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¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor Sanz

¿Qué es el veganismo? Explicado en 5 minutos

¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor SanzLa definición de veganismo es sencilla: rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento del valor inherente de los animales. La sociedad general no conoce todavía el verdadero significado del veganismo. Muchos veganos, por desgracia, tampoco tienen muy claro este concepto, su origen ni sus límites.

¿Qué es el veganismo?

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal en reconocimiento de quelos animales, como nosotros, valoran su vida, libertad e integridad.

El concepto de veganismo apareció por primera vez en 1944 cuando Donald Watson explicó que algunos miembros estaban escindiéndose de la Organización Vegetariana Internacional debido a que ya no se consideraban representados por el término «vegetariano» y sus habituales razones egocéntricas. Posteriormente, apareció definido por Leslie Cross en el año 1951 dentro del primer boletín de la Vegan Society como «la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales».

De tal forma, el veganismo consiste en la aplicación del principio ético de igualdad hacia todos los demás animales. La razón de este principio y su aplicación para otras especies radica en que los animales contamos con la capacidad de sentir debido a la posesión de células nerviosas, lo cual nos permite desarrollar intereses inalienables.

Llevado a la práctica, el veganismo implica no consumir productos de origen animal, no vestirnos con sus pieles, no encerrarlos en zoológicos, en acuarios, circos o delfinarios, no montarlos, divertirnos a su costa ni usarlos de ninguna manera como si fuesen objetos, recursos o vehículos para fines de terceros. A pesar de su parecido léxico, no debe confundirse con el vegetarianismo.

Posteriormente, filósofos como Tom Regan y Gary Francione matizaron y postularon aquellas razones filosóficas por las cuales los no-humanos merecen el mismo respeto que los seres humanos. Las obras de ambos pensadores han sido diversas. No obstante, las obras de Francione destacan por su análisis profundo y pormenorizado sobre el estatus legal adjudicado a animales no humanos y los distintos enfoques sociales respecto a nuestra relación con ellos.

En un sentido general, el veganismo constituye el principio básico sobre el cual se constituyen los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Todos los animales queremos vivirEl veganismo se fundamenta en la idea básica, sencilla y trivial de que todos los animales merecemos el derecho a la vida, la libertad y a la integridad.

Antecedentes para entender la definición de veganismo y sus bases éticas

La cultura es una parte integral de lo que somos: forja cada elemento que la biología deja a disposición del medio, marca el idioma con que nos comunicamos, cómo nos relacionamos con los demás y nuestra percepción hacia el mundo físico. No nacemos como una tabula rasa; pues ya desde el vientre materno empezamos a asimilar un «yo» que nos acompañará durante buena parte de nuestra vida. El conocimiento, las experiencias y los traumas moldean nuestra predisposición genética y nos forman una personalidad única y diferente.

Al igual que hace siglos había humanos expuestos a crecer en una atmósfera terriblemente racista, y todavía hay quienes se engendran en un ambiente sexista y homófobo, todos nos criamos en una cultura especista. Es decir, nos inculcan desde pequeños una serie de valores o deberes para con otros animales, basados siempre en la utilidad que nos ofrecen (utilitarismo) porque, a pesar de que la mayoría de los animales se desplacen y muchos posean un cerebro y sentidos muy desarrollados, consideramos dogmáticamente que sólo nosotros —los humanos— contamos con individualidad e intereses.

Tomando nuestros propios sentidos como base, la ciencia (aún con dificultad) reconoce que no nos diferenciamos en nada relevante. Si no fuese así, cuanto sabemos de ellos no sería en absoluto aplicable a nuestra especie y, por tanto, no existiría la experimentación animal. La mayor parte del conocimiento científico sobre el Homo sapiens proviene de la observación histórica y, más recientemente, por medio de la instrumentación absoluta de quienes consideramos seres inferiores que existen para servirnos.

La explotación animal es cultural; pues no tenemos ninguna necesidad biológica ni instinto que nos fuerce explotar animales. Todo cuanto les hemos proveído a otros animales a lo largo de la historia ha sido por nuestro provecho y beneficio. La veterinaria, por ejemplo, no existe para salvar la vida de los animales ni tampoco mantenemos una relación mutualista ni son ciertas muchas sandeces pseudocientíficas que todavía se oyen dentro de las facultades de ciencias o se difunden a los cuatro vientos entre asociaciones ecologistas.

El avance científico, en lugar de servir como argumento para la continuación de prácticas antropocéntricas, nos lleva de nuevo a reconocer forzadamente que, si otros animales no son distintos de nosotros, no cabe darles un tratamiento desigual en aquellos parámetros en que coincidamos, ¿verdad? A menudo se señala que si un animal carece de obligaciones no puede tener derechos, lo cual, además de incurrir en una falacia típica en Derecho, resulta sumamente hipócrita: cuando los explotamos les endilgamos una obligación para con nosotros.

Un toro en una plaza, un caballo montado o atalajado, un primate en un zoo, una vaca estabulada, una gallina enjaulada, cerdos, sardinas, palomas, abejas, etc., tales animales están obligados a hacer o permanecer de cierta forma porque los humanos lo hemos decidido. Entonces, ¿dónde quedan sus derechos?

También hay quienes caen en el relativismo moral de afirmar que todas las acciones son relativas y que los derechos son «invenciones» o «constructos sociales» del ser humano. Si así fuera, ¿alguno de nuestros oyentes o lectores dejaría que otro lo asesinase apelando a que la ética fuese subjetiva? Me temo que no hay nada relativo en que poseamos unos intereses propios, así como tampoco hay nada de relativo en la existencia de la gravedad y de otros fenómenos físicos; aunque su estudio sí pueda considerarse un acercamiento relativo a la cuestión.

Un derecho es la defensa de un hecho: la defensa de dicho interés. Los animales con capacidad de sentir merecen derechos apelando a los mismos criterios que se establecieron en los Derechos Humanos. No hay nada relativo ni cuestionable en la proposición lógica de que un mismo criterio no admite una discriminación basada en la especie del sujeto, como tampoco en el sexo o en la raza.

¡Derechos Animales ya! - Partes de una oveja - El especismo cosifica a los animales como si fuesen trozos o mercancíasEl veganismo lleva, entre otros, a descosificar a los animales domesticados, empezar a verlos como personas y oponernos al propio hecho de que sean esclavizados y coaccionados.

Las razones del veganismo

El veganismo trata de justicia fundamental, ni más ni menos. Y la justicia se consigue cuando los agentes morales —aquellos sujetos con plena conciencia de sus acciones— dejan de cometer barbaries y aberraciones. No basta con pedir que a los animales se los trate mejor ni con que los hagan sufrir menos mientras nos aprovechamos de ellos.

Del mismo modo en que antes del cese de la esclavitud humana se postularon medidas y propuestas con un fin «amortiguador» entre los conflictos de intereses existentes, desde hace décadas existe una respuesta «apagaconciencias»: el bienestarismo. Esta ideología toma la filosofía del utilitarismo moral y la aplica a la explotación animal.

La analogía con la esclavitud humana no cobraría sentido si los demás animales fuesen piedras o seres inertes, pero no lo son. No habría ningún debate académico si nuestra observación no indicase la existencia de una discordancia entre lo que perciben nuestros sentidos y lo que asimilamos por interés endogrupal.

El veganismo, de igual modo al principio abolicionista de la esclavitud negra, argumenta que los animales merecen un reconocimiento moral y legal a tenor de las mismas razones que se emplearon para constituir los Derechos Humanos: la posesión de intereses inalienables (necesidades conscientes) tales como la libertad, integridad y vida; las cuales se derivan de la capacidad de sentir (sintiencia).

Si estimamos que dichos intereses son valiosos en sí mismos en nosotros, ¿por qué acaso no van a serlo en tales sujetos? Hasta la más diminuta hormiga pelea por sobrevivir y estima su vida aunque nadie más lo haga. Reducir las acciones no-humanas al instinto, como a menudo se esgrime, es un reduccionismo para obviar el sesgo de que nos cuesta asumir las semejanzas. Pues, si los humanos al final no resultamos ser tan exclusivos ni el sol gira a nuestro alrededor, ¿en qué podemos agarrarnos para darles un sentido a nuestra existencia?

Si hace dos siglos nos encontrábamos con organizaciones que pedían un descanso para los negros el domingo porque era el día del Señor, menos latigazos, la utilización rápida de la carimba, o la compra conjunta de madres e hijos para evitar la separación filial; en el caso que nos atañe nos topamos con grandes instituciones que exigen mataderos de muerte rápida, huevos de corral (olvidándose de los pollitos triturados) y jaulas algo más grandes para estos esclavos. El fin es el mismo: perpetuar el uso como recurso porque nos beneficia al mismo tiempo que se logra mantener la conciencia tranquila.

Los medios y fines se diluyen ante las apetencias puntuales o permanentes de sus explotadores. A las organizaciones animalistas y a sus empresas asociadas cualquier cosa les vale por tal de vivir gracias a la compasión de sus socios y donantes. Cada explotador, ya hablemos de particulares o la industria, maneja sus «objetos» como desee. El bienestarismo refuerza la idea de que todo ello sería una «elección personal» mientras a los animales no se los hiciere sufrir en exceso para la finalidad que se ha dispuesto para ellos.

Por otro lado, están otro tipo de colectivos y organizaciones animalistas que sólo piden respeto para determinados grupos animales (primates o cetáceos, generalmente) o que promueven algunas formas de explotación animal «compasivas» (que no conducen directamente a la muerte o que se producen por un «bien mayor»), como el caso de la «doma natural» o de una tauromaquia sin estocadas. Por si los hechos no hablasen por sí solos, siempre hay gente valiente que, aun proviniendo de este mundillo, reconoce sus crueles prácticas y da el paso hacia el veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Litografía de la Edad MediaTodos los periodos de la historia de la humanidad se han caracterizado por las guerras y la subyugación de unos grupos, tribus o civilizaciones contra otras. La cosificación de otros humanos como seres inferiores provino de la previa cosificación de los animales como seres que existen para servirnos.

¿Por qué debemos dejar de participar en la explotación animal?

Cada uno es libre de creer en cuanto desee; pero no de obrar según sus gustos, intereses o apetitos. Si los demás animales valoran sus propios intereses, ningunearlos sería una contradicción respecto al deseo propio de que otros respectasen los nuestros. Por esta inferencia lógica nació históricamente el veganismo: el movimiento social por la abolición de la explotación animal, el cual, como se ha señalado, se confunde constantemente y con dudosa intencionalidad con el vegetarianismo.

Una vez tomamos conciencia de una realidad científica (ellos también sienten y padecen) y antropológica (cultural), nos lanzamos a tratar de explicar cómo hemos llegado a esta situación en que millones de animales pertenecientes a otras especies pierden la vida en nuestras manos por razones inverosímiles y el más nimio de los placeres atávicos.

Así, retornamos al punto inicial, nacemos en una cultura que nos inculca nociones incorrectas y sesgadas sobre la naturaleza. Estas fallas, en consonancia con propósitos individuales o colectivos, nos llevó al origen del especismo: la discriminación moral según la especie.

Éste se resume en la creencia de que una diferencia de especie marca la diferencia entre quiénes merecen respeto y quiénes la muerte del mismo modo en que desde los albores de la civilización hemos esclavizado vilmente a otros humanos. Por tanto, nuestro deber es dejar de participar en la explotación animal (uso como recurso) de todos los demás animales de la misma manera en que abogamos por la justicia hacia otros seres humanos.

Por desgracia, el sencillo planteamiento del veganismo se ve expuesto y vapuleado frente al egocentrismo y conveniencias de quienes viven y disfrutan gracias al trabajo de terceros. La creciente preocupación social por el «bienestar animal» ha convertido lo que debiera ser una evolución o progreso humano en un negocio redondo (con audiencia televisiva incluida), en el lucro mediante victorias pregonadas sobre la desgracia ajena y el autoconsuelo de quienes prefieren ceder su arbitrio y agencia moral en aquéllos que, con bellas y rimbombantes palabras, les alivia el sufrimiento de saber que causan un mal evitable (por ejemplo, comer carne) por el hecho de donar para que, milagrosamente, ciertas víctimas sufran una miseria algo menor antes de terminar en sus platos.

Gran parte de estas campañas y de las tergiversaciones existentes están orquestadas adrede desde los puestos de poder con la finalidad de evitar el avance del movimiento vegano. Hace no mucho leí en redes sociales el comentario de un ganadero que revelaba, en muy pocas palabras, cómo perciben el veganismo aquéllos que se ganan el sueldo como esclavistas de animales:

El problema de los veganos no está en que no coman carne; sino en por qué no comen carne.

Es decir, este ganadero estaba reconocimiento que la «gravedad» del veganismo para sus intereses explotadores no radicaba en su práctica (similar al vegetarianismo en este sentido) sino al trasfondo o motivo fundamental que lleva a alguien a adoptar el veganismo.

Los ganaderos saben perfectamente que otros movimientos sociales, como el animalista o el ecologista, son compatibles con su negocio. Sin embargo, el veganismo es incompatible con la esclavitud animal por mucho que intenten endulzar su imagen. Por ello, harán todo cuanto quede en sus manos para manipular, calumniar y pervertir el movimiento vegano.

¡Derechos Animales ya! - Lo relevante no son las diferencias con otros animales sino lo que tenemos en común - La explotación animal es injustaEl veganismo se basa en la sintiencia para reconocer el respeto que merecen los demás animales.

Tergiversaciones hacia el significado del veganismo

En 1951, Leslie Cross escribía:

El sentido de esta iniciativa es hacer del veganismo algo único entre los movimientos relacionados con el bienestar animal. Por ese motivo se ha materializado en una totalidad y no, como los otros movimientos, en una abstracción. Cuando los otros movimientos se ocupan de sectores determinados —y por tanto van directamente a las prácticas más que a los principios— el veganismo es en sí mismo un principio, del cual se derivan de manera lógica ciertas prácticas.

Tomando como base la argumentación de Donald Watson y Leslie Cross, podemos diferenciar claramente cuáles acciones o posturas son compatibles, o no, con el veganismo. En la actualidad existe una infinidad de tergiversaciones comunes del veganismo. A continuación aparecen las más frecuentes.

¡Derechos Animales ya! - Osos polares acurrucadosQue tengamos sentimientos hacia los animales no nos convierte en veganos, sino el hecho de que rechacemos la explotación animal por ellos.

El veganismo no se basa en la empatía o en los sentimientos

El veganismo se basa en la lógica —la ética—; pues ésta nos permite comprender que los animales merecen respeto porque son seres conscientes, con necesidades y deseos.

Hay quienes afirman, equivocados, que el veganismo se basa en la empatía o en «ponernos en la piel de los animales». Los sentimientos no nos dicen ni nos dictan qué está bien o qué está mal. A nosotros puede darnos pena cortar un arbusto y esto no significa que sea una acción injusta o inmoral; pues las plantas no sienten. El veganismo no nace de nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro; sino de comprender que existe un «otro» que debemos respetar.

¡Derechos Animales ya! - Puesta de sol entre campos de cultivo y un parque eólicoEl veganismo tiene efectos sobre el medio ambiente, sobre nuestra salud y sobre nuestra organización social. Ello no significa que el veganismo aborde tales cuestiones.

El veganismo no se refiere al medio ambiente, a nuestra salud ni a asuntos humanos

En redes sociales es muy común encontrar carteles y textos sencillos y esquemáticos en donde se señala que debemos ser veganos por «por el planeta, nuestra salud y los animales» o dicen cosas cosas como «el veganismo es por los animales y las personas».

Este tipo de afirmaciones y eslóganes son falsos y dañinos para la comprensión del veganismo y de los Derechos Animales; pues sólo ofrecen una visión superficial y sesgada del verdadero significado del veganismo. Afirmar que el veganismo es por el planeta equivale a convertirlo en sinónimo de ecologismo, y señalar que es por nuestra salud equivale a convertirlo en un sinónimo de dieta o religión.

Para mas inri, decir que el veganismo va dirigido a «animales y personas» significa promover la creencia antropocéntrica de que los humanos no somos animales o de que existe una diferencia ética entre «humanos» y «animales». Además, la base fundamental de los Derechos Animales reside en la consideración ética y legal de que ellos son y deberían ser reconocidos como personas —sujetos de derecho— ante la ley. Por tanto, afirmaciones como la presente incurren en un doble error de conceptos básicos.

Este tipo de campañas animalistas proceden, generalmente, de organizaciones y colectivos animalistasbienestaristas— que se lucran a través de la compasión y buscan llamar la atención y captar socios y donantes mediante mensajes simplistas que cualquiera puede entender sin esfuerzo.

Por otra parte, el veganismo no es interseccional porque se refiere específicamente a las víctimas no humanas. Hay mucha gente que usa el veganismo como parapeto de otros ideales sociales o políticos. Tales ideologías incurren en antropocentrismo cuando justifican la explotación animal apelando a colectivos humanos oprimidos.

¡Derechos Animales ya! - Perro encerrado en una perreraEl veganismo no pide jaulas más grandes; sino que los animales dejen en jaulas ni privados de libertad alguna por el ser humano. Pedir jaulas más grandes no es compatible con el veganismo. La industria siempre establecerá las condiciones más rentables para su explotación.

El veganismo no se basa en el bienestar animal ni se refiere a reducir el sufrimiento de los animales

El veganismo parte desde la idea fundamental de que los animales merecen derechos legales reconocidos y un trato justo. El trato hacia los animales siempre debe estar basado en la consideración de que son seres conscientes y con voluntad propia. En consecuencia, el veganismo se opone a que los animales puedan ser criados, encerrados, manipulados o asesinados por el ser humano.

El veganismo no se conforma con que los animales sean mejor tratados; sino en liberarlos de toda opresión humana. Centrarse en el sufrimiento animal es un error porque ello pone el foco en las condiciones en que se produce la explotación animal y transmite la falsa creencia de un buen trato sea compatible con la explotación de los animales.

Mucha gente —incluso autodenominada «vegana»— promueve o sostiene la idea de que el veganismo busca reducir el sufrimiento de los animales o de que debamos ejercer campañas que mejoren el bienestar de los animales. De esta guisa, apelan erróneamente a que debemos buscar pequeñas «victorias» o que reducir el consumo de productos de origen animal es un camino hacia el veganismo.

El veganismo es abolicionista por definición. El abolicionismo se opone a aquellas acciones que participan o promueven el uso de animales, al igual que el abolicionismo de la esclavitud negra se oponía a aquellas acciones que participaban o promovían la esclavitud humana.

Las campañas abolicionistas son, por definición, las únicas que defienden los Derechos Animales; pues condenan el propio hecho de que los animales sean nuestros esclavos independientemente del trato que se les dé.

Cualquier campaña animalista referida al trato que se les da a los animales (bienestarismo) no puede conseguir derechos para los animales; pues las campañas bienestaristas no reivindican que los animales deban ser reconocidos como sujetos de derecho. Ser objetos mejor tratados no es una victoria, ni grande ni pequeña, en el marco legal.

¡Derechos Animales ya! - Desayuno con frutas y muesli - El veganismo no es una dieta o modaLos veganos tenemos una dieta 100% vegetal para respetar a todos los animales. La dieta es el medio; no el fin.

El veganismo no es una dieta o moda

Otra de las tergiversaciones comunes respecto al significado del veganismo radica en afirmar que es una dieta o presentarlo como moda que alguien realiza por cualquier razón.

El veganismo es un principio ético, por tanto, uno se convierte en vegano cuando tiene una dieta 100% vegetal para no participar en la explotación animal. Alguien puede tener una dieta 100% vegetal por cualquier razón, pero ello no convierte a dicha persona en vegana.

Mucha gente siente una verdadera molestia o resquemor al percibir el veganismo como un principio ético porque se percatan de que ellos causan daño a los animales sin necesidad y se perciben a sí mismos como «menos buenos». Muchos animalistas rescatan animales o aman con pasión a sus perros o gatos mientras financia a diario la crianza y asesinato de otros miles de animales.

La coherencia se convierte en un defecto en un mundo donde impera la hipocresía. Esta realidad origina que, ante la incapacidad de hacer autocrítica, muchos miembros de nuestra sociedad se victimicen o ataquen a los veganos por el simple hecho de seamos y obremos con coherencia ante un principio ético fundamental.

¡Derechos Animales ya! - Parroquia cristiana - El veganismo no es una religiónEl veganismo no se basa en creencias indemostradas, sobrenaturales o divinas. La ciencia avala tanto la capacidad de sentir de los animales como la viabilidad de una dieta 100% vegetal.

El veganismo no es una religión

Otra de las tergiversaciones comunes del veganismo estriba en tacharla de ser una religión. La sociedad percibe que las razones del veganismo son demasiados racionales como para poder ser refutadas. En consecuencia, una manera de trivializar o de rechazar la universalidad o lógica inherente del veganismo reside en apelar que se trata de una religión o creencias religiosas en el seno de una sociedad diversa en que cada quien, al parecer, tiene derecho a obrar como desee según sus creencias.

En nuestros días acontece una paradoja de la tolerancia social hacia los dogmas religiosos, es decir, la sociedad parte desde la premisa de que cualquier dogma religioso es respetable —incluso cuando su aplicación vulnera intereses inalienables de terceros; p. ej. el velo islámico mientras que no muestra esa misma aceptación o permisividad hacia los principios éticos.

Si un musulmán no come jamón porque lo dice un libro sagrado, para nuestra sociedad se trata de algo respetable; pero si un vegano no come a ningún animal para no causarles daño, entonces se trata de algo excesivo y propio de un demente. Así ocurre porque, nuevamente, cuando el oyente se da cuenta de las razones y del significado del veganismo, pasa a verse a sí mismo como carente de razones o argumentos con que sostener su postura.

Las religiones no suponen una afrenta porque cada quien es libre de creer o no en ellas. De esta manera, tachar el veganismo como si fuera una religión se convierte en un modo sencillo de evitar el debate al partir desde la premisa de que las razones para ser vegano estén a la altura de cualquier dogma religioso.

Si todos nos guiásemos por dogmas, entonces cada miembro de la sociedad quedaría igual ante su religión. En cambio, como el veganismo no es una religión, la mera consideración de una filosofía o ética profunda asusta a quienes acostumbran a repetir consignas o necesitan sentirse guiados por un ente superior que rija sus vidas para darles algún sentido.

¡Derechos Animales ya! - Caballo se defiende y tira a su jineteEn esta fotografía, un caballo se defiende de su jinete porque no quiere ser dominado ni coaccionado por nadie. El veganismo se refiere específicamente a la esclavitud y explotación animal de la misma manera en que el feminismo se refiere concretamente a la esclavitud y explotación de las mujeres. El veganismo persigue el cese de la cosificación animal y de su estatus como propiedades y bienes del ser humano. Los animales merecen respeto por sí mismos con independencia de los intereses humanos. Las condiciones de la esclavitud —maltrato animal y sufrimiento animal—, así como las consecuencias de cambiar de dieta no son razones ni objetivos del veganismo.

Un resumen sobre el verdadero significado del veganismo

La realidad está en que mucho se habla sobre veganismo y pocos saben definirlo. Una de las dedicaciones permanentes de los activistas veganos es la de asentar el significado original del veganismo y combatir la tergiversación sistemática que se ejerce desde particulares hasta medios de comunicación.

Para resumir lo ya expuesto sobre el veganismo, citaré las palabras de Igor Sanz, un activista incansable:

Para entender el veganismo quizá sea conveniente empezar por un análisis de nuestra sociedad. Se trata, por encima de todo, de una sociedad caracterizada por la cosificación institucionalizada del resto de animales. Para los humanos, el resto de animales son meros objetos. Herramientas y recursos de los que poder echar mano sin contemplaciones.

[…]

Pero este tipo de situaciones no han sido exclusivas de los nohumanos. La historia de la humanidad es una historia de sometidos y sometidores. La esclavitud humana puede parecer ahora una simple mancha negra en nuestro historial, pero lo cierto es que su práctica ha sido la tónica dominante durante la mayor parte de los siglos precedentes.

Desde la antigua civilización egipcia hasta la guerra civil Norteamérica, la esclavitud de seres humanos ha sido un hecho de extendida práctica y aceptación, ya fuera por motivos de raza, etnia o cualesquiera otros aspectos superficiales y arbitrarios.

Y lo mismo ocurre con el pasado de las mujeres, sometidas a una perpetua dominación por parte de los hombres, si no tanto a nivel legal, sí al menos a nivel social.

El veganismo no es, por tanto, ni una dieta ni un estilo de vida. El veganismo es un principio moral que nos dicta que el resto de los animales no son nuestros medios, sino fines en sí mismos, dignos en todo momento de ser tratados como tales, sin vulnerar sus derechos básicos y sin explotarlos de manera alguna.

Como puntualización a las palabras de Igor Sanz, cabe señalar que el veganismo se refiere específicamente a la explotación animal y al estatus de propiedad al que están sometidos todos los animales. El verdadero significado del veganismo no abarca todas las posibles relaciones humanas con los animales ni aquellos daños no derivados de su cosificación. Asuntos como el cuidado del medio ambiente o la gestión agrícola corresponden a los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - El aumento exponencial de veganosEl veganismo está expandiéndose más rápido que nunca gracias a los avances en informática.

Algunas consideraciones sobre el veganismo llevado a la práctica

El cambio comienza en nosotros mismos; no cabe esperar un mundo más justo mientras seamos parte de la injusticia y del bando opresor. En un principio, solemos sentirnos asaltados por racionalizaciones peregrinas para no aceptar la realidad (justificación en la tradición, en el supuesto beneficio, etc.). Nadie piensa nunca que está equivocado.

Asumir que nuestra cultura causa un holocausto contra otros animales sin ninguna necesidad real nos genera de antemano un fuerte rechazo que motiva el incurrimiento en falacias dialécticas. Una vez abandonamos la visión tan «idílica» (manipulada) de la explotación animal, introducida desde nuestra infancia, entendemos nuestro deber de actuar.

Cambios hacia el interior

El veganismo, llevado a la práctica, implica romper y promover un cambio radical en la forma en que percibimos y tratamos a los animales como consecuencia de nuestra cultura. Parte desde el hecho evidente y argumentado de que todas las culturas humanas participan en explotación animal debido a un fenómeno de cosificación derivado de una discriminación moral (especismo).

Hacerse vegano no tiene ningún misterio. Basta con informarse sobre llevar una dieta variada y evitar cualquier producto o acción que conlleve el uso de animales como recurso. Sin embargo, sí resulta más complicado tener las ideas claras y formarse como activista para promover el respeto que merecen las víctimas no-humanas. A menudo, entre los grupos veganos existen acalorados debates en torno a la acción directa. Salvar víctimas mediante acción directa puede ser una virtud; pero, por desgracia, entrar en una granja, boicotear una corrida de toros o gritarle a la gente no sirve para cambiar la mentalidad colectiva.

Dado que todas nuestras acciones derivan de la cultura, si no nos esforzamos por transformar el acervo cultural en donde nos hemos criado, ¿cómo evitaremos el statu quo? Es literalmente imposible, por ejemplo, que un cazador deje de cazar o que un pescador deje de ver con buenos ojos el acto de pescar porque exista gente que rescate peces y vuelva a echarlos al agua. Aparte de una sonrisilla entre dientes, no lograremos un cambio en dicha persona. En consecuencia, si el problema es cultural; la solución deberá producirse mediante activismo educativo.

Freedom for animalsEl veganismo propone la emancipación de todos los animales frente al dominio humano.

Cambios hacia el exterior

Dado que somos seres emocionales, el activismo vegano causa estrés y frustración, tanto por su ejercicio como por nuestra experiencia acerca de los horrores de la explotación animal. Este desasosiego propicia oscilaciones comportamentales que pueden conducirnos hacia la pérdida de nuestros valores tan apreciados.

Las prisas por reconvertir la sociedad y las esperanzas vacuas provocan que muchos activistas vuelvan a convertirse en parte del problema al apoyar las medidas que permiten y fomentan la continuidad de la percepción moral causante de todo mal.

Defender medidas y propuestas como el «Lunes sin carne» equivale a reivindicar un «Lunes sin violaciones», implica afirmar que reducir el consumo o las violaciones sea un paso en sí mismo en vez de un deber mientras fomenta otras formas de explotación como los lácteos o los huevos. En el mismo saco se hallan las campañas monotemáticas, propuestas bienestaristas como la carne de laboratorio y el enfoque errado en el «maltrato animal».

Las presiones por parte de instituciones animalistas (empresas de facto que manipulan las bases del veganismo y traicionan a los animales) y los visos todavía presentes del especismo de nuestro anterior «yo», llevan al autoengaño, el «elitismo altruista» (sentido de superioridad a causa de que se hace el bien en un océano de malas conductas), el «elitismo moral» (pensamiento consistente en que los demás no están preparados para cambiar) y la sobrevaloración (especismo de preferencias) de aquellos animales más cercanos (perros, gatos, etc.). Así como la promoción de prácticas que, a pesar de su avala social, son contrarias a los Derechos Animales; tales como la castración sistemática o la eutanasia de animales sanos.

Otros, además, son hedonistas extremos, están profundamente influenciados por sus sentimientos y perciben a los demás animales como un alter ego sobre el cual intervenir sin ninguna clase de coherencia ética. Proponen desde la extinción de especies carnívoras y practicar la zoofilia hasta la manipulación genética de animales para «despojarlos del defecto de sufrir».

El veganismo se opone, por definición, a la crianza en cautividad y a cualquier condicionamiento de la vida de los animales contrario a sus intereses inalienables. Quienes promulgan y practican estas barbaridades, como el autor de una página web llamada «Respuestas veganas» (el nombre es ya de por sí una auténtica propiación), no son veganos y únicamente empañan nuestra labor y argumentos para satisfacer traumas y obsesiones personales.

¡Derechos Animales ya! - Definición de veganismoEs nuestro deber moral dar el paso hacia el veganismo.

Conclusiones

El veganismo, como principio basado en los Derechos Animales, rechaza la actual consideración legal de todos los animales no humanos del planeta. Todos ellos están catalogados como «bienes muebles semovientes». A raíz de que tal denominación responde a una previa consideración moral —el especismo heredado de generación en generación—, de nada sirve luchar contra los términos aplicados (por ejemplo, a través de peticiones por internet).

La transformación social requiere la derogación o abolición de su estatus de propiedad como respuesta intrínseca a una asunción moral en la igualdad. Esto se sintetiza en los seis apartados del principio abolicionista. Sin activismo, no hay avance posible porque nuestros actos proceden de una enseñanza anterior.

Si, finalmente, comprendemos el origen de nuestra mentalidad, por qué debemos cambiar y cómo hemos de aplicarnos hacia otros humanos, debemos hacernos veganos para marcar la verdadera diferencia que necesita este mundo; no por nosotros, sino por ellos.

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¡Derechos Animales ya! - Mujer embarazada con tatuaje - ¿Cuál es la postura del veganismo sobre el aborto?Un embarazo no debería suponer peligro, menoscabo o trauma para una mujer. En este artículo hablo acerca de la postura del veganismo sobre el aborto.

Introducción

El surgimiento y extensión de las redes sociales ha posibilitado el encuentro de individuos con muy diferentes puntos de vista. En lo tocante a temas candentes de actualidad, acontecen acalorados debates y cruces de acusaciones, con y sin sentido, entre defensores y opositores a determinadas ideologías o acciones.

En este artículo quisiera responder a un punto muy mencionado o cuestionado en redes: ¿Cuál es la postura del veganismo sobre el aborto? ¿Debe tener una? ¿Un vegano está a favor o en contra del aborto? ¿Son compatibles ambas posturas?

La mayor dificultad previa que uno encuentra para explicar por qué el veganismo o un vegano puede o debe estar a favor o en contra de algo radica en que la mayoría de los lectores y oyentes todavía no tiene una definición clara de lo que es el veganismo y de cómo se relaciona categorialmente con otras ideologías.

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El veganismo es un principio ético referido al cese de la explotación animal —uso de los animales como recursos o fines— por causas humanas en reconocimiento de que sienten, padecen, poseen conciencia e intereses inalienables. El veganismo no es un sucedáneo del ecologismo, no se refiere a nuestra salud, al medio ambiente ni al sufrimiento animal (el sufrimiento es una consecuencia, no origen, de la esclavitud animal).

A tenor de ello, un vegano es quien rechaza toda forma de explotación animal —alimentación, vestimenta, ocio, etc.— por un motivo ético inherente al valor intrínseco de los animales.

El veganismo no engloba todo el conjunto de acciones humanas, ni siquiera el conjunto de acciones humanas para con los animales. El veganismo se refiere únicamente a las acciones humanas por las cuales hemos reducido a los demás animales al estatus de propiedad y a ser nuestros esclavos.

Los demás aspectos éticos y legales de nuestra relación con los animales se engloban en los Derechos Animales.

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El aborto no consiste en matar bebés ni es legal extirpar fetos en desarrollo. El aborto engloba un conjunto de técnicas y procedimiento médicos por el cual se interrumpe la gestación de un ente en desarrollo dentro del cuerpo de la mujer.

El aborto sólo es legal —y ético— cuando se produce en una etapa temprana del embarazo y el ente en desarrollo (el embrión) todavía no ha desarrollado células nerviosas. Así ocurre porque un ser carente de células nerviosas no puede tener conciencia ni intereses.

Se produce una manipulación consciente y fanática, por motivos religiosos, cuando hay individuos que se obcecan afirmando que el aborto mata seres humanos. Para los religiosos y muchos antropocentristas, el valor de un ser humano es inherente en la concepción porque «producirá un ser humano» y «los humanos somos lo únicos importantes».

Ambas posturas incurren en falacias. La primera es una falacia de la potencialidad y la segunda es una petición de principio muy común para justificar el antropocentrismo.

¡Derechos Animales ya! - Manifestación feminista a favor del abortoManifestación feminista a favor del aborto. La mayor parte de los colectivos humanos sólo defienden sus derechos o buscan privilegios mientras se olvidan de otras víctimas.

¿Dónde radican los derechos morales para humanos y animales?

Lo que nos convierte en seres merecedores de derechos no es tener una programación genética que nos convertirá en animales bípedos con brazos y piernas. Lo que nos convierte en seres que merecen respeto reside en que podemos sentir debido a la posesión de células nerviosas.

Los religiosos incurren en una contradicción cuando defienden la no-sintiencia de un conjunto de células mientras les da exactamente igual el aborto en animales o cuando ellos mismos participan en la crianza, hacinamiento, manipulación, coacción y asesinato de animales —que sí sienten— por el mero hecho de que, a sus ojos, no merecen respeto porque sus cuerpos no son la «imagen y semejanza de Dios».

Para los musulmanes, los humanos no tenemos la imagen de Dios; pero ellos igualmente mantienen el mismo pensamiento de supremacía humana sobre los animales apelando a que Dios creó a la humanidad para que fuéramos los vicarios y amos del mundo. Ninguna religión, por definición, constituye un argumento válido para justificar acciones que perjudiquen los intereses inalienables de un sujeto.

Todas las religiones del mundo, a excepción del jainismo —supeditado a mi conocimiento—, comparten la creencia de que el ser humano se sitúa en un nivel superior por encima de otros seres.

Por tanto, oponerse al aborto apelando a la especie humana incurre en el mismo argumento especista por el cual intenta excusar a diario el exterminio sistemático y el holocausto que viven los animales en su día a día.

¡Derechos Animales ya! - Comunicación socialLa comunición y el debate de ideas son fundamentales para el progreso social. No se puede reflexionar sobre la postura del veganismo sobre el aborto entre gritos o insultos.

Entonces, ¿cuál es la postura del veganismo sobre el aborto?

El veganismo no puede tener ninguna postura respecto al aborto porque se refiere a un problema concreto (la explotación animal) y a unas víctimas en concreto (los animales sintientes).

Un vegano, como agente moral, puede adoptar distintos principios éticos e ideologías compatibles o incompatibles entre sí. Resulta posible que un vegano esté a favor del aborto aduciendo razones falsas o místicas sobre la mujer o por el argumento de que ella siempre deberá gozar de derechos exclusivos sobre su cuerpo. Al mismo tiempo, también se vuelve posible que un vegano religioso se oponga al aborto apelando a los argumentos esgrimidos por miembros de esta religión.

En estos casos, tales posturas particulares esto no significan que todos los veganos estén a favor o en contra del aborto ni que el veganismo se posicione o deba posicionarse sobre un asunto que pertenece a otro asunto ético. Así como el ecologismo o el abolicionismo de la esclavitud negra no tienen —o tuvieron— por qué tratar el tema del aborto.

¡Derechos Animales ya! - Embrión o fetoEl desarrollo embrionario es extremadamente similar en todos los vertebrados. En el estadio presente es casi imposible determinar si ese embrión será humano o no. La ciencia ya desmontó hace tiempo el dogma de la excepcionalidad humana. Si bien, muchos científicos todavía se muestran reticentes a aceptarlo.

Conclusión

La postura del veganismo sobre el aborto es inexistente y no puede haberla. Cabe recordar, no obstante, que los Derechos Animales toman su base en los mismos criterios establecidos para los Derechos humanos. En consecuencia, el aborto se rige —o debiera regirse— por las mismas consideraciones habidas para humanos y para animales.

Mientras la sociedad de todo el mundo se acalora por debates y preocupaciones humanas, toda nuestra sociedad se cimenta sobre la explotación y muerte de millones de animales al día para satisfacer hasta el último de nuestros apetitos más egoístas e injustificados.

Temas como el aborto reciben una atención mediática desmedida porque involucra a seres humanos. Otros casos de matanzas sufridas por animales ni siquiera llegan a nuestras fronteras. En nuestros días se expande una nueva ola antropocéntrica relacionada con el veganismo que hace llamarse «interseccionalismo».

Nuestra especie debería empezar a adoptar una visión global sobre toda sus acciones y ampliar su círculo moral hacia los animales con quienes compartimos el planeta, en tanto que los animales también son sujetos y merecen respeto; desde la etapa de feto hasta el fin de sus días.

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¿El veganismo es de izquierdas? ¿El veganismo es interseccional?

Bandera del comunismo junto con el símbolo del veganismo - El veganismo es de izquierdasMuchos creen que el veganismo es de izquierdas. La sociedad actual está muy confundida por la falta de información y la actitud desinformante de supuestos veganos que llegan a hablar de «veganismo interseccional» o de «veganismo blanco» entre otras lindezas posmodernas. A los animales les da igual nuestra ideología política, merecen respeto por encima de todo.

¿El veganismo es de izquierdas?

Vivimos en una sociedad en constante evolución y bastante convulsa desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. Los humanos, como animales sociales, mostramos una tendencia innata hacia el colectivismo: tendemos a juntarnos con gente que comparta nuestras creencias e ideales, por muy estúpidas o equivocadas que estén. Este fenómeno afecta a todos los aspectos de nuestra vida: ética, política, religión, etc.

La política envuelve todos los aspectos de nuestra vida, aunque no deseemos ser militantes políticos. Cuando una serie de ideas empiezan a resonar en la opinión pública, los partidarios y detractores de una determinada ideología o conjunto de ideologías preexistentes —ya fuere adrede o por mera inercia— empiezan a asociarla con otras determinadas ideas preexistentes, con algún tipo de colectividad o con cualesquier rasgos socio-políticos o económicos.

Es un secreto a voces que el veganismo ha calado más entre gente que se autoconsidera «de izquierdas» que «de derechas» pero… ¿significa eso que el veganismo es de izquierdas?

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaBasta con escribir «veganismo interseccional», «vegan feminismo interseccional» o «veganismo blanco» en cualquier buscador para que aparezcan figuras como la presente [en la imagen aparecía una chica «vegana» que afirma que los hombres veganos blancos oprimen a los veganos de otras razas y sexos; es legalmente legítimo mostrar la captura de un vídeo; pero retiré la imagen por no aguantar sus amenazas]. Esta imagen representa la postura reaccionaria, fanática, irracional, identitaria y femisexista que muchos individuos vierten sobre el veganismo y los Derechos Animales al afirmar que «el veganismo es interseccional» o al hablar de «veganismo blanco», para introducir sus propios ideales como si a los animales les importase algo que los explote un hombre, una mujer, un blanco o un negro…

Relación entre el veganismo y el progresismo

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo ni nada detallado sobre posturas políticas ni sus evoluciones a lo largo del tiempo. Su intención no es otra que la de tratar de circunvalar y esclarecer ciertos alegatos y mantras —que se repiten desde uno y otro lado del espectro político— para reflexionar si tiene sentido relacionar el veganismo con la izquierda política. Con este fin, cabría empezar por tratar de acotar el significado de lo que entendemos por «ser de izquierdas». Decir que algo o alguien es «de izquierdas» se refiere, en principio, a que refleja los ideales del progresismo.

El progresismo, entendiéndolo en sus inicios como parte y consecuencia del movimiento de la Ilustración, defendía el progreso social mediante el uso de la razón y la adquisición de valores universales. El concepto de «izquierda», nacido durante la Revolución Francesa, ha ido transformándose desde el siglo XVIII hasta nuestros días y su significado sufrió severas alteraciones por la influencia directa del marxismo y su propagación de la idea sobre las luchas de clases que se desarrollaron entre finales del siglo XIX, y comienzos y primera mitad del siglo XX.

Y, en fechas más recientes, se ha visto también influenciado por el posmodernismo. Existiendo tantos matices e interpretaciones posibles, apenas podemos separar dos vertientes dentro de lo que llamamos «izquierda»: una vertiente moral y una vertiente política.

Si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido moral —es decir, como la defensa de la razón y la búsqueda de valores universales—, podemos afirmar que el veganismo es un principio ético que recoge el testigo del progresismo y de los primeros movimientos de izquierda.

En cambio, si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido político —es decir, como la defensa de unas estructuras sociales y económicas vinculadas a la existencia o no de un Estado y del individuo como carente de valor intrínseco—, entonces el veganismo no puede ser de izquierdas por dos razones:

  1. Pertenece a otra categoría. El veganismo es un principio ético y, como tal, se refiere a las acciones del individuo al margen de la sociedad y de cualquier estructura socio-económica. El respeto que merecen los animales es independiente de que los humanos vivamos bajo un régimen social, político y económico en específico.
  2. El actual movimiento político de izquierdas rechaza los pilares que lo fundaron. Si en un origen se apostaba por el uso de la razón y la adquisión de valores universales, las actuales corrientes de izquierdas incurren de lleno en el tribalismo —defensa egoísta de los intereses de un colectivo— y en el relativismo moral e identitariola creencia dogmática de que la verdad es relativa, de que no hay valores universales y de que nuestra identidad está por encima de los hechos objetivos—.

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaComo fruto esperable de la tercera ola feminista y el adoctrinamiento posmoderno que ya se produce y reproduce en las universidades de Occidente, encontramos a individuos que sacan palabros [en la imagen figuraban unos ejemplos propuestos por la autora para acusar y vilipendiar a hombres veganos blancos] a la palestra como «veganismo blanco» —parte de su lucha por un «veganismo interseccional»—, como si alguien pudiera ahora ser vegano o no, o ser más o menos vegano según su color del piel o un «medidor de privilegios». Los animales merecen respeto y necesitan que los respetemos. Estas cuestiones identitarias son tanto una aberración como un insulto a las propias víctimas. A los animales les urge una sociedad vegana, no un corrillo de adolescentes haciéndose ‘selfies’ antes de entrar a su clase de estudios de género… 

¿El veganismo es de izquierdas por su relación con la izquierda actual?

Muchos de quienes hoy se consideran veganos también dicen ser «de izquierdas». A partir de lo que uno puede observar en su día a día, hablando con la gente en persona y en las redes, existe una enorme diferencia, al menos en apariencia, entre el número de veganos de que dicen ser «de izquierdas» y «de derechas», o bien que no se identifican con ningún lado del espectro. Hasta la fecha ha habido algunos estudios en distintos países y contextos. Como curiosidad, uno reciente ha sido sobre si hay veganos que hayan votado al presidente estadounidense Trump. Tales datos muestreados y sus resultados hay que atenderlos con precaución, pues algunos estudios —por no decir la mayoría— toman una muestra poblacional baja o hacen ciertas preguntas que polarizan los resultados.

Partiendo desde la premisa de que, verdaderamente, la mayoría de los veganos actuales sean «de izquierdas» o simpatizantes del socialismo, el marxismo o determinadas políticas identitarias, deberíamos detenernos un momento a averiguar un posible origen de esta realidad y preguntarnos si esto conlleva que, entonces, el veganismo es de izquierdas.

El origen del veganismo vinculado a otros movimientos sociales

Como han explicado maravillosamente otros autores, el veganismo surgió hacia la mitad del siglo XX. Este periodo estuvo marcado por el auge y apogeo de los movimientos sociales: la primera era del ecologismo y de la lucha homosexual, la segunda era del feminismo, entre otros hitos relevantes.

El veganismo, como principio ético seguido por humanos con metas e ideales propios, ha encontrado desde hace décadas una mejor aceptación «relativa» entre aquellos individuos que, a su vez, están sensibilizados con otras injusticias padecidas por humanos. Así ocurre porque, como explica el divulgador científico Steven Pinker, existe un fenómeno de causa-efecto por el cual un avance o progreso moral allana el camino para otro sucesivo. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud negra facilitó el reconocimiento del sufragio femenino y, éste a su vez, supuso el reconocimiento de los derechos del menor, y así, sucesivamente, hasta la actualidad.

Por ende, apelando a una «lógica social», cabe comprender que en nuestro contexto actual, caracterizado por la discriminación sistemática de otros animales por una razón de especie transmitida de generación en generación, haya más humanos proclives a adoptar el veganismo si conocen bien o son partícipes en otros movimientos sociales vinculados tradicionalmente a la izquierda política.

¡Derechos Animales ya! - Logo del veganismo interseccional tachado - Veganismo es de izquierdasÉste es uno de los muchos logos que los grupos posmodernos difunden por redes sociales. Se ven a sí mismo como héroes y justicieros a la par que discriminan y adoptan actitudes y acciones irracionales y, muchas veces, violentas contra quienes rechacen o refuten sus dogmas identitarios. Hacerse vegano no tiene ningún misterio ni implica adoptar determinados ideales políticos.

Pero entonces… ¿El veganismo es de izquierdas? ¿Sí o no?

La respuesta es no y ya aparece en los párrafos anteriores. El veganismo no es ni puede ser de izquierdas porque no es un principio político; sino ético. No tendría ningún sentido afirmar que el veganismo es de izquierdas ni aun suponiendo que la mayoría de sus practicantes fuesen militantes de izquierda. Creer que los seguidores de algo condicionan la naturaleza de ese algo incurre en la llamada «falacia de asociación».

Alguien de derechas y muy, muy de derechas puede ser vegano perfectamente en tanto que, como individuo, comprenda que los animales merecen respeto por sí mismos y no participe en ninguna forma de explotación animal. Justo como cualquier otro humano con plenas facultades. El alegato de que alguien no puede ser vegano si es de derechas —una afirmación gratuita que me indigna— evidencia el interés de un particular o colectivo por tergiversar, manipular, adueñarse y apropiarse del significado y alcance del veganismo para promover sus propios intereses.

Y esto es justo lo que está ocurriendo: miles de individuos y colectivos que ven el veganismo como un simple instrumento de moda para encauzar sus propios intereses, obsesiones e ideas enfermizas. Los individuos de izquierda intentan politizar el movimiento y lo promocionan como una reivindicación política. Y, por su parte, los individuos de derechas oyen llover sin saber dónde y responden estupideces creyendo que el veganismo es la nueva locura posmoderna de unos cuantos comunistas, feministas o femisexistas con el pelo rosa.

¡Derechos Animales ya! - El objetivo de una discusión o argumento no debe ser la victoria, sino el progresoCuando algunos militantes de izquierda se apropian del veganismo y lanzan apologías del «veganismo interseccional» o «vegan feminismo interseccional», o van contra lo que ellos llaman «veganismo blanco», lo que hacen es polarizar y enfrentar a la sociedad entre buenos y malos —¡y luego dicen que nosotros somos divisivos!— debido a una interpretación y a una percepción maniquea, reduccionista y patológica de la realidad y de por qué los humanos cometemos injusticias, ya sea contra otros humanos o contra los animales.

¿Y por qué el veganismo tampoco es transversal o interseccional?

Cuando se dice que un movimiento es «transversal» significa que afecta y va destinado a combatir injusticias en todos los niveles de la sociedad. El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a los animales. Y no, no vale decir que los «humanos también somos animales» para excusar que el veganismo también se refiera a nuestra especie porque el veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los humanos hemos reducido a los demás animales —otros seres sintientes—, al estatus de propiedad y a la condición de esclavos.

Los humanos podemos estar oprimidos según nuestros rasgos biológicos en determinados lugares del mundo, pero ningún ser humano es esclavizado sistemáticamente por ser humano. En cambio, los demás animales son esclavizados sistemáticamente por no pertenecer a nuestra especie y carecen de ningún tipo de derechos reconocidos.

Defender un «veganismo interseccional» implica difuminar la definición de veganismo para abarcar cuestiones ajenas al mismo. Claro que son importantes las luchas obreras, feministas y homosexuales; pero eso no conlleva que el veganismo se refiera o deba referirse a estas luchas. Dado que la sociedad actual es especista y tendemos a marginar los intereses de los demás animales, un «veganismo interseccional» se traduce en la marginación de los animales dentro del propio principio ético que se refiere a ellos en pos de los intereses colectivistas, políticos e identitarios de algunos humanos.

Y, por supuesto, ir contra lo que algunos llaman «veganismo blanco» significa, ni más ni menos, que crear una barrera discriminatoria —dentro de un principio contrarias a las discriminaciones morales— para juzgar, condenar y marginar a veganos según sus rasgos identitarios, juzgados y evaluados por otra gente que cree tener otros rasgos identarios oprimidos por estos primeros. Menuda aberración irracional.

El veganismo no es de izquierdas ni puede serlo

El veganismo no es una dieta, no es un estilo de vida, no es una moda, no es fruto del posmodernismo —el posmodernismo ni existía en 1951— ni nada ajeno a los Derechos Animales. Cualquier agente moral —adulto con plenas facultades— puede ser vegano con independencia de su raza, sexo, orientación sexual, credo, religión, etnia, ideales políticos, de su equipo de fútbol favorito o de cualquier otra razón social, política y económica ajena a la cuestión moral de los animales. Por tanto, a la pregunta tan manida de si el veganismo es de izquierdas, la respuesta es un «no» rotundo. Cualquier etiqueta y adjetivo que deje al margen el significado del veganismo y el respeto que merecen las víctimas se convierte en parte del problema. ¡Ya está bien de decir y propagar sandeces como «veganismo interseccional o «veganismo blanco»! Se precisa madurez, honestidad, seriedad y ganas de formarse y transmitir un mensaje veraz por los animales.

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El alegato nihilista o cómo negar una verdad sin pensar

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Un alegato nihilista es aquél que niega la existencia de una verdad o de la validez de un principio ético. Llevado al terreno del veganismo y los Derechos Animales, sería la negación irracional de por qué los animales merecen respeto.

La verdad no está en el sujeto; sino en sus argumentos

En este artículo sucinto voy a profundizar en un pensamiento irracional extendido dentro del ámbito animalista, el cual impide la autocrítica y fomenta la falsa creencia de que hacer cualquier cosa en beneficio de los animales no humanos está «bien». Lo llamaré «el alegato nihilista» debido a un ensayo excelente escrito por el filósofo Aurelio Arteta. Para ahondar recomiendo una sección del blog de Igor Sanz dedicada a las falacias animalistas.

En una entrada antigua traté de señalar que se enseña un concepto erróneo de «tolerancia», por el cual la sociedad interpreta que «tolerar» significa no entrometerse de ninguna forma en las acciones ajenas y seguir nuestro camino con absoluta indiferencia.

Dado que, según el pensamiento de estos sujetos, las acciones deben respetarse mientras no afectan a nuestras personas, esto desemboca en la consideración de que toda opinión (un tipo de acción) debe respetarse en sí misma aunque carezca del más mínimo fundamento.

De esta forma, se eleva la opinión personal al grado de argumento por el simple hecho de estar respaldado en la libertad de expresión. Debe entenderse que uno es libre de expresar lo que quiera. Lo que se condena en este artículo es la creencia de la libertad personal o de opinión implique llevar razón o la justificación de las acciones emprendidas.

A diario, los activistas oímos expresiones de la talla de «nadie tiene la verdad absoluta» (y otras análogas) cuando criticamos acciones bienestaristas o discutimos acerca de las medidas tomadas por ciertas organizaciones. Quienes sueltan estos alegatos justifican una suerte de relativismo moral que, además de no demostrar su principio (petitio principii), se contradice a sí mismo. Si nadie tiene razón, entonces ellos también se equivocan al enunciar dicha frase.

Este tipo de expresiones comunes y aparentemente conciliadoras esconden una confusión categorial entre la persona y el argumento. Realmente nadie tiene la verdad absoluta; pues la verdad no se halla en los individuos (falacia ad verecumdiam); sino en los argumentos y pruebas aportados para sostener dicha razón.

Por tanto, una intervención que contenga tal enunciado no es más que una fórmula social bien vista para afirmar que los argumentos propios merecen respeto por proceder de uno mismo y que los no-propios carecen de interés.

¡Derechos Animales ya! - Ejemplo de incapacidad crítica

Esta diapositiva respecto a debates orientados para niños es un ejemplo de cómo el sistema fomenta el alegato nihilista, la indiferencia y la incapacidad crítica. Según parece, no importa pensar; con hacer el paripé de que todos estamos de acuerdo con todo, ya somos ciudadanos responsables…

El alegato nihilista y el argumento de que nadie tiene la verdad absoluta

Curiosamente, el alegato nihilista suele venir acompañado de menciones ad hominem con las cuales pretenden ningunear razones contrarias mediante la emisión de juicios de valor sobre las intenciones de éstos, es decir, resulta habitual que acusen a cualquier contrincante de «ego», «moralista» o de que «sólo le importa llevar razón» a la par que invierten todas sus energías en escurrir el bulto.

Como colofón, si quien emite un alegato nihilista está acompañado de amigos o familiares (ya sea en físico o a través de Internet), surge un auténtico concierto de falacias animalistas que, irónicamente, no hace sino plasmar la irracionalidad que los separa de quienes sí tienen la razón porque son capaces de demostrarlo mediante una argumentación apropiada.

Que seamos libres de expresarnos no otorga validez a nuestras palabras ni nos brinda legitimidad para defenderlas. Basarnos en meras intuiciones para negar los argumentos ajenos sin tan siquiera habernos tomado la molestia de analizarlos incurre en una terrible deshonestidad, una deshonestidad intelectual que existe porque jamás se ha desarrollado la honestidad que se requiere para afrontar un debate.

Para recalcarlo una vez más, la libertad de expresión significa que tenemos un derecho fundamental para expresar nuestros juicios, a tenor de que poseemos asimismo un interés inalienable en comunicarnos y relacionarnos en sociedad. Esta facultad, en sentido biológico y legal, nos otorga la oportunidad de transmitir cuanto deseemos; mas no respalda nuestros deseos o prejuicios. Lo mejor que puede hacer alguien ofendido ante la crítica es contraargumentar o aceptar la razón del contrario.

Nadie muere por aceptar que estaba equivocado, todos lo estamos la mayor parte del tiempo. Rectificar es de sabios y afirmarlo se basa en la premisa de que para modificar nuestros pensamientos y conductas se requiere forzosamente realizar un análisis de nuestros argumentos y los del otro.

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¡Derechos Animales ya Reducetarianismo seamos hipócritas

Reducetarianismo: El nuevo negocio de la hipocresía

El reducetarianismo es hipocresíaAdaptación simple para plasmar el mensaje subyacente de esta aberrante campaña que promueve lo que ellos llaman «reducetarianismo».

El reducetarianismo dice que puedes hacer mucho sin hacer nada… Es falso pero se vende bien

Como se ha señalado en otras entradas, el incremento de la preocupación social acerca de la explotación animal ha abierto novedosos nichos de mercado. Que aparezcan nuevas formas de negocio se debe a una combinación entre el intelecto humano y su ambición ilimitada.

Las empresas que se enfocan en estos campos innovadores no cometen, inherentemente, ninguna acción contraria a la ética. Caso opuesto cuando aparecen compañías y organizaciones lucrativas que mienten, manipulan o se sirven de la arraigada cosificación de los animales no humanos para ganar dinero convirtiendo lo negro en blanco. Se valen del especismo arraigado en la sociedad para lucrarse difundiendo alternativas que les sirva a los consumidores para tranquilizar sus conciencias.

¿Te afecta conocer la situación mundial de los demás animales pero careces de fuerza de voluntad?

¿Sigues pensando que existen en la Tierra para servirte, ya sean por razones religiosas o meramente prejuiciosas inculcadas socialmente?

¿Te gustan demasiado las carnes o participas de primera mano en la explotación animal?

¿Necesitas mejorar tu autoestima y sentirte mejor contigo mismo creyendo que tus acciones contribuyen a algún bien?

¿Sufres temor a acabar en una isla de desierta y sabes que por ello nunca podrías vegano?

Estás de enhorabuena, el reducetarianismo1 es para ti.

1De ahora en adelante se utilizará como sinónimo el término «hipocritarianismo». Es una palabra menos comercial; pero más exacta.

Reducetarianismo - Alivia tu conciencia¿Venden camisetas para hacerte sentir orgulloso de tu falta de ética y esfuerzo para con los animales y no les han agregado el mensaje que representa su percepción interior? Quien aboga por el reducetarianismo tiene claro que sólo se importa a sí mismo y manifiesta un conocimiento limitado del ecologismo.

Si no fuese suficiente con el bienestarismo (la doctrina utilitarista imperante en entre los animalistas) y los engaños del «bienestar animal» (regulaciones metodológicas para el incremento de la productividad excusadas como interés por el trato), estamos viviendo el nacimiento de un pensamiento que se suscribe a la idea de «sé lo que pasa, sé lo que hago; pero me miro el ombligo».

El reducetarianismo… ejem… hipocritarianismo es una versión todavía más funesta que el típico vegetarianismo postureta. Equivale a ser consciente de una problemática, hacer lo mínimo y decir ante el mundo: «Ya he cumplido con mi parte. Ahora me toca comer jamón».

Dado que se trata de un movimiento (si pudiera llamarse así) de índole utilitarista, crea furor entre los falsos altruistas: animalistas perro-gatistas y de primates-sí-porque-se-parecen-a-nosotros, ecologistas del tipo «salva-a-los-delfines-me-importan-una-mierda-los-atunes» y todo aquel que vive de ilusiones, falsas expectativas y dice que les da pena el «maltrato animal» y están en contra de la tauromaquia y otros festejos con animales mientras son los primeros en defender su «derecho» a la barbacoa del domingo porque tales animales murieron de risa en un matadero bajo unas supuestas normativas de «bienestar animal».

Por favor, denle el Nobel de la Paz

El promotor de esta iniciativa carente de sentido y moral es Brian Kateman, quien lanzó una campaña en la plataforma Indiegogo (donaciones para proyectos de emprendedores) con el propósito de recaudar fondos para charlas e investigaciones que ayuden a la salud social y reduzcan el impacto ecológico. La campaña fue un éxito y empezó a dar entrevistas por todo el mundo mundo y charlas en medios tan prestigioso TEDx:

Una de las partes introductorias de su discurso para justificar el reducetarianismo es (primero aparece el original en inglés y luego la traducción del mismo fragmento):

“Part of the problem with the vegan and vegetarian messaging is that it resonates with many people as an all-or-nothing commitment, that the only way to contribute to the environmental, animal welfare and health movement is to completely eliminate meat from a diet. The most effective question we can ask is not how can we increase the amount of vegetarians and vegans, but rather, how can we reduce the amount of meat consumed?”

«Parte del problema con los mensajes de veganos y vegetarianos es que resuenan en mucha gente como un compromiso de todo o nada, que la única manera de contribuir al movimiento por el medio ambiente, el bienestar animal y la salud consiste en eliminar completamente la carne en la dieta. La pregunta más efectiva que podemos preguntar no es cómo incrementamos la cantidad de vegetarianos y veganos; sino, más bien, cómo reducimos la cantidad de carne consumida».

Me quito el sombrero ante semejante dialéctica cargada de rigor filosófico… Pasa de señalar el argumento de sus opositores a afirmar, sin más, que promover la reducción del consumo de carne es más efectivo para la salud, el medio ambiente y el «bienestar animal». Como resulta habitual en mantras utilitaristas, comete incesantes peticiones de principio y esquiva cualquier planteamiento ético.

Si está seguro de que el reducetarianismo sirve (o es ético) para los animales no humanos, debiera afirmar que promover un menor número de violaciones o de niños esclavizados en países tercermundistas es una forma de «comprometerse» con la causa. Vamos, según él, podemos ser parte del problema y de la solución simultáneamente.

Las organizaciones animalistas (bienestaristas) necesitan traer de cuando en cuando a un líder profético con carisma para justificar la postura de la institución y convencerlos de que su dinero está yendo a un buen lugar.

Sin embargo, más allá del fraude evidente para los animales y para sus socios, no necesitamos líderes ni organizaciones para promover el respeto que merecen las víctimas. Basta con querer hacerlo y estar bien formado.

Reducetarianismo - Hazte hipocritarianoEsto debería aparecer en su página web. Les hemos ahorrado el trabajo de diseñar el cartel que representa sus argumentos.

Si el mensaje vegano es radical se debe a que la propia ética es radical. No respetamos a nuestros congéneres un «poco», sino siempre. Asumimos que los niños y mujeres no merecen un «poco» de respeto; sino absoluto. ¿Podemos participar en la explotación humana y estar haciendo algo bueno para ellos? Entonces… ¿cómo podemos respetar a otros animales mientras participamos en su explotación?

En definitiva, parece que ser radical es malo cuando atenta contra los intereses particulares de quienes se benefician. Por eso, muchos ven como «aceptable» el reducetarianismo, pues, supone adoptar una postura «moderada»: moderamente injusta, moderadamente aberrante, moderadamente egoísta, moderadamente inconsistente, etc.

A este fenómeno lo llamo «El triunfo del cuñadismo», ya ni siquiera se requiere tomarse la molestia de respetar a ciertos individuos según la especie a la cual pertenezcan; sino que no se necesita ni mover un dedo para pensar que uno está cambiando cambiando su vida y la de otros animales. Es la versión material de un raciocinio primitivo y acrítico (nihilismo) que se niega a reconocer una evidencia lógica.

Los animales estarán sentenciados mientras se promueva la reducción del consumo de sus cadáveres y derivados en lugar de señalar la verdad inequívoca de que merecen respeto porque valoran sus propias vidas.

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