Archivo de la etiqueta: argumentación

Principio de igualdad para defender los Derechos Animales. ¡No deben ser nuestros esclavos o propiedades!

El principio de igualdad hacia los animales

Principio de igualdad para defender los Derechos Animales. ¡No deben ser nuestros esclavos o propiedades!En antropocentrismo nos lleva a creer que somos el centro del universo. Aplicar el principio de igualdad para los demás animales significa desechar nuestros prejuicios inmemoriales.

El principio de igualdad hacia los animales es una extensión lógica del principio de igualdad humana.

Los humanos establecimos nuestra Carta de Derechos Humanos al basarnos en los intereses inalienables de todos y cada uno de nosotros de acuerdo con los principios físicos y químicos que rigen nuestra propia existencia.

Atendiendo a la biología, podemos determinar que poseemos un sistema nervioso capaz de convertir estímulos en experiencias, un complejo polivalente que nos dota de una visión subjetiva del mundo y nos proporciona una conciencia propia. Esta generalidad, expresada en términos de «ser humano», resulta asimismo aplicable en distintos grados a todas aquellas criaturas poseedoras de un sistema nervioso. Apelando a la ciencia y a la lógica, podemos y debemos aplicar el principio de igualdad hacia todos los animales sintientes.

Tradicional y culturalmente, los seres humanos se han autodesignado superiores a los restantes seres por el mero hecho de no ser como nosotros. De hecho, como se ha estudiado en campos como la sociología o la literatura (p. ej. en la esclavitud humana o en cuanto al tratamiento del monstruo literario), desde antaño nos hemos basado en los rasgos biológicos de los animales para discriminar a otros humanos alegando que se parecen más a ellos que a nosotros. Creamos así nuestra identidad comparándonos con el otro y nos arrogamos características únicas para sentirnos mejor y racionalizar nuestras pretensiones egocéntricas o colectivistas.

Podemos analizar cómo, desde los albores de la civilización, el ser humano forjó una individual y identidad colectiva a través de la percepción de alteridad frente a otros animales y cómo desde entonces se los ha visto como seres inferiores y simples recursos que existen en la Tierra para nuestro uso y disfrute.

Nos preguntamos para qué sirven los animales, por qué los dispondría una divinidad ante nuestros ojos o qué nos diferencia para así construir nuestra identidad ante la suya. Se ha tratado, en resumidas cuentas, de un fenómeno de alteridad frente a otros animales, un prejuicio transmitido de generación en generación, con que hemos buscado nuestro lugar en el mundo mediante la racionalización de una serie de creencias y prejuicios supremacistas.

Racismo, sexismo y especismoEl especismo comparte la misma base epistemológica con otras discriminaciones morales.

Una explicación naturalista del especismo

Por estudios de psicología, antropología y etología, se sabe que los humanos y otros animales discriminamos por rasgos identitarios (rasgos biológicos distingibles que permiten una diferenciar a un individuo de otro). Si esos rasgos nos permiten separar al «yo» del «otro» de una manera que no nos afecte emocionalmente y nuestro grupo acepta una diferenciación entre el valor de ese sujeto con respecto al nuestro, surge entonces la cosificación (negación de la voluntad del sujeto) y ésta lleva a la explotación (uso como recurso).

La explotación de un sujeto puede conducir a que miembros del grupo hegemónico se sensibilicen con los sujetos cosificados. Así pues, una respuesta lógica del grupo será buscar medios y razones que nieguen la voluntad del sujeto cosificado hasta el punto de que sean incuestionables.

Este fenómeno —la búsqueda de una diferenciación grupal—, unido a la carencia de conocimientos para explicar aquello que las sociedades pasadas —y presentes— no conocían, sería, junto con otras variables, el origen de las creencias religiosas y de conceptos presentes en múltiples culturas como el «libre albedrío», la «resurrección» o nuestro papel como «vicario» en la Tierra o elegido por una o varias divinidades para señorear a los demás animales.

El ser humano, en estas últimas décadas, ha rechazado mayoritariamente aquellos argumentos supremacistas basados en la raza, la etnia o el sexo. A pesar de ello, nada ha cambiado desde hace milenios en nuestra relación con el resto de los animales y todavía hoy seguimos ejerciendo una discriminación sistemática contra otros animales por razones identitarias como las ya expuestas por unos y otros en esta disputa. Los humanos seguimos viéndonos como el centro del paradigma moral. Nuestra ética hacia ellos sigue siendo tribalista.

De esta manera, para excusar nuestro comportamiento hacia los animales y poder así excluirlos de toda visión ética que pudiera hacernos sentir mal o culpables por nuestros actos, fuimos recurriendo a diferentes argumentos arbitrarios y sesgados. La mayoría de las razones aportadas acerca de la superioridad humana radica en sobrevalorar y encumbrar nuestras capacidades cognitivas.

No obstante, quienes comparten este pensamiento no parecieron (o no parecen) percatarse de que ninguna cualidad catalogada como «humana» es realmente exclusiva ni se manifiesta en todos los individuos humanos. La Declaración de Cambridge sobre la conciencia del año 2012 no deja lugar a dudas:

«Evidencia convergente indica que los animales no humanos poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados conscientes, así como la capacidad de exhibir comportamientos deliberados. Por consiguiente, el peso de la evidencia indica que los seres humanos no son los únicos que poseen los sustratos neurológicos necesarios para generar conciencia».

Esclavitud animal - El principio de igualdad conlleva que los animales no pudieran ser encerradosCualquiera puede oponerse a un daño que no le beneficia. Rechazar el maltrato animal no implica respeto hacia los animales. El principio de igualdad busca ofrecer una solución al origen de la injusticia.

No somos especiales

Científicamente, las diferencias encontradas entre los Homo sapiens y otras especies animales no son de clase, sino de grado. Un detalle al que ya apuntaba Darwin en su obra El origen de las especies. Casi todas las variables que conforman los seres vivos son continuas o de grado. Siempre que nos apoyemos en variables de tal índole (inteligencia, memoria, razonamiento, etc.) caeremos irremediablemente en la arbitrariedad. En consecuencia, sólo una variable discreta (binaria) podría servir para separar entre especímenes.

Si vamos bajando desde organismos más «complejos» a menos, descubriremos que una variable trascendental es la capacidad de sentir. Ésta se tiene o no se tiene. Solamente contamos con intereses si sentimos y, para poseerlos, se requiere un sistema nervioso que canalice y analice la información que nos llegue a partir de los sentidos o a través de nuestro propio cuerpo.

Nosotros defendemos nuestros intereses inalienables en forma de «derecho». Dado que no somos los únicos con intereses, ¿por qué les negamos a otros animales sus derechos (la defensa de sus intereses)?

Hasta la fecha ha habido muy pocos avances en dicho sentido o no se han enfocado en el principio de igualdad. Así, por ejemplo, existe el llamado Proyecto Gran Simio, que defiende la extensión y aplicación de los derechos humanos para aquellos primates más semejantes a nosotros. Sin embargo, este planteamiento no valdrá para solucionar los problemas de estos animales tan listos. La lógica formal se apoya rigurosamente en la analogía para probar la consistencia de un argumento.

Defender, pues, que los primates son animales «especiales» por su inteligencia genera inevitablemente otra línea imaginaria entre variables continuas o no discretas. Si supusiéramos que los primates tuviesen un cociente intelectual medio igual a 40 en escala humana y si estableciéramos ahí el límite entre «animal con derechos» y «animal sin derechos» estaríamos, por ende, justificando y legitimando la creación de otras barreras irreales basadas en rasgos catalogados como humanos.

Si separamos según variables continuas estaríamos afirmando análogamente que, por ejemplo, personas humanas con un cociente intelectual de 150 debieran tener más derechos por contar con «rasgos más avanzados y potencialmente desarrollados» que aquellos sujetos «normales» o discapacitados psíquicos; lo cual se manifiesta claramente falso.

No hay siquiera una correlación intelectual entre aquellos animales que apreciamos más —perros o gatos— y aquéllos que criamos, explotamos y exterminamos. La explotación animal y su esclavitud es cultural. Ocurre, sencillamente, que todavía la ciencia peca de un enorme antropocentrismo.

Especismo y bienestarismo - El principio de igualdad conlleva que no deberá haber discriminación moral entre animalesLa sociedad establece una doble vara de medir constante respecto a unos animales sobre otros.

El negocio animalista contra el principio de igualdad

No todos de quienes dicen defender a los animales lo hacen realmente. Con una frecuencia escalofriante se recurre al bienestarismo para justificar el abuso. Sin embargo, lo ético o inético no reside en lo malo o lo bueno tras la acción, sino en la acción en sí misma.

Si tomamos el caso de un hombre inocente encerrado en prisión, donde supongamos que lo tratan de maravilla; nadie en su sano juicio alegaría que, considerando el buen trato, habría de seguir en la cárcel. Un inocente no ha de estar preso; pues bien, todos los animales somos inocentes de antemano y exclusivamente los agentes morales podemos dejar de serlo al vulnerar los derechos de un tercero.

A pesar de ello, las organizaciones animalistas (bienestaristas en su mayoría) adoptan un enfoque perverso y se limitan a condenar el «maltrato animal», a promover el «bienestar animal» y las esterilizaciones masivas, en lugar de cuestionar su estatus de propiedad, para obtener socios y donaciones mediante técnicas de manipulación de gente «compasiva», «sensibilizada» y gustosa de criticar las malas acciones causadas por terceros (masacre de animales o festejos), pero ignorante en Derechos Animales o con poca iniciativa para cambiar sus hábitos, aun cuando éstos causan el mismo daño que condenan.

La justicia no es relativaEn nuestra sociedad actual impera el relativismo moral. Proponer que respetar a los animales sea una cuestión relativa a las decisiones sociales equivale a afirmar que los humanos merecemos o no respeto según si el país en que nos encontramos respeta nuestro derechos.

Los animales son esclavos

Las legislaciones del mundo moderno catalogan a todos los animales no humanos como «bienes muebles semovientes» (objetos con capacidad de movimiento autónomo). El derecho legal separa tres entes según su relación con el propio derecho. Éste es el arquetipo básico aplicable a la totalidad de las naciones:

  • Sujeto de derechos (humanos). Se divide a su vez en agentes morales (responsables de sus actos) y receptores morales (no conscientes de sus actos). Ambos comparten un derecho intrínseco (inherente al individuo). Son, por tanto, fines en sí mismos.
  • Objeto de derechos (otros animales): Su valor subyace en aquél que le asigne un sujeto de derecho (humano). Sus derechos son extrínsecos (dependientes de otros). Son, por tanto, legalmente propiedades y esclavos del ser humano: fines en beneficio del hombre.

¿Acaso los demás animales surgieron en la Tierra con el mero propósito de satisfacernos? ¿Hay justicia en esta distinción? Para ambos interrogantes, la respuesta es no. Desde luego que no.

Gary Francione, una de las máximas eminencias en el campo de los Derechos Animales, propuso los seis principios del abolicionismo de la esclavitud animal, los cuales toman como base el principio ético de igualdad para argumentar que no existe ninguna razón justificable para discriminar a los demás animales por una razón de especie. La especie, al fin y al cabo, es un concepto biológico para clasificar seres vivos (cladística). Tal concepto carece valor fuera del campo biológico.

Recientemente, en marzo de 2019, se produjo la Declaración de Toulon, una reunión de juristas académicos sobre el tema de la personalidad jurídica del animal celebrada en la universidad homónima. En ésta, los académicos, tomando como base la Declaración de Cambridge y los últimos estudios etología cognitiva, declararon:

Que los animales deben ser considerados universalmente como personas y no como cosas.
Que es urgente poner fin definitivamente al régimen de reificación.
Que, a ojos de la ley, la posición legal del animal cambiará por verse elevado su estatus al de sujeto de derecho.

Nuestro raciocinio nos permite diferenciar el bien del mal y construir una vida con base en la lógica. Si realmente nos estimamos los seres más avanzados cognitivamente, es nuestro compromiso inapelable respetar la naturaleza y liberar a las criaturas sintientes de la esclavitud en cual las hemos sumido. El principio de igualdad se refiere a los animales porque las plantas, bacterias y otros organismos no sienten.

Admitamos de una vez que no tenemos justificación ni legitimidad moral para continuar explotando a las restantes especies animales. Los animales merecen respeto en lugar de seguir traicionándolos. Debemos alejarnos del antropocentrismo que lleva dominándonos desde hace miles de años y aceptar el principio de igualdad (no hacerles a otros aquello que no desearíamos para nosotros) en la defensa de los intereses de todos.

El único imperativo ético que defiende los Derechos Animales es el veganismo. Depende de ti.

Artículos relacionados
¡Derechos-Animales-ya-Bulldog-con-cara-de-aburrido

La educación animal y los aspectos éticos subyacentes

¡Derechos Animales ya! - Bulldog con cara de aburrido - La educación animal y los aspectos éticos subyacentesLa convivencia con animales puede ser difícil y compleja. La educación animal o su adiestramiento debería estar siempre encaminado en favorecer la comodidad y el bienestar del animal que vive en un entorno humano. No es justo que los sometamos a nuestros caprichos ni que los obliguemos a obedecer por simple sentimiento de superioridad.

La convivencia con animales debe ser respetuosa

En la actualidad estamos rodeados de animales domesticados, ya hablemos de la ciudad o del campo. Aquellas personas más concienciadas recogen —adoptan— animales que no pueden —legal o contextualmente— valerse por sí mismos para darles una vida mejor. Sin embargo, muchos humanos crían perros, gatos y a otros animales para fines antropocéntricos y acentúan, con ignorancia o conocimiento de causa, dos problemas gravísimos al que apenas hacen mención en los medios: el abandono de animales y la sobrepoblación animal por efecto antrópico de especies domesticadas en detrimento de las especies «salvajes».

A raíz de que no siempre la relación humano-animal es deseada o se desarrolla de una manera preconcebida, desde hace ya varias décadas pueden encontrarse en librerías y supermercados multitud de libros y revistas especializados en el adiestramiento de animales y su enseñanza, a menudo forzada, para que se adecúen a los intereses u preferencias de sus amos.

En estos manuales suele aparecer un humano en posición amenazante, señalando con el dedo índice a un can para indicarle ‘yo mando’. También los hay con títulos bastante sugerentes como «doma rápida» o «entrenamiento seguro», si hablamos de caballos, con foto incluida de un hombre dándole cuerda a un caballo en un picadero o atalajando a uno. Con frecuencia, se trata de camuflar un interés personal bajo la excusa de la necesidad.

¡Derechos Animales ya! - Gato debajo de una mantaLa educación animal debe ajustarse a las necesidades oportunas de una convivencia con animales. Debemos recordar que nuestra casa no es el hogar perfecto para perros, gatos y otros animales domesticados. Si nos importa su bien, debemos respetar sus vidas en la medida de lo posible, alimentarlos sin causar víctimas, dejar de criarlos, de participar en su explotación y de vulnerar su integridad.

La educación animal parte desde un enfoque antropocéntrico

En virtud de nuestra transmisión cultural, no hemos de extrañarnos de que nuestra especie se crea con legitimidad para dominar a otras a cualquier precio o para imponer unilateralmente sus condiciones. A los humanos, en términos generales, nos encanta el control y la dominancia sobre otros.

En ello se fundamentan las guerras que asolan el mundo, el terrorismo, los gobiernos dictatoriales y el triunfo del capitalismo; por destacar algunos ejemplos. Desde siempre hemos incumplido el principio de igualdad. Aunque una educación, en sentido estricto, puede «mejorar» la relación entre ambas partes si se practica con miramientos, resulta conveniente pararse a pensar y recordar que ésta ya parte desde un punto desequilibrado.

En nuestro entorno humanizado se requiere que los animales mantengan una actitud determinada o asuman una situación para evitar peligros (pj: correas) o que sufran un accidente. Esta descompensación aludida subyace en que la relación humano-animal siempre nace por menester del humano (obviemos contextos muy improbables, como la posibilidad de encontrarnos con un leopardo en la sabana africana) y, normalmente, éste lo hace con un fin propio, individual y egoísta; por especismo.

Debemos recordar que cualquier animal, si pudiera desde pequeño, optaría por eludir nuestra presencia y poder vivir con los demás miembros de su especie en libertad y sin vernos nuestras feas caras. Por tanto, una educación animal puede beneficiar al animal en cierto modo sólo y exclusivamente mientras nos hallemos en un ambiente humanizado y diferente al medio natural; nunca nos corresponderá tal potestad en ambientes «naturales».

Conclusión

Hemos alterado casi todos los hábitats ambientes conocidos y ya no hay vuelta atrás. Aquéllos que respetamos a los animales deseamos que no se siga con la destrucción de hábitats ni con el forzamiento al vasallaje, es decir, a convertir más especies animales salvajes (o casi) en especies domesticadas.

¿Habrá un futuro mejor para estas especies? No lo sabemos y yo, personalmente, no estoy muy esperanzado en esta dirección utópica a menos que la sociedad avance con pasos agigantados hacia el entendimiento de que todos los animales merecen respeto.

Artículos relacionados
¡Derechos-Animales-ya-Caballos-torturado-en-carreras-de-trotones

Los engalladores, las sobrerriendas y el suplicio de los caballos

¡Derechos Animales ya! - Caballos torturado en carreras de trotones - Engalladores y sobrerriendasEsta fotografía puede pasar desapercibida si se desconoce cómo funcionan los arreos empleados en caballos, pero es verdaderamente esperpéntica. El caballo de la fotografía participa en una carrera de trotones —tradicionales en zonas como la ciudad de Menorca, España, y en varios países— con un engallador tensado para evitar que galope, una máscara de anteojeras para que no vea aquello que su conductor no le conviene y un atador de lengua para impedir que anule el efecto del bocado. En esta entrada, muy antigua ya, hablo sobre los engalladores y las sobrerriendas en el contexto de herramientas de tortura aplicadas caballos como fruto de nuestra cosificación hacia todos los animales.

Un artículo con un trasfondo personal

Me hice vegano y activista por los Derechos Animales tras trabajar una breve temporada con caballos víctimas de la explotación. Eso marcó el detonante de que me pusiera a investigar todo tipo de prácticas aberrantes y socialmente aceptadas en distintos países del mundo respecto a los caballos y a otros animales. A raíz de que, entonces, carecía de conocimientos sobre el origen de estos hechos y de cómo afrontar el activismo, escribí varios artículos bienestaristas. Entre ellos, este artículo fue el primero que redacté con el propósito de condenar unos arreos muy usados para caballos, sobre todo, en países anglosajones: los engalladores y las sobrerriendas.

Debido a que, en la actualidad, cuento con una visión más madura y formada en lo tocante a la explotación animal, he considerado oportuno hacer una reescritura necesario de éste y otros artículos antiquísimos para ofrecer una información veraz y, ante todo, para dejar de promover un mensaje únicamente centrado en el trato o en las consecuencias para el animal.

El lector debe entender que el empleo de herramientas de control y tortura en caballos, y otros animales, es una consecuencia esperable de que, por nuestro antropocentrismo, los percibamos como seres que existen para servirnos. Los activistas tenemos la obligación de afrontar con humildad los errores conforme, poco a poco, vamos siendo conscientes de ellos a medida que progresamos como personas.

¡Derechos Animales ya! - Dos caballos compiten una carrera de trotonesEn esta fotografía vemos a dos caballos en un entrenamiento. El primero lleva un engallador y una embocadura que combina un filete liso con una cadenilla para ejercer un control férreo sobre el animal. El segundo no lleva engallador, pero sí ha de soportar unas anteojeras suecas y unos tapones auditivos que el conductor retira durante la carrera mediante un tirón cuando considera conveniente que el caballo oiga a su alrededor.

Herramientas de control y tortura en caballos

Hace ya bastante tiempo descubrí, por casualidad y desgracia, que en ciertas zonas y países del mundo empleaban —y siguen haciéndolo— atalajes barbáricos en todo tipo de coches, carruajes y vehículos propulsados por caballos, ya sea como trabajo propiamente dicho o un empleo lúdico de los mismos.

Se trata de una rienda «auxiliar» denominada, según el tipo, «engallador» o «sobrerrienda», en inglés de Reino Unido «bearing reins» (en EE.UU: «checkrein»). Estas riendas auxiliares son, con diferencia, las más tortuosas e inútiles de todas las empleadas para someter a los caballos. En general, se utilizan en trabajos de tiro y en competiciones análogas para evitar que los caballos traten de pastar o con el fin de que parezcan más lustrosos.

Para quienes no entiendan de caballos o no conozcan en qué se basan, basta con aclarar que consisten en unas correas, las cuales, fijadas por una parte a un punto de los arneses y, por otra, al caballo; obliga a éste a recoger el cuello y a mantenerlo en una posición artificialmente arqueada. Cuando un caballo está engallado es incapaz de bajar la cabeza ni de colocarla en una posición naturalmente cómoda de acuerdo con su anatomía.

Una reflexión interesante está en considerar que, como el propio hecho de montar a caballo, si unos aparejos son tan cotidianos en unas regiones y prácticamente desconocidos en otras, ello implica que estamos ante un uso regido meramente por la costumbre, la moda y la habituación. En el caso de herramientas de control utilizadas en caballos, lo mismo puede aplicarse al caso de las anteojeras que, pese ser todavía más comunes, no dejan de compartir el mismo origen.

La utilizaciones de engalladores, sobrerriendas y otros aparejos es legal en los caballos —y, respectivamente, en todos los animales— porque el ser humano niega derechos legales a cualquier sujeto que no sea perteneciente a nuestra especie. A pesar de que sabemos que los animales sienten, padecen, piensan, poseen intereses inalienables y conciencia, preferimos que continúen sometidos y violentados para poder aprovecharnos de ellos. Nuestra mentalidad es supremacista contra los débiles.

¡Derechos Animales ya! - Carruaje de caballos Amish sobre nieve - Caballo con engallador y sobrerriendaLa comunidad Amish de Estados Unidos es uno de los colectivos humanos que peor trato muestra hacia los animales a tenor de su anclaje un modo de vida antediluviano. A este caballo lo obligan a marchar con dos engalladores y una sobrerrienda que le impiden cualquier movimiento de la cabeza.

Argumentos contra el empleo de engalladores y sobrerriendas

Cuando redacté originalmente este artículo, esbocé que tales guarniciones debían estar totalmente prohibidas —iluso de mí— apelando a sus perjuicios no deseados por ningún ser humano. Para ser fiel con mi antigua exposición, a continuación desgloso los argumentos que planteé:

  1. Los engalladores y las sobrerriendas reducen la capacidad del animal para tirar, lo cual, hace que tenga que realizar un mayor esfuerzo. Sobra decir cuán cruel resulta esto cuando el animal debe cargar muchas personas, equipajes, arrastrar troncos o arar un campo entero.
  2. Una utilización continuada y duradera les destroza las mandíbulas, el cuello, les desvía el atlas, les provoca escoliosis por presión de las cervicales contra las vértebras dorsales, les deja el lomo hundido, las patas se les casi vuelven rígidas y las ancas se les quedan con dolores y pérdida permanente de capacidad sensitiva.
  3. Al fijar una tensión continua sobre el paladar y las comisuras del caballo, éste se «acostumbra» a la molestia, de modo que el cochero se encuentra en la «necesidad» de emplear un bocado mucho más severo para poder controlarlo. Entonces, el caballo se ve en un dilema sin solución. Si sube la cabeza disminuye el dolor mandibular; pero si el cochero tira de las riendas, éstas le ocasionarán un daño mayor por una mera cuestión de ángulo. Si, por el contrario, lucha incansablemente por bajarla; sólo sentirá más dolor y punzadas provocados por el engalle.
  4. Los engalladores y las sobrerriendas no logran la «reunión» con el equino, completamente imposible.  Asimismo, el caballo no exhibe una mejor figura llevándolo: únicamente aparece tieso y con todos los músculos contraídos al extremo.
  5. Y muy importante: Desde un punto de vista objetivo, no se requiere en absoluto para manejar carros o análogos. Resulta totalmente contraproducente.

¡Derechos Animales ya! - Carruaje de caballos con un hombre cochero de raza negraLa sociedad actual comprende que todos los humanos merecemos respeto, pero no acepta que los animales tampoco deben ser nuestros esclavos. Se da la paradoja de que muchos descendientes de esclavos son, a su vez, opresores de otros animales como sus antepasados lo fueron respecto a los blancos. Y esto no cambia aunque los movimientos progresistas modernos se esfuercen por representar a todos los colectivos humanos como víctimas o asociar la lucha por los Derechos Animales una ideología política. Al mismo tiempo, la humanidad establece jerarquías arbitrarias entre animales: el perro figura junto al hombre y, debajo en la escala, el caballo ha de arrastrarlos a ambos.

Conclusión

En la primera edición de artículo, pasaba a mostrar una decena fotografías vistas por Internet para mostrar y el explicar el sufrimiento de los caballos causado por el uso de engalladores y sobrerriendas. Hace años, equivocado, sólo me centraba en el sufrimiento animal. Hoy, en cambio, procuro insistir en que el trato va unido la consideración social y moral de los animales. No basta con pedir o promover «explotaciones compasivas» ni existe justicia alguna en discriminar entre animales.

Si realmente nos importa el sufrimiento que padecen los animales, debemos entender que el origen de los engalladores, las sobrerriendas y de otros arreos reside en nuestra mentalidad cosificadora. Si alguien participa en la explotación animal —de cualquier forma— está validando y perpetuando el marco legal que impide una protección verdadera para todos los animales. Asimismo, para cumplir con la legalidad, he sustituido las primera imágenes que puse por fotografías libres de derechos que ejemplifican aquellas situaciones que denunciaba hacía años. Antes aparecían una debajo de otras y ahora he aprovechado cada epígrafe para homogeneizar la presentación del contenido.

Finalmente, aprovecho para recomendar Azabache (Black Beauty), una antigua y magnífica novela del siglo XIX que condena, casi por primera vez, el uso de herramientas de tortura en caballos y otras prácticas. Dicha obra es, obviamente, bienestarista. Sin embargo, cuenta detalles con importancia histórica y plantea el argumento de que nuestra sociedad debiera aplicar el principio humanitario a todos los animales.

Artículos relacionados