Archivo de la etiqueta: espectáculos

¡Derechos Animales ya! - ¿Resulta ético montar a caballo?

¿Resulta ético montar a caballo? ¿Existe una equitación ética?

¡Derechos Animales ya! - ¿Resulta ético montar a caballo?¿Resulta ético montar a caballo? La explotación ecuestre, gracias la invención de un sinfín de aparejos, es una de las formas de explotación animal más antiguas y significativas para la historia de la humanidad. Suena muy ‘documentalesco’ soltar el típico autoensalzamiento de que los caballos nos ayudaron en la guerra y en los transportes. En lugar de vanagloriarnos, debemos reconocer que llevamos milenios cometiendo atrocidades contra los caballos y otros equinos.

Montar a caballo implica sometimiento

Montar a caballo es una forma de explotación animal —uso de animales como medio para un fin— antiquísima. Se cree que se remonta a varios milenios entre las tribus nómadas que ocupan la actual Mongolia. En la explotación ecuestre, como en otros casos (la explotación de camellos, elefantes, ganadería, etc.), diversas culturas han aportado y desarrollado mejoras en cuanto a las técnicas de manejo y los aparejos empleados.

Para que un animal ajeno a nuestra especie acepte las posaderas de un ser humano o arrastre cargas, aunque sólo queramos dar un paseo por el campo y no busquemos participar en espectáculos ecuestres o en carreras, se precisa obligatoriamente un proceso de doma.

Desde la antigüedad hasta nuestros días han ido cambiando sustancialmente los métodos de «desbrave». En la actualidad se fomenta, por intereses comerciales o bienestaristas, una tipología de doma menos dañina y que considere la etología equina. Sin embargo, con independencia de los métodos empleados para la consecución de este fin, el fundamento sigue manteniéndose igual: convertir un animal indiferente a nuestra especie en uno sumiso ante nosotros.

La doma, un término que en español suele reservarse para la explotación de équidos, se define como el conjunto de acciones humanas encaminadas en obtener la completa sumisión y obediencia del animal para así poder emplearlo a nuestro servicio.

En nuestros días, una definición semejante suele acabar tildada de «exagerada» o «animalista». En absoluto, hace apenas un siglo, los manuales de equitación no tenían ningún reparo en definirla de ésta y otras maneras más directas como «obtener la sumisión del bruto». De hecho, esos mismos manuales hablaban de los caballos y otros herbívoros como «esclavos».

Es en años recientes, ante el aumento de la sensibilidad hacia los animales, cuando desde particulares y colectivos se buscan eufemismos para camuflar el origen y propósito de sus acciones. Desde un punto de vista biológico, no resulta normal o esperable que una especie obedezca a otra. Y, desde un punto de vista ético, supone la negación de su voluntad y de su libertad por nuestro egoísmo y antropocentrismo.

¡Derechos Animales ya! - Caballo montado en clases de doma con anteojeras - Aparejos para caballosLa explotación ecuestre siempre ha procurado la obediencia del animal y su eficiencia. Para ello pueden emplearse multitud de aparejos. En la fotografía, un chico en clases de equitación monta a un caballo con una brida de doble embocadura, orejeras de doma y anteojeras ligeras que tienen la función de reducir la oposión del animal ante el manejo humano.

Aparejos y consecuencias de la explotación ecuestre

Brida

Para gobernar al animal de turno, el ser humano echa mano a una serie de aparejos o arreos, comúnmente unas bridas con filete o bocado y, a veces, ciertos componentes secundarios como riendas auxiliares, gamarras y anteojeras, principalmente, cuando se destina para arrastrar carruajes o a carreras de trotones. En tal sentido, se han realizado investigaciones sobre aspectos musculares, esqueléticos y también acerca de la visión lateral en caballos que demuestran los daños causados por los atalajes de restricción.

Existen multitud de aparejos según las necesidades y gustos del consumidor, desde todo tipo de cucardas o borlas hasta bolas auditivas (tapones) o lentillas de colores para caballos. Los catálogos son interminables. Basta con realizar una sencilla búsqueda por internet para encontrar centenares de proveedores y nuevos aparejos o inventos «milagrosos» con que domar y manejar caballos. Incluso el más experimentado de los equitadores llegaría a sorprenderse. Así ocurre porque los humanos nos volvemos muy ingeniosos para dominar a otros animales.

Una brida, incluso bien utilizada y puesta, puede incomodar al animal y causarle daños. Ya actúe el filete, bocado o hackamore contra las comisuras, la lengua, el paladar o la nariz con mayor o menor fuerza, este artilugio se localiza en una región altamente sensible del caballo. Al montar a caballo, la presión ejercida por la embocadura y las riendas llega a alterar la epidermis bucal por el rozamiento («mal o afección de la boca dura») y afectar gravemente a la musculatura. En casos extremos, se documenta una inhibición respiratoria por sobrecurvatura del cuello.

El estudio de cómo afectan los aparejos no es algo nuevo, de hecho, se trata de un fenómeno que se ha ido «olvidando» conforme los caballos han ido abandonando la esfera social cotidiana. Los efectos de la brida y de sus añadidos ya lo denunciaban veterinarios (ingleses, sobre todo) a finales del siglo XIX.

Espectáculo de doma ecuestre (razas españolas) - Montar a caballoMontar a caballo es una actividad que implica sometimiento a pesar de que se produzca un buen trato o no exista interés por participar en expectáculos, concursos u otros certámenes.

Montura

Para que un individuo humano determinado pueda montar a caballo y mantener un mayor equilibrio encima del animal se necesita una montura: la silla de montar y los restantes aparejos. Sea cual fuere la clase empleada, toda silla ejerce un peso extra sobre el cuerpo de equino; si bien esta fatiga se ve resarcida, en parte, ante una protección incrementada frente al ludimiento y las rozaduras.

Cuando un adulto se aúpa sobre un caballo, éste, si está perfectamente sano, no debería padecer ningún perjuicio. Los traumatismos vienen, al igual que con casi todo, con el tiempo y la duración.

De acuerdo con ciertos estudios realizados, el peso del humano medio basta para provocarles hipoxia a los tejidos subcutáneos propios de la región dorsal donde se asienta el jinete apenas unos 20 minutos después de llevar cabalgando. A partir de 25 minutos pueden producirse isquemias y pequeñas roturas de fibras musculares. En consecuencia, el animal comienza a sentir cosquilleos y punzadas crecientes a lo largo de las horas y sí acontece un verdadero sufrimiento en montadas prolongadas.

Hay clases de daños bastante investigados debido a su repercusión económica. Así, por ejemplo, un análisis ultrasonográfico del tendón flexor digital superficial de la región del metacarpo de caballos empleados en polo concluyó que aproximadamente el 50% de estos equinos, sobre todo en los «ejemplares» de alto nivel, presentaba alteraciones tendíneas y cartilaginosas a causa de un tratamiento y detección deficiente durante las temporadas. La ciencia, aún con un patente antropocentrismo, va desentrañando poco a poco cómo afectan nuestras acciones sobre los animales en contra de los intereses de la industria.

Fustas y espuelas

A los efectos de montar a caballo se le añaden los producidos por otros aparejos o elementos de «ayuda» y castigo. Dentro de estas amonestaciones se halla la utilización de fustas y espuelas. Según algunas encuestas, la mitad de los jinetes, si lo hacen, las usan solamente a modo de «ayuda» o bien como «ayuda» y castigo. Huelga recordar que esta «llamada de atención» responde a un propósito egocéntrico derivado de la cosificación del individuo.

Otros

Aun prescindiendo de bridas, sillas y otros aparejos, el ser humano puede ocasionar diversos malestares y dolencias por montar a caballo o ejercer otras formas de explotación ecuestre. Hasta la fecha existen múltiples documentos que exponen estos datos y muestran gráficamente cuáles métodos perniciosos se emplean en hípica para dominar a los caballos.

¡Derechos Animales ya! - Irene Aparicio Estrada examazona de salto ecuestre - Cierrabocas, aparejos para caballosMucha gente que se ha criado en el mundillo ecuestre llega a darse cuenta de las prácticas injustas y aberrantes que nos enseñan. En la fotografía vemos a Irene Aparicio Estrada, examazona de salto ecuestre que ahora es activista vegana.

Malas prácticas durante la explotación ecuestre

Por desgracia, en el mundo real imperan los malos modos. La triste realidad refleja que los équidos sufren muchísimo durante las fases de la doma, no sólo psicológicamente por los cambios radicales sobre su entorno y costumbres; sino además físicamente debido en gran medida al uso y sobreuso de todo tipo de aparejos cada cual más atroz que la anterior.

En la España profunda, por ejemplo, reinan los bridones y las serretas para dominar hasta el más cerril de los «ejemplares»: uno que, al fin y al cabo, únicamente pretende seguir a sus aires y actuar con libre albedrío. Los caballos no saben que todos ellos existen porque han sido criados a conciencia para obligarlos a servirnos. Si concretamos, también podrían mencionarse distintas técnicas de doma bastante desalmadas como esa de darle cuerda al animal en sitios pedregosos o en carreteras mojadas para que así éste tenga reparos en desobedecer o querer huir.

Hay quienes se suben sobre un animal con demasiada brusquedad y culpan luego a éste por corcovear, quienes se la pasan sacudiendo las riendas y quienes les endosan adornitos, aderezos y floretes para concursos, ferias y romerías que suponen a menudo un estorbo y molestia para el animal. Y, cuando no, también hay quienes directamente les pegan o se les aúpan a lomos con una copa de más.

¡Derechos Animales ya! - Clases de equitaciónMuchos caballos viven en un régimen perpetuo de ejercicios y encierro. Lo único que conocen del mundo exterior es un picadero. Montar a caballo significa participar y perpetuar esa realidad para los quinos.

¿Beneficios para los caballos durante su esclavitud?

Quizás, el único beneficio que obtienen estos animales gracias a la compañía humana se resume en la atención veterinaria y la administración de medicamentos cuando enferman. A pesar de ello, un animal cualquiera sólo consigue desarrollar plenamente sus funciones vitales y satisfacer sus propios intereses cuando vive en un medio que no lo restringe.

Múltiples pensadores contemporáneos, como el filósofo Henry Salt, ya refutaban en el siglo XIX el argumento de que los «cuidados» o el «amor» que se tenga a un caballo u otro animal justifique su explotación. Hoy hay otros pensadores eminentes, como el profesor Gary L. Francione, que defienden la abolición del estatus de propiedad de todos los animales por razones éticas.

Habría de matizar asimismo por qué se administra alguna medicación. Ya no hablamos exclusivamente de cuando el animal contrae alguna enfermedad o se accidenta; sino de aquéllas veces en que estos fármacos (cremas, pomadas, vendas…) se aplican con el propósito de aliviar ligeramente el agotamiento muscular tras una actividad física intensa o con la intención de doparlo.

La veterinaria actual es especista, lo cual implica que no todas las acciones practicadas con los caballos van en su beneficio. El marcaje a fuego o con nitrógeno líquido y la castración, entre otras prácticas cotidianas, se realizan en beneficio del propietario, no del animal. Además, muchas de estas acciones se realizan por costumbres y convenciones sociales.

Aspectos éticos de la explotación ecuestre

Caricia a una yegua en la frenteFotografía cedida por Sara Sequeiro Río, una joven que dejó la explotación ecuestre para luchar por los Derechos Animales.

Una consideración moral intermedia entre el «ganado» y las «mascotas»

Montar a caballo, una de las forma de explotación ecuestre más usuales, es una actividad que, curiosamente, no despierta tantas pasiones en contra como otras formas de explotación animal. Quizás se debe a que no conduce a la muerte directa del animal (aunque la mayoría termine sus últimos días en un matadero) y a razón de que se produce una racionalización moderna de un mito heredado desde antiguo, consistente en la falsa creencia de que los caballos mantienen algún tipo de vínculo especial o mutualista.

Cabe tener presente que montar a caballo es una actividad conservada y bien vista por nuestro pasado histórico y su relación con la nobleza feudal. En Occidente, el caballo es la montura por antonomasia mientras esa categoría la reciben, sobre todo, el camello en Arabia y el elefante en Asia. Toda forma de explotación animal es de origen cultural.

En el acervo cultural arabo-islámico, por ejemplo, los caballos recibían un trato muy superior al de otras bestias. Sin embargo, obviando conceptos biológicos que alagarían este artículo, en un vínculo mutualista de verdad ambas especies son libres. Este no es el caso de ningún animal que convive con seres humanos porque ellos son nuestras propiedades (nuestros esclavos).

Con vistas al presente, los caballos y las especies análogas reciben una consideración moral muy variable dentro de la sociedad humana. Para unos son amigos incondicionales y para otros, meras herramientas de trabajo o necesarias para subsistir. A diferencia de lo que ocurre con otros animales domesticados, como perros y gatos, el hombre no suele mantener équidos con un propósito «bondadoso» que respete su valor intrínseco.

La mayoría los utilizan para explotarlos en una actividad que les genere recreación o lucro y, en definitiva, mantiene una relación de utilidad. En el pasado la utilidad era la guerra y el transporte; en la actualidad, es el entretenimiento y el lucro por actividades ecuestres asociadas al deporte o al turismo.

¡Derechos Animales ya! - Chica besa a un caballo de perfil en un establoPocas cosas son tan bellas en el mundo como el amor de un animal. Sin embargo, que exista un vínculo no justifica que nos aprovechamos de su fuerza y menor inteligencia para usarlos como simples instrumentos o recursos con que divertirmos a sus lomos.

Conclusión

Hasta ahora me he limitado a mostrar lo que gente acostumbra o no a ver y a sopesar. A muchos, por otra parte, se les despierta un sentimiento de interés e inseguridad por las practicas que realizan a diario y se preguntan si resulta ético montar a caballo. Para extraer conclusiones morales de este asunto debemos apelar al principio de igualdad.

La visible incomodidad de un caballo al llevar las bridas o sus lesiones provocadas por el sobreesfuerzo merecen consideración; sin embargo, ése no es el quid de la cuestión. Aun en el caso hipotético de que no existiera «maltrato» y de que no se provocase daños al animal, incluso así no sería ético montar a caballo o utilizarlos a éstos u otros animales con cualquier fin. El uso de un animal como instrumentos, recursos o herramienta es incompatible con su bienestar porque implica supeditar sus intereses inalienables frente a los intereses de su explotador.

Si afirmamos que otro individuo no debiera someternos a sus intereses, sería —y es— injusto e incoherente que justificáramos el someter a caballos y otros animales a los nuestros. Ellos tienen intereses inalienables que son para dichos individuos tan valiosos como para nosotros los nuestros.

Todos estamos capacitados para sentir y experimentar. ¿Por qué osamos a burlar los suyos en favor de nuestro egocentrismo? Los activistas por los Derechos Animales defendemos sus derechos porque sienten y padecen como nosotros.

A ninguno le gustaría que otro animal, por muy poco que pesase en comparación, se le aupara sobre las espaldas y le indicase adónde ir. Y eso sin mencionar aquellos festejos de dominación en que directamente se los agrede. Todos los animales tendemos a ser dueños de nuestras decisiones. Nos perjudica que otros coarten nuestra libertad.

Nuestro error fundamental no radica en tratarlos mejor o peor; sino en que nos creamos con legitimidad para regir sus vidas al mismo tiempo que propugnamos vigorosamente que nadie debiera gobernar la nuestra. El ser humano controla, somete y restringe su libertad, integridad y reproducción. Por tanto, sólo estamos una relación amo-esclavo como toda las demás formas de explotación animal.

Si realmente nos importan los caballos, hagamos acto de conciencia sobre las acciones propias y los hábitos inculcados desde la infancia, desechemos el especismo y abandonemos la ideología bienestarista.

Artículos relacionados
¡Derechos Animales ya! - El conocimiento actual impone una nueva mirada sobre los animales (caballo con anteojeras)

Anteojeras: historia, uso y efectos en la explotación ecuestre

¡Derechos Animales ya! - El conocimiento actual impone una nueva mirada sobre los animales (caballo con anteojeras)Los animales no son meras máquinas que reaccionan según un programa genético. Los caballos y otros animales perciben la realidad de una manera diferente, pero comparten con nosotros el interés en ser libres, en defender su integridad y sus vidas. Las anteojeras y otros aparejos tienen la función de dominarlos y reducirlos a objetos cuyo único fin es el trabajo forzado. Toda forma de explotación animal es incompatible con los Derechos Animales.

Introducción

Las anteojeras son una de las guarniciones más comunes y omnipresentes tanto en animales de tiro —y análogos— como en aquéllos destinados a las carreras de caballos. Constan de unas piezas de vaqueta (o cuero sintético) que, colocadas junto a los ojos del animal, reducen su campo de visión e impiden que éste vea por los lados.

Siempre me ha despertado un gran interés conocer cómo nuestra especie aplica su intelecto para violentar y dominar a terceros. Esta entrada es una monografía con la finalidad de ahondar en estos arreos para así arrojar algunas reflexiones sobre aquellos instrumentos creados por los seres humanos para explotar y coaccionar a los animales.

El prejuicio moral del especismo nos lleva a considerar a los demás animales como simples instrumentos o recursos a nuestro servicio. Y, a la par que los tratamos cual objetos, creamos y desarrollamos otros para lograr someterlos a nuestra voluntad en detrimento de la suya propia. En el caso de los caballos, ésta es la causa de la explotación ecuestre en sus infinitas formas. Algunas formas de explotación, al estar basados en ritos de poder, son especialmente violentas.

Anteojera de caballo de bronce - Las anteojeras sirven para reducir el campo de visión de los équidosFotografía de unas anteojeras de caballo esculpidas en bronce encontradas en el tempo de Apolo Dafnéforo.

Historia de las anteojeras

Como ocurre con cualquier invento humano, resulta difícil concretar cuándo surgieron. Si bien, las excavaciones arqueológicas han hallado que su utilización se remonta al imperio Asirio. También aparecen en distintos puntos del Imperio Griego en época arcaica, en concreto, en el área correspondiente a las antiguas provincias de Eubea, Mileto, Rodas y Samos.

El origen de las anteojeras, desde el prisma utilitario, posiblemente se relacione con la creencia popular de que un caballo se asusta al ver las ruedas de los carros o de que al reducir su campo de visión se evitaban más los desbocamientos cuando otro lo adelantaba.

En este sentido, cabe destacar la consolidación de ciertas leyendas rurales y mitos sobre la naturaleza del caballo aún muy asentados a través de argumentos ad antiquitatem: «esto es así porque siempre se ha hecho así o se ha pensando así». Por ejemplo, la cultura árabe de los siglos XI y X daba por sentado que un semental conocía el sexo del futuro potro según si desmontaba a la yegua por el lado izquierdo o derecho de sus grupas.

Si las anteojeras se han mantenido hasta la actualidad quizás se haya debido —aparte de la obvia cosificación moral de los animales— a que ofrecen algunas ventajas aparentes para el ser humano desde el punto de vista del tiempo y el esfuerzo dedicados a la doma. Por ventura o desgracia, detrás de cada mito suele haber algo de verdad.

La utilización de las anteojeras se extendió y empezó a cobrar interés en aquella literatura relacionada con la doma y manejo de caballos —sobre todo en Reino Unido y sus colonias— a partir de la Revolución Industrial. Las menciones y enseñanzas respecto a estas guarniciones alcanzaron su cénit en el siglo XIX, cuando comenzó a haber ardientes debates en torno a su eficacia y al bienestar animal.

Fueron muchos los manuales de aquellos años que versaban a favor o en contra de cegar parcialmente a los caballos y a otros équidos mientras se los obligaba a trabajar en las calles de una populosa ciudad. Este clima social incluso llegó a obras célebres como el libro juvenil titulado «Azabache», de la escritora Anna Sewell. El uso y extensión de las anteojeras es irregular a lo largo del mundo. En la actualidad, en muchos países y regiones rurales no se emplean o raramente aparecen.

Esquema del ángulo de visión de un caballo con y sin anteojeras puestasEsquema del ángulo de visión de un caballo según si lleva o no anteojeras puestas. Nótese que el campo de visión se ve muy reducido.

¿Por qué se usan las anteojeras?

Son relativamente pocos los estudios que se realizan de etología equina. Los caballos y otros équidos suelen despertar mayor interés en campos como la veterinaria y en asuntos relacionados con la hípica. A modo de introducción, recomiendo leer una reseña sobre un interesante artículo científico sobre la visión lateral de los caballos.

También, en este mismo blog, hay publicado análisis de un fragmento extraído del libro «Farming With Horses». En éste, ambos autores —explotadores de animales— explican los motivos que encontraron para rechazar el uso de estos aparejos durante la explotación en arados o carruajes.

Atendiendo a los hechos empíricos, cuando los interesados desean forzar a un caballo para que tire de un carruaje o un arado, se observa que un número alto o moderado de éstos se resiste menos —se vuelve más «manejable»— si su campo de visión se torna más estrecho. Pues ello les causa una disminución de la orientación espacial e incrementa la dependencia hacia su manejador. Este fenómeno se relaciona, a su vez, con la coincidencia histórica de que normalmente se destinaba al tiro a aquellos caballos más cerriles y menos obedientes para dejarse montar.

A pesar de la manipulación humana, muchos équidos se muestran molestos desde primera hora al sentir limitado su campo de visión. Algo que conocen muy bien sus propios domadores. Algunos, de hecho, invitan a ponérselas después de los entrenamientos y dejarlos sueltos en el picadero para que se «acostumbren». La brida con anteojeras o bridón suele reservarse para cuando la doma de enganche ya está bastante avanzada; antes o al mismo tiempo que los ejercicios de rueda.

Más que acostumbramiento, el animal se resigna a cualquier cosa que se le haga porque carece de opción al respecto. ¿Acaso puede elegir? «Ahora ves y ahora no ves según me convenga», ése es el mensaje no-verbal que le transmite el ser humano. Que el caballo empiece a responder a la rienda y a la voz sin ver a su domador significa que obedece a pesar de las imposiciones. De esta manera, el caballo se doblega y se deja dirigir al estar imposibilitado para responder por sí mismo a estímulos visuales.

Eliminar el libre albedrío —indefensión aprendida implica que el humano está consiguiendo justo lo que quiere para el tipo de explotación al que destina o destinará al animal, no lo que sería mejor para el equino. Aun sí, la explotación ecuestre persigue a menudo una visión romántica de la explotación animal, nunca mejor dicho.

En definitiva, la aplicación de las anteojeras constituyen un método de coacción que consigue someterlos mediante la restricción visual.

Carruaje de caballo turísticoEn países occidentales, el uso de las anteojeras es generalizado para asegurar el control y el dominio sobre los caballos durante su explotación.

Argumentos y prácticas especistas respecto a la coacción visual

Si la explotación animal, en sí misma, se mantiene hasta nuestros días por un prejuicio antropocéntrico, también hemos de destacar los fines utilitarios con que el ser humano trata de justificar la coacción visual que ejerce sobre los caballos y otros équidos.

Dado que los équidos son animales de presa, algunos se angustian al principio ante el propio carro al cual van enlazados y frente a ruidos que nunca habían oído hasta entonces. Obviamente, no ha de resultarles muy agradable estar rodeados y ceñidos con correas por todas partes.

Aunque a menudo se emplea el concepto biológico de «insensibilización», los caballos y otros animales sólo se insensibilizan frente a las condiciones usadas por sus explotadores. Ni las anteojeras ni otros métodos de restricción los insensibiliza ante cuanto pudiera aparecer en el medio. Éstas insensibilizan al caballo respecto a su sumisión al ser humano, no les hace comprender el entorno.

De esta manera, las anteojeras dificultan en algún grado que el animal se entretenga por donde vaya —argumento antropocéntrico— al no poder ver un objeto de su interés, lo cual, favorece los intereses humanos. Se utilizan o incluso son requeridas en numerosos espectáculos de enganches porque una amplia cantidad de gente allegada a dicho mundillo estima que así estos animales se aprecian más gallardos y airosos o reviven épocas pasadas.

¡Derechos Animales ya! - Brida de tiro de la Yeguada Militar del Ejército de CaballeríaBrida de tiro de la Yeguada Militar del Ejército de Caballería de España.

[Fotografía extraída de una publicación del Ministerio de Defensa sobre la cría caballar]

 

Un debate por la utilidad

Ya en el siglo XIX había autores que esgrimían el argumento de que se abusaba de estos aparejos porque solían venir dentro del «paquete» de guarniciones destinadas para caballos de tiro. Por ello, muchos explotadores novatos asumieron y asumen que hay que usarlas sin plantearse siquiera el porqué o si existe alguna alternativa.

Aparte de por los motivos ya aducidos, ciertos «profesionales» prefieren evitar que el caballo se adelante a las órdenes o al toque del látigo y encuentran en éstas herramientas una forma fácil de lograrlo. En este sentido, se incurre un cinismo estandarizado al obligar a estos animales a participar en carreras de obstáculos o pruebas de eslalon con anteojeras puestas, aun cuando eso merma sus capacidades físicas de cara a los resultados cosechados. Es decir, todo sea por dominarlos y por asegurar que obedecerán incluso en circunstancias novedosas u hostiles para ellos.

Con más frecuencia de la esperada, también se da el caso de que algunos domadores primero los adiestran sin ellas y más tarde se las instalan por eso de que el animal esté acostumbrado a todo por si luego lo venden. Y existe asimismo la creencia de los caballos explotados para el tiro deben ser montados con anteojeras para que no se asusten.

En definitiva, hay dos tendencias fundamentales por las cuales la gente del sector suele defender la utilización de anteojeras:

  1. «Supuesta» necesidad de que el animal no se distraiga y se dirija hacia donde uno desea.
  2. «Supuesta» necesidad para evitar accidentes por desbocamientos o reacciones indeseadas ante el tráfico o la utilización del látigo.

Respecto a la gente que es ajena a la explotación ecuestre, ésta se sitúa en dos extremos: o considera la aplicación de las anteojeras como una forma de «maltrato animal» —un término bienestarista—, o directamente, ni se lo plantea. El desconocimiento, la indiferencia y la carencia de una perspectiva ética son las tres armas más opresoras para cualquier animal que se desenvuelva en un entorno entre humanos.

Caballos enganchados con anteojeras puestasLas anteojeras, como herramientas pensadas para la coacción, minimiza el contacto visual de estos animales y los mantiene más «centrados» en satisfacer los intereses humanos.

¿Las anteojeras perjudican a los caballos?

El uso de anteojeras no beneficia al animal en absoluto ni le reduce el estrés; pues no suprimen el agente causante de éste; sino su capacidad de analizarlo. Que el caballo sea incapaz de ver conlleva asimismo que tampoco pueda asimilar qué es ese ente voluminoso que está obligado a arrastrar, ni lo que hay detrás de los ruidos vinculados al campo o a la carretera y habituarse a los causantes de éstos sin sobresaltos.

La naturaleza de los caballos no debiera medirse o modularse según nuestras necesidades. Todos los animales merecen respeto y ser libres. Lejos de ello, aquel espléndido animal del cual sus dueños estaban orgullosos de haber domado en un par de semanas es precisamente un equino que siempre estará estresado, angustiado y temeroso de cuanto lo rodea a causa de tanta celeridad.

Aunque la perturbación inductora del pánico haya pasado, el animal no puede verlo ni calmarse; justo como lo haría en su medio natural. Los caballos y las personas humanas compartimos el hecho de que la vista se presenta como el sentido más desarrollado y necesario para la supervivencia.

Por muy miedoso que desde el nacimiento parezca ser un equino, todos y cada uno de ellos tienen la capacidad suficiente de aprender. Y todos ellos, a su pesar, pueden a realizar un cometido en mitad de la ciudad sin asustarse de un automóvil, una bicicleta, una motosierra o cuando al cochero le da por rociarles encima un aerosol antimoscas; ya les venga desde detrás, de frente o por los flancos.

Puesto que los animales no somos autómatas ni meras máquinas, podemos aclimatarnos a cualquier situación. Huelga mencionar cuán eficaz y evidente se muestra esta realidad cuando se les efectúan aquellos entrenamientos especiales propios de las fuerzas del orden (policía, ejército etc.). Se da la paradoja de quienes más afirman conocer a los caballos acostumbran a menospreciar sus facultades como consecuencia directa de la cosificación que padecen.

Los explotadores no acostumbran a ponerse en el pellejo de los animales a los que explotan —so pena de considerarlo una humanización— ni se imaginan que el recelo de los caballos es muy lógico frente a una atmósfera cimentada y desforestada, y sobre todo, demasiado ruidosa (recordemos su enorme capacidad auditiva).

Caballo raza española con anteojeras enganchado a carruajeCoche de caballos en el centro de Sevilla. Las anteojeras son unas guarniciones empleadas para reducir el campo de visión de los équidos y facilitar su manejo.

Una utilidad conservada por una razón cultural

Para cualquier explotador resulta muchísimo más sencillo colocarle unas anteojeras y dominarlo mediante una ceguera impuesta cada vez que salga de las cuadras que ir paseándolo por las avenidas y enseñarlo a que no debe tenerles miedo a los seres humanos ni a sus objetos asociados. Sin embargo, no seré yo, por supuesto, quien vaya a proponerles a sus explotadores nuevos métodos para explotar a los caballos o a otros animales. No existe ningún modo justo ni ético de regir sus vidas.

Los humanos somos unos claros animales de costumbres y, en general, bastante testarudos en cuanto a mantener éstas se refiere. A pesar de cuantas razones, evidencias o explicaciones científicas se ofrezcan sobre el hecho de que debemos dejar de participar en toda forma de explotación animal y, por tanto, de utilizar cualquier herramienta de control o tortura, una alta cantidad de humanos seguirá teniendo con otros animales la misma visión y el mismo trato que conoció por su padre, abuelos y de la comunidad allegada.

Sería ideal que los humanos tuviésemos una mente más abierta para recapacitar y pensar en la justicia y la dignidad de los animales en vez de en nuestro propio ombligo. ¿Por qué explotamos a animales no humanos para nuestro disfrute, recreación u obtención de bienes monetarios? ¿Qué derecho tenemos, como seres humanos, a decidir si un caballo puede ver o no? ¿Acaso no desean contemplar el entorno igual de bien que cuando van montados? ¿Es ético que nos autootorguemos la potestad para hacer con ellos cuanto se nos antoje, a menudo bajo la excusa pseudoaltruista de procurarles tranquilidad?

Caballo con anteojeras muy ceñidasToda situación de poder comporta abusos. Por ello, no es de extrañar que algunos explotadores de caballos y otros équidos ciñan al mínimo de su campo de visión.

Resumen de cómo las anteojeras afectan y coaccionan a los équidos

  • Incrementan el estrés del animal al oír algo que les provoca temor y no ser capaces de localizarlos con la mirada. El equino no logra inmunizarse frente a un determinado ambiente o una misma situación. Sólo oculta el problema, no lo soluciona.
  • Reducen notablemente la coordinación del animal en comparación con su visión normal. Le imposibilitan calcular las distancias entre el bordillo y la carretera, y se ve forzado a girar sin ver la trayectoria, lo cual puede traducirse en forma de accidente —heridas o muerte— ante un mal manejo por parte del cochero. Por la noche, el animal marcha prácticamente ciego.
  • Algunos caballos, mulos, etc., se ponen bizcos por su necesidad de curiosear el entorno y solamente poder hacerlo por el rabillo del ojo. Estas piezas pueden llegar a tapar más del 90% de la visión; pues los équidos no presentan los ojos en posición frontal (como los humanos) sino lateral, por lo que el efecto se agrava mucho más de lo que los humanos suelen imaginarse.
  • Pueden causan irritación del globo ocular, ya sea por su mal posicionamiento, alergias al material o porque el polvo de las calzadas les acabe directamente en los ojos.
  • Los priva de su aptitud innata para captar estímulos complejos provenientes del medio e interacturar con sus semejantes. Si además se hallan involucrados en una yunta, cegarlos con estas piezas no hace sino dificultarles la coordinación que alcanzarían al verse mutuamente. En una cuarta de caballos o mulas, los que van detrás no llegan a ver prácticamente nada.
  • Hacen que sus continuas travesías sean una constante monotonía y no puedan disfrutar, siquiera mínimamente, de aquellos parques y otros lugares amenos y placenteros por los cuales circulan. Los équidos son esclavos que apenas si pueden encontrar paz en algún momento.
Artículos relacionados