Relatos como medio para combatir el prejuicio especista

La importancia de la ficción para derruir prejuicios

Desde los albores de la civilización, nuestra especie ha sentido una necesidad especial por plasmar sus sentimientos, ideas y motivaciones mediante la expresión artística. Si bien, no somos los únicos animales con dicho menester. Tal exteriorización de nuestro ser se desempeña utilizando formas tan diversas como la pintura, la música, la arquitectura o la literatura. Cuando uno pretende emitir esta manifestación personal no sólo recurre a un canal de comunicación mutuo (visual, sonoro, etc.) sino que crea un ambiente o contexto para transmitir con mayor claridad las razones fundamentales de la propia creación.

El entorno generado, ya sea real (tangible) o irreal (intangible), cuenta con un factor crucial que lo diferencia de la propia realidad: puede liberarse de prejuicios ante el desconocimiento de sus leyes. Cuando nacemos y vivimos en sociedad, el discernimiento de las características de ésta y del mundo, y, sobre todo, de aquellos detalles que directamente nos inculcan, determinan en gran medida los juicios emitidos para las circunstancias desarrolladas en éste. Sin embargo, si el ambiente es «nuevo» no existe información previa para juzgarlo velozmente; sino que obliga a un análisis más exhaustivo.

Si nos referimos en concreto a las obras literarias, dicha carencia implica que una historia ambientada en un lugar y época distintos al lector se analice con una objetividad imposible de alcanzar si tales sucesos ocurrieran en un cosmos existente y conocido. Por otro lado, no se requiere trastocar todos estos elementos para lograr un resultado similar. Basta con que lo haga el enfoque tradicional hacia el asunto. Una prueba de ello fue el impacto considerable en la moral colectiva producido por ciertas novelas que criticaban la esclavitud negra en el mismo momento histórico en el cual dicha práctica se consideraba normal a lo largo de varios países y amplios kilómetros de tierra labrada. «Raíces», «La cabaña del tío Tom» o «Doce años de esclavitud», sólo por enumerar algunas acerca de esta iniquidad humana, marcaron un hito histórico.

Podría criticarse, asimismo, que los aspectos transmitidos también responden al criterio y prejuicios del escritor. Ello acontecerá tanto si su autor se centra en el realismo o la más absoluta fantasía. No obstante, el hecho de jugar con un cambio de perspectiva o, a la par, con unos personajes tan desiguales física o culturalmente a los seres humanos presenta de un modo innegable la ventaja antes señalada. Además, incentivar la imaginación ejerce un efecto maravilloso en el intelecto y los valores morales.

En tal sentido, las fábulas y aquellas creaciones dirigidas a los pequeños sirven de ejemplo inconsciente del fruto tácito que producen en la mentalidad cuando todavía no se han asimilado convencionalismos. Quizás los niños, criaturas todavía amorales, se vean más influidos que un adulto promedio; pero quienes ya estamos crecidos también podemos cambiar no sólo nuestras acciones, sino la raíz: los motivos inherentes de semejantes actos.

La transformación plena de un paradigma establecido precisa, ante todo, de activismo educativo. El origen de las injusticias subyace en alguna forma de violencia asumida socialmente y, como vehículo de iras, resulta contagiosa en un grado superior a las buenas voluntades. Los atropellos no se enmiendan con otros excesos. Si aceptamos que los demás animales padecen y soportan con ignorante estoicismo nuestros caprichos y aquella discriminación hoy condenada entre congéneres, es nuestro deber actuar contra el especismo detonante sin incumplir al mismo tiempo el principio de igualdad para quienes los explotan.

Mi propuesta aquí, por tanto, se resume en una visión añadida a las formas coherentes de contribuir a una mejora comportamental para el resto de los agentes morales. Al igual que existen profundos ensayos acerca de Derechos Animales (destacable la filosofía de Tom Regan y Gary Francione) y los motivos intrínsecos del veganismo, habrán de surgir (o lo harán en cuestión de años) productos creativos de ficción que fueren capaces de socavar susodicho prejuicio moral con sutileza y desde un enfoque completamente distinto. Se trata de apelar a la razón a través de la empatía y convencer por medio de los acontecimientos.

Unas creaciones futuras hechas con pasión y cordura ayudarían a transmitir un mensaje de justicia a quienes por sus recelos no veían antes más allá. Por mi parte, espero alcanzar este objetivo y animo a otros a utilizar todas las vías pacíficas y justas con el fin de reivindicar los derechos de aquéllos que, como nosotros, también disfrutan de intereses variopintos y no limitados a la proporción entre felicidad y sufrimiento.

Criados en el antropocentrismo lingüístico

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1 Comentario

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    Sara Sequeiro Río Publicado 22/04/2016 12:11

    Tienes mucha razón. La ficción, aunque sea eso, ficción, llega al alma e inspira a reflexionar cuando tiene una base realista, especialmente en lo referente al ámbito social. Ejemplo de ello es el relato infantil (que por desgracia no se ha hecho muy conocido, pero es muy recomendable) «Rosa Caramelo», que aboga por la erradicación del sexismo.
    Los libros y películas que tienen como base evitar el maltrato contra los no humanos son cada vez más numerosos, pero varios de ellos aún pecan de ciertos conceptos especistas; ejemplo de ello son «Flicka», «El sanador de caballos», «El verano de Lucky», «Colmillo Blanco» y un largo etcétera, en los que se critica el maltrato pero no la posesión de sus vidas.
    De pocas excepciones tengo constancia, de las cuales destaco la película de «Spirit, el corcel indomable» (que me abrió los ojos de pequeña y me marcó desde entonces) y «Belleza Negra» (libro que ya habías reseñado en este blog). También, por si nadie de aquí lo conocía, recomiendo leer «Cuando el caballo guía al hombre», de Laila del Monte.
    Este libro me ha ayudado a ampliar aún más la capacidad de entender la mente de los caballos (aunque se puede extrapolar a otros no humanos). Trata sobre un jinete de competición que cae en coma, y es llevado hasta el Paraíso, donde varios caballos (algunos de ellos famosos en la Historia de la humanidad) le muestran la oscura realidad del mundo de la equitación; desde los entrenamientos bárbaros (golpes, bocados, serretas, espuelas, ácidos…), pasando por el engañoso modo de ver la relación entre el humano y el caballo (no hay maltrato físico, pero se desconoce el psicológico a la hora de aplicar el «bienetarismo» y el «utilitarismo») y hasta llegar a la destinación al matadero de los individuos «inútiles» para la competición; de hecho, en éste último caso, denomina tal matanza indiscriminada como un «holocausto diario», aceptando lo que realmente es la industria cárnica (bastante relacionada aún con la industria del deporte y del entretenimiento animal).
    Desde mi punto de vista, es un libro muy profundo, de hermosa narrativa, bastante completo (con algún fallo especista pero muy, muy pocos) y fácil de leer. Aunque si no os va el tema espiritista, tal vez os aburra en algún momento. Pero os lo recomiendo infinitamente.

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