Archivo de la categoría: Falacias

¡Derechos Animales ya! - Mujer embarazada con tatuaje

¿Cuál es la postura del veganismo sobre el aborto?

¡Derechos Animales ya! - Mujer embarazada con tatuaje - ¿Cuál es la postura del veganismo sobre el aborto?Un embarazo no debería suponer peligro, menoscabo o trauma para una mujer. En este artículo hablo acerca de la postura del veganismo sobre el aborto.

Introducción

El surgimiento y extensión de las redes sociales ha posibilitado el encuentro de individuos con muy diferentes puntos de vista. En lo tocante a temas candentes de actualidad, acontecen acalorados debates y cruces de acusaciones, con y sin sentido, entre defensores y opositores a determinadas ideologías o acciones.

En este artículo quisiera responder a un punto muy mencionado o cuestionado en redes: ¿Cuál es la postura del veganismo sobre el aborto? ¿Debe tener una? ¿Un vegano está a favor o en contra del aborto? ¿Son compatibles ambas posturas?

La mayor dificultad previa que uno encuentra para explicar por qué el veganismo o un vegano puede o debe estar a favor o en contra de algo radica en que la mayoría de los lectores y oyentes todavía no tiene una definición clara de lo que es el veganismo y de cómo se relaciona categorialmente con otras ideologías.

Simbolo de veganismoEl veganismo es una palabra cada vez más común pero, a la par, cada vez más distorsionada. ¿Existe una postura del veganismo sobre el aborto?

Una aclaración de qué y no es el veganismo

El veganismo es un principio ético referido al cese de la explotación animal —uso de los animales como recursos o fines— por causas humanas en reconocimiento de que sienten, padecen, poseen conciencia e intereses inalienables. El veganismo no es un sucedáneo del ecologismo, no se refiere a nuestra salud, al medio ambiente ni al sufrimiento animal (el sufrimiento es una consecuencia, no origen, de la esclavitud animal).

A tenor de ello, un vegano es quien rechaza toda forma de explotación animal —alimentación, vestimenta, ocio, etc.— por un motivo ético inherente al valor intrínseco de los animales.

El veganismo no engloba todo el conjunto de acciones humanas, ni siquiera el conjunto de acciones humanas para con los animales. El veganismo se refiere únicamente a las acciones humanas por las cuales hemos reducido a los demás animales al estatus de propiedad y a ser nuestros esclavos.

Los demás aspectos éticos y legales de nuestra relación con los animales se engloban en los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Recreación virtual de un cigotoRecreación por ordenador de un cigoto. Las células madres no generan células nerviosas hasta pasado un periodo de tiempo determinado en cada especie animal. La postura del veganismo sobre el aborto, si la hubiere, no podría cambiar según la especie.

Una aclaración de qué es y no es el aborto

El cúlmen de la dificultad comunicativa está en que, en muchas ocasiones, el otro interviniente no tiene tampoco claro qué es y no es el aborto y cuándo puede o no practicarse legalmente.

El aborto no consiste en matar bebés ni es legal extirpar fetos en desarrollo. El aborto engloba un conjunto de técnicas y procedimiento médicos por el cual se interrumpe la gestación de un ente en desarrollo dentro del cuerpo de la mujer.

El aborto sólo es legal —y ético— cuando se produce en una etapa temprana del embarazo y el ente en desarrollo (el embrión) todavía no ha desarrollado células nerviosas. Así ocurre porque un ser carente de células nerviosas no puede tener conciencia ni intereses.

Se produce una manipulación consciente y fanática, por motivos religiosos, cuando hay individuos que se obcecan afirmando que el aborto mata seres humanos. Para los religiosos y muchos antropocentristas, el valor de un ser humano es inherente en la concepción porque «producirá un ser humano» y «los humanos somos lo únicos importantes».

Ambas posturas incurren en falacias. La primera es una falacia de la potencialidad y la segunda es una petición de principio muy común para justificar el antropocentrismo.

¡Derechos Animales ya! - Manifestación feminista a favor del abortoManifestación feminista a favor del aborto. La mayor parte de los colectivos humanos sólo defienden sus derechos o buscan privilegios mientras se olvidan de otras víctimas.

¿Dónde radican los derechos morales para humanos y animales?

Lo que nos convierte en seres merecedores de derechos no es tener una programación genética que nos convertirá en animales bípedos con brazos y piernas. Lo que nos convierte en seres que merecen respeto reside en que podemos sentir debido a la posesión de células nerviosas.

Los religiosos incurren en una contradicción cuando defienden la no-sintiencia de un conjunto de células mientras les da exactamente igual el aborto en animales o cuando ellos mismos participan en la crianza, hacinamiento, manipulación, coacción y asesinato de animales —que sí sienten— por el mero hecho de que, a sus ojos, no merecen respeto porque sus cuerpos no son la «imagen y semejanza de Dios».

Para los musulmanes, los humanos no tenemos la imagen de Dios; pero ellos igualmente mantienen el mismo pensamiento de supremacía humana sobre los animales apelando a que Dios creó a la humanidad para que fuéramos los vicarios y amos del mundo. Ninguna religión, por definición, constituye un argumento válido para justificar acciones que perjudiquen los intereses inalienables de un sujeto.

Todas las religiones del mundo, a excepción del jainismo —supeditado a mi conocimiento—, comparten la creencia de que el ser humano se sitúa en un nivel superior por encima de otros seres.

Por tanto, oponerse al aborto apelando a la especie humana incurre en el mismo argumento especista por el cual intenta excusar a diario el exterminio sistemático y el holocausto que viven los animales en su día a día.

¡Derechos Animales ya! - Comunicación socialLa comunición y el debate de ideas son fundamentales para el progreso social. No se puede reflexionar sobre la postura del veganismo sobre el aborto entre gritos o insultos.

Entonces, ¿cuál es la postura del veganismo sobre el aborto?

El veganismo no puede tener ninguna postura respecto al aborto porque se refiere a un problema concreto (la explotación animal) y a unas víctimas en concreto (los animales sintientes).

Un vegano, como agente moral, puede adoptar distintos principios éticos e ideologías compatibles o incompatibles entre sí. Resulta posible que un vegano esté a favor del aborto aduciendo razones falsas o místicas sobre la mujer o por el argumento de que ella siempre deberá gozar de derechos exclusivos sobre su cuerpo. Al mismo tiempo, también se vuelve posible que un vegano religioso se oponga al aborto apelando a los argumentos esgrimidos por miembros de esta religión.

En estos casos, tales posturas particulares esto no significan que todos los veganos estén a favor o en contra del aborto ni que el veganismo se posicione o deba posicionarse sobre un asunto que pertenece a otro asunto ético. Así como el ecologismo o el abolicionismo de la esclavitud negra no tienen —o tuvieron— por qué tratar el tema del aborto.

¡Derechos Animales ya! - Embrión o fetoEl desarrollo embrionario es extremadamente similar en todos los vertebrados. En el estadio presente es casi imposible determinar si ese embrión será humano o no. La ciencia ya desmontó hace tiempo el dogma de la excepcionalidad humana. Si bien, muchos científicos todavía se muestran reticentes a aceptarlo.

Conclusión

La postura del veganismo sobre el aborto es inexistente y no puede haberla. Cabe recordar, no obstante, que los Derechos Animales toman su base en los mismos criterios establecidos para los Derechos humanos. En consecuencia, el aborto se rige —o debiera regirse— por las mismas consideraciones habidas para humanos y para animales.

Mientras la sociedad de todo el mundo se acalora por debates y preocupaciones humanas, toda nuestra sociedad se cimenta sobre la explotación y muerte de millones de animales al día para satisfacer hasta el último de nuestros apetitos más egoístas e injustificados.

Temas como el aborto reciben una atención mediática desmedida porque involucra a seres humanos. Otros casos de matanzas sufridas por animales ni siquiera llegan a nuestras fronteras. En nuestros días se expande una nueva ola antropocéntrica relacionada con el veganismo que hace llamarse «interseccionalismo».

Nuestra especie debería empezar a adoptar una visión global sobre toda sus acciones y ampliar su círculo moral hacia los animales con quienes compartimos el planeta, en tanto que los animales también son sujetos y merecen respeto; desde la etapa de feto hasta el fin de sus días.

Artículos relacionados
¡Derechos-Animales-ya-Bandera-del-veganismo-comunista

¿El veganismo es de izquierdas? ¿El veganismo es interseccional?

Bandera del comunismo junto con el símbolo del veganismo - El veganismo es de izquierdasMuchos creen que el veganismo es de izquierdas. La sociedad actual está muy confundida por la falta de información y la actitud desinformante de supuestos veganos que llegan a hablar de «veganismo interseccional» o de «veganismo blanco» entre otras lindezas posmodernas. A los animales les da igual nuestra ideología política, merecen respeto por encima de todo.

¿El veganismo es de izquierdas?

Vivimos en una sociedad en constante evolución y bastante convulsa desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. Los humanos, como animales sociales, mostramos una tendencia innata hacia el colectivismo: tendemos a juntarnos con gente que comparta nuestras creencias e ideales, por muy estúpidas o equivocadas que estén. Este fenómeno afecta a todos los aspectos de nuestra vida: ética, política, religión, etc.

La política envuelve todos los aspectos de nuestra vida, aunque no deseemos ser militantes políticos. Cuando una serie de ideas empiezan a resonar en la opinión pública, los partidarios y detractores de una determinada ideología o conjunto de ideologías preexistentes —ya fuere adrede o por mera inercia— empiezan a asociarla con otras determinadas ideas preexistentes, con algún tipo de colectividad o con cualesquier rasgos socio-políticos o económicos.

Es un secreto a voces que el veganismo ha calado más entre gente que se autoconsidera «de izquierdas» que «de derechas» pero… ¿significa eso que el veganismo es de izquierdas?

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaBasta con escribir «veganismo interseccional», «vegan feminismo interseccional» o «veganismo blanco» en cualquier buscador para que aparezcan figuras como la presente [en la imagen aparecía una chica «vegana» que afirma que los hombres veganos blancos oprimen a los veganos de otras razas y sexos; es legalmente legítimo mostrar la captura de un vídeo; pero retiré la imagen por no aguantar sus amenazas]. Esta imagen representa la postura reaccionaria, fanática, irracional, identitaria y femisexista que muchos individuos vierten sobre el veganismo y los Derechos Animales al afirmar que «el veganismo es interseccional» o al hablar de «veganismo blanco», para introducir sus propios ideales como si a los animales les importase algo que los explote un hombre, una mujer, un blanco o un negro…

Relación entre el veganismo y el progresismo

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo ni nada detallado sobre posturas políticas ni sus evoluciones a lo largo del tiempo. Su intención no es otra que la de tratar de circunvalar y esclarecer ciertos alegatos y mantras —que se repiten desde uno y otro lado del espectro político— para reflexionar si tiene sentido relacionar el veganismo con la izquierda política. Con este fin, cabría empezar por tratar de acotar el significado de lo que entendemos por «ser de izquierdas». Decir que algo o alguien es «de izquierdas» se refiere, en principio, a que refleja los ideales del progresismo.

El progresismo, entendiéndolo en sus inicios como parte y consecuencia del movimiento de la Ilustración, defendía el progreso social mediante el uso de la razón y la adquisición de valores universales. El concepto de «izquierda», nacido durante la Revolución Francesa, ha ido transformándose desde el siglo XVIII hasta nuestros días y su significado sufrió severas alteraciones por la influencia directa del marxismo y su propagación de la idea sobre las luchas de clases que se desarrollaron entre finales del siglo XIX, y comienzos y primera mitad del siglo XX.

Y, en fechas más recientes, se ha visto también influenciado por el posmodernismo. Existiendo tantos matices e interpretaciones posibles, apenas podemos separar dos vertientes dentro de lo que llamamos «izquierda»: una vertiente moral y una vertiente política.

Si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido moral —es decir, como la defensa de la razón y la búsqueda de valores universales—, podemos afirmar que el veganismo es un principio ético que recoge el testigo del progresismo y de los primeros movimientos de izquierda.

En cambio, si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido político —es decir, como la defensa de unas estructuras sociales y económicas vinculadas a la existencia o no de un Estado y del individuo como carente de valor intrínseco—, entonces el veganismo no puede ser de izquierdas por dos razones:

  1. Pertenece a otra categoría. El veganismo es un principio ético y, como tal, se refiere a las acciones del individuo al margen de la sociedad y de cualquier estructura socio-económica. El respeto que merecen los animales es independiente de que los humanos vivamos bajo un régimen social, político y económico en específico.
  2. El actual movimiento político de izquierdas rechaza los pilares que lo fundaron. Si en un origen se apostaba por el uso de la razón y la adquisión de valores universales, las actuales corrientes de izquierdas incurren de lleno en el tribalismo —defensa egoísta de los intereses de un colectivo— y en el relativismo moral e identitariola creencia dogmática de que la verdad es relativa, de que no hay valores universales y de que nuestra identidad está por encima de los hechos objetivos—.

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaComo fruto esperable de la tercera ola feminista y el adoctrinamiento posmoderno que ya se produce y reproduce en las universidades de Occidente, encontramos a individuos que sacan palabros [en la imagen figuraban unos ejemplos propuestos por la autora para acusar y vilipendiar a hombres veganos blancos] a la palestra como «veganismo blanco» —parte de su lucha por un «veganismo interseccional»—, como si alguien pudiera ahora ser vegano o no, o ser más o menos vegano según su color del piel o un «medidor de privilegios». Los animales merecen respeto y necesitan que los respetemos. Estas cuestiones identitarias son tanto una aberración como un insulto a las propias víctimas. A los animales les urge una sociedad vegana, no un corrillo de adolescentes haciéndose ‘selfies’ antes de entrar a su clase de estudios de género… 

¿El veganismo es de izquierdas por su relación con la izquierda actual?

Muchos de quienes hoy se consideran veganos también dicen ser «de izquierdas». A partir de lo que uno puede observar en su día a día, hablando con la gente en persona y en las redes, existe una enorme diferencia, al menos en apariencia, entre el número de veganos de que dicen ser «de izquierdas» y «de derechas», o bien que no se identifican con ningún lado del espectro. Hasta la fecha ha habido algunos estudios en distintos países y contextos. Como curiosidad, uno reciente ha sido sobre si hay veganos que hayan votado al presidente estadounidense Trump. Tales datos muestreados y sus resultados hay que atenderlos con precaución, pues algunos estudios —por no decir la mayoría— toman una muestra poblacional baja o hacen ciertas preguntas que polarizan los resultados.

Partiendo desde la premisa de que, verdaderamente, la mayoría de los veganos actuales sean «de izquierdas» o simpatizantes del socialismo, el marxismo o determinadas políticas identitarias, deberíamos detenernos un momento a averiguar un posible origen de esta realidad y preguntarnos si esto conlleva que, entonces, el veganismo es de izquierdas.

El origen del veganismo vinculado a otros movimientos sociales

Como han explicado maravillosamente otros autores, el veganismo surgió hacia la mitad del siglo XX. Este periodo estuvo marcado por el auge y apogeo de los movimientos sociales: la primera era del ecologismo y de la lucha homosexual, la segunda era del feminismo, entre otros hitos relevantes.

El veganismo, como principio ético seguido por humanos con metas e ideales propios, ha encontrado desde hace décadas una mejor aceptación «relativa» entre aquellos individuos que, a su vez, están sensibilizados con otras injusticias padecidas por humanos. Así ocurre porque, como explica el divulgador científico Steven Pinker, existe un fenómeno de causa-efecto por el cual un avance o progreso moral allana el camino para otro sucesivo. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud negra facilitó el reconocimiento del sufragio femenino y, éste a su vez, supuso el reconocimiento de los derechos del menor, y así, sucesivamente, hasta la actualidad.

Por ende, apelando a una «lógica social», cabe comprender que en nuestro contexto actual, caracterizado por la discriminación sistemática de otros animales por una razón de especie transmitida de generación en generación, haya más humanos proclives a adoptar el veganismo si conocen bien o son partícipes en otros movimientos sociales vinculados tradicionalmente a la izquierda política.

¡Derechos Animales ya! - Logo del veganismo interseccional tachado - Veganismo es de izquierdasÉste es uno de los muchos logos que los grupos posmodernos difunden por redes sociales. Se ven a sí mismo como héroes y justicieros a la par que discriminan y adoptan actitudes y acciones irracionales y, muchas veces, violentas contra quienes rechacen o refuten sus dogmas identitarios. Hacerse vegano no tiene ningún misterio ni implica adoptar determinados ideales políticos.

Pero entonces… ¿El veganismo es de izquierdas? ¿Sí o no?

La respuesta es no y ya aparece en los párrafos anteriores. El veganismo no es ni puede ser de izquierdas porque no es un principio político; sino ético. No tendría ningún sentido afirmar que el veganismo es de izquierdas ni aun suponiendo que la mayoría de sus practicantes fuesen militantes de izquierda. Creer que los seguidores de algo condicionan la naturaleza de ese algo incurre en la llamada «falacia de asociación».

Alguien de derechas y muy, muy de derechas puede ser vegano perfectamente en tanto que, como individuo, comprenda que los animales merecen respeto por sí mismos y no participe en ninguna forma de explotación animal. Justo como cualquier otro humano con plenas facultades. El alegato de que alguien no puede ser vegano si es de derechas —una afirmación gratuita que me indigna— evidencia el interés de un particular o colectivo por tergiversar, manipular, adueñarse y apropiarse del significado y alcance del veganismo para promover sus propios intereses.

Y esto es justo lo que está ocurriendo: miles de individuos y colectivos que ven el veganismo como un simple instrumento de moda para encauzar sus propios intereses, obsesiones e ideas enfermizas. Los individuos de izquierda intentan politizar el movimiento y lo promocionan como una reivindicación política. Y, por su parte, los individuos de derechas oyen llover sin saber dónde y responden estupideces creyendo que el veganismo es la nueva locura posmoderna de unos cuantos comunistas, feministas o femisexistas con el pelo rosa.

¡Derechos Animales ya! - El objetivo de una discusión o argumento no debe ser la victoria, sino el progresoCuando algunos militantes de izquierda se apropian del veganismo y lanzan apologías del «veganismo interseccional» o «vegan feminismo interseccional», o van contra lo que ellos llaman «veganismo blanco», lo que hacen es polarizar y enfrentar a la sociedad entre buenos y malos —¡y luego dicen que nosotros somos divisivos!— debido a una interpretación y a una percepción maniquea, reduccionista y patológica de la realidad y de por qué los humanos cometemos injusticias, ya sea contra otros humanos o contra los animales.

¿Y por qué el veganismo tampoco es transversal o interseccional?

Cuando se dice que un movimiento es «transversal» significa que afecta y va destinado a combatir injusticias en todos los niveles de la sociedad. El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a los animales. Y no, no vale decir que los «humanos también somos animales» para excusar que el veganismo también se refiera a nuestra especie porque el veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los humanos hemos reducido a los demás animales —otros seres sintientes—, al estatus de propiedad y a la condición de esclavos.

Los humanos podemos estar oprimidos según nuestros rasgos biológicos en determinados lugares del mundo, pero ningún ser humano es esclavizado sistemáticamente por ser humano. En cambio, los demás animales son esclavizados sistemáticamente por no pertenecer a nuestra especie y carecen de ningún tipo de derechos reconocidos.

Defender un «veganismo interseccional» implica difuminar la definición de veganismo para abarcar cuestiones ajenas al mismo. Claro que son importantes las luchas obreras, feministas y homosexuales; pero eso no conlleva que el veganismo se refiera o deba referirse a estas luchas. Dado que la sociedad actual es especista y tendemos a marginar los intereses de los demás animales, un «veganismo interseccional» se traduce en la marginación de los animales dentro del propio principio ético que se refiere a ellos en pos de los intereses colectivistas, políticos e identitarios de algunos humanos.

Y, por supuesto, ir contra lo que algunos llaman «veganismo blanco» significa, ni más ni menos, que crear una barrera discriminatoria —dentro de un principio contrarias a las discriminaciones morales— para juzgar, condenar y marginar a veganos según sus rasgos identitarios, juzgados y evaluados por otra gente que cree tener otros rasgos identarios oprimidos por estos primeros. Menuda aberración irracional.

El veganismo no es de izquierdas ni puede serlo

El veganismo no es una dieta, no es un estilo de vida, no es una moda, no es fruto del posmodernismo —el posmodernismo ni existía en 1951— ni nada ajeno a los Derechos Animales. Cualquier agente moral —adulto con plenas facultades— puede ser vegano con independencia de su raza, sexo, orientación sexual, credo, religión, etnia, ideales políticos, de su equipo de fútbol favorito o de cualquier otra razón social, política y económica ajena a la cuestión moral de los animales. Por tanto, a la pregunta tan manida de si el veganismo es de izquierdas, la respuesta es un «no» rotundo. Cualquier etiqueta y adjetivo que deje al margen el significado del veganismo y el respeto que merecen las víctimas se convierte en parte del problema. ¡Ya está bien de decir y propagar sandeces como «veganismo interseccional o «veganismo blanco»! Se precisa madurez, honestidad, seriedad y ganas de formarse y transmitir un mensaje veraz por los animales.

Artículos relacionados

El alegato nihilista o cómo negar una verdad sin pensar

Alegato nihilista - Nadie tiene la verdad absoluta

Un alegato nihilista es aquél que niega la existencia de una verdad o de la validez de un principio ético. Llevado al terreno del veganismo y los Derechos Animales, sería la negación irracional de por qué los animales merecen respeto.

La verdad no está en el sujeto; sino en sus argumentos

En este artículo sucinto voy a profundizar en un pensamiento irracional extendido dentro del ámbito animalista, el cual impide la autocrítica y fomenta la falsa creencia de que hacer cualquier cosa en beneficio de los animales no humanos está «bien». Lo llamaré «el alegato nihilista» debido a un ensayo excelente escrito por el filósofo Aurelio Arteta. Para ahondar recomiendo una sección del blog de Igor Sanz dedicada a las falacias animalistas.

En una entrada antigua traté de señalar que se enseña un concepto erróneo de «tolerancia», por el cual la sociedad interpreta que «tolerar» significa no entrometerse de ninguna forma en las acciones ajenas y seguir nuestro camino con absoluta indiferencia.

Dado que, según el pensamiento de estos sujetos, las acciones deben respetarse mientras no afectan a nuestras personas, esto desemboca en la consideración de que toda opinión (un tipo de acción) debe respetarse en sí misma aunque carezca del más mínimo fundamento.

De esta forma, se eleva la opinión personal al grado de argumento por el simple hecho de estar respaldado en la libertad de expresión. Debe entenderse que uno es libre de expresar lo que quiera. Lo que se condena en este artículo es la creencia de la libertad personal o de opinión implique llevar razón o la justificación de las acciones emprendidas.

A diario, los activistas oímos expresiones de la talla de «nadie tiene la verdad absoluta» (y otras análogas) cuando criticamos acciones bienestaristas o discutimos acerca de las medidas tomadas por ciertas organizaciones. Quienes sueltan estos alegatos justifican una suerte de relativismo moral que, además de no demostrar su principio (petitio principii), se contradice a sí mismo. Si nadie tiene razón, entonces ellos también se equivocan al enunciar dicha frase.

Este tipo de expresiones comunes y aparentemente conciliadoras esconden una confusión categorial entre la persona y el argumento. Realmente nadie tiene la verdad absoluta; pues la verdad no se halla en los individuos (falacia ad verecumdiam); sino en los argumentos y pruebas aportados para sostener dicha razón.

Por tanto, una intervención que contenga tal enunciado no es más que una fórmula social bien vista para afirmar que los argumentos propios merecen respeto por proceder de uno mismo y que los no-propios carecen de interés.

Ejemplo de cómo fomentar la indiferencia y la incapacidad crítica - Alegato nihilista

Esta diapositiva respecto a debates orientados para niños es un ejemplo de cómo el sistema fomenta la indiferencia y la incapacidad crítica. No importa pensar; con hacer el paripé de que todos estamos de acuerdo con todo, ya somos ciudadanos responsables…

El alegato nihilista y su relación con otras falacias

Curiosamente, el alegato nihilista suele venir acompañado de menciones ad hominem con las cuales pretenden ningunear razones contrarias mediante la emisión de juicios de valor sobre las intenciones de éstos, es decir, resulta habitual que acusen a cualquier contrincante de «ego», «moralista» o de que «sólo le importa llevar razón» a la par que invierten todas sus energías en escurrir el bulto.

Como colofón, si quien emite un alegato nihilista está acompañado de amigos o familiares (ya sea en físico o a través de Internet), surge un auténtico concierto de falacias animalistas que, irónicamente, no hace sino plasmar la irracionalidad que los separa de quienes sí tienen la razón porque son capaces de demostrarlo mediante una argumentación apropiada.

Que seamos libres de expresarnos no otorga validez a nuestras palabras ni nos brinda legitimidad para defenderlas. Basarnos en meras intuiciones para negar los argumentos ajenos sin tan siquiera habernos tomado la molestia de analizarlos incurre en una terrible deshonestidad, una deshonestidad intelectual que existe porque jamás se ha desarrollado la honestidad que se requiere para afrontar un debate.

Para recalcarlo una vez más, la libertad de expresión significa que tenemos un derecho inalienable para expresar nuestros juicios, a tenor de que poseemos asimismo un interés inalienable en comunicarnos y relacionarnos en sociedad. Esta facultad, en sentido biológico y legal, nos otorga la oportunidad de transmitir cuanto deseemos; mas no respalda nuestros deseos o prejuicios. Lo mejor que puede hacer alguien ofendido ante la crítica es contraargumentar o aceptar la razón del contrario.

Nadie muere por aceptar que estaba equivocado, todos lo estamos la mayor parte del tiempo. Rectificar es de sabios y afirmarlo se basa en la premisa de que para modificar nuestros pensamientos y conductas se requiere forzosamente realizar un análisis de nuestros argumentos y los del otro. Quien pretenda hacer siempre lo mejor sin atender a razones yerra flagrantemente, y aquí lo argumento.

Artículos relacionados

Reducetarianismo: El nuevo negocio de la hipocresía

El reducetarianismo es hipocresíaAdaptación simple para plasmar el mensaje subyacente de esta aberrante campaña que promueve lo que ellos llaman «reducetarianismo».

El reducetarianismo dice que puedes hacer mucho sin hacer nada… Es falso pero se vende bien

Como se ha señalado en otras entradas, el incremento de la preocupación social acerca de la explotación animal ha abierto novedosos nichos de mercado. Que aparezcan nuevas formas de negocio se debe a una combinación entre el intelecto humano y su ambición ilimitada.

Las empresas que se enfocan en estos campos innovadores no cometen, inherentemente, ninguna acción contraria a la ética. Caso opuesto cuando aparecen compañías y organizaciones lucrativas que mienten, manipulan o se sirven de la arraigada cosificación de los animales no humanos para ganar dinero convirtiendo lo negro en blanco. Se valen del especismo arraigado en la sociedad para lucrarse difundiendo alternativas que les sirva a los consumidores para tranquilizar sus conciencias.

¿Te afecta conocer la situación mundial de los demás animales pero careces de fuerza de voluntad?

¿Sigues pensando que existen en la Tierra para servirte, ya sean por razones religiosas o meramente prejuiciosas inculcadas socialmente?

¿Te gustan demasiado las carnes o participas de primera mano en la explotación animal?

¿Necesitas mejorar tu autoestima y sentirte mejor contigo mismo creyendo que tus acciones contribuyen a algún bien?

¿Sufres temor a acabar en una isla de desierta y sabes que por ello nunca podrías vegano?

Estás de enhorabuena, el reducetarianismo1 es para ti.

1De ahora en adelante se utilizará como sinónimo el término «hipocritarianismo». Es una palabra menos comercial; pero más exacta.

Reducetarianismo - Alivia tu conciencia¿Venden camisetas para hacerte sentir orgulloso de tu falta de ética y esfuerzo para con los animales y no les han agregado el mensaje que representa su percepción interior? Quien aboga por el reducetarianismo tiene claro que sólo se importa a sí mismo y manifiesta un conocimiento limitado del ecologismo.

Si no fuese suficiente con el bienestarismo (la doctrina utilitarista imperante en entre los animalistas) y los engaños del «bienestar animal» (regulaciones metodológicas para el incremento de la productividad excusadas como interés por el trato), estamos viviendo el nacimiento de un pensamiento que se suscribe a la idea de «sé lo que pasa, sé lo que hago; pero me miro el ombligo».

El reducetarianismo… ejem… hipocritarianismo es una versión todavía más funesta que el típico vegetarianismo postureta. Equivale a ser consciente de una problemática, hacer lo mínimo y decir ante el mundo: «Ya he cumplido con mi parte. Ahora me toca comer jamón».

Dado que se trata de un movimiento (si pudiera llamarse así) de índole utilitarista, crea furor entre los falsos altruistas: animalistas perro-gatistas y de primates-sí-porque-se-parecen-a-nosotros, ecologistas del tipo «salva-a-los-delfines-me-importan-una-mierda-los-atunes» y todo aquel que vive de ilusiones, falsas expectativas y dice que les da pena el «maltrato animal» y están en contra de la tauromaquia y otros festejos con animales mientras son los primeros en defender su «derecho» a la barbacoa del domingo porque tales animales murieron de risa en un matadero bajo unas supuestas normativas de «bienestar animal».

Por favor, denle el Nobel de la Paz

El promotor de esta iniciativa carente de sentido y moral es Brian Kateman, quien lanzó una campaña en la plataforma Indiegogo (donaciones para proyectos de emprendedores) con el propósito de recaudar fondos para charlas e investigaciones que ayuden a la salud social y reduzcan el impacto ecológico. La campaña fue un éxito y empezó a dar entrevistas por todo el mundo mundo y charlas en medios tan prestigioso TEDx:

Una de las partes introductorias de su discurso para justificar el reducetarianismo es (primero aparece el original en inglés y luego la traducción del mismo fragmento):

“Part of the problem with the vegan and vegetarian messaging is that it resonates with many people as an all-or-nothing commitment, that the only way to contribute to the environmental, animal welfare and health movement is to completely eliminate meat from a diet. The most effective question we can ask is not how can we increase the amount of vegetarians and vegans, but rather, how can we reduce the amount of meat consumed?”

«Parte del problema con los mensajes de veganos y vegetarianos es que resuenan en mucha gente como un compromiso de todo o nada, que la única manera de contribuir al movimiento por el medio ambiente, el bienestar animal y la salud consiste en eliminar completamente la carne en la dieta. La pregunta más efectiva que podemos preguntar no es cómo incrementamos la cantidad de vegetarianos y veganos; sino, más bien, cómo reducimos la cantidad de carne consumida».

Me quito el sombrero ante semejante dialéctica cargada de rigor filosófico… Pasa de señalar el argumento de sus opositores a afirmar, sin más, que promover la reducción del consumo de carne es más efectivo para la salud, el medio ambiente y el «bienestar animal». Como resulta habitual en mantras utilitaristas, comete incesantes peticiones de principio y esquiva cualquier planteamiento ético.

Si está seguro de que el reducetarianismo sirve (o es ético) para los animales no humanos, debiera afirmar que promover un menor número de violaciones o de niños esclavizados en países tercermundistas es una forma de «comprometerse» con la causa. Vamos, según él, podemos ser parte del problema y de la solución simultáneamente.

Las organizaciones animalistas (bienestaristas) necesitan traer de cuando en cuando a un líder profético con carisma para justificar la postura de la institución y convencerlos de que su dinero está yendo a un buen lugar.

Sin embargo, más allá del fraude evidente para los animales y para sus socios, no necesitamos líderes ni organizaciones para promover el respeto que merecen las víctimas. Basta con querer hacerlo y estar bien formado.

Reducetarianismo - Hazte hipocritarianoEsto debería aparecer en su página web. Les hemos ahorrado el trabajo de diseñar el cartel que representa sus argumentos.

Si el mensaje vegano es radical se debe a que la propia ética es radical. No respetamos a nuestros congéneres un «poco», sino siempre. Asumimos que los niños y mujeres no merecen un «poco» de respeto; sino absoluto. ¿Podemos participar en la explotación humana y estar haciendo algo bueno para ellos? Entonces… ¿cómo podemos respetar a otros animales mientras participamos en su explotación?

En definitiva, parece que ser radical es malo cuando atenta contra los intereses particulares de quienes se benefician. Por eso, muchos ven como «aceptable» el reducetarianismo, pues, supone adoptar una postura «moderada»: moderamente injusta, moderadamente aberrante, moderadamente egoísta, moderadamente inconsistente, etc.

A este fenómeno lo llamo «El triunfo del cuñadismo», ya ni siquiera se requiere tomarse la molestia de respetar a ciertos individuos según la especie a la cual pertenezcan; sino que no se necesita ni mover un dedo para pensar que uno está cambiando cambiando su vida y la de otros animales. Es la versión material de un raciocinio primitivo y acrítico (nihilismo) que se niega a reconocer una evidencia lógica.

Los animales estarán sentenciados mientras se promueva la reducción del consumo de sus cadáveres y derivados en lugar de señalar la verdad inequívoca de que merecen respeto porque valoran sus propias vidas.

Artículos relacionados

Peter Singer y la perversión del activismo animalista

Cita Gary Francione sobre neobienestaristas - Peter Singer y la perversión del activismo animalista

El activismo animalista actual se rige por la doctrina utilitarista de Peter Singer (bienestarismo), apodado muy erróneamente como «padre» de los Derechos Animales por su obra «Liberación animal».

El activismo animalista actual es un negocio que condena a los animales

El activismo animalista vende victorias cada día hasta el punto de hacernos pensar que todas las injusticias que asolan a los animales terminarán mañana mismo. Sin embargo, desde del Paleolítico hasta hoy no ha habido ningún avance o progreso en materia de Derechos Animales.

A partir de la mitad del siglo XX, y, sobre todo, con la aparición ominosa del filósofo Peter Singer, quien continuó los trabajos del filósofo utilitarista Jeremy Bentham (siglo XVIII), empezaron a desarrollarse regulaciones sobre cómo se cría, hacina y asesina a los animales por razones económicas, salubres y de percepción ciudadana. Sus derechos, en un sentido legal, siendo los mismos: cero, ninguno, nada, vacío, 0 grados kelvin, error 404…

Si aún en fechas recientes resultan esperables discriminaciones morales y conflictos internacionales en Oriente Próximo derivados de una ética nula por el control del petróleo y el gas natural, cuando más si nos referimos a unos sujetos absolutamente cosificados como los recursos antes señalados.

La explotación animal constituye, con diferencia, la industria dominante y más versátil de toda la estructura socioeconómica histórica y actual. Una estructura socioeconómica surgida por el especismo, una expresión del antropocentrismo por el cual consideramos que el ser humano es el único ser con derecho a vivir. Pero no debiera ser así.

Con tanto capital en juego y tantos actores interrelacionados que controlan cada pieza del rompecabezas, no es de extrañar que inviertan en asegurar e incrementar beneficios a medio plazo. Dado que actualmente existe una tendencia social hacia una interseccionalidad de la justicia, quizás motivada por una compleja y rápida red de información jamás habida, la defensa de los Derechos Animales ha encontrado un cauce y una fuerza en absoluto desdeñable.

Si los humanos somos capaces de traicionar a individuos de nuestra propia familia, ¿cómo no vamos a vendernos al mejor postor? Si ya desde pequeños fueron enseñándonos que estaba bien utilizarlos como simples medios para nuestros fines, ¿a quién sorprendería que particulares y organizaciones los utilizaran para lucrarse gracias a una creciente preocupación social sin rumbo ni conocimiento?

Estas afirmaciones pasan a ser más que hipótesis cuando uno analiza el rol desempeñado por las distintas instituciones que tratan la cuestión de los animales no humanos. Ensayos como el presentado por James LaVeckoriginal y traducido— señalan evidencias y razones acerca de cómo un activismo centrado en el trato (bienestarismo) consigue una alianza entre el interés particular de los activistas y el incremento de ventas para las compañías responsables.

Manifestación de Anima Naturalis en México - Activismo animalista

Ese cartel refleja dos características comunes del pensamiento bienestarista: se limitan a que debemos minimizar el dolor (no a respetarlos) y fomentan el vegetarianismo aun cuando éste ni siquiera sirve para «reducir el dolor».

El beneficio personal del desconocimiento social

La gente —seres humanos en general— manifiesta una habilidad innata para seguir los moldes preestablecidos y calmar sus conciencias mediante el sesgo de la confirmación, es decir, encontrando a quienes afirmen y justifiquen lo que ellos ya creen y les conviene creer. De modo que su percepción se ve altamente influenciada por una publicidad engañosa que les vende la posibilidad de una «explotación ética», una antítesis.

Esta contra-acción no sólo daña la lucha respecto al pueblo; sino que tales argumentados utilitaristas, al estar avalados por quienes son famosos dentro del el sector, consiguen convencer a otros activistas menos formados o «activistas satélites» —no procesan información ni presentan un juicio crítico, solamente repiten— de que este «nuevo camino» será lo mejor para los afectados y no, casualmente, para el bolsillo de sus organizadores, quienes, por cierto, con independencia de la organización o partido, no dudan en insultar, humillar y tratar de ridiculizar públicamente a quienes les lleven la contraria.

Gran parte del éxito de esta apropiación efectuada por parte del activismo animalista (desviación del movimiento según la conveniencia de las organizaciones animalistas) se debe a la incorporación de neologismos económicos y términos muy mercadotécnicos que favorezcan la dilución de información mediante el sesgo ad verecundiam: creer que cuanto diga un sujeto experimentado (o que así lo parezca) es válido en sí mismo, soltar disparates puede ser eficiente si se cuenta con la elocuencia necesaria.

Una manera de persuadir a los activistas comprometidos consiste en hablarles de nuevos métodos revolucionarios y estudios psicológicos por los cuales se deduce que, milagrosamente, la sociedad respetará a los demás animales o que éstos padecerán menos si vamos «pasito a pasito» cambiando una forma de explotación menos aceptable por otra más aceptable a través de campañas monotemáticas.

Entre ejemplos de tales campañas tenemos las simples grabaciones en mataderos y otras acciones morbosas con que solicitan que las gallinas enjauladas pasen a vivir en el suelo de una nave industrial un año y medio antes de morir por osteoporosis aguda, olvidándose, por supuesto, de que dicha explotación implica siempre el asesinato sistemático de los pollitos macho.

Al mismo tiempo, el activismo animalista, surgido con Peter Singer, se vale de un ensalzamiento sentimental y una apología del narcisismo y del alter ego que fomente la unidad ciega y los haga sentir especiales ante el resto. Lo llamativo del asunto radica en que pocos llegan a percatarse de la consecuencia obvia que tendrá por desconocimiento de la propia historia de los movimientos sociales.

El mayor reto de un activismo animalista realmente centrado en los intereses de las víctinas no-humanas subyace en lograr que una mayoría de individuos vean como un «problema» lo que antes se estimaba un «no-problema». Todo activismo, en el sentido estricto de la palabra, consiste en aportar argumentos coherentes para incentivar un cambio en el comportamiento. Dichos actos únicamente pueden cambiar si las acciones previas se perciben como un problema.

Cuando los activistas que supuestamente defienden los Derechos Animales le transmiten a la gente que basta con cambiar una forma de explotación por otra «menos mala», o que esta misma explotación puede hacerse de una forma «buena», están afirmando específicamente que tal explotación es un «no-problema» y, por tanto, están generando el mismo velo que ellos mismos o sus precedentes lucharon por desmontar.

Las palabras de Peter Singer y su postura son aberrantes - Filósofo utilitarista

Las palabras recogidas de Peter Singer no dejan margen de duda. Él mismo reconoció hace tiempo que tituló su famoso libro como «Liberación Animal» no porque deseara la liberación real de los animales, sino debido a que por entonces estaban de moda los títulos con la palabra «liberación». El activismo animalista actual no desea liberar a los animales de ninguna opresión, sino promover una opresión «compasiva» con que tranquilizar sus propias conciencias mientras participan en las peores de las aberraciones concebibles.

Peter Singer y los ideólogos neobienestaristas son el mayor cáncer contra los Derechos Animales

Los Derechos Animales no tienen ni necesitan líderes. Su base es ética y, como tal, se fundamenta en la lógica y en los hechos demostrados por la ciencia. Debido a la obra célebre «Liberación Animal», muchos individuos, cercanos o no el activismo animalista, tomaron a Peter Singer como un referente en la causa. Sin embargo, este filósofo no defiende los Derechos Animales, de hecho, considera que los demás animales no debieran poseer ningún derecho.

A continuación se recogen algunas citas sobrecogedoras y lamentables del proclamado «líder» del movimiento por los derechos de los animales:

La cuestión es, por tanto, si las agradables vidas de las gallinas (más el beneficio que nos dan sus huevos) son suficientes para compensar la muerte que forma parte del sistema. La respuesta a esto dependerá de nuestro punto de vista sobre la muerte, diferenciándola del hecho de infligir sufrimiento. Esta discusión se amplia en el capitulo final de este libro. Basándonos en las razones aquí apuntadas, yo no me opongo en principio a la producción de huevos de corral.
Fuente: Liberación animal, página 205; edición Taurus; año 2011.

Peter Singer, tal como dice, considera que el asesinato sistemática de animales está justificado si nosotros obtenemos un gran beneficio por hacerlo.

No como carne. Soy vegetariano desde 1971. Me hice vegano gradualmente. De un modo general soy vegano, pero un vegano flexible. No compro cosas no veganas para mí en el supermercado. Pero, durante mis viajes, o cuando voy a las casas de otros, voy a estar bastante feliz comiendo una comida vegetariana en vez de una vegana.

Fuente: https://www.motherjones.com/poli…/2006/05/chew-right-thing/

Peter Singer ni siquiera conoce la definición de veganismo, desarrollada por Donald Watson y Leslie Cross dos décadas antes de que él escribiese su libro. Para él, el veganismo es una dieta y un mero para reducir el sufrimiento animal mientras los explota por egoísmo y placer.

Cuando haga compras para mí mismo, seré vegano. Pero cuando estoy de viaje y es difícil conseguir comida vegana en algunos lugares o lo que sea, seré vegetariano. No comeré huevos si no hay huevos de campo libre, pero si hay, los comeré. No pediré un plato que sea íntegramente de queso, pero no estaré preocupado, digamos, si un curry vegetal de la India fue cocinado con mantequilla clarificada.

Fuente: https://www.satyamag.com/oct06/singer.html

Peter Singer, como utilitarista, maneja una definición distorsionada de lo que significa «libertad». Para él, «libertad» significa que las condiciones de ese animal son algo mejores que la media de su explotación usual o que no se le causa la muerte directamente por su explotación. Deduce, por arte de birlibirloque, que está bien consumir su cadáver y productos.

Es bastante difícil ser un omnívoro consciente y evitar todos los problemas éticos, pero si uno fuera realmente riguroso en comer sólo animales que han tenido buenas vidas, esto podría ser una posición ética defendible.

Fuente: https://www.theguardian.com/…/sep/08/food.ethicalliving

Al señor Peter Singer también le escasean sus conocimientos de biología al hablar de la omnivoría como si fuese una dieta. La omnivoría es una condición biológica. Todos los humanos, incluidos los veganos, somos omnívoros aunque escojamos voluntariamente no comernos animales ni sus productos derivados.

Que alguien que afirma que matar y comer animales que hayan tenido una «buena vida» podría ser una posición «éticamente defendible» (sin argumentarlo en ningún momento, por descontado) pueda ser considerado el «padre de los derechos de los animales» da a entender el grado de confusión, la hipocresía y la mediocridad presente en el actual movimiento animalista.

Asimismo, no existe tal cosa como la «buena vida» cuando hablamos de que todos los animales esclavizados como ganado, según la especie, son marcados, castrados, descornados, despicados, separados de sus crías, inseminados forzosamente, hormonados, etc. Por ende, Peter Singer entiende como «buena vida» una idealización perversa de la vida real de un ganado y un tipo de vida que jamás admitiría para sí mismo.

Peter Singer y el activismo animalista dicen preocuparse y defender a los animales mientras participan en su explotación y promueven la esclavitud animal.

Peter Singer, el activismo animalista y su mentira del bienestar animal

Cabe destacar, asimismo, que la explotación «menor» que pregona el activismo animalista nunca es tal. El concepto de «maltrato animal» fue un invento de la industria promovido por Peter Singer para centrar la atención en el trato que se les da en lugar de cuestionar la propia legitimidad que tengamos para criarlos, hacinarlos y asesinarlos.

Toda forma de explotación animal implica, inherentemente, la vulneración de la libertad y la integridad (y, en la mayor parte de los casos, también la vida). Darles mayor libertad no convierte a los esclavos en libres ni brindarles un mejor trato significa que se respete su integridad. Ningún animal esclavizado es libre —no puede decidir adónde ir— ni tampoco goza de plena integridad; pues a los explotadores no les conviene que usen su cuerpo para determinadas funciones vitales como la reproducción (apareamiento).

Se trata del clásico juego del poli bueno y el poli malo. Aparentemente, hay una oposición entre los grupos animalistas y la industria de explotación animal. Sin embargo, en la realidad son aliados que están en el mismo bando: a favor de explotar a los demás animales. Sólo difieren levemente en la manera en que se debe llevar a cabo esa explotación.

Todo forma parte de un negocio redondo en el que todos ellos ganan. Los grupos animalistas ganan socios y donaciones por su labor en intentar mejorar «el bienestar de los animales». Los explotadores empresariales aumentan sus ventas gracias a la publicidad que reciben por haber «mejorado las condiciones» de su explotación. Todos ganan. Sólo los animales no humanos pierden.

La estafa es doble y monumental. Entonces… ¿por qué pervierten el activismo? Por un único motivo: ganancia personal en forma de una «unidad simbólica de poder» llamada «dinero». Muchos animales ajenos a nuestra especie cuentan con sus unidades de poder a la hora de desempeñar comportamientos agonísticos, en el caso de la «inteligentísima» especie humana, nosotros vendemos nuestros principios y valores por un instrumento abstracto que permite satisfacer necesidades más o menos impuestas por nuestra biología.

Como conclusión, las actuales organizaciones animalistas y prácticamente cualquier grupo grande de activistas que conforman el activismo animalista actual no representan los Derechos Animales y son una lacra para las víctimas. Donarles dinero equivale a ceder nuestra responsabilidad ética y, además, ser cómplices de cómo traicionan a los animales esclavizados.

No vendamos nuestra «alma» al mercado ni se la regalemos a quienes mantienen los ojos pegados al ombligo. Si apenas podemos fiarnos de otros «veganos», imaginemos el caso nefasto de estas instituciones jerarquizadas. Si uno quiere de verdad luchar por los Derechos Animales, debe formarse.

Puede resultar comprensible que antes de la aparición de internet no llegaran ciertas noticias o argumentos al público general; pero hoy sí es un imperativo que todo activista por los Derechos Animales deseche la idealización sobre Singer y dé un paso más. El profesor Gary L. Francione es actualmente una de las mayores eminencia en dicho campo y merece que todo simpatizante por la causa conozca sus obras y estudios académicos.

Artículos relacionados