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El empoderamiento especista de las mujeres

¡Derechos Animales ya! - El empoderamiento especista de las mujeres - Feminismo mal entendido - Mujer ganaderaUna ganadera monta a caballo para controlar a las reses. Nótese que tanto el caballo como el toro son animales esclavizados y dominados por el ser humano. No tiene nada de justo que, dentro del movimiento feminista, se promuevan acciones especistas en mujeres bajo el argumento del empoderamiento femenino. Éste es un ejemplo de feminismo mal entendido.

Feminismo mal entendido

El feminismo es un movimiento social justo que defiende la igualdad, autonomía y soberanía de las mujeres como individuos plenos de la sociedad. Sin embargo, en los últimos años acontece un feminismo mal entendido cuando distintos sectores feministas asocian que ejercer la ganadería, y ciertas actividades de mayoría masculina, sea una forma de empoderamiento ético con que demostrar su valía.

En este artículo, quisiera lanzar una reflexión sobre el empoderamiento especista de las mujeres, es decir, sobre el error de participar y promocionar actividades basadas en la explotación, dominio y asesinato de animales con el fin de demostrar que las mujeres pueden, efectivamente, realizar las mismas labores que los hombres.

El empoderamiento especista incurre en un feminismo mal entendido. Así ocurre porque el feminismo es un principio ético basado, a su vez, en el principio de igualdad. La raíz del feminismo radica en el valor del individuo y la consideración de que la mujer merece respeto porque posee su propia conciencia e intereses inalienables. El feminismo comparte el mismo fundamento que el veganismo y otros principios análogos.

¡Derechos Animales ya! - Mujer ganaderaUna mujer ganadera no es diferente de un hombre ganadero. El empoderamiento femenino, justo y necesario, no debiera pasar por el dominio y asesinato de terceros. Los animales también son víctimas de nuestra opresión.

Ser ganadera no es una forma ética de empoderamiento femenino

Si entendemos que los animales también merecen respeto porque sienten y padecen como nosotros, se vuelve patente que no debemos ejercer contra ellos ninguna acción en detrimento de sus vidas, libertad e integridad. Si alguien feminista comprende que la humanidad debe respetar a las mujeres y que ellas son víctimas del heteropatriarcado, ¿cómo es posible que desde el movimiento feminista se fomenten acciones contra otras víctimas?

Al igual que sucedió con el racismo, hoy presenciamos algunas formas de feminismo que distan mucho de su definición y concepto originales. En el siglo XIX, el fin de la esclavitud negra no hizo que los hombres negros —esclavos hasta entonces— entendieran que las mujeres también sufrían un tipo particular de discriminación sexista. Los hombres negros eran tan sexistas hacia las mujeres como los hombres blancos.

Hoy, de la misma manera, la destrucción paulatina de los regímenes patriarcales no está logrando que las mujeres comprendan que los animales también merecen respeto. Las mujeres de la actualidad son tan especistas hacia los animales como los hombres. La mayor parte de las mujeres del mundo no han comprendido que los animales han sido y son sujetos tan o más cosificados históricamente que ellas mismas. Ello desemboca que, como los hombres, algunas se sientan atraídas a ejercer como ganaderas y practicar distintas actividades especistas.

¡Derechos Animales ya! - Mujer fumadora - Feminismo mal entendidoA mediados del siglo XX hubo grandes campañas publicitarias, ejercidas por compañías tabacaleras, para promocionar la imagen de la mujer fumadora como empoderada. Estos anuncios triunfaron y el número de mujeres fumadoras se multiplicó. Las técnicas de manipulación surten efecto en una sociedad que confunde la forma con el fondo.

¿Por qué acontece el empoderamiento especista?

La creencia de que una mujer ganadera, cazadora o pescadora sea empoderada deriva de la propia creencia antropocéntrica de que ejercer distintas formas de explotación animal sea una muestra de poder frente a terceros. Las mujeres que se enorgullecen al ejercer distintas formas de explotación animal muestran la misma mentalidad que algunos hombres aborígenes cuando persiguen y dan muerte a un león para demostrar su hombría. O, en un sentido actual, cuando los hombres se regodean en la tauromaquia y otros festejos crueles.

El empoderamiento especista se produce, ante todo, a causa de la omnipresencia del especismo y del antropocentrismo. Este pensamiento conduce a muchas mujeres a pensar que ellas son más importantes que los animales o que su opresión carece de parangón con el de otras víctimas.

Estos prejuicios tan cotidianos cobran relevancia en el marco de una sociedad tribalista, es decir, en que los diferentes colectivos sólo se preocupan por las necesidades e intereses de sus miembros mientras no dudan en ignorar o perjudicar los intereses de terceros. De hecho, muchos colectivos posmodernos llegan al extremo de negar que un oprimido puede ser opresor al mismo tiempo, algo que, cuando menos, resulta más que evidente en el caso de la mujer ganadera.

Por otro lado, también se produce una grave confusión cuando dentro del movimiento vegano se introducen sesgos sexistas para preferenciar o centrar su discurso en la situación de animales hembras (vacas, gallinas, etc.). Los animales de sexo femenino no son explotados por ser «mujeres» sino porque no son de nuestra especie.

¡Derechos Animales ya! - Cisne con sus críasLos animales, como las mujeres y otras víctimas oprimidas históricamente, desean que respetemos sus vidas.

Conclusión

No puede haber justicia universal mientras los humanos nos creamos con legitimidad para explotar y cosificar a otros sujetos. Los animales también son personas, es decir, seres que poseen su propia personalidad y conciencia. Alguien feminista sólo puede ser justo y coherente si, al mismo tiempo, cumple con el principio ético del veganismo y defiende los Derechos Animales.

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Las yeguadas y la cría de caballos

¡Derechos Animales ya! - Tres caballos mirando a dos vacas desde su redil - YeguadasLas yeguadas son centros ganaderos dedicados a la cría de caballos para la obtención de carne o para su venta como monturas o animales de tiro. Los caballos y otros animales son legalmente esclavos y su esclavitud es, por diversas razones, análoga a la esclavitud humana y a muchas de las vivencias relatadas por los propios esclavos negros del siglo XIX. En la fotografía, tres potros frisones miran hacia dos vacas que están en otra parcela. Ellos son criados en una yeguada y ellas en una granja láctea. No existen los animales libres.

Las yeguadas son centros ganaderos que destrozan la vida de los caballos

La esclavitud animal engloba todo tipo de injusticias propias de cualquier sistema esclavista. El hecho de que nuestra especie tenga el poder para disponer de otros animales a su antojo genera situaciones tristes, vivencias traumáticas y prácticas aberrantes que, a veces, no somos capaces ni de imaginar. El ser humano moderno se sobrecogería si pudiese ponerse por un instante en el lugar de las víctimas que causamos a diario y experimentar cómo destrozamos la vida de cada una de ellas. En esta entrada quisiera tomar como ejemplo las yeguadas y la explotación referida a la cría de caballos.

Las yeguadas son centros ganaderos delicado a la cría —o crianza— de caballos. La ganadería ecuestre —o caballar— presenta una serie de particularidades que las distinguen de otras más comunes y conocidas, como la ganadería vacuna, avícola o porcina. Mientras que otros tipos de ganadería se centran únicamente en la reproducción y engorde de los animales hasta llevarlos al matadero, las yeguadas pueden ser dos tipos generales: dedicadas a la cría de caballos «de carne» (con rasgos seleccionados para engordar más rápido y obtener más kilos de carne) o dedicadas a la cría de caballos «de raza» (con rasgos seleccionados por el ser humano para servir como monturas o bestias de tiro).

El primer tipo de yeguada es igual, en esencia, a otras explotaciones ganaderas: se insemina a las hembras, se marca y separa a las crías, se los castra, se los engorda y se los asesina en un matadero. «Gracias» a las organizaciones animalistas y sus campañas bienestaristas, ahora también es posible que, en lugar de que padezcan el estrés de subir a un camión para llevarlos al matadero, el matadero venga a sus rediles. Si estos caballos pudieran hablar, seguro que expresarían muestras de devoción. Resulta triste, pero esperable, que el cese parcial del transporte de animales vivos sea el mayor «logro» del movimiento animalista en 50 años.

El segundo tipo de yeguada realiza exactamente las mismas operaciones de control y manipulación. Sin embargo, en lugar de enviarlos a asesinar, aprovecha la utilidad potencial de los caballos para otros fines según su raza. De esta manera, estos centros ganaderos suelen domar y entrenar a estos esclavos para venderlos a un mejor precio. Y si en un futuro el propietario lo considera oportuno o sufren un accidente, ya tendrán tiempo de terminar en el matadero.

Con independencia del fin, los caballos son meros objetos a los se reproduce, alimenta y encierra para obtener un beneficio a costa de sus intereses inalienables. La mayor parte de los caballos, como en otros animales, quedan aparcados o hacinados en cuadras reducidas o rediles más o menos densos.

¡Derechos Animales ya! - Caballos metidos en cuadras por la mañanaAunque los propietarios de las yeguadas —o aquéllos que trabajan en la cría de caballos en general— puedan desarrollar un profundo aprecio por los animales que crían y cuidan, no han tomado consciencia de que su modelo de negocio consiste en traer animales al mundo para que sean tratados como simples objetos hasta terminar asesinados entre cuatro sucias paredes cuando ya no sirvan. Los propietarios de estos centros ganaderos no han comprendido los daños físicos y psicológicos que causan a los caballos y que no querrían para sí mismos. Nadie querría vivir media vida en una cuadra y la otra media vida en un picadero, en una pista de espectáculo, en terapias, en el monte o en la carretera para pasear a su amo o a algún turista o a una pareja de recién casados.

El cinismo de los propietarios nos recuerda al de los antiguos esclavistas

Las analogías entre la esclavitud humana y la esclavitud animal son apabullantes para cualquiera que se haya tomado la molestia de analizar la absoluta semejanza e igualdad existente en cuanto a condiciones y sucesos. Del mismo modo en que un esclavo negro en el siglo XIX estaba totalmente desamparado y sujeto a los caprichos de sus amos, los caballos de las yeguadas y otros animales esclavizados quedan a merced de un sinnúmero de acciones arbitrarias contra su voluntad, deseos y sentimientos.

Para que el lector pueda formarse una idea propia, quisiera relatar una serie de ejemplos reales que cualquiera, con buen ojo, puede entender y fijarse si visita las páginas webs de alguna yeguada o ve vídeos subidos por estos mismos centros ganaderos. En lo referido a la esclavitud animal no hay nada oculto, todo es perfectamente visible para quien quiera tomarse la molestia de conocer la realidad.

  • Linaje, pesos y medidas: Al igual que sucedía antaño con los esclavos negros, los caballos y otros animales esclavos son pesados y medidos por los propietarios para poder promocionarlos como productos de venta. Cuando uno revisa la información aportada por las yeguadas, puede ver una ficha con caballo en que se desglosa su parentesco, peso, conformación general, etc. Desde las antiguas civilizaciones, en los caballos se valora mucho si las proporciones están adecuadas al fin que se les espera: un perfil atlético y grácil para caballos destinados a carreras; patas anchas y ancas macizas para los caballos destinados al tiro, etc. De esta forma, el comprador potencial puede hacerse una idea de si el producto va acorde con sus intereses y deseos.
  • Entrenamientos y trabajos forzados: Antaño, a los esclavos humanos se los hacía salir a ejercer labores físicas y muy duras para beneficio de sus amos. De un modo equivalente, en las yeguadas se tiene un control milimetrado de las edades y momentos oportunos para ejercer la coacción y condicionamiento de tales animales para despojarlos de su voluntad, albedrío y generar una indefensión aprendida ante la violencia ejercida por los seres humanos. Esto se consigue mediante entrenamientos y aparejos que restringen su movimiento o capacidad sensitiva.
  • Orgullo ganadero: Si hace dos siglos existía un orgullo entre los esclavistas por tener cincuentas «cabezas negras» en una plantación de algodón, los propietarios de las yeguadas y de otros centros ganaderos suelen señalar con satisfacción que llevan generaciones dedicándose a la crianza y mejora genética —este término quizás lo hubieran empleado en el pasado si se hubieran descubierto antes los genes— de la raza que crían y comercializan. Por ello, no dudan en posar junto a sus ganados —esclavos—; sus antepasados lo hacían con un rifle y con una cadena en mano, y sus hijos lo hacen con una fusta y un esclavo aparejado.
  • Cosificación referencial: Además de la cosificación evidente por sus acciones y poses, un esclavista moderno coincide con un esclavista decimonónico en que habla de sus esclavos a granel: les pone nombre simbólicos que hacen referencia a su cultura —a los negros esclavos se los despojaba de sus nombres nativos— y se refiere a ellos siempre como objetos, herramientas, etc. Como se hacía con los esclavos humanos, los esclavos animales figuran denominados como «activos autoreplicantes».
  • Falta de empatía: El colmo del cinismo de los esclavista acontece cuando, a pesar del interés particular y arbitrariedad de sus acciones, suelen dar a entender que sienten lástima por el desapego cuando venden alguno de sus esclavos. Si antes del cese de la esclavitud en países occidentales hubiese existido cámaras en alta definición, hoy nos encontraríamos escenitas análogas a las vistas en cualquier vídeo de Youtube. Es fácil encontrar material audiovisual en donde el esclavista de turno aparece llevando de la cabezada a una yegua que van a inseminar —con semen frío metido en un tubo— para «hacer nuevos caballos» o en que aparece despidiéndose del animal y deseándole lo mejor, abrazado a él, porque lo han vendido ya nunca volverá a verlo. ¿También sonríen cuando marcan a sus ganados con un hierro candente? Este tipo de escenas son especialmente obscenas; pues la única víctima ahí es el animal que no volverá ver a su madre, a sus hermanos ni a sus amigos de la manada; así como los caballos de la yeguada que ya no volverá a estar a su vera. El ser humano se muestra tan egoísta y antropocéntrico que incluso quiere acaparar la atención como si fuera una víctima cuando es culpable y promotor absoluto del suceso mostrado.

Derechos Animales ya - Mujer acaricia a un caballo en los establos - Yeguadas y la cría de caballos - Centros ganaderos

Las yeguadas y otros centros ganaderos suelen heredarse de padres a hijos. La mujer que figura en la fotografía no ha comprendido que su amor hacia los caballos es cosificador. No los quiere ni los respeta como individuos; sino como objetos que le brinda compañía y recreación. El origen de la cosificación animal y del especismo radica en la inculcación de la supremacía humana desde la niñez.

Conclusión

La esclavitud animal vulnera los intereses inalienables de los animales esclavizados y es la consecuencia material de que los tengamos cosificados a ojos de la ética y de ley. Todas las acciones injustas y aberrantes son inherentes al régimen de la esclavitud e inevitables mientras ésta siga vigente. La humanidad debe comprender que los demás animales, como nosotros, sienten, padecen y quieren vivir sus vidas en paz.

Podemos y debemos vivir sin explotarlos, manipularlos, coaccionarlos ni perjudicarlos voluntariamente de ningún modo. Ése —y no otro— es el significado del veganismo. En nuestra mano queda terminar con la esclavitud animal; la única global, vigente y aceptada en todo el mundo en pleno siglo XXI.

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Los juguetes especistas y la simbología del especismo

¡Derechos Animales ya! - Juguete de Playmobil con dos mulas en el oeste - Juguetes especistas - Juegos infantilesEl especismo se transmite de generación en generación por inculcación cultural. Uno de los medios más relevantes que adoctrinan en el especismo son los juguetes especistas. En los juguetes de Playmobil, preciosos y detallistas, se produce una recreación del especismo y una normalización de la explotación animal y la esclavitud a la que tenemos sometidos a los animales.

Los juguetes normalizan el especismo

Como se ha tratado en otras entradas, nuestra percepción hacia los animales está condicionada por factores biológicos y culturales. De entre los distintos factores implicados, la educación de los menores ejerce el mayor impacto respecto a su manera de considerar y tratar a los animales cuando éste alcance la adultez. Las conductas especistas son aprendidas durante la infancia y, una vez fijadas, el adulto presenta serias dificultades para cuestionar la validad, certeza y corrección de aquello que se le ha enseñado.

Al igual que el racismo o el sexismo se originan por la inculcación de creencias sexistas y racistas en los menores, la existencia del especismo, otro prejuicio más arraigado, se debe a la transmisión intergeneracional de la creencia de que está bien discriminar a otros por ser de una especie distinta. Existen medios muy diversos por los que puede transmitirse el especismo y otros prejuicios. Entre éstos, destaca el papel de los juegos y de los juguetes. Si un juguete puede considerarse sexista o racista si fomenta el sexismo o el racismo, será especista si fomenta el especismo.

En los juguetes, creados por adultos para niños, se presenta una retroalimentación del prejuicio especista: los adultos crean juegos y juguetes especistas porque de pequeños conocieron y jugaron con juegos y juguetes especistas. En esta entrada, quisiera tomar como ejemplo a la conocidísima marca de juguetes Playmobil para disertar sobre la recreación del especismo, su simbología y el papel crucial de los juguetes especistas.

¡Derechos Animales ya! - Juguete de caballo herido con el veterinarioLos juguetes de Playmobil, como tanto otros, normalizan el especismo cuando presentan como «normal» que un caballo esté ensillado, que esté bajo nuestro cuidado o que sea feliz mientras lo curamos. Se obvia, por disociación de los propios creadores de estos juguetes, que a los animales del mundo real se los trata como simples instrumentos y que sus cuidados están supeditados a los beneficios que el ser humano obtiene de ellos.

La recreación del especismo y su simbología

En los humanos, como en otros animales, el juego desempeña un papel crucial en el aprendizaje de las crías y en el establecimiento de uniones afectivas dentro de la familia, manada o grupo. Según su naturaleza, pueden diferenciarse los juegos físicos (en que predominan el desarrollo de funciones motrices) y los juegos simbólicos (en que predominan la recreación de una acción o pensamiento).

Para el caso que nos ocupa, sólo los juegos simbólicos tienen relevancia. Entre éstos, se distinguen aquellos juegos que simbolizan elementos abstractos de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, un bebé de juguete no sólo representa un ente físico; sino aquellas acciones que una madre real —de carne y hueso— debe dedicar a su cuidado y las relaciones que con éste establece.

Y no sólo debemos resaltar elementos abstracto de tipo filial; sino también aquellas manifestaciones simbólicas hacia el poder, la dominación y otras variables apreciadas en el seno de la comunidad. Por ejemplo, la caza, la tauromaquia y otros festejos con animales no son únicamente actividades lúdicas; sino representaciones simbólicas del poder y de la dominación humana hacia los demás animales.

De esta manera, los juguetes que representan animales tienen la función tanto de enseñar la existencia o particularidades de tales entes como de recrear nuestra actitud y relaciones reales hacia los animales representados. A raíz de que nuestra especie mantiene con los animales una relación depredadora y parasitista, los juguetes creados en nuestro contexto cultural tenderán a transmitir aquellos prejuicios especistas que conforman nuestra cultura.

¡Derechos Animales ya! - Juguete Playmobil de policía con perro - Juego de policíaEste juguete de Playmobil recrea y normaliza la explotación de perros al servicio de la policía. Como sucede en otros casos, simboliza una relación mutualista y agradable para los animales. Un juguete no representará a un perro con el cuerpo reventado por la explosión de una bomba o su cara de poca felicidad cuando ya sean inútiles para el cuerpo de policía y los manden a sacrificar.

El papel de los juguetes especistas

Los juguetes actuales normalizan acciones como montar a caballo, esquilar ovejas, encerrar al ganado en un redil o explotar perros para detectar bombas. Todas estas representaciones tiene un denominador común: transmiten el prejuicio de que los animales existen para servirnos, de que tenemos derecho para usarlos en nuestro beneficio o que incluso son felices o prefieren ser nuestros esclavos. Todo ello desemboca en que los niños, en cuanto crecen, perciben como correcto o necesario explotar a los animales y someternos a nuestro servicio.

No obstante, llegados a este punto, merece la pena hacer un inciso muy importante. Los juguetes especistas pueden pueden transmitir el especismo porque representan una realidad que el niño o usuario percibe como tal. Si el juego no simboliza elementos abstractos de nuestra vida cotidiana —o no se presenta claramente como un entorno relacionado con la realidad del jugador—, no tiene por qué transmitir prejuicios ni incentivar la violencia. Esto dependerá, asimismo, del grado de madurez y de capacidad asociativa del niño o usuario.

Por ejemplo, los videojuegos, incluso cuando contienen violencia explícita, no son culpables de fomentar la violencia mientras quien los juegue tenga claro que el juego en cuestión no representa acciones que estén bien realizar o que debiera practicar en la realidad. Por el contrario, la menor edad de los menores y, en muchos casos, la cercanía implícita de los símbolos representados pueden hacer creer, verdaderamente, que sea correcto dominar y subyugar a los animales.

¡Derechos Animales ya! - Juguete Playmobil de pastores con vacas, cabras y bueyes - Juguetes especistasLos juguetes especistas normalizan la esclavitud de los animales así como los instrumentos que utilizamos para controlarlos y coaccionarlos. Estos juguetes de Playmobil presentan la esclavitud animal como algo bonito, bello o bucólico.

Conclusión

En la actualidad, un amplia parte de nuestra sociedad se indigna por los casos de «maltrato animal», o acusa de psicopatía a quienes participan en formas de explotación animal mal vistas en la actualidad; al mismo tiempo que enseña, practica y avala otras formas de explotación animal igual de injustas e innecesarias. Así sucede porque la mayoría de la sociedad desconoce y es incapaz de inferir que tales acciones son las consecuencias lógicas y esperables de nuestro contexto cultural.

Si educamos y nos educan en que los animales tienen —o deben tener— un fin para nosotros, entonces cualquier apetito nuestro, por muy trivial y aberrante que fuere, pasa ser justificable en nuestra mente. Por tanto, no cabe extrañarse de que se cometa toda clase de violencia hacia los animales mientras una sociedad especista sigue transmitiendo el especismo a sus hijos mediante juguetes especistas.

Playmobil y otros fabricantes no tienen la culpa ni intencionalidad alguna, simplemente crean y diseñan los juguetes y los juegos que los consumidores compran. Y los consumidores adquieren aquello que representa su realidad aprendida desde la infancia. Queda en nuestra mano educar a nuestros hijos en el respeto que merecen los animales y dejar de crear y comprar juguetes que normalicen el especismo u otros prejuicios.

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Los pasos intermedios llegan solos y sólo con el veganismo

¡Derechos Animales ya! - Pareja de cebras - Pasos intermediosLa vida presente y futura de los animales depende de nuestras acciones hoy. Si nos importan sus vidas, debemos actuar para que se reconozcan sus derechos. Limitarse a pedir pasos intermedios sólo agrava la situación. Al igual que existe la adaptación biológica, también lo hace la adaptación socio-económica.

Introducción

En el ámbito animalista se aduce, a menudo, que debemos promover campañas monotemáticas y medidas regulacionistas porque son un «paso a paso» o «pasos intermedios» para lograr la abolición de la esclavitud animal. En esta entrada quisiera exponer pruebas y argumentos contra esta afirmación, y tratar de demostrar que este alegato proviene del interés explícito de que los animales sigan siendo explotados y cautivos por razones económicas.

En la actualidad, los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Por ello, carecen de derechos legales y sólo existen regulaciones sobre el uso de la propiedad, es decir, normas que dictan qué se puede y no hacer con ellos. Ninguna regulación de la propiedad puede protegerlos porque todas éstas parten desde la premisa de los animales son objetos con un dueño y un propósito; de manera que basta con justificar mínimamente la posesión y propósito del animal para que un actividad dada sea legal o apenas sancionable.

Los activistas por los Derechos Animales tratamos de explicar que nuestro error fundamental no reside en que tratemos peor o mejor a los animales («maltrato animal»); sino en que nos creamos con legitimidad para usarlos como recursos para nuestros fines (alimentación, vestimenta, etc.). Mientras la sociedad participe en la explotación animal, los animales seguirán sin derechos.

Los defensores de los Derechos Animales promovemos que los animales merecen respeto en sí mismos porque, como nosotros, poseen intereses inalienables: vida, libertad e integridad. Podemos y debemos vivir sin usarlos como recursos por las mismas razones por las que asumimos nuestro deber de respetar a otros seres humanos.

Para los animales esclavizados y que terminan vendidos o asesinados no valen los pasos intermedios.

La falacia del paso a paso o de los pasos intermedios

Yo también creía hace años que el bienestar era un paso intermedio, pero no es así. En mi carrera, biología, estudié cómo las medidas de bienestar animal benefician a la industria por reducción de riesgos laborales e incrementan la productividad y el beneficio neto.

Que una empresa pase a adoptar ciertas medidas —algunas ya fijadas a nivel internacional— implica además un valor añadido al producto que puede promocionarse. Los estudios científicos al respecto indican que la sociedad prefiere consumir productos de origen animal cuyo etiqueta diga que «vivió» bien antes que dejar de consumir productos de origen animal. Asimismo, son ya varias las organizaciones, como Aenor, que venden sus propios sellos de bienestar animal y pactan con la industria para ganar dinero.

La terrible realidad es que el bienestarismo es un negocio y que si se vende como una estrategia de «paso a paso» o de «paso intermedio» es porque les conviene a las propias organizaciones animalistas. Los datos y los estudios son contundentes en este sentido.

En un sentido ético, el bienestarismo nunca puede conducir a los Derechos Animales, al igual que el sexismo tampoco puede conducir a la justicia. El bienestarismo parte desde la premisa de que los animales son seres inferiores que existen para servirnos y que nuestra única obligación para con ellos es que «no sufran». Dado que el sufrimiento es subjetivo —no puede servir como criterio ético— y se anteponen siempre los intereses humanos, en la práctica significa que la sociedad tienen su conciencia más tranquilidad comprando «carne ecológica» cuando nada ha cambiado para los animales ni puede cambiar.

¡Derechos Animales ya! - Dos cabritos - Adaptación ecológica y socio-económicaLos intereses socio-económicos harán lo posible para perpetuar la explotación animal mientras la sociedad vea con buenos ojos asesinar y esclavizar a otros animales por no ser humanos. No es justo promover que baste con evitar la extinción de especies o con fomentar la ganadería ecológica.

Algo debe cambiar para que todo siga igual

La clave está en que los pasos intermedios llegan y llegarán por sí solos. En economía se cumple una regla similar a la de la adaptación biológica: algo debe cambiar para que todo siga igual.

Por ejemplo, el modelo depredador-presa nos indica que cualquier adaptación surgida en la especie depredadora o presa incrementa las probabilidades de que se mantenga una adaptación en la otra especie.

La explicación es sencilla: si los activistas por los Derechos Animales promovemos el respeto que merecen todos los animales, un mayor porcentaje de la sociedad dejará de participar en la explotación animal. Las empresas tratarán de aplicar «medidas maquilladoras» y tratarán de «hacer concesiones» para contentar a colectivos y tratar de recuperar su cuota. Justo eso está pasando ahora con productos como la leche de vaca. Es decir, el activismo centrado en los Derechos Animales consigue forzar una adaptación de la industria y de la sociedad en su conjunto.

En cambio, si los activistas nos limitásemos a aplaudir y cantar victorias (campañas animalistas que buscan justificar las donaciones de sus socios), por cada simple regulación legal sobre la manera en que cría y asesina a un animal, estaríamos validando socialmente una «explotación compasiva» y diciéndole a la gente que nuestro fin no es el respeto que merecen los animales; sino darles una crianza y asesinato dulces. Las empresas, en este caso, harán exactamente lo mismo; pero no habrá una sociedad detrás que realmente comprenda por qué los animales merecen respeto.

Los grandes cambios que están ocurriendo se deben a que el veganismo ha empezado a extenderse con fuerza desde hace 10 años, tal como años antes lo hicieron otros movimientos socio-éticos. El bienestarismo existe desde el siglo XVIII —se inició en Inglaterra respecto a las diligencias de caballos— y todavía no ha habido ningún avance ético en la sociedad debido a estas razones aducidas.

Seamos coherentes: promovamos los Derechos Animales sin condiciones.

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La equinoterapia y las explotaciones compasivas

¡Derechos Animales ya! - Pareja de caballosQue un caballo y otro animal esté suelto o viva bien no significa que sea libre. La equinoterapia y otras explotaciones compasivas no dejan de ser una forma de explotación animal.

Introducción

La sociedad humana cosifica moralmente a los animales. Esto significa que los percibe como simples objetos o recursos para satisfacer un fin, y que no muestra para ellos los mismos principios éticos que sí aplica para otros seres humanos. Esta discriminación moral, derivada del antropocentrismo, recibe el nombre de especismo.

Como consecuencia de nuestra discriminación e intereses hacia ellos, la sociedad siempre busca nuevas formas de satisfacer sus gustos, preferencias y placeres a costa de vulnerar los intereses inalienables de los animales. Cuando el interés personal se fusiona con el lucro, surgen nuevas formas de negocio. En esta entrada hablaré sobre una forma de explotación animal relativamente reciente, la equinoterapia, y de cómo el especismo modula la percepción social de una explotación animal determinada según sus objetivos, la metodología empleada y la especie animal involucrada.

¡Derechos Animales ya! - Equinoterapia en una persona con síndrome de Down - Explotaciones compasivasLa equinoterapia brinda beneficios a los pacientes humanos; pero ningún beneficio humano justifica la esclavitud animal. Los animales poseen sus propios intereses inalienables. Para ellos no existen las explotaciones compasivas.

¿Qué es la equinoterapia? ¿Cuál es su enfoque?

La equinoterapia o hipoterapia es un neologismo que se define como el uso de equinos —generalmente caballos— como instrumentos de terapia dirigidos a humanos con algún tipo de trastorno físico o psicológico. Debido a su novedad y a los intereses comerciales involucrados, desde hace algunos años ha acontecido una reconversión de muchos centros de hípica y el surgimiento de nuevos centros ecuestres para suplir la demanda. Los encargados de ejercer la equinoterapia suelen ser psicólogos, pedagogos, asistentes sociales y otros profesionales del área sanitaria.

La equinoterapia ha despertado la curiosidad de muchos investigadores, sobre todo, respecto a sus efectos sobre los pacientes. Existe ya una variopinta literatura científica que versa acerca de las bondades de la equinoterapia para aquellos humanos que reciben dicha terapia. Por lo general, abundan los estudios pertenecientes al campo de la psicología, los cuales, como viene siendo habitual en nuestro contexto posmoderno, contienen argumentaciones rimbombantes y llenas de palabrejas vacías en lo tocante a los beneficios de ésta: integración social, recuperación psico-motriz, fomento de la empatía hacia los animales, evolución personal, recuperación físico-mental, etc.

¡Derechos Animales ya! - Instructores y monitores de equinoterapia - Explotaciones compasivasLos instructores y monitores de equinoterapia suelen ser profesionales del campo sanitario. Estas fotografías proceden de un centro que envió un mensaje de ánimo a sus pacientes y familias debido al cese de su actividad raíz de la pandemia del coronavirus. Los caballos no echarían de menos ninguna de estas explotaciones compasivas.

Beneficios de la equinoterapia… ¿para quiénes?

Entre la publicidad de estos centros se arguyen argumentos tales como que el trote del caballo ayuda a estimular el sistema nervioso en humanos con determinadas lesiones o alteraciones de las células nerviosas. Por este argumento, la equinoterapia desempeña un papel parecido al que tendría un fisioterapeuta o un masajista al aplicar estimulación y rehabilitación de los pacientes. ¿Alguien propondrían secuestrar o esclavizar a un fisioterapeuta por sus increíbles beneficios? Pues esto se hace con los caballos porque no son humanos.

No cabe negar los beneficios que un paciente puede obtener a través de la equinoterapia. Sin embargo, carece de sentido presentar esta forma de explotación, como se hace a menudo, como si fuese una panacea casi necesaria para el tratamiento de enfermedades asociadas a la parálisis cerebral, al espectro autista y otras discapacidades. Y, por supuesto, no tiene justificación excusar esta forma de explotación animal en el beneficio potencial que un ser humano puede extraer gracias a la misma.

A tenor de la cosificación que padecen los animales, el apasionado lector de estudios científicos no encontrará apenas mención a los efectos que pueda tener la equinoterapia sobre los caballos. En estos años, si acaso, he encontrado algunos blogs no veganos en donde se habla del maltrato que sufren los caballos en la equinoterapia y poco más.

A nadie parece importarle, ni se estima, que pudiera haber consecuencias diferentes a las ya existentes con la mera práctica de la equitación. Esta evidencia, entre cientas ya indicadas en este blog, sirven para aducir que la investigación científica no es objetiva en nuestros días porque existe todavía un enraizado prejuicio antropocéntrico.

¡Derechos Animales ya! - Caballo en centro hípico de EscociaUnos caballos están mejor y otros, peor. En todos los casos, se los utiliza como simples herramientas que se crían y dejan, literalmente, aparcadas en una cuadra, redil o establo. Todo caballo debe pasar por un proceso de doma y aceptar la utilización de múltiples instrumentos dirigidos hacia su sometimiento. [Fotografía realizada por Irene Aparicio Estrada].

El bienestarismo de las explotaciones compasivas

Dentro del animalismo, la doctrina imperante es el bienestarismo. Ésta se resume en el dogma de creer que basta con tratar bien a los animales y de rechazar los daños innecesarios para los fines que se espera de ellos. El bienestarismo lleva a muchos animalistas a pensar que existen formas de explotación animal buenas y malas. Entre las «malas» estarían la tauromaquia y la caza, entre las «buenas», aquéllas que benefician a la salud o protección humana, como la experimentación animal, la equinoterapia o la utilización de perros para el servicio de la policía o de ciegos. Las explotaciones compasivas son aquéllas formas de explotación animal dedicadas a ayudar o auxiliar a humanos en circunstancias de especial vulnerabilidad.

A pesar del carácter arbitrario de rechazar unas formas de explotación animal, mientras se apoya y participa en otras, la mayor parte de los animalistas no son conscientes de esta contradicción y se llevan día sí y día también lamentándose por las redes sobre el abandono de animales y otros males que padece los «peludidos» a la par que ellos mismos, con su mentalidad y acciones, son el mayor obstáculo a los Derechos Animales.

Estos individuos no han llegado a comprender lo que implica para los caballos y otros animales vivir en un mundo artificial que los valora únicamente por su utilidad. Prescribir terapias ecuestres para beneficio de los niños y otros humanos con trastornos diversos significa obviar que los animales no son máquinas ni piedras. Ellos también tienen sentimientos y necesidades que no tienen por qué coincidir con las nuestras.

¡Derechos Animales ya! - Caballo visita enfermos en un hospital

Esta imagen pertenece a la captura de un vídeo, realizado por una empresa dedicada a la equinoterapia, para promocionar su servicio de llevar un caballo a un hospital para que visite a los pacientes. La sociedad no sólo se aprovecha de la necesidad de cariño y afecto de los animales para emplearlos como herramientas de terapia; sino que, además, les atribuye a los animales una voluntad de que querer servir a los humanos. Este fenómeno es una forma de autoengaño psicológico.

Conclusión

La ciencia nos permite analizar las relaciones de causa-efecto entre variables de toda índole. En ningún momento nos dice qué está bien o no hacer. Eso le corresponde a la ética. Es tan objetivo aducir el beneficio humano a partir de la equinoterapia como argumentar la injusticia inherente de obligar a los animales a que nos sirvan cual simples instrumentos de terapia en explotaciones compasivas.

Tanto los caballos como otros animales presentan intereses propios que son tan importantes para sus personas como para nosotros los nuestros. Ellos no tienen la culpa de que haya humanos con determinados problemas que necesitan ayuda, auxilio y asistencia. La esclavitud no pasa a estar bien porque la sufra un sujeto que no sea de nuestra especie. El veganismo es el principio ético que conforma la base de los Derechos Animales. Para ser justos con todos los animales debemos ser veganos, es decir, rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento de los derechos individuales para todos los sujetos. Lo demás incurre en contradicción e hipocresía.

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