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¿Tenemos el deber moral de ayudar a los animales?

¡Derechos Animales ya! - Lémur de cola anillada sobre un tronco - Animales libres en la naturalezaLos humanos con plenas facultades tenemos el deber moral de respetar a todos los animales. Ayudar a los animales, ya sean domesticados o libres en la naturaleza, se engloba en el conjunto de acciones deseables o virtuosas mientras se ajusten a la ética.

Los humanos tenemos el deber moral de respetar a los animales

En nuestro contexto actual, se produce una fuerte bipolaridad entre la situación tangible y legal de los animales en nuestro mundo con el creciente deseo altruista y la convicción moral de quienes hemos dejado de participar en la explotación animal. Los veganos aspiramos a engendrar un mundo de justicia y libertad para todos los animales. Sin embargo, no basta con presentar una actitud humilde y proactiva si se carece de un marco racional con que enjuiciar la moralidad de los nuestras acciones para con los animales.

Debido a la dificultad y al escaso dominio social en lo referido a conceptos teóricos, en esta entrada quisiera facilitar la comprensión de nuestro deber moral en lo tocante a la ayuda, solidaridad u auxilio aplicado hacia los animales. ¿Tenemos acaso el deber moral de ayudar a los animales? ¿Tenemos el deber de rescatar animales abandonados, de salvarles la vida si se encuentran en peligro, de ayudarlos en la naturaleza o de intervenir entre sus acciones?

En primer lugar, no pudiera comenzar esta disertación sin recomendar la argumentación del filósofo Luis Tovar en su blog de Filosofía Vegana acerca de si es un deber ayudar a otros. Quisiera tomarla de referencia para exponer y reincidir en los conceptos fundamentales que él trata en su artículo con el fin de ofrecer algunos argumentos y matices propios sobre la misma.

¡Derechos Animales ya! - Estanque con peces koiPara entender cuándo es ético o virtuoso ayudar a los animales, primero debemos comprender que ninguno de ellos existe para servirnos ni tenemos legitimidad para usarlos como recursos. Estos peces koi quedan reducidos a meros objetos de decoración en un estanque japonés.

¿Qué es un deber moral?

Como he señalado en otras entradas, los humanos tenemos el deber moral de respetar los intereses inalienables de los animales. Esto ocurre así porque un deber moral es una obligación racional y ética que se desprende de nuestra voluntariedad y responsabilidad ante nuestras acciones o sucesos desembocados por éstas. Es decir, tenemos el deber moral de hacernos cargo de las consecuencias, racionalmente argumentables, que se hayan generado a raíz de nuestros actos sobre otros individuos —o los elementos relacionados con la vida de tales sujetos— porque somos agentes morales (sujetos responsables de sus acciones).

Nuestra agencia moral nos permite entender las injusticias que padecen los animales y obrar en consecuencia. Sin embargo, no tenemos el deber moral de actuar en beneficio de los animales en aquellas situaciones en las que no exista una relación causal entre nuestras acciones y la realidad presente.

Establecer que ayudar a los animales es un deber moral significaría afirmar que tenemos la obligación de dedicar nuestras vidas al servicio de terceros. Esto no es racionalmente justificable en tanto que un sujeto siempre es un fin en sí mismo; no un medio para un fin.

Entonces, ¿dónde queda nuestra empatía y nuestro altruismo? ¿Es correcto o preferible ayudar a los animales ante las desgracias que sufren sin que ello sea un deber moral?

¡Derechos Animales ya! - Ganado vacuno en estación de apareamiento en una dehesa - El ser humano tiene el deber moral de dejar de participar en la esclavituid animalAtender y adoptar a los animales criados, coaccionados y torturados, ya fuere por la ganadería u otras formas de explotación animal, es una virtud. Las vacas y toros presentes en esta fotografía no están libres; son meros esclavos con una fecha de caducidad —crotal— colgada en las orejas.

Ayudar a los animales puede ser una virtud

Aquellas acciones que realizamos por el bien de terceras personas, sin que exista una responsabilidad moral de realizarlas, se encuadran en lo que denominamos una virtud. Sin embargo, una acción sólo puede constituir una virtud cuando tales acciones no implican la explotación del individuo ayudado ni la de terceros.

La empatía y el altruismo no convierten una acción en ética aun cuando nuestras intenciones fueren buenas y genuinas. Por ejemplo, rescatar a un animal abandonado —per se— es una virtud; pues no hemos sido las causante de su existencia ni situación. No obstante, si al ayudar a ese animal obramos en detrimento de él mismo (p. ej. al beneficiarnos a su costa) o de terceros (p. ej. al alimentarlo con la muerte de otros animales), incurrimos de nuevo en acciones injustas de las que seríamos directamente responsables. Situaciones como éstas acontecen muy a menudo en el seno de una sociedad especista que privilegia y discrimina moralmente a unos animales respecto a otros.

Quizás, parte del origen de esta ayuda selectiva radique en que el altruismo está modulado por factores biológicos y culturales. De manera que, generalmente, se produce con fuerza cuando percibimos un peligro o necesidad extrema que afecta a un miembro de nuestra manada o especie, o a un individuo que consideramos —subjetivamente— más valioso que otros. Si bien, tanto los humanos como otros animales mostramos empatía y comportamientos altruistas hacia otras especies.

Un reto social está en derruir nuestro especismo y aplicar nuestra empatía y altruismo —modulados por la ética— sin discriminación por especie.

¡Derechos Animales ya! - Comportamiento agonístico en carneros - Animales libres en la naturalezaLos animales libres en la naturaleza, cuya existencia y coyuntura no dependa de nuestras acciones, no han de quedar bajo nuestro cuidado o tutela a menos que existan razones racionales para ello.

¿Qué sucede con los animales libres en la naturaleza?

Para entender la moralidad de ayudar a animales libres en la naturaleza se vuelve necesario hacer hincapié en nuestra responsabilidad moral como individuos que obramos en sociedad. En muchas ocasiones, no queda bien clara la línea divisoria entre cuándo somos o no responsables de una situación o desgracia que padecen los animales.

Si regresamos al ejemplo del animal abandonado, resulta relativamente sencillo entender que se desprenden dos tipos de responsabilidad moral según si consideramos únicamente nuestras acciones o la suma de todas las acciones ejercidas por los agentes morales.

Atendiendo a las observaciones ya expresadas, a nivel de individuo no tenemos la obligación moral de rescatar a un animal abandonado o de salvar la vida de un animal libre en la naturaleza. Sin embargo, si consideramos que el conjunto de las acciones humanas afectan gravemente al medio ambiente en que viven los animales, podemos argumentar que sí tenemos la responsabilidad moral de que las acciones de nuestra sociedad no perjudiquen a los animales y de que sí ayuden a las víctimas que hemos causado.

Por ejemplo, cuando nuestros gobiernos o empresas realizan —o permiten— vertidos tóxicos, arrojan sustancias contaminantes o emiten toneladas de metano y de dióxido de carbono —responsables del cambio climático— sí cabe afirmar que nuestra sociedad tiene el deber moral de evitar tales acciones y de afrontar las consecuencias que éstas tienen para los animales. Por desgracia, en estos casos siempre existe y existirá una incertidumbre acerca de nuestro grado de responsabilidad moral. En un sentido general, podríamos asumir que nuestra sociedad tiene el deber moral de ayudar a los animales siempre que existan evidencias y hechos suficientes para demostrar la existencia de nuestra responsabilidad moral.

Por último, debemos recordar que siempre debemos tratar y considerar a los animales como individuos; nunca como «poblaciones» o «especies». Pues tratarlos como conjuntos puede desembocar con facilidad en una visión reduccionista y cosificadora hacia los animales. Los demás animales, en tanto que no son responsables moralmente de sus actos, no pueden ser enjuiciados por la ética. Esto implica, por ejemplo, que salvar a un animal que va a ser comido por otro no es un deber, aun cuando uno pueda sentir empatía hacia la víctima. En caso de que uno intervenga, dicha acción sólo puede justificarse como una respuesta innata de nuestra empatía; pero nunca como una acción moral o virtuosa.

Hay individuos humanos que, al percibir a los animales como si fueran meros objetos que sufren, no dudan en actuar o promover acciones sobre animales libres bajo el argumento de «hacerlo por su bien», sin considerar racionalmente si esta forma de ayuda causará alguna privación o dependencia posterior hacia el ser humano que termine por destruir la libertad y autonomía de tales animales.

¡Derechos Animales ya! - Hipopótamo en un zoológico - Ayudar a los animales - Deber moralResulta imposible defender a los animales y sus derechos si la sociedad se mantiene ajena a aquellos conceptos básicos que determinan su situación moral y legal. No podrán desaparecer los zoológicos si primero no se asume que los animales no debieran ser legalmente objetos.

Conclusión

En nuestra sociedad impera el antropocentrismosensu stricto— e ideologías derivadas del mismo, como el proteccionismo o el bienestarismo. Tales posturas desembocan en que algunos humanos nieguen su responsabilidad moral hacia los animales cuyas vidas perjudican o que, en un sentido inverso, asuma un deber inexistente que afecta negativamente a éstos o a otros animales.

Debemos distinguir entre obligación moral y virtud. Sólo tenemos el deber de ayudar a los animales —u a otros— cuando somos responsables de la situación que experimenta dicho animal. Ayudar a un animal es una virtud siempre que rijamos nuestras acciones para no vulnerar los intereses inalienables de éste ni de ningún otro.

En el caso de los animales libres en la naturaleza y expuestos a muy diversas circunstancias, nuestra sociedad tiene el deber moral de no perjudicarlos y de contrarrestar las consecuencias de nuestras acciones. Y, al igual que en el caso de animales domesticados o abandonados, es una virtud hacerlo siempre y cuando no perjudiquemos más sus vidas ni las de terceros. Obrar bien y con cabeza depende de nosotros.

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¿Los humanos sienten desprecio por la vida?

¡Derechos Animales ya! - Búsqueda de vida en el espacio exterior - AntropocentrismoEl ser humano busca vida en el espacio exterior para explotar a otros seres vivos como hace en la Tierra con los animales. Y si no hubiera vida fuera de la Tierra, igualmente nos sentiríamos satisfechos al considerarnos únicos en el universo y nos henchiríamos de antropocentrismo aduciendo explicaciones científicas. Los humanos sienten desprecio por la vida y quizás el principio de Hanlon pueda servirnos para entender el porqué de nuestras acciones.

El arte refleja la alteridad humana

El séptimo arte es, a mi juicio, el que mejor representa la hipocresía humana cuando manifiesta su preocupación sobre la existencia de vida en el espacio exterior. Vemos en un sinfín de películas que vienen extraterrestres a invadir la Tierra. En la mayoría de las ocasiones se los representa como colonizadores, exterminadores o esclavistas: buscan acabar con la raza humana y reducirla a condición de esclavos. Otras veces, se menciona además que se trata de organismos o civilizaciones que actúan como «langostas», arrasando por donde van o que se consideran más inteligentes y cuentan con una tecnología capaz de aniquilar la humanidad…

Ninguno de estos detalles descriptivos y argumentales proviene de la casualidad, al igual que tampoco resultó casual que la literatura fantástica decimonónica encontrara su esplendor mediante tratamiento del monstruo. En ambos casos, el ser humano genera un espejo de sí mismo y lo plasma en forma de enemigo al que combatir. En lugar de reconocer nuestros defectos y progresar como sociedad, plasmamos nuestros miedos, tribulaciones y malas acciones en terceros para excusar y justificar nuestras acciones injustas y egoístas, o darnos ánimos para mejorar el mundo después del desastre.

¡Derechos Animales ya! - Sistemas solares en la galaxia - Vida en el espacio exterior

¿Estamos solos en el universo? ¿Existirá vida en el espacio exterior? ¿Dejarán los humanos de sentir desprecio por la vida?

Los humanos sienten desprecio por la vida

Cuando representamos que los aliens buscan destruir y esclavizar a la humanidad, realmente estamos utilizándolos cual chivos expiatorios. Plasmamos en ellos lo mismo que hacemos nosotros contra los animales y lo mismo que haríamos sobre otros seres si encontrásemos un planeta con vida y recursos explotables. El ser humano, por razones biológicas y culturales, tiende a buscar su propio beneficio y a maximizar la explotación de los recursos disponibles. Esto lo convierte, por desgracia, en ser con tendencias a la colonización y al esclavismo, cuando se fusiona la pragmaticidad con el fenómeno de la cosificación moral.

En su infinito antropocentrismo…

No necesitamos buscar vida en el espacio exterior. Debemos primero a reconocer aquí dentro a los demás animales con quienes compartimos el planeta de dejar de personificar en los extraterrestres las aberraciones que cometemos contra los animales.

¡Derechos Animales ya! - Señal verde de salida de emergencia - Principio de Hanlon

El veganismo es la única salida ética para que los humanos dejen de despreciar la vida de los animales.

Un principio ético contra el antropocentrismo

El antropocentrismo, irónicamente, no sólo destruye vidas ajenas a nuestra especie; sino que pervierte la mente humana hasta el punto de generarnos culpabilidad, tribulaciones y miedos ante el hecho de que nuestro subconsciente sabe, en el fondo, que cometemos crímenes y aberraciones injustificables contra los animales. Ante el desprecio que los humanos sienten por la vida existe un principio ético que aspira a combatir al antropocentrismo: el veganismo. Conocer la historia del veganismo resulta crucial para su relación con otras injusticias y por qué se trata de un deber moral para la humanidad.

El antropocentrismo, como todos los prejuicios, no requiere de ningún esfuerzo para penetrar en la mente de un sujeto humano. Basta con ser ignorante y procurarse un beneficio propio a costa de los animales para convertirse un humano antropocéntrico sin que uno sea consciente de ello. Lo difícil no es ser injusto o violento; sino en ser justo y pacífico. El veganismo pretende devolver la justicia que merecen los animales sin ejercer violencia alguna contra la sociedad. A pesar de su lógica intrínseca, a la sociedad le cuesta entender por qué debemos desterrar el antropocentrismo y respetar a los animales.

Señal prohibido alimentar animales indeseados en Sevilla - Los humanos sienten desprecio por la vida - Principio de Hanlon - AntropocentrismoAdvertencia de la prohibición municipal en relación a alimentar animales no humanos en la vía pública. El uso de semejantes adjetivos revela tanto una actitud supremacista como la ignorancia de que, para otros seres humanos, no existen los animales indeseables. Es más, tal calificación sólo podría aplicársele a otro Homo sapiens como juicio por sus acciones.

¿Por qué los humanos sienten desprecio por la vida de los animales?

Miramos a los animales no parecemos encontrar en ellos lo mismo que buscamos en nosotros. Miramos a los animales con desdén y supremacía porque nosotros mismos hemos transmitidos de generación en generación una serie de argumentos falaces e historietas —religiones— con que justificar la imposición de nuestros intereses sobre terceros. ¿No va siendo hora de evolucionar?

Los activistas veganos nos enfocamos en los animales no humanos porque son seres con intereses inalienables que debemos respetar por los mismos motivos que establecemos en los Derechos Humanos para nuestra especie. Sin embargo, la situación que padecen tales víctimas no se deben a que sean «animales»; sino sencillamente a que no son humanos. Tanto una hormiga como un jaramago suelen recibir el mismo trato en nuestra sociedad. A quienes se consideran ecologistas les menciono a menudo que velar por el medio ambiente sin reconocer moralmente a aquellos sujetos que lo integran no llega ni llegará a la raíz del problema; pues con tal utilitarismo seguiremos juzgando nuestras acciones como estrictamente individuales. Casi nadie reconoce a los no-humanos como personas (individuos con un valor intrínseco).

Activismo vegano en Costa RicaUna sesión de activismo vegano organizada por activistas en Costa Rica.

¿Por qué a la humanidad le cuesta despojarse de su desprecio por la vida de los animales?

Una de las respuestas más comunes que recibimos los activistas es: «No me planteo cambiar mi dieta». Esto significa dos cosas: que no ha entendido nada de cuanto tratamos de explicar y que hará cualquier cosa por reafirmarse. Debido al acoso mercantil, una vasta cantidad de transeúntes reacciona ante nuestra presencia como si estuviésemos ofreciendo un seguro de hogar, vendiendo cuchillos de acero inoxidable o invitándolos a un nuevo credo esotérico.

Frente a este duro ecosistema, son numerosos los grupos que nos atosigan con sus mentalidades utilitarias. Diversas organizaciones hablan de eficacia y reducen la cuestión a un conjunto de cifras que acaban sesgando la realidad hasta hacerla digerible por ciertos individuos con mayor interés en ceder su responsabilidad moral que por hacer algo al respecto. Me refiero, concretamente, al activismo institucionalizado que se lucra en nombre del animalismo.

El bienestarismo transmite subrepticiamente que la sociedad no está «preparada» para respetar a los animales no humanos y adquiere matices paternalistas que consiguen agrandar egos y ningunear a las víctimas por partes iguales. Por ello, hemos de sopesar una serie de nociones psicológicas que intentan explicar a diario psicólogos del gabinete Vegan Publishers y tratadas con asiduidad por eminencias como Gary L. Francione y sus cinco principios del activismo.

¡Derechos Animales ya! - Principio de Hanlon - Antropocentrismo

Ilustración en que aparece citado el principio de Hanlon. Los humanos sienten desprecio por la vida a causa de su ignorancia.

El principio de Hanlon

La gente no es tonta ni malvada. Como dicta el principio de Hanlon «nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez». Si un activista incurre en la misantropía está tergiversando psicológicamente por qué el otro participa en la explotación animal. Si no somos capaces de reconocer el origen de una conducta, ¿cómo llegaremos a enmendarla?

La no explotación humana también causó —y causa— una pérdida potencial de ganancias y, a pesar de ello, el mundo occidental rechaza mayoritariamente la discriminación entre seres humanos. Entonces, ¿por qué acaso no vamos a conseguir igualmente una evolución radical del paradigma en el caso de los no-humanos?

Asumir el antropocentrismo como un mal inevitable y no hacer nada al respecto conlleva negar absolutamente las transformaciones ocurridas en el último siglo respecto a nuestra especie. Si la sociedad actúa por estupidez —atendiendo al principio de Hanlon— y no por la maldad, entonces cualquier problema de índole social es potencialmente solventable. Dado que la lógica detrás es análoga, lo único necesario radica en el tiempo y empeño que dediquemos a defender los intereses inalienables de todos los implicados. No bastan con promover el «bienestar animal», o posicionarse en contra de las jaulas o de los espectáculos especialmente cruentos.

¿Qué debemos sacar en claro? Pues que los humanos sienten desprecio por la vida de los animales a causa del antropocentrismo y que el antropocentrismo, como cualquier otro prejuicio, puede combatirse mediante activismo educativo. La transformación social será posible si realizamos un activismo en condiciones y hablamos con educación, respeto, tacto y nos esforzamos en comprender por qué la otra persona propugna acciones contrarias a los intereses de terceros con el fin de estimular su empatía.

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Tolerancia ante las malas acciones…

No a la esclavitud animal - Es hora de evolucionar

Durante miles de años sólo ha cambiado la piel de las víctimas

Durante estas últimas décadas, el mundo occidental ha estado fomentando el valor de la tolerancia como arma efectiva para combatir el racismo y la xenofobia. Con este noble propósito, los distintos sistemas educativos han ido destacando que debemos respetar a otros individuos porque nosotros mismos deseamos respeto hacia nuestras personas. Sin embargo, ya sea debido a carencia de habilidades y competencias del profesorado o malinterpretación del alumnado, estos conceptos se han transmitido de forma somera y superficial.

En el día de hoy, podemos ir preguntando por la calle cómo se define «tolerancia» y, seguramente, pocos sabrán responder con precisión. Un servidor reconoce que explicarlo a bote pronto cuesta lo suyo…

La gente suele entender «tolerancia» como equivalente de «no entrometerse en asuntos ajenos» o «cada uno por su camino». No obstante, eso no es tolerancia, sino indiferencia.

La tolerancia se refiere al respaldo de los derechos (protección legal de un interés) del propio individuo para llevar a cabo acciones personales (aquéllas que sólo competen a quienes las ejercen), no a la potestad moral para realizar actos hacia otros individuos.

Uno debe tolerar todo aquello que no vulnere los intereses de otro sujeto y no debe tolerar aquello que sí lo haga.

Ante la pregunta: «¿Son respetables todas las ideologías, creencias y ritos en el mundo?». Una mayoría abrumadora contestaría que sí. Pero no, tales pensamientos y posturas jamás deben admitirse cuando su práctica afecte negativamente a otros individuos. Así, por ejemplo, si la religión de un agente moral lo lleva a asesinar a otros, ello se condena de la misma forma. Todos somos iguales y, salvo en caso de defensa propia, nada justifica la vulneración de los intereses ajenos.

Apoyarse en algo escrito o dicho por una fuente importante para propugnar una acción se denomina falacia ad verecundiam y hacerlo sobre una cultura mayoritaria recibe el nombre de falacia ad populum. La primera ha sido y es la mejor arma de las religiones modernas, y la segunda podría considerarse como una resistencia del pueblo frente a los cambios (tendencia al status quo también explicable por motivos psicobiológicos). Hay muchas falacias dialécticas que se utilizan para apoyar la explotación hacia otras personas.

En este sentido, el Catolicismo se ha basado en la Biblia y en su capacidad de persuasión hacia las masas con el propósito de mantener imperios hegemónicos y brindar una supuesta legitimidad divina a los gobernantes. La Iglesia Católica y otras religiones derivadas usaron sus respectivas escrituras (que además están mal traducidas y manipuladas) para sustentar una base moral ante acciones contrarias al principio de igualdad.

Curas y reverendos, élites sociales y hasta el simple vulgo europeo justificaban el colonialismo bajo el pretexto de ser una acción virtuosa del Viejo Mundo con el fin de civilizar a humanos en condiciones de vida decadentes y ajenas al buen camino de la fe… En los periódicos y revistas de la época aparecían ilustraciones simbólicas sobre la extensión de la civilización europea por obra del Altísimo y la ingratitud de los salvajes frente a las enseñanzas. Tal desagradecimiento servía como prueba de que no merecían un trato justo.

La esclavitud negra (principal consecuencia del colonialismo) fue pasando lentamente de las justificaciones religiosas a las biológicas conforme se sucedían los avances en biología; sobre todo, tras la publicación del Origen de las Especies, de Charles Darwin. Entonces, los prejuicios humanos obtuvieron milagrosamente un argumento «científico»: «Los blancos tenemos derecho a esclavizar a los negros porque, según la teoría de la Selección Natural, unas especies dominan sobre otras. Si nosotros ganamos es porque somos superiores y ellos, inferiores».

Por fortuna, este planteamiento pseudobiológico fue perdiendo adeptos y, a fecha actual, el racismo ya no es un problema tan grave como antaño. Sigue siendo una piedra de toque, por supuesto; pero antes los racistas eran una mayoría absoluta y dominante. El llamado «darwinismo social» incurre en una clara tergiversación de los postulados de Darwin con una finalidad política y opresora.

Por desgracia, este fenómeno (la racionalización cultural de un prejuicio para favorecer los intereses de unos sobre todos) no ha desaparecido en absoluto: vivimos en el momento histórico de mayor explotación hacia los no humanos.

Todavía queda un largo trecho para hacerle entender a casi toda la humanidad que dicho fundamento es inválido con independencia de quién sea la víctima. La ética solamente juzga las acciones, por ende, no sólo estamos obligados a actuar moralmente si dicha víctima es de un color diferente, sino que tal imperativo nos concierne para las víctimas de otras especies diferentes. Tanto con el color como la especie son conceptos subjetivos e irrelevantes: una abstracción de la naturaleza que resuelve nuestra pretensión de poder simplificarla, clasificarla y explicar su funcionamiento.

Ya ha llegado el momento de que nuestra especie dé el paso fundamental como ser altamente racional y renuncie al prejuicio más antiguo y arraigado de todos.

Ninguno de nosotros, los animales, está en este planeta para servir a otros.

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La educación animal y los aspectos éticos subyacentes

¡Derechos Animales ya! - Bulldog con cara de aburridoLa convivencia con animales puede ser difícil y compleja. La educación animal o su adiestramiento debería estar siempre encaminado en favorecer la comodidad y el bienestar del animal que vive en un entorno humano. No es justo que los sometamos a nuestros caprichos ni que los obliguemos a obedecer por simple sentimiento de superioridad.

La convivencia con animales debe ser respetuosa

En la actualidad estamos rodeados de animales domesticados, ya hablemos de la ciudad o del campo. Aquellas personas más concienciadas recogen —adoptan— animales que no pueden —legal o contextualmente— valerse por sí mismos para darles una vida mejor. Sin embargo, muchos humanos crían perros, gatos y a otros animales para fines antropocéntricos y acentúan, con ignorancia o conocimiento de causa, dos problemas gravísimos al que apenas hacen mención en los medios: el abandono de animales y la sobrepoblación animal por efecto antrópico de especies domesticadas en detrimento de las especies «salvajes».

A raíz de que no siempre la relación humano-animal es deseada o se desarrolla de una manera preconcebida, desde hace ya varias décadas pueden encontrarse en librerías y supermercados multitud de libros y revistas especializados en el adiestramiento de animales y su enseñanza, a menudo forzada, para que se adecúen a los intereses u preferencias de sus amos.

En estos manuales suele aparecer un humano en posición amenazante, señalando con el dedo índice a un can para indicarle ‘yo mando’. También los hay con títulos bastante sugerentes como «doma rápida» o «entrenamiento seguro», si hablamos de caballos, con foto incluida de un hombre dándole cuerda a un caballo en un picadero o atalajando a uno. Con frecuencia, se trata de camuflar un interés personal bajo la excusa de la necesidad.

¡Derechos Animales ya! - Gato debajo de una mantaLa educación animal debe ajustarse a las necesidades oportunas de una convivencia con animales. Debemos recordar que nuestra casa no es el hogar perfecto para perros, gatos y otros animales domesticados. Si nos importa su bien, debemos respetar sus vidas en la medida de lo posible, alimentarlos sin causar víctimas, dejar de criarlos, de participar en su explotación y de vulnerar su integridad.

La educación animal parte desde un enfoque antropocéntrico

En virtud de nuestra transmisión cultural, no hemos de extrañarnos de que nuestra especie se crea con legitimidad para dominar a otras a cualquier precio o para imponer unilateralmente sus condiciones. A los humanos, en términos generales, nos encanta el control y la dominancia sobre otros. En ello se fundamentan las guerras que asolan el mundo, el terrorismo, los gobiernos dictatoriales y el triunfo del capitalismo; por destacar algunos ejemplos. Desde siempre hemos incumplido el principio de igualdad. Aunque una educación, en sentido estricto, puede «mejorar» la relación entre ambas partes si se practica con miramientos, resulta conveniente pararse a pensar y recordar que ésta ya parte desde un punto desequilibrado.

En nuestro entorno humanizado se requiere que los animales mantengan una actitud determinada o asuman una situación para evitar peligros (pj: correas) o que sufran un accidente. Esta descompensación aludida subyace en que la relación humano-animal siempre nace por menester del humano (obviemos contextos muy improbables, como la posibilidad de encontrarnos con un leopardo en la sabana africana) y, normalmente, éste lo hace con un fin propio, individual y egoísta; por especismo.

Debemos recordar que cualquier animal, si pudiera desde pequeño, optaría por eludir nuestra presencia y poder vivir con los demás miembros de su especie en libertad y sin vernos nuestras feas caras. Por tanto, una educación animal puede beneficiar al animal en cierto modo sólo y exclusivamente mientras nos hallemos en un ambiente humanizado y diferente al medio natural; nunca nos corresponderá tal potestad en ambientes «naturales».

Conclusión

Hemos alterado casi todos los hábitats ambientes conocidos y ya no hay vuelta atrás. Aquéllos que respetamos a los animales deseamos que no se siga con la destrucción de hábitats ni con el forzamiento al vasallaje, es decir, a convertir más especies animales salvajes (o casi) en especies domesticadas. ¿Habrá un futuro mejor para estas especies? No lo sabemos y yo, personalmente, no estoy muy esperanzado en esta dirección utópica a menos que la sociedad avance con pasos agigantados hacia el entendimiento de que todos los animales merecen respeto.

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Las falacias dialécticas más comunes para justificar la explotación animal

Fragmento del cuadro La escuale de Atenas - Falacias dialécticas
Las falacias dialécticas son comunes en toda clase de discusiones y debates.

Falacias dialécticas contra los Derechos Animales

La dialéctica es el arte de dialogar, argumentar y discutir. Igualmente, también se define como el método de razonar a partir de principios y recibe muy diversas acepciones más. Según mi opinión y como bien sabían los antiguos griegos, dominar esta disciplina requiere una gran capacidad de raciocinio y, sobre todo, una destacada perseverancia. Es una pena que en la actualidad, un mundo dominado por las masas, los debates que tan comúnmente conocemos no hagan sino incurrir en graves errores de argumentación.

El propósito en esta entrada se resume en señalar y remarcar cuáles son las falacias dialécticas más habituales, usadas por diferentes personas de toda índole y posición para justificar de alguna o en toda medida cierto tipo de explotación animal. ¿Qué espero lograr con estas sencillas indicaciones? Pues que mucha gente concienciada con una ética regida por el principio de igualdad «sepa» qué responder y cómo refutar los argumentos (casi siempre inválidos) lanzados en contra de tales principios.

Con base en mis propias experiencias, citaré aquellos razonamientos falsos que conozco de primera mano con sus respectivos ejemplos ofrecidos por mí. Las definiciones, en cambio, provienen de la Wikipedia. He decidido utilizarlas por su sencillez.

Breve listado de falacias dialécticas

Ad antiquitatem

El argumento ad antiquitatem (apelación a la tradición) es una falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo o creyendo desde antiguo, entonces es que está bien o es verdadero.

Ejemplos:

  • Las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades lúdicas o laborales llevan existiendo toda la vida. Por algo será.
  • Las fiestas taurinas y otros festejos con animales se remontan desde la Edad Media.
  • La caza de delfines y ballenas constituye una parte fundamental en cuanto a la cultura de varios pueblos nórdicos.
  • Los humanos siempre hemos utilizado plantas y animales. No es nada nuevo.

Refutación: El interés humano ha promovido desde siempre la explotación de animales no humanos para cumplir determinados fines. Estos designios o usos de los nohumanos sólo responden al egoísmo humano y a su visión antropocéntrica. Dado que la naturaleza humana no ha cambiado desde que nos consideramos como tal, resulta esperable que se mantengan muchas prácticas basadas en el utilitarismo. Conlleva igualmente injusticia a otras especies por el mero hecho de no ser humanas (especismo).

Ad consequentiam

El argumento ad consequentiam (dirigido a las consecuencias) es una falacia lógica que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a las posibles consecuencias negativas o positivas del mismo.

Ejemplos:

  • Si nos oponemos a la industria cinegética se perderán miles de puestos de trabajo.
  • Prohibir las carreras de caballos, la doma, los enganches y demás actividades supondrán una pérdida enorme en la cultura e identidad de un pueblo.

Refutación: Ni la investigación con otros animales es capaz de curar todos las enfermedades o males de nuestra especie ni la ausencia de ésta niega la posibilidad de que en un futuro se desarrollase otro tipo de investigación más efectiva no basada en la explotación animal. Fundamentar la existencia de una industria por el supuesto de mantener puestos de trabajo no asegura realmente que éstos se conserven para siempre; así como la eliminación de ésta no implica que a estos trabajadores no pueda otorgárseles otro puesto con un fin distinto. Un acciones especistas tales como las expuestas arriba se dejen de practicar no significa que la comunidad deba olvidar qué y cómo se hacía; todo ello con el objetivo de asegurar que no se vuelvan a repetir.

La veracidad de un argumento no depende de sus consecuencias al igual que la veracidad de una ley física tampoco depende de sus consecuencias.

Ad ignorantiam

El argumento ad ignorantiam (llamada a la ignorancia) es una falacia que consiste en sostener la verdad (o falsedad) de una afirmación alegando que no existe evidencia o prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario.

Ejemplos:

  • Como ningún animal habla, ninguno de ellos alcanza una inteligencia cercana a la humana.
  • No se puede demostrar que un animal merezca tener derechos como las personas.
  • Si un caballo no se queja al tirar de un carro o un arado significa que no le importa y no sufre.

Refutación: La inteligencia animal no ha de analizarse según los patrones de nuestras capacidades. Al igual que nosotros no juzgamos nuestra invalidez para volar o ver en el infrarrojo; no es razonable exigirles a aves o serpientes que se comuniquen de una forma y complejidad similares a la humana. Que algún animal sea o no capaz de superar la prueba del espejo no implica que no cuente con conciencia de sí mismo ni que a causa de tal hipótesis poseamos legitimidad para situarla en un peldaño moral inferior.

La última proposición mostrada corresponde con una variante distinguida: falacia de quietismo o de reserva (también llamada «el que calla, otorga»). El argumentador asume que la situación del animal debe de ser satisfactoria, simplemente porque éste no expresa ninguna queja sobre su estado. De que no se queje no se puede inferir que no haya nada que lo moleste, irrite o asuste. De hecho y al igual que ocurre con las personas humanas, puede sentir buenas razones por las que no manifestar ese malestar; por ejemplo, si recibe golpes al reaccionar negativamente ante el trabajo encomendado o a la hora de aparejarlo.

Ad nauseam

El argumento ad nauseam es una falacia en la que se argumenta a favor de un enunciado mediante su prolongada reiteración, por una o varias personas.La apelación a este argumento implica que alguna de las partes incita a una discusión superflua para escapar de razonamientos que no se pueden contrarrestar, reiterando aspectos discutidos, explicados o refutados con anterioridad.

Ejemplos:

  • En clase enseñan que los animales sólo sirven para satisfacer las necesidades del hombre.
  • Todos dicen que los toros intentan empitonar porque son bravíos por instinto.
  • Los caballos son unos animales que viven como reyes: están bien cuidados y reciben mimos.

Refutación: Que una mentira sea mil veces contada y repetida no la convierte en verdad. En general, todos estos enunciados se conocen típicamente como «prejuicios» o «leyendas urbanas»; así pues y en general, basta con tratarlos según el caso de un modo análogo a como se asumirían en contextos humanos.

Ad populum

El argumento ad populum (dirigido al pueblo) es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo.

Ejemplos:

  • A una vasta cantidad de gente les encanta las carreras de caballos; por tanto, no hay nada de malo.
  • Actividades como la doma o el enganche se justifican porque apasionan a un gran público.
  • Los zoológicos o acuarios son centros muy educativos: los niños siempre desean visitarlos.

Refutación: Que la gente vea con buenos o malos ojos cierta materia no se correlaciona con la justificación de ésta. El «bien» o «mal» ético no están subyugados a la democracia, sino al uso de la razón.

Ad verecundiam

El argumento ad verecundiam o magister dixit es una forma de falacia que consiste en defender algo como verdadero porque quien es citado en el argumento tiene autoridad en la materia.

Ejemplos:

  • La Tierra y los animales pertenecen al hombre y son su recurso porque así lo detalla la Biblia.
  • Si los expertos en equitación aseguran que el caballo no sufre, seguro que es cierto.
  • Creo que los animales no tienen sentimiento porque lo leí en Internet.

Refutación: Ampararse en los dichos o hechos de un ente considerado como autoridad (o considerado así) para respaldar o desaprobar algún argumento carece de validez. Nuestro propio criterio y cordura debiera alejarnos de los infundios o, simplemente, de aquello referido a un escenario ajeno (no extrapolable).

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