¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos

La domesticación, la selección artificial y sus efectos

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¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos (2)La domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

¿Una visión filosófica sobre la dominación humana?

Hasta ahora, este artículo ha intentado ahondar en el concepto de domesticación desde un punto de vista biológico. Sin embargo, la propia ciencia se asienta sobre la filosofía para establecer la lógica de sus axiomas. ¿Por qué no verter asimismo algunas reflexiones filosóficas sobre el fenómeno de la domesticación?

Podría comenzar argumentando que la palabra «domesticación» es, en sí, un eufemismo para referirnos a la simple y llana esclavitud, es decir, al estado y proceso por el cual un sujeto queda subyugado a la voluntad de otro. Los animales domesticados son esclavos del ser humano en el sentido estricto del término. Y el concepto de «endogamia forzada» no significaría otra cosa que la selección artificial —control reproductivo— sobre una población sometida a la domesticación.

Cualquier lector podría señalar que la domesticación no es un proceso que ocurra exclusivamente en animales. Y es cierto. No obstante, sólo podemos juzgar —y condenar— moralmente la domesticación ejercida sobre los animales porque únicamente los seres vivos que conformamos dicho clado podemos ser personas a raíz de la posesión de células nerviosas.

Aquellos seres que poseemos células nerviosas llegamos a desarrollar interesesnecesidades conscientes— y conciencia. Las bacterias o las plantas —tan recurrentes cuando hacemos activismo— no poseen intereses ni conciencia.

Por tanto, la domesticación es un fenómeno injusto y aberrante: injusto porque quebranta la justicia al hacerles a otros aquello que no quisiéramos para nosotros y aberrante porque el ingenio humano aplicado a ésta conduce a causarles todo tipo de miserias, desgracias, sufrimiento y muerte.

Como ocurre en las plantaciones agrícolas, los animales domesticados deben soportar el hacinamiento por una simple razón de máximo aprovechamiento del espacio. A los humanos nos nos importan sus intereses inalienables y que, a diferencia de las plantas, necesiten moverse.

Cuando muchos animalistas dicen luchar para mejorar las condiciones de su crianza y explotación, lo que buscan es calmar su propio sufrimiento causado al ver a tales víctimas como un alter ego. Poco importa si se les deja más espacio —algo que ocurre si el ganadero logra por ello una revalorización del producto—, el asunto fundamental radica en que son nuestros esclavos y no debieran serlo.

Hipótesis propias sobre la domesticación, la selección artificial y sus efectos

Desde que apenas iniciaba mi formación en el veganismo y los Derechos Animales, se me ocurrieron algunas hipótesis que relacionaban mis estudios en biología con los grandes interrogantes e inquietudes que despierta el conocer que toda nuestra vida nos han mentido al decirnos que está bien explotar a los animales o que necesitamos hacerlo por nuestra salud. A continuación se presentan algunas ellas en lo tocante a la domesticación, la endogamia y sus efectos o consecuencias.

Relación entre domesticación y esclavitud humana

Conforme leía sobre Derechos Animales y el abolicionismo de la esclavitud negra en obras excelentes como «La cabaña del tío Tom» —ahora desdeñada en las universidades de ‘humanidades’ y por los movimientos identitarios de izquierda porque la escribió una autora blanca—, desarrollé la hipótesis de que la domesticación fue uno de los detonantes o auspiciadores de otras prácticas amparadas en prejuicios análogos y formas de discriminaciones morales entre humanos.

Aunque en un principio creí que era el único, otros autores ya habían postulado hipótesis y varias pruebas contundentes en sociología y antropología que relacionan el prejuicio moral del especismo con otros prejuicios morales que desembocan en el racismo o en el sexismo.

En referencia al feminismo, la autora Anna Charlton señalaba en su libro «Las mujeres y los animales»:

Se ha mantenido que la subyugación y la domesticación de los animales proporcionó el prototipo para la subyugación de grupos de humanos, ya sea mediante la esclavitud, el sexismo o el prejuicio basado en la raza, la pertenencia a un grupo étnico o la orientación sexual. En la esfera de la discriminación en contra de las mujeres, el reconocimiento de la reciprocidad de la identificación entre las mujeres y los animales ha sido clara.

¡Derechos Animales ya! - Oveja con mirada curiosa e interesanteNo nos gusta considerarnos iguales a aquellos que hemos esclavizados y esclavizamos a los animales en un pasado por no considerarlos iguales a nosotros en un sentido moral.

Eternal Treblinka, un ensayo sobre el origen de la domesticación

Y, en referencia al racismo, según explica el autor Charles Patterson, en su recomendadísima obra «Eternal Treblinka» —tendría que citar toda la obra—, el holocausto nazi consistió esencialmente en aplicar a otros humanos aquellos métodos de matanza industrial que empezaban a utilizarse para asesinar masivamente a animales no humanos, a raíz de las crecientes demandas poblacionales que se dispararon en Occidente desde comienzos del siglo XX.

En Eternal Treblinka se argumenta que el supremacismo humano se impuso como ideología dominante desde que los albores de la civilización humana y que, acorde establecíamos una racionalización de la supremacía humana para justificar la explotación animal que ya cometíamos —como previos animales menos racionales—, este argumento endogrupal nos permitió excusar y tranquilizar nuestras propias conciencias al esclavizar también a otros humanos apelando a que sus rasgos se parecían más al de los animales que al nuestro grupo.

A lo largo de sus páginas, Eternal Treblinka lanza un intenso repaso sobre algunos momentos decisivos que han moldeado la civilización humana hasta llegar a la domesticación de los animales y otras formas de violencias institucionalizadas que resultan de la racionalización de discriminaciones morales.

Según el autor, la domesticación de animales fue clave para sentar las bases del pensamiento jerárquico occidental y las teorías racistas, las cuales conquistaron y explotaron a quienes consideraban como miembros de razas inferiores. Entre el holocausto nazi y el holocausto animal sólo existe una diferencia de especie, una diferencia de especie que convierte a muchos defensores de los Derechos Humanos en negacionistas de un holocausto mayor en cifras y más presente.

A partir de estos autores y de compañeros tan bien formados y eruditos, como Luis Tovar o Igor Sanz, me he sentido a hombros de gigantes. Gracias a ellos, y junto con una formación complementaria en literatura, he ido desarrollando una serie de hipótesis entre los prejuicios morales y el fenómeno de la alteridad, la estética en el arte, el concepto de lo sublime y las características del monstruo literario como reflejo de la división categórica entre el «yo», el «grupo» y el «no-grupo» en el contexto de los condicionantes biológicos y culturales de la explotación animal.

Puede leer más sobre este tema en mi artículo: «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana».

¡Derechos Animales ya! - Cerdos y gallinas junto a los establos de una granja - DomesticaciónQuizás, si los humanos tuviésemos una esperanza de vida más baja que la de la mayoría de los animales, la domesticación se habría visto limitada por nuestra propia percepción del espacio-tiempo. Poco importa lo bien que podamos tratarlos, su condición y final son siempre los mismos.

Relación entre la esperanza de vida de explotador y explotado

Otro lector podría argumentar que la esclavitud humana no ha conllevado una selección artificial de los individuos esclavizados; pero opino que esto no ha ocurrido por varias razones ajenas al propio fenómeno de la esclavitud. Un punto importante para estudiar la domesticación biológica radica en que los humanos contamos con una larga esperanza de vida en comparación con otros animales.

Por ello, cabe tener en cuenta que el ser humano puede influir y sobrevivir a varias —o incluso decenas de— generaciones de ratas, conejos, perros, caballos y de otros animales; pero no contamos con esta percepción de «omnipresencia temporal» respecto a las vidas de otros humanos.

Así pues, por ejemplo, haber seleccionado a los negros más fuertes durante la época colonial habría sido una tarea ardua y sin resultados visibles. Por fortuna, ningún imperio esclavista ha durado lo suficiente como para que una hipotética domesticación humana hubiera llegado a acontecer.

La relación entre la esperanza de vida entre explotador y explotado nos lleva a pensar que si, por el contrario, los humanos tuviéramos una esperanza de vida menor al de otros animales, nuestra limitación espacio-temporal hubiera mermado o anulado el propio surgimiento de la domesticación.

Basta con señalar que no existe ningún animal domesticado cuya esperanza de vida sea mayor que la de un ser humano. Si bien, no debemos desdeñar que la esperanza de vida de los animales domesticados quizás haya sufrido una merma considerable respecto a sus contrapartes salvajes como fruto directo o indirecto de la selección artificial.

¡Derechos Animales ya! - Cráneo de búfalo¿Hubiéramos reproducido o dejado reproducirse a algún animal que, por alguna mutación, fuese más inteligente que el resto? La inteligencia otorga poder. Los humanos somos más poderosos que los animales raíz de nuestra cognición. Nunca permitiríamos que ningún otro animal nos igualase y lo impediríamos mediante selección artificial si así ocurriere. Ésta es una de las razones por las cuales el ser humano, por antropocentrismo, se negaría a reconocerles derechos a las inteligencias artificiales.

Relación entre domesticación e inteligencia

Un aspecto que me inquieta, y quizás sea muy difícil de llegar a demostrar científicamente, es si la domesticación ha causado un decremento en la inteligencia de los animales domesticados. Como he argumentado antes, la domesticación consiste en la selección artificial de caracteres en beneficio humano.

Cuando los rasgos se seleccionan mediante selección natural, la inteligencia, como cualquier otro fenotipo, depende de una serie de genes con sus diferentes «jerarquías» y «expresiones epigenéticas» (cambio en la expresión génica modulada por el medio ambiente).

Si se producen algunas mutaciones que afectan a la expresión global de la inteligencia, ya sea porque alteran la estructura del encéfalo o posibilitan otras modificaciones anatómicas, morfológicas o fisiológicas que causan una «reconfiguración cerebral y, a su vez, estas mutaciones llegan a fijarse en la población (al situar el éxito reproductor por encima de la media en la población considerada), una población animal podría ver aumentada su inteligencia a lo largo del tiempo. Para afirmar esto, apenas me he limitado a indicar cómo ha podido desarrollarse algo que ya sabemos que nos ha sucedido a nosotros.

En cambio, en los animales sujetos a la selección artificial, el fenotipo está modulado por los intereses humanos y nuestra especie genera una «presión selectiva» —un filtro, hablando coloquialmente— contraria a aquellos fenotipos que se enfrentan a los intereses humanos.

Si consideramos que una mayor inteligencia se expresa en forma de un animal con mayores capacidades para evadir al ser humano y resistirse ante su manipulación y violencia, entonces podríamos aducir que la inteligencia animal se convierte un rasgo seleccionado negativamente bajo selección artificial.

Los propios centros que se dedican a la crianza de animales para la investigación en laboratorios saben que resulta más fácil «operar» con ejemplares más «dóciles». Ocurre que quizás no se han planteado o no quieren plantearse que algunas de aquellas formas de lo que ellos llaman «agresividad» —una simple defensa propia ante la privación de libertad y un atentado sistemático contra su integridad física y mental—, esté tal vez, en algunos casos, motivada por una mayor cognición en lugar de ser el mero resultado de unas respuestas instintivas.

Si deducimos a partir de estas hipótesis, podemos concluir que, desde los albores de la domesticación, aquellos animales con fenotipos más inteligentes irían apareciendo en menor grado hasta quedar relegados, muy posiblemente, a tener alelos recesivos.

El antropocentrismo, pues, no causa únicamente el exterminio de cualquier animal salvaje, sino que atenta directamente contra cualquier rasgo que beneficie a los esclavos frente a su dominador y ello se traduce en que los humanos operamos contra una posible evolución positiva de la inteligencia animal por parte de la selección natural.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoLos animales domesticados son esclavos: carecen de libertad y no respetamos su integridad ni sus vidas. Al igual que los esclavos humanos en la historia, están recluidos, encerrados y marcados —etiquetados con un código de barras— como un producto fabricado en serie. A pesar de los males que les causamos con la domesticación, cada uno de ellos sigue siendo un individuo único que muestra personalidad y deseos de libertad.

Conclusiones

La domesticación, mediante la selección artificial, ha reducido a los animales no sólo a la condición de esclavos; sino que los ha convertido en esclavos dóciles y con taras genéticas que pueden llevarlos a sufrir una vida miserable antes de ser asesinados en nombre del consumo o de la ciencia.

Los avances en la veterinaria, la etología y otras ciencias aplicadas demuestran que los animales son algo más de que lo perciben nuestros ojos por culpa del especismo. Hoy, la ciencia va despojándose tímidamente de prejuicios hacia los demás animales de la misma manera en que hace apenas unas décadas tuvo que despojarse masivamente de los prejuicios racistas y sexistas.

Aunque me ilusionaría poder aportar como investigador a las ciencias biológicas, si me dedicara al campo de la zoología o de la etología encontraría obstáculos serios a causa de la incompresión y los prejuicios. De hecho, si apenas he escrito artículos sobre investigación científica es porque me siento como un aspirante a intelectual renegado de una ciencia gravemente influenciada por el especismo.

El mensaje vegano y a favor de los Derechos Animales está logrando penetrar en las distintas capas sociales. Pero, entretanto, los intereses particulares y colectivos referidos a la explotación animal luchan a diario por contrarrestar un progreso social inevitable mediante falacias, tergiversaciones, manipulación de la opinión pública y el lucro a través de socios, donaciones y promesas en lo tocante al «bienestar animal» para que el consumidor siga consumiendo con la conciencia tranquila.

Las propias organizaciones animalistas se lucran proponiendo medidas aberrantes que se basan en la propia cosificación de las víctimas, entre ellas, las castraciones sistemáticas e incluso el sacrificio —asesinato— de animales sanos.

En cada uno de nosotros queda tratar de comportarnos con justicia y ser lo más justos posible con los demás animales con quienes compartimos este planeta. El veganismo es la base de los Derechos Animales y poco a poco puede ir calando en la sociedadsin violencia ni excesos— si transmitimos bien información y argumentos como los aquí contenidos.

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Adrián López Galera

Adrián López Galera

Grado en Biología. Máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales. Amplia experiencia en Derechos Animales, Escritura Creativa y Administración de sistemas informáticos.