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El empoderamiento especista de las mujeres

¡Derechos Animales ya! - El empoderamiento especista de las mujeres - Feminismo mal entendido - Mujer ganaderaUna ganadera monta a caballo para controlar a las reses. Nótese que tanto el caballo como el toro son animales esclavizados y dominados por el ser humano. Se produce un empoderamiento especista de las mujeres cuando, dentro del feminismo, se promocionan actividades vinculadas a la ganadería y se ensalza el papel de la mujer ganadera. No tiene nada de justo que, dentro del movimiento feminista, se promuevan acciones especistas en mujeres bajo el argumento del empoderamiento femenino. Éste es un ejemplo de feminismo mal entendido.

Feminismo mal entendido

El feminismo es un movimiento social justo que defiende la igualdad, autonomía y soberanía de las mujeres como individuos plenos de la sociedad. Sin embargo, en los últimos años acontece un feminismo mal entendido cuando distintos sectores feministas asocian que ejercer la ganadería, y ciertas actividades de mayoría masculina, sea una forma de empoderamiento ético con que demostrar su valía.

En este artículo, quisiera lanzar una reflexión sobre el empoderamiento especista de las mujeres, es decir, sobre el error de participar y promocionar actividades basadas en la explotación, dominio y asesinato de animales con el fin de demostrar que las mujeres pueden, efectivamente, realizar las mismas labores que los hombres.

El empoderamiento especista incurre en un feminismo mal entendido. Así ocurre porque el feminismo es un principio ético basado, a su vez, en el principio de igualdad. La raíz del feminismo radica en el valor del individuo y la consideración de que la mujer merece respeto porque posee su propia conciencia e intereses inalienables. El feminismo comparte el mismo fundamento que el veganismo y otros principios análogos.

¡Derechos Animales ya! - Mujer ganaderaUna mujer ganadera no es diferente de un hombre ganadero. El empoderamiento femenino, justo y necesario, no debiera pasar por el dominio y asesinato de terceros. Los animales también son víctimas de nuestra opresión.

Ser ganadera no es una forma ética de empoderamiento femenino

Si entendemos que los animales también merecen respeto porque sienten y padecen como nosotros, se vuelve patente que no debemos ejercer contra ellos ninguna acción en detrimento de sus vidas, libertad e integridad. Si alguien feminista comprende que la humanidad debe respetar a las mujeres y que ellas son víctimas del heteropatriarcado, ¿cómo es posible que desde el movimiento feminista se fomenten acciones contra otras víctimas?

Al igual que sucedió con el racismo, hoy presenciamos algunas formas de feminismo que distan mucho de su definición y concepto originales. En el siglo XIX, el fin de la esclavitud negra no hizo que los hombres negros —esclavos hasta entonces— entendieran que las mujeres también sufrían un tipo particular de discriminación sexista. Los hombres negros eran tan sexistas hacia las mujeres como los hombres blancos.

Hoy, de la misma manera, la destrucción paulatina de los regímenes patriarcales no está logrando que las mujeres comprendan que los animales también merecen respeto. Las mujeres de la actualidad son tan especistas hacia los animales como los hombres. La mayor parte de las mujeres del mundo no han comprendido que los animales han sido y son sujetos tan o más cosificados históricamente que ellas mismas. Ello desemboca que, como los hombres, algunas se sientan atraídas a ejercer como ganaderas y practicar distintas actividades especistas.

¡Derechos Animales ya! - Mujer fumadora - Feminismo mal entendidoA mediados del siglo XX hubo grandes campañas publicitarias, ejercidas por compañías tabacaleras, para promocionar la imagen de la mujer fumadora como empoderada. Estos anuncios triunfaron y el número de mujeres fumadoras se multiplicó. Las técnicas de manipulación surten efecto en una sociedad que confunde la forma con el fondo.

¿Por qué acontece el empoderamiento especista?

La creencia de que una mujer ganadera, cazadora o pescadora sea empoderada deriva de la propia creencia antropocéntrica de que ejercer distintas formas de explotación animal sea una muestra de poder frente a terceros. Las mujeres que se enorgullecen al ejercer distintas formas de explotación animal muestran la misma mentalidad que algunos hombres aborígenes cuando persiguen y dan muerte a un león para demostrar su hombría. O, en un sentido actual, cuando los hombres se regodean en la tauromaquia y otros festejos crueles.

El empoderamiento especista se produce, ante todo, a causa de la omnipresencia del especismo y del antropocentrismo. Este pensamiento conduce a muchas mujeres a pensar que ellas son más importantes que los animales o que su opresión carece de parangón con el de otras víctimas.

Estos prejuicios tan cotidianos cobran relevancia en el marco de una sociedad tribalista, es decir, en que los diferentes colectivos sólo se preocupan por las necesidades e intereses de sus miembros mientras no dudan en ignorar o perjudicar los intereses de terceros. De hecho, muchos colectivos posmodernos llegan al extremo de negar que un oprimido puede ser opresor al mismo tiempo, algo que, cuando menos, resulta más que evidente en el caso de la mujer ganadera.

Por otro lado, también se produce una grave confusión cuando dentro del movimiento vegano se introducen sesgos sexistas para preferenciar o centrar su discurso en la situación de animales hembras (vacas, gallinas, etc.). Los animales de sexo femenino no son explotados por ser «mujeres» sino porque no son de nuestra especie.

¡Derechos Animales ya! - Cisne con sus críasLos animales, como las mujeres y otras víctimas oprimidas históricamente, desean que respetemos sus vidas.

Conclusión

No puede haber justicia universal mientras los humanos nos creamos con legitimidad para explotar y cosificar a otros sujetos. Los animales también son personas, es decir, seres que poseen su propia personalidad y conciencia. Alguien feminista sólo puede ser justo y coherente si, al mismo tiempo, cumple con el principio ético del veganismo y defiende los Derechos Animales.

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Las yeguadas y la cría de caballos

¡Derechos Animales ya! - Tres caballos mirando a dos vacas desde su redil - YeguadasLas yeguadas son centros ganaderos dedicados a la cría de caballos para la obtención de carne o para su venta como monturas o animales de tiro. Los caballos y otros animales son legalmente esclavos y su esclavitud es, por diversas razones, análoga a la esclavitud humana y a muchas de las vivencias relatadas por los propios esclavos negros del siglo XIX. En la fotografía, tres potros frisones miran hacia dos vacas que están en otra parcela. Ellos son criados en una yeguada y ellas en una granja láctea. No existen los animales libres.

Las yeguadas son centros ganaderos que destrozan la vida de los caballos

La esclavitud animal engloba todo tipo de injusticias propias de cualquier sistema esclavista. El hecho de que nuestra especie tenga el poder para disponer de otros animales a su antojo genera situaciones tristes, vivencias traumáticas y prácticas aberrantes que, a veces, no somos capaces ni de imaginar. El ser humano moderno se sobrecogería si pudiese ponerse por un instante en el lugar de las víctimas que causamos a diario y experimentar cómo destrozamos la vida de cada una de ellas. En esta entrada quisiera tomar como ejemplo las yeguadas y la explotación referida a la cría de caballos.

Las yeguadas son centros ganaderos delicado a la cría —o crianza— de caballos. La ganadería ecuestre —o caballar— presenta una serie de particularidades que las distinguen de otras más comunes y conocidas, como la ganadería vacuna, avícola o porcina. Mientras que otros tipos de ganadería se centran únicamente en la reproducción y engorde de los animales hasta llevarlos al matadero, las yeguadas pueden ser dos tipos generales: dedicadas a la cría de caballos «de carne» (con rasgos seleccionados para engordar más rápido y obtener más kilos de carne) o dedicadas a la cría de caballos «de raza» (con rasgos seleccionados por el ser humano para servir como monturas o bestias de tiro).

El primer tipo de yeguada es igual, en esencia, a otras explotaciones ganaderas: se insemina a las hembras, se marca y separa a las crías, se los castra, se los engorda y se los asesina en un matadero. «Gracias» a las organizaciones animalistas y sus campañas bienestaristas, ahora también es posible que, en lugar de que padezcan el estrés de subir a un camión para llevarlos al matadero, el matadero venga a sus rediles. Si estos caballos pudieran hablar, seguro que expresarían muestras de devoción. Resulta triste, pero esperable, que el cese parcial del transporte de animales vivos sea el mayor «logro» del movimiento animalista en 50 años.

El segundo tipo de yeguada realiza exactamente las mismas operaciones de control y manipulación. Sin embargo, en lugar de enviarlos a asesinar, aprovecha la utilidad potencial de los caballos para otros fines según su raza. De esta manera, estos centros ganaderos suelen domar y entrenar a estos esclavos para venderlos a un mejor precio. Y si en un futuro el propietario lo considera oportuno o sufren un accidente, ya tendrán tiempo de terminar en el matadero.

Con independencia del fin, los caballos son meros objetos a los se reproduce, alimenta y encierra para obtener un beneficio a costa de sus intereses inalienables. La mayor parte de los caballos, como en otros animales, quedan aparcados o hacinados en cuadras reducidas o rediles más o menos densos.

¡Derechos Animales ya! - Caballos metidos en cuadras por la mañanaAunque los propietarios de las yeguadas —o aquéllos que trabajan en la cría de caballos en general— puedan desarrollar un profundo aprecio por los animales que crían y cuidan, no han tomado consciencia de que su modelo de negocio consiste en traer animales al mundo para que sean tratados como simples objetos hasta terminar asesinados entre cuatro sucias paredes cuando ya no sirvan. Los propietarios de estos centros ganaderos no han comprendido los daños físicos y psicológicos que causan a los caballos y que no querrían para sí mismos. Nadie querría vivir media vida en una cuadra y la otra media vida en un picadero, en una pista de espectáculo, en terapias, en el monte o en la carretera para pasear a su amo o a algún turista o a una pareja de recién casados.

El cinismo de los propietarios nos recuerda al de los antiguos esclavistas

Las analogías entre la esclavitud humana y la esclavitud animal son apabullantes para cualquiera que se haya tomado la molestia de analizar la absoluta semejanza e igualdad existente en cuanto a condiciones y sucesos. Del mismo modo en que un esclavo negro en el siglo XIX estaba totalmente desamparado y sujeto a los caprichos de sus amos, los caballos de las yeguadas y otros animales esclavizados quedan a merced de un sinnúmero de acciones arbitrarias contra su voluntad, deseos y sentimientos.

Para que el lector pueda formarse una idea propia, quisiera relatar una serie de ejemplos reales que cualquiera, con buen ojo, puede entender y fijarse si visita las páginas webs de alguna yeguada o ve vídeos subidos por estos mismos centros ganaderos. En lo referido a la esclavitud animal no hay nada oculto, todo es perfectamente visible para quien quiera tomarse la molestia de conocer la realidad.

  • Linaje, pesos y medidas: Al igual que sucedía antaño con los esclavos negros, los caballos y otros animales esclavos son pesados y medidos por los propietarios para poder promocionarlos como productos de venta. Cuando uno revisa la información aportada por las yeguadas, puede ver una ficha con caballo en que se desglosa su parentesco, peso, conformación general, etc. Desde las antiguas civilizaciones, en los caballos se valora mucho si las proporciones están adecuadas al fin que se les espera: un perfil atlético y grácil para caballos destinados a carreras; patas anchas y ancas macizas para los caballos destinados al tiro, etc. De esta forma, el comprador potencial puede hacerse una idea de si el producto va acorde con sus intereses y deseos.
  • Entrenamientos y trabajos forzados: Antaño, a los esclavos humanos se los hacía salir a ejercer labores físicas y muy duras para beneficio de sus amos. De un modo equivalente, en las yeguadas se tiene un control milimetrado de las edades y momentos oportunos para ejercer la coacción y condicionamiento de tales animales para despojarlos de su voluntad, albedrío y generar una indefensión aprendida ante la violencia ejercida por los seres humanos. Esto se consigue mediante entrenamientos y aparejos que restringen su movimiento o capacidad sensitiva.
  • Orgullo ganadero: Si hace dos siglos existía un orgullo entre los esclavistas por tener cincuentas «cabezas negras» en una plantación de algodón, los propietarios de las yeguadas y de otros centros ganaderos suelen señalar con satisfacción que llevan generaciones dedicándose a la crianza y mejora genética —este término quizás lo hubieran empleado en el pasado si se hubieran descubierto antes los genes— de la raza que crían y comercializan. Por ello, no dudan en posar junto a sus ganados —esclavos—; sus antepasados lo hacían con un rifle y con una cadena en mano, y sus hijos lo hacen con una fusta y un esclavo aparejado.
  • Cosificación referencial: Además de la cosificación evidente por sus acciones y poses, un esclavista moderno coincide con un esclavista decimonónico en que habla de sus esclavos a granel: les pone nombre simbólicos que hacen referencia a su cultura —a los negros esclavos se los despojaba de sus nombres nativos— y se refiere a ellos siempre como objetos, herramientas, etc. Como se hacía con los esclavos humanos, los esclavos animales figuran denominados como «activos autoreplicantes».
  • Falta de empatía: El colmo del cinismo de los esclavista acontece cuando, a pesar del interés particular y arbitrariedad de sus acciones, suelen dar a entender que sienten lástima por el desapego cuando venden alguno de sus esclavos. Si antes del cese de la esclavitud en países occidentales hubiese existido cámaras en alta definición, hoy nos encontraríamos escenitas análogas a las vistas en cualquier vídeo de Youtube. Es fácil encontrar material audiovisual en donde el esclavista de turno aparece llevando de la cabezada a una yegua que van a inseminar —con semen frío metido en un tubo— para «hacer nuevos caballos» o en que aparece despidiéndose del animal y deseándole lo mejor, abrazado a él, porque lo han vendido ya nunca volverá a verlo. ¿También sonríen cuando marcan a sus ganados con un hierro candente? Este tipo de escenas son especialmente obscenas; pues la única víctima ahí es el animal que no volverá ver a su madre, a sus hermanos ni a sus amigos de la manada; así como los caballos de la yeguada que ya no volverá a estar a su vera. El ser humano se muestra tan egoísta y antropocéntrico que incluso quiere acaparar la atención como si fuera una víctima cuando es culpable y promotor absoluto del suceso mostrado.

Derechos Animales ya - Mujer acaricia a un caballo en los establos - Yeguadas y la cría de caballos - Centros ganaderos

Las yeguadas y otros centros ganaderos suelen heredarse de padres a hijos. La mujer que figura en la fotografía no ha comprendido que su amor hacia los caballos es cosificador. No los quiere ni los respeta como individuos; sino como objetos que le brinda compañía y recreación. El origen de la cosificación animal y del especismo radica en la inculcación de la supremacía humana desde la niñez.

Conclusión

La esclavitud animal vulnera los intereses inalienables de los animales esclavizados y es la consecuencia material de que los tengamos cosificados a ojos de la ética y de ley. Todas las acciones injustas y aberrantes son inherentes al régimen de la esclavitud e inevitables mientras ésta siga vigente. La humanidad debe comprender que los demás animales, como nosotros, sienten, padecen y quieren vivir sus vidas en paz.

Podemos y debemos vivir sin explotarlos, manipularlos, coaccionarlos ni perjudicarlos voluntariamente de ningún modo. Ése —y no otro— es el significado del veganismo. En nuestra mano queda terminar con la esclavitud animal; la única global, vigente y aceptada en todo el mundo en pleno siglo XXI.

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La equinoterapia y las explotaciones compasivas

¡Derechos Animales ya! - Pareja de caballosQue un caballo y otro animal esté suelto o viva bien no significa que sea libre. La equinoterapia —o hipoterapia— y otras «explotaciones compasivas» no dejan de ser una forma de explotación animal.

Introducción

La sociedad humana cosifica moralmente a los animales. Esto significa que los percibe como simples objetos o recursos para satisfacer un fin, y que no muestra para ellos los mismos principios éticos que sí aplica para otros seres humanos. Esta discriminación moral, derivada del antropocentrismo, recibe el nombre de especismo.

Como consecuencia de nuestra discriminación e intereses hacia ellos, la sociedad siempre busca nuevas formas de satisfacer sus gustos, preferencias y placeres a costa de vulnerar los intereses inalienables de los animales. Cuando el interés personal se fusiona con el lucro, surgen nuevas formas de negocio.

En este artículo hablaré sobre una forma de explotación animal relativamente reciente, la equinoterapia o hipoterapia, y de cómo el especismo modula la percepción social de una explotación animal determinada según sus objetivos, la metodología empleada y la especie animal involucrada.

¡Derechos Animales ya! - Equinoterapia en una persona con síndrome de Down - Explotaciones compasivasLa equinoterapia o hipoterapia brinda beneficios a los pacientes humanos; pero ningún beneficio humano justifica la esclavitud animal. Los animales poseen sus propios intereses inalienables. Para ellos no existen las «explotaciones compasivas».

¿Qué es la equinoterapia o hipoterapia? ¿Cuál es su enfoque?

La equinoterapia o hipoterapia es un neologismo que se define como el uso de equinos —generalmente caballos— como instrumentos de terapia dirigidos a humanos con algún tipo de trastorno físico o psicológico.

Debido a su novedad y a los intereses comerciales involucrados, desde hace algunos años ha acontecido una reconversión de muchos centros de hípica y el surgimiento de nuevos centros ecuestres para suplir la demanda. Los encargados de ejercer la equinoterapia suelen ser psicólogos, pedagogos, asistentes sociales y otros profesionales del área sanitaria.

La equinoterapia ha despertado la curiosidad de muchos investigadores, sobre todo, respecto a sus efectos sobre los pacientes. Existe ya una variopinta literatura científica que versa acerca de las bondades de la equinoterapia o hipoterapia para aquellos humanos que reciben dicha terapia.

Por lo general, abundan los estudios pertenecientes al campo de la psicología, los cuales, como viene siendo habitual en nuestro contexto posmoderno, contienen argumentaciones rimbombantes y llenas de palabrejas vacías en lo tocante a los beneficios de ésta: integración social, recuperación psico-motriz, fomento de la empatía hacia los animales, evolución personal, recuperación físico-mental, etc.

¡Derechos Animales ya! - Instructores y monitores de equinoterapia - Explotaciones compasivasLos instructores y monitores de equinoterapia o hipoterapia suelen ser profesionales del campo sanitario. Estas fotografías proceden de un centro que envió un mensaje de ánimo a sus pacientes y familias debido al cese de su actividad raíz de la pandemia del coronavirus. Los caballos no echarían de menos ninguna de estas explotaciones compasivas.

Beneficios de la equinoterapia… ¿para quiénes?

Entre la publicidad de estos centros se arguyen argumentos tales como que el trote del caballo ayuda a estimular el sistema nervioso en humanos con determinadas lesiones o alteraciones de las células nerviosas.

Por este argumento, la equinoterapia desempeña un papel parecido al que tendría un fisioterapeuta o un masajista al aplicar estimulación y rehabilitación de los pacientes. ¿Alguien propondrían secuestrar o esclavizar a un fisioterapeuta por sus increíbles beneficios? Pues esto se hace con los caballos porque no son humanos.

No cabe negar los beneficios que un paciente puede obtener a través de la equinoterapia. Sin embargo, carece de sentido presentar esta forma de explotación, como se hace a menudo, como si fuese una panacea casi necesaria para el tratamiento de enfermedades asociadas a la parálisis cerebral, al espectro autista y otras discapacidades. Y, por supuesto, no tiene justificación excusar esta forma de explotación animal en el beneficio potencial que un ser humano puede extraer gracias a la misma.

A tenor de la cosificación que padecen los animales, el apasionado lector de estudios científicos no encontrará apenas mención a los efectos que pueda tener la equinoterapia sobre los caballos. En estos años, si acaso, he encontrado algunos blogs no veganos en donde se habla del maltrato que sufren los caballos en la equinoterapia y poco más.

A nadie parece importarle, ni se estima, que pudiera haber consecuencias diferentes a las ya existentes con la mera práctica de la equitación. Esta evidencia, entre cientas ya indicadas en este blog, sirven para aducir que la investigación científica no es objetiva en nuestros días porque existe todavía un enraizado prejuicio antropocéntrico.

¡Derechos Animales ya! - Caballo en centro hípico de EscociaUnos caballos están mejor y otros, peor. En todos los casos, se los utiliza como simples herramientas que se crían y dejan, literalmente, aparcadas en una cuadra, redil o establo. Todo caballo debe pasar por un proceso de doma y aceptar la utilización de múltiples instrumentos dirigidos hacia su sometimiento. [Fotografía realizada por Irene Aparicio Estrada].

El bienestarismo de las explotaciones compasivas

Dentro del animalismo, la doctrina imperante es el bienestarismo. Ésta se resume en el dogma de creer que basta con tratar bien a los animales y de rechazar los daños innecesarios para los fines que se espera de ellos. El bienestarismo lleva a muchos animalistas a pensar que existen formas de explotación animal buenas y malas. Entre las «malas» estarían la tauromaquia y la caza, entre las «buenas», aquéllas que benefician a la salud o protección humana, como la experimentación animal, la equinoterapia o la utilización de perros para el servicio de la policía o de ciegos.

Llamamos «explotaciones compasivas» a aquéllas formas de explotación animal dedicadas a ayudar o auxiliar a humanos en circunstancias de especial vulnerabilidad.

A pesar del carácter arbitrario de rechazar unas formas de explotación animal, mientras se apoya y participa en otras, la mayor parte de los animalistas no son conscientes de esta contradicción y se llevan día sí y día también lamentándose por las redes sobre el abandono de animales y otros males que padece los «peludidos» a la par que ellos mismos, con su mentalidad y acciones, son el mayor obstáculo a los Derechos Animales.

Estos individuos no han llegado a comprender lo que implica para los caballos y otros animales vivir en un mundo artificial que los valora únicamente por su utilidad. Prescribir terapias ecuestres para beneficio de los niños y otros humanos con trastornos diversos significa obviar que los animales no son máquinas ni piedras. Ellos también tienen sentimientos y necesidades que no tienen por qué coincidir con las nuestras.

¡Derechos Animales ya! - Caballo visita enfermos en un hospital

Esta imagen pertenece a la captura de un vídeo, realizado por una empresa dedicada a la equinoterapia, para promocionar su servicio de llevar un caballo a un hospital para que visite a los pacientes. La sociedad no sólo se aprovecha de la necesidad de cariño y afecto de los animales para emplearlos como herramientas de terapia; sino que, además, les atribuye a los animales una voluntad de que querer servir a los humanos. Este fenómeno es una forma de autoengaño psicológico.

Conclusión

La ciencia nos permite analizar las relaciones de causa-efecto entre variables de toda índole. En ningún momento nos dice qué está bien o no hacer. Eso le corresponde a la ética. Es tan objetivo aducir el beneficio humano a partir de la equinoterapia como argumentar la injusticia inherente de obligar a los animales a que nos sirvan cual simples instrumentos de terapia en explotaciones compasivas.

Tanto los caballos como otros animales presentan intereses propios que son tan importantes para sus personas como para nosotros los nuestros. Ellos no tienen la culpa de que haya humanos con determinados problemas que necesitan ayuda, auxilio y asistencia. La esclavitud no pasa a estar bien porque la sufra un sujeto que no sea de nuestra especie.

El veganismo es el principio ético que conforma la base de los Derechos Animales. Para ser justos con todos los animales debemos ser veganos, es decir, rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento de los derechos individuales para todos los sujetos. Lo demás incurre en contradicción e hipocresía.

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Festejos con animales: «Rapa das bestas»

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En la «Rapa das bestas» es un festejo con animales en donde cientos de caballos son capturados, hacinados, coaccionados y violentados con el único fin de escenificar la dominación humana mediante un ritual de fuego y sangre.

Cada año acontece en Sabucedo, Pontevedra (España), una fiesta popular llamada Rapa das bestas (El rapado de las bestias), declarada como fiesta de Interés Turístico Internacional. Un acontecimiento en que se saca del campo a caballos y yeguas, y se los agolpa a lo largo de las calles y la plaza de la localidad para proceder a su marcaje a hierro y que conozcan de una vez la razón por las que habían estado viviendo en relativa paz hasta el momento.

Se trata de uno de muchos festejos con animales que, como tantos otros, se reduce a una escenificación o recreación violenta y ritualizada de la dominación del ser humano sobre las «bestias» (cualquier animal cuadrúpedo) porque, injustamente, nos consideramos superiores a los demás animales.

En la práctica, todos pueden participar: desde niños a mayores, ganaderos, criadores, monitores de equitación y cualquier otro individuo que sacaría más provecho a su tiempo (y causaría menos daño) jugando al Candy Crush. Y ahí se los ve: intentando exhibir su hombría comportándose como carvernarios y decenas de adolescentes a los que se les inculca el prejuicio moral del especismo, el prejuicio de que está bien hacerles a otros aquello que no querríamos sufrir si no pertenecen a nuestra especie.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Caballos-asustadosLa «Rapa das bestas» es un festejo con animales que constituye una exhibición de la dominación humana.

«Rapa das bestas», un ritual de dominación humana sobre los animales

Como diría un antropólogo, la Rapa das bestas es un acto de dominación humana es real y ritual al mismo tiempo. Se representa el poder y la supremacía humana, y nuestras habilidades y facultades para sobreponernos a la naturaleza mediante la fuerza con el fin de demostrarles nuestro dominio bípedo a unos animales que, hasta entonces, eran ajenos a la esclavitud y no sabían que desde su nacimiento tenían marcado el momento en que pasarían a convertirse en nuestros esclavos.

El ser humano, no ahíto con someter y domar animales para cofinarlos y poder explotarlos, crea un espectáculo festivo en torno a esta aberrante violencia ritualizada. Entre humanos, estas acciones constituirían un ejemplo palmario de esclavización o un proceso de trata de esclavos. Sin embargo, cuando hablamos de no-humanos, estos festejos con animales los denominamos tradicionalmente simple «domesticación» sobre «animales salvajes», como si el hecho de ser «animal» sumado a ser «salvaje» supusiera un combo del Mortal Kombat. Manipulamos subconscientemente el lenguaje para ocultar una misma realidad.

Nuestra cultura está asentada sobre un principio de dominación antropocéntrica que considera a los otros animales como objetos, recursos y propiedades de los seres humanos: el especismo. En nuestra sociedad, a los animales sólo se les reconoce un valor instrumental (bienes muebles semovientes). Aun cuando los animales nos muestran a diario su personalidad e intereses por medio de sus emociones y miedos, no se les reconoce un valor inherente que impediría que atentásemos contra su individualidad e integridad física.

Este festival pertenece a la misma categoría que otras escenificaciones de dominación, desde la caza del león por parte de tribus keniatas y la matanza de cetáceos en las Islas Feroe hasta la castiza tauromaquia. Sin olvidar, por supuesto, otros múltiples festejos con animales típicos en España en que se los explota vilmente a modo de recreación, como las romerías, tirar a una cabra de un campanario o descabezar gansos.

A pesar del carácter festivo, la Rapa das bestas no se trata de un mero entretenimiento o diversión. Aunque los espectadores y practicantes seguramente lo encuentren divertido, el propósito principal de esta fiesta consiste en ensalzar la dominación humana sobre esos pobres caballos para autojustificar nuestra creencia de que seamos superiores a los restantes animales que habitan sobre la Tierra, y que tengamos legitimidad en esclavizarlos en nuestro beneficio.

¿Verían bien los aficionados de la «Rapa das bestas» el hacerles esto mismo a unas jirafas en el Serengueti? ¿O a unos pingüinos en la Antártida? Claro, como ahí no es una «tradición», quizás lo considerarían raro e incluso inmoral. Y posiblemente, estarían dispuestos a firmar peticiones para que esos viles explotadores dejaran de abusar de jirafas y pingüinos. Porque nosotros no lo hacemos… ¿o sí? ¿Y si lo hicieramos a seres humanos de otra raza? ¿Por qué con los no-humanos sí, y con los humanos no?

Rapa das bestas - Dominación humana - Festejos con animalesUn niño le tira de las crines a un potro en un intento de tumbarlo al suelo para que sus familiares adultos puedan marcarlo a fuego. La «Rapa das bestas» y otros rituales de dominación humana sacan lo peor de nuestra especie contra las víctimas no humanas.

¿Qué se dijo el año pasado acerca del «Rapado de las bestias»?

Todos los años, innumerables animalistas (bienestaristas) critican la Rapa das bestas y otros festejos con animales porque les parece un acto cruel; pero no cuestionan en absoluto la injusta dominación humana ni el prejuicio moral que lo fundamenta: la idea de que los humanos tenemos derecho a someter a terceros por no ser humanos, la idea de que ser un no-humano justifica un trato diferente como instrumentos para fines humanos.

El pasado año, el blog bienestarista El caballo de Nietzsche, el cual pertenece a El Diario, denunciaba exclusivamente la «brutalidad» con que tales explotadores y energúmenos tratan a los caballos. Y, en tierras extranjeras, un reportaje del periódico The New York Times sobre esta celebración recogía la opinión de Laura Duarte, una militante y candidata del partido animalista PACMA:

«No criticamos lo que hacen sino cómo lo hacen, porque causa un terrible estrés a los animales que viven en la naturaleza y no están acostumbrados al contacto humano».

¡No me digas! Llamar «vergonzosas» estas declaraciones, por parte de una candidata que se postula a ocupar un cargo público para defender a los animales, se queda corto. El PACMA condena la tauromaquia y otros festejos con animales cada dos por tres, pero eso de que arrastren caballos en una plaza de toros no les importa tanto. Sólo hablan de «maltrato animal» o de «bienestar animal» y para adelante; pues ellos no defienden los Derechos Animales, sino el bienestarismo.

En la misma línea se sitúan cada año las organizaciones bienestaristas Libera! y la Fundación Franz Weber, las cuales salen de su cueva de tanto en cuando para exigir la regulación de esta violencia ritualizada y clamar conceptos vacuos como «amor» y «compasión». Y, por su parte, el ecologismo especista conformado por organizaciones ecologistas sólo se acordarían de los caballos si fuesen una especie en peligro de extinción. Lo que necesitan no se llama amor ni compasión; sino respeto y justicia.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Marcaje-de-caballosFotografía de humanos especistas mientras marcan a fuego a un caballo. El marcaje a fuego es un símbolo con que los humanos marcamos que otros sujetos son nuestros esclavos.

¿Qué se ha dicho este año?

El nivel no ha mejorado para este año; pues tenemos que el Diario Público, marcadamente progresista y antitaurino, presentan a los caballos como «protagonistas» de un espectáculo que consiste en abusar de ellos. ¡Es el colmo del cinismo! O, como lo llama el conocido activista Luis Tovar de Filosofía Vegana, un «blanqueo informativo». Para la mentalidad especista suena mal decir que son víctimas o quizás tal término produzca la indignación colectiva de muchos lectores posmodernos; así que el periodista prefiere llamarlos «protagonistas» y se queda tan pancho.

Siguiendo esta lógica tan hipócrita, los toros entonces no son víctimas de la tauromaquia sino sus «protagonistas», ¿verdad? Protagonista es alguien que participa de manera activa en un acontecimiento, representación, etc. Como salta a la vista, los caballos no participan en la «Rapa das bestas» porque de pronto hayan decidido acercarse a los humanos para sufrir empujones, golpes, latigazos ni para ser lastimados, vejados y torturados de múltiples formas. El especismo los cosifica y parece arrogarles una voluntad que casualmente coincide con la nuestra.

El enfoque bienestarista, mayoritario en el animalismo actual, demuestra por activa y por pasiva su doble moral y la discriminación sistemática que ejercen sobre los animales según su especie y aquello que les convenga por razones políticas o sociales. Se trata de un ejemplo flagrante de que los bienestaristas no cuestionan a la dominación humana sobre los demás animales.

Los bienestaristas no se oponen a la esclavitud animal; sino que pretenden darle un lavado de cara, tranquilizar sus conciencias y vivir de ello si se los deja. Sólo les preocupa las condiciones en que se realiza dicha esclavitud, en tanto que no conlleve, a su juicio utilitarista, un excesivo sufrimiento a los animales. Todo lo demás les resulta secundario o incluso indiferente. En cambio, quienes defendemos los Derechos Animales, apelamos a la completa abolción de su estatus de propiedad.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Caballos-siendo-torturadosMás caballos aparecen fotografiados mientras los torturan ante un público jubiloso y con unas copas de más. Todos los festejos con animales existen por diversión y lucro.

Conclusión

Nos comportamos con los animales como si fueran objetos y bienes reemplazables que existen para satisfacer nuestros caprichos. Si estamos de acuerdo en que los animales poseen un valor moral inherente entonces la única respuesta coherente que debemos ofrecer ante la injusticia que representa la dominación humana sobre los demás animales es exigir la abolición (y no la regulación) de la esclavitud que motiva festejos con animales, presentada en este caso por la «Rapa das bestas».

Ningún uso que hacemos de los animales es necesario ni tampoco la necesidad se convierte en una justificación moral. Siempre resulta injusto para el animal y no hay ningún argumento racional para considerar que ellos merezcan ser nuestros esclavos o siervos. La domesticación es un eufemismo para obviar la trata de esclavos no humanos.

Lo mínimo —y no lo máximo— es hacernos veganos. Ser algo menos que vegano significa participar en una violencia gratuita y totalmente injustificable llevada a cabo por placer, comodidad e inercia. No importa si tal violencia es pública a través de un festejo con animales o si ocurre entre las cuatro sucias paredes de un matadero. Los animales serán verdaderos protagonistas cuando la sociedad ampare y defienda sus derechos.

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Explotación de caballos en arados

Críticas a las anteojeras por Steven Bowers y Marlen Steward.

 

Recientemente conocí el libro «Farming With Horses», escrito por Steven Bowers y Marlen Steward. Ambos autores son unos hombres estadounidenses que se dedican a la doma de caballos destinados al tiro y, en general, a la agricultura por medio de tracción animal. Poseen una gran experiencia en la gestión de caballos y gozan de cierto reconocimiento en el sector. Esta entrada, lejos de guardar fines publicitarios o aspirar a reseñar la obra, tiene el propósito de destacar aquellos escasos puntos en los cuales coincido éticamente con un documento cuyo objetivo no se basa en otro que difundir y propugnar acciones especistas tales como el empleo de caballos en arados, carruajes y diversos deportes para beneficio económico o recreativo del hombre.

En cualquier caso, me alegra que de entre toda una vasta cantidad de información anecdótica y llena de batallitas me haya topado con unos pasajes muy llamativos que sirven para demostrar que hasta quienes son más cerriles y tradicionales en asuntos vinculados al manejo de équidos pueden cambiar su visión de la realidad. ¿A qué materia estoy refiriéndome? Pues al nada conveniente empleo de anteojeras en caballos enganchados, un tema ya tratado con anterioridad en este blog: Explotación hacia los caballos: Anteojeras I y Explotación hacia los caballos: Anteojeras II.

 

Nota del traductor: Me he tomado la libertad de traducir el texto sin ningún tipo de relación con los autores o la editorial. Solamente presento unos fragmentos resumidos con una literalidad moderada. Es decir, si bien he procurado conservar el orden, me he visto obligado a reformular muchas oraciones y a omitir algunas anécdotas superfluas. Supongo que haciendo esto infringo los trillados derechos de autor; sin embargo, no me queda otra opción para allegar la argumentación de estos dos individuos a las personas de habla hispana no bilingües.

 


 

Ver el paisaje entero. Un argumento a favor de las bridas abiertas.

Estuve hablando por teléfono con mi sobrino y le mencioné que ahora estaba conduciendo a la mayoría de nuestros caballos con bridas abiertas y enseñándole a la gente los beneficios de hacerlo de esa manera. Inmediatamente, se puso a echar chispas: «¿Estás loco? Ése es un buen modo de provocar que la gente se haga daño. ¿No eras tú uno de los pasaba muchísimo tiempo ilustrando los beneficios de las anteojeras y cómo colocarlas?».

Podía ver que él no iba a aceptar mi nueva forma de hacer las cosas sin discutir. Su actitud la comparten muchos de quienes nunca han considerado usar bridas abiertas. Si desea que lo miren con completa desconfianza y suspicacia, basta con acercarse virtualmente a cualquier espectáculo de enganches en Estados Unidos manejando un caballo sin anteojeras. La mayoría de los espectadores querría expulsarlo de allí con gran apremio antes de que su caballo se desbocase y destrozara algo.

 

Los carreteros sí usan bridas abiertas

Después de darle a mi sobrino un momento para calmarse, comencé a explicarle mis razones para el gran cambio de «con anteojeras» a «sin anteojeras». Pareció confortarlo el contarle que yo no soy el único en la Tierra que emplea bridas abiertas. En muchos países extranjeros resulta más común ver caballos enganchados sin anteojeras que con ellas. Incluso así ocurre en situaciones altamente complejas con calles atestadas y un tráfico espantoso.

 

Los caballos que no llevan anteojeras exhiben un alto rendimiento

Luego le di a mi sobrino una perspectiva histórica. Hacia los comienzos del siglo XX, antes de la introducción de equipos motorizados contraincendios, se utilizaban caballos para impeler los vehículos imprescindibles para combatir un fuego. Entonces, a todos esos animales se los dirigía sin anteojeras y aun así se mantenían bajo control. Imagine la vergüenza para el cuerpo de bomberos si sus bestias de carga pasaran de largo en cuanto viesen el humo emergiendo por las ventanas. En ninguna imagen antigua he visto jamás un caballo perteneciente a un equipo contra incendios que llevara anteojeras, sólo pueden encontrarse hoy en recreaciones modernas.

Los caballos de artillería que empujaban cañones durante la Primera Guerra Mundial son otro ejemplo de cómo  logran desempeñar estos animales una labor extremadamente exigente (una que excede de sobra cuanto se les exige en la actualidad durante las faenas cotidianas) sin la necesidad de que algo les obstruya el campo de visión. Aquellos equinos estaban entrenados tanto para ser montados en cualquier momento y lugar como para ocupar el emplazamiento que fuese en un carruaje. A veces, para precisar la localización exacta de los cañones enemigos, se los hacía avanzar hasta delimitar la llamada «línea de la muerte» y conseguían su objetivo incluso con los bombardeos a plena vista.

 

¿Cuál es el beneficio de ver?

También expuse un argumento filosófico a favor de las bridas abiertas. No importa cómo las estimes, acortar parte o toda la capacidad que tiene un caballo para estudiar el entorno es una técnica de refreno. No se trata de una técnica relacional, como el uso del bocado dentro de la boca del animal, porque las anteojeras están o no están: no se utilizan para guiar o detener a los animales según algo les cubran los ojos o no. Cuando un carruaje se apresta para salir, las anteojeras se emplazan cuidadosamente con la finalidad de que permanezcan ahí bien puestas durante toda la conducción, no importa cómo esté comportándose el caballo. Así pues, las anteojeras no dependen del comportamiento; lo cual las convierte en un dispositivo de control no relacional.

Dado que los caballos son animales especialmente relacionales, pienso que es mejor un seguir entrenamiento adecuado para demostrarles que uno mismo es igualmente tan «relacional» como ellos.

Metiéndonos un poco más en profundidad, debido a que las anteojeras son unos elementos de contención que no se usan de manera relacional; únicamente sirven para comunicarles psicológicamente al animal que no se confían en él cuando éste dispone de pleno uso de sus facultades: consiste en una sutil pero poderosa forma de decirle al caballo que sólo queremos utilizar su cuerpo sin usar su mente. En otras palabras, las anteojeras le dicen al caballo que usted no se fía ni lo más mínimo de cómo usará su cerebro si pudiera ver enteramente qué estamos haciendo con él.

Una de mis citas favoritas sobre esta materia es: «Si introduces un elemento de desconfianza en una relación, se acaba la comunicación». Una parte importante del lenguaje de la «confianza» está en «ser abierto».

Para muchísima gente, tener a sus caballos haciendo lo que deben sin haber ningún tipo de respeto mutuo llega a ser aparentemente deseable. Uno de los motivos más básicos para que un caballo salga huyendo es el miedo. Muchos carreteros valoran el efecto «restamiedo» de las anteojeras porque son lo único que conocen e incapaces de aplicar otras fórmulas.

La clave está en entrenar mediante tácticas que se basen en el respeto y no en el miedo como factor estimulante; aunque, para ello, se precisa una mentalidad diferente.

 

Las anteojeras y la imaginación.

Mi sobrino parecía entender ahora mi perspectiva, así que añadí mi razón preferida de todos los tiempos para no ponerles anteojeras: incrementar la calma. Si le quitas al animal la capacidad de ver cuanto esté a su alrededor, estás multiplicando las posibilidades de que imagine cosas que realmente no están ahí. A menudo he oído historias de algunos cocheros sobre que sus caballos no se asustan ante perros ladradores cuando éstos se les acercan desde lejos; pero que, tan pronto como las anteojeras ocultan el perro en un lado de la acera, emprenden una enloquecida escapada.

Imaginación, desconfianza e incapacidad de ver pueden causar un pánico repentino en estos animales.

Como iba diciendo, la clave radica en un entrenamiento cuidadoso en el cual logremos desensibilizarlo ante la carga que lleve. Algo que caracteriza a los caballos entrenados en bridas abiertas es la tranquilidad y suavidad con la que actúan. Se les nota así que ha aumentado su comprensión mental. En cambio, aquellos caballos entrenados con anteojeras suelen desbocarse si de repente ven cuanto llevan detrás. Éstas deberían ser razones suficientes para que todo cochero se replanteara su forma de entrenar. Depositar en unos trozos de baqueta la esperanza de que no sucederá una catástrofe no lo veo como un acto prudente ni apetecible.

Si pese a este razonamiento sigue sin tener interés en desterrar las anteojeras, sepa igualmente que algún día puede toparse con otro cochero cuya manera de ejercer sea distinta. Al contrario de la reacción inicial de mi sobrino, ponerles unas bridas abiertas no es algo que nadie haga por un episodio de locura. Quienes así proceden se sienten más seguros. Como le dije a sobrino: en vez de mantener una actitud «ciega» sería mejor que abriera los ojos para contemplar otra cara del mundo.

 


 

Por desgracia, la mayor parte del libro sólo me produce náuseas, sobre todo, cuando realiza referencias puntuales a arreos «de control» durísimos utilizados en entrenamientos o durante las competiciones; sin apreciarse ningún matiz crítico. Es más, ellos mismos deberían aplicar su propio análisis y consideraciones para estar en contra de algunos artilugios, tales como los engalladores y las sobrerriendas, basándose en que son asimismo instrumentos no relacionales (además de increíblemente crueles).

Pese a todo, es de agradecer que individuos tan involucrados en este mundillo tengan capacidad de autocrítica y así lo expongan; aunque resulte insuficiente.

 

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