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El bienestar de los animales de granja es un fraude

Derechos Animales ya - Rebaño de ovejas - Bienestar de los animales de granjaUn reciente estudio académico confirma que los consumidores están dispuestos a pagar más dinero por un producto de origen animal si creen que su gasto extra garantiza el bienestar de los animales de granja.

La engañosa percepción del bienestar de los animales de granja

Desde hace décadas, las organizaciones animalistas —como Igualdad Animal, Animal Naturalis o PETA— tratan de vender la falsa idea de que sus propuestas sobre la regulación de la explotación animal van contra la industria y perjudican a los ganaderos. Nada más lejos de la realidad. Y esto se sabe desde el principio en el ámbito biológico-veterinario.

Gracias a mi compañero activista Igor Sanz, he descubierto un reciente estudio veterinario realizado por la Facultad de Veterinaria de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y de la Universidad de León pone de manifiesto dos realidades sobre la percepción del bienestar de los animales de granja. Y cito sus palabras:

Una, que a la gente le preocupa el bienestar de los animales; y dos, que está dispuesta a pagar más dinero a cambio de ese bienestar. ¿Qué lectura se puede extraer del bienestarismo a la vista de estos hechos? Pues, por un lado, que en nada desafía al pensamiento dominante. Y por otro, que sus campañas sólo sirven para calmar la conciencia ciudadana y aumentar los beneficios de la industria.

Este estudio viene a confirmar académicamente lo que las evidencias ya apuntaban: las medidas de bienestar animal —meros maquillajes sobre la forma de tratarlos— consiguen que los consumidores estén dispuestos a pagar una cantidad muy superior por el «valor añadido» de creer que los animales explotados estarán algo mejor en las granjas mientras los marcan, los separan de sus crías y les rajan la garganta.

Derechos Animales ya - Vaca marrón con crotalesNo existe bienestar alguno para una vaca a la que le perforan las orejas con crotales, a la que le marcan las ancas con un hierro candente, a la que alimentan con piensos hormonados, a la que inseminan cada 18 meses, a la que la separan de sus crías ni a la que termina en un matadero. No existe ninguna manera de ejercer tales acciones con «bienestar» ni existe justificación alguna para ejercerlas. El bienestar animal es un fraude para tranquilizar la conciencia del consumidor.

Pagar más por asesinar igual

El bienestar de los animales de granja es incompatible con el propio hecho de que estén cautivos en una granja, de que no puedan elegir qué comer, con quiénes convivir ni con quiénes aparearse. El bienestar de los animales —entendiéndolo como la satisfacción de sus intereses propios— es incompatible con toda forma de explotación animal, en tanto que cualquier utilización de ellos como recursos vulnera alguno de sus intereses inalienables: vida, libertad e integridad.

Sin embargo, las organizaciones animalistas promueven la creencia bienestarista de que basta con oponerse al «maltrato animal» y con tratarlos mejor hasta el día en que los cuelguen boca abajo de una pata mientras su sangre cae a borbotones. Para colmo, no contentas con estafar a sus socios y traicionar a los animales, ya venden además sus propios sellos de bienestar animal a las empresas a cambio de una módica tarifa. La realidad supera siempre a la ficción.

Todos ganan…

  • La organización animalista obtienen socios y donaciones por «defender el bienestar de los animales».
  • Las empresas aumentan sus beneficios gracias al valorar añadido del producto, el cual está patrocinado por la propia organización animalista.
  • Los consumidores tienen su conciencia más tranquila al fantasear con que mejora el bienestar de los animales de granja y con que el animal de turno disfrutó su miserable vida.

Excepto los animales. Ellos nunca ganan.

Derechos Animales ya - Cerditos dormidos sobre serrínEstos cerditos recién nacidos, que ahora duermen sobre viruta o serrín, irán al matadero como carne de lechón. ¿Qué significa su sello de bienestar animal? ¿Que los dejaron echarse una siesta antes de subirlos al camión?

La explicación de un fraude global

En su día a día, las organizaciones animalistas —y ciertos partidos políticos— se dedican a desmenuzar cada tipo de explotación animal por medio de campañas monotemáticas para evitar un debate sobre la raíz del problema y prevenir que la gente perciba el fraude. Es absolutamente intencional. Aquí algunos ejemplos sencillos de su modus operandi:

[Inserte nombre] denuncia el maltrato que sufren los perros en [inserte nombre].

[Inserte nombre] se manifiesta contra la fiesta taurina en [inserte nombre].

[Inserte nombre] pide asistencia veterinaria para cerdos que iban en un camión de camino [inserte nombre].

[Inserte nombre] denuncia el transporte de animales vivos para [inserte nombre].

¿Acaso no es más fácil pedir respeto para todos los animales porque todos ellos valoran sus vidas y no quieren que nosotros vulneremos las suyas? ¿Tan difícil es exponer este mensaje o será que así no logran el suficiente sensacionalismo o no les permite recaudar tanto dinero frente a lo de ir vendiendo humo?

Ante el imparable avance de la sensibilidad hacia los animales, muchos particulares y colectivos buscan reconducir dicha sensibilidad hacia sus intereses, los cuales suelen resumirse en que todo siga igual pero con un lavado de cara publicitario hacia la manera en que se ejerce la explotación de los animales esclavizados en granjas, zoológicos y otros lugares.

El cénit del cinismo lo encontramos en la nueva Dirección General del Gobierno, la cual se nombra a sí misma como «Dirección General de los Derechos de los Animales» cuando no defiende los Derechos Animales; sino el Bienestar Animal. Ambos conceptos son totalmente opuestos.

Esto lo hacen igualmente con plena intencionalidad y alevosía para confundir a la sociedad. De la misma forma, usan «explotación animal» (uso como recurso) como sinónimo de «sufrimiento animal» (consecuencia indeseadas por la explotación) para que la gente piense que el problema está en cómo se trata a los animales de granja y no en el propio hecho de que sean esclavizados, marcados, inseminados, seleccionados, descartados y asesinados.

Derechos Animales ya - Patos y ocasLos patos, ocas y otras aves llamadas «animales de corral» son y seguirán criados y engordadas artificialmente para saciar la gula de una sociedad aún indiferente hacia la explotación animal. ¿Existe algún bienestar en obligarlas a comer hasta que les estalle el hígado?

Conclusión sobre los animales esclavizados en granjas

Toda forma de explotación animal, desde la caza a un mero paseo a caballo, tiene un trasfondo meramente egoísta. Desde pequeños nos inculcan que los animales existen para servirnos y la sociedad general se limita a usarlos y descartarlos a placer cual simples objetos, la mayoría de las veces sólo nos preocupamos cuando alguna especie está en peligro de extinción. Esta discriminación moral puede explicarse atendiendo a argumentos biológicos y sociológicos. No satisfechos con ello, los humanos también les hemos causado a los mal denominados «animales de granja» todo tipo de alteraciones morfológicas y fisiológicas como consecuencia de la domesticación y la selección artificial.

La clave está en que podemos y debemos vivir sin causarles daños adrede a los demás animales. Ése es el significado del veganismo.

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Desobediencia civil contra la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Manifestación contra el especismo - Financiar la explotación animalManifestación contra el especismo. La desobediencia civil es una forma de activismo vegano —un deber circunstancial— para cuestionar la existencia de muchas leyes injustas que, por ejemplo, nos obligan a financiar la explotación animal y, en definitiva, la esclavitud animal.

El veganismo y los deberes circunstanciales

La mayoría de los artículos que aparecen en «Derechos Animales ya» se centran en explicar el veganismo, los Derechos Animales y su puesta en práctica. En éste, en cambio, quisiera lanzar algunas reflexiones sobre cómo podemos intentar ser lo más coherentes posibles como veganos en una sociedad no vegana.

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal. Para ser veganos basta con asumir el principio de igualdad y en rechazar, consecuentemente, toda forma de explotación animal. Sin embargo, un vegano en una sociedad no vegana contrae asimismo algunos deberes circunstanciales.

Esto sucede así porque si un vegano se conforma con no participar en la explotación animal y no hace nada por minimizar la explotación animal cometida por el conjunto de los demás seres humanos, se convierte en cómplice por defecto del entorno en el que vive. Uno de estos deberes circunstanciales es la desobediencia civil, por ejemplo, para no financiar al explotación animal.

Si el veganismo es un deber moral, ello implica forzosamente que todos los agentes morales deberían respetar a los animales. Ésta es la razón de por qué un vegano debiera convertirse también en activista. Cabe señalar, empero, que no se justifica bajo ningún concepto el uso de la coacción o de la violencia para luchar contra la explotación animal. Sin embargo, sí se justifican otras acciones no violentas que, aun siendo legalmente punibles, son éticamente justas.

¡Derechos Animales ya! - Corte administrativa suprema de LeipzigLas leyes no han hecho nunca más justos a los seres humanos. La esclavitud animal es legal y debemos luchar para que deje de serlo mediante activismo educativo y desobediencia civil. No es justo que a los veganos se nos obligue a financiar la explotación animal o a cometer otras atrocidades en nombre del estado.

La legalidad de la esclavitud animal

La esclavitud animal es legal. Los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes», por ende, pueden ser creados —criados—, almacenados —hacinados—, acondicionados —coaccionados—, manipulados —violentados— y desechados —exterminados— a nuestro antojo. Hemos llegado a esta situación aberrante como consecuencia de nuestro antropocentrismo, el cual, en referencia a los demás animales, se manifiesta en forma de especismo.

La ética —lo justo— y la legalidad —lo permitido— no van necesariamente de la mano. Recordemos que todas las grandes atrocidades de la historia fueron legales en su momento, como el caso de la esclavitud negra, entre miles de ejemplos enumerables. Las leyes no existen para educar ni para mejorar la sociedad; sino para perpetuar un statu quo y cohibir determinadas acciones según unos estándares ratificados por la sociedad general —si se trata de una democracia— o por un grupo de individuos con intereses propios. Creer que la legalidad ha de imponerse sobre la ética nos llevaría a una estructura social autoritaria —no garantista— en donde se vulnerarían las libertades individuales por intereses ajenos al individuo. Esto es lo opuesto a un sistema de derecho.

Si las leyes han cambiado históricamente es, precisamente, por la sociedad del momento se ha opuesto a ellas. Por tanto, nadie debiera escandalizarse ante el hecho de que yo u otro activista vegano promoviera acciones contra la legalidad vigente en favor de los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Estatua de la justiciaLa justicia debe aspirar a regirse por la exclusivamente ética. Forma parte de nuestros deberes circunstanciales como ciudadanos el oponernos a las leyes injustas que validan la esclavitud animal y que sólo representan los intereses de unos colectivos frente al de otros. Financiar la explotación animal responde, asimismo, a una injusticia de índole socio-económica; pues favorecer a determinadas empresas por intereses económicos.

El veganismo aplicado conlleva desobediencia civil

Apelando a la Wikipedia y a sus respectivas fuentes citadas, la desobediencia civil puede definirse como «cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos»:

Los actos de desobediencia civil buscan no la afirmación de un principio en la esfera privada, sino una llamada de atención a la opinión pública sobre el hecho de que una ley o política sancionadas por las autoridades están conculcando un principio de índole moral. En adición, «la desobediencia civil se debe dar a conocer a los representantes de orden público de una manera que se sientan identificados sobre la cuestión por la que van a luchar y sus fines deben ser públicos y limitados. Su objetivo manifiesto no puede ser el beneficio particular o económico; debe guardar cierta relación con una concepción de la justicia o del bien común».

La desobediencia civil, al contrario de como a menudo se plasma en los medios de comunicación por razones sospechosas, no es algo que —únicamente— ejerzan ciertos grupos fanáticos, reaccionarios o anarquistas. A lo largo de la historia, grandes pensadores y filósofos han ejercido algún tipo de desobediencia civil para presionar a los gobiernos y presentar a la sociedad unas acciones alternativas más justas que debieran estar referendadas en las leyes. Parémonos un instante a conocer a uno de los mayores pioneros de la desobediencia civil.

Fotografía de Henry David Thoreau - Pionero de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesHenry David Thoreau fue un pionero en la argumentación de cómo la desobediencia civil no es sólo un derecho; sino un deber del ciudadano para poner a prueba la salud de una democracia. Si hubiera vivido hasta nuestras días, quizás hubiera ejercido un activismo vegano.

Henry David Thoreau, un modelo de justicia coherentemente defendida

Un magnífico ejemplo que combina ética, justicia, coherencia y defensa ante los débiles lo observamos en Henry David Thoreau. Citando las palabras del activista Luis Tovar en un artículo suyo sobre Thoreau:

Una noción fundamental que encontramos en los escritos de Thoreau es la oposición radical a la esclavitud de los seres humanos. También estaba en contra de que el Estado forzara a sus ciudadanos a cumplir con el servicio militar o a pagar impuestos con los que luego financiaba tanto la esclavitud como la guerra. Es por esto que se considera a Thoreau como un pionero —tanto teórico como activista— del movimiento libertario y la desobediencia civil. Aunque no tenemos que ajustarnos a ninguna doctrina concreta para comprender la universalidad de las nociones morales que encontramos en la filosofía de Thoreau.

[…]

El progreso se consigue en el contexto moral y en nuestras actividades diarias. Esperar justicia por parte de las leyes y los gobernantes, cuando los principios morales no predominan en la propia sociedad civil, es esperar en vano. Las leyes simplemente recogen las costumbres más generalizadas o los intereses de los grupos más poderosos.

Recomiendo leer su artículo completo y los textos de Thoreau como fuente perpetua de inspiración para quienes pretendemos hacer del mundo un lugar mejor. Thoreau fue, sin lugar a dudas, un hombre que trató por todos los medios de ser coherente con su propio pensamiento. Llegó incluso a entrar en prisión por negarse a pagar impuestos con los que, según él, se fomentaba la esclavitud humana y la artificiosa guerra contra México.

Parafraseando ligeramente a Martin Luther King, me atrevería a decir que, de hecho, la mayor causa de las injusticias en el mundo no radica en los actos de la gente mala, sino tanto en la indiferencia como en la falta de coherencia de la gente bienintencionada.

Cartel de Martin Luther King - Defensor de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesMartin Luther King fue uno de los máximos exponentes de un activismo educativo basado en la no violencia. El activismo vegano debe enriquecerse de muchas de sus enseñanzas.

La desobediencia civil vegana contra la esclavitud animal

Una vez aclarado el significado y las implicaciones del veganismo en el contexto social actual; mencionada la diferencia entre legalidad y justicia; y citado a unos de sus máximos representantes, llega el turno de proponer algunas medidas de desobediencia civil vegana. Se trata de simples ideas o propuestas que, según el caso, podremos o no realizar con mayor acierto o perjuicio.

El objetivo de la desobediencia civil —como del activismo vegano en general— no es convertirnos en héroes o mártires por la causa —aunque alguno «se apuntaría a un bombardeo» por tal de convertirse en tendencia en las redes sociales, sino en dar a conocer la sociedad una serie de prácticas injustas que están amparadas en las leyes y en presionar a las autoridades para que conozcan nuestro descontento hacia dichas injusticias.

Las formas de desobediencia civil están, a menudo, vinculadas a nuestros trabajos, oficios, cargos y otros desempeños en sociedad. Por ejemplo, un veterinario puede verse en la tesitura de estar obligado legalmente a sacrificar a un animal a causa de las leyes injustas que existen sobre el sacrificio de animales «por el riesgo potencial de que sean un vector infeccioso» aun cuando no hayan mostrado síntomas de ninguna enfermedad. El código deontológico en la profesión veterinaria es una gran falsedad. Que un veterinario se niegue a hacerlo es una forma de desobediencia civil ante unas leyes claramente especistas.

A continuación me limito a citar algunas acciones de desobediencia civil relacionadas con los Derechos Animales:

  • De manera general e indeterminada, negarnos a ejercer cualquier acción contra los Derechos Animales que esté legalizada aun cuando sea nuestro trabajo o responsabilidad ejercerla. Aquí entra el ejemplo anterior del veterinario y otros millones de ejemplos potenciales, desde a un biólogo que, trabajando para el estado, le encarguen realizar un estudio sobre cómo cazar, pescar o capturar animales catalogados como «especie invasora» para asesinarlos hasta a un profesor de escuela secundaria que deba enseñar un temario en donde se diga que «necesitamos consumir productos de origen animal» o que «los humanos somos especiales».
  • Colocar carteles, panfletos y material activista en la propiedad pública (calles, plazas, paredes de edificios gubernamentales, etc.) aun cuando esté prohibido para acabar con la visión romántica de la esclavitud animal aun presente.
  • Manifestarnos en momentos y lugares prohibidos por razones incoherentes contra cualquier forma de explotación animal que se ha ejercido o va a ejercerse en nombre del estado y está sufragado por los contribuyentes.
  • No pagar la parte proporcional de los impuestos que van destinados a la explotación animal. Por ejemplo, aquí se incluyen los festejos taurinos y de otra índole en donde se explotan animales y, por supuesto, las subvenciones a explotaciones ganaderos y productos de origen animal.

Una aclaración acerca del activismo vegano y de la desobediencia civil

La desobediencia civil es moralmente legítima y su alcance público —y a veces mediático— puede ser útil para sacar a la palestra distintas injusticias que padecen los animales. Sin embargo, no debemos olvidar que la desobediencia civil, por sí sola, no constituye una forma de activismo vegano que eduque a la sociedad en el respeto que merecen los animales. La sociedad general no puede entender las bases de los Derechos Animales si sólo nos limitamos a contradecir las leyes.

La desobediencia civil puede ser bastante efectiva cuando ya existe una masa social que cuestiona unas leyes injustas tras haber asumido unos principios éticos determinados. Dado que esa situación todavía no existe en el caso del veganismo, hoy nuestro principal deber circunstancial es el de ser activistas educativos por la abolición de la explotación animal. La desobediencia civil es un extra, por así decirlo.

¡Derechos Animales ya! - Activismo de Anonymous for the voiceless contra la esclavitud animalFotografía del activismo de la organización bienestarista «Anonymous for the voiceless». Aunque no tan aberrante como el caso de otras instituciones, esta organización animalista —como tantas otras— cae en el error de enfocarse en el sufrimiento de los animales esclavizados en lugar de explicar la inmoralidad inherente de la esclavitud animal. En consecuencia, los receptores traducen en compasión en regulaciones sobre el uso de la propiedad en lugar de trasformarla en respeto. El activismo vegano debe centrarse siempre en la injusticia de que los animales sean nuestros esclavos. El trato que se les dé es el resultado de su esclavitud, no el origen.

El bienestarismo sólo sirve para financiar la esclavitud animal

Algún lector de este artículo podría llegar a la errónea conclusión de que las manifestaciones, protestas, marchas y otros actos promovidos por grandes organizaciones animalistas —como PETA— sean una forma de desobediencia civil. En absoluto. Si tomamos el adjetivo «civil», éste solamente cuadraría en este caso posponiéndolo a los sustantivos «fraude», «estafa» o «circo»: fraude civil, estafa civil y circo civil. No hay otra manera de definirlo atendiendo a las pruebas existentes.

Las grandes organizaciones animalistas no defienden los Derechos Animales; sino el bienestarismo. Aunque, claro, esto no lo dicen. De hecho, no explican nada. Sólo repiten mantras y convenciones sociales ya asumidas sobre el bienestar animal y promueven sellos de «carne ética». El bienestarismo, llevado a la práctica, consiste en regular la forma en que explotamos a los animalesla forma en que ejercemos la esclavitud animalpara, según sus proponientes, minimizar el sufrimiento de los animales.

El bienestarismo no implica desobediencia civil por la simple razón de que no se opone de ninguna manera al statu quo. Así ocurre porque los artífices del bienestarismo en la actualidad —las grandes organizaciones animalistas— explotan la existencia de la explotación animal y se lucran de la miseria animal mediante campañas fraudulentas destinadas a recaudar fondos mientras engañan a sus socios y donantes haciéndoles creer que hacen algo en favor de las víctimas. Es imposible defender a los animales mientras se participa en la explotación animal y se perpetúa el sistema que los oprime.

Los bienestaristas, inspirados en el filósofo Peter Singer, no desean el cese de la esclavitud animal; sino que aspiran a regular la esclavitud animal de modo que satisfaga la necesidad de los consumidores de obtener placer y beneficios asociados a la explotación animal sin sentirse culpables por las aberraciones en las que incurren a diario.

¡Derechos Aniamales ya! - Manifestación en Polonia - Desobediencia civilManifestación por la justicia en Polonia. El activismo vegano debe tomar las calles: primero para educar y, después, para presionar a los gobiernos.

Conclusiones generales

El activismo vegano es un deber circunstancial a tenor de la sociedad actual en que vivimos. Si nos importa la justicia hacia los animales, no basta con que únicamente nosotros —a título personal— seamos justos con ellos. La desobediencia civil se convierte en un forma de activismo para elevar a la opinión pública el hecho de que las leyes que rigen nuestros países son especistas y aberrantes contra los animales. Debemos ejercer un activismo educativo que, paulatinamente, pueda combinarse con acciones de desobediencia civil en pro de la justicia. Ante todo, hemos de mantener un ojo pegado a la ética de nuestras acciones para no cometer los mismos errores que condenamos.

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Festejos con animales: «Rapa das bestas»

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Público-viendo-caballos-torturadosEn la «Rapa das bestas» es un festejo con animales en donde cientos de caballos son capturados, hacinados, coaccionados y violentados con el único fin de escenificar la dominación humana mediante un ritual de fuego y sangre.

Cada año acontece en Sabucedo, Pontevedra (España), una fiesta popular llamada Rapa das bestas (El rapado de las bestias), declarada como fiesta de Interés Turístico Internacional. Un acontecimiento en que se saca del campo a caballos y yeguas, y se los agolpa a lo largo de las calles y la plaza de la localidad para proceder a su marcaje a hierro y que conozcan de una vez la razón por las que habían estado viviendo en relativa paz hasta el momento.

Se trata de uno de muchos festejos con animales que, como tantos otros, se reduce a una escenificación o recreación violenta y ritualizada de la dominación del ser humano sobre las «bestias» (cualquier animal cuadrúpedo) porque, injustamente, nos consideramos superiores a los demás animales.

En la práctica, todos pueden participar: desde niños a mayores, ganaderos, criadores, monitores de equitación y cualquier otro individuo que sacaría más provecho a su tiempo (y causaría menos daño) jugando al Candy Crush. Y ahí se los ve: intentando exhibir su hombría comportándose como carvernarios y decenas de adolescentes a los que se les inculca el prejuicio moral del especismo, el prejuicio de que está bien hacerles a otros aquello que no querríamos sufrir si no pertenecen a nuestra especie.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Caballos-asustadosLa «Rapa das bestas» es un festejo con animales que constituye una exhibición de la dominación humana.

«Rapa das bestas», un ritual de dominación humana sobre los animales

Como diría un antropólogo, la Rapa das bestas es un acto de dominación humana es real y ritual al mismo tiempo. Se representa el poder y la supremacía humana, y nuestras habilidades y facultades para sobreponernos a la naturaleza mediante la fuerza con el fin de demostrarles nuestro dominio bípedo a unos animales que, hasta entonces, eran ajenos a la esclavitud y no sabían que desde su nacimiento tenían marcado el momento en que pasarían a convertirse en nuestros esclavos.

El ser humano, no ahíto con someter y domar animales para cofinarlos y poder explotarlos, crea un espectáculo festivo en torno a esta aberrante violencia ritualizada. Entre humanos, estas acciones constituirían un ejemplo palmario de esclavización o un proceso de trata de esclavos. Sin embargo, cuando hablamos de no-humanos, estos festejos con animales los denominamos tradicionalmente simple «domesticación» sobre «animales salvajes», como si el hecho de ser «animal» sumado a ser «salvaje» supusiera un combo del Mortal Kombat. Manipulamos subconscientemente el lenguaje para ocultar una misma realidad.

Nuestra cultura está asentada sobre un principio de dominación antropocéntrica que considera a los otros animales como objetos, recursos y propiedades de los seres humanos: el especismo. En nuestra sociedad, a los animales sólo se les reconoce un valor instrumental (bienes muebles semovientes). Aun cuando los animales nos muestran a diario su personalidad e intereses por medio de sus emociones y miedos, no se les reconoce un valor inherente que impediría que atentásemos contra su individualidad e integridad física.

Este festival pertenece a la misma categoría que otras escenificaciones de dominación, desde la caza del león por parte de tribus keniatas y la matanza de cetáceos en las Islas Feroe hasta la castiza tauromaquia. Sin olvidar, por supuesto, otros múltiples festejos con animales típicos en España en que se los explota vilmente a modo de recreación, como las romerías, tirar a una cabra de un campanario o descabezar gansos.

A pesar del carácter festivo, la Rapa das bestas no se trata de un mero entretenimiento o diversión. Aunque los espectadores y practicantes seguramente lo encuentren divertido, el propósito principal de esta fiesta consiste en ensalzar la dominación humana sobre esos pobres caballos para autojustificar nuestra creencia de que seamos superiores a los restantes animales que habitan sobre la Tierra, y que tengamos legitimidad en esclavizarlos en nuestro beneficio.

¿Verían bien los aficionados de la «Rapa das bestas» el hacerles esto mismo a unas jirafas en el Serengueti? ¿O a unos pingüinos en la Antártida? Claro, como ahí no es una «tradición», quizás lo considerarían raro e incluso inmoral. Y posiblemente, estarían dispuestos a firmar peticiones para que esos viles explotadores dejaran de abusar de jirafas y pingüinos. Porque nosotros no lo hacemos… ¿o sí? ¿Y si lo hicieramos a seres humanos de otra raza? ¿Por qué con los no-humanos sí, y con los humanos no?

Rapa das bestas - Dominación humana - Festejos con animalesUn niño le tira de las crines a un potro en un intento de tumbarlo al suelo para que sus familiares adultos puedan marcarlo a fuego. La «Rapa das bestas» y otros rituales de dominación humana sacan lo peor de nuestra especie contra las víctimas no humanas.

¿Qué se dijo el año pasado acerca del «Rapado de las bestias»?

Todos los años, innumerables animalistas (bienestaristas) critican la Rapa das bestas y otros festejos con animales porque les parece un acto cruel; pero no cuestionan en absoluto la injusta dominación humana ni el prejuicio moral que lo fundamenta: la idea de que los humanos tenemos derecho a someter a terceros por no ser humanos, la idea de que ser un no-humano justifica un trato diferente como instrumentos para fines humanos.

El pasado año, el blog bienestarista El caballo de Nietzsche, el cual pertenece a El Diario, denunciaba exclusivamente la «brutalidad» con que tales explotadores y energúmenos tratan a los caballos. Y, en tierras extranjeras, un reportaje del periódico The New York Times sobre esta celebración recogía la opinión de Laura Duarte, una militante y candidata del partido animalista PACMA:

«No criticamos lo que hacen sino cómo lo hacen, porque causa un terrible estrés a los animales que viven en la naturaleza y no están acostumbrados al contacto humano».

¡No me digas! Llamar «vergonzosas» estas declaraciones, por parte de una candidata que se postula a ocupar un cargo público para defender a los animales, se queda corto. El PACMA condena la tauromaquia y otros festejos con animales cada dos por tres, pero eso de que arrastren caballos en una plaza de toros no les importa tanto. Sólo hablan de «maltrato animal» o de «bienestar animal» y para adelante; pues ellos no defienden los Derechos Animales, sino el bienestarismo.

En la misma línea se sitúan cada año las organizaciones bienestaristas Libera! y la Fundación Franz Weber, las cuales salen de su cueva de tanto en cuando para exigir la regulación de esta violencia ritualizada y clamar conceptos vacuos como «amor» y «compasión». Y, por su parte, el ecologismo especista conformado por organizaciones ecologistas sólo se acordarían de los caballos si fuesen una especie en peligro de extinción. Lo que necesitan no se llama amor ni compasión; sino respeto y justicia.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Marcaje-de-caballosFotografía de humanos especistas mientras marcan a fuego a un caballo. El marcaje a fuego es un símbolo con que los humanos marcamos que otros sujetos son nuestros esclavos. El marcaje a fuego o con nitrógeno líquido sigue siendo común a nivel internacional, incluso dentro del ejército español.

¿Qué se ha dicho este año?

El nivel no ha mejorado para este año; pues tenemos que el Diario Público, marcadamente progresista y antitaurino, presentan a los caballos como «protagonistas» de un espectáculo que consiste en abusar de ellos. ¡Es el colmo del cinismo! O, como lo llama el conocido activista Luis Tovar de Filosofía Vegana, un «blanqueo informativo». Para la mentalidad especista suena mal decir que son víctimas o quizás tal término produzca la indignación colectiva de muchos lectores posmodernos; así que el periodista prefiere llamarlos «protagonistas» y se queda tan pancho.

Siguiendo esta lógica tan hipócrita, los toros entonces no son víctimas de la tauromaquia sino sus «protagonistas», ¿verdad? Protagonista es alguien que participa de manera activa en un acontecimiento, representación, etc. Como salta a la vista, los caballos no participan en la «Rapa das bestas» porque de pronto hayan decidido acercarse a los humanos para sufrir empujones, golpes, latigazos ni para ser lastimados, vejados y torturados de múltiples formas. El especismo los cosifica y parece arrogarles una voluntad que casualmente coincide con la nuestra.

El enfoque bienestarista, mayoritario en el animalismo actual, demuestra por activa y por pasiva su doble moral y la discriminación sistemática que ejercen sobre los animales según su especie y aquello que les convenga por razones políticas o sociales. Se trata de un ejemplo flagrante de que los bienestaristas no cuestionan a la dominación humana sobre los demás animales.

Los bienestaristas no se oponen a la esclavitud animal; sino que pretenden darle un lavado de cara, tranquilizar sus conciencias y vivir de ello si se los deja. Sólo les preocupa las condiciones en que se realiza dicha esclavitud, en tanto que no conlleve, a su juicio utilitarista, un excesivo sufrimiento a los animales. Todo lo demás les resulta secundario o incluso indiferente. En cambio, quienes defendemos los Derechos Animales, apelamos a la completa abolción de su estatus de propiedad.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Caballos-siendo-torturadosMás caballos aparecen fotografiados mientras los torturan ante un público jubiloso y con unas copas de más. Todos los festejos con animales existen por diversión y lucro.

Conclusión

Nos comportamos con los animales como si fueran objetos y bienes reemplazables que existen para satisfacer nuestros caprichos. Si estamos de acuerdo en que los animales poseen un valor moral inherente entonces la única respuesta coherente que debemos ofrecer ante la injusticia que representa la dominación humana sobre los demás animales es exigir la abolición (y no la regulación) de la esclavitud que motiva festejos con animales, presentada en este caso por la «Rapa das bestas».

Ningún uso que hacemos de los animales es necesario ni tampoco la necesidad se convierte en una justificación moral. Siempre resulta injusto para el animal y no hay ningún argumento racional para considerar que ellos merezcan ser nuestros esclavos o siervos. La domesticación es un eufemismo para obviar la trata de esclavos no humanos.

Lo mínimo —y no lo máximo— es hacernos veganos. Ser algo menos que vegano significa participar en una violencia gratuita y totalmente injustificable llevada a cabo por placer, comodidad e inercia. No importa si tal violencia es pública a través de un festejo con animales o si ocurre entre las cuatro sucias paredes de un matadero. Los animales serán verdaderos protagonistas cuando la sociedad ampare y defienda sus derechos.

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