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Partido Vegano - Pat Moreno (Maternidad - Cerdos) - Dibujo sobre papel a bolígrafo

Pat Moreno, dibujante y artista del bolígrafo

Partido Vegano - Pat Moreno (Maternidad - Cerdos) - Dibujo sobre papel a bolígrafoPat Moreno es una artista capaz de extraer todo el potencial de un bolígrafo de estilo BIC. Su domino del retrato monocromo es realmente admirable. Esta ilustración, proveniente de su serie «Maternidad», refleja las vidas íntimas de animales salvajes.

Pat Moreno, una artista dedicada a los Derechos Animales

Cuando se me presenta la oportunidad me gusta difundir a los artistas que, mediante su don, arte y talento, ayudan a difundir y a explicar los fundamentos del veganismo y de los Derechos Animales. En esta entrada os presento a una extraordinaria activista vegana y artista del dibujo: Pat Moreno.

Pat Moreno es una joven artista madrileña cuyas obras pictóricas, sobre papel y a bolígrafo, buscan plasmar la belleza innata de los animales y los momentos de ternura que acompañan sus vidas cotidianas. El diseño que encabeza este artículo pertenece a su serie «Maternidad», en donde nos muestra una retrospectiva sobre aquellas especies animales más perjudicadas a lo largo de los años: seres oprimidos por la caza, la explotación alimentaria, las pieles, los prejuicios sobre salubridad y enfermedades, mascotismo, el comercio, el entretenimiento y los fines terapéuticos, el exterminio sistemático, etc.

Esta artista plantea una crítica férrea al especismo y a los prejuicios humanos que condenan a estos animales desde una perspectiva positivista, capturando un momento de interrelación maternal entre madres e hijos por medio de escenas marcadas por la naturalidad y la cotidianidad en su vida en libertad: momentos de cariño, juego y relajación que todos vivimos, seamos de la especie que seamos.

Pat Moreno está aún trabajando en esta serie, y estudiando nuevos soportes y formatos con los que ponerlos a conocimiento y disposición del público. En concreto, estas obras están realizadas únicamente con un bolígrafo Staedtler negro sobre papel. Sin embargo, ella también explora magistralmente otros soportes, como la madera. Incluso actualmente está adentrándose en el mundo del tatuaje para trasformar el cuerpo de otros veganos e individuos interesados en lienzos que plasmen la hermosura y la realidad de las víctimas no humanas.

Te recomiendo estar al día de sus creaciones en sus redes sociales: Instagram y Facebook.

Juntos, los activistas veganos seguiremos caminando por todos ellos.

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Contra la cooptación del veganismo y la manipulación mediática

Veganismo - Peligro de cooptación

El veganismo, como cualquier principio ético que alienta un movimiento social, sufrirá un proceso de cooptación conforme vaya proliferando en el marco social.

Todo aquello que mueva masas es alimento para intereses personales

Actualmente, cada vez «cuesta más» encontrar un producto o anuncio publicitario en donde no se haga mención al supuesto trato que dicha compañía les da a los animales esclavizados. Esto sirve de prueba para evidenciar que el veganismo está avanzando y extendiéndose, a pesar de las dificultades, en el terreno académico. Para prueba de ello, tenemos hechos recientes como la Declaración de Toulon. Por ello, vivimos y viviremos el inicio de un periodo (analizado históricamente en otras luchas) que se denomina «cooptación».

La cooptación consiste en que las empresas pasarán a tomar parte del mensaje vegano y las bases de los Derechos Animales con el objetivo de acercarse al público y desviartuarlo mediante calumnias y oxímoron. Así acontece porque el público objetivo (ciudadano medio) tiene un conocimiento limitado y un interés mínimo en cambiar sus hábitos si nada lo impulsa a ello. Resulta mucho más sencillo inculcar mentiras y excusas para fomentar el inmovilismo que apremiar con la verdad por delante. De hecho, cuando ya se posee una intención previa, los seres humanos cometen el sesgo de confiar ciegamente en cualquier fuente que corrobore sus creencias y prejuicios. En nuestra sociedad especista, eso se traduce en apoyar cualquier visión antropocéntrica y supremacista.

Aun en el siglo XXI, la percepción ética mayoritaria en los humanos hacia los no-humanos es la del utilitarismo moral, es decir, la realización y justificación de cualquier acción que perjudica a los demás animales por el mero hecho de que obtienen algún placer o beneficio, por mínimo que fuere. El utilitarismo moral, aplicado a los demás animales, lleva al bienestarismo. Este bucle de costumbres, provechos y falta de razonamiento lógico origina un mundo lleno de injusticias que, en el caso de los otros animales, ni siquiera la mayoría reconocen como tales.

Por todo ello, la predisposición poblacional y el poder económico les permite a las empresas un control mayúsculo del pensamiento colectivo sin que éste sea apenas consciente del mismo. Ante un cambio de paradigma (o su agudización) hay que ejercer un activismo más centrado en combatir la cooptación, lo cual implica aclarar por doquier que no existen «animales explotados en libertad» (como dijo un anuncio reciente en televisión) ni tampoco existen huevos de «gallinas felices» o «vacas lecheras libres en el campo». La explotación no causa felicidad y es siempre opuesta a la libertad de los individuos explotados.

Debemos luchar contra la cooptación del veganismo

Estas acciones son los visos de un temor creciente en la industria que debiera trocarse en pesadilla. Así  pues, tratarán de ejercer una cooptación del veganismo para impedirnos ejercer nuestro papel de desengañar a la sociedad, dormida y alelado, sobre la realidad de la explotación animal y sobre por qué merecen respeto. Sin embargo, para conseguirlo, no bastan las buenas intenciones. Se requieren acciones bien encaminadas.

El grueso de los activistas se dedica a combatir las simples ramas de la cosificación moral. El problema es evidente: no llega a enseñarle a la población las razones por las cuales ha de respetar a otros animales y, por tanto, no impide que la rueda de la explotación siga girando. Si deseamos estar a la alturas de las circunstancias, se precisa tanta convicción y seriedad como la de quienes se dedican a lucrarse mediante la crianza, hacinamiento y asesinato de otros sujetos.

¡¡¡Sigamos adelante!!!

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Falacias lingüísticas contra el veganismo, un caso práctico

Invierte tu tiempo en formarte como activista - Falacias lingüísticasLas falacias lingüísticas son una de las armas preferidas de quienes no tienen argumentos con que refutar el veganismo o las bases de los Derechos Animales.

Cuando se esgrime una supuesta enseñanza para atacar

En artículos anteriores se han tocado levemente aspectos sobre el lenguaje y su relación con la mentalidad ética del pueblo. No obstante, hay artículos en otros blogs que plasman con mayor acierto los diferentes alegatos sin sentido esgrimidos por animalistas.

En los debates sobre el modo de ejercer activismo, antes o después, aparecen falacias lingüísticas con que evadir la discusión. Por ejemplo, resulta habitual que nos respondan a los activistas que está mal decir que los animales sean «personas» (porque no son humanos) y que nos contesten que no podemos decir que matar animales sea un «asesinato» (porque no son humanos).

Una de sus formas más comunes es la denominada «falacia de la hipocresía»: una afirmación por la cual si el debatiente comete un error en algún campo o incurre en una aparente contradicción, entonces sus todos argumentos carecen de sentido. Se trata de una falacia (argumento inválido) porque se confunde sistemáticamente la validez de la teoría (racional o no) con la validez de la práctica (moral o no).

De esta guisa, hoy mismo han venido a señalarme que, por haber escrito la expresión de origen taurino «cambiando de tercio» en una publicación de hace meses, incurra en la hipocresía de despreciar a los antitaurinos mientras cometo un comportamiento tan especista como el de quienes participan en la explotación animal. Asimismo, esta persona señaló que quien use expresiones especistas carece legitimidad para condenar cualquier forma de especismo. Un sinsentido, vaya.

Estas apelaciones adolecen de una serie de fallas argumentales. En esta entrada, en concreto, rebatiré profusamente por qué el uso hipotético de palabras o expresiones de origen especista no sirve para desmentir la incorrección ética del movimiento antitaurino. El bienestarismo no pasa a ser algo correcto porque un activista se equivoque al tratar de argumentarlo. Tales activistas, si se consideran veganos, debieran educar en el veganismo mediante activismo educativo de concienciación.

Refutación a falacias lingüísticas

En primer lugar, nadie tiene por qué conocer el origen de una expresión para usarla. Si alguien considera que está mal utilizar una serie de términos por razones éticas, ha de explicarlo con argumentos; no con agresividad ni para tratar de fundamentar una falacia subsiguiente. A menudo afirman que decir algo «transmite sufrimiento a las víctimas o a quienes las rodean». Una palabra no transmite «sufrimiento», ésa es una inferencia mental del mensaje. Uno es responsable de sus acciones, pero no de las reacciones sentimentales que causen sus acciones.

Si bien cabe una argumentación al respecto para valorar la importancia de que los hablantes modulemos nuestro lenguaje en respuesta a un cambio de perspectiva, nunca debe procederse por medio de una generalización semejante ni la justificación consecuencialista con corte empático de que «está mal decir X porque causa sufrimiento», lo cual es una petición de principio además.

En segundo lugar, si alguien entra en el terreno pantanoso de refutar a terceros según el uso de las palabras, otro podría decir responder, por ejemplo, con que ni se le ocurra decir «Adiós». Ésta se trata de una expresión religiosa originaria del cristianismo; religión culpable de la matanza indiscriminada y la represión sexual contra colectivos minoritarios. Mejor no lo diré muy alto, pues puede que a algún posmoderno le estalle la cabeza.

Igualmente, existen miles de expresiones de origen militar que reflejan xenofobia, fascismo, absolutismo u otras acciones que no veríamos correctas en la actualidad. Sin embargo, posiblemente usen éstas de forma cotidiana y nadie les dé la menor importancia. ¿Y esta hipocresía? ¿Seguro que la persona deseaba esgrimir una falacia lingüística?

En tercer lugar, hay que distinguir entre los valores denotativos y los connotativos. Las palabras y expresiones han variado constantemente de matices a lo largo de la historia. Por tanto, para ser coherente con esta premisa, debiera desecharse cualquier término que pudiera ser en el presente o pasado el reflejo de una mentalidad racista, sexista, etc.

Asimismo, también debemos diferenciar matices entre las expresiones que reflejan un comportamiento injusto contra los demás animales de aquéllas que provienen de uno. Decir «matar a dos pájaros de un tiro» es una expresión que enmarca una acción, la cual, aunque figurada, transmite objetivamente una cosificación de dichos animales. En cambio, otras expresiones como la aquí mencionada son el reflejo de acciones especistas; pero no proponen efectuarlas ni cosifican en presente a ninguna víctima no-humana.

Así, la expresión «mucha mierda», propia del sector escénico, se refiere a cuando los nobles llegaban en carruaje al teatro. Por ello, mucha mierda (de los caballos explotados) era una manera jocosa de desear un público abundante. ¿Quien use una expresión de origen especista está deslegitimado a hacerlo a causa de su origen? Volveríamos entonces al segundo punto de esta argumentación.

En cuarto lugar, no suelen señalarse estos detalles por un interés genuino en corregir a la otra persona; sino para desacreditar al otro debatientes, justificar ataques personales y presentar calumnias. Las falacias lingüísticas suelen ser un ataque ad hominem sutil Criticar el movimiento antitaurino, o cualquier otro, a causa de su bienestarismo flagrante, no implica ningún tipo de desprecio hacia dichos activistas. Que vengan a repetirlo ad nauseam no otorga ninguna validez a semejante argumento.

En quinto lugar, todos contamos con legitimidad argumentativa para argumentar sobre cuanto concierne en el tema. Ni los toros (ni a otras víctimas) les importa que alguien use una determinada palabra o expresión (hecho contrario a la apelación de que «una expresión determinada provoca sufrimiento»); pero sí les concierne que se luchen por sus derechos. La lucha antitaurina sólo persigue el fin de una práctica; no el reconocimiento de sus intereses inalienables como la vida, la libertad y la integridad.

Como ya se ha explicado largo y tendido en otros artículos, si mañana se aboliese la tauromaquia, los toros seguirían yendo al matadero. Por ende, a pesar de los aparentes deslices expresivos, siempre se poseerá una legitimidad moral, e inclusivo un deber, en criticar acciones bienestaristas que no salvarán tales víctimas.

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