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Sellos de bienestar animal, ¿aceptaríamos un sello de bienestar humano?

¡Derechos Animales ya! - Sellos de bienestar animal - Organizaciones animalistasLos sellos de bienestar animal son un invento reciente de la industria, en alianza con organizaciones animalistas, para lavar la imagen de la explotación animal. Inicialmente iba a mostrar la ilustración de un sello de bienestar animal como ejemplo, pero un colage ayuda a imaginar mejor cuánta creatividad tienen los humanos —y las organizaciones animalistas a la cabeza— a la hora de blanquear las más absolutas perversidades. ¿Alguien aceptaría un sello de bienestar humano?

¿Qué es un sello de bienestar animal?

Un sello de bienestar animal es una pegatina, adhesivo o un mísero logo estampado sobre un envoltorio, envase o caja que contiene algún producto de origen animal para informar —engañar— al consumidor diciéndole que el animal de turno sufrió relativamente poco durante su —según aplique— nacimiento, eclosión, hacinamiento, encierro, estabulación, atamiento, amarramiento, separación, marcaje, castración, descorne, despique, esquile, inseminación, despellejamiento, electrocución, aturdimiento, degüello y descuartizamiento hasta llegar a convertirse en un trozo de cadáver destinado al consumo humano o, para más inri, de otros animales.

Existen muchos sellos de bienestar animal para, prácticamente, cualquier forma de explotación animal que uno imagine y para la cual exista una mínima posibilidad de que el consumidor se plantee que, quizás, compra ese producto por simple placer, hábito y costumbre heredada desde su tío abuelo segundo y no por necesidad alguna.

Si la industria de la explotación animal considera que el consumidor necesita tener fe en que hace lo correcto, ¿por qué no ayudarlo a seguir creyendo sus propias mentiras y a seguir defendiendo públicamente su ignorancia supina ante cualquier especialista que alce la voz contra lo que es un fraude moral y social? Después de todo, la religión mueve montañas y nada hay más divertido que ser el cuñado del barrio y solucionar por Facebook todos los problemas de la nación.

¡Derechos Animales ya! - Sello de bienestar animal Aenor Conform con figura de vaca - Organizaciones animalistasGracias a las organizaciones animalistas tenemos sellos de bienestar animal tan elocuentes como éste. Únicamente en una sociedad atestada de especismo cabría que tantos los emisores como receptores de esta imagen no torcieran el gesto. Ni siquiera han tenido el detalle de editar la imagen para suprimir los crotales con que les perforan las orejas. Incluso en los  daguerrotipos y en las fotografías del siglo XIX en donde aparecían negros esclavos se cuidaban de que no aparecieran encadenados o con bozales puestos si se quería dar buena imagen. Desde luego, tengo claro que si todavía existiese la esclavitud humana, habría organizaciones «humanitarias» que propondrían sellos de bienestar humano análogos a éste.

¡Gracias organizaciones animalistas!

Un sello de bienestar animal no proviene, en teoría, del invento de un «geniecito maligno» al estilo de Descartes. Tales sellos de bienestar animal son el resultado del trabajo conjunto de la industria de la explotación animal y de sus relaciones públicas: las magníficas organizaciones animalistas.

¡Oh! Dichosas organizaciones que dicen defender a los animales y tanto los defienden que no pasa ni un mes sin que promuevan una pegatina nueva que poner sobre una bandeja con filetes de ternera por tal de que la gente siga comprando carne y consumiéndola con tranquilidad y en convencimiento ciego en que alguien, en alguna parte, controla que a tales animales asesinados, casualmente, no les importó estar en la fila sangrienta y hedionda de un matadero —a menos que el matadero venga a tu casa— y que recibieron el cuchillo o la pistola de pernos que sujetaba el matarife con un placer boato de quien da su vida por los demás.

¡Qué buenos son los animales con nosotros! Nos dan carne, leche, huevos… ¿no se dice eso? Es más, seguro que incluso un animal recién nacido entre excrementos y los restos de sus hermanos moribundos, previamente seleccionado genéticamente, ya aspira a procurarnos bienes y servicios para honrarnos como la especie superior…

Los mismos empresarios de la explotación animal recomiendan adherirse a las prácticas de «bienestar animal»; ya que les reporta beneficios respecto a la «calidad del producto», y mejora su imagen frente a los consumidores. Cualquier inversión inicial la recuperan rápidamente al aumentar sus ventas gracias al sello de bienestar animal con la complicidad publicitaria de las organizaciones animalistas, las cuales se comprometen a publicitar a bombo y platillo que han logrado una «victoria para los animales», cuando la única victoria de por medio es el contrato que han firmado para lucrarse vendiendo a los animales al mejor postor.

¡Derechos Animales ya! - Publicidad de Certified HumaneEsta pequeña imagen pertenece a una campaña publicitaria de la organización animalista Certified Humane, la cual, sin tapujos, promueve a las empresas que adquieran sus sellos de bienestar animal para mejorar así las ventas a cambio de un «presupuesto» previo.

Las organizaciones animalistas, como la dichosa Igualdad Animal, son las primeras que promueven que la falsa idea de que es peor consumir aquellos «productos» —¡viva la cosificación!— que no siguen «estándares compasivos» —un eufemismo más para la saca— y aplauden, bajo contrato, a aquéllas empresas con las que han pactado un logo, una cámara en el matadero o cuatro estupideces variadas. Dicen importarles el «maltrato animal» mientras fomentan por dinero la crianza y asesinato de millones de animales al decirle a la sociedad que está bien hacerlo. ¡Qué maravilla!

Las organizaciones animalistas fomentan sin reparos ni escrúpulos que la gente siga creyendo que existe alguna forma correcta de explotar a los animales y ayudan a perpetuar la existencia de aquello contra lo que dicen luchar para seguir lucrándose con socios y donaciones. El bienestarismo tiene una necesidad patológica de arrogarse eufemismos, oxímoron, pleonasmos y, a menudo, también hablan de «seres sintientes» como hacemos los defensores de los Derechos Animales mientras ellos los discriminan y los tratan como seres no sintientes. De vergüenza. Y luego, cómo no, cometen la desfachatez de humillar e insultar a quienes somos activistas cuando mostramos su perverso negocio.

¡Derechos Animales ya! - Sello de bienestar animal zoolidario de ColombiaSi creía haber visto todo, lo que se lleva la palma es que incluso los gobiernos empiezan a sacar tajada de hipocresía animalista. En imagen vemos una campaña del propio gobierno de Colombia, en la cual otorga un sello de bienestar animal llamado «sello zoolidario» —previo pago, obvio— según su calificación del trato que les dé. No me imaginaba hasta ahora que fuese «solidario» aumentar la velocidad con que se mata a un sujeto en un centro de exterminio. Me pregunto si les preguntan a los animales sobre lo cómodo que están o sobre el método de ejecución que prefieren. Es grotesco.

¿Alguien se imaginaría un sello de bienestar humano?

La sociedad humana no justificaría jamás la existencia de un sello de bienestar animal aplicado a humanos porque sabe que ningún ser humano encontraría «bienestar» alguno al atravesar estas situaciones, sin embargo, no se percata o no acepta que esto también es verdad para las víctimas que no son humanas.

El problema de fondo radica en que el engañado consumidor, cual masa irracional y títere de intereses ajenos que fusionan con los suyos, centra el asunto en esa entelequia abstracta e incuantitativa que se llama «sufrimiento». Un término de ésos que parece profundo pero que, en realidad, no significa más que una sensación negativa hacia algo. De manera que si el humano medio opina que se puede o se deben eliminar esas «sensaciones negativas» que los animales acostumbran a sentir cuando son manipulados, coaccionados, violentados y asesinados… pues, ¡hala!, todo solucionado. ¿Verdad?

El humano medio, es decir, tú mismo, cualquier miembro de tu familia o tu vecino de enfrente, sólo suele cuestionar la forma en que se practican estos actos atroces y las consecuencias esperables que conllevan, en lugar de cuestionar mínimamente cuál legitimidad ética tenemos para acometer dichas aberraciones. Dicho humano acostumbra a creer que la explotación animal quede justificada apelando a la necesidad y suelta alegatos comunes del tipo «los animales no son humanos», lo cual no alcance siquiera el valor de argumento; sino que viene a ser la enunciación pedestre y grosera de una evidencia científica.

Sí, los humanos y los animales somos diferentes en muchas cosas, al igual que en humanos existen diferencias entre razas, etnias y sexos; la clave reside en que una diferencia biológica no legitima una discriminación moral. ¿De verdad resulta tan difícil de entender?

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Desobediencia civil contra la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Manifestación contra el especismo - Financiar la explotación animalManifestación contra el especismo. La desobediencia civil es una forma de activismo vegano —un deber circunstancial— para cuestionar la existencia de muchas leyes injustas que, por ejemplo, nos obligan a financiar la explotación animal y, en definitiva, la esclavitud animal.

El veganismo y los deberes circunstanciales

La mayoría de los artículos que aparecen en «Derechos Animales ya» se centran en explicar el veganismo, los Derechos Animales y su puesta en práctica. En éste, en cambio, quisiera lanzar algunas reflexiones sobre cómo podemos intentar ser lo más coherentes posibles como veganos en una sociedad no vegana.

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal. Para ser veganos basta con asumir el principio de igualdad y en rechazar, consecuentemente, toda forma de explotación animal. Sin embargo, un vegano en una sociedad no vegana contrae asimismo algunos deberes circunstanciales.

Esto sucede así porque si un vegano se conforma con no participar en la explotación animal y no hace nada por minimizar la explotación animal cometida por el conjunto de los demás seres humanos, se convierte en cómplice por defecto del entorno en el que vive. Uno de estos deberes circunstanciales es la desobediencia civil, por ejemplo, para no financiar al explotación animal.

Si el veganismo es un deber moral, ello implica forzosamente que todos los agentes morales deberían respetar a los animales. Ésta es la razón de por qué un vegano debiera convertirse también en activista. Cabe señalar, empero, que no se justifica bajo ningún concepto el uso de la coacción o de la violencia para luchar contra la explotación animal. Sin embargo, sí se justifican otras acciones no violentas que, aun siendo legalmente punibles, son éticamente justas.

¡Derechos Animales ya! - Corte administrativa suprema de LeipzigLas leyes no han hecho nunca más justos a los seres humanos. La esclavitud animal es legal y debemos luchar para que deje de serlo mediante activismo educativo y desobediencia civil. No es justo que a los veganos se nos obligue a financiar la explotación animal o a cometer otras atrocidades en nombre del estado.

La legalidad de la esclavitud animal

La esclavitud animal es legal. Los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes», por ende, pueden ser creados —criados—, almacenados —hacinados—, acondicionados —coaccionados—, manipulados —violentados— y desechados —exterminados— a nuestro antojo. Hemos llegado a esta situación aberrante como consecuencia de nuestro antropocentrismo, el cual, en referencia a los demás animales, se manifiesta en forma de especismo.

La ética —lo justo— y la legalidad —lo permitido— no van necesariamente de la mano. Recordemos que todas las grandes atrocidades de la historia fueron legales en su momento, como el caso de la esclavitud negra, entre miles de ejemplos enumerables. Las leyes no existen para educar ni para mejorar la sociedad; sino para perpetuar un statu quo y cohibir determinadas acciones según unos estándares ratificados por la sociedad general —si se trata de una democracia— o por un grupo de individuos con intereses propios. Creer que la legalidad ha de imponerse sobre la ética nos llevaría a una estructura social autoritaria —no garantista— en donde se vulnerarían las libertades individuales por intereses ajenos al individuo. Esto es lo opuesto a un sistema de derecho.

Si las leyes han cambiado históricamente es, precisamente, por la sociedad del momento se ha opuesto a ellas. Por tanto, nadie debiera escandalizarse ante el hecho de que yo u otro activista vegano promoviera acciones contra la legalidad vigente en favor de los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Estatua de la justiciaLa justicia debe aspirar a regirse por la exclusivamente ética. Forma parte de nuestros deberes circunstanciales como ciudadanos el oponernos a las leyes injustas que validan la esclavitud animal y que sólo representan los intereses de unos colectivos frente al de otros. Financiar la explotación animal responde, asimismo, a una injusticia de índole socio-económica; pues favorecer a determinadas empresas por intereses económicos.

El veganismo aplicado conlleva desobediencia civil

Apelando a la Wikipedia y a sus respectivas fuentes citadas, la desobediencia civil puede definirse como «cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos»:

Los actos de desobediencia civil buscan no la afirmación de un principio en la esfera privada, sino una llamada de atención a la opinión pública sobre el hecho de que una ley o política sancionadas por las autoridades están conculcando un principio de índole moral. En adición, «la desobediencia civil se debe dar a conocer a los representantes de orden público de una manera que se sientan identificados sobre la cuestión por la que van a luchar y sus fines deben ser públicos y limitados. Su objetivo manifiesto no puede ser el beneficio particular o económico; debe guardar cierta relación con una concepción de la justicia o del bien común».

La desobediencia civil, al contrario de como a menudo se plasma en los medios de comunicación por razones sospechosas, no es algo que —únicamente— ejerzan ciertos grupos fanáticos, reaccionarios o anarquistas. A lo largo de la historia, grandes pensadores y filósofos han ejercido algún tipo de desobediencia civil para presionar a los gobiernos y presentar a la sociedad unas acciones alternativas más justas que debieran estar referendadas en las leyes. Parémonos un instante a conocer a uno de los mayores pioneros de la desobediencia civil.

Fotografía de Henry David Thoreau - Pionero de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesHenry David Thoreau fue un pionero en la argumentación de cómo la desobediencia civil no es sólo un derecho; sino un deber del ciudadano para poner a prueba la salud de una democracia. Si hubiera vivido hasta nuestras días, quizás hubiera ejercido un activismo vegano.

Henry David Thoreau, un modelo de justicia coherentemente defendida

Un magnífico ejemplo que combina ética, justicia, coherencia y defensa ante los débiles lo observamos en Henry David Thoreau. Citando las palabras del activista Luis Tovar en un artículo suyo sobre Thoreau:

Una noción fundamental que encontramos en los escritos de Thoreau es la oposición radical a la esclavitud de los seres humanos. También estaba en contra de que el Estado forzara a sus ciudadanos a cumplir con el servicio militar o a pagar impuestos con los que luego financiaba tanto la esclavitud como la guerra. Es por esto que se considera a Thoreau como un pionero —tanto teórico como activista— del movimiento libertario y la desobediencia civil. Aunque no tenemos que ajustarnos a ninguna doctrina concreta para comprender la universalidad de las nociones morales que encontramos en la filosofía de Thoreau.

[…]

El progreso se consigue en el contexto moral y en nuestras actividades diarias. Esperar justicia por parte de las leyes y los gobernantes, cuando los principios morales no predominan en la propia sociedad civil, es esperar en vano. Las leyes simplemente recogen las costumbres más generalizadas o los intereses de los grupos más poderosos.

Recomiendo leer su artículo completo y los textos de Thoreau como fuente perpetua de inspiración para quienes pretendemos hacer del mundo un lugar mejor. Thoreau fue, sin lugar a dudas, un hombre que trató por todos los medios de ser coherente con su propio pensamiento. Llegó incluso a entrar en prisión por negarse a pagar impuestos con los que, según él, se fomentaba la esclavitud humana y la artificiosa guerra contra México.

Parafraseando ligeramente a Martin Luther King, me atrevería a decir que, de hecho, la mayor causa de las injusticias en el mundo no radica en los actos de la gente mala, sino tanto en la indiferencia como en la falta de coherencia de la gente bienintencionada.

Cartel de Martin Luther King - Defensor de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesMartin Luther King fue uno de los máximos exponentes de un activismo educativo basado en la no violencia. El activismo vegano debe enriquecerse de muchas de sus enseñanzas.

La desobediencia civil vegana contra la esclavitud animal

Una vez aclarado el significado y las implicaciones del veganismo en el contexto social actual; mencionada la diferencia entre legalidad y justicia; y citado a unos de sus máximos representantes, llega el turno de proponer algunas medidas de desobediencia civil vegana. Se trata de simples ideas o propuestas que, según el caso, podremos o no realizar con mayor acierto o perjuicio.

El objetivo de la desobediencia civil —como del activismo vegano en general— no es convertirnos en héroes o mártires por la causa —aunque alguno «se apuntaría a un bombardeo» por tal de convertirse en tendencia en las redes sociales, sino en dar a conocer la sociedad una serie de prácticas injustas que están amparadas en las leyes y en presionar a las autoridades para que conozcan nuestro descontento hacia dichas injusticias.

Las formas de desobediencia civil están, a menudo, vinculadas a nuestros trabajos, oficios, cargos y otros desempeños en sociedad. Por ejemplo, un veterinario puede verse en la tesitura de estar obligado legalmente a sacrificar a un animal a causa de las leyes injustas que existen sobre el sacrificio de animales «por el riesgo potencial de que sean un vector infeccioso» aun cuando no hayan mostrado síntomas de ninguna enfermedad. El código deontológico en la profesión veterinaria es una gran falsedad. Que un veterinario se niegue a hacerlo es una forma de desobediencia civil ante unas leyes claramente especistas.

A continuación me limito a citar algunas acciones de desobediencia civil relacionadas con los Derechos Animales:

  • De manera general e indeterminada, negarnos a ejercer cualquier acción contra los Derechos Animales que esté legalizada aun cuando sea nuestro trabajo o responsabilidad ejercerla. Aquí entra el ejemplo anterior del veterinario y otros millones de ejemplos potenciales, desde a un biólogo que, trabajando para el estado, le encarguen realizar un estudio sobre cómo cazar, pescar o capturar animales catalogados como «especie invasora» para asesinarlos hasta a un profesor de escuela secundaria que deba enseñar un temario en donde se diga que «necesitamos consumir productos de origen animal» o que «los humanos somos especiales».
  • Colocar carteles, panfletos y material activista en la propiedad pública (calles, plazas, paredes de edificios gubernamentales, etc.) aun cuando esté prohibido para acabar con la visión romántica de la esclavitud animal aun presente.
  • Manifestarnos en momentos y lugares prohibidos por razones incoherentes contra cualquier forma de explotación animal que se ha ejercido o va a ejercerse en nombre del estado y está sufragado por los contribuyentes.
  • No pagar la parte proporcional de los impuestos que van destinados a la explotación animal. Por ejemplo, aquí se incluyen los festejos taurinos y de otra índole en donde se explotan animales y, por supuesto, las subvenciones a explotaciones ganaderos y productos de origen animal.

Una aclaración acerca del activismo vegano y de la desobediencia civil

La desobediencia civil es moralmente legítima y su alcance público —y a veces mediático— puede ser útil para sacar a la palestra distintas injusticias que padecen los animales. Sin embargo, no debemos olvidar que la desobediencia civil, por sí sola, no constituye una forma de activismo vegano que eduque a la sociedad en el respeto que merecen los animales. La sociedad general no puede entender las bases de los Derechos Animales si sólo nos limitamos a contradecir las leyes.

La desobediencia civil puede ser bastante efectiva cuando ya existe una masa social que cuestiona unas leyes injustas tras haber asumido unos principios éticos determinados. Dado que esa situación todavía no existe en el caso del veganismo, hoy nuestro principal deber circunstancial es el de ser activistas educativos por la abolición de la explotación animal. La desobediencia civil es un extra, por así decirlo.

¡Derechos Animales ya! - Activismo de Anonymous for the voiceless contra la esclavitud animalFotografía del activismo de la organización bienestarista «Anonymous for the voiceless». Aunque no tan aberrante como el caso de otras instituciones, esta organización animalista —como tantas otras— cae en el error de enfocarse en el sufrimiento de los animales esclavizados en lugar de explicar la inmoralidad inherente de la esclavitud animal. En consecuencia, los receptores traducen en compasión en regulaciones sobre el uso de la propiedad en lugar de trasformarla en respeto. El activismo vegano debe centrarse siempre en la injusticia de que los animales sean nuestros esclavos. El trato que se les dé es el resultado de su esclavitud, no el origen.

El bienestarismo sólo sirve para financiar la esclavitud animal

Algún lector de este artículo podría llegar a la errónea conclusión de que las manifestaciones, protestas, marchas y otros actos promovidos por grandes organizaciones animalistas —como PETA— sean una forma de desobediencia civil. En absoluto. Si tomamos el adjetivo «civil», éste solamente cuadraría en este caso posponiéndolo a los sustantivos «fraude», «estafa» o «circo»: fraude civil, estafa civil y circo civil. No hay otra manera de definirlo atendiendo a las pruebas existentes.

Las grandes organizaciones animalistas no defienden los Derechos Animales; sino el bienestarismo. Aunque, claro, esto no lo dicen. De hecho, no explican nada. Sólo repiten mantras y convenciones sociales ya asumidas sobre el bienestar animal y promueven sellos de «carne ética». El bienestarismo, llevado a la práctica, consiste en regular la forma en que explotamos a los animalesla forma en que ejercemos la esclavitud animalpara, según sus proponientes, minimizar el sufrimiento de los animales.

El bienestarismo no implica desobediencia civil por la simple razón de que no se opone de ninguna manera al statu quo. Así ocurre porque los artífices del bienestarismo en la actualidad —las grandes organizaciones animalistas— explotan la existencia de la explotación animal y se lucran de la miseria animal mediante campañas fraudulentas destinadas a recaudar fondos mientras engañan a sus socios y donantes haciéndoles creer que hacen algo en favor de las víctimas. Es imposible defender a los animales mientras se participa en la explotación animal y se perpetúa el sistema que los oprime.

Los bienestaristas, inspirados en el filósofo Peter Singer, no desean el cese de la esclavitud animal; sino que aspiran a regular la esclavitud animal de modo que satisfaga la necesidad de los consumidores de obtener placer y beneficios asociados a la explotación animal sin sentirse culpables por las aberraciones en las que incurren a diario.

¡Derechos Aniamales ya! - Manifestación en Polonia - Desobediencia civilManifestación por la justicia en Polonia. El activismo vegano debe tomar las calles: primero para educar y, después, para presionar a los gobiernos.

Conclusiones generales

El activismo vegano es un deber circunstancial a tenor de la sociedad actual en que vivimos. Si nos importa la justicia hacia los animales, no basta con que únicamente nosotros —a título personal— seamos justos con ellos. La desobediencia civil se convierte en un forma de activismo para elevar a la opinión pública el hecho de que las leyes que rigen nuestros países son especistas y aberrantes contra los animales. Debemos ejercer un activismo educativo que, paulatinamente, pueda combinarse con acciones de desobediencia civil en pro de la justicia. Ante todo, hemos de mantener un ojo pegado a la ética de nuestras acciones para no cometer los mismos errores que condenamos.

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La domesticación, la selección artificial y sus efectos

¡Derechos Animales ya! - Buceador junto a una mantarraya - Especismo en la cienciaLa ciencia actual está muy condicionada por el especismo. A través de la domesticación y de la selección artificial hemos esclavizado a los animales. Los pocos animales salvajes que todavía quedan se libran, de refilón, de la endogamia impuesta por el ser humano sobre los animales domesticados.

El especismo científico

Un biólogo investigador, experto en el campo de la domesticación animal, trató de humillarme en Twitter —sin expresar ningún argumento, dejándome a merced de sus seguidores (o palmeros)— ante mi afirmación de que la domesticación podría definirse como «el proceso de endogamia forzada por el cual el ser humano ha seleccionado y manipulado a los demás animales para disponerlos como recursos para sus fines. Es la consecuencia de un fenómeno de cosificación».

Quizás recurrió a la ridiculización y al insulto fácil porque no sabía que yo también era biólogo. Este señor, como doctorado, posee un nivel de conocimientos y de especialización mayor en su área. Sin embargo, eso no lo vuelve inmune de incurrir en el efecto Dunning-Kruger, es decir, sus altos conocimientos no le impiden caer en la creencia irracional de que siempre llevará razón en su campo de estudio o de que tenga suficiente conocimientos para refutar o contraargumentar en otros campos —como en filosofía, antropología, historia o Derechos Animales—.

Los prejuicios morales, junto con los conflictos de intereses personales y colectivos, constituyen uno de los pilares del antropocentrismo. Y una interpretación sesgada de la naturaleza nos lleva a tratar de excusar la explotación animal apelando a la falacia naturalista. La ciencia es objetiva en sí misma. Sin embargo, al estar construida por seres humanos, no queda libre de prejuicios especistas camuflados de objetividad.

Sin más preámbulos, en este artículo quisiera definir y reflexionar acerca de la domesticación desde un punto de vista biológico y filosófico, y ofrecer mis propios juicios sobre la selección artificial y, en sentido amplio, la manipulación humana de animales como fruto del antropocentrismo.

Los animales domesticados son los actuales descendientes de animales salvajes que fueron separados, confinados, manipulados y asesinados por el ser humano. Lejos de conformarnos con esclavizarlos a nivel de «individuo», los hemos esclavizado como «colectivo» o «raza» al condicionar sus caracteres por selección artificial para volverlos dóciles e, hipotéticamente, también menos inteligentes.

¿Qué es la domesticación?

Desde un punto de vista biológico, la domesticación es un proceso artificial —ejercido o condicionado por el ser humano, elemento antrópico— consistente en la selección de animales con unos rasgos biológicos determinados —o, en la actualidad, su inclusión genética— que ingenió nuestra especie desde los albores de la civilización para mejorar e incrementar los beneficios obtenidos por medio de la explotación animal. Desde antaño, tales ganancias se traducen en recursos y dinerobienes materiales y bienes abstractos—. Por ejemplo, seleccionar a aquellas vacas con las ubres más voluminosas y que segregaran más leche aumentaba la producción de dicha sustancia y, a mismo tiempo, el rendimiento económico del ganadero.

El mismo caso aconteció con infinidad de especies animales: cerdos más gordos al nacer y que engordasen más rápido, caballos más pesados o rápidos según a cuál fin se los vinculase, o toros que, supuestamente, fuesen más agresivos de lo esperado para un animal herbívoro con el fin de que los humanos —«la raza superior»— pudiera divertirse mediante la tauromaquia u otros festejos que son una recreación festiva de la dominación humana. Hoy, por fortuna o desgracia de los avances científicos en genética, la selección artificial llega al nivel de que se insertan genes alóctonos y perjudiciales para sus vidas con tal de incrementar la productividad.

La domesticación, por definición, implica la selección de caracteres beneficiosos para el ser humano, no para el animal de turno. La aparición de un fenotipo beneficioso para el ser humano requiere conseguir que los ejemplares sean de «raza pura», es decir, que sean homocigóticos para el carácter deseado. Un animal homocigótico o de «raza pura» para uno o más caracteres es aquél que presenta todos sus alelos —variantes posibles de un gen— iguales para uno o varios caracteres.

Explicado de una manera simple, la domesticación requiere buscar animales que muestren unos caracteres deseados y que, al mismo tiempo, estos caracteres sean la única manifestación génica posible de los parentales para evitar que la aleatoriedad de los cruzamientos —originada por recombinación génica— genere híbridos —animales con más de un alelo diferente para un mismo carácter— sin los caracteres deseados.

Es tal el grado de cosificación, que por boca de ecólogos, he llegado a oír que los animales esclavizados como «ganado» —el propio término despierta connotaciones negativas— constituyen «microhábitats» de la biodiversidad para moscas, tábanos, bacterias y endoparásitos. Yo, en esta fotografía, sólo veo la parte del cuerpo de un animal. Las funciones que pueda desempeñar un animal por su existencia en la naturaleza no deben reducir al animal a ser un mero elemento del paisaje.

Relación entre domesticación y endogamia

Cruzando animales que sean razas puras para los caracteres deseados, el ser humano se asegura de que su descendencia, en teoría —a menos que lo impidan la expresión de otros genes—, manifieste fenotípicamente dichos caracteres deseados. Debido a que la presencia de caracteres homocigóticos aumenta dentro de una población animal seleccionada por el ser humano —como consecuencia de la domesticación— la domesticación conlleva, inherentemente, un incremento de la endogamia —del parecido genético— entre los animales seleccionados y reproducidos con el fin de mantener dichos caracteres.

El concepto de «endogamia», con ligeras variaciones según de la fuente tomada, aparece definida usualmente como «la acción y el efecto del cruzamiento o la reproducción entre individuos con un parentesco genético». En veterinaria abundan los artículos académicos sobre animales esclavizados como ganado en los que analizan sus tasas de endogamia. Por ejemplo, enlazo esta tesis doctoral sobre la tasa de endogamia en la ganadería vacuna mexicana para la raza «beefmaster», nótese que los humanos somos jocosos incluso a la hora de nombrar a nuestros esclavos. Que la domesticación conduce a la endogamia no es un misterio de la ciencia. Por este hecho, los veterinarios cómplices de la industria ganadera deben analizar de cuando en cuando la tasa de endogamia de su ganado esclavizado.

Verdades y mitos sobre la domesticación

La endogamia en animales —como en humanos— genera enfermedades por taras genéticas y los vuelve más susceptibles a otras. La selección artificial ha creado y crea animales deformes y enfermos. Esta razón, unida al hacinamiento o incluso a la introducción intencional de genes dañinos para su salud, hace que los animales esclavizados requieran una gran cantidad de medicamentos.

Por otra parte, existen muchos mitos sociales sobre los efectos de la domesticación. En algunas ocasiones, incluso aparecen divulgados sin pudor en libros académicos de filosofía, derecho o incluso de veterinaria. Se alega a menudo que las especies domesticadas por el ser humano carecen de la capacidad o fortaleza de sobrevivir en la naturaleza aun cuando existen especies asilvestradas de prácticamente de todas las especies domesticadas; las cuales reciben la etiqueta de «plaga» y acaban siendo asesinadas cuando molestan a las poblaciones humanas adyacentes.

A menudo se cree que la docilidad hacia el ser humano implica indefensión frente al medio natural. Que un animal se muestre dócil no significa que, en en condiciones naturales, no sepa sobrevivir o adopte estructuras sociales complejas aunque nunca las haya conocido. Los animales no somos una tabla rasa ni la domesticación es capaz de sobrescribir millones de años de evolución.

En estos casos se observa una dualidad entre ignorancia y racionalización. La sociedad general asume que no pueden vivir sin nosotros con la intención interiorizada de justificar el dominio que ejercemos sobre ellos o, al menos, su tenencia en nuestros hogares porque así nos beneficiamos. Por fortuna, la selección artificial es reversible si obra de nuevo la selección natural, bastan unas pocas generaciones de selección natural para que reviertan la mayor parte de las taras génicas debidas a la endogamia. Esto rompe el mito social —también común entre veganos— de que los animales domesticados siempre serán dependientes de los humanos para sobrevivir.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoHasta la fecha están relativamente bien estudiados aquellos rasgos más característicos en las especies domesticadas y en sus respectivas razas como fruto de la selección artificial. Un ejemplo llamativo de carácter obtenido como consecuencia de la domesticación —y propagado mediante endogamia— reside en la mancha blanca que exhiben los bovinos e incluso en équidos. Se estima que ciertos genes cuya expresión modulan la agresividad también intervienen en la secreción de melanina, al menos, en estas especies. En consecuencia, la selección de aquellos ejemplares —individuos— más dóciles ha causado que éstos también exhiban una mancha blanca sobre sus frentes.

Mi argumentación para definir la domesticación

Mi definición de la domesticación —expuesta al comienzo de este artículo— es una simple inferencia secuencial de proposiciones: Si la domesticación (A) aumenta la presencia de caracteres homocigóticos (B) porque se basa en la selección de parentales con caracteres homocigóticos, y la presencia de caracteres homocigóticos (B) incrementa la tasa de endogamia (C) porque se requiere mantener cruzamientos entre animales con caracteres homocigócitos —con parentesco génico— para la continuidad del fenotipo deseado, ergo, la domesticación (A) conlleva un aumento de la tasa de endogamia (C) dentro la población dada.

Si la domesticación, por ende, es un proceso que conduce inevitablemente a la endogamia, y la endogamia no se produce voluntariamente en los animales esclavizados —porque ellos, los parentales, no eligen la pareja por selección natural—, es legítimo entonces añadir el adjetivo o epíteto «endogamia forzada» para indicar así que la domesticación es un proceso de endogamia forzada.

De hecho, me atrevo a afirmar sin reparos que la domesticación es un proceso triplemente forzado:

  1. Forzado porque nosotros —los humanos— imponemos nuestra voluntad e intereses sobre la voluntad e intereses de los animales domesticados.
  2. Forzado porque la reproducción artificial —base de la domesticación—, conlleva el uso inherente de la violencia para sujetar, atar, controlar, inmovilizar, separar o dirigir a los animales sementales y a las hembras destinadas a la procreación, ya sea para una cópula natural o una recogida de semen y posterior inseminación artificial.
  3. Forzado porque los animales parentales no eligen a sus parejas ni ningún otro elemento que altera y modula el desarrollo de sus vidas y de la de su descendencia.

En conclusión, por mucho que este biólogo sea experto en el campo de la domesticación, ha optado por intentar una refutación sin argumentos porque posiblemente no tiene argumentos con que refutar esta argumentación sobre que la domesticación causa endogamia. Quizás le haya sorprendido mi uso intencional de los términos en rechazo al especismo y la vehemencia con que me expreso —eso me comentaron cuando presenté mi TFM—, pero este rasgo —originado en mi caso por una selección natural sin muchos de los filtros naturales— no constituye una incorrección científica.

Lo más grave del comportamiento de muchos «expertos» reside en que su arrogancia convierte su talento potencial en manifestaciones de irracionalidad. En ausencia de contar con los argumentos de este biólogo, considero que lo expuesto hasta el momento en este artículo es coherente y científicamente correcto.

Como ocurre en las plantaciones agrícolas, los animales domesticados deben soportar el hacinamiento por una simple razón de máximo aprovechamiento del espacio. A los humanos nos nos importan sus intereses inalienables y que, a diferencia de las plantas, necesiten moverse. Cuando muchos animalistas dicen luchar para mejorar las condiciones de su crianza y explotación, lo que buscan es calmar su propio sufrimiento causado al ver a tales víctimas como un alter ego. Poco importa si se les deja más espacio —algo que ocurre si el ganadero logra por ello una revalorización del producto—, el asunto fundamental radica en que son nuestros esclavos y no debieran serlo.

¿Una visión filosófica sobre la dominación humana?

Hasta ahora, este artículo ha intentado ahondar en el concepto de domesticación desde un punto de vista biológico. Sin embargo, la propia ciencia se asienta sobre la filosofía para establecer la lógica de sus axiomas. ¿Por qué no verter asimismo algunas reflexiones filosóficas sobre el fenómeno de la domesticación?

Podría comenzar argumentando que la palabra «domesticación» es, en sí, un eufemismo para referirnos a la simple y llana esclavitud, es decir, al estado y proceso por el cual un sujeto queda subyugado a la voluntad de otro. Los animales domesticados son esclavos del ser humano en el sentido estricto del término. Y el concepto de «endogamia forzada» no significaría otra cosa que la selección artificial —control reproductivo— sobre una población sometida a la domesticación.

Cualquier lector podría señalar que la domesticación no es un proceso que ocurra exclusivamente en animales. Y es cierto. No obstante, sólo podemos juzgar —y condenar— moralmente la domesticación ejercida sobre los animales porque únicamente los seres vivos que conformamos dicho clado podemos ser personas a raíz de la posesión de células nerviosas.

Aquellos seres que poseemos células nerviosas llegamos a desarrollar interesesnecesidades conscientes— y conciencia. Las bacterias o las plantas —tan recurrentes cuando hacemos activismo— no poseen intereses ni conciencia. Por tanto, la domesticación es un fenómeno injusto y aberrante: injusto porque quebranta la justicia al hacerles a otros aquello que no quisiéramos para nosotros y aberrante porque el ingenio humano aplicado a ésta conduce a causarles todo tipo de miserias, desgracias, sufrimiento y muerte.

Hipótesis propias sobre la domesticación, la selección artificial y sus efectos

Desde que apenas iniciaba mi formación en el veganismo y los Derechos Animales, se me ocurrieron algunas hipótesis que relacionaban mis estudios en biología con los grandes interrogantes e inquietudes que despierta el conocer que toda nuestra vida nos han mentido al decirnos que está bien explotar a los animales o que necesitamos hacerlo por nuestra salud. A continuación se presentan algunas ellas en lo tocante a la domesticación, la endogamia y sus efectos o consecuencias:

¡Derechos Animales ya! - Oveja con mirada curiosa e interesanteNo nos gusta considerarnos iguales a aquellos que hemos esclavizados y esclavizamos a los animales en un pasado por no considerarlos iguales a nosotros en un sentido moral.

Relación entre domesticación y esclavitud humana

Conforme leía sobre Derechos Animales y el abolicionismo de la esclavitud negra en obras excelentes como «La cabaña del tío Tom» —ahora desdeñada en las universidades de ‘humanidades’ y por los movimientos identitarios de izquierda porque la escribió una autora blanca—, desarrollé la hipótesis de que la domesticación fue uno de los detonantes o auspiciadores de otras prácticas amparadas en prejuicios análogos y formas de discriminaciones morales entre humanos. Aunque en un principio creí que era el único, otros autores ya habían postulado hipótesis y varias pruebas contundentes en sociología y antropología que relacionan el prejuicio moral del especismo con otros prejuicios morales que desembocan en el racismo o en el sexismo.

En referencia al feminismo, la autora Anna Charlton señalaba en su libro «Las mujeres y los animales»:

Se ha mantenido que la subyugación y la domesticación de los animales proporcionó el prototipo para la subyugación de grupos de humanos, ya sea mediante la esclavitud, el sexismo o el prejuicio basado en la raza, la pertenencia a un grupo étnico o la orientación sexual. En la esfera de la discriminación en contra de las mujeres, el reconocimiento de la reciprocidad de la identificación entre las mujeres y los animales ha sido clara.

Y, en referencia al racismo, según explica el autor Charles Patterson, en su recomendadísima obra «Eternal Treblinka» —tendría que citar toda la obra—, el holocausto nazi consistió esencialmente en aplicar a otros humanos aquellos métodos de matanza industrial que empezaban a utilizarse para asesinar masivamente a animales no humanos, a raíz de las crecientes demandas poblacionales que se dispararon en Occidente desde comienzos del siglo XX.

En Eternal Treblinka se argumenta que el supremacismo humano se impuso como ideología dominante desde que los humanos bajamos de los árboles y que, acorde establecíamos una racionalización de la supremacía humana para justificar la explotación animal que ya cometíamos —como previos animales menos racionales—, este argumento endogrupal nos permitió excusar y tranquilizar nuestras propias conciencias al esclavizar también a otros humanos apelando a que sus rasgos se parecían más al de los animales que al nuestro grupo.

A lo largo de sus páginas, Eternal Treblinka lanza un intenso repaso sobre algunos momentos decisivos que han moldeado la civilización humana hasta llegar a la domesticación de los animales y otras formas de violencias institucionalizadas que resultan de la racionalización de discriminaciones morales. Entre el holocausto nazi y el holocausto animal sólo existe una diferencia de especie, una diferencia de especie que convierte a muchos defensores de los Derechos Humanos en negacionistas de un holocausto mayor en cifras y más presente.

A partir de estos autores y de compañeros tan bien formados y eruditos, como Luis Tovar o Igor Sanz, me he sentido a hombros de gigantes. Gracias a ellos y junto con una formación complementaria en literatura, he ido desarrollando una serie de hipótesis entre los prejuicios morales y el fenómeno de la alteridad, la estética en el arte, el concepto de lo sublime y las características del monstruo literario como reflejo de la división categórica entre el «yo», el «grupo» y el «no-grupo» en el contexto de los condicionantes biológicos y culturales de la explotación animal. Puede leer sobre este tema en mi artículo: «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana».

¡Derechos Animales ya! - Cerdos y gallinas junto a los establos de una granja - DomesticaciónQuizás, si los humanos tuviésemos una esperanza de vida más baja que la de la mayoría de los animales, la domesticación se habría visto limitada por nuestra propia percepción del espacio-tiempo. Poco importa lo bien que podamos tratarlos, su condición y final son siempre los mismos.

Relación entre la esperanza de vida de explotador y explotado

Otro lector podría argumentar que la esclavitud humana no ha conllevado una selección artificial de los individuos esclavizados; pero opino que esto no ha ocurrido por varias razones ajenas al propio fenómeno de la esclavitud. Un punto importante para estudiar la domesticación biológica radica en que los humanos contamos con una larga esperanza de vida en comparación con otros animales.

Por ello, cabe tener en cuenta que el ser humano puede influir y sobrevivir a varias —o incluso decenas de— generaciones de ratas, conejos, perros, caballos y de otros animales; pero no contamos con esta percepción de «omnipresencia temporal» respecto a las vidas de otros humanos. Así pues, por ejemplo, haber seleccionado a los negros más fuertes durante la época colonial habría sido una tarea ardua y sin resultados visibles. Por fortuna, ningún imperio esclavista ha durado lo suficiente como para que una hipotética domesticación humana hubiera llegado a acontecer.

La relación entre la esperanza de vida entre explotador y explotado nos lleva a pensar que si, por el contrario, los humanos tuviéramos una esperanza de vida menor al de otros animales, nuestra limitación espacio-temporal hubiera mermado o anulado el propio surgimiento de la domesticación. Basta con señalar que no existe ningún animal domesticado cuya esperanza de vida sea mayor que la de un ser humano. Si bien, no debemos desdeñar que la esperanza de vida de los animales domesticados quizás haya sufrido una merma considerable respecto a sus contrapartes salvajes como fruto directo o indirecto de la selección artificial.

¡Derechos Animales ya! - Cráneo de búfalo¿Hubiéramos reproducido o dejado reproducirse a algún animal que, por alguna mutación, fuese más inteligente que el resto? La inteligencia otorga poder. Los humanos somos más poderosos que los animales raíz de nuestra cognición. Nunca permitiríamos que ningún otro animal nos igualase y lo impediríamos mediante selección artificial si así ocurriere. Ésta es una de las razones por las cuales el ser humano, por antropocentrismo, se negaría a reconocerles derechos a las inteligencias artificiales.

Relación entre domesticación e inteligencia

Un aspecto que me inquieta, y quizás sea muy difícil de llegar a demostrar científicamente, es si la domesticación ha causado un decremento en la inteligencia de los animales domesticados. Como he argumentado antes, la domesticación consiste en la selección artificial de caracteres en beneficio humano.

Cuando los rasgos se seleccionan mediante selección natural, la inteligencia, como cualquier otro fenotipo, depende de una serie de genes con sus diferentes «jerarquías» y «expresiones epigenéticas» —cambio en la expresión génica modulada por el medio ambiente—. Si se producen algunas mutaciones que afectan a la expresión global de la inteligencia, —ya sea porque alteran la estructura del encéfalo o posibilitan otras modificaciones anatómicas, morfológicas o fisiológicas que causan una «reconfiguración cerebral— y, a su vez, estas mutaciones llegan a fijarse en la población —al situar el éxito reproductor por encima de la media en la población considerada—, una población animal podría ver aumentada su inteligencia a lo largo del tiempo. Para afirmar esto, apenas me he limitado a indicar cómo ha podido desarrollarse algo que ya sabemos que nos ha sucedido a nosotros.

En cambio, en los animales sujetos a la selección artificial, el fenotipo está modulado por los intereses humanos y nuestra especie genera una «presión selectiva» —un filtro, hablando coloquialmente— contraria a aquellos fenotipos que se enfrentan a los intereses humanos. Si consideramos que una mayor inteligencia se expresa en forma de un animal con mayores capacidades para evadir al ser humano y resistirse ante su manipulación y violencia, entonces podríamos aducir que la inteligencia animal se convierte un rasgo seleccionado negativamente bajo selección artificial.

Los propios centros que se dedican a la crianza de animales para la investigación en laboratorios saben que resulta más fácil «operar» con ejemplares más «dóciles». Ocurre que quizás no se han planteado o no quieren plantearse que algunas de aquellas formas de lo que ellos llaman «agresividad» —una simple defensa propia ante la privación de libertad y un atentado sistemático contra su integridad física y mental—, esté tal vez, en algunos casos, motivada por una mayor cognición en lugar de ser el mero resultado de unas respuestas instintivas.

Si deducimos a partir de estas hipótesis, podemos concluir que, desde los albores de la domesticación, aquellos animales con fenotipos más inteligentes irían apareciendo en menor grado hasta quedar relegados, muy posiblemente, a tener alelos recesivos. El antropocentrismo, pues, no causa únicamente el exterminio de cualquier animal salvaje, sino que atenta directamente contra cualquier rasgo que beneficie a los esclavos frente a su dominador y ello se traduce en que los humanos operamos contra una posible evolución positiva de la inteligencia animal por parte de la selección natural.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoLos animales domesticados son esclavos: carecen de libertad y no respetamos su integridad ni sus vidas. Al igual que los esclavos humanos en la historia, están recluidos, encerrados y marcados —etiquetados con un código de barras— como un producto fabricado en serie. A pesar de los males que les causamos con la domesticación, cada uno de ellos sigue siendo un individuo único que muestra personalidad y deseos de libertad.

Conclusiones

La domesticación, mediante la selección artificial, ha reducido a los animales no sólo a la condición de esclavos; sino que los ha convertido en esclavos dóciles y con taras genéticas que pueden llevarlos a sufrir una vida miserable antes de ser asesinados en nombre del consumo o de la ciencia.

Los avances en la veterinaria, la etología y otras ciencias aplicadas demuestran que los animales son algo más de que lo perciben nuestros ojos por culpa del especismo. Hoy, la ciencia va despojándose tímidamente de prejuicios hacia los demás animales de la misma manera en que hace apenas unas décadas tuvo que despojarse masivamente de los prejuicios racistas y sexistas. Aunque me ilusionaría poder aportar como investigador a las ciencias biológicas, si me dedicara al campo de la zoología o de la etología encontraría obstáculos serios a causa de la incompresión y los prejuicios. De hecho, si apenas he escrito artículos sobre investigación científica es porque me siento como un aspirante a intelectual renegado de una ciencia gravemente influenciada por el especismo.

El mensaje vegano y a favor de los Derechos Animales está logrando penetrar en las distintas capas sociales. Pero, entretanto, los intereses particulares y colectivos referidos a la explotación animal luchan a diario por contrarrestar un progreso social inevitable mediante falacias, tergiversaciones, manipulación de la opinión pública y el lucro a través de socios, donaciones y promesas en lo tocante al «bienestar animal» para que el consumidor siga consumiendo con la conciencia tranquila. O bien, proponiendo medidas aberrantes que se basan en la propia cosificación de las víctimas, entre ellas, las castraciones sistemáticas e incluso el sacrificio —asesinato— de animales sanos.

En cada uno de nosotros queda tratar de comportarnos con justicia y ser lo más justos posible con los demás animales con quienes compartimos este planeta. El veganismo es la base de los Derechos Animales y poco a poco puede ir calando en la sociedadsin violencia ni excesos— si transmitimos bien información y argumentos como los aquí contenidos.

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Asesinato de animales como alimento para otros animales

¡Derechos Animales ya! - Dos gatos comiendo pienso cárnico en un cuenco - Asesinato de animalesLos humanos consideramos que los demás animales son simples objetos o recursos a nuestro servicio (especismo). En consecuencia, los «administramos» y discriminamos entre animales según la utilidad esperada. El asesinato de animales para alimento de otros es una realidad. Millones de ellos acabarán como piensos para animales de otras especies, otros tantos terminarán criados como alimento de especies en peligro de extinción en centros de cría o recuperación de especies y otros miles serán sacrificados por una razón de rentabilidad o como exhibición en zoológicos, acuarios y otros lugares.

Introducción

A menudo nos comentan a los activistas por los Derechos Animales que está mal decir «asesinar animales» porque sólo se puede «asesinar personas», lo cual es un argumento doblemente errado. Antes de comenzar esta disertación, conviene aportar una serie de argumentos sobre por qué es válido, correcto y justo hablar de «asesinar animales».

Asesinar, con independencia del diccionario que uno consulte, presenta acepciones más específicas que el verbo «matar» en alusión a la existencia de un sujeto que recibe la acción, así como a la intencionalidad y la premeditación de quien le quita la vida. Decir «asesinar animales» es correcto porque los animales también son sujetos y los humanos, en los casos descritos a continuación, les quitamos la vida con intencionalidad y premeditación derivadas de un prejuicio moral. Basta con eso para legitimizar tal uso aun cuando le suene mal a mucha gente porque tenemos cosificados moralmente a los animales y discriminamos entre ellos.

Asesinamos animales para alimentar a otros animales

Al igual que vemos a muchos animales como alimento para humanos, también llegamos a discriminar entre animales y a pensar que algunos animales existen en la Tierra con el único propósito de alimentar a otros. Tal creencia procede de la llamada «falacia naturalista», la cual podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser».

Este artículo es una ampliación de otros ya escritos sobre manifestaciones del especismo, el especismo en la ciencia, el especismo ecologista, creencias y prejuicios entre animalistas y ecologistas, y la gestión ambiental. Por tanto, se evitará repetir en la medida de lo posible y se recomienda consultar los diferentes enlaces para ahondar en cada punto mencionado. En este caso, el artículo presente hará hincapié en las que, a mi juicio, son las tres formas de explotación animal más comunes cuando se destinan animales a alimentar a otros animales.

Los tres casos más comunes de asesinato de animales como alimento para otros animales son:

  1. El asesinato de animales considerados como «ganado» o «de granja» para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos» por medio de piensos cárnicos.
  2. El asesinato de animales considerados como «presas» de una especie predadora para su mantenimiento en cautividad o en peligro de extinción para favorecer el crecimiento de su población.
  3. El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables» para reducir costes de mantenimiento, «equilibrar ecosistemas» o «educar en el ciclo de la vida».

¡Derechos Animales ya! - Dibujo de gato que desea comerse un pavo Discriminar entre animales carece de justificación lógica y ética. Si un gato viviera en un hábitat apropiado y obtuviese su propio alimento, no nos concerniría que cazara. Sin embargo, si un animal vive con nosotros, debemos responsabilizarnos de sus acciones y de su alimentación siguiendo exactamente la misma ética que con nuestros hijos. Por ende, en lugar de alimentarlos con los típicos piensos para animales hechos con carne, debemos de alimentarlos con piensos 100% vegetales.

El asesinato de animales para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos»

El caso más típico y usual es de alimentar a perros y gatos con piensos para animales hechos con carne porque los humanos vemos a los «peluditos» como animales que merecen vivir para darnos compañía; mientras que catalogamos a vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, y un largo etcétera, como «animales de granja» cuyo único fin es ser criados, engordados, hormonados y manipulados por todos los medios posibles para servir como alimento a humanos y a aquellos animales que nosotros consideremos como más valiosos, bellos o admirables. Este hecho —que reduzcamos a ciertos animales a ser la carne de otros animales— sirve para demostrar que no es coherente hablar de «carnismo», sino de simple y llano especismo.

Es injusto e injustificable que asesinemos a unos animales para alimentar a otros simplemente porque nos caen más simpáticos o los consideremos «de la familia». ¿Acaso las vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, etc., no desean vivir? El «bienestar animal» no existe para aquellos animales que tienen etiquetado en una oreja el día que irán al matadero. Como se explica en este artículo previo, se trata de un ejemplo de especismo de preferencias. Los piensos para animales puede ser 100% vegetales sin riesgo para su salud ni implicar ningún tipo de explotación animal.

No valen las excusas ni nadie, por muchas manifestaciones o vigilias a las que vaya, es vegano o vegana mientras considere que hay víctimas de primera y de segunda, y vea a unos animales como simples recursos para otros alegando que «así es la naturaleza». Ya me imagino a algún feminista excusando las violaciones sufridas por mujeres alegando que los leones violan a las hembras de su especie. La doble vara de medir del animalismo especista en todo su esplendor.

¡Derechos Animales ya! - Delfín con mandíbula entreabiertaDiscriminamos entre animales según la simpatía que nos causan. Los delfines y otros animales carnívoros que están esclavizados consumen como alimento a distintos animales, criados muchas veces en sus propios centros explotadores.

El asesinato de animales para alimentar a animales predadores

Ni siquiera en la universidad se cuestiona el dogma de que sea coherente discriminar entre animales y de por qué destinamos a unos para un fin y a otros para un fin distinto. Recuerdo aquellos días, durante mis estudios en la facultad, en que nos enseñaban a calcular cuántos ejemplares de una especie «presa» había que criar por unidad de tiempo para alimentar a un predador. Dicho predador podía ser un lince ibérico criado en un centro de recuperación de especies (o «centros para la manipulación de especies con fines especista-ecológicos»), un cocodrilo hacinado en una granja peletera o un delfín explotado como «bufón» en un acuario.

A modo de ejemplo, en el examen me tocó calcular cuántas lagartijas había que criar para alimentar a una serpiente metida en el terrario de un zoológico. Pues, al parecer, los humanos consideramos justificable no sólo el tener a un animal metido en un caja de cristal para que un público variopinto y vulgar acerque sus mugrientas caras enchurretadas; sino que también vemos bien eso de confinar animales en otra caja con la única finalidad de reproducirse y echárselos vivos a la serpiente.

El caso de los animales asesinados para alimentar a predadores es, al mismo tiempo, de los más comunes en la explotación animal y de los menos mentados, tanto por animalistas particulares como por las grandes y fraudulentas organizaciones animalistas. Cuando tales organizaciones convocan manifestaciones a las puertas de un zoológico o acuario, nunca, nunca, nunca, se acuerdan de los cientos o miles de animales que se encuentran cerrados al públicos para alimentar a los predadores. Sus «victorias» son mera propaganda. Buscan llamar la atención y acaparar doinaciones. Los animales les importan en la medida en que les granjeen dinero. Todos los bienintencionados animalistas piden libertad para los delfines y otros cetáceos mientras les dan olímpicamente igual las sardinas u otros animales que están en el mismo recinto para ser comidos por los primeros. Sirva esta mención como evidencia de lo confundido y la carestía de razón que existe dentro del mal llamado «movimiento animalista».

Jirafa sacrificada en zoológico de DinamarcaEl asesinato de animales como alimento para otros animales adquiere a veces matices que rozan la más absoluta aberración. Hace un tiempo, un zoológico de Dinamarca decidió sacrificar a una cría sana de jirafa y montar un espectáculo para que adultos y niños vieran cómo la anestesiaban, degollaban y descuartizaban por no ser un perro, un gato y, ni mucho menos, un humano.

El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables»

Relacionado directamente con el punto anterior se halla el asesinato de animales porque «sobran» en una explotación o industria determinada. Este caso se extiende desde la matanza y sacrificio de animales sanos de un zoológico para dárselos de comer a otros animales, a ejemplos más generales como el de camadas de determinados animales que han salido más numerosas de lo esperado y no entran en el presupuesto de mantenimiento.

Hace cierto tiempo, como bien señaló el activista Igor Sanz, hubo un escándalo por el asesinato de una cría de jirafa en un zoológico de Dinamarca. Si la propia descripción de los hechos y las excusas del zoológicos ya son, de por sí, repugnantes, todavía mayor repugnancia me causa leer en ciertos medios de comunicación algunas explicaciones sensacionalistas. La BBC se llevó la palma al trivializar el fragrante especismo de asesinar a una cría de jirafa por dinero alegando que «fue condenada a muerte por sus genes». No, amigos de la BBC, fue condenada a muerte por el especismo de quienes gestionan el zoológico y el vuestro al escribir semejante basura.

También se incluye en esta categoría a aquellas intervenciones humanas destinadas a mermar o exterminar adrede una población animal al catalogarla como «especie invasora» o porque atenta contra los intereses económicos de la ganadería. De tal forma, «solucionan dos problema a la vez», se quitan un estorbo de encima y les sacan rédito de otra manera.

Conclusión

Discriminar entre animales y los asesinamos sistemáticamente según fines predispuestos para ellos. Existe una discriminación sistemática entre animales derivada del especismo que nos lleva a considerar que unos animales existen como simple alimento para otros. No puede haber ningún tipo de justicia para los animales mientras a la sociedad general le parezca normal la existencia de una visión jerarquizada de la naturaleza en la cual nosotros nos autocolocamos en el centro y discriminamos entre animales según nuestra conveniencia.

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¡Derechos-Animales-ya-Esquema-que-explica-la-falacia-naturalista

La falacia naturalista como argumento para excusar la explotación animal

Esquema de la falacia naturalista para excusar la explotación animalLa falacia naturalista consiste en la confusión entre el ser y el deber ser. Desde tiempos inmemoriales se ha empleado para excusar la explotación animal y el consumo de animales. Para profundizar en la ética kantiana y cómo refutó al relativismo de Hume respecto a la falacia naturalista, recomiendo estas diapositivas didácticas.

¿Qué es la falacia naturalista?

La falacia naturalista es una de las falacias dialécticas más usuales y omnipresentes para excusar la explotación animal. De un modo sencillo, esta falacia podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser». Ocurre cuando los seres humanos observamos qué ocurre en la naturaleza y lo usamos como argumento para excusar nuestras acciones. Se trata de una falacia —argumento inválido— doble. En primer lugar, que algo ocurra en la naturaleza no significa que sea bueno o malo. Y, en segundo lugar, que algo suceda en la naturaleza no significa que «deba» ocurrir ni que debamos imitarla.

La naturaleza es un ente abstracto conformado por la existencia y acciones continuas de millones de organismos amorales. Los seres humanos con plenas facultades, a diferencia de otros seres, sabemos distinguir el bien del mal y somos responsables de nuestros actos. Y, en segundo lugar, la falacia naturalista se convierte en un arma antojadiza cuando el ser humano sólo se basa en la naturaleza para tratar de justificar aquellas acciones que le conviene, como comer carne, explotar animales bajo el argumento de hacerlo con bienestar animal o subyugarlos de todas las formas posibles.

En cambio, a nadie se le ocurriría —o no públicamente— apelar a la naturaleza para excusar las violaciones, el infanticidio o la esclavitud humana apelando a que hay animales que violan a miembros de su especie, que los esclavizan y que matan a sus crías propias o a las de otros congéneres. Para tales casos, la naturaleza pasa de ser un ejemplo de virtud moral al que imitar —para situarnos en la cúspide de la «cadena alimentaria»— a algo hostil, aberrante e irracional del que debemos despegarnos en pos del progreso social. Curioso… ¿no?

Manifestaciones habituales de esta falacia

Partiendo de su definición básica «la confusión entre el ser y el deber ser». La falacia naturalista se manifiesta cotidianamente de múltiples maneras y en contextos muy heterogéneos para excusar la explotación animal. A veces aparece como argumento unitario y, otras, como una falacia envuelta entre muchas otras. Básicamente, nos sirve a los seres humanos como comodín para justificar todos nuestros prejuicios inculcados desde la niñez (especismo). En los siguientes puntos se resumen algunas de las excusas habituales amparadas o basadas en la falacia naturalista junto con algunas explicaciones de por qué carecen de siquiera un sentido lógico o —concretamente— científico.

¡Derechos Animales ya! - Cadena alimenticia con el ser humano en el centro - Falacia naturalista de que sea natural el consumo de animalesÉsta es la interpretación humana de la «cadena alimenticia» por apelación a la falacia naturalista. Básicamente es un reduccionismo de nuestro profundo antropocentrismo para justificar el consumo de animales.

La falacia naturalista para justificar el consumo de animales

La sociedad parece empecinada a creer que si algunos animales —una minoría sobre el conjunto total— depredan y comen a otros animales, entonces está bien que nosotros hagamos lo mismo. La mayor parte de los animales del mundo son consumidores primarios —herbívoros— por una razón de termodinámica: las plantas y otros organismos autótrofos generan energía y la mayor parte de la energía sólo puede aprovecharse si se toma directamente de tales organismos.

Un animal carnívoro sólo llega a aprovechar en torno al 10% —o menos— de la biomasa acumulada por el animal herbívoro porque éste invierte la mayor parte de su energía consumida en la homeostasis. Por ello, siempre los animales carnívoros son y serán una minoría frente al total; pues no disponen de energía para que sus poblaciones alcancen proporcionalmente el mismo acúmulo de biomasa, y se alimentan naturalmente de otros animales como parte de la selección natural; la cual, en términos ecológicos, tiende hacia la maximización del aprovechamiento de la energía.

La apelación a la omnivoría

Los humanos somos biológicamente omnívoros. Esto significa que podemos digerir un amplio espectro de biomoléculas con independencia de su origen; no que necesitemos ingerir forzadamente ningún producto de origen animal para estar sanos. No podemos, pues, excusar la explotación animal y el consumo de animales en que lo «necesitemos».

A su vez, la mayor parte de los animales del mundo no se comen a otros, o no como fuente primaria de biomasa. Por ende, nuestro empecinamiento en justificar el consumo de animales se debe a un intento de sentirnos especiales al vernos a nosotros mismos como los dueños y señores de la naturaleza. Un prejuicio que no se corresponde científicamente con la realidad. No poseemos adaptaciones morfológicas, anatómicas ni fisiológicas para el consumo de animales y, ante todo, no justo asesinar animales porque podemos entender que ellos sienten y padecen como nosotros y valoran sus vidas tanto como nosotros.

Pienso vegano para gatos de la marca 'Veggie animals' - Falacia naturalista de que los gatos deben comer carne - Ya no hay excusas para la explotación animalHoy en día existen piensos 100% vegetales con que alimentar a perros y gatos sin explotar a otros animales. La falacia naturalista lleva a creer que alimentar animales con piensos vegetales va «contra natura». No es justo —ni tiene sentido lógico alguno —asesinar a unos animales para alimentar a otros. El consumo de animales no pasa a estar justificado si buscamos alimentar a otros animales.

La falacia naturalista para justificar los piensos cárnicos

Una versión especialmente sangrante de la falacia naturalista la encontramos entre animalistas y supuestos veganos. Acontece cuando el individuo de turno rechaza que los humanos comamos carne a la par que excusa el asesinato de unos animales para alimentar a otros apelando a que ésa es «su naturaleza». Curiosamente, muchos animalistas insisten en que, aunque sea sano, deben darles piensos cárnicos a sus perros y gatos porque es lo «natural». Y me pregunto yo: ¿Acaso es natural que convivan con humanos? ¿Es natural que estén castrados o esterilizados? ¿Es natural que se alimenten de animales que nunca cazarían en la naturaleza? ¿Es natural que sean sacrificados cuando les conviene a su propietario?

La discriminación entre animales

Los perros son omnívoros como los seres humanos, ocurre que su espectro es algo más estrecho y presentan intolerancia a determinadas sustancias comunes en la dieta humana, como el chocolate. Y los gatos, aunque carnívoros, pueden vivir perfectamente con piensos suplementados con taurina. Los piensos veganos están avalados científicamente. Ni perros ni gatos necesitan comer carne forzadamente ni se justifica de ninguna manera que asesinemos a unos animales en beneficio de otros. Esto es simple y llano especismo de preferencias.

¡Derechos Animales ya! - Campos de concentración animal - Vista aérea de ganado vacuno esclavizado - Falacia naturalista de que sea natural criar animales y excusar la explotación animalSegún la falacia naturalista es algo «natural» que miles de millones de animales sean criados, hacinados, hormonados y asesinados sistemáticamente mediante uso de maquinaria industrial para alimentar a una sobrepoblación humana que hace tiempo sobrepasó la capacidad de carga (K) del medio. El antropocentrismo extermina a los animales salvajes y esclaviza a los domesticados.

La falacia naturalista para justificar la esclavitud animal

La sociedad general ha olvidado que uno de los grandes argumentos usados en la época colonial para tratar de excusar la esclavitud humana. Se decía entonces que los negros eran descendientes del segundo hijo de Noé y que habían sido maldecidos por Dios a la esclavitud eterna por el crimen cometido contra su padre. Cada cultura y religión ha esgrimido diferentes argumentos para excusar la esclavitud humana. Sin embargo, los humanos no hemos sido tan, tan creativos respecto a la esclavitud animal.

Como se explica largo y tendido en el artículo: «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana», los seres humanos nos hemos dado cuenta desde antaño de que somos teóricamente más inteligentes que otros animales y que podemos dominarlos gracias a nuestro ingenio. En consecuencia, hemos llegado a la conclusión falaz de que «el poder genera el derecho» —definición del fascismo desde el punto de vista ético— de una manera muy similar a cómo los imperios de la Antigüedad, como Grecia o Roma, excusaban la esclavitud de pueblos conquistados o de soldados vencidos en la batalla.

La apelación ad baculum

Que seamos supuestamente más inteligentes o poderosos que otros animales no nos otorga ningún derecho sobre sus vidas. Está igual de mal explotar o encerrar animales que hacerlo contra seres humanos. Justo al igual que el mayor poder, inteligencia y madurez de un adulto frente a un infante no le concede ningún derecho sobre éste. Debiera suceder justo lo contrario: los seres humanos debemos comprender que los animales tienen, científicamente, la conciencia de niños pequeños y que merecen derechos reconocidos para poder recibir protección ante las aberraciones que cometemos contra ellos.

El ser humano sufre de un grave complejo narcisista. Necesita estar buscando constantemente rasgos y detalles que nos diferencien de los demás animales para tratar de darle sentido a nuestra insignificante existencia.

La falacia naturalista para justificar la «excepcionalidad humana»

Cuando el ser humano observa —sesgadamente— la naturaleza y cree percatarse de que nuestras acciones, ingenios y construcciones son más complejos, elaborados y eficientes que los de otros animales, la falacia naturalista se utiliza entonces como argumento de que el ser humano representa el mayor exponente o el máximo grado de desarrollo de aquello cuanto existe en la naturaleza. De esta manera, concluye que todo cuanto ocurra en la naturaleza debe estar presente en nosotros o responde al plan de una divinidad que nos eligió como vicarios para señorear la Tierra a nuestro antojo.

¡Derechos Animales ya! - Zorro descansando sobre un tocónLos bienestaristas más extremos, autodenominados «sensocentristas» emplean la falacia naturalista para excusar la explotación animal de una forma menos común: explotarlos y esclavizarlos por su propio bien. Esta postura vulnera los propios intereses de los animales.

La falacia naturalista para justificar el intervencionismo en la naturaleza

Una versión característica de bienestaristas y neobienestaristas (sensocentristas), y cada vez más común, es la de apelar a la falacia naturalista para esgrimir que la naturaleza es «mala» y «cruel» en sentido absoluto para concluir que los humanos tengamos el supuesto deber de intervenir en la naturaleza para «ayudar a los animales». Expresado de esta forma, muchos se preguntarán: ¿y qué tiene de malo ayudar a los animales?

El problema reside en que su visión de lo que significa «ayudar a los animales» es muy diferente de lo que significa dicha expresión para el resto de los mortales. Para un bienestarista o sensocentrista, «ayudar a los animales» no se limita a atender o salvar la vida de cualquier animal al que hayamos lastimado sin querer o accidentalmente; sino que ellos se refieren al control absoluto de sus vidas, a privarlos de libertad y a encerrarlos en zoológicos o análogos bajo el argumento de que «así sufren menos que siendo libres».

De esta forma, la falacia naturalista converge con la falacia paternalista y tales humanos llegan a la aberrante conclusión de que los humanos tengamos legitimidad para decidir sobre la vida de otros animales y de privarlos de libertad «por su bien».

Los individuos que esgrimen la falacia naturalista en este sentido se vuelve especialmente problemáticos; pues, a diferencia de otros humanos comunes y corrientes, quienes tratan de justificar el encierro y manipulación de animales por su bien han transformado su antropocentrismo tradicional y supremacista —el punto anterior— a una suerte de antropocentrismo animalista y armonioso con que satisfacer sus propias obsesiones personales.

Conclusión

La falacia naturalista es un argumento falaz demasiado común y extendido, tanto entre humanos corrientes y molientes como entre humanos supuestamente sensibilizados con las injusticias que padecen los animales. En todos los casos, dicha falacia es una herramienta con que excusar la explotación animal y autolegitimar el consumo de animales según cómo lo hayan normalizado nuestras creencias prejuiciosas más arraigadas.

Un vegano es quien respeta a todos los animales por igual porque todos valoran sus vidas aunque nadie más lo haga. No importa que alguien se considere vegano si discrimina entre animales o participa en su explotación de alguna forma.

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