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La victimización de los explotadores

Los especistas se victimizan cuando hablamos de explotación animal - Victimización de los explotadoresLa victimización de los explotadores es un hecho cotidiano. Aunque habrá a quien le resulta algo ofensivo, esto me viene a la cabeza cuando muchos explotadores de animales se victimizan públicamente como si señalar su especismo supusiera una afrenta o tuviese algún tipo de parangón con las acciones que ellos practican o promueven a diario. Respecto a la viñeta, ha de considerarse que el término «carnista» es innecesario; pues sitúa a quienes comen carne como si fuesen peores explotadores.

La defensa de un no-derecho

Cuando efectuamos nuestro activismo por los Derechos Animales, todos los días recibimos respuestas reaccionarias y defensivas ante nuestras publicaciones y comentarios. Así ocurre porque un sinfín de usuarios y lectores se toman como un ataque personal que se señale sus acciones aunque nadie los aluda a ellos (ni los conocemos). El modus operandi de la victimización de los explotadores siempre es el mismo, de modo que podemos dividir los tipos de comentarios recibidos en tres:

  • Diplomáticos: Nos piden, con suma educación, que retiremos una fotografía, ilustración, viñeta, etc., a causa de que les desagrada. Tras explicarles, con los mismos buenos modales, que condenamos acciones y comportamientos (no individuos) debido a que necesitamos reflejar la realidad de las víctimas, suelen adoptar la actitud del siguiente modelo.
  • Indignados: Claman a los cuatro vientos acerca de cómo hemos tenido la desvergüenza y osadía de atacar a quienes «aman a los animales» (pj: rescatistas, perro-gatistas, explotadores compasivos, etc.) o realizan actos absolutamente legales (se sabe que si algo es legal en alguna parte nadie debe reprochar nada, válgame). Estos sujetos muestran su experticia en ética y argumentación al rechazar cualquier intento de acercamiento o analogía diciendo que sencillamente «no son lo mismo» y mediante molestos alegatos especiales: «no tenéis ni idea de cómo funciona una granja», «no puedes entenderlo», «informaos», y un larguísimo etcétera. En el momento en que se hartan de repetir su mantra de prejuicios o se palpan demasiado cuestionados como para mantenerla, pasan adoptar la disposición inferior; la cual refleja su verdadera naturaleza interior.
  • Agresivos: Estos sujetos renuncian a todo atisbo de modales o raciocinio y se enzarzan en una batalla de burlas y descalificaciones continuas. En la mayor parte de los casos nos vemos obligados a bloquearlos para terminar con la discusión. Si a ellos les parece cansino responder, que se imaginen cuánto resulta para nosotros estar contestando a un centenar de clones de forma consecutiva.

A toda la gente que molesto por ser vegano, no soy yo, es tu conciencia - Victimización de los explotadores

No, Di Caprio no es vegano. El cartel sólo pretende señalar la evidencia de la sociedad general se siente atacada por el mero hecho de saber que hay otra gente con más fuerza de voluntad y principios que ellos para rechazar toda forma de explotación animal.

La victimización de los explotadores es un reflejo de sus conciencias

Llama un montón la atención que quienes participan en la explotación animal —ya sea más directa o indirectamente— se muestran siempre los más susceptibles frente a vídeos e imágenes en donde se aprecia la terrible crueldad con que usamos y tratamos los animales no humanos. O sea, no les importa cuánto sufrió el animal de turno; sino que protestan porque a ellos sí les afecta de una manera sentimental o moral. Muchas veces, los activistas tenemos que cogerlos con pinzas por tal de que no se irriten y comiencen a agredir. Una sensibilidad la mar de convenida…

 

Si cada jornada se repite sin cesar esta especie de algoritmo social, se debe a que ellos mismos se ven como las víctimas. Acontece una victimización de los explotadores por la cual confunden los conceptos de respeto o tolerancia con el hecho de darles el visto bueno para hacerles a los animales cuanto les dé la real gana. Dado que se creen legitimamos para protestar, no dudan en exhibir una completa irracionalidad. Y entre los explotadores no cabe sólo imaginarse a granjeros, ganaderos, taurinos o cazadores a los que les inculcaron desde pequeños cómo someter a los animales; sino que más agresivos y peores son los animalistas rescatistas y los vegetarianos de «salud» y «medio ambiente». Por sorprendente que parezca, he comprobado por mí mismo que tiene más facilidad para hacerse vegano un ganadero con la conciencia intranquila que un animalista que se percibe a sí mismo en un pedestal moral por donar a una organización animalista o por hacerse ‘selfies‘ en la mani de turno.

En nuestra sociedad buenista a menudo se fomenta la creencia de que una sociedad avanzada consista en que cada uno siga su camino sin joder al vecino. Ello, unido al especismo, hace que muchos lectores inesperados de nuestras publicaciones y artículos acostumbran a exigirnos una absoluta indiferencia hacia los demás animales vestida con falsa empatía y comprensión. Para ellos, todo eso se trata de un asunto «privado». Pues no, lo que nuestra civilización practica sistemáticamente con los restantes animales de este planeta no está oculto ni se limita a la conveniencia o decisión de cada uno. En vista de que no pueden negar la lógica de «no les hagas a otros aquello que no te gustaría que te hicieran», este tipo de individuos sólo tienden dos salidas: aceptar nuestros argumentos o no pasar de agredirnos hasta ver satisfecho su ego herido. Nosotros se lo debemos a las víctimas reales y no miraremos hacia otro lado. Por tanto, que se guarden sus quejas y odios, y se miren al espejo.

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Diferencias entre veganismo y vegetarianismo

El vegetarianismo causa víctimas

Estas ilustraciones representan cuáles son las víctimas que distinguen a un vegetariano y de un vegano. Un vegetariano participa en la explotación por leche, miel y huevos.

Una diferencia ética e histórica entre vegetarianismo y veganismo

El veganismo no significa vegetarianismo estricto. El veganismo es un principio ético definido por Leslie Cross y Donald Watson en 1951, quienes se escindieron de la Unión Vegetariana Internacional porque éstos no consideraban aspectos éticos. Éste cuenta con dos preceptos:

1) Rechazar la explotación (uso como recurso) de los animales no humanos.

2) Liberarlos de la dominación por parte de nuestra especie.

Cualquier otra definición que no se base en estos puntos está obviando el fundamento de estos dos pensadores. La veracidad no se halla en la Wikipedia ni en las opiniones mayoritarias; sino en las obras y explicaciones aportadas por sus autores. Así sucede con todos los movimientos o doctrinas políticas y el veganismo no tiene por qué funcionar de manera diferente en este sentido.

Las diferencias entre veganismo y vegetarianismo son evidentes. El vegetarianismo, desde su creación en 1847 hasta hoy, es una dieta que rechaza los tejidos de procedencia animal pero acepta sus secreciones, como los lácteos, huevos y miel.

Hipocresía, desconocimiento e incomprensión

Cuando los veganos señalamos las diferencias entre veganismo y vegetarianismo siempre aparecen individuos ofendidos porque se dejan llevar por sus sentimientos encontrados en lugar de reflexionar sobre el mensaje de la publicación. Hay gente que percibe la imagen superior y nuestras explicaciones como poco menos que un insulto y parecen disfrutar atacándonos al mismo tiempo que se victimizan. Tales reaccionismos se basan en esgrimir una serie de falacias y descalificativos que vuelven imposible un diálogo formal y cortés. A continuación iré plasmando contestaciones habituales para responder cada punto de este tema:

«Faltar al respeto»

Este tipo de falacias de falso ad hominem acontecen por una confusión entre personas e ideas. El respeto se refiere a la integridad de los individuos; no a sus acciones o creencias. Criticar o mostrar los actos injustos de un colectivo no es una falta de respeto en tanto que no atenta contra su integridad. La práctica del vegetarianismo sí es contraria al respeto hacia los demás animales debido a su participación en la explotación animal. Además, las amenazas plasman despotismo e indiferencia hacia ellas.

«No como animales»

En dicha ilustración figuran las víctimas de la explotación por leche, miel y huevos. Todo quien consuma tales productos es directamente responsable de tales hechos y eso se denuncia. Para ser justos debemos rechazar toda forma de explotación animal (uso como recurso) de la misma manera en que todos nos oponemos a la explotación humana. Ésta es la realidad, guste o no guste.

«Todos empezaron como vegetarianos»

Muchos no comenzamos como vegetarianos, un vegetariano no tiene por qué ser un potencial vegano. El vegetarianismo no es un paso hacia los Derechos Animales al igual que asesinar «un poco» no nos conduce a los Derechos Humanos. El vegetarianismo no se considera a sí mismo como «un paso» al veganismo. Eso es una interpretación subjetiva. Estamos de acuerdo en que debemos facilitar el paso a paso. ¡¡¡Eso hacemos todos los días!!! No se critica que la gente necesite una transición al veganismo de forma progresiva; sino el estancamiento y sus justificaciones absurdas. Se puede empezar por eliminar los lácteos, los huevos o la miel. No es imprescindible comenzar por la carne; lo cual muestra un enorme componente cultural.

A la usuaria le falta de información objetiva. Yo mismo he conocido a gente que ha pasado de ser taurino a ser vegano y vegetarianos que han vuelto a comer carne. No hay datos que avalen dicha hipótesis; sino la contraria: la mayoría de los vegetarianos suelen desistir antes de convertirse en veganos porque carecen de los motivos éticos imprescindibles y asumen unas dietas demasiados estrictas.

«Están discriminando»

Explicar no implica «superioridad», «perfección», «soberbia» ni una mentalidad atrasada con ganas de etiquetar a los demás. Las desgracias a los animales no humanos se inician por no darles el respeto que merecen; un respeto que vulnera la práctica del vegetarianismo al explotarlos (usarlos como recurso) para obtener sus secreciones. En vez de enfadarse con quienes muestran la realidad, deberían cabrearse con las posiciones que promueven su explotación. Aquí no sembramos discordia; discordia siembran quienes prefieren cornear antes que hacer autocrítica. Parece que llaman «imponer» a todas las ideas y acciones que vayan en contra de imponer su explotación a los nohumanos.

«Sé que soy cómplice pero también está bien»

La enorme heterogeneidad de respuestas sin sentido común nos indican lo contrario: se requiere incidir más en esta cuestión para que dichas víctimas puedan estar a salvo. Todo les parece irrespetuoso. Explotar a otros animales eso no les parece nada irrespetuoso. Lo peor radica en que afirman ser conscientes de lo que hay detrás de los huevos y la leche. Vemos que mienten: sólo se miran el ombligo.

«Un trato mejor que incluso en libertad»

Muchos vienen a nuestras páginas sin siquiera saber qué defendemos. No decimos que la explotación animal sea necesariamente «maltrato animal» (concepto bienestarista); nosotros explicamos que la explotación animal es inherentemente injusta debido a que quebranta el principio de igualdad. Nadie querría ser un esclavo bien tratado; sino ser libre. Todos los animales no humanos sienten y padecen, y cuentan con intereses inalienables tales como la libertad, la defensa de su integridad y el deseo de vivir.

No contamos mentiras ni exageraciones. Por el contrario, nos relatan un fantasioso mantra bienestarista que defiende una esclavitud de color rosa. Todos esos animales terminan en el matadero. Los humanos no tenemos ninguna legitimidad para preñar vacas ni hacerles nada. Parece que, para algunos, las vacas debieran estar incluso agradecidas de que sólo las embaracen de vez en cuando.

«No consigo ser vegana por la ideología de sus miembros»

El respeto que merecen las víctimas no depende de cómo a alguien le caigan otros humanos. Es como si se dijera: «no he dado el paso hacia dejar de asesinar porque todos los humanistas son unos elitistas engreídos que no me convencen». Uno no tiene que convencerse, su obligación moral es ser justo tanto con humanos con otros animales y eso no depende de que unos u otros sean de una u otra forma. Si quieren dejar de causar víctimas, entonces háganse veganos. El mensaje es claro. Ocurre que la mayoría prefiere exaltarse antes que entenderlo.

Por otra parte, el veganismo no es una cuestión de grados; sino de justicia. El vegetarianismo sí admite grados; pero el veganismo no es vegetarianismo. Se refiere exclusivamente al cese de la explotación animal. No abarca todos los Derechos Animales. Las acciones sobre el medio ambiente o relativas a humanos no competen al veganismo.

En dicho sentido, uno de los alegatos más frecuentes en la actualidad es el referido al aceite de palma. El vegetarianismo implica explotación animal directa; pues a tales animales se los usa como recursos para nuestros fines. Cuando se consume aceite de palma, el humano no está pagando necesariamente para que exploten orangutanes. Todo lo relacionado con ellos es una consecuencia de una gestión injusta e ineficiente, no culpa de los veganos por causas circunstanciales. Un vegano, por definición, no causa explotación animal directa. No paga para que los orangutanes sean esclavizados y, desde luego, tanto un comelotodo como un vegetariano causan infinitamente más daño cuantitativo a los animales no humanos y al medio ambiente.

La gota que colma el vaso

Qué consideras ofensivo - Vegetarianos

De entre todos los ejemplos cuales presenciamos a diario, hay algunos especialmente sangrantes por el cinismo que denotan sus palabras. A diferencia de otros comentarios, éstos no sugieren ni una muestra de reflexión o atisbo de consideración hacia los animales no humanos. Justo lo contrario, vienen a decirnos cómo nos atrevemos a cuestionar su legitimidad para explotar a las víctimas. Se arrogan una potestad y la reivindican mediante ataques.

«Tengo derecho a explotar porque soy rescatista»

Vegetariana-hipócrita-máxima (nombre omitido)

Estoy-orgullosa-de-ser-vegetariana-y-explotar-vacas (nombre omitido)

Este tipo de comentarios con tantísimos errores conceptuales evidencian que el mayor problema del vegetarianismo es que está conformado por sujetos tan especistas como el resto de la sociedad. No sabe qué significa «explotación». No hay una forma de explotar «con cabeza»; sólo cabezas que se sienten con la conciencia tranquila al pensar que ya son justos y que hacen suficiente. Todo uso de ellos es explotación. No son sus gallinas ni vacas. No son sus esclavos; son productos que pertenecen a tales animales. Los casos personales no constituyen reglas generales. Casi todo el mundo puede ser vegano. No se trata de un problema de metabolismo; sino de mentalidad.

Por si no le hubiese bastado con mostrar su ignorancia, sigue a la carga esgrimiendo los argumentos falaces más trillados e infantiles que uno pudiera imaginar. Comete una falacia ad populum, incurre en una falacia del término medio. No tiene derecho a beneficiarse de ellas. Eso no es «rescate»; sino pasar de que las exploten otros a hacerlo uno mismo. Continúa colgándose medallas como si sólo ella rescatase animales no humanos o trabajara en albergues. Y, ante todo, señala esa razón como argumento para usar vacas y gallinas como sus esclavas. Yo me he dejado cientos de euros aun siendo estudiante y sin trabajo. Sin embargo, no encuentro relevante ir vacilando de ello a los cuatro vientos y, ni muchísimo menos, utilizar esta basa para situarme en un pedestal de cuasiDios.

Si le importan las víctimas, que sea vegana, que no intente justificar sus acciones porque sea una «buena samaritana». Lo cortés no quita lo valiente. O lo que es lo mismo: que haga cosas bien no significa que todo lo que haga resulta correcto o aceptable.

Sin más, aquí termina otra entrada dedicada a señalar la difícil situación en que se hallan los animales no humanos debido a la irracionalidad y egocentrismo de los humanos.

 

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Humanización, animalización y cosificación

Paul de Vos - Pelea de gatos en una despensa. Mediados del siglo XVII. - Humanización de animalesCuadro pintado por Paul de Vos a mediados del siglo XVII, titulado: Pelea de gatos en una despensa. La humanización de los animales es un tema recurrente en nuestra cultura a la par que se los cosifica en la realidad.

En esta entrada realizaré una reflexión general sobre los conceptos de «humanización», «animalización» y «cosificación», sus implicaciones éticas y diferencias categóricas.

Humanización

Denominamos «humanización» a la acción de dotar de características humanas a algún ente (vivo o no) que no lo sea. Este término aparece con frecuencia cuando se refiere al ingenio e inventiva humanos en el campo de las artes: literatura, teatro, pintura, etc. Puede señalar propiedades «humanas» tanto físicas como comportamentales en distintos grados.

Debido a que los atributos comunes o mayoritarios en nuestra especie están juzgados a la luz de nuestros propios ojos, no sólo caemos en el error de considerar como «humanos» aquellos rasgos no necesariamente exclusivos del Homo sapiens; sino que el proceso de humanización implica crear un alter ego o representación del autor con distintas pretensiones según nuestra propia visión de cómo sería la fusión o el resultado de ese ser con la mezcla entre sus caracteres y los nuestros. Asimismo, incurrimos en el sesgo de interpretar las cualidades de los seres no-humanos de un modo que quizás no guarde relación o lógica con su origen, función o utilidad.

En referencia al activismo vegano, muchos activistas han argumentado de forma espléndida la falacia del anacromorfismo, es decir, la acusación infundamentada de que nosotros, los veganos, practicamos una humanización indebida de los animales no humanos con el objetivo de sensibilizar a la gente mediante una fachada inexistente e inválida. Entre muchas explicaciones, me quedo con el ensayo escrito por Igor Sanz y su acuñación de las palabras proferidas por Konrad Lorenz, padre de la etología, a quien también acusaban falazmente de «humanizar a los animales»:

«No trato de humanizar a los animales [nohumanos]. Se ha de comprender que
lo demasiado humano es casi siempre prehumano, y, por tanto, es aquello que
compartimos con los [demás] animales. A fe mía que no proyecto características
humanas en el animal [nohumano]; antes, al contrario, muestro la cantidad de
herencia que persiste en la humanidad».

Los animales poseen rasgos que creemos exclusivos para los humanos

Empíricamente puede observarse que compartimos multitud de cualidades con los animales no humanos. Esto nos motiva a que nos resulte más sencillo empatizar con algunas especies. Sin embargo, justificar el respeto tomando como base nuestra semejanza implica vernos a nosotros mismos como ejemplo de perfección o colofón del proceso evolutivo. Si hemos llegado a construir este sistema de opresión se ha debido a nuestra mentalidad supremacista. Mientras perdure, seguiremos racionalizando un juicio gradualista de la naturaleza que, lejos de sostenerse por la ciencia o la ética, sólo sirve para calmar nuestra conciencia y justificar acciones deseables por estricta conveniencia. Este mismo prejuicio protagoniza formas de utilitarismo que a menudo aparecen bajo el término «veganismo».

Como escribí hace tiempo en este ensayo simplón acerca de la importancia de utilizar historias, cuentos, fábulas, novelas, etc. para combatir el prejuicio especista, toda creación humana es potencialmente enfocable para promover el veganismo y defender los Derechos Animales. A pesar de ello, cabe estimar que tanto si pretendemos humanizarlos (añadir elementos diferenciadores) como si no, nuestras obras nunca plasmarán de modo objetivo la realidad. Para luchar por las víctimas empleamos nuestro raciocinio; pero éste acaba encorsetado por nuestros sentidos y un alcance facultativo (inteligencia y conocimiento) del que dependemos y gracias al cual marcamos nuestros actos.

En consecuencia, aunque uno se propusiese reflejar la explotación animal desde el punto de vista de las víctimas o crear personajes humanizados por simple divertimiento, siempre nos quedará la duda de cuán reales serían si existieran en realidad en éste u otros planetas por haber acontecido una serie determinada de variables físico-químicos, cambios biológicos, etc.

A tenor de lo explicado, podríamos afirmar que la humanización es un proceso cognitivo aplicado sobre nuestro lienzo de la propia existencia. Y no sólo eso; sino además, un fenómeno intrínseco a nuestras condiciones psicológicas e inevitable para el desarrollo de la empatia. Esta reflexión abre la puerta a una interpretación curiosa: ¿tendemos a humanizar a causa nuestra capacidad empática? ¿Otros animales serán capaces de imaginar el comportamiento ajeno y aproximarlo al suyo? No he hablado en ningún momento de «personificación» porque todos los animales somos personas en sí mismos en tanto que tenemos las estructuras necesarias para la realización de una subjetividad. Este planteamiento nos dirige hacia el siguiente concepto.

Caricatura de Charles Darwin en forma de mono - Humanización frente a cosificaciónCaricatura de Charles Darwin con apariencia de mono que dibujaron detractores de su época para burlarse de su Teoría de la Evolución.

Animalización

De manera análoga, se denomina «animalización» a la trasposición de atributos propios de los animales no humanos a otros entes. Justo al contrario que su contraparte anterior, este término alude a acciones desaforadas e impropias de un humano civilizado o que jamás realizaríamos, por lo que presenta matices denigrativos o indeseables. Uno no suele animalizar porque pretenda ensalzar en ellos cualidades o conductas muy diferentes; sino para caricaturizar o incluso repudiar sus particularidades. Acostumbramos a hacerlo bajo la actitud supremacista antes señalada para criticar y condenar tanto aspectos fisiológicos como etológicos por el simple hecho de no estar presentes en nuestro caso.

Si fuésemos más objetivos, podríamos asumir que la atribución de características exclusivas de los animales no humanos quizás sirviese, por ejemplo, para ayudarnos a concebir cuán diferente hubiera sido y sería nuestra civilización si contásemos con otra visión de los colores, otro intervalo de percepción auditiva, otro córtex cerebral y otras mutaciones que hubiesen generado estructuras, órganos, reacciones químicas, etc., que convirtiesen en factible aquello sólo llegamos a soñar. Al igual que la humanización puede ser útil de cara al activismo (si bien ni mucho menos ideal en todos los casos), transferir rasgos no-humanos a personajes humanos permite acercarnos a unas segundas posibilidades que podrían haberse producido si las condiciones y condicionantes hubieran desarrollado con absoluta desemejanza.

Asimismo, ha de destacarse que a menudo se confunden las acciones con la cognición. Cuando animalizamos, solemos creer que ellos hacen algo por simples razones azarosas o totalmente impensables o inimaginables por nosotros debido a la escasa lógica del acto. Así ejemplificado, que los perros decidan olisquear el trasero de otros en lugar de utilizar un lenguaje verbal no implica que ni carezcan de dicha herramienta ni que sean inherentemente menos inteligentes en sentido absoluto.

El intelecto desempeña el papel fundamental de facultarnos a todos para reflexionar sobre cuáles métodos son más adecuados según nuestros instrumentos biológicos y el contexto que nos rodea. Escoger entre uno u otro camino responde a la razón y está supeditado a los sentidos y habilidades del individuo. Esto significa (y nos recuerda a la vez) que las acciones emprendidas por los no-humanos no son necesariamente menos razonadas ni ilógicas que las nuestras. Si nosotros tuviésemos la fisiología de un perro, u otro animal más distante, posiblemente no dudaríamos en marcar nuestro territorio con excrementos si hacerlo fuese lo más apropiado para el fin perseguido, es decir, si así se entendiese mejor el mensaje y quedase constancia un tiempo mayor. Desde luego, si existiera vida «altamente racional» fuera de la Tierra, sería bastante antropocéntrico pensar que dichos organismos se comportasen como nosotros por el simple hecho de ser tan listos cual unos servidores…

Por otra parte, los humanos no somos los únicos animales con cultura. El aprendizaje está supeditado a nuestra forma de percibir el ambiente, ello conlleva que distintas poblaciones generen un acerbo de peculiaridades sociales que las distinguen del resto. Al igual que en los humanos puede verse afectada la razón por los sesgos cognitivos y prejuicios, diversos estudios sobre la transferencia cultural en primates y ballenas (entre otros animales) desechan la idea tradicional de que la cultural sea una característica exclusivamente humana. O sea, puede ocurrir que el comportamiento de un animal (incluidos los humanos) se origine y produzca, simultáneamente, como fruto de su raciocinio, instinto y asimilación cultural.

Sea como fuere, lo único relevante en el terreno ético reside en que unos y otros poseemos intereses inalienables. Si tratamos de combatir nuestros prejuicios, alcanzamos a comprender las atrocidades que se esconden tras el siguiente concepto.

Racismo y especismo - Cosificación de animales

Tanto el racismo como el especismo son discriminaciones morales que implican la cosificación de un sujeto y su trato, coacción y manipulación como si fuese un objeto. No basta con rechazar el maltrato animal para ser justos con los animales.

Cosificación

«Cosificación», como su nombre indica, consiste en atribuir propiedades de los objetos (entes inertes) a aquello que no lo sea. Este fenómeno solamente plantea un conflicto moral respecto a la consideración de los animales no humanos porque ellos, a distinción de otros seres vivos, sí cuentan con intereses inalienables.

A diferencia de los dos conceptos previos, éste no es subjetivo; pues podemos razonar y argumentar si a alguien lo tratamos o no como si fuese un recurso. Además, se distingue con facilidad de la «humanización» y la «animalización» en que no plasmamos en aquellos individuos características propias o ajenas; justo lo opuesto: desconsideramos o negamos sus propios rasgos inherentes. Tampoco se deriva de nuestras facultades cognitivas; sino que, por el contrario, proviene de un prejuicio moral. En cierto sentido, podríamos decir que la cosificación es el antónimo de ambos: usamos la razón para desechar rasgos; no para «otorgarlos» ni «sopesarlos».

Este fenómeno se manifiesta de formas muy variadas y arraigadas en la cultura. Consta de numerosos puntos basales que han estudiado autores como Martha Nussbaum y Carol Adams. Para lograr el tan aludido progreso social resulta imprescindible comprender por qué no debemos tratar como cosas a otros animales al igual que no nos gustaría a nosotros recibir dicho tratamiento.

El lobo es malo y sandwich de jamón - Humanización y cosificaciónSe da la paradoja de que, en las artes, humanizamos a los animales para exponer o condenar comportamientos humanos mientras se incurre en cosificación a la hora de considerarlos como individuos.

Humanización indebida y cosificación aberrante

En este último apartado quisiera poner hincapié en sucesos moralmente contradictorios dentro de la cultura humana. A menudo, cuando se humaniza a animales no humanos en obras cinematográficas, teatrales o literarias ocurre que se enseñan o transmiten mensajes erróneos y bastante dañinos de cara a una interpretación objetiva de la naturaleza. Que todos los animales cuenten con una conciencia (al menos mínima) o razonamiento no ha de confundirse con que ellos puedan responsabilizarse de las implicaciones y consecuencias de sus actos. A rasgos prácticos, asumimos que únicamente los humanos somos agentes morales (sujetos responsables de sus actos). A lo mejor un delfín o ballena pudieran serlo; pero no es de nuestra incumbencia. Por tanto, somos nosotros y no otros animales los que debemos obrar justamente y respetarlos en la medida de lo posible.

Así pues, resulta incorrecto decir que tal o cual animal no humano es malvado, cruel, o cualquier otro adjetivo subjetivo relacionado con su conducta. No contentos con este fallo demasiado común, lo más llamativo es que en muchas ocasiones se los humaniza al mismo tiempo que se los cosifica. Esto se produce, por ejemplo, cuando se narran cuentos infantiles en que los cerdos, las vacas o las aves esclavizadas en el corral exhiben comportamientos y actitudes humanas mientras están contentos con ser esclavos. El pensamiento especista funciona así: si un organismo carece de forma humana, no importa ni siquiera que evidencie todas y cada una de nuestras propiedades.

Para acabar, también señalaré empresas como Disney que se lucran tanto humanizándolos en sus series y películas (según quiénes sean los protagonistas) como cosificándolos en éstas mismas (si no tienen un rol principal) y en sus parques temáticos para niños (pj: caballos que tiran de carruajes durante los desfiles).

Nuestra relación con los demás animales es tan absolutamente heterogénea como discordante que daría para escribir un libro. Como conclusión, hemos de esforzarnos por desechar las confusiones categoriales entre la naturaleza (el ser), la potencialidad (poder ser) y la ética (deber ser).

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Un cuñado contra los veganos: El efecto Dunning-Kruger

Cuñadismo hacia los veganos

En España, la expresión «cuñadismo» se refiere a aquellas estupideces soltadas por un «cuñado», el típico familiar que es capaz de solucionar los problemas de desempleo, inmigración, sanidad y educación en los cinco minutos que tardan en tomarse una cerveza junto a la barra de un bar. Estos individuos sufren el denominado «efecto Dunning-Kruger».

Siempre hay un cuñado para un vegano

Esta entrada tiene una finalidad crítica y humorística más que didáctica. Si bien, la parte final sirve para aclarar razones psicológicas de este comportamiento. Con esto dicho, empecemos:

El término «cuñadismo» es un neologismo español, muy usado en fechas recientes, para indicar aquel comportamiento o actitud propios de un «cuñado». De hecho, su uso está tan extendido que la Fundéu ha aceptado este nuevo significado en diciembre del año 2016. Típicamente, se ha arqueotipizado a estos parientes políticos como sumos conocedores de la verdad absoluta y un ejemplo de sensatez y pragmaticidad sin parangón. Por extensión, así se denomina de forma jocosa a quienes sientan cátedra en cualquier asunto —por variado que fuere— sin formación alguna y con una campechanía digna de sonrojo ajeno.

Un buen cuñado arregla con sencillez todos los problemas de la nación durante tiempo que le dura una taza de café en sus manos y le sobran algunos minutos para comentar la alineación de su equipo de fútbol. Sin excepciones, tiene en todo momento una solución perfecta para la ocasión. Si su respuesta no te sirve, se debe a que no lo entiendes bien ni lo haces como lo propone. Y, por supuesto, si algo se soluciona días más tarde es porque «ya lo había dicho él», ¿quién si no?

Así pues, si uno se vuelve vegano y se lo menciona a un cuñado, resulta esperable que sus sabios consejos se dirijan a corregir nuestras conductas y nos inviten a conocer el conocidísimo caso del vecino de un amigo que acabó en el hospital por no comer carne. Si después de meses no nos ha ocurrido nada semejante, hemos tenido suerte. Gracias al Altísimo que podamos ahora contar con sus conocimientos, experiencias y sabidurías.

A continuación separaré en tres categorías los comentarios modelo de un cuñado típico según su grado de dificultad o complejidad intelectualoide. Los ejemplos son citas casi literales que me han dicho en persona o que he presenciado en redes sociales. Las expresiones contienen imprecisiones y errores terminológicos, algo frecuente en quienes hablan de una materia sin tener la más remota idea.

¡Derechos animales ya! - Jardin des Tuileries - Estatua Facepalm

Esta estatua —llamada estatua de Caín— encontrada en el Jardín de las Tullerías (París, Francia) manifiesta espléndidamente el sentimiento de vergüenza ajena de oír a un cuñado.

Nivel elemental

Las apelaciones iniciales y más comunes de un cuñado se refieren a lo que un cuñado entiende por explotación, sus experiencias y consecuencias de nuestras acciones:

¡Derechos Animales ya! - La explicación del cuñado - Efecto Dunning-Kruger

Un cuñado tiene siempre una explicación para todo, ya hablemos de física cuántica o del reinado de Alejandro Magno.

Nivel intermedio

Un tipo más elaborado de cuñado es aquel que sostiene absolutas barbaridades mediante falacias argumentativas, repetición de mitos o una simple carestía o mala interpretación de los datos:

Rajoy - Un vaso es un vaso y un plato es un plato - Cuñado para un vegano

Mariano Rajoy, uno de los peores presidentes en la historia de España, tanto por su mala gestión como por los casos de corrupción, será recordado por su dialéctica sublime. Es el arquetipo del cuñado español.

Nivel avanzado

La sapiencia de un cuñado, digna de alabanzas, no se limita a afirmar con una base argumentativa nula ni a contar batallitas desde la barra del bar; sino que también emiten sensatos juicios de valor acerca del veganismo y los motivos que llevan a un ser humano a dar el paso. Si uno se siente lo suficientemente motivado como para aguantar sus mantras de tópicos, alcanzará a oír los cuñadismos de tercer nivel: comentarios referidos a la ideología e intenciones de quienes se preocupan por las víctimas no humanas. Desde luego, en esta etapa muestran su toda creatividad y potencial desatados:

  • «Los veganos son unos radicales perroflautas que no han dado un palo al agua en toda su vida».
  • «Si todavía existiese la mili, se os quitarían esas tonterías».
  • «El veganismo es una moda elitista».
  • «El veganismo es una religión derivada de la masonería».
  • «El veganismo es una estrategia de los Illuminati para el control mundial».
  • «El veganismo es un invento de la URSS para acabar con McDonalds».
  • «El veganismo quiere veganizar a los animales».
  • «No hace falta ser vegano para proteger el medio ambiente».
  • «Los veganos son una secta que controla a la gente mediante la desnutrición porque así pensamos menos».
  • «Los veganos son unos colgados que aman a los animales más que a las personas».
  • «Deberían detener a los veganazis porque son un peligro público. ¿Sabes cuántas bombas ha puesto ALF?».
  • «Detrás del veganismo está Monsanto y varias empresas agrícolas».
  • «Los veganos desean que volvamos a vivir en tribus y cuevas».
  • «Los veganos son misántropos que buscan acabar con la raza humana».
  • «Si el mundo se volviese vegano, los humanos dejaríamos de evolucionar (como los pokémons)».
  • «El veganismo causará el apocalipsis y la extinción de la raza humana».
  • «Comer pasto nos volverá tan tontos como los rumiantes».

El efecto Dunning-Kruger

Esta gráfica es un modelo aproximativo que relaciona la confianza de un individuo con respecto a su experiencia en un área de conocimiento según el efecto Dunning-Kruger.

Un cuñado es una víctima del efecto Dunning-Kruger

Un cuñado, sin saberlo ni ser consciente, incurre en el conocido efecto Dunning-Kruger (Wikipedia). A modo introductorio, éste es un sesgo cognitivo estudiado por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, quienes fueron investigadores en la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU.) y publicaron sus análisis en diciembre de 1999 en el boletín de la Journal of Personality and Social Psychology.

Según las conclusiones de su experimento, los seres humanos valoran su propias capacidades y aptitudes para una materia según su percepción de la verdadera destreza y dominio de dicha materia. El efecto Dunning-Kruger señala que existe una clara tendencia a que cuanto menor sea la habilidad y erudición de un individuo respecto a un campo del saber, mayor será su confianza y seguridad para defender sus hipótesis. Ocurre que la ignorancia brinda psicológicamente más tranquilidad que el conocimiento. Quien no sabe, cree que sabe; y quien sabe, duda ante la aceptación de que sus ideas pueden estar erradas.

Es decir, alguien que no tenga ni la menor idea de qué es el veganismo o qué defienden los Derechos Animales, sufre, por el efecto Dunning-Kruger, un sesgo que lo lleva a la creencia de que cuanto sabe sobre el mismo es correcto y veraz con total convicción.

¡Cuidado! Nosotros también podemos comportarnos como un cuñado

Cada día, efecto Dunning-Kruger puede aplicarse empíricamente a multitud de sucesos y conflictos del día a día. Esto conlleva que los humanos sientan una gran predilección por ganar la discusión y no por entender al otro ni cuestionar cuánto conocen realmente acerca de lo que hablan. Debido a ello, los humanos —y posiblemente en otros animales también— padecemos un freno biológico al desarrollo personal y al avance social. Estudiar los sesgos cognitivos y elaborar métodos que permitan corregirlos se vuelve una necesidad primordial en una sociedad atestada de sujetos que siempre tienen la razón.

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La esterilización (castración) de animales

Perritos acurrucados entre síEstos perritos abandonados posiblemente acaben sometidos a una operación de esterilización (castración) porque la sociedad parece empecinada en atacar las consecuencias y no la raíz del problema que asola a todos los animales.

La moralidad de las esterilizaciones

La esterilización o castración de animales, ya sea por particulares o colectivos, es el pan de cada día. Los perros y gatos, entre otros animales domesticados, carecen tanto de hábitat como de protección legal debido a que están cosificados moralmente junto con el resto de animales no humanos debido al prejuicio moral del especismo. En numerosas ocasiones, quedan en tierra de nadie y un voluntario u organización decide asumir su cuidado de forma altruista. Este tema es, sin dudas, uno de los más polémicos en el terreno de los Derechos Animales. Lo mismo sucede con la eutanasia en animales.

Si uno comprende el principio ético de igualdad y reconoce la importancia de respetar a otros sujetos como a nosotros mismos nos gustarían que nos respetasen, está obligado moralmente a buscar los medios y alternativas más éticos al alcance. Esto se refiere a aquellas acciones que coarten y priven menos intereses fundamentales de los afectados. Todos los animales contamos con una serie de intereses, tales como la libertad y el deseo de vivir. A veces nos encontramos que la sociedad, como fruto de la cosificación moral, los ve a modo de «objetos que sufren» (percepción utilitarista). El dolor o sufrimiento no se consideran intereses propiamente dichos; sino medios fisiológicos estrictamente necesarios para la supervivencia.

Los animales no humanos que conviven con miembros de nuestra especie no son libres. Podrán gozar de unas mejores o peores condiciones; pero nunca son libres por el simple hecho de que condicionamos todas las facetas de su vida: vivienda, alimentación, reproducción, etc. En un mundo ideal, todos los animales domesticados deberían vivir en la naturaleza con libertad para así ser coherentes respecto al principio de igualdad; no obstante, el contexto actual dista dramáticamente de este objetivo. En consecuencia, nuestro papel debe resignarse a velar por sus intereses inalienables durante su existencia en la medida de lo posible.

Cartel animalista a favor de la castración de animalesAdaptación de un cartel propagandístico típico de ONG bienestaristas que dicen defender a los animales mientras se lucran promoviendo la mutilación de sus genitales. Nótese que, como razones a favor, señala consecuencias deseables para los seres humanos.

La esterilización es una de las aberraciones normalizadas del utilitarismo

Los responsables de tales animales, ya sea un particular o una organización, no cuentan con medios para mantener una cantidad infinita de éstos. Por tanto, resulta comprensible que traten de evitar la procreación. Cuando se acoge o adopta a un único perro, gato o ambos y del mismo sexo, puede lograrse una convivencia respetuosa con su acogido sin tener que escoger métodos drásticos. Ya no sólo hablamos de la «necesidad» real; sino de nuestra responsabilidad de ser justos y de no aprovecharnos de nuestras habilidades cognitivas para dominarlos por estricta conveniencia.

Dado que los albergues y demás asociaciones están saturados y muchas veces carecen de opciones viables por la coyuntura contextual y económica, tal situación hace «comprensible» —jamás justificable— que se evite la reproducción entre los animales recogidos mediante técnicas contrarias a sus intereses inalienables. Aunque existen varias de control hormonal y bastantes en desarrollo, la más común por diversas razones es la «castración» (extirpación de órganos). Llamarlo «esterilización» es un simple eufemismo; pues en ellos no se persigue únicamente la imposibilidad reproductora; sino la inhibición de todos los comportamientos sexuales involucrados. Esto no suele acontecer habitualmente en humanos salvo cuando se practica la castración química.

Desde el punto de vista de los Derechos Animales, sólo se comprende la esterilización en animales no humanos en casos extremos en que muchos miembros deben convivir juntos. Aunque la eliminación del instinto sexual suele eliminarse sistemáticamente, esto en concreto sólo sería comprensible cuando la especie en cuestión sigue rituales de complejos o ciertas conductas que pueden derivar en daños para otros congéneres o contra las instalaciones.

Se esgrime a menudo la excusa de que se practica para evitarles ansiedad y estrés. Pero, ¿qué validez tiene ese argumento? Los animales en época de celo experimentan una serie de reacciones fisiológicas condicionadas por la liberación de hormonas (como ocurre en los humanos). Ni el estrés ni la ansiedad son malas de por sí; sino respuestas necesarias para la vida que forman parte de la conciencia del individuo. Con ese argumento deberíamos atiborrarnos a pastillas para asegurarnos de que jamás tendremos estrés ante un examen, miedo ante un atraco o pena ante un fallecimiento.

Castrar no resulta éticamente correcto porque quebrantamos el principio de igualdad. La integridad que merecen otros sujetos es un derecho inalienable a tenor de que todo animal tiende a proteger su cuerpo.

¿Acaso justificaríamos tales acciones en seres humanos? La sociedad entiende que si alguien nos opera sin nuestro consentimiento, dicha intervención incurre en una absoluta violación de nuestros derechos fundamentales. Sólo cabe tomar una decisión del tal índole cuando no exista ninguna otra alternativa.

Hay quienes argumentan que castrar animales no humanos sea ético apelando al caso del consentimiento subrogado de pacientes humanos con discapacidad mental. Cabe recordar nuevamente que la esterilización animal va más allá del hecho de evitar que tengan descendencia. Ésta repercute en su metabolismo; mientras que la esterilización humana no repercute porque no se extirpa órgano alguno. En el caso de los animales, cometemos el abuso añadido de extirpar órganos para eliminar sus instintos sexuales y hacerlos más fáciles de controlar bajo la falacia de que «es mejor para ellos».

Asociación de mujeres afectadas por las esterilizaciones forzadasEn humanos, la esterilización forzada se considera una de las mayores aberraciones de los regímenes totalitarios. En cambio, no dudamos en excusar tales actos para los animales. Ellos son víctimas de tercera.

Bienestarismo, paternalismo y argumentos propios del nazismo

En lugar de contemplarlo como un mal ineludible, hay quienes lo consideran una correcta en sí misma a tenor de que, potencialmente, puede ofrecer beneficios tanto para los animales castrados como para el ser humano.

Aquí se abre la veda del utilitarismo moral. Por una parte, justifican una acción basándose en las consecuencias (falacia consecuencialista) y, por otra, consideran que ellos mismos entran en la ecuación. Que a un ser humano le convenga que un perro o gato carezcan de libido porque así no se escapan, marcan con orinan, maúllan, etc., no tiene ninguna relevancia respecto a la moralidad de las acciones. Las clínicas veterinarias que así lo publicitan persiguen un claro fin comercial y las organizaciones animalistas que así lo apoyen están fomentando la misma mentalidad que causa los abandonos: el utilitarismo moral.

Para ocultar el aspecto utilitarista del mismo, sus defensores se centran en apelar a las consecuencias aparentemente positivas para perros y gatos, y desdeñan tanto cualquier cuestionamiento ético como los efectos negativos de la intervención.

A continuación enumero los argumentos utilitaristas más frecuentes para tratar de justificar la esterilización:

  1. «Controlar la sobrepoblación»: Eso mismo se podría utilizar para justificar que otros individuos nos castrasen con la excusa de que hay sobrepoblación de seres humanos y de que debemos aportar obligatoriamente nuestro grano de arena como buenos ciudadanos. Incluso asumiendo que uno estuviese de acuerdo con verse sometido a una operación forzada, nada legitima practicarlo contra otros sujetos con independencia de su especie.
  2. «Reducir el sufrimiento»: Este argumento manifiesta dos vertientes, una sobre el propio individuo y otra en relación a su descendencia. Quienes apoyan y practican la castración creen erróneamente que los no humanos en las calles padecen hambre, enfermedades y enfrentan la muerte a tenor de que reproducen. Ello obvia muchos otros factores. Por ejemplo, el abadono viene motivado por una sociedad especista y una fuerte industria detrás que cría miles de ejemplares al año. Por ende, nos encontramos con una falacia non-sequitur, puesto que a partir de la premisa «estar entero» no se deriva «pasar hambre, enfermedades ni la muerte». En sentido inverso, el no tener genitales tampoco evita que no pasen hambre, enfermedades ni la muerte. Cuando además aluden a las posibles crías ni siquiera nacidas ni concebidas, se trata de especulaciones. No son individuos reales. No existen, y como no han llegado a existir, entonces no pueden sentir ni padecer ni nada.
  3. «Para evitarles enfermedades»: El colmo de la confusión categorial entre la realidad y la potencialidad lo hallamos cuando se intenta justificar la castración esgrimiendo que así se los protegen frente a patologías diversas y peligrosísimas (nunca falla que adjunten una fotografía grotesca para demostrarlo). Que extirpar un órgano pudiese prevenir un cáncer, quiste, hipertrofia, etc,. no otorga ninguna legitimidad moral para «jugar a ser Dios» con sus vidas. Defender la castración para evitar enfermedades futuras es tan irremediablemente atroz como justificar el meter a niños en una burbuja para impedir que se lastimen o incluso esclavizarlos en casa para evitar que los secuestren. Nadie en su sano juicio aceptaría este argumento potencial para humanos. Ocurre, simplemente, que quienes los justifican para no humanos siguen observándolos como objetos que sufren y no aplican la misma ética humana. Se observa un modelo flagrante de paternalismo. En cambio, cuando ya se conoce la existencia de una enfermedad o del desarrollo probable de la misma gracias a pruebas o estudios genéticos, entonces sí debemos actuar por el bien de nuestros compañeros.

Estos puntos los explica y otros muchos los explica nuestra compañera veterinaria Mónica Manzanares en un artículo para su blog. Mucho más se explica en este ensayo escrito por Luis Tovar.

Evolución del número de perros abandonadosComo puede observarse en el gráfico, la esterilización no evita ni ha evitado el aumento de abandonos. Los abandonos seguirán acrecentándose mientras la compra-venta fuere legal.

Una tirita para un desangramiento

Todos estos argumentos utilitaristas derivan de una premisa errónea en origen: aplicar la esterilización o castración no cambia ni cambiará en absoluto el grueso del crecimiento poblacional. Aunque queda en nuestros manos contribuir para que disminuya el número de nacimientos y abandonos, ni la castración por ello se convierte en ética ni tampoco sirve para trastocar el panorama.

La mayor parte de los nacimientos son provocados, es decir, existe un mercado de compra-venta de «mascotas» en el cual intervienen tanto particulares como empresas. En este sentido, el animalismo especista fracasa rotundamente. Pretende concienciar a la gente para que no compre ni abandone mientras ellos mismos no asumen las bases de los Derechos Animales ni aceptan sus implicaciones. Son como los ecologistas que condenan el cambio climático mientras participan en la ganadería porque los cadáveres de tales víctimas «están ricos». Las lanzas de hipocresía no clavan en ninguna parte.

No existe ninguna solución mágica para casi ningún problema moral. Sin embargo, eso no les impide creer ciegamente a muchos animalistas que por ir castrando a todos los perros y gatos abandonados en las calles así solucionarán el problema. La castración de animales no es una panacea.

Si no se ejerce una concienciación ética de la población, lo único que seguirá interpretando la sociedad es que quizás debiera tratar a sus bienes muebles semovientes un poco mejor de cuanto iba haciéndolo hasta el momento. Si la gente considera que les pertenecen, no consentirán que otros les digan qué hacer con éstos. La práctica y difusión del veganismo son un deber moral y práctico.

Violencia verbal - Palabras que matanLa continuidad y contumacia en el empleo de la violencia es una muestra de quienes defienden las castraciones se rigen únicamente por sus sentimientos y, en muchos casos, por la existencia de un trauma.

Actitudes hostiles y falso altruismo

Ésta es la primera entrada que dedico al tema de las castraciones en este sitio web; mas no la primera vez que participo en redes sociales. Por tanto, conozco perfectamente las reacciones habituales frente a las explicaciones ya expuestas cuando se pone en tela de juicio la de las castraciones. Hasta la fecha he recibido muchísimos insultos, desprecios, descalificaciones y numerosos ataques personales.

Las contestaciones más usuales se resumen en un conjunto variopinto de falacias dialécticas. Acostumbran a comenzar un alegato especial para indicar que uno no tiene potestad para criticar porque no conoce lo suficientemente el asunto ni hace tanto como ellos. De tal forma, desprecian los argumentos ofrecidos con altas dosis de ensalzamiento y vanagloria: «ya te quiero ver haciendo trabajo de rescate», «si tuvieras 50 gatos que cuidar», «lo tuyo es pura retórica», etc. Critican la teoría como si alguien no necesitase reflexionar antes de realizar una acción. ¿Defienden una actuación por mero impulso o inercia?

Asimismo, nos relatan sus proezas, sus logros, lo buenos que son con los animales, las bondades del protocolo CES y continúan enarbolando múltiples falacias. Entre éstas aparecen peticiones de principio («no les importa estar castrados») y apelaciones a la empatía («si visitaras una protectora respetarías lo que hacemos»).

Si nosotros valoramos nuestro cuerpo, podemos inferir que ellos también lo hacen. ¿Qué nos va decir el visitar una protectora de si la castración es moralmente correcta o no? Nada. Absolutamente nada. Igual que si alguien te dijera «vente a un refugio de niños abandonados» para justificar la mutilación genital de niños. Después de entablar conversación con un amplio espectro de gente, he llegado a la conclusión de que muchos obran por puro sentimentalismo. Ven las penurias que padecen los perros y gatos en las calles y asocian ese trauma a cuanto sucede por no castrar.

Así pues, el comportamiento de tales individuos no se basa en que realmente les importen las vidas de tales animales; sino que los usan como alter ego para luchar contra el sufrimiento que les genera el estar al tanto de esta circunstancia. En cualquier caso, poco trasciende si lo hacen por gusto o por ayudar. Aunque nadie niega que haya un problema grave y vigente, la esterilización o castración de animales sigue siendo un atentado contra los Derechos Animales y un acto que jamás debemos justificar mediante consignas del utilitarismo moral como tampoco lo haríamos para con los humanos. Un vegano siempre debe sopesar si sus acciones realmente van encaminadas en favor de los animales o de su propia comodidad y sufrimiento.

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