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¡Derechos Animales ya! - Postureo en el activismo vegano

Postureo en el activismo vegano

¡Derechos Animales ya! - Postureo en el activismo vegano - Activistas veganosLos activistas veganos no somos héroes enmascarados. La superficialidad y el ego pueden convertirnos en parte del mismo problema que aspiramos a combatir. Ciertas organizaciones se lucran alimentando el postureo en el activismo vegano.

Introducción

El activismo vegano es una labor fundamental de los activistas para la difusión del veganismo y de los Derechos Animales. En los años que llevo como activista vegano, me he topado con toda clase de acciones, actitudes y comportamientos poco favorables para la causa. En este artículo quisiera criticar y condenar algunos hechos frecuentes y cotidianos sin intención de menoscabar a nadie en específico. Este texto pretende ser una crítica general a cuanto observo dentro del movimiento, no es un ataque dirigido contra alguien.

Si un activista vegano parte desde la premisa de que su labor se resume en promover que los animales merecen respeto para impulsar un cambio social, se vuelve evidente que dicho activista deberá aunar sus medios al alcance para ponerlos, debidamente, al servicio de los fines.

Sin embargo, la realidad cotidiana demuestra que muchos activistas veganos están más preocupados en su imagen, en llamar la atención, en sentirse bien dentro de sus burbujas ideológicas y en lograr opiniones, amistades o comentarios en redes sociales que en conseguir el avance social del veganismo.

Con todo ello, denomino «postureo en el activismo vegano» a aquellas acciones o actitudes que ejercen o favorecen una prioridad por el interés propio que por el interés de las víctimas a quienes defendemos. Con anterioridad dirigí unas críticas similares hacia aquellos activistas animalistas que actúan según criterios de organizaciones animalistas y a activistas que incurrían en egolatría. A continuación describiré algunas de las situaciones más frecuentes vinculadas a activistas que dicen ser veganos.

¡Derechos Animales ya! - Hombre con una lupa - Activismo vegano basado en criticarObservar la realidad y analizarla tiene su utilidad si se traslada al resto de la población. A menudo se forman corrillos de activistas cuyas reflexiones no salen de entre cuatro paredes. Acontece una forma de postureo en el activismo vegano cuando importa más impresionar a otros activistas que salir de una zona de confort.

Pérdida de tiempo en chats y grupos internos

La comunicación entre activistas puede ser fundamental y muy amena. Nos permite compartir experiencias, noticias, sucesos e incluso sentimientos y emociones que nos ayuden a continuar o sobrellevar un mal trago. No obstante, hay un número bastante considerable de activistas que pasan demasiado tiempo en chats y grupos internos en redes sociales o herramientas como Whatsapp, Telegram y análogos.

A menudo, estos chats o grupos internos funcionan como un corrillo de activistas que se reúnen para descargar su estrés del día y divertirse mientras critican a especistas, bienestaristas, organizaciones y empresas variadas. El activismo vegano no tiene por qué ser algo serio o aburriente, por supuesto, pero debe existir un límite entre una conversación provechosa y una conversación ociosa.

El tiempo que un activista dedique a permanecer charlando asuntos triviales con otros compañeros es un tiempo maravilloso que está perdiendo en hablar con otras personas humanas interesadas en el veganismo, en formar a otros activistas o en crear un contenido intelectual propio con esta misma finalidad.

Puedo comprender que uno no tiene ganas ni fuerzas todos los días de permanecer al pie del cañón y que necesita descontectar. Mi crítica va específicamente para cuando tales grupos se convierten en meros pasatiempos en donde se genera una burbuja de opinión y se crea un lugar artificial en que el activista de turno se encuentra bien sin aportar nada a la causa.

Una de las razones, entre otras, que me han llevado a abandonar todas las redes sociales ha sido la facilidad con que uno puede perder un tiempo valioso de su vida en lugar de hacer cosas más productivas.

¡Derechos Animales ya! - Pizza con tomatesHabitualmente, muchos activistas pasan más tiempo hablando de cocina y compartiendo recetas que explicándole a la sociedad las razones éticas para evitar el consumo de productos de origen animal. Acontece una forma de postureo en el activismo vegano cuando importa más la forma que el fondo.

Críticas superficiales a organizaciones o empresas explotadoras

Otro ejemplo diario de postureo en el activismo vegano lo observo cuando un activista deja comentarios o dirige una crítica pública a organizaciones animalistasIgualdad Animal, Anima Naturalis, etc.—, ecologistas —GreenPeace, WWF, etc.— o diversas empresas que participan en la explotación animal —MacDonald’s, KFC, etc.— con el único afán de llamar la atención de sí mismo y de sus colegas sobre cuán comprometido es como activista o mostrar una adhesión o compromiso que no se tiene en realidad, o que no se demuestra en otros momentos más propicios.

Uno podría afirmar, con razón, que resulta complicado saber si estas críticas o comentarios, expuestos por estos activistas, tienen una intención genuina o meramente egocéntrica. A pesar de ello, en muchas ocasiones se muestran demasiado evidentes. Por ejemplo, unos pocos activistas estuvimos involucrados en la creación del primer partido vegano de España. Por desgracia, tras un año de intenso trabajo, tuvimos que cerrar nuestras puertas por las graves faltas de apoyos.

En más de una ocasión, he contemplado cómo diversos activistas pedían cambios en las políticas o enfoques de otros partidos políticos mientras no querían arrimar el hombro para ayudarnos. Carece de sentido que PACMA abadonde el bienestarismo, el proteccionismo y su discriminación especista entre animales si los propios activistas veganos prefieren invertir su tiempo en rogarle a un grupo —a quien no le importan un bledo los animales— en lugar de ayudar o de colaborar con quienes sí defienden la causa vegana.

Las organizaciones y empresas que participan y se lucran por medio de la miseria de los animalesy de la compasión que esto despiertano van a cambiar mientras el grueso de la sociedad siga siendo especista y bienestarista. Y eso no va cambiar mientras muchos activistas veganos malgasten tiempo en grupos internos o apenas salgan para exigir unos cambios que se convierten en imposible por la falta de coherencia propia.

¡Derechos Animales ya! - Mundo con mascarillaLa pandemia del coronavirus ha trastocado el activismo vegano y evidenciado el fuerte sesgo antropocéntrico todavía presente entre los activistas veganos. Acontece una forma de postureo en el activismo vegano cuando cualquier novedad hace cambiar la agenda del activista para no pasar desapercibido.

Sesgos antropocéntricos por la pandemia del coronavirus

La pandemia del coronavirus ha servido para volver a poner de manifesto lo mejor y lo peor del ser humano. Por un lado, hubo voluntarios para crear las vacunas y humanos que, debido al confinamiento, entendieron en parte la injusticia y sufrimiento de los animales encerrados en jaulas, zoológicos, acuarios y otros centros. Por otro lado, el especismo, el interés egoísta y la paranoia han propiciado nuevos crímenes, como el exterminio de millones de visones y la experimentación con animales hasta cotas nunca vistas.

Entre lo negativo que la pandemia ha traído para los animales, por causa de nuestro antropocentrismo, está la postergación o abandono de las prioridades éticas de los activistas veganos. En estos tiempos he observado con estupor cómo una infinidad de compañeros dejaban a un lado el activismo vegano —y sus blogs al respecto— para dedicarse a casi tiempo completo a hablar sobre los efectos de la pandemia, teorías conspiranoicas y otros asuntos políticos que en nada se relacionan con los animales y sus percances.

Asimismo, se observa con demasiado frecuencia el interés personal de muchos activistas al introducir problemáticas humanas e ideales políticos determinados para encauzar el movimiento vegano según sus propios intereses. El interseccionalismo, lejos de ser un ideal unificador, sólo causa la división entre colectivos humanos y la marginalidad más absoluta de los animales ante una sociedad invadida por un antropocentrismo primitivo.

No hay nada de malo con que un activista vegano, como cualquier persona humana, se exprese sobre temas ajenos al veganismo o que mantenga una postura abierta sobre algo. Yo mismo he dedicado y dedico tiempo a múltiples temáticas. Sin embargo, si entendemos que los animales son las víctimas más marginadas y desatendidas, si los activistas veganos sucumbimos frente a asuntos humanos, los animales quedan virtualmente sin nadie que hable en defensa de sus intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Vanidad de una mujerValorarse a un mismo y tener una alta autoestima se vuelve fundamental para cambiar el mundo. Acontece una forma de postureo en el activismo vegano cuando la motivación de un activista está en destacar, sentirse mejor con uno mismo o defender sus propios intereses o los de su grupo en detrimento de los demás.

Una conclusión sobre el postureo en el activismo vegano

Los activistas veganos somos humanos y, por ello, cometemos errores. Ningún activista está exento de incurrir en acciones y actitudes dañinas para el movimiento y para los animales. Queda en nuestras manos hacer un esfuerzo de autocrítica para paliar y minimizar nuestros defectos.

Traicionamos a los animales cuando supeditamos nuestros intereses personales o los de otros humanos frente a sus vidas, libertad e integridad. Nosotros somos la primera línea de defensa de las víctimas no humanas frente a la violencia, la coacción, la manipulación y las mentiras institucionales con que gobiernos y empresas buscan perpetuar un statu quo basado en la supremacía humana y nuestra dominación más vil sobre quienes pertenecen a otras especies.

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¡Derechos Animales ya! - La esclavitud animal debe ser abolida

La propaganda vegana y la inercia social

¡Derechos Animales ya! - La esclavitud animal debe ser abolida - Propaganda veganaSi en esta fotografía aparecieran humanos apiñados de camino a un campo de concentración, miles de humanos dirían serntirse muy conmocionados por la imagen y los medios comentarían con una falsa empatía sobre los horrores que ya conocemos. La mayor parte de la sociedad no sabe distinguir entre el bien o el mal por razonamiento, sino por inculcación. Dado que el especismo proviene igualmente del adoctrinamiento, una propaganda vegana podría llegar a vencerlo. 

¿Propaganda vegana?

Desde pequeño siempre me he preguntado cómo y por qué funciona la propaganda. En nuestros días suele usarse más el término genérico «publicidad» porque éste carece de las connotaciones manipuladoras que se le achacan. De hecho, este matiz negativo respecto a la propaganda ya existía a comienzos del siglo XX.

En este artículo me gustaría lanzar una reflexión dura y contundente sobre la importancia de que haya o hubiera una propaganda vegana en el seno de una sociedad incapaz de pensar y de actuar por sí misma. Mi punto de partida radica en promover y justificar una propaganda vegana tomando una serie de hechos y de experimentos científicos que dejan en muy mal lugar a nuestra sociedad.

Esta premisa puede sonar arriesgada, insultante o elitista para aquéllos más propensos a adoptar una actitud infantil y de escasa autocrítica cuando se sienten aludidos. Sin embargo, no hay otra vía para el progreso social y ético que la confrontación absoluta de ideas y razonamientos.

En otras entradas ya he hablado sobre si el mundo podrá ser vegano. Esta vez, adopto un cariz más pesimista.

¡Derechos Animales ya! - Banderas nazis y esvásticasBanderines y esvásticas nazis en edificios públicos durante el periodo en que Hitler gobernó en Alemania. La propaganda nazi, orquestada por Adolf Hitler, resultó fundamental para el control de la población alemana y la consecución de sus terribles objetivos.

Hitler y la propaganda nazi

A Hitler lo podemos culpar de innumerables crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, de incluso las figuras históricas más deleznables podemos extraer valiosa información y aprender mucho para hacer lo contrario que él: para la defensa de una justicia universal.

En su obra autobiográfica «Mi lucha», Hitler publica sus reflexiones sobre el funcionamiento de la propaganda y las claves que definen su éxito. Años más tarde, como quedó demostrado, los mecanismos que él reveló resultaron esenciales para inculcar el nazismo a la sociedad alemana de la época.

A continuación, quisiera citar algunos fragmentos del capítulo VI («Propaganda de guerra») para indicar los argumentos de Hitler respecto a la necesidad e importancia de la propaganda:

La propaganda no es y no puede ser una necesidad en sí misma, ni una finalidad. […] Su misión es la de llamar la atención de la masa y no enseñar a los cultos o a aquellos que procuran cultivar su espíritu; su acción debe estar cada vez más dirigida al sentimiento y sólo muy condicionalmente a la llamada razón. Toda acción de propaganda tiene que ser necesariamente popular y adaptar su nivel intelectual a la capacidad receptiva del más limitado de aquellos a los cuales está destinada.

[…]

La capacidad receptiva de la gran masa es sumamente limitada y no menos pequeña su facultad de comprensión; en cambio, es enorme su falta de memoria. Teniendo en cuenta estos antecedentes, toda propaganda eficaz debe concretarse sólo a muy pocos puntos y saberlos explotar como apotegmas hasta que el último hijo del pueblo pueda formarse una idea de aquello que se persigue. […] Cuanto más importante sea el objetivo a alcanzar, tanto más cierta, psicológicamente, debe ser la táctica a emplear.

Ciertamente, Hitler y la ideología nazi mostraban un profundo desprecio hacia el individuo. Si bien, algunas de sus afirmaciones citadas cuentan con un aval científico.

En otro artículo he descrito el experimento de Milgram y el de la cárcel de Stanford para señalar que el ser humano tiene una tendencia natural hacia la obediencia a la jerarquía y hacia la inercia social. En estos casos, el ser humano delega su agencia moral en terceros cuando cumple órdenes, es decir, cuando ejecuta acciones no razonadas ni decididas por él mismo.

El experimento de la cárcel de Stanford es lo más cercano a un experimento realizado para entender la obediencia ciega que adoptaron los militares y civiles durante el régimen nazi de Adolf Hitler. Dicho experimento brinda una explicación sobre el origen del fascismo, el refuerzo del sentimiento grupal basado en la identidad y en el impacto psicológico de enfocarse sobre un hipotético enemigo común.

¡Derechos Animales ya! - Hambre en el mundo y comida para el ganadoDada la desconexión social, la mayoría de la humanidad trata de justificar sus acciones opresoras y hábitos de consumo apelando a falsedades y falacias que le conviene creer. Millones de humanos se lamentan contra el hambre en el mundo mientras la humanidad cría a más de 70.000 millones de animales esclavizados como ganado. Menuda hipocresía. Y no, no se trata de abolir la esclavitud animal con el argumento simplista de aliviar el hambre en el mundo, sino porque los animales no deben ser nuestros esclavos.

La desconexión social y la manipulación de las masas

Nuestra sociedad actual disfruta de un acceso fácil a la información. Sin embargo, no está al tanto de problemáticas actuales a menos que el aparato mediático los bombardee —o manipule— sin cesar, como en el caso del coronavirus.

Junto con los sesgos mentales ya presentes por razones biológicas, uno de los mayores obstáculos para el avance social del veganismo y la comprensión de los Derechos Animales estriba en que la sociedad vive absolutamente desconectada moralmente de sus propias acciones y permanece en un estado de egocentrismo incapaz de ver o razonar más allá de sus necesidades básicas, o de aquello que otros le inculcan o enseñan.

La sociedad actual es adicta, en todos los sentidos del término. Millones de humanos son adictos al tabaco o al alcohol, u otras drogas, al móvil o a sus disfrutes gastronómicos o placeres sexuales. La masa invierte un montón de tiempo hablando de sus gustos y aficiones más triviales mientras no tiene mayor interés ni empatía por asuntos fundamentales que rigen su existencia ni siquiera por sus congéneres.

Tristemente, el gran desprecio que sentía Hitler (y cualquier régimen fascista) por el individuo cobra su sentido si entendemos que, en muchas ocasiones, las acciones y pensamientos de éste quedan reducidos a los de la masa. Se produce una absoluta despersonalización autónoma del individuo cuando se vuelve incapaz de pensar y de actuar por sí mismo ante las acciones y pensamientos de los demás.

¡Derechos Animales ya! - La única diferencia es tu percepción (perro y cerdo)La propagana vegana puede ser muy directa o simbólica. En cualquier caso, la sociedad general carece de la cognición necesaria para establecer relaciones abstractas y saber reconocer sus propios prejuicios y sesgos. Dicha limitación causa que casi todos los individuos humanos opten por la indignación fácil que por siquiera entender que tanto la situación de los animales como la suya propia es culpa de sus propias personas.

Una propaganda vegana frente a una sociedad indiferente y poco racional

La mayor parte de la sociedad no sabe nada acerca de nada. Aunque resulta comprensible que nadie —yo incluido— pueda saber de todo, existe algo parecido al principio de Pareto en lo tocante al conocimiento humano: muy poca gente cuenta con muchos conocimientos frente una cantidad mayoritaria de humanos que cuentan con muy pocos conocimientos.

Uno puede gastar una saliva infinita al día para explicar, por ejemplo, que los zoológicos son injustos porque privan de libertad a los animales y les causan enfermades físicas y psicológicas; que los acuarios conllevan lo mismo y que más de la mitad los animales marinos capturados mueren durante el transporte; que la tauromaquia no es peor que la propia ganadería, que la esclavitud animal no es diferente de la humana, ect.

Sin embargo, esta misma gente que supuestamente nos ha escuchado o atendido se olvida absolutamente de todo algunos días u horas después y vuelve a interesarse por visitar el zoológico, por pasar el rato en el acuario, por irse a la primera manifestación antitaurina que haya mientras cena con sus amigos en el McDonalds después de haber soltado 10.000 gritos en la calle o se indignan los primeros cuando se les muestra que ellos mismos esgrimen los mismos argumentos que utilizaban los esclavistas blancos del siglo XIX para justificar sus acciones contra los animales.

Un ejemplo excelente de esta incapacidad de abandonar un modelo mental o de conocimiento inculcado se refleja en el lenguaje: por mucho que a un amplia cantidad de gente se les explique sobre sintaxis, gramática u ortografía, seguirán rigiéndose por sus costumbres y por la simplicidad comunicativa de la masa social en lugar de aprender a hacerlo correctamente.

La sociedad ya no solamente está desconectada respecto a las injusticias que padecen los animales; sino en lo relacionado con guerras, terrorismo, veto comercial de unos países sobre otros, economía, historia, asuntos de privacidad, vulneración de derechos fundamentales y la manipulación mediática.

Uno puede esperar una grave desconexión frente a injusticias ajenas o «problemas superiores a ellos», sin embargo, la masa tampoco actúa sobre sus propios problemas diarios. A modo de ejemplo la mayor parte de la humanidad no conoce —o muestra una indiferencia ignorante— que sus dispositivos tan comunes espían, censuran y venden sus datos. Seguramente, los judíos de la Alemania nazi también pensaron en su época que no tenían nada que ocultar. Por desgracia, ya sabemos cómo terminaron.

¡Derechos Animales ya! - Animales en mataderos - Propaganda veganaEn estas fotografías aparecen distintos métodos y procesos para el asesinato sistemático de animales. El grueso de la sociedad es tan ignorante como cínico. Primero niega las acciones que se cometen contra los animales; luego se niegan a verlas con sus ojos y, por último, las justifican para continuar pensando en las trivialidades de sus vidas. ¿Podría una propaganda vegana trastocar esa realidad?

¿Para qué se necesita una propaganda vegana?

Si entendemos la propaganda vegana como el medio para difundir el veganismo mediante mensajes simples y empleando técnicas de psicología y pedagogía, vemos fácilmente que cobra especial relevancia para aumentar el número de personas veganas e interesadas en el mismo.

Si hacemos un esfuerzo por acercarnos al funcionamiento de la mente humana, así como sus sesgos individuales y colectivos, la propaganda vegana tendría una función similar a la que actualmente se le atribuye a la propaganda antiracista o la propaganda feminista: buscaría normalizar el hecho y acción de ser veganos, de respetar a los animales como seres iguales —y no inferiores— a nosotros y a forjar un nuevo statu quo caracterizado por la visión positiva de ser vegano frente a la visión negativa de no serlo.

Este paradigma social llevaría, como ocurre y ha ocurrido con otros movimientos sociales, hacia la ruptura del actual régimen basado en la esclavitud animal y la subsiguiente polarización y enfrentamiento —no necesariamente violento— de la masa vegana contra los ideales de quienes todavía participasen en la explotación animal para, finalmente, asentar un nuevo modelo social en que ser vegano y estar a favor del veganismo sea la norma frente a ser especista o defender la esclavitud animal.

Actualmente suena utópico y más de un lector juzgaría estas líneas como «agresivas», sin embargo, todo lo que hoy consideramos normal —electricidad, internet, que no haya humanos esclavos, etc.— era utópico en un pasado muy reciente. Esto mismo ha ido sucediendo desde hace apenas un siglo y medio en lo tocante al racismo y a la esclavitud humana en Occidente.

¡Derechos Animales ya! - Dejemos de comprar esclavitud animal

La capacidad de razonamiento humano es muy inferior a las expectativas antropocéntricas que, a menudo, se muestran desde la ciencia para así celebrar la exclusividad humana. La mayor parte de los humanos ven carteles como éste y no saben siquiera relacionar el vocablo «esclavitud» con lo que tienen por delante. Resulta difícil elaborar una propaganda vegana adecuada para unos niños grandes perpetuos.

Conclusión

La propaganda vegana consta o constaría del uso de herramientas publicitarias para transmitir las razones éticas de por qué los seres humanos debemos rechazar toda forma de explotación animal.

Partiendo de los hechos y razonamientos planteados, podemos concluir que el avance del veganismo depende a largo plazo de una existencia global de una propaganda vegana capaz de llegar a los sentimientos de la sociedad y que genere grupos de pensamiento capaces de ejercer una inercial social.

El veganismo sólo podrá convertirse en una ideología mayoritaria cuando exista un pequeño portecentaje de la sociedad, en torno al 10%, con suficiente poder y capacidad de influencia para condicionar los pensamientos y acciones del resto de la sociedad.

La propaganda vegana adquiere un valor fundamental en una sociedad casi carente de reflexión y que no alcanza al grado de conciencia necesario para ser consciente de sus propios sesgos y limitaciones biológicas; los cuales lo impulsan a adoptar creencias irracionales y costumbres regidas por el placer propio y el beneplácito de una mayoría equivalente.

El grueso de la sociedad humana nunca será vegana, mayoritariamente, por un razonamiento propio; sino por inculcación o adoctrinamiento. Para ejemplo flagrante tenemos el caso de la Alemania nazi y la propaganda ejercida por el propio Hitler. Resulta fácil alegar que Hitler fue un cabrón —y lo fue— en lugar de reflexionar cómo resultó posible que la sociedad alemana le hiciera caso. Se vuelve más fácil culpar a un hombre que a una masa social estúpida.

La gente acogerá el principio ético del veganismo por adoctrinamiento e inercial social, de la misma manera en que hoy la mayoría de la sociedad respeta los Derechos Humanos sin siquiera entender o aportar una definición básica sobre los mismos.

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¿Tenemos el deber moral de ayudar a los animales?

¡Derechos Animales ya! - Lémur de cola anillada sobre un tronco - Animales libres en la naturalezaLos humanos con plenas facultades tenemos el deber moral de respetar a todos los animales. Ayudar a los animales, ya sean domesticados o libres en la naturaleza, se engloba en el conjunto de acciones deseables o virtuosas mientras se ajusten a la ética.

Los humanos tenemos el deber moral de respetar a los animales

En nuestro contexto actual, se produce una fuerte bipolaridad entre la situación tangible y legal de los animales en nuestro mundo con el creciente deseo altruista y la convicción moral de quienes hemos dejado de participar en la explotación animal. Los veganos aspiramos a engendrar un mundo de justicia y libertad para todos los animales. Sin embargo, no basta con presentar una actitud humilde y proactiva si se carece de un marco racional con que enjuiciar la moralidad de los nuestras acciones para con los animales.

Debido a la dificultad y al escaso dominio social en lo referido a conceptos teóricos, en esta entrada quisiera facilitar la comprensión de nuestro deber moral en lo tocante a la ayuda, solidaridad u auxilio aplicado hacia los animales. ¿Tenemos acaso el deber moral de ayudar a los animales? ¿Tenemos el deber de rescatar animales abandonados, de salvarles la vida si se encuentran en peligro, de ayudarlos en la naturaleza o de intervenir entre sus acciones?

En primer lugar, no pudiera comenzar esta disertación sin recomendar la argumentación del filósofo Luis Tovar en su blog de Filosofía Vegana acerca de si es un deber ayudar a otros. Quisiera tomarla de referencia para exponer y reincidir en los conceptos fundamentales que él trata en su artículo con el fin de ofrecer algunos argumentos y matices propios sobre la misma.

¡Derechos Animales ya! - Estanque con peces koiPara entender cuándo es ético o virtuoso ayudar a los animales, primero debemos comprender que ninguno de ellos existe para servirnos ni tenemos legitimidad para usarlos como recursos. Estos peces koi quedan reducidos a meros objetos de decoración en un estanque japonés.

¿Qué es un deber moral?

Como he señalado en otras entradas, los humanos tenemos el deber moral de respetar los intereses inalienables de los animales. Esto ocurre así porque un deber moral es una obligación racional y ética que se desprende de nuestra voluntariedad y responsabilidad ante nuestras acciones o sucesos desembocados por éstas. Es decir, tenemos el deber moral de hacernos cargo de las consecuencias, racionalmente argumentables, que se hayan generado a raíz de nuestros actos sobre otros individuos —o los elementos relacionados con la vida de tales sujetos— porque somos agentes morales (sujetos responsables de sus acciones).

Nuestra agencia moral nos permite entender las injusticias que padecen los animales y obrar en consecuencia. Sin embargo, no tenemos el deber moral de actuar en beneficio de los animales en aquellas situaciones en las que no exista una relación causal entre nuestras acciones y la realidad presente.

Establecer que ayudar a los animales es un deber moral significaría afirmar que tenemos la obligación de dedicar nuestras vidas al servicio de terceros. Esto no es racionalmente justificable en tanto que un sujeto siempre es un fin en sí mismo; no un medio para un fin.

Entonces, ¿dónde queda nuestra empatía y nuestro altruismo? ¿Es correcto o preferible ayudar a los animales ante las desgracias que sufren sin que ello sea un deber moral?

¡Derechos Animales ya! - Ganado vacuno en estación de apareamiento en una dehesa - El ser humano tiene el deber moral de dejar de participar en la esclavituid animalAtender y adoptar a los animales criados, coaccionados y torturados, ya fuere por la ganadería u otras formas de explotación animal, es una virtud. Las vacas y toros presentes en esta fotografía no están libres; son meros esclavos con una fecha de caducidad —crotal— colgada en las orejas.

Ayudar a los animales puede ser una virtud

Aquellas acciones que realizamos por el bien de terceras personas, sin que exista una responsabilidad moral de realizarlas, se encuadran en lo que denominamos una virtud. Sin embargo, una acción sólo puede constituir una virtud cuando tales acciones no implican la explotación del individuo ayudado ni la de terceros.

La empatía y el altruismo no convierten una acción en ética aun cuando nuestras intenciones fueren buenas y genuinas. Por ejemplo, rescatar a un animal abandonado —per se— es una virtud; pues no hemos sido las causante de su existencia ni situación. No obstante, si al ayudar a ese animal obramos en detrimento de él mismo (p. ej. al beneficiarnos a su costa) o de terceros (p. ej. al alimentarlo con la muerte de otros animales), incurrimos de nuevo en acciones injustas de las que seríamos directamente responsables. Situaciones como éstas acontecen muy a menudo en el seno de una sociedad especista que privilegia y discrimina moralmente a unos animales respecto a otros.

Quizás, parte del origen de esta ayuda selectiva radique en que el altruismo está modulado por factores biológicos y culturales. De manera que, generalmente, se produce con fuerza cuando percibimos un peligro o necesidad extrema que afecta a un miembro de nuestra manada o especie, o a un individuo que consideramos —subjetivamente— más valioso que otros. Si bien, tanto los humanos como otros animales mostramos empatía y comportamientos altruistas hacia otras especies.

Un reto social está en derruir nuestro especismo y aplicar nuestra empatía y altruismo —modulados por la ética— sin discriminación por especie.

¡Derechos Animales ya! - Comportamiento agonístico en carneros - Animales libres en la naturalezaLos animales libres en la naturaleza, cuya existencia y coyuntura no dependa de nuestras acciones, no han de quedar bajo nuestro cuidado o tutela a menos que existan razones racionales para ello.

¿Qué sucede con los animales libres en la naturaleza?

Para entender la moralidad de ayudar a animales libres en la naturaleza se vuelve necesario hacer hincapié en nuestra responsabilidad moral como individuos que obramos en sociedad. En muchas ocasiones, no queda bien clara la línea divisoria entre cuándo somos o no responsables de una situación o desgracia que padecen los animales.

Si regresamos al ejemplo del animal abandonado, resulta relativamente sencillo entender que se desprenden dos tipos de responsabilidad moral según si consideramos únicamente nuestras acciones o la suma de todas las acciones ejercidas por los agentes morales.

Atendiendo a las observaciones ya expresadas, a nivel de individuo no tenemos la obligación moral de rescatar a un animal abandonado o de salvar la vida de un animal libre en la naturaleza. Sin embargo, si consideramos que el conjunto de las acciones humanas afectan gravemente al medio ambiente en que viven los animales, podemos argumentar que sí tenemos la responsabilidad moral de que las acciones de nuestra sociedad no perjudiquen a los animales y de que sí ayuden a las víctimas que hemos causado.

Por ejemplo, cuando nuestros gobiernos o empresas realizan —o permiten— vertidos tóxicos, arrojan sustancias contaminantes o emiten toneladas de metano y de dióxido de carbono —responsables del cambio climático— sí cabe afirmar que nuestra sociedad tiene el deber moral de evitar tales acciones y de afrontar las consecuencias que éstas tienen para los animales. Por desgracia, en estos casos siempre existe y existirá una incertidumbre acerca de nuestro grado de responsabilidad moral. En un sentido general, podríamos asumir que nuestra sociedad tiene el deber moral de ayudar a los animales siempre que existan evidencias y hechos suficientes para demostrar la existencia de nuestra responsabilidad moral.

Por último, debemos recordar que siempre debemos tratar y considerar a los animales como individuos; nunca como «poblaciones» o «especies». Pues tratarlos como conjuntos puede desembocar con facilidad en una visión reduccionista y cosificadora hacia los animales. Los demás animales, en tanto que no son responsables moralmente de sus actos, no pueden ser enjuiciados por la ética. Esto implica, por ejemplo, que salvar a un animal que va a ser comido por otro no es un deber, aun cuando uno pueda sentir empatía hacia la víctima. En caso de que uno intervenga, dicha acción sólo puede justificarse como una respuesta innata de nuestra empatía; pero nunca como una acción moral o virtuosa.

Hay individuos humanos que, al percibir a los animales como si fueran meros objetos que sufren, no dudan en actuar o promover acciones sobre animales libres bajo el argumento de «hacerlo por su bien», sin considerar racionalmente si esta forma de ayuda causará alguna privación o dependencia posterior hacia el ser humano que termine por destruir la libertad y autonomía de tales animales.

¡Derechos Animales ya! - Hipopótamo en un zoológico - Ayudar a los animales - Deber moralResulta imposible defender a los animales y sus derechos si la sociedad se mantiene ajena a aquellos conceptos básicos que determinan su situación moral y legal. No podrán desaparecer los zoológicos si primero no se asume que los animales no debieran ser legalmente objetos.

Conclusión

En nuestra sociedad impera el antropocentrismosensu stricto— e ideologías derivadas del mismo, como el proteccionismo o el bienestarismo. Tales posturas desembocan en que algunos humanos nieguen su responsabilidad moral hacia los animales cuyas vidas perjudican o que, en un sentido inverso, asuma un deber inexistente que afecta negativamente a éstos o a otros animales.

Debemos distinguir entre obligación moral y virtud. Sólo tenemos el deber de ayudar a los animales —u a otros— cuando somos responsables de la situación que experimenta dicho animal. Ayudar a un animal es una virtud siempre que rijamos nuestras acciones para no vulnerar los intereses inalienables de éste ni de ningún otro.

En el caso de los animales libres en la naturaleza y expuestos a muy diversas circunstancias, nuestra sociedad tiene el deber moral de no perjudicarlos y de contrarrestar las consecuencias de nuestras acciones. Y, al igual que en el caso de animales domesticados o abandonados, es una virtud hacerlo siempre y cuando no perjudiquemos más sus vidas ni las de terceros. Obrar bien y con cabeza depende de nosotros.

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