni beneficia a las abejas de ningún modo.

Excusas de la apicultura

A menudo se intenta justificar la apicultura alegando que se necesita para evitar la extinción de las abejas. Ellas pueden vivir solas si las dejamos vivir. La desaparición de las abejas se debe, entre otras razones, a pesticidas y otros productos empleados por el ser humano. Tratar de justificar la apicultura por la supervivencia de las abejas es como justificar la ganadería por la supervivencia de las vacas o la tauromaquia por la supervivencia de los toros: un sinsentido. Y no vale con apelar a que las cuiden.

El veganismo se basa en el respeto hacia los animales porque ellos poseen intereses inalienables. Que no necesitemos explotarlos para vivir es un argumento racional más para rechazar su explotación; pero no pasaría a ser correcto asesinar animales en caso de guerra o pandemia como tampoco ello convertiría en correcto lo de comer humanos. La razón estriba en que la ética no se rige por las circunstancias. Una acción puede ser más o menos entendible, pero si vulnera el interés de un sujeto nunca va a ser ética.

Las abejas, como otros animales, merecen respeto por sí mismas. En Día Internacional de las Abejas reivindicamos sus derechos.

Conclusión

La solución para salvar a las abejas pasa por respetar los Derechos Animales. No se puede solucionar una injusticia cometiendo la misma injusticia. Precisamente, las abejas han desaparecido de muchos hábitats naturales por su interés en la apicultura. Así como muchos animales han terminado en zoológicos o cotos de caza por su interés cinegético. No se puede proteger a las abejas mientras destruyamos sus hábitats y carezcan de derechos. Y únicamente podrán tener derechos sin comprendemos que todos ellos merecen respeto por sí mismos.

El Partido Vegano reivindica que todos los animales merecen derechos legales y reconocimiento por ellos mismos; no por la conveniencia egoísta e interesada de la humanidad. Entender que los animales merecen respeto por sí mismos —y obrar en consecuencia— significa adoptar el principio ético del veganismo. Sólo un mundo vegano, es decir, un mundo que haya comprendido el valor inherente —no utilitario— de los animales, podrá evitar los males que se les causa.

¡Ayúdanos a romper cadenas!

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Mi anécdota con una libélula

Anax imperator - Odonatos - LibélulaFotografía de un Anax imperator, ejemplar de la libélula a la que ayudé.

Salvé la vida de una libélula casi por casualidad

Esta mañana, cuando iba a comprar pan para la familia después de sacar a pasear al perro, me topé con una libélula bastante grande (10 cm) que yacía posada sobre la acera. Al instante me detuve para observarla y me fijé en que se lamía las patas delanteras (tienen tres pares) y se frotaba el ojo derecho con insistencia. Puse mi dedo por delante de ella y no dudó en aferrarse quietamente.

Una vez de cerca, vi que parecía tener una excrecencia alrededor del ojo que cubría además la antena derecha. No sabía si se trataba de un pellejo causado por una herida, un tumor o cualquier otra cosa. Así pues, dubitativo, decidí subirla a mi vivienda por si podía hacer algo.

Le puse la cabeza bajo un leve chorro de agua. La libélula seguía frotándose con insistencia. Se asemejaba a un pobre perrito con una pulga entremetida por encima del hocico.

Estaba preocupado por desconocer si debía o no acompañar sus movimientos e intentar arrancarle aquel pellejo. Temía causarle una infección o que perdiese el ojo. Debido a que el animal no paraba de intentar quitárselo y había un filo ligeramente levantado, decidí atreverme.

Con pulso, desinfecté con alcohol una aguja y, mientras se aferraba a mi índice con sus seis patas, introduje la punta de la aguja entremedio del ojo y la excrecencia, y fui tirando hacia fuera con cuidado. Me percaté entonces de que se trataba de algún material firmemente pegado, pudiera ser hojarasca tignada de barro reseco.

Con decisión, rebañé los bordes del pellejo y se lo arranqué entero. La antena que permanecía cubierta volvió a situarse simétricamente con su homóloga izquierda y el ojo del animal estaba casi limpio. Le coloqué de nuevo la cabeza bajo un suave chorro de agua y, tras comprobar que tenía buen aspecto, salí de casa para llevarla a un parquecillo cercano que se sitúa junto a la dársena del río Guadalquivir, en Sevilla capital.

Me preocupé por buscarle en un lugar relativamente seguro frente a aves y roedores. Busqué un sitio con sombra entre algunos arbustillos y traté de dejarla sobre una ramita. La verdad es que no quería separarse de mí, pues mientras deslizaba mis dedos volvía a trepar por mi mano en vez de quedarse sobre la rama. Finalmente, me alejé con calma y continué con mis labores.

Ahora que escribo esto, dos horas más tarde, espero haberla ayudado y que pueda continuar con su vida normalmente. Estos hechos hubieran quedado mejor retratados con alguna fotografía de la libélula salvada o con un ‘selfie’ junto a ella. Pues somos una generación influenciada por los medios audiovisuales y todo nos entra mejor por la vista. Sin embargo, mi prioridad distaba mucho de ponerme a hacer fotos como si fuese un mero objeto. No me gusta el postureo.

Con esta experiencia deseo denunciar la creencia generalizada de que los insectos no sientan o sean muy diferentes a los animales vertebrados. No cabe explicar por qué mucha gente piensa que son como autómatas. Basta con observarlos con empatía y conocer hechos científicos para entender que tratan de defender su integridad y vida como cualquiera de nosotros. Por ello, no nos olvidemos de estos animales, los más vilipendiados de entre todos y asesinados en cantidades incontables para nuestros cálculos.

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