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Festejos con animales: «Rapa das bestas»

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En la «Rapa das bestas» es un festejo con animales en donde cientos de caballos son capturados, hacinados, coaccionados y violentados con el único fin de escenificar la dominación humana mediante un ritual de fuego y sangre.

Cada año acontece en Sabucedo, Pontevedra (España), una fiesta popular llamada Rapa das bestas (El rapado de las bestias), declarada como fiesta de Interés Turístico Internacional. Un acontecimiento en que se saca del campo a caballos y yeguas, y se los agolpa a lo largo de las calles y la plaza de la localidad para proceder a su marcaje a hierro y que conozcan de una vez la razón por las que habían estado viviendo en relativa paz hasta el momento.

Se trata de uno de muchos festejos con animales que, como tantos otros, se reduce a una escenificación o recreación violenta y ritualizada de la dominación del ser humano sobre las «bestias» (cualquier animal cuadrúpedo) porque, injustamente, nos consideramos superiores a los demás animales.

En la práctica, todos pueden participar: desde niños a mayores, ganaderos, criadores, monitores de equitación y cualquier otro individuo que sacaría más provecho a su tiempo (y causaría menos daño) jugando al Candy Crush. Y ahí se los ve: intentando exhibir su hombría comportándose como carvernarios y decenas de adolescentes a los que se les inculca el prejuicio moral del especismo, el prejuicio de que está bien hacerles a otros aquello que no querríamos sufrir si no pertenecen a nuestra especie.

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La «Rapa das bestas» es un festejo con animales que constituye una exhibición de la dominación humana.

Un ritual de dominación humana sobre los animales

Como diría un antropólogo, la Rapa das bestas es un acto de dominación humana es real y ritual al mismo tiempo. Se representa el poder y la supremacía humana, y nuestras habilidades y facultades para sobreponernos a la naturaleza mediante la fuerza con el fin de demostrarles nuestro dominio bípedo a unos animales que, hasta entonces, eran ajenos a la esclavitud y no sabían que desde su nacimiento tenían marcado el momento en que pasarían a convertirse en nuestros esclavos.

El ser humano, no ahíto con someter y domar animales para cofinarlos y poder explotarlos, crea un espectáculo festivo en torno a esta aberrante violencia ritualizada. Entre humanos, estas acciones constituirían un ejemplo palmario de esclavización o un proceso de trata de esclavos. Sin embargo, cuando hablamos de no-humanos, estos festejos con animales los denominamos tradicionalmente simple «domesticación» sobre «animales salvajes», como si el hecho de ser «animal» sumado a ser «salvaje» supusiera un combo del Mortal Kombat. Manipulamos subconscientemente el lenguaje para ocultar una misma realidad.

Nuestra cultura está asentada sobre un principio de dominación antropocéntrica que considera a los otros animales como objetos, recursos y propiedades de los seres humanos: el especismo. En nuestra sociedad, a los animales sólo se les reconoce un valor instrumental (bienes muebles semovientes). Aun cuando los animales nos muestran a diario su personalidad e intereses por medio de sus emociones y miedos, no se les reconoce un valor inherente que impediría que atentásemos contra su individualidad e integridad física.

Este festival pertenece a la misma categoría que otras escenificaciones de dominación, desde la caza del león por parte de tribus keniatas y la matanza de cetáceos en las Islas Feroe hasta la castiza tauromaquia. Sin olvidar, por supuesto, otros múltiples festejos con animales típicos en España en que se los explota vilmente a modo de recreación, como las romerías, tirar a una cabra de un campanario o descabezar gansos.

A pesar del carácter festivo, la Rapa das bestas no se trata de un mero entretenimiento o diversión. Aunque los espectadores y practicantes seguramente lo encuentren divertido, el propósito principal de esta fiesta consiste en ensalzar la dominación humana sobre esos pobres caballos para autojustificar nuestra creencia de que seamos superiores a los restantes animales que habitan sobre la Tierra, y que tengamos legitimidad en esclavizarlos en nuestro beneficio.

¿Verían bien los aficionados de la «Rapa das bestas» el hacerles esto mismo a unas jirafas en el Serengueti? ¿O a unos pingüinos en la Antártida? Claro, como ahí no es una «tradición», quizás lo considerarían raro e incluso inmoral. Y posiblemente, estarían dispuestos a firmar peticiones para que esos viles explotadores dejaran de abusar de jirafas y pingüinos. Porque nosotros no lo hacemos… ¿o sí? ¿Y si lo hicieramos a seres humanos de otra raza? ¿Por qué con los no-humanos sí, y con los humanos no?

Rapa das bestas - Dominación humana - Festejos con animales

Un niño le tira de las crines a un potro en un intento de tumbarlo al suelo para que sus familiares adultos puedan marcarlo a fuego. La «Rapa das bestas» y otros rituales de dominación humana sacan lo peor de nuestra especie contra las víctimas no humanas.

¿Qué se dijo el año pasado acerca del «Rapado de las bestias»?

Todos los años, innumerables animalistas (bienestaristas) critican la Rapa das bestas y otros festejos con animales porque les parece un acto cruel; pero no cuestionan en absoluto la injusta dominación humana ni el prejuicio moral que lo fundamenta: la idea de que los humanos tenemos derecho a someter a terceros por no ser humanos, la idea de que ser un no-humano justifica un trato diferente como instrumentos para fines humanos.

El pasado año, el blog bienestarista El caballo de Nietzsche, el cual pertenece a El Diario, denunciaba exclusivamente la «brutalidad» con que tales explotadores y energúmenos tratan a los caballos. Y, en tierras extranjeras, un reportaje del periódico The New York Times sobre esta celebración recogía la opinión de Laura Duarte, una militante y candidata del partido animalista PACMA:

«No criticamos lo que hacen sino cómo lo hacen, porque causa un terrible estrés a los animales que viven en la naturaleza y no están acostumbrados al contacto humano».

¡No me digas! Llamar «vergonzosas» estas declaraciones, por parte de una candidata que se postula a ocupar un cargo público para defender a los animales, se queda corto. El PACMA condena la tauromaquia y otros festejos con animales cada dos por tres, pero eso de que arrastren caballos en una plaza de toros no les importa tanto. Sólo hablan de «maltrato animal» o de «bienestar animal» y para adelante; pues ellos no defienden los Derechos Animales, sino el bienestarismo.

En la misma línea se sitúan cada año las organizaciones bienestaristas Libera! y la Fundación Franz Weber, las cuales salen de su cueva de tanto en cuando para exigir la regulación de esta violencia ritualizada y clamar conceptos vacuos como «amor» y «compasión». Y, por su parte, el ecologismo especista conformado por organizaciones ecologistas sólo se acordarían de los caballos si fuesen una especie en peligro de extinción. Lo que necesitan no se llama amor ni compasión; sino respeto y justicia.

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Fotografía de humanos especistas mientras marcan a fuego a un caballo. El marcaje a fuego es un símbolo con que los humanos marcamos que otros sujetos son nuestros esclavos.

¿Qué se ha dicho este año?

El nivel no ha mejorado para este año; pues tenemos que el Diario Público, marcadamente progresista y antitaurino, presentan a los caballos como «protagonistas» de un espectáculo que consiste en abusar de ellos. ¡Es el colmo del cinismo! O, como lo llama el conocido activista Luis Tovar de Filosofía Vegana, un «blanqueo informativo». Para la mentalidad especista suena mal decir que son víctimas o quizás tal término produzca la indignación colectiva de muchos lectores posmodernos; así que el periodista prefiere llamarlos «protagonistas» y se queda tan pancho.

Siguiendo esta lógica tan hipócrita, los toros entonces no son víctimas de la tauromaquia sino sus «protagonistas», ¿verdad? Protagonista es alguien que participa de manera activa en un acontecimiento, representación, etc. Como salta a la vista, los caballos no participan en la «Rapa das bestas» porque de pronto hayan decidido acercarse a los humanos para sufrir empujones, golpes, latigazos ni para ser lastimados, vejados y torturados de múltiples formas. El especismo los cosifica y parece arrogarles una voluntad que casualmente coincide con la nuestra.

El enfoque bienestarista, mayoritario en el animalismo actual, demuestra por activa y por pasiva su doble moral y la discriminación sistemática que ejercen sobre los animales según su especie y aquello que les convenga por razones políticas o sociales. Se trata de un ejemplo flagrante de que los bienestaristas no cuestionan a la dominación humana sobre los demás animales.

Los bienestaristas no se oponen a la esclavitud animal; sino que pretenden darle un lavado de cara, tranquilizar sus conciencias y vivir de ello si se los deja. Sólo les preocupa las condiciones en que se realiza dicha esclavitud, en tanto que no conlleve, a su juicio utilitarista, un excesivo sufrimiento a los animales. Todo lo demás les resulta secundario o incluso indiferente. En cambio, quienes defendemos los Derechos Animales, apelamos a la completa abolción de su estatus de propiedad.

Derechos-Animales-ya-Rapa-das-bestas-Caballos-siendo-torturadosMás caballos aparecen fotografiados mientras los torturan ante un público jubiloso y con unas copas de más. Todos los festejos con animales existen por diversión y lucro.

Conclusión

Nos comportamos con los animales como si fueran objetos y bienes reemplazables que existen para satisfacer nuestros caprichos. Si estamos de acuerdo en que los animales poseen un valor moral inherente entonces la única respuesta coherente que debemos ofrecer ante la injusticia que representa la dominación humana sobre los demás animales es exigir la abolición (y no la regulación) de la esclavitud que motiva festejos con animales, presentada en este caso por la «Rapa das bestas».

Ningún uso que hacemos de los animales es necesario ni tampoco la necesidad se convierte en una justificación moral. Siempre resulta injusto para el animal y no hay ningún argumento racional para considerar que ellos merezcan ser nuestros esclavos o siervos. La domesticación es un eufemismo para obviar la trata de esclavos no humanos.

Lo mínimo —y no lo máximo— es hacernos veganos. Ser algo menos que vegano significa participar en una violencia gratuita y totalmente injustificable llevada a cabo por placer, comodidad e inercia. No importa si tal violencia es pública a través de un festejo con animales o si ocurre entre las cuatro sucias paredes de un matadero. Los animales serán verdaderos protagonistas cuando la sociedad ampare y defienda sus derechos.

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Reseña: Investigación sobre la visión lateral de los caballos

Abstracto de la investigación lateral de los caballos

Título del artículo científico: Lateral vision in horses: A behavioral investigation

(Traducción al español: Visión lateral en caballos: Una investigación conductual).

Autores: Evelyn B. Hanggi, Jerry F. Ingersoll (Equine Research Foundation, P.O. Box 1900, Aptos, CA 95001, USA).

Historial de publicación: Recibido el 10 de enero de 2012, recibido tras revisión el 11 de mayo de 2012 y aceptado el 28 de mayo de 2012.

Palabras clave: Lateral vision, Horse, Equine, Stimulus discriminatio, Field of view, Peripheral

 

Reseña sobre la visión lateral de los caballos

Hasta la fecha, distintos investigadores han estudiado la capacidad de los equinos para ver en color, su percepción de la profundidad, su transferencia interocular y visión escotópica. Desde entonces han ido cosechándose datos significativos, tales como que cuentan con una visión monocular media de entre 190-195º (un rango enorme, propiciado evolutivamente por ser una especie presa) y una binocular de entre 55-65º (moderada). Con respecto a la agudeza frontal, éstos obtuvieron una puntuación de 20/30 en la escala Snellen (no tan buena como la de los humanos pero superior a perros y gatos).

En el presente estudio, los autores se centraron en el alcance de la visión lateral de los caballos a la hora de discriminar objetos desde un punto de vista comportamental. Para realizar el experimento seleccionaron tres ejemplares de 15 años cada uno que vivían en la Equine Research Foundation (ERF), California. Al aire libre construyeron una especie de corral totalmente cerrado en forma de media luna. A lo largo del perímetro situaron unas posiciones denominadas A (90º), B (114º), C (138º) y D (162º) en relación a donde se encontraba el animal; tanto por la izquierda como por la derecha de la semicircunferencia.

 

Experimento en media luna para estudiar la visión lateral de los caballosFigura esquemática del modelo empleado

 

El estímulo consistía en un conjunto de raquetas de plástico o gomaespuma junto con bolas de caucho naranjas y amarillas. Dos asistentes, ocultos tras el vallado, se encargaban de colocar estos objetos a una altura alta y baja sin hacer ruido. Explicaron que, a modo de control, también había algunos cordones blancos de algodón sin nada colgado y, asimismo, el personal colaborador rotaba para no operar siempre con el mismo ejemplar.

En el texto se detalla muy acertadamente una diferencia fundamental de este procedimiento en comparación con los usados en el pasado. Antes, los caballos tocaban el estímulo con su hocico si lo reconocían; en este experimento, sin embargo, se los enseñó previamente a presionar una de las dos paletas en respuesta a la localización lateral de un objeto. Si el caballo empujaba la paleta correspondiente al lado donde aparecía el estímulo, oía un ‘good‘ (bien) y se le obsequiaba 15 g de una mezcla entre maíz, avena y cebada; por el contrario, si erraba se le profería un ‘no’ y no se le daba ningún premio. Tanto si acertaba como si no, después se hacía recular al animal y se emplazaba nuevamente su morro sobre el dispositivo. En definitiva, el diseño resultó una mezcla entre sencillez e innovación.

Los resultados llamaron bastante la atención: los tres caballos fueron capaces de distinguir entre las raquetas y las pelotas en las posiciones A, B y C; mas no en la D. Es decir, en este último punto podían reconocer que había algo ahí pero no llegaban a diferenciar entre objetos. Todo ello quedó indicado por medio de una serie de gráficas y tablas con estadísticas.

Finalmente, en la discusión presentaron numerosas reflexiones para futuros estudios y para quienes explotan a estos animales. A continuación, destacaré tres fragmentos esenciales:

 

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 1

Fragmento 1: «Estas restricciones causan problemas de percepción que pueden interferir en la adecuada identificación de los objetos en el entorno y conllevar un incremento del estrés debido a conflictos con la naturaleza del caballo. Los equinos entrenados apropiadamente a los que se les permite llevar sus cabezas en una posición natural y son capaces de ver sus alrededores están a menudo más a gusto durante las interacciones humano-caballo».

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 2

Fragmento 2: «Esto contradice el antiguo pero vivo mito de que un caballo no puede reconocer algo que pase detrás de él sin reaccionar negativamente en consecuencia».

Fragmento discusión de la investigación lateral de los caballos 3

Fragmento 3: «Malentendidos y malconcepciones acerca de la naturaleza del caballo implican frecuentemente malcuidado y malgestión de este animal».

 

A raíz de estos apartados, puede inferirse que los autores están en contra de ciertos métodos antiquísimos utilizados para prevenir accidentes (anteojeras y riendas cortas), consideran imprescindible la desaparición de viejos mitos instaurados entre la gente allegada a estos animales y son, por tanto, partidarios del desarrollo de nuevas formas de entrenamiento, manejo y cuidado de los caballos a fin de evitarles malestar y sufrimiento.

Argumentos a favor de las bridas abiertas en Farming With Horses

A rasgos generales, me ha parecido un artículo muy interesante que dirige sutilmente una crítica hacia la gestión actual de los équidos. Resulta ser uno de los pocos que se ha enfocado claramente en la etología equina y no en asuntos veterinarios sufragados por inversiones millonarias.

No obstante, la única manera de comportarnos con verdadera justicia hacia ellos consiste en respetarlos como sujetos y no someterlos a nuestros caprichos.

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Argumentos a favor de las bridas abiertas en Farming With Horses

Explotación de caballos en arados

Críticas a las anteojeras por Steven Bowers y Marlen Steward.

 

Recientemente conocí el libro «Farming With Horses», escrito por Steven Bowers y Marlen Steward. Ambos autores son unos hombres estadounidenses que se dedican a la doma de caballos destinados al tiro y, en general, a la agricultura por medio de tracción animal. Poseen una gran experiencia en la gestión de caballos y gozan de cierto reconocimiento en el sector. Esta entrada, lejos de guardar fines publicitarios o aspirar a reseñar la obra, tiene el propósito de destacar aquellos escasos puntos en los cuales coincido éticamente con un documento cuyo objetivo no se basa en otro que difundir y propugnar acciones especistas tales como el empleo de caballos en arados, carruajes y diversos deportes para beneficio económico o recreativo del hombre.

En cualquier caso, me alegra que de entre toda una vasta cantidad de información anecdótica y llena de batallitas me haya topado con unos pasajes muy llamativos que sirven para demostrar que hasta quienes son más cerriles y tradicionales en asuntos vinculados al manejo de équidos pueden cambiar su visión de la realidad. ¿A qué materia estoy refiriéndome? Pues al nada conveniente empleo de anteojeras en caballos enganchados, un tema ya tratado con anterioridad en este blog: Explotación hacia los caballos: Anteojeras I y Explotación hacia los caballos: Anteojeras II.

 

Nota del traductor: Me he tomado la libertad de traducir el texto sin ningún tipo de relación con los autores o la editorial. Solamente presento unos fragmentos resumidos con una literalidad moderada. Es decir, si bien he procurado conservar el orden, me he visto obligado a reformular muchas oraciones y a omitir algunas anécdotas superfluas. Supongo que haciendo esto infringo los trillados derechos de autor; sin embargo, no me queda otra opción para allegar la argumentación de estos dos individuos a las personas de habla hispana no bilingües.

 


 

Ver el paisaje entero. Un argumento a favor de las bridas abiertas.

Estuve hablando por teléfono con mi sobrino y le mencioné que ahora estaba conduciendo a la mayoría de nuestros caballos con bridas abiertas y enseñándole a la gente los beneficios de hacerlo de esa manera. Inmediatamente, se puso a echar chispas: «¿Estás loco? Ése es un buen modo de provocar que la gente se haga daño. ¿No eras tú uno de los pasaba muchísimo tiempo ilustrando los beneficios de las anteojeras y cómo colocarlas?».

Podía ver que él no iba a aceptar mi nueva forma de hacer las cosas sin discutir. Su actitud la comparten muchos de quienes nunca han considerado usar bridas abiertas. Si desea que lo miren con completa desconfianza y suspicacia, basta con acercarse virtualmente a cualquier espectáculo de enganches en Estados Unidos manejando un caballo sin anteojeras. La mayoría de los espectadores querría expulsarlo de allí con gran apremio antes de que su caballo se desbocase y destrozara algo.

 

Los carreteros sí usan bridas abiertas

Después de darle a mi sobrino un momento para calmarse, comencé a explicarle mis razones para el gran cambio de «con anteojeras» a «sin anteojeras». Pareció confortarlo el contarle que yo no soy el único en la Tierra que emplea bridas abiertas. En muchos países extranjeros resulta más común ver caballos enganchados sin anteojeras que con ellas. Incluso así ocurre en situaciones altamente complejas con calles atestadas y un tráfico espantoso.

 

Los caballos que no llevan anteojeras exhiben un alto rendimiento

Luego le di a mi sobrino una perspectiva histórica. Hacia los comienzos del siglo XX, antes de la introducción de equipos motorizados contraincendios, se utilizaban caballos para impeler los vehículos imprescindibles para combatir un fuego. Entonces, a todos esos animales se los dirigía sin anteojeras y aun así se mantenían bajo control. Imagine la vergüenza para el cuerpo de bomberos si sus bestias de carga pasaran de largo en cuanto viesen el humo emergiendo por las ventanas. En ninguna imagen antigua he visto jamás un caballo perteneciente a un equipo contra incendios que llevara anteojeras, sólo pueden encontrarse hoy en recreaciones modernas.

Los caballos de artillería que empujaban cañones durante la Primera Guerra Mundial son otro ejemplo de cómo  logran desempeñar estos animales una labor extremadamente exigente (una que excede de sobra cuanto se les exige en la actualidad durante las faenas cotidianas) sin la necesidad de que algo les obstruya el campo de visión. Aquellos equinos estaban entrenados tanto para ser montados en cualquier momento y lugar como para ocupar el emplazamiento que fuese en un carruaje. A veces, para precisar la localización exacta de los cañones enemigos, se los hacía avanzar hasta delimitar la llamada «línea de la muerte» y conseguían su objetivo incluso con los bombardeos a plena vista.

 

¿Cuál es el beneficio de ver?

También expuse un argumento filosófico a favor de las bridas abiertas. No importa cómo las estimes, acortar parte o toda la capacidad que tiene un caballo para estudiar el entorno es una técnica de refreno. No se trata de una técnica relacional, como el uso del bocado dentro de la boca del animal, porque las anteojeras están o no están: no se utilizan para guiar o detener a los animales según algo les cubran los ojos o no. Cuando un carruaje se apresta para salir, las anteojeras se emplazan cuidadosamente con la finalidad de que permanezcan ahí bien puestas durante toda la conducción, no importa cómo esté comportándose el caballo. Así pues, las anteojeras no dependen del comportamiento; lo cual las convierte en un dispositivo de control no relacional.

Dado que los caballos son animales especialmente relacionales, pienso que es mejor un seguir entrenamiento adecuado para demostrarles que uno mismo es igualmente tan «relacional» como ellos.

Metiéndonos un poco más en profundidad, debido a que las anteojeras son unos elementos de contención que no se usan de manera relacional; únicamente sirven para comunicarles psicológicamente al animal que no se confían en él cuando éste dispone de pleno uso de sus facultades: consiste en una sutil pero poderosa forma de decirle al caballo que sólo queremos utilizar su cuerpo sin usar su mente. En otras palabras, las anteojeras le dicen al caballo que usted no se fía ni lo más mínimo de cómo usará su cerebro si pudiera ver enteramente qué estamos haciendo con él.

Una de mis citas favoritas sobre esta materia es: «Si introduces un elemento de desconfianza en una relación, se acaba la comunicación». Una parte importante del lenguaje de la «confianza» está en «ser abierto».

Para muchísima gente, tener a sus caballos haciendo lo que deben sin haber ningún tipo de respeto mutuo llega a ser aparentemente deseable. Uno de los motivos más básicos para que un caballo salga huyendo es el miedo. Muchos carreteros valoran el efecto «restamiedo» de las anteojeras porque son lo único que conocen e incapaces de aplicar otras fórmulas.

La clave está en entrenar mediante tácticas que se basen en el respeto y no en el miedo como factor estimulante; aunque, para ello, se precisa una mentalidad diferente.

 

Las anteojeras y la imaginación.

Mi sobrino parecía entender ahora mi perspectiva, así que añadí mi razón preferida de todos los tiempos para no ponerles anteojeras: incrementar la calma. Si le quitas al animal la capacidad de ver cuanto esté a su alrededor, estás multiplicando las posibilidades de que imagine cosas que realmente no están ahí. A menudo he oído historias de algunos cocheros sobre que sus caballos no se asustan ante perros ladradores cuando éstos se les acercan desde lejos; pero que, tan pronto como las anteojeras ocultan el perro en un lado de la acera, emprenden una enloquecida escapada.

Imaginación, desconfianza e incapacidad de ver pueden causar un pánico repentino en estos animales.

Como iba diciendo, la clave radica en un entrenamiento cuidadoso en el cual logremos desensibilizarlo ante la carga que lleve. Algo que caracteriza a los caballos entrenados en bridas abiertas es la tranquilidad y suavidad con la que actúan. Se les nota así que ha aumentado su comprensión mental. En cambio, aquellos caballos entrenados con anteojeras suelen desbocarse si de repente ven cuanto llevan detrás. Éstas deberían ser razones suficientes para que todo cochero se replanteara su forma de entrenar. Depositar en unos trozos de baqueta la esperanza de que no sucederá una catástrofe no lo veo como un acto prudente ni apetecible.

Si pese a este razonamiento sigue sin tener interés en desterrar las anteojeras, sepa igualmente que algún día puede toparse con otro cochero cuya manera de ejercer sea distinta. Al contrario de la reacción inicial de mi sobrino, ponerles unas bridas abiertas no es algo que nadie haga por un episodio de locura. Quienes así proceden se sienten más seguros. Como le dije a sobrino: en vez de mantener una actitud «ciega» sería mejor que abriera los ojos para contemplar otra cara del mundo.

 


 

Por desgracia, la mayor parte del libro sólo me produce náuseas, sobre todo, cuando realiza referencias puntuales a arreos «de control» durísimos utilizados en entrenamientos o durante las competiciones; sin apreciarse ningún matiz crítico. Es más, ellos mismos deberían aplicar su propio análisis y consideraciones para estar en contra de algunos artilugios, tales como los engalladores y las sobrerriendas, basándose en que son asimismo instrumentos no relacionales (además de increíblemente crueles).

Pese a todo, es de agradecer que individuos tan involucrados en este mundillo tengan capacidad de autocrítica y así lo expongan; aunque resulte insuficiente.

 

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Explotación hacia los caballos: Espuelas

Diferentes tipos de espuelas

Las espuelas se definen comúnmente como una rodaja de espigas metálicas terminadas en punta que, ajustada al talón de un calzado, se emplean para «picar» a la cabalgadura. En esta entrada voy a analizar brevemente los usos de este artilugio de tortura, las malconcepciones (falsas creencias) habidas acerca de su supuesta necesidad y simbolismo, y los efectos sobre el animal.

Usos

Las espuelas suelen emplearse, o incluso a veces vienen impuestas en ciertos campos, con el objetivo de obligar a dicha montura a que «respete» (obedezca) al jinete o se doblegue rápidamente a su voluntad. El «funcionamiento» resulta muy sencillo: dado que las ijadas y la zona alrededor de las caderas son una región corporal ultrasensible en los équidos, cualquier tipo de presión, ya sea mayor o menor, supone una notable molestia para el cuadrúpedo. Éste aprende, a través de una forma negativa y nada excusable al provenir de una autoproclamada especie inteligente, que sufrirá dolor si no responde a los deseos de quien lo cabalga.

Según exponen algunas encuestas realizadas en foros, aproximadamente el 50% de quienes utilizan este instrumento sólo lo hacen como estímulo («refuerzos positivos») y el 50% restante lo usa tanto para estimular como para castigar («refuerzos negativos»).

Personalmente, los conceptos de «refuerzos positivos» y «refuerzos negativos» me parecen grotescos, ridículos, eufemísticos y subjetivos. En términos humanos habría que hablar de «amenazas» y «castigos», respectivamente.

Malconcepciones

No pocos «expertos de la equitación» en no pocas escuelas aconsejan de uno u otro modo la utilización de espuelas. Aluden a que así el caballo responde mejor, que si se avanza más rápido en la doma, que si reunión con el animal, etc. Por una parte, algunos mencionan que no se recomiendan para jinetes novatos o recién iniciados; sino que son una especie de medalla, trofeo o signo de reconocimiento para aquéllos más experimentados: «las espuelas hay que ganárselas» [sic] (no explicado de esta manera tan nimiamente heroica, claro). Otros, por el contrario, enseñan desde primera hora a sus alumnos una «equitación» con espuelas.

¿Se justifica el empleo de espuelas? ¿Se requieren realmente para algo?

La respuesta es NO, un buen jinete sabe que bastan unos suaves toques con las pantorrillas para hacerse entender. Ningún proceso de la doma (entendida en un sentido utópicamente respetuoso: es antinatural de por sí que un animal obedezca a otro animal) precisa instrumento alguno que atente contra la integridad de los individuos. Ésta es simple y llanamente una herramienta de sometimiento; una vía engañosamente fácil de dominar a la «bestia».

Efectos

Empleadas con desafuero, las espuelas pueden causar contusiones, heridas y sarpullidos; cuanto más, un miedo terrible en el animal. En muchas ocasiones reciben espuelazos de jinetes desaprensivos sin ton ni son, lo cual provoca que estos ejemplares queden «inservibles» para los propósitos que las personas les han egoístamente encomendado.

Conclusión

Para ser justos debemos posicionarnos en contra de todas las disciplinas ecuestres y, en definitiva, de toda explotación caballar (animal en general): competición (hípica), crianza (yeguadas), monta, compra-venta (empresas, particulares)… Incluido asimismo los enganches y demás carruajes con finalidad exhibicionista, laboral, religiosa (romerías) u ociosa.

Tampoco debiera aceptarse desde un punto de vista ético acciones especistas tan asentadas y glamurosas como el hecho de pasear a caballo. Jamás resulta ético ninguna acción ni ningún arreo, guarnición o atalaje dispuesto para la explotación y el sufrimiento ajeno.

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«Azabache», de Anna Sewell

Portada libro Azabache (Black Beauty) - Anna Sewell«Azabache» es el título y nombre del protagonista de una novela juvenil que, escrita a finales del siglo XIX por Anna Sewell, se hace eco de las condiciones de la esclavitud de los caballos.

Azabache: las vivencias de un caballo en primera persona

Cita de la autora:

«We call them dumb animals, and so they are, for they cannot tell us how they feel, but they do not suffer less because they have no words».

«Los llamamos animales mudos, y así lo son al no podernos contar cómo se sienten; pero no sufren menos porque no tengan palabras».

Título original: Black Beauty (Literalmente: Belleza negra)

Reseña personal

Anna Sewell fue una escritora ingeniosa y muy peculiar; una mujer adinerada que, minusválida, requería constantemente la ayuda de sirvientes para moverse dentro de casa y la explotación de équidos para el transporte por la ciudad. Esta señora, tremendamente idealista, se propuso a una edad ya muy avanzada el escribir una novela juvenil para plasmar sus críticas y experiencias en torno a aquéllos a quienes mejor conocía: los caballos y el trato que les daba la gente, con la ilusión de mejorar el día a día de éstos y su condición de vida.

Esta novela, narrada en primera persona por un caballo, tiene como protagonista a Azabache. Un equino que, de una manera amena y estoica, narra sus vivencias desde que era un simple potrillo hasta la vejez. Cada etapa y cada dueño por los que pasa le servirán para conocer mejor a los humanos, sus manías, caprichos, excentricidades y arraigados convencionalismos.

A sabiendas, Anna Sewell aprovecha al máximo las circunstancias planteadas para hacernos ver qué hacemos los humanos y por qué lo hacemos en una velada actitud removedora de conciencias. Posiblemente, la autora hubiera estado bastante de acuerdo con argumentos similares a los expuestos incluso por actuales explotadores ecuestres.

A través de Azabache, su protagonista y narrador, descubrimos que la postura de la autora es bienestarista. Condena la manera en que la sociedad explotaba —y explota— pero no cuestiona el mero hecho de que sean usados como medios de transporte ni para otros fines. Azabache, en un sentido metaliterario, corresponde a un alter ego de la autora que incurre en el sesgo antropocéntrico y bienestarista al asumir que los caballos y otros animales serían felices con sólo recibir un trato amable.

Recomiendo este clásico de la literatura inglesa por su calidad literatura, temática e impacto social. Es una obra que interesará tanto a jóvenes como a adultos que sientan una especial apego por los Derechos Animales y las acciones humanas sobre la naturaleza. Este libro, al menos, merece el mérito de que logró influir muchísimo en la Inglaterra de finales del siglo XIX y favoreció la supresión de ciertas prácticas hacia los caballos poco comunes en la actualidad.

Quizás, el impacto habría sido mayor si no hubiese estado censurado durante todo el periodo del Apartheid; pues, aunque no se centra en la raza negra ni en la esclavitud humana, las analogías entre las características de ambos fenómenos son más que evidentes.

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Tanto la versión original de «Azabache» —en inglés británico— como la traducción al español están en dominio público.

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