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Autoengaño-antitaurino

El autoengaño antitaurino, estar contra la tauromaquia no los salvará

La lucha antitaurina está mal enfocadaTípico cartel publicitario antitaurino con que las organizaciones bienestaristas tratan de ganar dinero vendiendo humo. No existen las victorias.

Prohibir la tauromaquia no logrará salvar a los toros

El movimiento antitaurino pretende lograr la abolición (realmente sólo la prohibición) de la tauromaquia sin entendimiento de los requisitos legales. Si alguien fuese tirando piedras a carnicerías con el objetivo de que la gente dejara de comer carne, podría considerarse un tremendo sinsentido. Pues la gente seguiría explotando a éstos a otros animales e implica una discriminación moral entre víctimas. Incluso aunque fuera capaz de destrozarlas todas, ¿impide que se construyan otras? La lucha actual contra la tauromaquia carece de una base coherente debido al bienestarismo y el desconocimiento de por qué hemos llegado a estos espectáculos tan crueles.

Cuando este ejemplo se traslada al caso de la lucha antitaurina, muchos activistas se empecinan en convertir A en B. Que uno salte a una plaza con el objetivo de impedir una forma de explotación animal (ha habido una elección y preferencia previa) implica privilegiar a unas frente a otras y no supone ningún tipo de concienciación para los consumidores de la misma. ¿Evita que mañana hubiere una nueva corrida? ¿Que en un municipio fuere a crearse una nueva plaza si un alto pública lo demanda? En absoluto. Si acaso, sólo tendría sentido asistir a manifestaciones para conocer gente y hacer activismo por los Derechos Animales.

En este sesgo de percepción nace de la ninguneación del valor de la demanda. Es decir, aparece porque los activistas creen que una acción existe por sí misma y no sólo debe ser reprimida; sino que piensan que lo conseguirán sin más mediante el uso de la presión y fuerza; la misma presión y fuerza que ejercemos los humanos contra otros animales y nos ha llevado a esta tesitura. Por momentos, parecieran desconocer u olvidar toda la estructura del especismo y la cosificación moral.

Si no existe concienciación, lo único que puede obtenerse con alguna mayoría es una regulación de la explotación. Éste es el caso actual del movimiento antitaurino y la razón fundamental por la cual muchos activistas se autoengañan al ver una «abolición» en una simple regulación. No se persigue reconocer derechos; sino la abolición de una forma de explotación animal por ser cruel. Eso no es abolición. Abolicionismo no significa «prohibir» a secas; sino hacerlo por reconocimiento de derechos. El cese de la tauromaquia no implicará derechos para los toros. Terminar en un matadero en lugar de en una plaza no es precisamente un «derecho» como tampoco lo era que un negro en el siglo XIX terminara ahorcado en una finca o en la plaza del pueblo; sino una mera regulación sobre el uso de la propiedad. Luchar contra una forma de explotación animal (campaña monotemática) en una sociedad que mayoritariamente acepta el uso de animales no humanos como simples recursos implica, inherentemente, una regulación sobre el uso de la propiedad según si nuestra especie considera adecuada y justificada la relación entre medios y fines.

Luchar contra la tauromaquia no implicará ningún reconocimiento legal para los toros debido a que todos los no-humanos están catalogados como propiedades humanas. El cese de cualquier forma de explotación no salva necesariamente a las víctimas (no existe un derecho reconocido que lo permitiese) ni frena el desarrollo o adaptación de otras formas de explotación que fuesen «menos crueles».

Centrarse en unas víctimas por el «maltrato» que reciben es bienestarismo y este camino sólo lleva al regulacionismo.
Campaña San Fermines sin sangre - Anima Naturalis

Captura de pantalla en donde las organización bienestarista Anima Naturalis explica por qué debemos donarles dinero. Mentiras y manipulación al poder.

Modus operandi del negocio antitaurino y sus falacias dialécticas

1) Dice que el problema está en que mueren de forma agónica y dolorosa. El uso de adjetivos innecesarios genera una imagen de masacre que no cuestiona ni emite reflexión acerca del respeto que merecen la víctimas. Centra la atención en las sensaciones, en la emoción que transmite a los sentidos. Se trata de una estrategia típica de márketing.

2) Dice que la mayoría de los españoles está en contra de las corridas, como si la ética fuese algo relativo o democrático según el número de personas que apoyan o no una actividad. O sea, como en Arabia Saudí la mayor parte de la población concuerda con el hecho de lapidar mujeres infieles a sus maridos, entonces la lapidación estaría bien… Se trata de una burda falacia ad populum. El respeto que merecen las víctimas es independiente de cualquier consideración humana. Es imposible luchar por sus derechos mientras se niega inclusive su valor moral. Resulta vital reconocer cuándo nos engañan. La dialéctica ayuda un montón.

3) Dice que busca abolir el espectáculo, no evitar la explotación de tales toros. Especifica que una razón radica en que da mala imagen a la nación española. Esto ya ni siquiera es un argumento bienestarista; sino que evoca a la filosofía kantiana del siglo XVIII, quien decía que no debíamos «maltratar» a los demás animales porque entonces seríamos más violentos con los nuestros. A pesar de ser un argumento tristemente intuitivo, es tanto falso como falaz. Nosotros no los explotamos por ser violentos, sino porque los consideramos inferiores y que sus intereses carecen de valor. Justo el mismo prejuicio que publicitan con semejante información.

4) Dice que centra en atención en San Fermín porque es el más mediático. No importa ya ni las víctimas ni siquiera si es cruento como aseguran. Básicamente es una buena oportunidad para llamar la atención y ganar dinero. Por último, pasan el cepillo. Nada de esto sería posible si los «sensibilizados» actuasen por sí mismos en lugar de enriquecer negocios como éstos.Autoengaño antitaurino

Si eres vegano, llámate como tal y defiende el veganismo

El movimiento antitaurino no solamente lo siguen quienes se declaran antitaurinos; sino también gente que se considera vegana pero prefieren decantarse por este movimiento y decir que son «antitaurinos» para evitar un «alejamiento» en el receptor. Ese planteamiento es tanto una petición de principio (no explican por qué hablar de veganismo aleja a la gente) tanto una falacia ad consequentiam: creencia de que dicho supuesto «alejamiento» justifica cierto uso manipulado de los términos. Si un vegano fingiera ser cazador tal vez lo atendieran más dentro de un grupo de cazadores a raíz del sesgo ad hominem (mayor confianza y consideración por las ideas de quienes conforman un grupo); sin embargo, sería poco ético que uno realizara activismo engañando y mintiendo a los demás. Eso nos convertiría en comerciales desalmados; no en activistas.

Los antitaurinos afirman luchar contra la tauromaquia para «poner fin a la tortura». Sin embargo, cuando se les señala que el fin de la tauromaquia sólo cambia las plazas por los mataderos, suelen verlo igualmente como un logro. ¿Cuál logro? ¿Que no vemos su muerte televisada? Aunque mañana mismo termine la tauromaquia en todos los países no habrá habido ninguna victoria; pues casi ningún toro se salvará. Así pues, quienes celebran por lo alto que cierto municipio prohíbe alguna forma de explotación taurina, no sé si es que prefieren autoengañarse o son ignorantes. Dentro del animalismo se vuelven demasiado comunes ciertas falacias: «pasito a pasito», unionismo, nihilismo, etc.

Las víctimas necesitan que llamemos a cada cosa por su nombre. El veganismo incluye, por sí mismo, una lucha moral contra toda injusticia que padecen los no humanos como fruto de nuestra explotación. Por tanto, es innecesario e incluso contradictorio usar otros términos. Quien no desee hablar de veganismo, que hable al menos de explotación y de Derechos Animales. El antitaurinismo es una rama del bienestarismo; puesto que acepta la explotación de otros animales e inclusive de los toros si se produce bajo ciertas condiciones, algo tan absurdo y aberrante como justificar el asesinato de vacas en mataderos si no se les practica con banderillas.

Con estas premisas expuestas, ¿por qué tantos y tantos activistas están más preocupados en la acción directa para llamar la atención de la ciudadanía y de los partidos en lugar de difundir el veganismo? ¿Por qué se empeñan en ver como abolicionismo una lucha que en ningún momento podría conseguir el reconocimiento de derechos al no existir una mayoría vegana que apoye los Derechos Animales?

Cuando explico todo esto suelo recibir comentarios soberbios por parte de antitaurinos que me presentan sus currículums, ataques ad hominem y otras evidencias de que, aunque no fuese ésta su intención, realmente usan a otros animales como alter ego para liberar tensión y sentirse mejor consigo mismo mientras la tormenta no amaina ni ellos tampoco están dispuestos a aceptar los errores; sino a atacar a quien les exponga, en pocas palabras, que están tanto perdiendo el tiempo como perjudicando sus propias vidas al terminar con delitos penales sin beneficio alguno para las víctimas.

Si realmente nos importan las víctimas, invirtamos en defenderlas, en ser coherentes al mismo tiempo y no alimentar negocios que explotan la explotación animal.

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Las victorias animalistas, haciendo negocio de un fraude

Los animales ya no serán cosas (propaganda bienestarista)Las victorias animalistas son un fraude. Mientras el bienestarismo continúe estando presente, da igual si los llamamos X o Y, seguirán sin derechos reconocidos, siendo explotados y beneficiando a quienes claman defenderlos mediante dichas medidas. Fraude es la palabra y el engaño, su bandera.

La perspectiva histórica y global de la estafa llamada «victorias animalistas»

En consonancia con otro artículo sobre este punto, desde el comienzo de la preocupación moral en sociedad respecto a los animales no humanos se han sucedido diversas organizaciones y medidas propuestas con el fin de canalizar dichos sentimientos en forma de simple y llano dinero. Si mucha gente muestra interés por algo, da igual de qué se trate: abre un nicho de mercado potencialmente explotable. Dado que las víctimas no humanas están cosificadas moralmente (especismo), usarlas a ellas y sus penosas circunstancias como reclamo para obtener bienes monetarios no dista nada de cualesquiera formas de explotación ya presentes. Las victorias animalistas son, por parte, la estrategia principal de dichas organizaciones para construir su negocio.

El cese de la explotación animal significaría la desaparición de un nicho en pleno apogeo conforme aumente la sensibilidad humana y su sentido moral hacia las acciones realizadas contra otros animales. De tal modo, el cese de la explotación animal no sólo sería un suceso desastroso para la industria que se dedica a criarlos, coartar sus intereses y asesinarlos sistemáticamente; sino también para todas las empresas que actúan como satélites del sector para aprovechar la situación imperante. En este apartado entran las organizaciones animalistas y sus mentiras flagrantes para lucrarse mediante la desgracia de estos pobres animales al mismo tiempo que defraudan al prometer y asegurar una lucha por sus derechos mientras obran para maquillar la realidad lo suficiente con términos inventados como «bienestar animal» o «huevos bio» para conseguir que la gente crea que se produce algún cambio aunque todo siga realmente igual.

Propaganda partido PACMA respecto a las jaulas vacías de los conejos

Publicidad engañosa del partido PACMA, el cual vende como una victoria que esos conejos pasen de estar en una jaula en vertical a hacerlo a una jaula (del mismo tamaño) sobre el piso. ¡Qué gran cambio para los animales! ¿Verdad?

Las reglas de la publicidad aplicadas al caso no-humano

El objetivo de publicidad consiste, en síntesis, en generar una necesidad (mostrar la realidad de la explotación animal en este caso) y ofrecer un producto como satisfacción absoluta e inmejorable a dicho menester. El conocimiento humano sobre las injusticias que padecen tales animales es muy limitado y manipulable. Basta con anunciar una victoria animalista, con contar aquellos detalles «remueveconciencias» de la explotación considerada y pintar sus métodos o alternativas como la única solución realista, eficaz, efectiva, etc. Si es necesario mentir, tergiversar o ningunear hechos constatados, se hace sin menor reparo. Si la gente considera que hacerse vegano es extremo y que el vegetarianismo ya no está de moda, pues se les propone algo incluso todavía más sencillo: el reducetarianismo. La explotación de los animales es sólo un medio para excusar la recaudación de dinero.

Tales organizaciones cuentan con dos tipos de clientes: sus socios (fieles) y los donantes esporádicos. Una manera de fidelizar a los nuevos radica en vender los éxitos de la empresa y cómo luchan por los «Derechos Animales» (meras regulaciones legales en verdad) y su manera de conservar los existentes (normalmente más comprometidos con la lucha) se basa en excusar sus acciones a través de peticiones de principio y, cuando se precisa, también por medio de la complicidad circular de otras empresas que provean los datos supuestamente veraces que confirman sus tesis ya postuladas con anterioridad. Un buen circo, sin duda.

Propaganda Anima Naturalis no maás jaulas de conejos

Cartel publicitario de la organización sin escrúpulos Anima Naturalis, una de las que más usual y felizmente cantan sus victorias animalistas.

Ahora toca esto; mañana lo otro

En los últimos meses, destaca el esfuerzo mediático que han emprendido por cambiar una mera coletilla en el lenguaje jurídico. Tanta palabrería para que no estén considerados como «cosas» (mejor dicho: que no se los llame así aun cuando aparecen definidos legalmente de esta manera) a la par que la mayoría de los animalistas y el resto de la población financia que los críen, descuarticen y conviertan en objetos de servicio. Exclaman que no debieran estar considerados de semejante manera cuando, simultáneamente, ellos mismos contribuyen a tamaña aberración. ¡Cuán sorprendente es la disonancia cognitiva! Están catalogados como «bienes muebles semovientes» y eso no cambiará con dos exaltaciones en la vía pública; sino actuando en consecuencia y realizando un activismo educativo.

En estas semanas está sonando bastante el caso de los conejos y las jaulas en que los tienen hacinados. Como de costumbre, apenas han tardado en promover dos manifestaciones y en cantar una victoria al día siguiente. El activista Luis Tovar ya le ha dedicado un magnífico ensayo al artículo publicado por una representante de Anima Naturalis al respecto. Así pues, con la finalidad de completar lo expresado por él, ofreceré una serie ejemplos que sirvan de referencia para demostrar lo bien que se les da reducir la cuestión de los Derechos Animales como si cada forma de explotación no fuese la rama de un mismo árbol, y cuánto les encanta cantar victorias cuando logran un cambio y callan miserablemente cuando tales modificaciones se revocan y todo vuelve a ser igual.

Los siguientes enlaces a noticias están proporcionados por Nicole Sandoval Cañas, presidente de la organización abolicionista Defensa Animal en Chile. Recomiendo un artículo del blog Filosofía Vegana para ahondar en este punto tan desleal de estas falsas instituciones sin ánimo de lucro.

  1. ¡Victoria! Se acabó la caza de ballenas en la Antártida
    ¿Qué pasó después?
  2. ¡Victoria! Se prohíbe el Foie Gras en Chicago
    ¿Qué pasó después?
  3. ¡Victoria! Se prohíben los toros en Cataluña
    ¿Qué pasó después?
  4. ¡Victoria! Bogotá prohíbe las corridas de toros
    ¿Qué pasó después?

Siempre, al cabo de unos años, todas las prohibiciones y regulaciones vuelven al punto de partida porque la demanda de los consumidores así lo fomentan. Dichas organizaciones, a veces, dicen que han «abolido» una práctica o festejo. Es falso. Se trata de una prohibición, no de una abolición. Abolicionismo y prohibicionismo son acciones diferentes. Por si alguien se había olvidado de unos de los ejemplos más horrendos, aquí está:

Tras décadas de campañas contra la industria peletera, la piel está de vuelta en el comercio de la moda.

La lista es interminable…

Conclusión

A pesar de los ejemplos, hay gente que sigue tragándose la publicidad de estas organizaciones y celebrando las «victorias animalistas» como si cada una de ellas hubiera sido una panacea universal. Para colmo, las defienden a capa y espada. Sucede, entre otras razones, porque después de haber confiado tanto en la indstición de turno y haberse dejado tanto dinero, se vuelven incapaces de afrontar que los han estafado. A las pruebas me remito. Para nuestros subconscientes queda fantásticamente creer que estas medidas solucionan los problemas y que delegando nuestra responsabilidad moral llegamos a conseguir un mundo más justo. ¡En absoluto!

No sé en cuáles animales fijarán su atención en un futuro para lanzar sus campañas monotemáticas. Intuyo que, siguiendo los propios convencionalismos sociales, perros y gatos acapararán la mayor parte del foco, seguidos de otros mamíferos (cuanto más simpáticos y en peligro de extinción, mejor), alguno en condiciones paupérrimas (circos, tracción de sangre y peletería), haciéndose hincapié en la metodología para causar sensacionalismo del bueno y, si «salta» cierto escándalo, se centrarán en algún caso puntual y polémico que les sirva para predicar su fe bienestarista. Cualquier cosa les sirve por tal de lucrarse y de cooptar un movimiento.

Estas «victorias animalistas» no tocan los prejuicios morales que conducen a la explotación animal y ni mucho menos combaten las injusticias. Son puntos muertos para hacer caja mientras nadie quiere saber nada. Todo ese tiempo, esfuerzo y dinero pudieron dedicarse en la educación vegana. Sin embargo, cada día termina despilfarrado en campañas nefastas e inútiles.

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