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El especismo en los videojuegos

¡Derechos Animales ya! - Ciervo en renderizado 3D - Especismo en los videojuegos - ARK: Survival Evolved - Stardew Valley - Planet ZooLos videojuegos son una de las expresiones artísticas más recientes en la historia de la humanidad. Como en cualquier arte, el especismo de nuestra sociedad se plasma en los videojuegos. En este artículo se hace una revisión de tres juegos ARK: Survival Evolved, Stardew Valley y Planet Zoo.

Una revisión sobre el especismo en los videojuegos

El especismo es el prejuicio ético más antiguo y extendido en la humanidad. A raíz de ello, su manifestación es ostensible y omnipresente allá donde alguien concienciado ponga su mirada. Debido a que la mayor parte de la sociedad no percata siquiera de que incurre en dicho prejuicio, he decidido escribir una serie de breves ensayos dedicados a ejemplos muy concretos de especismo en distintos ámbitos. En este artículo, quisiera salir un poco de la tónica general y versar sobre el especismo en los videojuegos.

Cabe aclarar, de antemano, que este texto no tiene la intención de ser exhaustivo. Si me dispusiera a escribir un artículo sobre todos los ejemplos de especismo encontrados en los videojuegos, saldría un tratado de cuatro millones quinientos mil tomos, por lo menos. Además, no he jugado —ni creo que nadie— a todos los juegos del mundo ni tendría tiempo para analizar los matices de cada uno. Dado que hablamos de obras de ficción, no existe una razón ética para que alguien vegano se niegue a jugar, e incluso a disfrutar, juegos marcadamente especistas. Si bien, resulta comprensible que nuestros profundos cambios éticos nos impidan divertirnos como lo hacíamos antes.

¿Y cómo puede ser esto posible? Pues, a mi juicio, porque todos los juegos se basan en el patrón de esfuerzo-recompensa que caracteriza nuestro instinto lúdico. Los elementos involucrados son, hasta ciertos punto, meros decorados que nos llevan desde un estado A —en que no tenemos, no podemos, no alcanzamos a hacer algo— a un estado B —en que logramos nuestros objetivos— con fines recreativos.

¡Derechos Animales ya! - Figura de Super Mario - Especismo en los videojuegos - ARK: Survival Evolved - Stardew Valley - Planet ZooLos videojuegos actuales siguen el mismo patrón que los clásicos. En la mayoría de los casos, los animales aparecen como recursos o elementos del paisaje que dotan de vida un entorno antropocéntrico.

Tres ejemplos paradigmáticos del especismo en los videojuegos

Entrando ya en materia, me conformaré con señalar tres videojuegos: ARK: Survival Evolved, Stardew Valley y Planet Zoo. Hablo sobre estos juegos con conocimiento de causa porque los he jugado durante más o menos tiempo. Los he elegido, entre una larga lista, porque su enfoque, argumento y desarrollo fomentan la explotación animal al partir desde una visión antropocéntrica distinta:

  1. Los animales como bestias irracionales, cuyo dominio reafirma nuestra supremacía.
  2. Los animales como seres que aceptan el manejo humano y con quienes mantenemos una relación mutualista y romántica.
  3. Los animales como recursos naturales que requieren conservación para evitar una desaparición de especies que perjudique a nuestros intereses.

Lo he clasificado en este orden porque las distintas manifestaciones del especismo han ido surgiendo paulatinamente en una escala cronológica.

Por ejemplo, puede argumentarse que los rituales de dominación animal quizás sean una de las expresiones más primitivas del especismo. Desde las primeras sociedades humanas de cazadores y recolectores, hasta tribus actuales, siguen cazando y matando animales con el único fin de demostrar su hombría o superioridad.

Más tarde se desarrollaría la domesticación y los mitos asociados al ser humano como especie elegida para ser vicarios de la Tierra, de que los animales existen para servirnos y de que, ellos se benefician de nuestros cuidados.

Y, tiempos modernos, vendría la manifestación especista consistente en creer que los animales son recursos naturales que debemos proteger por el bien de la humanidad para continuar explotándolos y que pueden estar mejor bajo nuestro yugo que en la naturaleza.

¡Derechos Animales ya! - Cabecera de Ark: Survival Evolved«ARK: Survival Evolved» refleja la visión antropocéntrica de los animales como bestias irracionales, cuyo dominio reafirma nuestra supremacía.

ARK: Survival Evolved

«ARK: Survival Evolved» es un videojuego de supervivencia que sitúa al personaje en un lugar ficticio donde hay criaturas de la Era Secundaria (dinosaurios, especialmente). Nuestro avatar es un hombre o una mujer desnudos, cuyos rasgos físicos podemos personalizar antes de cada partida, que se despierta en una isla —u otro mapa seleccionado— y debe cazar, construir un refugio y realizar diversas acciones para sobrevivir.

Nuestro personaje puede fabricar herramientas, máquinas y construcciones diversas; así como domar dinosaurios para usarlos como monturas, herramientas de trabajo y de guerra. Se trata, en líneas generales, de un juego que combina las mecánicas de «Minecraft» y de un battle royale multijugador en tiempo real permanente.

Desde un punto de vista basado en los Derechos Animales y en la perspectiva social del mundo actual, podemos decir que este juego promueve la creencia de que necesitemos cazar o comer animales para sobrevivir, la visión de que los animales son meros recursos existentes en la naturaleza para extraer bienes y servicios y, como colofón, la idea de que la prosperidad y logros humanos van asociados a la dominación de los animales para usarlos en labores pesadas y en enfrentamientos contra otros humanos.

¡Derechos Animales ya! - Cabecera de Stardew Valley«Stardew Valley» refleja la visión antropocéntrica de los animales como seres que aceptan el manejo humano y con quienes mantenemos una relación mutualista y romántica.

Stardew Valley

«Stardew Valley» es un videojuego independiente, realizado por un único programador, en que el jugador hereda la granja de su abuelo y se muda al campo para «vivir de la Tierra». En este juego podemos practicar la agricultura, la ganadería, la minería, luchar contra todo tipo de criaturas ficticias y, en definitiva, construir una «finca de ensueño» con su invernadero, hortalizas, árboles frutales, corrales, establos, etc.

Por su apariencia simple y minimalista, ofrece una visión absolutamente romantizada del modo de vida tradicional o campestre. Y, por desgracia, promueve una idealización profundamente falsa de la esclavitud animal y de las verdaderas prácticas que se ejercen en la ganadería. En «Stardew Valley» no muere ningún animal catalogado como «ganado» y éstos siempre aparecen sonrientes, tranquilos, mansos y amorosos hacia el jugador.

Ha sido tal el éxito de este videojuego, desde que se lanzó al mercado en el año 2016, que incluso hay publicado un artículo académico que busca analizar la relación entre el éxito comercial —su único creador se ha convertido en multimillonario— y el desconocimiento de los ciudadanos urbanitas sobre el mundo rural.

El autor de dicho artículo tira por derroteros lejanos al veganismo y opta por tomar este videojuego como ejemplo de la desconexión social sobre la agricultura actual, los efectos medioambientales, la incultura sobre prácticas ganaderas, la necesidad de la sociedad de evadirse con mentiras y, como guinda, critica la «moda» vegana de «antropomorfizar al ganado». Me llama la atención cómo, a juicio de un especista, tratar mínimamente con respeto —aun cuando tales animales aparecen explotados en el juego— supone algún tipo de «humanización».

En definitiva, es un juego vistoso que muchos veganos llegaríamos a disfrutar si la trama consistiera en que tales los animales estuvieran recogidos o adoptados en un albergue para salvarles la vida.

¡Derechos Animales ya! - Cabecera de Planet Zoo - Especismo en los videojuegos«Planet Zoo» refleja la visión antropocéntrica de los animales como recursos naturales que requieren conservación para evitar una desaparición de especies que perjudique a nuestros intereses.

Planet Zoo

«Planet Zoo» es un videojuego que permite a los jugadores construir su propio zoológico. Ya ha habido muchos juegos anteriores de esta temática; pero éste destaca por incorporar gráficos en alta definición, mecánicas muy realistas y por intentar imitar el comportamiento de los animales.

Como en la vida real, «Planet Zoo» permite a los jugadores esclavizar —virtualmente— a más de 90 especies animales que el ser humano disfruta cosificando como objetos movientes en un museo. Hasta aquí no habría nada destacable. Sin embargo, el juego sorprende por su enorme realismo. Integra todo tipo de opciones para la instalación de vallados, alambradas electrificadas, torres de vigilancia, e incluso podemos contratar guardias con fusiles armados y listos para disparar a cualquier animal que ose querer ser libre.

Además, si el jugador no sigue los protocolos de Bienestar Animal y mantiene a los animales en condiciones socialmente mal vistas, aparecerán decenas de manifestantes animalistas (bienestaristas) que exigirán jaulas más grandes y un mejor trato para los animales encerrados. Y tú, como dueño y administrador del zoo, tendrás que aplicar una serie de medidas para tranquilizarlos y proseguir rentabilizando tu negocio. Ellos se harán unas fotitos muy monas para la galería y tú seguirás engrosando tus beneficios.

¿Te suena en algo al juego que mantienen las organizaciones animalistas con las empresas dedicadas a la explotación animal? Eso sí que es un verdadero mutualismo. Cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia…

¡Derechos Animales ya! - Comentario de Marnie en Stardew Valley - Especismo en los videojuegosLos videojuegos también son un reflejo positivos de los avances éticos de nuestra sociedad. En «Stardew Valley», Marnie, la ganadera del pueblo, le comenta al jugador que se cuestiona si a las gallinas les sienta mal que ella les robe sus huevos. Todo el mundo puede hacer la conexión en algún momento de sus vidas.

Conclusión sobre el especismo en los videojuegos

Mientras la sociedad continúe siendo especista, los videojuegos solamente representarán en mayor o menor medida el pensamiento mayoritario hacia los animales. Depende de nosotros, los activistas, transmitirle a la sociedad las bases del veganismo y de los fundamentos de los Derechos Animales. Y, en el caso que nos ocupa, también tenemos la responsabilidad de derruir mitos enraizados que se reflejan en la creencia de que necesitamos comer animales o productos derivados, que necesitamos explotar a los animales para que sobrevivan o que están mejor bajo nuestro dominio que siendo libres en la naturaleza.

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¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos

La domesticación, la selección artificial y sus efectos

¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectosLa domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

Una introducción al especismo científico

Un biólogo investigador, experto en el campo de la domesticación animal, trató de humillarme en Twitter —sin expresar ningún argumento, dejándome a merced de sus seguidores (o palmeros)— ante mi afirmación de que la domesticación podría definirse como «el proceso de endogamia forzada por el cual el ser humano ha seleccionado y manipulado a los demás animales para disponerlos como recursos para sus fines. Es la consecuencia de un fenómeno de cosificación».

Quizás recurrió a la ridiculización y al insulto fácil porque no sabía que yo también era biólogo. Este señor, como doctorado, posee un nivel de conocimientos y de especialización mayor en su área. Sin embargo, eso no lo vuelve inmune de incurrir en el efecto Dunning-Kruger, es decir, sus altos conocimientos no le impiden caer en la creencia irracional de que siempre llevará razón en su campo de estudio o de que tenga suficiente conocimientos para refutar o contraargumentar en otros campos (como en filosofía, antropología, historia o Derechos Animales).

Los prejuicios morales, junto con los conflictos de intereses personales y colectivos, constituyen uno de los pilares del antropocentrismo. Y una interpretación sesgada de la naturaleza nos lleva a tratar de excusar la explotación animal apelando a la falacia naturalista. La ciencia es objetiva en sí misma. Sin embargo, al estar construida por seres humanos, no queda libre de prejuicios especistas camuflados de objetividad.

Sin más preámbulos, en este artículo quisiera definir y reflexionar acerca del proceso y los efectos de la domesticación desde un punto de vista biológico y filosófico, y ofrecer mis propios juicios sobre la selección artificial y, en sentido amplio, la manipulación humana de animales como fruto del antropocentrismo.

Los animales domesticados son los actuales descendientes de animales salvajes que fueron separados, confinados, manipulados y asesinados por el ser humano. Lejos de conformarnos con esclavizarlos a nivel de «individuo», los hemos esclavizado como «colectivo» o «raza» al condicionar sus caracteres por selección artificial para volverlos dóciles e, hipotéticamente, también menos inteligentes.

¿Qué es la domesticación?

Desde un punto de vista biológico, la domesticación es un proceso artificial —ejercido o condicionado por el ser humano, elemento antrópico— consistente en la selección de animales con unos rasgos biológicos determinados —o, en la actualidad, su inclusión genética— que ingenió nuestra especie desde los albores de la civilización para mejorar e incrementar los beneficios obtenidos por medio de la explotación animal.

Desde antaño, tales ganancias se traducen en recursos y dinero (bienes materiales y bienes abstractos). Por ejemplo, seleccionar a aquellas vacas con las ubres más voluminosas y que segregaran más leche aumentaba la producción de dicha sustancia y, a mismo tiempo, el rendimiento económico del ganadero.

El mismo caso aconteció con infinidad de especies animales: cerdos más gordos al nacer y que engordasen más rápido, caballos más pesados o rápidos según a cuál fin se los vinculase, o toros que, supuestamente, fuesen más agresivos de lo esperado para un animal herbívoro con el fin de que los humanos —«la raza superior»— pudiera divertirse mediante la tauromaquia u otros festejos que son una recreación festiva de la dominación humana.

Hoy, por fortuna o desgracia de los avances científicos en genética, la selección artificial llega al nivel de que se insertan genes alóctonos y perjudiciales para sus vidas con tal de incrementar la productividad.

La domesticación, por definición, implica la selección artificial de caracteres beneficiosos para el ser humano, no para el animal de turno. La aparición de un fenotipo beneficioso para el ser humano requiere conseguir que los ejemplares sean de «raza pura», es decir, que sean homocigóticos para el carácter deseado. Un animal homocigótico o de «raza pura» para uno o más caracteres es aquél que presenta todos sus alelos —variantes posibles de un gen— iguales para uno o varios caracteres.

Explicado de una manera simple, la domesticación requiere buscar animales que muestren unos caracteres deseados y que, al mismo tiempo, estos caracteres sean la única manifestación génica posible de los parentales para evitar que la aleatoriedad de los cruzamientos —originada por recombinación génica— genere híbridos —animales con más de un alelo diferente para un mismo carácter— sin los caracteres deseados.

Es tal el grado de cosificación, que por boca de ecólogos, he llegado a oír que los animales esclavizados como «ganado» —el propio término despierta connotaciones negativas— constituyen «microhábitats» de la biodiversidad para moscas, tábanos, bacterias y endoparásitos. Yo, en esta fotografía, sólo veo la parte del cuerpo de un animal. Las funciones que pueda desempeñar un animal por su existencia en la naturaleza no deben reducir al animal a ser un mero elemento del paisaje.

Relación entre domesticación y endogamia

Cruzando animales que sean razas puras para los caracteres deseados, el ser humano se asegura de que su descendencia, en teoría —a menos que lo impidan la expresión de otros genes—, manifieste fenotípicamente dichos caracteres deseados.

Debido a que la presencia de caracteres homocigóticos aumenta dentro de una población animal seleccionada por el ser humano —como consecuencia de la selección artificial— la domesticación conlleva, inherentemente, un incremento de la endogamia —del parecido genético— entre los animales seleccionados y reproducidos con el fin de mantener dichos caracteres.

El concepto de «endogamia», con ligeras variaciones según de la fuente tomada, aparece definida usualmente como «la acción y el efecto del cruzamiento o la reproducción entre individuos con un parentesco genético».

En veterinaria abundan los artículos académicos sobre animales esclavizados como ganado en los que analizan sus tasas de endogamia como fruto de la selección artificial. Por ejemplo, enlazo esta tesis doctoral sobre la tasa de endogamia en la ganadería vacuna mexicana para la raza «beefmaster», nótese que los humanos somos jocosos incluso a la hora de nombrar a nuestros esclavos.

Que la domesticación conduce a la endogamia no es un misterio de la ciencia. Por este hecho, los veterinarios cómplices de la industria ganadera deben analizar de cuando en cuando la tasa de endogamia de su ganado esclavizado.

¡Derechos Animales ya! - Buceador junto a una mantarraya - Especismo en la cienciaLa ciencia actual está muy condicionada por el especismo. A través de la domesticación y de la selección artificial hemos esclavizado a los animales. Los pocos animales salvajes que todavía quedan se libran, de refilón, de la endogamia impuesta por el ser humano sobre los animales domesticados.

Verdades y mitos sobre la domesticación

La endogamia en animales —como en humanos— genera enfermedades por taras genéticas y los vuelve más susceptibles a otras. La selección artificial ha creado y crea animales deformes y enfermos. Esta razón, unida al hacinamiento o incluso a la introducción intencional de genes dañinos para su salud, hace que los animales esclavizados requieran una gran cantidad de medicamentos.

Por otra parte, existen muchos mitos sociales sobre los efectos de la domesticación y de la selección artificial. En algunas ocasiones, incluso aparecen divulgados sin pudor en libros académicos de filosofía, derecho o incluso de veterinaria.

Se alega a menudo que los animales domesticados por el ser humano carecen de la capacidad o fortaleza de sobrevivir en la naturaleza aun cuando existen especies asilvestradas de prácticamente de todas las especies domesticadas; las cuales reciben la etiqueta de «plaga» y acaban siendo asesinadas cuando molestan a las poblaciones humanas adyacentes.

A menudo se cree que la docilidad hacia el ser humano implica indefensión frente al medio natural. Que un animal se muestre dócil no significa que, en en condiciones naturales, no sepa sobrevivir o adopte estructuras sociales complejas aunque nunca las haya conocido. Los animales no somos una tabla rasa ni la domesticación es capaz de sobrescribir millones de años de evolución.

En estos casos se observa una dualidad entre ignorancia y racionalización. La sociedad general asume que no pueden vivir sin nosotros con la intención interiorizada de justificar el dominio que ejercemos sobre ellos o, al menos, su tenencia en nuestros hogares porque así nos beneficiamos.

Por fortuna, la selección artificial es reversible si obra de nuevo la selección natural, bastan unas pocas generaciones de selección natural para que reviertan la mayor parte de las taras génicas debidas a la endogamia. Esto rompe el mito social —también común entre veganos— de que los animales domesticados siempre serán dependientes de los humanos para sobrevivir.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoHasta la fecha están relativamente bien estudiados aquellos rasgos más característicos en las especies domesticadas y en sus respectivas razas como fruto de la selección artificial. Un ejemplo llamativo de carácter obtenido como consecuencia de la domesticación —y propagado mediante endogamia— reside en la mancha blanca que exhiben los bovinos e incluso en équidos.

Se estima que ciertos genes cuya expresión modulan la agresividad también intervienen en la secreción de melanina, al menos, en estas especies. En consecuencia, la selección de aquellos ejemplares —individuos— más dóciles ha causado que éstos también exhiban una mancha blanca sobre sus frentes.

Mi argumentación para definir la domesticación

Mi definición de la domesticación —expuesta al comienzo de este artículo— es una simple inferencia secuencial de proposiciones: Si la domesticación (A) aumenta la presencia de caracteres homocigóticos (B) porque se basa en la selección de parentales con caracteres homocigóticos, y la presencia de caracteres homocigóticos (B) incrementa la tasa de endogamia (C) porque se requiere mantener cruzamientos entre animales con caracteres homocigócitos —con parentesco génico— para la continuidad del fenotipo deseado, ergo, la domesticación (A) conlleva un aumento de la tasa de endogamia (C) dentro la población dada.

Si la domesticación, debido a la selección artificial, es un proceso que conduce inevitablemente a la endogamia, y la endogamia no se produce voluntariamente en los animales esclavizados —porque ellos, los parentales, no eligen la pareja por selección natural—, es legítimo entonces añadir el adjetivo o epíteto «endogamia forzada» para indicar así que la domesticación es un proceso de endogamia forzada.

De hecho, me atrevo a afirmar sin reparos que la domesticación es un proceso triplemente forzado:

  1. Forzado porque nosotros —los humanos— imponemos nuestra voluntad e intereses sobre la voluntad e intereses de los animales domesticados.
  2. Forzado porque la selección artificial —base de la domesticación—, conlleva el uso inherente de la violencia para sujetar, atar, controlar, inmovilizar, separar o dirigir a los animales sementales y a las hembras destinadas a la procreación, ya sea para una cópula natural o una recogida de semen y posterior inseminación artificial.
  3. Forzado porque los animales parentales no eligen a sus parejas ni ningún otro elemento que altera y modula el desarrollo de sus vidas y de la de su descendencia.

En conclusión, por mucho que este biólogo sea experto en el campo de la domesticación, ha optado por intentar una refutación sin argumentos porque posiblemente no tiene argumentos con que refutar esta argumentación sobre que la domesticación causa endogamia.

Quizás le haya sorprendido mi uso intencional de los términos en rechazo al especismo y la vehemencia con que me expreso —eso me comentaron cuando presenté mi TFM—, pero este rasgo —originado en mi caso por una selección natural sin muchos de los filtros naturales— no constituye una incorrección científica.

Lo más grave del comportamiento de muchos «expertos» reside en que su arrogancia convierte su talento potencial en manifestaciones de irracionalidad. En ausencia de contar con los argumentos de este biólogo, considero que lo expuesto hasta el momento en este artículo es coherente y científicamente correcto.

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Los juguetes especistas y la simbología del especismo

¡Derechos Animales ya! - Juguete de Playmobil con dos mulas en el oeste - Juguetes especistas - Juegos infantilesEl especismo se transmite de generación en generación por inculcación cultural. Uno de los medios más relevantes que adoctrinan en el especismo son los juguetes especistas. En los juguetes de Playmobil, preciosos y detallistas, se produce una recreación de la dominación humana sobre los animales y una normalización de la explotación animal y la esclavitud a la que tenemos sometidos a los animales.

Los juguetes normalizan la dominación humana sobre los animales

Como se ha tratado en otras entradas, nuestra percepción hacia los animales está condicionada por factores biológicos y culturales. De entre los distintos factores implicados, la educación de los menores ejerce el mayor impacto respecto a su manera de considerar y tratar a los animales cuando éste alcance la adultez. Las conductas especistas son aprendidas durante la infancia y, una vez fijadas, el adulto presenta serias dificultades para cuestionar la validad, certeza y corrección de aquello que se le ha enseñado.

Al igual que el racismo o el sexismo se originan por la inculcación de creencias sexistas y racistas en los menores, la existencia del especismo, otro prejuicio más arraigado, se debe a la transmisión intergeneracional de la creencia de que está bien discriminar a otros por ser de una especie distinta. Existen medios muy diversos por los que puede transmitirse el especismo y otros prejuicios. Entre éstos, destaca el papel de los juegos y de los juguetes. Si un juguete puede considerarse sexista o racista si fomenta el sexismo o el racismo, será especista si fomenta el especismo.

En los juguetes, creados por adultos para niños, se presenta una retroalimentación del prejuicio especista: los adultos crean juegos y juguetes especistas porque de pequeños conocieron y jugaron con juegos y juguetes especistas. En esta entrada, quisiera tomar como ejemplo a la conocidísima marca de juguetes Playmobil para disertar sobre los ejemplos de recreación de la dominación humana, su simbología y el papel crucial de los juguetes especistas.

¡Derechos Animales ya! - Juguete de caballo herido con el veterinarioLos juguetes de Playmobil, como tanto otros, normalizan el especismo cuando presentan como «normal» que un caballo esté ensillado, que esté bajo nuestro cuidado o que sea feliz mientras lo curamos. Se obvia, por disociación de los propios creadores de estos juguetes, que a los animales del mundo real se los trata como simples instrumentos y que sus cuidados están supeditados a los beneficios que el ser humano obtiene de ellos.

La educación especista y su simbología

En los humanos, como en otros animales, el juego desempeña un papel crucial en el aprendizaje de las crías y en el establecimiento de uniones afectivas dentro de la familia, manada o grupo. Según su naturaleza, pueden diferenciarse los juegos físicos (en que predominan el desarrollo de funciones motrices) y los juegos simbólicos (en que predominan la recreación de una acción o pensamiento).

Para el caso que nos ocupa, sólo los juegos simbólicos tienen relevancia. Entre éstos, se distinguen aquellos juegos que simbolizan elementos abstractos de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, un bebé de juguete no sólo representa un ente físico; sino aquellas acciones que una madre real —de carne y hueso— debe dedicar a su cuidado y las relaciones que con éste establece.

Y no sólo debemos resaltar elementos abstracto de tipo filial; sino también aquellas manifestaciones simbólicas hacia el poder, la dominación y otras variables apreciadas en el seno de la comunidad. Por ejemplo, la caza, la tauromaquia y otros festejos con animales no son únicamente actividades lúdicas; sino representaciones simbólicas del poder y de la dominación humana hacia los demás animales.

De esta manera, los juguetes que representan animales tienen la función tanto de enseñar la existencia o particularidades de tales entes como de recrear nuestra actitud y relaciones reales hacia los animales representados. A raíz de que nuestra especie mantiene con los animales una relación depredadora y parasitista, los juguetes creados en nuestro contexto cultural tenderán a transmitir aquellos prejuicios especistas que conforman nuestra cultura.

¡Derechos Animales ya! - Juguete Playmobil de policía con perro - Juego de policíaEste juguete de Playmobil recrea y normaliza la explotación de perros al servicio de la policía. Como sucede en otros casos, simboliza una relación mutualista y agradable para los animales. Un juguete no representará a un perro con el cuerpo reventado por la explosión de una bomba o su cara de poca felicidad cuando ya sean inútiles para el cuerpo de policía y los manden a sacrificar.

El papel de los juguetes especistas

Los juguetes actuales normalizan acciones como montar a caballo, esquilar ovejas, encerrar al ganado en un redil o explotar perros para detectar bombas. Todas estas representaciones tiene un denominador común: transmiten el prejuicio de que los animales existen para servirnos, de que tenemos derecho para usarlos en nuestro beneficio o que incluso son felices o prefieren ser nuestros esclavos. Todo ello desemboca en que los niños, en cuanto crecen, perciben como correcto o necesario explotar a los animales y someternos a nuestro servicio.

No obstante, llegados a este punto, merece la pena hacer un inciso muy importante. Los juguetes especistas pueden pueden transmitir el especismo porque representan una realidad que el niño o usuario percibe como tal. Si el juego no simboliza elementos abstractos de nuestra vida cotidiana —o no se presenta claramente como un entorno relacionado con la realidad del jugador—, no tiene por qué transmitir prejuicios ni incentivar la violencia. Esto dependerá, asimismo, del grado de madurez y de capacidad asociativa del niño o usuario.

Por ejemplo, los videojuegos, incluso cuando contienen violencia explícita, no son culpables de fomentar la violencia mientras quien los juegue tenga claro que el juego en cuestión no representa acciones que estén bien realizar o que debiera practicar en la realidad. Por el contrario, la menor edad de los menores y, en muchos casos, la cercanía implícita de los símbolos representados pueden hacer creer, verdaderamente, que sea correcto dominar y subyugar a los animales.

¡Derechos Animales ya! - Juguete Playmobil de pastores con vacas, cabras y bueyes - Juguetes especistasLos juguetes especistas normalizan la esclavitud de los animales así como los instrumentos que utilizamos para controlarlos y coaccionarlos. Estos juguetes de Playmobil presentan la esclavitud animal como algo bonito, bello o bucólico.

Conclusión

En la actualidad, un amplia parte de nuestra sociedad se indigna por los casos de «maltrato animal», o acusa de psicopatía a quienes participan en formas de explotación animal mal vistas en la actualidad; al mismo tiempo que enseña, practica y avala otras formas de explotación animal igual de injustas e innecesarias. Así sucede porque la mayoría de la sociedad desconoce y es incapaz de inferir que tales acciones son las consecuencias lógicas y esperables de nuestro contexto cultural.

Si educamos y nos educan en que los animales tienen —o deben tener— un fin para nosotros, entonces cualquier apetito nuestro, por muy trivial y aberrante que fuere, pasa ser justificable en nuestra mente. Por tanto, no cabe extrañarse de que se cometa toda clase de violencia hacia los animales mientras una sociedad especista sigue transmitiendo el especismo a sus hijos mediante juguetes especistas.

Playmobil y otros fabricantes no tienen la culpa ni intencionalidad alguna, simplemente crean y diseñan los juguetes y los juegos que los consumidores compran. Y los consumidores adquieren aquello que representa su realidad aprendida desde la infancia. Queda en nuestra mano educar a nuestros hijos en el respeto que merecen los animales y dejar de crear y comprar juguetes que normalicen el especismo u otros prejuicios.

Respecto a la inculcación de la educación especista en la infancia, quisiera finalizar este artículo haciendo la mención de que el activista Samuel Guerrero Azañedo ejerce un magnífico papel como educador y promotor de una educación primaria centrada en los valores y el respeto hacia todos los animales.

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Asesinato de animales como alimento para otros animales

¡Derechos Animales ya! - Dos gatos comiendo pienso cárnico en un cuenco - Asesinato de animalesLos humanos consideramos que los demás animales son simples objetos o recursos a nuestro servicio (especismo). En consecuencia, los «administramos» y discriminamos entre animales según la utilidad esperada. El asesinato de animales para alimento de otros es una realidad. Millones de ellos acabarán como piensos para animales de otras especies, otros tantos terminarán criados como alimento de especies en peligro de extinción en centros de cría o recuperación de especies y otros miles serán sacrificados por una razón de rentabilidad o como exhibición en zoológicos, acuarios y otros lugares.

Introducción

A menudo nos comentan a los activistas por los Derechos Animales que está mal decir «asesinar animales» porque sólo se puede «asesinar personas», lo cual es un argumento doblemente errado. Antes de comenzar esta disertación, conviene aportar una serie de argumentos sobre por qué es válido, correcto y justo hablar de «asesinar animales».

Asesinar, con independencia del diccionario que uno consulte, presenta acepciones más específicas que el verbo «matar» en alusión a la existencia de un sujeto que recibe la acción, así como a la intencionalidad y la premeditación de quien le quita la vida. Decir «asesinar animales» es correcto porque los animales también son sujetos y los humanos, en los casos descritos a continuación, les quitamos la vida con intencionalidad y premeditación derivadas de un prejuicio moral. Basta con eso para legitimizar tal uso aun cuando le suene mal a mucha gente porque tenemos cosificados moralmente a los animales y discriminamos entre ellos.

Asesinamos animales para alimentar a otros animales

Al igual que vemos a muchos animales como alimento para humanos, también llegamos a discriminar entre animales y a pensar que algunos animales existen en la Tierra con el único propósito de alimentar a otros. Tal creencia procede de la llamada «falacia naturalista», la cual podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser».

Este artículo es una ampliación de otros ya escritos sobre manifestaciones del especismo, el especismo en la ciencia, el especismo ecologista, creencias y prejuicios entre animalistas y ecologistas, y la gestión ambiental. Por tanto, se evitará repetir en la medida de lo posible y se recomienda consultar los diferentes enlaces para ahondar en cada punto mencionado. En este caso, el artículo presente hará hincapié en las que, a mi juicio, son las tres formas de explotación animal más comunes cuando se destinan animales a alimentar a otros animales.

Los tres casos más comunes de asesinato de animales como alimento para otros animales son:

  1. El asesinato de animales considerados como «ganado» o «de granja» para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos» por medio de piensos cárnicos.
  2. El asesinato de animales considerados como «presas» de una especie predadora para su mantenimiento en cautividad o en peligro de extinción para favorecer el crecimiento de su población.
  3. El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables» para reducir costes de mantenimiento, «equilibrar ecosistemas» o «educar en el ciclo de la vida».

¡Derechos Animales ya! - Dibujo de gato que desea comerse un pavo Discriminar entre animales carece de justificación lógica y ética. Si un gato viviera en un hábitat apropiado y obtuviese su propio alimento, no nos concerniría que cazara. Sin embargo, si un animal vive con nosotros, debemos responsabilizarnos de sus acciones y de su alimentación siguiendo exactamente la misma ética que con nuestros hijos. Por ende, en lugar de alimentarlos con los típicos piensos para animales hechos con carne, debemos de alimentarlos con piensos 100% vegetales.

El asesinato de animales para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos»

El caso más típico y usual es de alimentar a perros y gatos con piensos para animales hechos con carne porque los humanos vemos a los «peluditos» como animales que merecen vivir para darnos compañía; mientras que catalogamos a vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, y un largo etcétera, como «animales de granja» cuyo único fin es ser criados, engordados, hormonados y manipulados por todos los medios posibles para servir como alimento a humanos y a aquellos animales que nosotros consideremos como más valiosos, bellos o admirables. Este hecho —que reduzcamos a ciertos animales a ser la carne de otros animales— sirve para demostrar que no es coherente hablar de «carnismo», sino de simple y llano especismo.

Es injusto e injustificable que asesinemos a unos animales para alimentar a otros simplemente porque nos caen más simpáticos o los consideremos «de la familia». ¿Acaso las vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, etc., no desean vivir? El «bienestar animal» no existe para aquellos animales que tienen etiquetado en una oreja el día que irán al matadero. Como se explica en este artículo previo, se trata de un ejemplo de especismo de preferencias. Los piensos para animales puede ser 100% vegetales sin riesgo para su salud ni implicar ningún tipo de explotación animal.

No valen las excusas ni nadie, por muchas manifestaciones o vigilias a las que vaya, es vegano o vegana mientras considere que hay víctimas de primera y de segunda, y vea a unos animales como simples recursos para otros alegando que «así es la naturaleza». Ya me imagino a algún feminista excusando las violaciones sufridas por mujeres alegando que los leones violan a las hembras de su especie. La doble vara de medir del animalismo especista en todo su esplendor.

¡Derechos Animales ya! - Delfín con mandíbula entreabiertaDiscriminamos entre animales según la simpatía que nos causan. Los delfines y otros animales carnívoros que están esclavizados consumen como alimento a distintos animales, criados muchas veces en sus propios centros explotadores.

El asesinato de animales para alimentar a animales predadores

Ni siquiera en la universidad se cuestiona el dogma de que sea coherente discriminar entre animales y de por qué destinamos a unos para un fin y a otros para un fin distinto. Recuerdo aquellos días, durante mis estudios en la facultad, en que nos enseñaban a calcular cuántos ejemplares de una especie «presa» había que criar por unidad de tiempo para alimentar a un predador. Dicho predador podía ser un lince ibérico criado en un centro de recuperación de especies (o «centros para la manipulación de especies con fines especista-ecológicos»), un cocodrilo hacinado en una granja peletera o un delfín explotado como «bufón» en un acuario.

A modo de ejemplo, en el examen me tocó calcular cuántas lagartijas había que criar para alimentar a una serpiente metida en el terrario de un zoológico. Pues, al parecer, los humanos consideramos justificable no sólo el tener a un animal metido en un caja de cristal para que un público variopinto y vulgar acerque sus mugrientas caras enchurretadas; sino que también vemos bien eso de confinar animales en otra caja con la única finalidad de reproducirse y echárselos vivos a la serpiente.

El caso de los animales asesinados para alimentar a predadores es, al mismo tiempo, de los más comunes en la explotación animal y de los menos mentados, tanto por animalistas particulares como por las grandes y fraudulentas organizaciones animalistas. Cuando tales organizaciones convocan manifestaciones a las puertas de un zoológico o acuario, nunca, nunca, nunca, se acuerdan de los cientos o miles de animales que se encuentran cerrados al públicos para alimentar a los predadores. Sus «victorias» son mera propaganda. Buscan llamar la atención y acaparar doinaciones. Los animales les importan en la medida en que les granjeen dinero. Todos los bienintencionados animalistas piden libertad para los delfines y otros cetáceos mientras les dan olímpicamente igual las sardinas u otros animales que están en el mismo recinto para ser comidos por los primeros. Sirva esta mención como evidencia de lo confundido y la carestía de razón que existe dentro del mal llamado «movimiento animalista».

Jirafa sacrificada en zoológico de DinamarcaEl asesinato de animales como alimento para otros animales adquiere a veces matices que rozan la más absoluta aberración. Hace un tiempo, un zoológico de Dinamarca decidió sacrificar a una cría sana de jirafa y montar un espectáculo para que adultos y niños vieran cómo la anestesiaban, degollaban y descuartizaban por no ser un perro, un gato y, ni mucho menos, un humano.

El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables»

Relacionado directamente con el punto anterior se halla el asesinato de animales porque «sobran» en una explotación o industria determinada. Este caso se extiende desde la matanza y sacrificio de animales sanos de un zoológico para dárselos de comer a otros animales, a ejemplos más generales como el de camadas de determinados animales que han salido más numerosas de lo esperado y no entran en el presupuesto de mantenimiento.

Hace cierto tiempo, como bien señaló el activista Igor Sanz, hubo un escándalo por el asesinato de una cría de jirafa en un zoológico de Dinamarca. Si la propia descripción de los hechos y las excusas del zoológicos ya son, de por sí, repugnantes, todavía mayor repugnancia me causa leer en ciertos medios de comunicación algunas explicaciones sensacionalistas. La BBC se llevó la palma al trivializar el fragrante especismo de asesinar a una cría de jirafa por dinero alegando que «fue condenada a muerte por sus genes». No, amigos de la BBC, fue condenada a muerte por el especismo de quienes gestionan el zoológico y el vuestro al escribir semejante basura.

También se incluye en esta categoría a aquellas intervenciones humanas destinadas a mermar o exterminar adrede una población animal al catalogarla como «especie invasora» o porque atenta contra los intereses económicos de la ganadería. De tal forma, «solucionan dos problema a la vez», se quitan un estorbo de encima y les sacan rédito de otra manera.

Conclusión

Discriminar entre animales y los asesinamos sistemáticamente según fines predispuestos para ellos. Existe una discriminación sistemática entre animales derivada del especismo que nos lleva a considerar que unos animales existen como simple alimento para otros. No puede haber ningún tipo de justicia para los animales mientras a la sociedad general le parezca normal la existencia de una visión jerarquizada de la naturaleza en la cual nosotros nos autocolocamos en el centro y discriminamos entre animales según nuestra conveniencia.

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El fijismo ecologista y otras creencias anticientíficas

¡Derechos Animales ya! - Ternero mirando delante de molinos eólicosEl fijismo ecologista puede definirse como la creencia entre los ecologistas de que cada animal está o deber estar en un hábitat determinado y cumplir con un rol ecológico determinado. Esta creencia deriva en el exterminio de las mal llamadas «especies invasoras» y en la búsqueda constante de una utilidad para las especies en peligro de extinción.

El ecologismo especista incurre en un fijismo religioso

El fijismo era una interpretación religiosa sobre el origen de las especies que data desde antes de que Darwin propusiera la Teoría de la Evolución. De acuerdo con el fijismo (una creencia derivada del «creacionismo»), todas las especies existentes son inmutables y así debe ser por una fuerza suprema o divina.

La adaptación del fijismo a nuestros días se percibe en la creencia de que cada especie debe ocupar un hábitat específico y que no debe ocupar otro hábitat (o que una especie deber presentar unos rasgos específicos, o que debe alimentarse de esto y no de lo otro, etc.), es decir, se mantiene desde entonces la idea irracional de que el estado conocido de la naturaleza es el que ha tenido y el que debe tener. Se observa que esta creencia irracional y anticientífica está, en nuestros días, demasiado extendida entre individuos y colectivos ecologistas (proteccionistas). Y, por supuesto, conlleva serias repercusiones y perjuicios para los animales.

La responsabilidad humana y los dogmas ecologistas

El ecologismo, en su vertiente especista, considera dogmáticamente que los seres humanos debemos conservar la biodiversidad (número de especies) y la diversidad (distribución de las especies) según patrones observados en la naturaleza. Puede ser racional, desde el punto de vista científico, observar las características de las especies, su distribución y sus roles para entender cómo funciona el ecosistema y por qué nuestras acciones llegan a degradarlos. Hasta aquí, es ciencia. Sin embargo, basarnos en tales hechos para justificar la moralidad de nuestra acciones incurre en la falacia naturalista: la confusión entre el ser y el deber ser, entre lo existente y lo que debiera existir.

Por ejemplo, que en un lago haya una especie dominante de alga nos plantea un interesante estudio acerca de por qué ocurre así, no obstante, creer (sin más) que esa alga debe dominar para que el medio fluya adecuadamente y que tenemos la obligación de favorecer dicho contexto, o bien, por el contrario, que esa alga no debe dominar y que tenemos la obligación de exterminarla, nos dirige a esta falla del raciocinio que llamamos falacia naturalista.

El ecologismo se apoya en lo existente para tomar medidas más allá de la responsabilidad humana (principio de casualidad). Es decir, resulta frecuente que los ecologistas eviten cualquier alteración del medio que pudiera incluso considerarse «natural» (sin intervención humana), por ejemplo, la migración de aves, con el argumento de que todos los medios están alterados a nivel planetario y de que se requiere dicha manipulación para evitar un posible colapso.

Lo irónico del asunto es que si dicho colapso va a causar vidas animales, ellos se encargarán de que tales animales la palmen antes. No les importa esta contradicción porque tienen a los animales cosificados moralmente. El ecologismo especista percibe la naturaleza como un gran «tablero de ajedrez» en que el ser humano, como vicario en la Tierra, tiene que mover las piezas que la componen por el bien de todos.

De esta manera, la falacia naturalista, la cual pudiera deberse a sesgos cognitivos, lleva a un tipo de aplicación concreta que, por las razones históricas mencionadas, se denomina «fijismo». Aunque en primera instancia pudiera parecer coherente el planteamiento fijista («cada animal en su lugar» o «cada animal como debe ser»), no lo es en absoluto.

¿Acaso los humanos hemos dudado en expandirnos y colonizar casi todas las tierras de nuestro planeta? ¿Si nosotros migramos y transformamos el medio está bien («es natural») pero no lo está si lo hacen otras especies? ¿Acaso este criterio no entra en contradicción la Teoría de la Evolución? Se vuelve evidente que aplican una doble vara de medir y que el fijismo nace realmente de su antropocentrismo especista. El ecologismo recoge una creencia antigua en su empeño de devolver la Tierra a un estado hermoso anterior a la aparición del ser humano.

Ampelis americano - Especie invasora para el fijismo ecologistaAmpelis americano. Diversas especies introducidas aparecen catalogadas como «especies invasoras», un eufemismo para referirnos a aquellas especies que están en un lugar no autóctono por nuestra culpa, que perjudican a nuestros intereses y que queremos exterminar.

El dogma fijista en cuanto a animales salvajes y domesticados

Por un lado tenemos a los animales salvajes (exterminados por el ser humano) y, por otro, a los animales domesticados (esclavizados por el ser humano). El ecologismo y su fijismo adoptan ligeras diferencias ideológicas según de la función esperada para los animales.

Para animales salvajes

Respecto a los animales salvajes, múltiples grupos ecologistas rechazan cualquier transformación del medio ambiente aun cuando pudiera entenderse como «natural» (no debida a acciones antrópicas); pues interpretan que toda desviación de lo conocido es perjudicial, mala o «antinatural». Por ejemplo, si se da el caso de dos especies de aves que cada vez hibridan con mayor frecuencia debido a que han modificado sus ciclos anuales o rutas de migración. Muchos ecologistas buscarán métodos de evitar dicha «mezcla génica» con el argumento de «respetar los fenotipos endémicos».

A veces, tales acciones ecologistas vienen respaldas por un incentivo monetario en la «conservación» de especies autóctonas, con lo que el dogma fijista se mezcla con un sesgo xenófobo. Y no hablamos únicamente de medidas pacíficas para lograr dicho objetivo cuestionable; sino también del asesinato sistemático de cualquier especie (catalogadas como «invasoras») en nombre del ecologismo si éstas atentan al «modelo de perfección ecologista» o convienen diezmarlas por razones meramente económicas (p. ej. turismo, ganadería, etc.).

Las especies alóctonas no se «cargan» la naturaleza; la migración de especies, así como la formación y extinción son procesos naturales que llevan ocurriendo millones de años. La razón de por qué los animales alóctonos pueden afectar gravemente al medio se debe al hecho de que nosotros, al alterar y condicionar su movilidad geográfica, generamos una alteración infinitamente superior a la que, en teoría, habría habido en condiciones normales sin intervención humana.

Cuando, a menudo, se aduce que las especies «invasoras» son un «peligro para el ecosistema», olvidan que la «naturaleza» corresponde a todos los elementos bióticos y abióticos. En estos casos, tales alegatos catastrofistas son eufemismos y calumnias para señalar que perjudican a las actividades humanas como la ganadería, la agricultura, el turismo o los propios asentamientos humanos.

De manera que, como nos perjudican a nosotros (el ecosistema es sólo una excusa), pues entonces nos arrogamos el dignificante papel de «salvadores de la naturaleza» dándoles muerte a unos animales cuyos «daños» causados son infinitamente inferiores a los nuestros mientras permanecemos continuamente propagándonos por la Tierra como una plaga.

Ningún animal es una «plaga», nosotros lo somos y hemos sobrepoblado todos los ecosistemas con especies domesticadas (esclavizadas) que influyen infinitamente más al medio ambiente que cualquier especie salvaje alóctona. Somos la plaga terrícola que acusa y asesina a otros animales cual chivos expiatorios. Obviar este hecho denota un sesgo y una ignorancia terribles. Hay quienes, ante esta situación, promueven «sacrificios humanitarios» como si hubiera una manera justa de asesinar a un animal inocente de nuestra pésima gestión ambiental.

Pero, claro, el ecologismo institucional es un negocio y parte de su fijismo está movido por el dinero. Por ello, no oiremos a GreenPeace (entre otras organizaciones ecologistas) decirles a sus socios que dejen de comer carne; sino que prefieren «marear la perdiz» mediante protestas de cariz xenófobo a las masacres y a la explotación animal acontecidas en países extranjeros, junto con propuestas estúpidas (como la nueva ocurrencia de rechazar las cañitas del plástico) en lugar de enfocarse en el principal foco de contaminación (la ganadería).

Los ecologistas muestran una hipocresía tremenda al querer salvar animales salvajes (sólo si se hallan en hábitat que les «corresponde») al mismo tiempo que fomentan la tala de bosques y la destrucción del medio para dejarle espacio al «ganado». Total, sus socios y donantes van a seguir a pies juntillas cualquier cosa que suelten. El negocio es el negocio y la pela es la pela. La coherencia, si eso, para otro día.

Si nos despojamos de prejuicios intereses egoístas, la respuesta está clara. Basta con que evitemos la introducción de especies alóctonas, de intervenir en la naturaleza con complejos de dioses y que dejemos en paz a los ya introducidos, en consonancia con el principio de igualdad.

Rebaño de ovejas - Animales domesticadosEl fijismo ecologista, como fruto del propio especismo de los ecologistas, considera que todo animal autóctono de una región debe integrarse con la ganadería o el turismo de una zona para lograr su conservación.

Para animales domesticados

El ecologismo especista y su fijismo incurren en una doble moral con respecto a la mera existencia del ganado esclavizado. Los animales criados por el ser humano se encuentran fuera de su hábitat (a menudo son alóctonos), presentan una población muy superior a su estado salvaje y, por ambas razones, ejercen una fuerte presión sobre los ecosistemas aledaños debido a que los criamos por el beneficio de aprovecharnos de ellos, lo cual no tiene una justificación ética ni ecológica.

Sin embargo, el grueso de los individuos y colectivos ecologistas no se pronuncian contra la explotación animal ni los daños causados a los animales domesticados por la selección artificial, ni siquiera apelando a razones utilitarias como que «perjudican al medio ambiente». Su fijismo sólo los mueve cuando hablamos de animales salvajes que se hallan, por fortuna, «ligeramente» libres de la dominación humana. Como parte del antropocentrismo, el ser humano detesta inconscientemente la mera existencia de animales libres porque son variables que quedan lejos de nuestro control.

El fijismo ecologista, por su influencia antropocéntrica, no percibe a los animales como individuos únicos e irrepetibles; sino cual simples contenedores de genes que deben permanecer inalterados, inmaculados y «perfectos». Este hecho o, mejor dicho, una aplicación de esta creencia, se vuelve especialmente presente en el caso de los animales domesticados. Cuando se refieren a la zootecnia y explotaciones ganaderas, cambian un poco el discurso para justificar o procurar una serie de rasgos biológicos seleccionados que los mantengan en ese estado de «perfección».

En muchas ocasiones se habla de «razas puras» de una manera eufemística y anticientífica. En biología, el concepto de «raza pura» u homocigótico sólo se aplica en referencia al organismo que posee todos sus alelos iguales para un mismo carácter. Dicho concepto se contrapone al de «híbrido» o heterocigótico, el cual presenta diferentes alelos para un mismo carácter. Que un animal sea «raza pura» no significa que presente unos rasgos más adaptativos ni se relaciona con una mejor fisionomía o belleza.

En cambio, el ser humano confunde el sentido biológico con su conveniencia utilitaria al creer que determinados rasgos conforman una «raza pura», aun cuando no cumpla la definición genética del fenómeno. Así ocurre, quizás, por un sesgo relacionado con el fenómeno decimonónico del darwinismo social o ciertas interpretaciones raciales muy anteriores al desarrollo moderno de la biología. Puede ahondar en estos conceptos en el artículo: La domesticación, la selección artificial y sus efectos.

Sea como fuere, hay individuos y colectivos ecologistas que están convencidos de que determinadas razas animales, criadas y manipuladas por el hombre, constituyen un acervo genético que merece «conservación» por su importancia cultural o económica. De esta forma, para ellos, algunos animales domesticados debieran ser «conservados» como los animales salvajes según intereses humanos. En ambos casos, se observa una interpretación anticientífica de la naturaleza que cobra vigencia en nuestros días ante la problemática de las especies en peligro de extinción.

Claro que debemos salvar a los animales, pero no por sus rasgos naturales o seleccionados, sino porque son individuos que sienten y padecen como nosotros. Cuando uno trata de explicar esto, muchos ecologistas saltan con sus prejuicios camuflados de elucubraciones científicas. A menudo alegan falsedades como que las plantas sienten o que «no todo el mundo puede ser vegano», algo así como afirmar que «no todo el mundo puede cumplir la ley» o que «está bien asesinar porque siempre habrá asesinos».

Algo queda claro: mientras el ecologismo actual sea especista y esté influenciado por el dogma fijista, solamente serán actores y cómplices del mismo sistema que lleva a los animales a la extinción y que contamina el planeta.

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