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Gary Francione y los seis principios del abolicionismo

Gary Francione - ENTREVISTA GLF - Principios del abolicionismoCartel que resume los principios del abolicionismo del enfoque abolicionista. Más información sobre Gary Francione.

Introducción al abolicionismo

Gary Francione es el máximo exponente actual de los Derechos Animales. Estableció los seis apartados que constituyen el denominado «Enfoque Abolicionista». El Enfoque Abolicionista consta de aquellas razones éticas por las cuales debemos cumplir y defender los Derechos Animales para alcanzar la abolición de la explotación animal.

Los Derechos Animales tienen una vertiente ética y legal. A rasgos prácticos, se basan en el reconocimiento de que los demás animales merecen el mismo respeto reconocido a los humanos. De tal forma, el cumplimiento de los Derechos Animales siguiendo los seis puntos del enfoque abolicionista resulta un deber moral tanto para actuar de manera justa hacia las víctimas como para ser consistentes respecto a los demás principios éticos.

A menudo, el término abolicionismo se ve tergiversado, malinterpretado o corrompido por ignorancia o intereses personales o institucionales. El abolicionismo, en Derechos Animales, se define como la acción y efecto de abolir la explotación animal como resultado de una asunción de derechos.

Así, solamente se considera abolición cuando una o más formas de explotación animal quedan abolidas por un reconocimiento de derechos. La prohibición de una práctica sin previa consecución de derechos constituye un acto y maniobra propios del bienestarismo. Existen cientos de organizaciones que se lucran mediante la mentira al prometer una protección legalmente imposible.

En la actualidad, no existe ninguna especie animal ajena a nuestra especie con derechos reconocidos y no podrá haberlas mientras sigan catalogadas como «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Cabe destacar que lo importa no subyace en la denominación; sino en su vinculación legislativa, es decir, poco importa que se los considere seres sintientes; pues sus intereses quedarán igualmente supeditados al de los humanos.

Asimismo, en ética el concepto de especie (biología) carece de validez; pues lo que marca la posesión de derechos (valor inherente) es la posesión de intereses inalienables. Quienes poseen intereses son los sujetos en sí mismos; no los conjuntos abstractos más o menos similares formados por tales individuos. Nuestra sociedad discrimina moralmente según la especie y ello se denomina especismo. Lo mismo se aplica al concepto de «raza» y al racismo.

El enfoque abolicionista rechaza la visión utilitarista de Singer, autor de la famosa obra «Liberación Animal» (la cual, paradójicamente, se opone la liberación animal), y ofrece un razonamiento deontológico similar al de la filosofía de los Derechos Humanos. Se asemeja en algunos aspectos a la teoría de Tom Regan; pero su máxima diferencia radica en que parte del concepto de propiedad (pertenencias) como reflejo de la mentalidad antropocéntrica que debe desaparecer a través del activismo educativo y no violento para la instauración de un nuevo paradigma social.

A continuación se presenta una adaptación de los principios del abolicionismo redactados por Gary Francione en seis puntos o apartados.

Traducción en español

Ensayo original (en inglés)

Derechos AnimalesEl enfoque abolicionista es la puesta en práctica de los Derechos Animales. Los principios del abolicionismo de la esclavitud animal toman su bases en los principios del abolicionismo de la esclavitud humana.

Principios del abolicionismo

Principio primero: oposición al estatus de propiedad

El enfoque abolicionista rechaza el uso de todos animales no humanos como recursos (explotación) para la satisfacción de cualesquiera fines humanos. La base doctrinal para este rechazo se fundamenta en el hecho de que todos los humanos tienen el derecho fundamental y pre-legal de no ser tratados como recursos para terceros. Éste es el derecho que rige la exclusión de la esclavitud de seres humanos. Poseer un valor intrínseco significa que el sujeto merece respeto porque valora su propia existencia aunque nadie más lo haga o hiciere.

Este fundamento continuaría siendo válido para el caso de los demás animales debido a que éstos también valoran su propia existencia según podemos observar empíricamente. Si los animales importan moralmente, no podemos tratarlos como si fuesen recursos y estamos obligados a reconocerles el derecho a no ser propiedad para excluirlos de nuestra explotación.

Incluso asumiendo la postura del relativismo moral, se observa que toda sociedad humana reconoce la injusticia de provocar daño o sufrimiento innecesario a otros individuos. Esta consideración protomoral denominada «principio humanitario» evidencia que la ética se apoya en una lógica inherente derivada de la cognición.

Principio segundo: refutación de las campañas monotemáticas

Las reformas en el «bienestar animal» no funcionan a causa del estatus de los animales no humanos como propiedad. Cuesta dinero proteger los intereses de tales animales y únicamente protegemos los intereses de dichos animales cuando nos reporta un beneficio, el cual casi siempre suele ser económico.

El estatus de propiedad de los demás animales limita los beneficios de la reforma. La mayoría de éstas no hacen otra cosa más que modificar prácticas de manera que, por ejemplo, incrementando los gastos de acondicionamiento se reduzcan los gastos de veterinaria y esto conlleve que se mejore la eficiencia de la producción para los explotadores institucionales. Incluso en situaciones en las que los costes de producción se incrementan, este incremento raramente excede la elasticidad de la demanda en el mercado y el mercado de productos animales no es afectado negativamente.

La reforma bienestarista, por tanto, no hace nada por erradicar el estatus de propiedad de los animales. Más aún, las medidas de bienestar animal consiguen que el público se sienta cómodo participando en la explotación animal (desculpabiliza al consumidor) y esto motiva a continuar con el uso de animales no humanos.

El enfoque abolicionista de los Derechos Animales, además de rehusar las campañas reformistas del bienestar animal, desaprueba las campañas monotemáticas que buscan prohibir determinados usos de animales más que reformar los estándares en sí mismos de la explotación.

Principio tercero: asunción del veganismo

El veganismo debe ser la base moral mínima que guíe el comportamiento humano para poder llegar a ser justos con otros animales. El veganismo es la única respuesta racional a la idea de que los animales tienen un valor moral.

El problema no se debe a que exista gente dedicada a la crianza, hacinamiento y asesinato de animales no humanos; sino al consumo por parte de los habitantes humanos. Dicho consumo valida la explotación animal e impide un reconocimiento de derechos.

La solución pasa en primer lugar por reducir la demanda. Para ello, debemos promover el veganismo como base ética que permita a los agentes morales (humanos con plenas capacidades) comprender la inmoralidad de la explotación animal.

Para conseguir la abolición, los activistas han de enfocarse en el activismo vegano creativo y no-violento.

Charla de Gary Francione en donde explica la realidad que padecen los animales y en qué consiste el abolicionismo de la explotación animal. Vídeo subido y subtitulado por la activista Cristina Cubells.

Principio cuarto: negación del gradualismo

El bienestarismo y otras percepciones derivadas del antropocentrismo moral llevan a la población humana a considerar que unos animales valen más que otros según su proximidad genética a los humanos (pj: primates) por motivos de cercanía contextual (pj: perros, gatos, etc.) o por manifestación de una elevado intelecto (pj: cetáceos).

El abolicionismo, al tomar el veganismo como cimiento de nuestra relación con los demás seres sintientes, estima que la mera presencia de la capacidad de sentir es requisito suficiente para poseer derechos debido a que la sintiencia en sí misma conlleva posesión de intereses, deseos y una conciencia, mínima al menos, por la cual el organismo sabe autodiferenciarse del entorno.

Por tanto, todo ser vivo capaz de percibir sensaciones debe contar con derechos. El enfoque abolicionista se centra en la explotación animal porque los animales constituimos el único grupo conocido capaz de sentir.

Principio quinto: coherencia ética

Los Derechos Animales se oponen al especismo porque, al igual que otras formas de discriminación moral, se basa en un criterio irrelevante (la especie) para despreciar y discriminar los intereses de otros seres sintientes. La oposición al especismo tiene sentido sólo como parte de una posición general en contra de todas las formas injustas de discriminación.

Por ende, nuestra oposición al especismo requiere que nos opongamos a toda discriminación moral con independencia de quién sea la víctima.

Principio sexto: rechazo de la violencia

La violencia es un subtipo de explotación por el cual un individuo usa a otro como recurso para desfogar su agresividad (condición biológica). Dado que la violencia sistemática contra otros animales es una consecuencia de su cosificación moral, emplear la violencia contra humanos o propiedades es también resultado de un desprecio hacia su valor moral. Por ello, el enfoque abolicionista condena la violencia como medio para conseguir justicia por los demás animales. El rescate de animales no humanos es legítimo mientras no implique vulnerar los intereses de terceros en cumplimiento del principio de igualdad.

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Autoengaño-antitaurino

El autoengaño antitaurino, estar contra la tauromaquia no los salvará

La lucha antitaurina está mal enfocadaTípico cartel publicitario antitaurino con que las organizaciones bienestaristas tratan de ganar dinero vendiendo humo. No existen las victorias.

Prohibir la tauromaquia no logrará salvar a los toros

El movimiento antitaurino pretende lograr la abolición (realmente sólo la prohibición) de la tauromaquia sin entendimiento de los requisitos legales. Si alguien fuese tirando piedras a carnicerías con el objetivo de que la gente dejara de comer carne, podría considerarse un tremendo sinsentido. Pues la gente seguiría explotando a éstos a otros animales e implica una discriminación moral entre víctimas. Incluso aunque fuera capaz de destrozarlas todas, ¿impide que se construyan otras? La lucha actual contra la tauromaquia carece de una base coherente debido al bienestarismo y el desconocimiento de por qué hemos llegado a estos espectáculos tan crueles.

Cuando este ejemplo se traslada al caso de la lucha antitaurina, muchos activistas se empecinan en convertir A en B. Que uno salte a una plaza con el objetivo de impedir una forma de explotación animal (ha habido una elección y preferencia previa) implica privilegiar a unas frente a otras y no supone ningún tipo de concienciación para los consumidores de la misma. ¿Evita que mañana hubiere una nueva corrida? ¿Que en un municipio fuere a crearse una nueva plaza si un alto pública lo demanda? En absoluto. Si acaso, sólo tendría sentido asistir a manifestaciones para conocer gente y hacer activismo por los Derechos Animales.

En este sesgo de percepción nace de la ninguneación del valor de la demanda. Es decir, aparece porque los activistas creen que una acción existe por sí misma y no sólo debe ser reprimida; sino que piensan que lo conseguirán sin más mediante el uso de la presión y fuerza; la misma presión y fuerza que ejercemos los humanos contra otros animales y nos ha llevado a esta tesitura. Por momentos, parecieran desconocer u olvidar toda la estructura del especismo y la cosificación moral.

Si no existe concienciación, lo único que puede obtenerse con alguna mayoría es una regulación de la explotación. Éste es el caso actual del movimiento antitaurino y la razón fundamental por la cual muchos activistas se autoengañan al ver una «abolición» en una simple regulación. No se persigue reconocer derechos; sino la abolición de una forma de explotación animal por ser cruel. Eso no es abolición. Abolicionismo no significa «prohibir» a secas; sino hacerlo por reconocimiento de derechos. El cese de la tauromaquia no implicará derechos para los toros. Terminar en un matadero en lugar de en una plaza no es precisamente un «derecho» como tampoco lo era que un negro en el siglo XIX terminara ahorcado en una finca o en la plaza del pueblo; sino una mera regulación sobre el uso de la propiedad. Luchar contra una forma de explotación animal (campaña monotemática) en una sociedad que mayoritariamente acepta el uso de animales no humanos como simples recursos implica, inherentemente, una regulación sobre el uso de la propiedad según si nuestra especie considera adecuada y justificada la relación entre medios y fines.

Luchar contra la tauromaquia no implicará ningún reconocimiento legal para los toros debido a que todos los no-humanos están catalogados como propiedades humanas. El cese de cualquier forma de explotación no salva necesariamente a las víctimas (no existe un derecho reconocido que lo permitiese) ni frena el desarrollo o adaptación de otras formas de explotación que fuesen «menos crueles».

Centrarse en unas víctimas por el «maltrato» que reciben es bienestarismo y este camino sólo lleva al regulacionismo.
Campaña San Fermines sin sangre - Anima Naturalis

Captura de pantalla en donde las organización bienestarista Anima Naturalis explica por qué debemos donarles dinero. Mentiras y manipulación al poder.

Modus operandi del negocio antitaurino y sus falacias dialécticas

1) Dice que el problema está en que mueren de forma agónica y dolorosa. El uso de adjetivos innecesarios genera una imagen de masacre que no cuestiona ni emite reflexión acerca del respeto que merecen la víctimas. Centra la atención en las sensaciones, en la emoción que transmite a los sentidos. Se trata de una estrategia típica de márketing.

2) Dice que la mayoría de los españoles está en contra de las corridas, como si la ética fuese algo relativo o democrático según el número de personas que apoyan o no una actividad. O sea, como en Arabia Saudí la mayor parte de la población concuerda con el hecho de lapidar mujeres infieles a sus maridos, entonces la lapidación estaría bien… Se trata de una burda falacia ad populum. El respeto que merecen las víctimas es independiente de cualquier consideración humana. Es imposible luchar por sus derechos mientras se niega inclusive su valor moral. Resulta vital reconocer cuándo nos engañan. La dialéctica ayuda un montón.

3) Dice que busca abolir el espectáculo, no evitar la explotación de tales toros. Especifica que una razón radica en que da mala imagen a la nación española. Esto ya ni siquiera es un argumento bienestarista; sino que evoca a la filosofía kantiana del siglo XVIII, quien decía que no debíamos «maltratar» a los demás animales porque entonces seríamos más violentos con los nuestros. A pesar de ser un argumento tristemente intuitivo, es tanto falso como falaz. Nosotros no los explotamos por ser violentos, sino porque los consideramos inferiores y que sus intereses carecen de valor. Justo el mismo prejuicio que publicitan con semejante información.

4) Dice que centra en atención en San Fermín porque es el más mediático. No importa ya ni las víctimas ni siquiera si es cruento como aseguran. Básicamente es una buena oportunidad para llamar la atención y ganar dinero. Por último, pasan el cepillo. Nada de esto sería posible si los «sensibilizados» actuasen por sí mismos en lugar de enriquecer negocios como éstos.Autoengaño antitaurino

Si eres vegano, llámate como tal y defiende el veganismo

El movimiento antitaurino no solamente lo siguen quienes se declaran antitaurinos; sino también gente que se considera vegana pero prefieren decantarse por este movimiento y decir que son «antitaurinos» para evitar un «alejamiento» en el receptor. Ese planteamiento es tanto una petición de principio (no explican por qué hablar de veganismo aleja a la gente) tanto una falacia ad consequentiam: creencia de que dicho supuesto «alejamiento» justifica cierto uso manipulado de los términos. Si un vegano fingiera ser cazador tal vez lo atendieran más dentro de un grupo de cazadores a raíz del sesgo ad hominem (mayor confianza y consideración por las ideas de quienes conforman un grupo); sin embargo, sería poco ético que uno realizara activismo engañando y mintiendo a los demás. Eso nos convertiría en comerciales desalmados; no en activistas.

Los antitaurinos afirman luchar contra la tauromaquia para «poner fin a la tortura». Sin embargo, cuando se les señala que el fin de la tauromaquia sólo cambia las plazas por los mataderos, suelen verlo igualmente como un logro. ¿Cuál logro? ¿Que no vemos su muerte televisada? Aunque mañana mismo termine la tauromaquia en todos los países no habrá habido ninguna victoria; pues casi ningún toro se salvará. Así pues, quienes celebran por lo alto que cierto municipio prohíbe alguna forma de explotación taurina, no sé si es que prefieren autoengañarse o son ignorantes. Dentro del animalismo se vuelven demasiado comunes ciertas falacias: «pasito a pasito», unionismo, nihilismo, etc.

Las víctimas necesitan que llamemos a cada cosa por su nombre. El veganismo incluye, por sí mismo, una lucha moral contra toda injusticia que padecen los no humanos como fruto de nuestra explotación. Por tanto, es innecesario e incluso contradictorio usar otros términos. Quien no desee hablar de veganismo, que hable al menos de explotación y de Derechos Animales. El antitaurinismo es una rama del bienestarismo; puesto que acepta la explotación de otros animales e inclusive de los toros si se produce bajo ciertas condiciones, algo tan absurdo y aberrante como justificar el asesinato de vacas en mataderos si no se les practica con banderillas.

Con estas premisas expuestas, ¿por qué tantos y tantos activistas están más preocupados en la acción directa para llamar la atención de la ciudadanía y de los partidos en lugar de difundir el veganismo? ¿Por qué se empeñan en ver como abolicionismo una lucha que en ningún momento podría conseguir el reconocimiento de derechos al no existir una mayoría vegana que apoye los Derechos Animales?

Cuando explico todo esto suelo recibir comentarios soberbios por parte de antitaurinos que me presentan sus currículums, ataques ad hominem y otras evidencias de que, aunque no fuese ésta su intención, realmente usan a otros animales como alter ego para liberar tensión y sentirse mejor consigo mismo mientras la tormenta no amaina ni ellos tampoco están dispuestos a aceptar los errores; sino a atacar a quien les exponga, en pocas palabras, que están tanto perdiendo el tiempo como perjudicando sus propias vidas al terminar con delitos penales sin beneficio alguno para las víctimas.

Si realmente nos importan las víctimas, invirtamos en defenderlas, en ser coherentes al mismo tiempo y no alimentar negocios que explotan la explotación animal.

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¡Derechos Animales ya Reducetarianismo seamos hipócritas

Reducetarianismo: El nuevo negocio de la hipocresía

El reducetarianismo es hipocresíaAdaptación simple para plasmar el mensaje subyacente de esta aberrante campaña que promueve lo que ellos llaman «reducetarianismo».

El reducetarianismo dice que puedes hacer mucho sin hacer nada… Es falso pero se vende bien

Como se ha señalado en otras entradas, el incremento de la preocupación social acerca de la explotación animal ha abierto novedosos nichos de mercado. Que aparezcan nuevas formas de negocio se debe a una combinación entre el intelecto humano y su ambición ilimitada.

Las empresas que se enfocan en estos campos innovadores no cometen, inherentemente, ninguna acción contraria a la ética. Caso opuesto cuando aparecen compañías y organizaciones lucrativas que mienten, manipulan o se sirven de la arraigada cosificación de los animales no humanos para ganar dinero convirtiendo lo negro en blanco. Se valen del especismo arraigado en la sociedad para lucrarse difundiendo alternativas que les sirva a los consumidores para tranquilizar sus conciencias.

¿Te afecta conocer la situación mundial de los demás animales pero careces de fuerza de voluntad?

¿Sigues pensando que existen en la Tierra para servirte, ya sean por razones religiosas o meramente prejuiciosas inculcadas socialmente?

¿Te gustan demasiado las carnes o participas de primera mano en la explotación animal?

¿Necesitas mejorar tu autoestima y sentirte mejor contigo mismo creyendo que tus acciones contribuyen a algún bien?

¿Sufres temor a acabar en una isla de desierta y sabes que por ello nunca podrías vegano?

Estás de enhorabuena, el reducetarianismo1 es para ti.

1De ahora en adelante se utilizará como sinónimo el término «hipocritarianismo». Es una palabra menos comercial; pero más exacta.

Reducetarianismo - Alivia tu conciencia¿Venden camisetas para hacerte sentir orgulloso de tu falta de ética y esfuerzo para con los animales y no les han agregado el mensaje que representa su percepción interior? Quien aboga por el reducetarianismo tiene claro que sólo se importa a sí mismo y manifiesta un conocimiento limitado del ecologismo.

Si no fuese suficiente con el bienestarismo (la doctrina utilitarista imperante en entre los animalistas) y los engaños del «bienestar animal» (regulaciones metodológicas para el incremento de la productividad excusadas como interés por el trato), estamos viviendo el nacimiento de un pensamiento que se suscribe a la idea de «sé lo que pasa, sé lo que hago; pero me miro el ombligo».

El reducetarianismo… ejem… hipocritarianismo es una versión todavía más funesta que el típico vegetarianismo postureta. Equivale a ser consciente de una problemática, hacer lo mínimo y decir ante el mundo: «Ya he cumplido con mi parte. Ahora me toca comer jamón».

Dado que se trata de un movimiento (si pudiera llamarse así) de índole utilitarista, crea furor entre los falsos altruistas: animalistas perro-gatistas y de primates-sí-porque-se-parecen-a-nosotros, ecologistas del tipo «salva-a-los-delfines-me-importan-una-mierda-los-atunes» y todo aquel que vive de ilusiones, falsas expectativas y dice que les da pena el «maltrato animal» y están en contra de la tauromaquia y otros festejos con animales mientras son los primeros en defender su «derecho» a la barbacoa del domingo porque tales animales murieron de risa en un matadero bajo unas supuestas normativas de «bienestar animal».

Por favor, denle el Nobel de la Paz

El promotor de esta iniciativa carente de sentido y moral es Brian Kateman, quien lanzó una campaña en la plataforma Indiegogo (donaciones para proyectos de emprendedores) con el propósito de recaudar fondos para charlas e investigaciones que ayuden a la salud social y reduzcan el impacto ecológico. La campaña fue un éxito y empezó a dar entrevistas por todo el mundo mundo y charlas en medios tan prestigioso TEDx:

Una de las partes introductorias de su discurso para justificar el reducetarianismo es (primero aparece el original en inglés y luego la traducción del mismo fragmento):

“Part of the problem with the vegan and vegetarian messaging is that it resonates with many people as an all-or-nothing commitment, that the only way to contribute to the environmental, animal welfare and health movement is to completely eliminate meat from a diet. The most effective question we can ask is not how can we increase the amount of vegetarians and vegans, but rather, how can we reduce the amount of meat consumed?”

«Parte del problema con los mensajes de veganos y vegetarianos es que resuenan en mucha gente como un compromiso de todo o nada, que la única manera de contribuir al movimiento por el medio ambiente, el bienestar animal y la salud consiste en eliminar completamente la carne en la dieta. La pregunta más efectiva que podemos preguntar no es cómo incrementamos la cantidad de vegetarianos y veganos; sino, más bien, cómo reducimos la cantidad de carne consumida».

Me quito el sombrero ante semejante dialéctica cargada de rigor filosófico… Pasa de señalar el argumento de sus opositores a afirmar, sin más, que promover la reducción del consumo de carne es más efectivo para la salud, el medio ambiente y el «bienestar animal». Como resulta habitual en mantras utilitaristas, comete incesantes peticiones de principio y esquiva cualquier planteamiento ético.

Si está seguro de que el reducetarianismo sirve (o es ético) para los animales no humanos, debiera afirmar que promover un menor número de violaciones o de niños esclavizados en países tercermundistas es una forma de «comprometerse» con la causa. Vamos, según él, podemos ser parte del problema y de la solución simultáneamente.

Las organizaciones animalistas (bienestaristas) necesitan traer de cuando en cuando a un líder profético con carisma para justificar la postura de la institución y convencerlos de que su dinero está yendo a un buen lugar.

Sin embargo, más allá del fraude evidente para los animales y para sus socios, no necesitamos líderes ni organizaciones para promover el respeto que merecen las víctimas. Basta con querer hacerlo y estar bien formado.

Reducetarianismo - Hazte hipocritarianoEsto debería aparecer en su página web. Les hemos ahorrado el trabajo de diseñar el cartel que representa sus argumentos.

Si el mensaje vegano es radical se debe a que la propia ética es radical. No respetamos a nuestros congéneres un «poco», sino siempre. Asumimos que los niños y mujeres no merecen un «poco» de respeto; sino absoluto. ¿Podemos participar en la explotación humana y estar haciendo algo bueno para ellos? Entonces… ¿cómo podemos respetar a otros animales mientras participamos en su explotación?

En definitiva, parece que ser radical es malo cuando atenta contra los intereses particulares de quienes se benefician. Por eso, muchos ven como «aceptable» el reducetarianismo, pues, supone adoptar una postura «moderada»: moderamente injusta, moderadamente aberrante, moderadamente egoísta, moderadamente inconsistente, etc.

A este fenómeno lo llamo «El triunfo del cuñadismo», ya ni siquiera se requiere tomarse la molestia de respetar a ciertos individuos según la especie a la cual pertenezcan; sino que no se necesita ni mover un dedo para pensar que uno está cambiando cambiando su vida y la de otros animales. Es la versión material de un raciocinio primitivo y acrítico (nihilismo) que se niega a reconocer una evidencia lógica.

Los animales estarán sentenciados mientras se promueva la reducción del consumo de sus cadáveres y derivados en lugar de señalar la verdad inequívoca de que merecen respeto porque valoran sus propias vidas.

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Burra atada en una finca Pobreza

La necesidad no es justificación moral para explotar animales

Burra atada en una finca - Explotación animal vinculada a la pobreza

A menudo se aduce que explotar animales sea necesario porque sus explotadores necesitan hacerlo para ganarse la vida. La necesidad no es justificación moral bajo ningún concepto, pues ellos no son culpables de la situación humana ni de las injusticias que sufran sus explotadores.

Padecer una injusticia no legitima no es una justificación moral para explotar animales

En España y otros cientos de países en condiciones de extrema miseria existe explotación animal vinculada a la pobreza. Uno de los ejemplos más representativos en países de América Latina lo constituye la tracción de sangre, una forma peculiar que se emplea en varios países del Cono Sur para referirse a la actividad de recoger chatarra y transportar objetos mediante la explotación de équidos.

A tenor de la crisis económica mundial, se observa un incremento directamente proporcional entre la desigualdad sufrida por el pueblo y la opresión que éste ejerce contra otros animales (aún más débiles) debido a una absoluta desconsideración hacia sus intereses. No cabe extrañarse; pues los humanos, con una mentalidad utilitarista, hemos tratado históricamente y seguimos tratando a los no-humanos como simples recursos. Ellos siempre se llevan la peor parte de una injusta estructura social y, para colmo, no reciben la atención de casi nadie. Si el humano corriente no suele hacer actos altruistas por sus congéneres, aun menos por otros animales. De hecho, a la indiferencia absoluta se le suma el alegato bastante irritante de «¡Los humanos primero!».

La necesidad no es justificación moral. Las condiciones en que viva un ser humano no le otorgan legitimidad para cometer injusticias. Que los humanos suframos injusticias no convierte en menos injusto para los animales la acción de comerlos o explotarlos de alguna forma. Si esto, a veces, parece complicado de entender y explicar en sociedad en referencia a humanos sin que alguien nos mire mal, peor incluso cuando uno pretende defender a las víctimas no humanas. Así como la explotación humana resulta siempre injustificable, la explotación animal es injusta ya la practique un rico o un pobre. Si matar a un ser humano —aún se haga por dinero para comer— no está bien por unos fundamentos éticos, ¿por qué razón va a ser justificable si se trata de un no-humano? Precisamente, el especismo consiste en aplicar un código ético diferente según quién padezca la injusticia. Si ninguno de los presentes pondría a un humano de esclavo para cargar con fardos, ¿por qué un caballo, mula o burro sí debe hacerlo? Y no, no vale salir por la tangente diciendo que quizás las plantas también sientan. Esta «escala de prioridades» refleja fielmente una moral convenida por un conflicto de intereses. Este punto ha de quedar grabado a fuego para reconocer nuestra doble vara de medir.

Para condenar una injusticia no necesitamos «saber» cómo enmendar una situación derivada

Otra de las falacias habituales se basa en exigir alternativas con el objetivo de excusar acciones humanas. Ni yo ni ningún activista tiene que «aportar» previamente una solución al problema para ganarse la potestad de denunciarlo. Alegar que una forma de explotación animal resulta «aceptable» en el caso de no haber opciones deseables o viables a corto plazo es como haber afirmado en el siglo XIX (como se hacía) que la esclavitud negra estaba bien porque los blancos necesitaban dicha mano de obra o sus negocios se irían a la ruina.

La lucha por los Derechos Animales será terriblemente larga. Hoy por hoy, en una sociedad incapacísima de comprender los aspectos básicos del principio de igualdad, uno se siente inútil e impotente ante una masa de ignorancia, egocentrismo y agresividad que apenas alza la voz para hablar de «maltrato animal» y pedir un «bienestar animal» imposible en la práctica. Desde la base, bastaría con que todos los autoproclamados animalistas fuesen éticamente coherentes para que ya hubiese un verdadero ejército capaz de cambiar la realidad. Entretanto, tenemos a unos que creen que ya hacen lo correcto (y se cuelgan medallas) y otros que directamente pasan o se montan justificaciones ridículas.

Han de tenerse las bases de los Derechos Animales para formarnos como activistas y sólo de esta manera obraremos sin discriminación moral.

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La victimización de los explotadores

Los especistas se victimizan cuando hablamos de explotación animal - Victimización de los explotadoresLa victimización de los explotadores es un hecho cotidiano. Aunque habrá a quien le resulta algo ofensivo, esto me viene a la cabeza cuando muchos explotadores de animales se victimizan públicamente como si señalar su especismo supusiera una afrenta o tuviese algún tipo de parangón con las acciones que ellos practican o promueven a diario. Respecto a la viñeta, ha de considerarse que el término «carnista» es innecesario; pues sitúa a quienes comen carne como si fuesen peores explotadores.

La defensa de un no-derecho

Cuando efectuamos nuestro activismo por los Derechos Animales, todos los días recibimos respuestas reaccionarias y defensivas ante nuestras publicaciones y comentarios. Así ocurre porque un sinfín de usuarios y lectores se toman como un ataque personal que se señale sus acciones aunque nadie los aluda a ellos (ni los conocemos). El modus operandi de la victimización de los explotadores siempre es el mismo, de modo que podemos dividir los tipos de comentarios recibidos en tres:

  • Diplomáticos: Nos piden, con suma educación, que retiremos una fotografía, ilustración, viñeta, etc., a causa de que les desagrada. Tras explicarles, con los mismos buenos modales, que condenamos acciones y comportamientos (no individuos) debido a que necesitamos reflejar la realidad de las víctimas, suelen adoptar la actitud del siguiente modelo.
  • Indignados: Claman a los cuatro vientos acerca de cómo hemos tenido la desvergüenza y osadía de atacar a quienes «aman a los animales» (pj: rescatistas, perro-gatistas, explotadores compasivos, etc.) o realizan actos absolutamente legales (se sabe que si algo es legal en alguna parte nadie debe reprochar nada, válgame). Estos sujetos muestran su experticia en ética y argumentación al rechazar cualquier intento de acercamiento o analogía diciendo que sencillamente «no son lo mismo» y mediante molestos alegatos especiales: «no tenéis ni idea de cómo funciona una granja», «no puedes entenderlo», «informaos», y un larguísimo etcétera. En el momento en que se hartan de repetir su mantra de prejuicios o se palpan demasiado cuestionados como para mantenerla, pasan adoptar la disposición inferior; la cual refleja su verdadera naturaleza interior.
  • Agresivos: Estos sujetos renuncian a todo atisbo de modales o raciocinio y se enzarzan en una batalla de burlas y descalificaciones continuas. En la mayor parte de los casos nos vemos obligados a bloquearlos para terminar con la discusión. Si a ellos les parece cansino responder, que se imaginen cuánto resulta para nosotros estar contestando a un centenar de clones de forma consecutiva.

A toda la gente que molesto por ser vegano, no soy yo, es tu conciencia - Victimización de los explotadores

No, Di Caprio no es vegano. El cartel sólo pretende señalar la evidencia de la sociedad general se siente atacada por el mero hecho de saber que hay otra gente con más fuerza de voluntad y principios que ellos para rechazar toda forma de explotación animal.

La victimización de los explotadores es un reflejo de sus conciencias

Llama un montón la atención que quienes participan en la explotación animal —ya sea más directa o indirectamente— se muestran siempre los más susceptibles frente a vídeos e imágenes en donde se aprecia la terrible crueldad con que usamos y tratamos los animales no humanos. O sea, no les importa cuánto sufrió el animal de turno; sino que protestan porque a ellos sí les afecta de una manera sentimental o moral. Muchas veces, los activistas tenemos que cogerlos con pinzas por tal de que no se irriten y comiencen a agredir. Una sensibilidad la mar de convenida…

 

Si cada jornada se repite sin cesar esta especie de algoritmo social, se debe a que ellos mismos se ven como las víctimas. Acontece una victimización de los explotadores por la cual confunden los conceptos de respeto o tolerancia con el hecho de darles el visto bueno para hacerles a los animales cuanto les dé la real gana. Dado que se creen legitimamos para protestar, no dudan en exhibir una completa irracionalidad. Y entre los explotadores no cabe sólo imaginarse a granjeros, ganaderos, taurinos o cazadores a los que les inculcaron desde pequeños cómo someter a los animales; sino que más agresivos y peores son los animalistas rescatistas y los vegetarianos de «salud» y «medio ambiente». Por sorprendente que parezca, he comprobado por mí mismo que tiene más facilidad para hacerse vegano un ganadero con la conciencia intranquila que un animalista que se percibe a sí mismo en un pedestal moral por donar a una organización animalista o por hacerse ‘selfies‘ en la mani de turno.

En nuestra sociedad buenista a menudo se fomenta la creencia de que una sociedad avanzada consista en que cada uno siga su camino sin joder al vecino. Ello, unido al especismo, hace que muchos lectores inesperados de nuestras publicaciones y artículos acostumbran a exigirnos una absoluta indiferencia hacia los demás animales vestida con falsa empatía y comprensión. Para ellos, todo eso se trata de un asunto «privado». Pues no, lo que nuestra civilización practica sistemáticamente con los restantes animales de este planeta no está oculto ni se limita a la conveniencia o decisión de cada uno. En vista de que no pueden negar la lógica de «no les hagas a otros aquello que no te gustaría que te hicieran», este tipo de individuos sólo tienden dos salidas: aceptar nuestros argumentos o no pasar de agredirnos hasta ver satisfecho su ego herido. Nosotros se lo debemos a las víctimas reales y no miraremos hacia otro lado. Por tanto, que se guarden sus quejas y odios, y se miren al espejo.

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