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¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos

La domesticación, la selección artificial y sus efectos

¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectosLa domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

Una introducción al especismo científico

Un biólogo investigador, experto en el campo de la domesticación animal, trató de humillarme en Twitter —sin expresar ningún argumento, dejándome a merced de sus seguidores (o palmeros)— ante mi afirmación de que la domesticación podría definirse como «el proceso de endogamia forzada por el cual el ser humano ha seleccionado y manipulado a los demás animales para disponerlos como recursos para sus fines. Es la consecuencia de un fenómeno de cosificación».

Quizás recurrió a la ridiculización y al insulto fácil porque no sabía que yo también era biólogo. Este señor, como doctorado, posee un nivel de conocimientos y de especialización mayor en su área. Sin embargo, eso no lo vuelve inmune de incurrir en el efecto Dunning-Kruger, es decir, sus altos conocimientos no le impiden caer en la creencia irracional de que siempre llevará razón en su campo de estudio o de que tenga suficiente conocimientos para refutar o contraargumentar en otros campos (como en filosofía, antropología, historia o Derechos Animales).

Los prejuicios morales, junto con los conflictos de intereses personales y colectivos, constituyen uno de los pilares del antropocentrismo. Y una interpretación sesgada de la naturaleza nos lleva a tratar de excusar la explotación animal apelando a la falacia naturalista. La ciencia es objetiva en sí misma. Sin embargo, al estar construida por seres humanos, no queda libre de prejuicios especistas camuflados de objetividad.

Sin más preámbulos, en este artículo quisiera definir y reflexionar acerca del proceso y los efectos de la domesticación desde un punto de vista biológico y filosófico, y ofrecer mis propios juicios sobre la selección artificial y, en sentido amplio, la manipulación humana de animales como fruto del antropocentrismo.

Los animales domesticados son los actuales descendientes de animales salvajes que fueron separados, confinados, manipulados y asesinados por el ser humano. Lejos de conformarnos con esclavizarlos a nivel de «individuo», los hemos esclavizado como «colectivo» o «raza» al condicionar sus caracteres por selección artificial para volverlos dóciles e, hipotéticamente, también menos inteligentes.

¿Qué es la domesticación?

Desde un punto de vista biológico, la domesticación es un proceso artificial —ejercido o condicionado por el ser humano, elemento antrópico— consistente en la selección de animales con unos rasgos biológicos determinados —o, en la actualidad, su inclusión genética— que ingenió nuestra especie desde los albores de la civilización para mejorar e incrementar los beneficios obtenidos por medio de la explotación animal.

Desde antaño, tales ganancias se traducen en recursos y dinero (bienes materiales y bienes abstractos). Por ejemplo, seleccionar a aquellas vacas con las ubres más voluminosas y que segregaran más leche aumentaba la producción de dicha sustancia y, a mismo tiempo, el rendimiento económico del ganadero.

El mismo caso aconteció con infinidad de especies animales: cerdos más gordos al nacer y que engordasen más rápido, caballos más pesados o rápidos según a cuál fin se los vinculase, o toros que, supuestamente, fuesen más agresivos de lo esperado para un animal herbívoro con el fin de que los humanos —«la raza superior»— pudiera divertirse mediante la tauromaquia u otros festejos que son una recreación festiva de la dominación humana.

Hoy, por fortuna o desgracia de los avances científicos en genética, la selección artificial llega al nivel de que se insertan genes alóctonos y perjudiciales para sus vidas con tal de incrementar la productividad.

La domesticación, por definición, implica la selección artificial de caracteres beneficiosos para el ser humano, no para el animal de turno. La aparición de un fenotipo beneficioso para el ser humano requiere conseguir que los ejemplares sean de «raza pura», es decir, que sean homocigóticos para el carácter deseado. Un animal homocigótico o de «raza pura» para uno o más caracteres es aquél que presenta todos sus alelos —variantes posibles de un gen— iguales para uno o varios caracteres.

Explicado de una manera simple, la domesticación requiere buscar animales que muestren unos caracteres deseados y que, al mismo tiempo, estos caracteres sean la única manifestación génica posible de los parentales para evitar que la aleatoriedad de los cruzamientos —originada por recombinación génica— genere híbridos —animales con más de un alelo diferente para un mismo carácter— sin los caracteres deseados.

Es tal el grado de cosificación, que por boca de ecólogos, he llegado a oír que los animales esclavizados como «ganado» —el propio término despierta connotaciones negativas— constituyen «microhábitats» de la biodiversidad para moscas, tábanos, bacterias y endoparásitos. Yo, en esta fotografía, sólo veo la parte del cuerpo de un animal. Las funciones que pueda desempeñar un animal por su existencia en la naturaleza no deben reducir al animal a ser un mero elemento del paisaje.

Relación entre domesticación y endogamia

Cruzando animales que sean razas puras para los caracteres deseados, el ser humano se asegura de que su descendencia, en teoría —a menos que lo impidan la expresión de otros genes—, manifieste fenotípicamente dichos caracteres deseados.

Debido a que la presencia de caracteres homocigóticos aumenta dentro de una población animal seleccionada por el ser humano —como consecuencia de la selección artificial— la domesticación conlleva, inherentemente, un incremento de la endogamia —del parecido genético— entre los animales seleccionados y reproducidos con el fin de mantener dichos caracteres.

El concepto de «endogamia», con ligeras variaciones según de la fuente tomada, aparece definida usualmente como «la acción y el efecto del cruzamiento o la reproducción entre individuos con un parentesco genético».

En veterinaria abundan los artículos académicos sobre animales esclavizados como ganado en los que analizan sus tasas de endogamia como fruto de la selección artificial. Por ejemplo, enlazo esta tesis doctoral sobre la tasa de endogamia en la ganadería vacuna mexicana para la raza «beefmaster», nótese que los humanos somos jocosos incluso a la hora de nombrar a nuestros esclavos.

Que la domesticación conduce a la endogamia no es un misterio de la ciencia. Por este hecho, los veterinarios cómplices de la industria ganadera deben analizar de cuando en cuando la tasa de endogamia de su ganado esclavizado.

¡Derechos Animales ya! - Buceador junto a una mantarraya - Especismo en la cienciaLa ciencia actual está muy condicionada por el especismo. A través de la domesticación y de la selección artificial hemos esclavizado a los animales. Los pocos animales salvajes que todavía quedan se libran, de refilón, de la endogamia impuesta por el ser humano sobre los animales domesticados.

Verdades y mitos sobre la domesticación

La endogamia en animales —como en humanos— genera enfermedades por taras genéticas y los vuelve más susceptibles a otras. La selección artificial ha creado y crea animales deformes y enfermos. Esta razón, unida al hacinamiento o incluso a la introducción intencional de genes dañinos para su salud, hace que los animales esclavizados requieran una gran cantidad de medicamentos.

Por otra parte, existen muchos mitos sociales sobre los efectos de la domesticación y de la selección artificial. En algunas ocasiones, incluso aparecen divulgados sin pudor en libros académicos de filosofía, derecho o incluso de veterinaria.

Se alega a menudo que los animales domesticados por el ser humano carecen de la capacidad o fortaleza de sobrevivir en la naturaleza aun cuando existen especies asilvestradas de prácticamente de todas las especies domesticadas; las cuales reciben la etiqueta de «plaga» y acaban siendo asesinadas cuando molestan a las poblaciones humanas adyacentes.

A menudo se cree que la docilidad hacia el ser humano implica indefensión frente al medio natural. Que un animal se muestre dócil no significa que, en en condiciones naturales, no sepa sobrevivir o adopte estructuras sociales complejas aunque nunca las haya conocido. Los animales no somos una tabla rasa ni la domesticación es capaz de sobrescribir millones de años de evolución.

En estos casos se observa una dualidad entre ignorancia y racionalización. La sociedad general asume que no pueden vivir sin nosotros con la intención interiorizada de justificar el dominio que ejercemos sobre ellos o, al menos, su tenencia en nuestros hogares porque así nos beneficiamos.

Por fortuna, la selección artificial es reversible si obra de nuevo la selección natural, bastan unas pocas generaciones de selección natural para que reviertan la mayor parte de las taras génicas debidas a la endogamia. Esto rompe el mito social —también común entre veganos— de que los animales domesticados siempre serán dependientes de los humanos para sobrevivir.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoHasta la fecha están relativamente bien estudiados aquellos rasgos más característicos en las especies domesticadas y en sus respectivas razas como fruto de la selección artificial. Un ejemplo llamativo de carácter obtenido como consecuencia de la domesticación —y propagado mediante endogamia— reside en la mancha blanca que exhiben los bovinos e incluso en équidos.

Se estima que ciertos genes cuya expresión modulan la agresividad también intervienen en la secreción de melanina, al menos, en estas especies. En consecuencia, la selección de aquellos ejemplares —individuos— más dóciles ha causado que éstos también exhiban una mancha blanca sobre sus frentes.

Mi argumentación para definir la domesticación

Mi definición de la domesticación —expuesta al comienzo de este artículo— es una simple inferencia secuencial de proposiciones: Si la domesticación (A) aumenta la presencia de caracteres homocigóticos (B) porque se basa en la selección de parentales con caracteres homocigóticos, y la presencia de caracteres homocigóticos (B) incrementa la tasa de endogamia (C) porque se requiere mantener cruzamientos entre animales con caracteres homocigócitos —con parentesco génico— para la continuidad del fenotipo deseado, ergo, la domesticación (A) conlleva un aumento de la tasa de endogamia (C) dentro la población dada.

Si la domesticación, debido a la selección artificial, es un proceso que conduce inevitablemente a la endogamia, y la endogamia no se produce voluntariamente en los animales esclavizados —porque ellos, los parentales, no eligen la pareja por selección natural—, es legítimo entonces añadir el adjetivo o epíteto «endogamia forzada» para indicar así que la domesticación es un proceso de endogamia forzada.

De hecho, me atrevo a afirmar sin reparos que la domesticación es un proceso triplemente forzado:

  1. Forzado porque nosotros —los humanos— imponemos nuestra voluntad e intereses sobre la voluntad e intereses de los animales domesticados.
  2. Forzado porque la selección artificial —base de la domesticación—, conlleva el uso inherente de la violencia para sujetar, atar, controlar, inmovilizar, separar o dirigir a los animales sementales y a las hembras destinadas a la procreación, ya sea para una cópula natural o una recogida de semen y posterior inseminación artificial.
  3. Forzado porque los animales parentales no eligen a sus parejas ni ningún otro elemento que altera y modula el desarrollo de sus vidas y de la de su descendencia.

En conclusión, por mucho que este biólogo sea experto en el campo de la domesticación, ha optado por intentar una refutación sin argumentos porque posiblemente no tiene argumentos con que refutar esta argumentación sobre que la domesticación causa endogamia.

Quizás le haya sorprendido mi uso intencional de los términos en rechazo al especismo y la vehemencia con que me expreso —eso me comentaron cuando presenté mi TFM—, pero este rasgo —originado en mi caso por una selección natural sin muchos de los filtros naturales— no constituye una incorrección científica.

Lo más grave del comportamiento de muchos «expertos» reside en que su arrogancia convierte su talento potencial en manifestaciones de irracionalidad. En ausencia de contar con los argumentos de este biólogo, considero que lo expuesto hasta el momento en este artículo es coherente y científicamente correcto.

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¡Derechos Animales ya! - Día Internacional del Perro y la explotación caninaEn el Día Internacional del Perro debemos acordarnos de la explotación canina y de la esclavitud de todos los animales.

El Día Internacional del Perro nos recuerda la explotación canina

El 21 de julio es el Día Internacional del Perro. En este artículo me gustaría recordar la explotación canina —la esclavitud sufrida por los perros en todo el mundo— y condenar que, como sucede con la mayoría de los Días Internacionales, el ser humano se acuerda de unas víctimas y no de otras según su especie y utilidad.

Los perros, al igual que el resto de los animales del planeta, están contemplados legalmente como bienes muebles semovientes (objetos con movimiento autónomo). Ellos, exactamente al igual que el resto, carecen de derechos legales y sólo están contemplados como medios o herramientas al servicio del ser humano.

A lo largo del mundo, a los perros se los explota por su carne (por ejemplo, en el festival de Yulin), como guardián, como mascota (esclavo de compañía), como herramienta de caza, como detector de bombas y de drogas, como lazarillo, en terapias con animales, en prácticas veterinarias y en determinados experimentos científicos, y un largo etcétera.

A pesar de que la sociedad occidental concibió el Día Internacional del Perro porque rechaza cada vez más la explotación canina, como fruto de una mayor sensibilidad hacia estos animales, la dura realidad está en que carecen y carecerán de derechos mientras los seres humanos sigamos percibiéndolos como seres inferiores que existen para servirnos.

Mientras la sociedad general y sus propios defensores participen en la explotación animal al comer carne, al vestir cuero, al montar a caballo y en infinitas formas, ni los perros ni otros animales podrán tener jamás derechos reconocidos.

¡Derechos Animales ya! - Tres perritos en un descampadoEl abandono de perros y otras injusticias que padecen son la consecuencia de que son objetos ante la ley. La explotación canina está institucionalizada y el Gobierno de España no quiere cambiar esta realidad.

Todos los animales son esclavos

En el Día Internacional del Perro, quisiera alzar la voz en defensa de los perros y señalar la grave incoherencia de que quienes más se desviven por estos animales son, al mismo tiempo, quienes impiden que ellos y otros millones de víctimas puedan obtener la protección que se merecen.

Los activistas veganos mantenemos un compromiso para con los animales nos lleva a decir la verdad en una sociedad enamorada de las mentiras reconfortantes y de aquellas organizaciones o partidos que se limitan a hablar de «maltrato animal» como si la violencia contra los animales existiera en un vacío ontológico.

La violencia contra los animales es la consecuencia lógica y esperable de que carezcan de derechos legales. Y carecen de derechos legales como consecuencia lógica y esperable de que la sociedad los considere cual simples objetos que podemos usar y desechar a nuestro antojo. Mientras exista el especismo, tanto los perros como los demás animales del mundo seguirán siendo víctimas. Tú puedes cambiarlo.

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¿Es ética la crianza en cautividad de animales?

¡Derechos Animales ya! - Lince ibérico - Crianza en cautividad de animales para la recuperación de especies en peligro de extinciónEl lince ibérico es una de las especies animales de la Península Ibérica en peligro de extinción. Como se practica con muchas especies vulnerables, el lince ibérico está sometido a programas de crianza en cautividad en centros de recuperación de especies.

La moralidad de la crianza en cautividad de animales

Desde los albores de la civilización humana, nuestra especie se ha autoproclamado con legitimidad para señorear la Tierra, regir a los demás animales e incluso desplazarlos de sus hábitats y exterminarlos conforme nuestra población crecía y lo hacían nuestros intereses antropocéntricos. Hoy, millones de animales están en peligro de extinción y algunos grupos humanos —científicos y organizaciones ecologistas— participan directamente o indirectamente en la crianza en cautividad de animales con el fin de aumentar sus poblaciones previamente mermadas por las acciones humanas y de reintroducirlos en sus hábitats naturales.

Dado que la mayor parte de la humanidad percibe a los animales como objetos —razón por la cual se los ha llevado al borde de la extinción—, no es de extrañar que las medidas tomadas para la recuperación de una especie en peligro de extinción puedan incurrir en injusticias y aberraciones morales iguales o peores a aquéllas cometidas años antes que fueron causantes de que la especie animal en cuestión esté ahora al borde del abismo. Poniendo el dedo en la llaga, cabe analizar el fenómeno de la crianza en cautividad de animales y preguntarnos: ¿es ética?

La crianza en cautividad vulnera los intereses inalienables de los animales

Muchos humanos en la actualidad se oponen a los zoológicos porque implican el encierro de animales inocentes. No obstante, ven perfectamente bien que se los encierre en centros de recuperación de especies y se los someta a programas de crianza en cautividad.

La razón es simple: cuando la mayoría de los humanos rechaza los zoológicos no lo hace porque comprenda que los animales valoran su libertad y merecen vivir libres; sino que se oponen a aquellas formas de encierro que no brindan un «beneficio aceptable» (percepción bienestarista). Para algunos, el hecho de que sus hijos puedan contemplar a un gorila o a un león tras pantallas de metacrilato es un beneficio que justifica la esclavitud de tales animales; mientras que, para otros, sólo se justifica la crianza en cautividad cuando, supuestamente, va en beneficio de los afectados.

Algo similar sucede cuando los consumidores justifican el consumo de explotación animal apelando que el sufrimiento de dichos animales queda justificado por el beneficio que les brinda a ellos mismos. En todos estos casos se evidencia una contradicción flagrante y una actitud negacionista. A los animales se los percibe como «ejemplares» representantes de una especie, no como individuos con intereses propios.

Buite negro (Aegypius monachus) enjaulado en un centro de recuperación de especiesBuite negro (Aegypius monachus) enjaulado en un centro de recuperación de especies.

Los centros de recuperación de especies

Para el caso de animales en peligro de extinción o aquéllos especialmente vulnerables en un contexto determinado, existen centros dedicados a su cuidado y atención. Un «centro de recuperación de especies» es, a menudo, un término bastante vago que puede aludir tanto a una reserva como un zoológico tradicional. Si entendemos que nos referimos a un centro destinado a la atención de animales vulnerables, cabe distinguir si tales animales llegan al centro por razones caprichosas o de fuerza mayor, si son privados de libertad temporal o permanentemente o si se los llega a reproducir artificialmente.

Si el animal llega a un centro porque ha recibido daños por causas humanas y necesita atención para salvar su vida o no comprometer su superveniencia, no es contrario a la ética que allí se lo retenga el tiempo necesario para asegurar que podrá sobrevivir. En este caso, si nosotros hemos sidos los causantes de sus males, tenemos el deber moral de hacer lo posible por salvarles la vida. En cambio, esta situación no es equivalente a la crianza de animales en cautividad y de terceros con el argumento de evitar su extinción. Mi argumentación para justificar esta postura se fundamenta en tres puntos que están íntimamente relacionados con la base argumental expuesta en este artículo del activista Luis Tovar titulado «¿Explotar a otros animales por su propio bien?».

  1. Sólo tenemos la obligación moral de intervenir cuando nosotros, a nivel individual —deber moral— o colectivo —deber circunstancial— somos causantes de los daños sufridos por tales animales debido a que somos responsables morales de sus circunstancias.
  2. Intervenir supone, muchas veces, atentar contra su voluntad, autonomía y someterlos sin su consentimiento a ser dependientes de nosotros. No tenemos legitimidad para intervenir a menos que sea la única opción viable para salvarles la vida cuando nosotros hemos sidos responsable de su suerte.
  3. Toda forma de explotación animal es injusta. Incluso cuando, aparentemente, beneficia al animal. Así ocurre porque un centro de recuperación de especies sólo tiene en cuenta del interés de un animal en vivir o sobrevivir al mismo tiempo que les niega otros intereses inalienables como la libertad o la integridad física. Tenemos la obligación moral toda forma de explotación animal y otras violaciones morales que nosotros cometemos contra los demás animales. Cualquier recurso que dediquemos a otras cosas que no tenemos el deber de hacer se lo estamos quitando a lo que sí debemos hacer.

¡Derechos Animales ya! - Conejos criados en cautividad para favorecer a especies animales en peligro de extinciónConejos criados en cautividad. Muchos animales criados en cautividad tienen el único fin de ser el alimento de otros animales criados en cautividad y favorecer a especies en peligro de extinción. Al mismo tiempo, los humanos nos llenamos la boca diciendo que «preservamos la naturaleza». ¿Cuál naturaleza?

¿Salvar a unos a costa de otros?

Como biólogo, me inculcaron durante la carrera que podíamos desempeñar una labor muy «gratificante» y casi «altruista» al tratar de recuperar especies en peligro de extinción mediante crianza en cautividad. Resulta bastante comprensible que si los humanos hemos sido causantes del desplazamiento y del exterminio de ciertas especies, tenemos la obligación moral circunstancial, como colectivo, de refrenar y de paliar esta situación aun cuando la hayan causado otros humanos y no nosotros a nivel individual. La justificación para ello radica en que, si vivimos en sociedad y participamos en actividades sociales en una sociedad especista, si no actuamos y concienciamos a otros humanos, no lograremos minimizar y evitar que se sigan cometiendo tales daños.

Sin embargo, debido al especismo y nuestra visión cosificadora de la naturaleza, tanto en la ciencia como en la sociedad se evalúa este asunto de la crianza en cautividad a granel o a bulto sin considerar poco más que objetivos y resultados. Un fin no justifica los medios. Tanto los fines como los medios han de ser coherentes y ajustarse al principio de igualdad.

Cuando hoy se establecen medidas legislativas y proyectos para la recuperación de especies en peligro de extinción —en España el caso más popular es el del lince ibérico por ser una especie patria—, se considera a los propios individuos afectados y a terceros como simples piezas de un rompecabezas ecológico que debemos armar para que todo vuelva a fluir como lo hacía antes de que alterásemos el ecosistema. Los científicos y relacionados no tienen en cuenta, en ningún momento, si para recuperar una especie en peligro de extinción van a causar todavía más daño a otros animales igual de inocentes. Esto ocurre, sí o sí, cuando se pretende aumentar artificialmente la población de un animal carnívoro. Como expliqué en un artículo previo titulado «Asesinato de animales como alimento para otros animales», la sociedad humana no parece plantearse la moralidad de asesinar a unos animales con el pretexto de salvar a otros.

Distribución geográfica actual del lince ibérico tras décadas sometido a programas de crianza en cautividad.

El caso práctico de la crianza en cautividad del lince ibérico

En España, desde hace unas décadas, existe un ingente y costoso programa para recuperar el lince ibérico y evitar su extinción. El interés en esta especie, sobre tantas otras —como el quebrantahuesos— que no despiertan tanto furor social, no es initencionado.

Como se observa en las banderas de ciertos países, los humanos tendemos a aplicar nuestros sentimientos grupalistas —regionalistas y nacionalistas— en torno a símbolos que sean característicos, exclusivos y definitorios de nuestra tierra. Si a este fenómeno sociológico le sumamos el hecho de que vemos a los animales como simples objetos y elementos del paisaje, no es de extrañar que los lugareños de un lugar guarden especial interés en «preservar su símbolo», lo que aplicado a un organismo vivo se traduce en evitar su extinción y creernos que ya tiene el futuro resuelto mientras atentamos contra su hábitat y contra todo el planeta en su conjunto. Y si la preservación del símbolo llena centenares de estómagos con proyectos investigadores y una turba de trabajadores subcontratados, el grupo se satisface el doble. Vaya que sí.

El lince ibérico, precariamente repartido en pequeñas poblaciones a lo largo del sur peninsular, requiere una serie de recursos para sobrevivir que, actualmente, vuelven prácticamente inviable su supervivencia sin intervención humana. Al grupo esto le da igual mientras el dinero siga fluyendo, pero a sus víctimas no tanto. La crianza en cautividad del lince ibérico conlleva, al mismo tiempo, la crianza en cautividad del conejo —la presa por excelencia del lince— para así alimentarlos y que así su población crezca. Si bien, a diferencia de en condiciones naturales, aquí no existe una curva de Lotka–Volterra; sino, en términos ecológicos, una inyección artificial de biomasa en consumidores primarios (conejos) para que dicha biomasa pase a los consumidores secundarios (linces) y así crezca su población artificialmente sin quedar supeditada a la capacidad de carga (K) del medio.

¡Derechos Animales ya! - Evolución de la población de lince ibérico en la Península Ibérica - Animal en peligro de extinciónEvolución de la población de lince ibérico en la Península Ibérica desde comienzos del siglo XX.

Conclusiones sobre la crianza en cautividad

Los linces, conejos y otros animales afectados, como ya se ha expresado, son esclavos y cautivos del ser humano. Su libertad es nula o relativa según el momento y las circunstancias. El lince se beneficia tímidamente del ser humano debido a la crianza en cautividad de conejos, al mismo tiempo que él mismo es cautivo de su propia crianza en cautividad y dependencia del ser humano para vivir en libertad. A menudo, la crianza en cautividad, lejos de practicarse por un equivocado convencimiento ético, se ejerce por simples intereses económicos y asociados a la simbología etnocéntrica de un país o región. Los animales criados en cautividad se encuentran en la irónica tesitura de que un aumento de su población no garantiza su pervivencia a largo plazo a tenor de la presión humana sobre el medio. Es decir, de nada les sirve recuperar el «esplendor de antaño» si sólo podrán vivir recluidos porque ya les hemos arrebatado su hábitat.

Utilizar a un animal como recurso para un fin —explotación animalsiempre es injusto con independencia del fin. Incluso si dicho fin es supuestamente beneficioso para sí. En este artículo sólo se han tenido en cuenta los casos de animales que son criados en cautividad con el argumento de «recuperarlos». Lo mismo se aplica cuando los animales predadores y presas son criados en cautividad para su «mantenimiento» con fines comerciales (zoológicos, acuarios, etc.). Que la población de una especie animal aumente no es beneficioso siquiera para el individuo; pues al animal de turno le importa un bledo —ni lo comprende— que su especie vaya a extinguirse en varias décadas. Las especies son un concepto abstracto para permitir el estudio de sus relaciones filogenéticas mediante la cladística. Al lince ibérico, como a los seres humanos, puede importarles sus congéneres por una razón sentimental, pero a ninguno de nosotros nos quita el sueño si dentro de miles o millones de años no existimos sobre este planeta.

Las especies ni sienten ni padecen. Sólo existimos los individuos con independencia de que nuestros genes se aproximen más o menos a los genes de terceros. De esto parecen olvidarse muchos biólogos expertos científicos a raíz de un prejuicio fijista casi religioso. Lo que desean los animales es que sus intereses inalienables sean respetados. Solamente los centros de recuperación de especies pueden ser éticos mientras vayan destinados a la recuperación de animales heridos y afectados por causas humanas y no impliquen perjuicio alguno para los intereses de otros animales.

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