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¡Derechos Animales ya! - La caza furtiva, la biodiversidad y la contradicción de los ecologistas

La caza furtiva, la biodiversidad y la contradicción de los ecologistas

¡Derechos Animales ya! - La caza furtiva, la biodiversidad y la contradicción de los ecologistasLa caza furtiva no es diferente de la caza legal. Ambas formas de explotación animal conducen hacia la muerte y exterminio de animales por placer o intereses económicos. A menudo, los ecologistas justifican la caza para proteger la biodiversidad y presentan una postura contradictoria respecto al asesinato como medio para la conservación de especies animales.

La caza furtiva no es diferente de la caza legal

Los veganos nos oponemos a toda forma de explotación animal (uso de los animales como recursos), tanto si dicha explotación es legal o ilegal. Muchas acciones que hoy están condenadas universalmente por los Derechos Humanos fueron aceptables en momentos pasados de nuestra historia reciente. Así ocurre porque la legalidad sólo establece qué está permitido, no aquello que sea justo, lógico o coherente. En la publicación presente quisiera hablar sobre la caza furtiva, la biodiversidad y la contradicción de los ecologistas cuando justifican la caza para proteger la biodiversidad o lograr la conservación de especies animales.

La caza furtiva consiste en la captura y asesinado ilegal de animales. Nuestra sociedad considera que ciertas capturas y asesinatos de animales son ilegales, en algún lugar o época del año, por razones antropocéntricas.

Puesto que no existe ninguna diferencia ética entre matar a un humano en enero o hacerlo en agosto, tampoco existe ninguna diferencia ética entre asesinar animales cuando están o no en época de cría. Las leyes prohíben determinadas prácticas, como la de cazar en la estación reproductora de estas especies, con el único objetivo de asegurarse de que nace suficiente animales que poder asesinar al año siguiente.

Ante esta doble vara de medir, nos encontramos situaciones muy contradictorias en el seno del ecologismo especista. Cada dos por tres, las grandes organizaciones ecologistas lanzan campañas para perseguir la caza furtiva y se vuelve viral alguna noticia sobre animales en peligro de extinción (como los rinocerontes u otros más desconocidos).

Lejos de proteger o promover el respeto hacia los animales, estos mensajes antropocéntricos sólo le transmiten a la sociedad que los animales importan según su especie, según cuantía poblacional y según el momento y lugar donde se les quite la vida.

Partido Vegano - Cebras y otros animales en un safari - Biodiversidad - EcologistasQuedan ya muy pocos miles de animales con relativa libertad. Ningún animal es libre porque todos están catalogados como propiedades humanas. Los ecologistas, debido al especismo inculcado desde la infancia, aspiran a preservar la biodiversidad mientras cosifican a los animales como meros elementos del paisaje. La caza legal no es más justa que la caza furtiva.

La biodiversidad, el ecologismo especista y el argumento de la caza para proteger la biodiversidad

La sociedad general se echa las manos a la cabeza cuando se habla de que una especie se ha extinguido o de que está en peligro de extinción. A pesar de que, quizás, la mayoría de la humanidad no se lo plantee, tal reacción no está motivada por un sentimiento genuino de empatía; sino por la consideración antropocéntrica de que una especie extinta significa una especie menos que poder contemplar en un zoológico, un acuario, un delfinario, un circo, con la que poder experimentar o que poder explotar de cualquier otra forma. El ser humano, en la práctica, sólo contempla la existencia de los animales como domesticados o exterminados.

El ecologismo especista está obsesionado con la biodiversidad porque considera que los animales son meros objetos o elementos del paisaje que debemos conservar por el bien de nuestros propios intereses. Irónicamente, los ecologistas se lamentan de la pérdida gradual de especies, motivada en gran parte por la caza furtiva, aun cuando mantienen la misma mentalidad que origina tales hechos y promueven la perpetuación del asesinato masivo de animales, mientras sea legal, allá dondequiera que se estime oportuno.

Esta misma contradicción moral los lleva a defender la caza legal y el exterminio de aquellos animales que consideran «plagas» o «especies invasoras»; pues la biodiversidad no les agrada si no responde a la aquella biodiversidad considerada como «natural» debido a la fusión entre un prejuicio especista y uno fijista. La vida salvaje está condenada por aquellos que afirman defenderla.

Por todo ello, los activistas veganos condenamos tanto la caza furtiva como la caza legal y toda forma de explotación animal en reconocimiento de que todos los animales sienten, padecen y de que merecen respeto como individuos, al margen de su especie, utilidad, cuantía poblacional o de cómo afecte a otros seres vivos como consecuencia de nuestras acciones sobre el medio ambiente. Si también te importan todos los animales, hazte vegano y actúa en consecuencia.

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Día Internacional del Animal de Laboratorio

Partido Vegano - Día Internacional del Animal de LaboratorioLos animales «de laboratorio» son esclavos usados en la experimentación científica para beneficio e interés egoísta de los seres humanos. La experimentación sin consentimiento libre e informado nunca puede ser ética ni justa.

Día Internacional del Animal de Laboratorio nos recuerda que los animales de laboratorio son esclavos de las enfermedades humanas

Desde 1979 se celebra el 24 de abril como Día internacional del Animal de Laboratorio y contra la experimentación animal. Este día, aunque bienestarista en su origen y definición, nos recuerda que a millones de animales se los usa y asesina como sujetos de experimento.

Los animales no tienen la culpa de nuestras enfermedades ni deben pagar con sus vidas para salvar las nuestras. Ninguna forma de explotación, esclavitud u opresión pasa a ser justa porque la sufra otra especie.

Justificar el uso de animales en laboratorios porque no son humanos es exactamente el mismo argumento que esgrimían los racistas del siglo XIX para practicar la experimentación forzada en humanos de raza negra o los nazis del siglo XX para hacerlo con judíos. En ambos casos se produce una racionalización de nuestra legitimidad basada en el poder y el dominio frente a otros individuos más débiles y desvalidos por el contexto de la situación.

La ciencia actual nos demuestra que la experimentación animal, además de aberrante en todas sus formas, no sirve ni servirá para investigar o curar distintas enfermedades humanas. Así ocurre porque tanto la transmisión como el desarrollo y el cuadro clínico general no se produce igual en otros animales que en humanos.

En el Día internacional del Animal de Laboratorio, los activistas veganos denunciar toda forma de explotación animal y reivindicamos el desarrollo de alternativas a la experimentación animal. No hay nada de justo ni necesario en criar, manipular y asesinar animales como si fueran objetos desechables.

La crisis reciente del coronavirus nos recuerda que cada vez cobra mayor vigencia el ofrecimiento de humanos voluntarios para someterse a experimentación.

Debemos evolucionar como sociedad en todos los sentidos y dejar de percibir a los animales como recursos o herramientas a nuestro servicio.

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¡Derechos Animales ya! - La ciencia puede progresar sin experimentación animal

La ciencia puede progresar sin experimentación animal

¡Derechos Animales ya! - La ciencia puede progresar sin experimentación animalLa experimentación animal es injusta porque los animales no pueden dar su consentimiento para servirnos como sujetos de experimentos ni de ninguna otra forma de explotación animal. La noticia de que la Universidad de Oxford está realizando ensayos clínicos de coronavirus con voluntarios es un ejemplo de que la ciencia puede progresar sin experimentación animal.

La Universidad de Oxford intenta crear una vacuna contra el coronavirus con voluntarios

Según informaba La Vanguardia el 15 de junio de 2020, la Universidad de Oxford había recibido 10.260 voluntarios para someterse a ensayos clínicos con el coronavirus. El proceso era complejo para los sanitarios pero simple para los pacientes: se les inoculaba el virus, se atendía a su evolución y se evaluaba la generación de anticuerpos para crear una vacuna.

En este artículo quisiera tomar el caso de estos voluntarios ante el coronavirus —un ejemplo real de humanidad, solidaridad y compromiso social— para explicar la diferencia categorial entre la experimentación con voluntarios humanos y con esclavos animales.

Los humanos con plenas facultades —agentes morales— podemos dar nuestro consentimiento libre e informado para participar en actividades peligrosas y daniñas en la búsqueda de un bien mayor, por satisfacción personal o por mero altruismo. Por el contrario, los animales —como los niños pequeños— no alcanzan el nivel de conciencia necesario darnos su consentimiento para tales acciones.

Los animales explotados en experimentación animal son criados, hacinados, manipulados y asesinados en todo tipo de ensayos y pruebas. Así se practica porque los animales de todo el mundo son legalmente esclavos bajo la denominación de «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Así ocurre porque hemos normalizado desde la infancia que los animales existan para servirnos o que no merezcan el mismo respeto que querríamos para nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Prueba COVID-19La pandemia del coronavirus ha vuelto a poner de manifiesto que el ser humano es capaz de cometer cualquier crimen por tal de salvar su trasero. La humanidad sería capaz de asesinar y exterminar a cualquier animal sobre la Tierra sólo ante la remota posibilidad de que le sirva de algo para luchar contra un virus. Se llama antropocentrismo y es el origen de todos los males asociados a los animales y a la naturaleza.

La experimentación animal es injustificable

A menudo, se esgrime el argumento de que la ciencia necesita la experimentación animal para poder progresar. Esto es tanto una falsedad como una falacia:

  1. Es una falsedad —un hecho falso— porque una gran número de enfermedades se desarrollan con un cuadro clínico diferente en humanos y requieren estudio en humanos para poder encontrar y ensayar una cura. Asimismo, los protocolos de experimentación animal suponen un retraso excesivo en la aplicación de nuevos medicamento aun cuando existen voluntarios humanos dispuestos a probarlos.
  2. Es una falacia —un argumento inválido— porque la necesidad de encontrar una cura a enfermedades no justifica el uso de sujetos forzados o esclavizados ni la realización de ensayos clínicos que atentan contra sus vidas, integridad y otros intereses inalienables. En distintos regímenes del mundo se ha experimentado forzadamente con humanos y se han obtenido curas y medicamentos. Nuestra sociedad entiende que el fin no justicia los medios. Que un animal no sea de nuestra especie, no significa que deje de ser una acción injusta hacia ellos. La ética no cambia según la especie como tampoco según la raza o el sexo.

A raíz de estos ensayos clínicos con voluntarios humanos por la pandemia del coronavirus, podemos afirmar que la ciencia puede progresar sin experimentación animal. Los activistas veganos reivindicamos los Derechos Animales y queremos evidenciar que una ciencia y una sociedad de progreso puede y debe desechar la experimentación sobre sujetos forzados y esclavizados.

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El especismo en la ciencia y en las publicaciones académicas

Fragmento especista de Eye of the Crocodile - Publicación académicaEjemplo de especismo en la ciencia o, mejor dicho, en la comunidad científica. El texto corresponde a un fragmento de la parte final del libro «Eye of the Crocodile», el cual trata sobre las relaciones entre «humanos y animales».

Un mero ejemplo del especismo en la ciencia

Cada dos por tres consulto bibliografía con fines académicos y para averiguar qué nuevo se conoce sobre los animales para defender sus derechos. Conviene aprovecharlo para enseñar un ejemplo de cómo los prejuicios especistas todavía campan a sus anchas en la ciencia, y usarlo a su vez para exponer una serie de consideraciones genéricas sobre los argumentos vertidos en las investigaciones del campo de las relaciones humano-animal. Nótese, de antemano, que esta dicotomía inicial centra el asunto en nosotros y reduce todas las especies animales como si no hubiera diferencias entre ellas.

Este campo se conoce a menudo con su nombre en inglés animal studies. En la ciencia, el especismo —como consecuencia del antropocentrismo— todavía campa a sus anchas. Éste puede plasmarse de muchas maneras. Una de las manifestaciones más comunes en nuestros días, ante el germen del debate académico en torno a la figura moral de los animales, es incurrir en peticiones de principio o argumentos que no se derivan de las premisas para justificar la explotación animal.

En documentos variopintos (revistas, artículos, libros de divulgación, etc.) suele acontecer un fenómeno llamativo: el investigador de turno plasma unos razonamientos que no se desligan de las premisas, deforma los argumentos sobre un fenómeno y se lanza a emitir peticiones de principio.

¡Derechos Animales ya Grullas de corona gris Balearica regulorumLa ciencia debería limitarse a estudiar a los animales sin vulnerar sus intereses inalienables. No son objetos ni elementos del paisaje; son sujetos.

El especismo en la ciencia se reviste de argumentación racional

En este artículo citado, nos encontramos con que la autora se inventa los principios de la termodinámica ecológica para afirmar que, como la práctica del veganismo no tiene por qué ser necesariamente más ecológica en todos los casos —aunque lo sea teóricamente y el especismo nos haya llevado a exterminar a millones de animales sobre la Tierra—, y los humanos también pertenecemos a la red trófica, entonces, dice que no está mal comer animales.

La falacia naturalista

Por supuesto, no hace mención alguna sobre la innecesidad de comer animales ni sobre el hecho contradictorio de que por qué asesinar a un animal no-humano y no asesinar a humanos cuando ambos desean vivir. El estudio promueve el consumo de carne al señalar que los animales también discriminan de manera grupal, así pues, siguiendo su razonamiento basado en la falacia naturalista, entonces estaría bien ser racistas y esclavizar humanos. Observamos el especismo científico en todo su esplendor.

El ensayo de marras tiene parrafadas enteras a cuales más estúpidas que las anteriores. No está refutando estudios científicos ni argumentos éticos; sino su propia invención o interpretación sobre los mismos. Se saca de la manga que los veganos «negamos la cadena alimentaria» y arroja falacias ad naturalis en lugar de entender que la naturaleza no sirve como argumento para legitimar nuestros actos. Al igual que en la naturaleza un animal es comida para otro, también una hembra puede ser sólo un agujero de cópula para el macho de turno y no por ello a nadie se le ocurriría justificar las violaciones entre humanos. Las leyes se inventaron porque la naturaleza no era, precisamente, un arquetipo de ética ni justicia.

El texto es un compendio típico —y sangrante por estar en una editorial prestigiosa— de falacias típicas para justificar el bienestarismo. Básicamente dice que es «natural» explotar a los animales porque los animales se explotan entre ellos y que sólo debemos cuestionar el trato que les damos. Del carácter natural de la acción no se desprende que debamos evitar sufrimiento alguno y precisamente es ahí donde se nota el dogma bienestarista y una cosificación flagrante; pues si uno argumenta ad naturalis debiera justificar todas las acciones que acontecen en la naturaleza —incluso la más perversa de las violencias— en lugar de reducirla al caso de la explotación cárnica y decir que «basta con darles una buena vida».

La falacia del falso mutualismo

Esto incurre en un alegato de un falso mutualismo. Pues no puede haber mutualismo cuando una especie rige la alimentación y reproducción de otra. Comete, por tanto, la petición de principio de que basta con un buen trato y de que un buen trato sea equivalente a «respeto». No puede haber respeto cuando nuestras acciones vulneran los intereses inalienables de un sujeto. Podríamos cambiar la palabra «animal» por «mujer» y estos investigadores notarían su profundo especismo.

El colofón posmoderno del especismo científico, hijo del típico relativismo moral que pulula en nuestros días, viene al afirmar que los veganos somos elitistas y etnocéntricos al no considerar que otros no pueden ser veganos por su cultura o subsistencia. Algo así como si a alguien se le ocurriera justificar la ablación o lapidación femenina alegando que es normal en determinados países, que es parte de su cultura milenaria o que estaría bien que ciertas culturas comieran humanos si les faltasen recursos económicos. Esta falacia ad misericordiam es, por desgracia, bastante común cuando se busca justificar la explotación animal cometida por colectivos minoritarios u oprimidos.

La falacia de la falsa dicotomía

Llegados a este punto, y pesar de estas falacias tan patentes, la autora se atreve a proponer cuál debería ser el enfoque vegano para con los animales; uno bienestarista, reducetariano y complaciente con la esclavitud animal.

En el párrafo citado, la autora acusa al veganismo de caer en una falsa dicotomía postulando que no todo uso de los animales es malo. Yo matizaría que todo uso no es malo cuando no equivale a explotación (el significado que parece darle). Por ejemplo, pedirle a un perro que se acerque puede ser un «uso» de ese sujeto; pero no conlleva la vulneración de su vida, libertad o integridad.

Toda explotación, en cambio, es injusta en sí misma porque implica usar a un sujeto como medio para un fin ajeno. Es muy cómodo (e hipócrita) asumir que un humano forma parte de la «cadena alimentaria» (usa alternativamente el concepto antiguo con el más reciente de «red trófica») para justificar una forma de explotación sistemática mientras acusa a quienes no la cometen de ser elitistas por rechazarla. Menudo cinismo.

Pinturas rupestres - Especismo en la ciencia - Animales cazadosNuestra percepción hacia los animales no ha cambiado desde el Paleolítico y ello se evidencia en el especismo todavía presente en la ciencia porque la comunidad científica es tan especista como la propia sociedad general. Negamos la inteligencia animal, nos creemos dueños de sus vidas y estamos exterminándolos.

La ciencia no podrá avanzar si no nos despojamos de prejuicios

En fin… Busco señalar que existen muchos «investigadores» que se dedican a intentar tapar con citas continuas unos argumentos que no se sostienen y que necesitan fabular sobre la ciencia y las posturas éticas para procurar racionalizar sus prejuicios.

La omnipresencia del especismo en la ciencia me motiva por un lado a seguir profundizando en el campo de la investigación, y me desalienta por otro al ver un panorama de mediocridad revestido de profundidad filosófica. La mayor parte de los académicos que hoy se dedican a los animal studies no suelen contar con una enorme formación de ciencia (al provenir en su mayoría del terreno la filosofía u otras letras) ni a menudo conocen a figuras eminentes en los Derechos Animales como el difunto Tom Regan o el prestigioso Gary L. Francione.

Artículo referenciado

Plumwood, Val. Eye of the Crocodile, edited by Lorraine Shannon, ANU Press, 2012. ProQuest Ebook Central.
https://ebookcentral.proquest.com/lib/uses/detail.action?docID=4595550.

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¡Derechos Animales ya! - Laboratorio de investigación

El antropocentrismo en la ciencia, ¿un mal inevitable?

¡Derechos Animales ya! - Laboratorio de investigación

La ciencia es objetiva; pero los humanos no lo somos. El antropocentrismo en la ciencia se vuelve patente con casi cada artículo académico o divulgativo que cae en nuestras manos.

Los científicos todavía están cargados de mitos antropocéntricos

Las publicaciones académicas están atestadas de antropocentrismo. En noviembre de 2018, la revista «Investigación y ciencia», traducción para el habla hispana de Scientific American, publicaba una monografía especial titulada «Humanos, ¿por qué somos una especie tan singular?» referida a aquellas características que supuestamente nos convierten en seres únicos.

En una revista de divulgación científica se esperaría, ante todo, un tono objetivo y la exposición de datos y evidencias. Lejos de ello, esta gran sección dedicada a nuestra especie es una especie de manifiesto que parte desde unas investigaciones para justificar una serie de inferencias, epítetos y adjetivos, cuando menos, subjetivos.

El texto comienza con la advertencia previa de que los científicos muestran reticencias a la hora de apoyar abiertamente el antropocentrismo para así adelantarse y contrarrestar posibles críticas ante una evidente petición de principio. Ésta la comete al afirmar, ya desde el titular, que somos una especie extraordinaria, tomando datos o hechos como nuestra extensión geográfica o gran capacidad de comunicación (desarrollo del lenguaje).

Es indiscutible que los humanos poseemos unas facultades muy desarrolladas y que muchas de nuestras circunstancias son realmente únicas; no por su clase, sino por su grado alcanzado. Sin embargo, el quid de la cuestión viene cuando, por asociación conceptual, asume que el ser humano es extraordinario por el cúmulo de diferencias frente a otros animales —sin considerar que cada especie animal es igualmente desemejante tanto hacia nosotros como hacia otros— para justificar el uso del término «extraordinario» con la no ingenua intención de aprovechar las connotaciones positivas que abrazan dicho concepto.

Revista investigación y ciencia - Número monográfico que representa el especismo en la ciencia - Antropocentrismo en la ciencia

 La monografía titulada «Humanos, ¿por qué somos una especie tan singular?», publicada por la revista «Investigación y ciencia», es un ejemplo relevador del antropocentrismo en la ciencia.

Cuando la subjetividad se esconde bajo la etiqueta de objetividad

Si bien el texto persigue supuestamente la objetividad científica —como lo hace la propia ciencia a quien representa—, incurre en un claro componente emocional y evidencia un sustrato prejuicioso cuando se vale de datos y hechos científicos determinados, sobre las diferencias entre humanos y otros animales, para justificar la emisión de juicios de valor sobre los resultados cosechados.

No es lo mismo argumentar que los humanos somos una especie muy peculiar a afirmar que, debido a ello, seamos entonces una especie «maravillosa» y con legitimidad para hacer cuanto queremos con la naturaleza y los animales que comparten el planeta con nosotros.

Y menos aún vale cuando los criterios considerados parecen sesgados; pues ya en las primeras líneas de la monografía «Humanos, ¿por qué somos una especie tan singular?» podemos leer una importancia arrogada a la distribución geográfica (entonces las palomas o los delfines estarían a nuestra altura), la cuantía poblacional (entonces los animales domesticados estarían a nuestra altura) o nuestra capacidad de alterar el medio (como si destruir los ecosistemas o causar el cambio climático se trocara en algo virtuoso porque permite evidenciar las elevadas posibilidades humanas).

El artículo, según avanza, se observa que éste no trata tanto de analizar qué nos diferencia; sino cómo tales diferencias permitirían inferir conclusiones morales y justificar la superioridad humana frente al resto de las especies. Y, en resumen, todo el contenido de dicha monografía se limita a autoensalzarnos.

¡Derechos Animales ya! - Revistas de historia de la IndiaSon innumerables las publicaciones de toda índole que glorifican y veneran la supremacía humana frente al resto de las especies.

El antropocentrismo en la ciencia se debe a que somos esclavos de los prejuicios

Desde la Antigüedad hasta nuestros días ha cambiado enormemente nuestro conocimiento sobre el mundo; pero no nuestra percepción sobre el mismo. Nos arrogamos características únicas mientras parecemos olvidar que la propia existencia de nuestros prejuicios es un reflejo de nuestra condición animal; pues los prejuicios, como instintos, son caracteres heredados genéticamente y vinculados a la selección natural.

Pareciera que los humanos tenemos una obsesión instintiva con diferenciarnos del resto para así darle sentido a nuestra existencia, como si nuestro valor como individuo o civilización residiera en cuánto somos capaces de crear o de destruir.

Ser antropocéntrico significa sufrir un sesgo endogrupal basado en la condición de «ser humano» que nos lleva a buscar la existencia de una «otredad» para darle sentido a nuestro «ego». Por ejemplo, las supersticiones podrían considerarse como un consuelo o intento fallido de lógica que se establece cuando nuestro cerebro intenta trazar puntos en la realidad y forjar premoniciones que nos permitan encontrar respuestas a nuestras dudas metafísicas o solventar aquellas tribulaciones más profundas de nuestro ser.

Hoy, por estudios etológicos, se sabe que las supersticiones no son exclusivas de los humanos; sino un producto de la evolución compartido con otras especies. Al mismo tiempo que la ciencia, con la genética a la cabeza, confirma el fiel parecido entre grupos animales aparentemente alejados, otros muchos investigadores sienten la necesidad de seguir hilando más fino para continuar agarrándose a un clavo ardiente con que engrandecerse frente a la otredad.

Todavía se sigue partiendo desde la premisa antropocéntrica de que la inteligencia animal y cualquier comportamiento de éstos siempre debe analizarse como la suma de componentes simples.

¡Derechos Animales ya! - Hombre saturado por ecuaciones matemáticasNo cabe negar que los humanos seamos una especie con una elevada cognición media. Sin embargo, esto no conlleva ni justifica que minusvaloremos la inteligencia de otros animales ni que, por ello, los discriminemos. De hecho, nuestra especie no discrimina —injustamente— por un criterio de inteligencia; sino por un criterio de especie. Apelar al intelecto sólo es una excusa que obvia un prejuicio previo.

Aún nos queda por desmontar demasiados mitos antropocéntricos

Que si el cerebro tripartido y la función del neocórtex, que si los instintos, que si el sistema límbico, que si el efecto de amígdala, que si la imaginación, que si la planificación del futuro, etc., la ciencia está continuamente desechando y creando nuevas hipótesis para justificar el antropocentrismo por la sencilla razón de que los científicos también son humanos y están condicionados por un ambiente que desde pequeños nos inculcan que los demás animales existen para servirnos y que está bien cosificarlos para explotarlos con un fin concreto o para ejercer una violencia ritualizada.

Y todo ello sin entrar, como en otros artículos, de cómo se pretende continuar justificando la experimentación con animales y el abismal autoengaño científico cuando se habla de «bioética» o de «bienestar animal», en éstos y otros campos, al la par que se cometen aberraciones en nombre de la ciencia o del medio ambiente.

El antropocentrismo en la ciencia no es tan peligroso por sí mismo, se vuelve peligroso cuando se camufla de verdad absoluta, objetiva e inamovible. Así sucedió a comienzos del siglo XX con el darwinismo social; el cual se empleó para justificar el racismo y nazismo mediante la creencia en la superioridad de la raza aria.

De la misma manera, camuflar el antropocentrismo bajo el gran y respetado manto de la ciencia presenta una vasta influencia social en tiempos modernos, como la tuvo antiguamente bajo el amparo de la religión por medio del mito de la Creación. Una ciencia invadida de antropocentrismo lleva inevitablemente a una percepción especista hacia los demás animales y la asunción de que los animales sólo son seres inferiores que existen para servirnos.

Tenemos la obligación científica —y ética— de paliar y enmendar nuestros sesgos naturales para alcanzar una verdadera objetividad. La lógica nos dice que los demás animales con quienes compartimos el planeta también merecen respeto. Si logramos eso, luego verdaderamente podremos estimarnos como únicos.

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