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¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de Sevilla

José Antonio Marina y el especismo ignorado

¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de SevillaJosé Antonio Marina, durante una entrevista en el Aula de Cultura ABC de Sevilla en 2018. Una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla sirve de ejemplo sobre la falta de perspectiva sobre el especismo.

[Fuente de la fotografía]

Breve análisis de una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla

No suelo leer la prensa. No lo hago casi nunca. Sin embargo, cuando incurro en la necedad de dedicar unos minutos de mi tiempo a un periódico, me doy siempre de bruces con una exposición de argumentos bastante pobre por parte del periodista de turno. En los medios de comunicación imperan y se propagan noticias falsas, sensacionalistas y manipuladoras sobre el veganismo y sus fundamentos, o científicamente falsas sobre los animales, sus habilidades, capacidades y situación legal.

En general, las entrevistas a ciertas personalidades suelen ser más enriquecedoras. Pero, incluso éstas rebosan de especismo e incongruencias sociales en una sociedad ciega de prejuicios y motivada por intereses personales o colectivistas.

El 15 de junio de 2021 leí una interesante entrevista a José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, en el Diario de Sevilla, quien había publicado recientemente un ensayo titulado «Biografía de la inhumanidad», acerca de los horrores históricos que ha cometido la humanidad.

A pesar de que estaría de acuerdo con él en algunos asuntos políticos o religiosos, quisiera resaltar algunas palabras de esta entrevista a José Antonio Marina como ejemplo de un enceguecimiento particular y frecuente en el ámbito intelectual y académico. Existe una terrible falta de perspectiva sobre el especismo y su importancia histórica encontrada en las relaciones humanas.

He decidido escribir este breve ensayo para cuestionar una tendencia muy arraigada entre pensadores de nuestro tiempo: la falta de reflexión, de conocimiento y de perspectiva social sobre el especismo. Tomando estudios y argumentos ya expuestos en esta web, quisiera ahondar en cómo este déficit impide llegar a conclusiones morales lógicas sobre cómo prevenir las injusticias y aminorar sus detonantes biológicos y sociales.

¡Derechos Animales ya! - Captura de la entrevista a José Antonio Marina en Diario de SevillaCaptura de la entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla.

Breve análisis de los argumentos expuestos por José Antonio Marina

Un punto de partida nada novedoso

Sin ánimo de enjuiciar apresuradamente la labor intelectual de José Antonio Marina, lo cual no es el objeto ni objetivo de este texto, sí quisiera señalar algunos errores que considero importantes en sus palabras emitidas durante su entrevista citada al Diario de Sevilla.

Quisiera limitarme a indicar la incorrección de sus argumentos expuestos sobre los animales y su aparente desconocimiento sobre las nuevas teorías o estudios habidos respecto a la temática de su ensayo.

José Antonio Marina afirma que todos los horrores se repiten mediante un mismo mecanismo y que deberíamos identificarlo por el bien de todos. Este planteamiento podría considerarse retórico; pues se conocen con bastante cercanía distintos fenómenos biológicos y sociales que condicionan la aparición y desarrollo de discriminaciones morales, las cuales, bajo una ideología determinada, consiguen establecer un paradigma de dominación sobre aquellos sujetos incapaces de defender sus intereses inalienables frente a un poder hegemónico.

El mito de la exclusividad humana

En su siguiente intervención, José Antonio Marina parece sugerir que las dificultades encontradas para analizar el origen de las injusticias reside en la propia exclusividad humana, a saber, su inteligencia.

El alto grado de inteligencia lleva a los humanos a poder pensar y ejercer actos más elaborados y a adquirir agencia moral (responsabilidad sobre sus actos). Efectivamente, sólo los seres humanos podemos ser crueles porque sólo los humanos con plenas facultades podemos ejercer acciones que sabemos y entendemos como injustas e incorrectas.

Sin embargo, como muestran sus palabras, José Antonio Marina confunde gravemente dos categorías: inteligencia y agencia moral. Y, a partir de esta confusión, emite la petición de principio de que los animales no son crueles ni tienen compasión.

Que los animales ajenos a nuestra especie carezcan del grado de cognición necesario para responsabilizarse éticamente de sus acciones no significa que carezcan de inteligencia. Es cierto que un animal no puede ser cruel ni debemos enjuiciar sus acciones desde el punto de vista moral, sin embargo, ello no implica que los animales carezcan de raciocinio.

La inteligencia animal es algo estudiado desde el siglo XIX y ampliamente aceptado en la ciencia. Huelga recordar que, no en vano, existe la ciencia etológica y que los modelos conductuales de animales se utilizan para la experimentación y análisis del comportamiento humano.

La afirmación —certera pero inargumentada — de que los animales no pueden ser crueles lleva a José Antonio Marina a cometer una falacia del consecuente. Que los animales no sean crueles no significa que carezcan de compasión. Mientras que la crueldad pertenece a la categoría del enjuiciamiento moral, la compasión entra en la categoría de la respuesta moral.

Por estudios científicos sabemos que los animales sí poseen empatía y que sí muestran comportamientos altruistas y compasivos que podría catalogar como «protomorales». Y no únicamente con sus semejantes o con quienes podría mantener pactos contractuales.

Una falta de perspectiva sobre el especismo

José Antonio Marina nos recuerda, con absoluta verdad, que todos podemos cometer atrocidades por falta de reflexión y un proceso de adoctrinamiento motivado por una ideología. Respecto al caso del nazismo, pocas reflexiones vienen tan bien a colación como la reflexión el ensayo de la filósofa Hanna Arendt sobre la banalidad del mal.

Por desgracia, nuestro entrevistado no cayó en la cuenta de que este proceso de adoctrinamiento, deterioro y presión social es exactamente el mismo que lo ha convertido a él en un humano especista que considera dogmáticamente a la especie humana como superior y diferente de los animales y que, al mismo tiempo, los considere cual simples objetos que existen para servirnos.

¡Derechos Animales ya! - Varano enjaulado en un zoológicoFotografía de un varano enjaulado en un zoológico. Hasta hace poco, el ser humano ha ejercido la esclavitud humana y el genocidio de pueblos por las mismas razones que todavía hoy esgrimimos para criar, encerrar y asesinar animales en nombre de nuestra superioridad.

Conclusión

Se vuelve imposible tratar de estudiar o de combatir las injusticias sociales si incluso aquellos individuos que analizan y aspiran a comprender el origen y motor de las injusticias sociales no realizan un esfuerzo de introspección para cuestionar y desterrar sus propios prejuicios arraigados.

Volviendo al inicio de esta entrada, las evidencias y argumentos ya existentes nos permite sostener una idea básica: los humanos hemos esclavizado y cometido genocidio contra otros pueblos al cosificarlos tal y como hacemos con los animales.

Por ello, el primer paso de cualquier pensador filántropo debería ser el de analizar y cuestionar por qué los humanos empezamos a cosificar los animales y cómo el mantenimiento del especismo conlleva, indefectiblemente, una injusticia universal hacia los demás animales y una promoción explícita hacia el abuso y cosificación de otros seres humanos.

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¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor Sanz

¿Qué es el veganismo? Explicado en 5 minutos

¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor SanzLa definición de veganismo es sencilla: rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento del valor inherente de los animales. La sociedad general no conoce todavía el verdadero significado del veganismo. Muchos veganos, por desgracia, tampoco tienen muy claro este concepto, su origen ni sus límites.

¿Qué es el veganismo?

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal en reconocimiento de quelos animales, como nosotros, valoran su vida, libertad e integridad.

El concepto de veganismo apareció por primera vez en 1944 cuando Donald Watson explicó que algunos miembros estaban escindiéndose de la Organización Vegetariana Internacional debido a que ya no se consideraban representados por el término «vegetariano» y sus habituales razones egocéntricas. Posteriormente, apareció definido por Leslie Cross en el año 1951 dentro del primer boletín de la Vegan Society como «la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales».

De tal forma, el veganismo consiste en la aplicación del principio ético de igualdad hacia todos los demás animales. La razón de este principio y su aplicación para otras especies radica en que los animales contamos con la capacidad de sentir debido a la posesión de células nerviosas, lo cual nos permite desarrollar intereses inalienables.

Llevado a la práctica, el veganismo implica no consumir productos de origen animal, no vestirnos con sus pieles, no encerrarlos en zoológicos, en acuarios, circos o delfinarios, no montarlos, divertirnos a su costa ni usarlos de ninguna manera como si fuesen objetos, recursos o vehículos para fines de terceros. A pesar de su parecido léxico, no debe confundirse con el vegetarianismo.

Posteriormente, filósofos como Tom Regan y Gary Francione matizaron y postularon aquellas razones filosóficas por las cuales los no-humanos merecen el mismo respeto que los seres humanos. Las obras de ambos pensadores han sido diversas. No obstante, las obras de Francione destacan por su análisis profundo y pormenorizado sobre el estatus legal adjudicado a animales no humanos y los distintos enfoques sociales respecto a nuestra relación con ellos.

En un sentido general, el veganismo constituye el principio básico sobre el cual se constituyen los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Todos los animales queremos vivirEl veganismo se fundamenta en la idea básica, sencilla y trivial de que todos los animales merecemos el derecho a la vida, la libertad y a la integridad.

Antecedentes para entender la definición de veganismo y sus bases éticas

La cultura es una parte integral de lo que somos: forja cada elemento que la biología deja a disposición del medio, marca el idioma con que nos comunicamos, cómo nos relacionamos con los demás y nuestra percepción hacia el mundo físico. No nacemos como una tabula rasa; pues ya desde el vientre materno empezamos a asimilar un «yo» que nos acompañará durante buena parte de nuestra vida. El conocimiento, las experiencias y los traumas moldean nuestra predisposición genética y nos forman una personalidad única y diferente.

Al igual que hace siglos había humanos expuestos a crecer en una atmósfera terriblemente racista, y todavía hay quienes se engendran en un ambiente sexista y homófobo, todos nos criamos en una cultura especista. Es decir, nos inculcan desde pequeños una serie de valores o deberes para con otros animales, basados siempre en la utilidad que nos ofrecen (utilitarismo) porque, a pesar de que la mayoría de los animales se desplacen y muchos posean un cerebro y sentidos muy desarrollados, consideramos dogmáticamente que sólo nosotros —los humanos— contamos con individualidad e intereses.

Tomando nuestros propios sentidos como base, la ciencia (aún con dificultad) reconoce que no nos diferenciamos en nada relevante. Si no fuese así, cuanto sabemos de ellos no sería en absoluto aplicable a nuestra especie y, por tanto, no existiría la experimentación animal. La mayor parte del conocimiento científico sobre el Homo sapiens proviene de la observación histórica y, más recientemente, por medio de la instrumentación absoluta de quienes consideramos seres inferiores que existen para servirnos.

La explotación animal es cultural; pues no tenemos ninguna necesidad biológica ni instinto que nos fuerce explotar animales. Todo cuanto les hemos proveído a otros animales a lo largo de la historia ha sido por nuestro provecho y beneficio. La veterinaria, por ejemplo, no existe para salvar la vida de los animales ni tampoco mantenemos una relación mutualista ni son ciertas muchas sandeces pseudocientíficas que todavía se oyen dentro de las facultades de ciencias o se difunden a los cuatro vientos entre asociaciones ecologistas.

El avance científico, en lugar de servir como argumento para la continuación de prácticas antropocéntricas, nos lleva de nuevo a reconocer forzadamente que, si otros animales no son distintos de nosotros, no cabe darles un tratamiento desigual en aquellos parámetros en que coincidamos, ¿verdad? A menudo se señala que si un animal carece de obligaciones no puede tener derechos, lo cual, además de incurrir en una falacia típica en Derecho, resulta sumamente hipócrita: cuando los explotamos les endilgamos una obligación para con nosotros.

Un toro en una plaza, un caballo montado o atalajado, un primate en un zoo, una vaca estabulada, una gallina enjaulada, cerdos, sardinas, palomas, abejas, etc., tales animales están obligados a hacer o permanecer de cierta forma porque los humanos lo hemos decidido. Entonces, ¿dónde quedan sus derechos?

También hay quienes caen en el relativismo moral de afirmar que todas las acciones son relativas y que los derechos son «invenciones» o «constructos sociales» del ser humano. Si así fuera, ¿alguno de nuestros oyentes o lectores dejaría que otro lo asesinase apelando a que la ética fuese subjetiva? Me temo que no hay nada relativo en que poseamos unos intereses propios, así como tampoco hay nada de relativo en la existencia de la gravedad y de otros fenómenos físicos; aunque su estudio sí pueda considerarse un acercamiento relativo a la cuestión.

Un derecho es la defensa de un hecho: la defensa de dicho interés. Los animales con capacidad de sentir merecen derechos apelando a los mismos criterios que se establecieron en los Derechos Humanos. No hay nada relativo ni cuestionable en la proposición lógica de que un mismo criterio no admite una discriminación basada en la especie del sujeto, como tampoco en el sexo o en la raza.

¡Derechos Animales ya! - Partes de una oveja - El especismo cosifica a los animales como si fuesen trozos o mercancíasEl veganismo lleva, entre otros, a descosificar a los animales domesticados, empezar a verlos como personas y oponernos al propio hecho de que sean esclavizados y coaccionados.

Las razones del veganismo

El veganismo trata de justicia fundamental, ni más ni menos. Y la justicia se consigue cuando los agentes morales —aquellos sujetos con plena conciencia de sus acciones— dejan de cometer barbaries y aberraciones. No basta con pedir que a los animales se los trate mejor ni con que los hagan sufrir menos mientras nos aprovechamos de ellos.

Del mismo modo en que antes del cese de la esclavitud humana se postularon medidas y propuestas con un fin «amortiguador» entre los conflictos de intereses existentes, desde hace décadas existe una respuesta «apagaconciencias»: el bienestarismo. Esta ideología toma la filosofía del utilitarismo moral y la aplica a la explotación animal.

La analogía con la esclavitud humana no cobraría sentido si los demás animales fuesen piedras o seres inertes, pero no lo son. No habría ningún debate académico si nuestra observación no indicase la existencia de una discordancia entre lo que perciben nuestros sentidos y lo que asimilamos por interés endogrupal.

El veganismo, de igual modo al principio abolicionista de la esclavitud negra, argumenta que los animales merecen un reconocimiento moral y legal a tenor de las mismas razones que se emplearon para constituir los Derechos Humanos: la posesión de intereses inalienables (necesidades conscientes) tales como la libertad, integridad y vida; las cuales se derivan de la capacidad de sentir (sintiencia).

Si estimamos que dichos intereses son valiosos en sí mismos en nosotros, ¿por qué acaso no van a serlo en tales sujetos? Hasta la más diminuta hormiga pelea por sobrevivir y estima su vida aunque nadie más lo haga. Reducir las acciones no-humanas al instinto, como a menudo se esgrime, es un reduccionismo para obviar el sesgo de que nos cuesta asumir las semejanzas. Pues, si los humanos al final no resultamos ser tan exclusivos ni el sol gira a nuestro alrededor, ¿en qué podemos agarrarnos para darles un sentido a nuestra existencia?

Si hace dos siglos nos encontrábamos con organizaciones que pedían un descanso para los negros el domingo porque era el día del Señor, menos latigazos, la utilización rápida de la carimba, o la compra conjunta de madres e hijos para evitar la separación filial; en el caso que nos atañe nos topamos con grandes instituciones que exigen mataderos de muerte rápida, huevos de corral (olvidándose de los pollitos triturados) y jaulas algo más grandes para estos esclavos. El fin es el mismo: perpetuar el uso como recurso porque nos beneficia al mismo tiempo que se logra mantener la conciencia tranquila.

Los medios y fines se diluyen ante las apetencias puntuales o permanentes de sus explotadores. A las organizaciones animalistas y a sus empresas asociadas cualquier cosa les vale por tal de vivir gracias a la compasión de sus socios y donantes. Cada explotador, ya hablemos de particulares o la industria, maneja sus «objetos» como desee. El bienestarismo refuerza la idea de que todo ello sería una «elección personal» mientras a los animales no se los hiciere sufrir en exceso para la finalidad que se ha dispuesto para ellos.

Por otro lado, están otro tipo de colectivos y organizaciones animalistas que sólo piden respeto para determinados grupos animales (primates o cetáceos, generalmente) o que promueven algunas formas de explotación animal «compasivas» (que no conducen directamente a la muerte o que se producen por un «bien mayor»), como el caso de la «doma natural» o de una tauromaquia sin estocadas. Por si los hechos no hablasen por sí solos, siempre hay gente valiente que, aun proviniendo de este mundillo, reconoce sus crueles prácticas y da el paso hacia el veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Litografía de la Edad MediaTodos los periodos de la historia de la humanidad se han caracterizado por las guerras y la subyugación de unos grupos, tribus o civilizaciones contra otras. La cosificación de otros humanos como seres inferiores provino de la previa cosificación de los animales como seres que existen para servirnos.

¿Por qué debemos dejar de participar en la explotación animal?

Cada uno es libre de creer en cuanto desee; pero no de obrar según sus gustos, intereses o apetitos. Si los demás animales valoran sus propios intereses, ningunearlos sería una contradicción respecto al deseo propio de que otros respectasen los nuestros. Por esta inferencia lógica nació históricamente el veganismo: el movimiento social por la abolición de la explotación animal, el cual, como se ha señalado, se confunde constantemente y con dudosa intencionalidad con el vegetarianismo.

Una vez tomamos conciencia de una realidad científica (ellos también sienten y padecen) y antropológica (cultural), nos lanzamos a tratar de explicar cómo hemos llegado a esta situación en que millones de animales pertenecientes a otras especies pierden la vida en nuestras manos por razones inverosímiles y el más nimio de los placeres atávicos.

Así, retornamos al punto inicial, nacemos en una cultura que nos inculca nociones incorrectas y sesgadas sobre la naturaleza. Estas fallas, en consonancia con propósitos individuales o colectivos, nos llevó al origen del especismo: la discriminación moral según la especie.

Éste se resume en la creencia de que una diferencia de especie marca la diferencia entre quiénes merecen respeto y quiénes la muerte del mismo modo en que desde los albores de la civilización hemos esclavizado vilmente a otros humanos. Por tanto, nuestro deber es dejar de participar en la explotación animal (uso como recurso) de todos los demás animales de la misma manera en que abogamos por la justicia hacia otros seres humanos.

Por desgracia, el sencillo planteamiento del veganismo se ve expuesto y vapuleado frente al egocentrismo y conveniencias de quienes viven y disfrutan gracias al trabajo de terceros. La creciente preocupación social por el «bienestar animal» ha convertido lo que debiera ser una evolución o progreso humano en un negocio redondo (con audiencia televisiva incluida), en el lucro mediante victorias pregonadas sobre la desgracia ajena y el autoconsuelo de quienes prefieren ceder su arbitrio y agencia moral en aquéllos que, con bellas y rimbombantes palabras, les alivia el sufrimiento de saber que causan un mal evitable (por ejemplo, comer carne) por el hecho de donar para que, milagrosamente, ciertas víctimas sufran una miseria algo menor antes de terminar en sus platos.

Gran parte de estas campañas y de las tergiversaciones existentes están orquestadas adrede desde los puestos de poder con la finalidad de evitar el avance del movimiento vegano. Hace no mucho leí en redes sociales el comentario de un ganadero que revelaba, en muy pocas palabras, cómo perciben el veganismo aquéllos que se ganan el sueldo como esclavistas de animales:

El problema de los veganos no está en que no coman carne; sino en por qué no comen carne.

Es decir, este ganadero estaba reconocimiento que la «gravedad» del veganismo para sus intereses explotadores no radicaba en su práctica (similar al vegetarianismo en este sentido) sino al trasfondo o motivo fundamental que lleva a alguien a adoptar el veganismo.

Los ganaderos saben perfectamente que otros movimientos sociales, como el animalista o el ecologista, son compatibles con su negocio. Sin embargo, el veganismo es incompatible con la esclavitud animal por mucho que intenten endulzar su imagen. Por ello, harán todo cuanto quede en sus manos para manipular, calumniar y pervertir el movimiento vegano.

[Segunda parte de este artículo]

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¡Derechos Animales ya! - Vaca y becerro esclavizados al aire libre

«Killer Cows», antropocentrismo excursionista

¡Derechos Animales ya! - Vaca y becerro esclavizados al aire libre - Killer cowsLlamar «Killer Cows» a las vacas que están en el prado es una manera muy antropocéntrica de vilipendiar a las víctimas de la esclavitud.

«Killer Cows», un ejemplo más de antropocentrismo cotidiano

Hace un par de semanas, en abril de 2021, estuve buscando imágenes para redactar un artículo sobre la fragmentación de hábitats por acciones antrópicas y la necesidad de que los ecologistas asuman los Derechos Animales como base ética fundamental para la defensa del medio ambiente.

Mientras navegaba por internet me topé con una página web titulada «Killer Cows» (en español, «Vacas asesinas»), la cual está dedicada a exponer vivencias y testimonios de excursionistas atacados por vacas y toros durante excursiones por regiones rurales de Reino Unido. Sus autores denuncian los peligros que representa el ganado (animales esclavizados en haciendas con fines alimentarios) para grupos de excursionistas con la finalidad de exigir medidas de protección.

Aunque yo —y cualquier persona vegana— puede comprender y estar de acuerdo con que convienen desarrollar infraestructuras que minimicen los posibles conflictos entre humanos y animales salvajes, la página «Killer Cows» se enfoca específicamente en los animales domesticados y exige medidas de control a ganaderos y el pago de indenizaciones por daños causados por la propiedad animal.

¡Derechos Animales ya! - Grupo de excursionistas por el pradoComo fruto del antropocentrismo, los autores de «Killer Cows» perciben el medio ambiente y el planeta tierra como una propiedad inherente del ser humano, en lugar de ser un medio físico en donde habitan diferentes sujetos de otras especies.

Un enfoque perversamente unilateral

Dado el caso, hablamos de animales que, durante su estadía en fincas privadas como meros esclavos destinados al engorde y posterior consumo, deciden defenderse de aquellos humanos (excursionistas) que se les acercan demasiado, ya sea porque los humanos de turno atajan por parcelas privadas o porque, al parecer, los ganaderos «dejan sueltos» a estos animales en zonas o parajes públicos.

El enfoque de la página «Killer Cows» obvia completamente la objetividad respecto a la situación de las vacas y toros esclavizados y olvida los daños que nosotros, los humanos, les causamos mediante la crianza, manipulación, marcaje, inseminación, separación de crías y posterior asesinato.

Que dicha web adopte únicamente la visión de los excursionistas como víctimas ante las vacas y toros esclavizados, aun cuando los seres humanos tenemos derechos legales y tales animales no tienen siquiera reconocido el derecho a la vida, evidencia un profundo antropocentrismo. Un ejemplo al que he llamado «antropocentrismo excursionista».

¡Derechos Animales ya! - Excursionistas acarician caballos salvajesPor fruto del antropocentrismo, algunos excursionistas sólo toleran la presencia de aquellos animales que le muestren sumisión. El ser humano no tolera la presencia de ningún animal que pueda perjudicar a sus propios intereses.

Mi comentario enviado

En vista de la situación, quise enviarles un comentario educado a los autores de la página «Killer Cows» para trasladarles el hecho objetivo de que estas vacas y toros —los cuales representan una amenaza para ellos— existen debido a que la sociedad general —y quizás estos mismos denunciantes— consumen carne y otros productos de origen animal:

En inglés

Hi!

I came to this blog while I was writing an article about habitat fragmentation and human-animal conflicts. I’m a biologist from Spain and activist for Animal Rights. I understand that cattle and other animals may pose a danger to human life. I agree with your proposals.

However, I would like to expose here that these campaings show an anthropocentric point of view. Cattle aren’t «killer cows»; they are slaves. Cattle are domesticated animals, that is to say, animals who were separated from nature and manipulated by artificial selection. They exist for the only reason that billions of people consume meats, dairy and other animal products. It’s very cynical that many walkers complain about cattle (and calling them «killers») while they pay to breed cattle and kill them in slaughterhouses.

There are anthropological and sociological studies that indicate a direct correlation between the phenomenon of moral discrimination and the needs of a human collective to keep others (or themselves) away from those individuals they consider inferior. In other words: the main reason why many walkers ask for cattle-free country roads is due to the human antropocentric belief that only humans matter and they doesn’t empathize with these ‘born to die’-animals.

We humans can live in a more respectful and ecological way. Veganism is a ethical principle agains animal exploitation in recognition of non-human animals also have inalienable interests. Most human-animal conflicts would be avoided if we want. The firts step is to banish our beliefs in human superiority.

I recommend this web to go deeper into veganism and Animal Rights.

Abajo dejo la traducción al español. El texto lo escribí originalmente en inglés, si bien, por mi idiosincrasia española, la versión de vuelta al español queda casi perfectamente traducida (he modificado apenas unos detallitos) por el traductor de Google (es privativo, pero el mejor…):

En español

¡Hola!

Llegué a este blog mientras escribía un artículo sobre la fragmentación del hábitat y los conflictos entre humanos y animales. Soy un biólogo de España y activista por los Derechos de los Animales. Entiendo que el ganado y otros animales pueden representar un peligro para la vida humana. Estoy de acuerdo con vuestras propuestas.

Sin embargo, me gustaría exponer aquí que estas campañas muestran un punto de vista antropocéntrico. El ganado no son «vacas asesinas»; son esclavos. El ganado vacuno son animales domesticados, es decir, animales que fueron separados de la naturaleza y manipulados por selección artificial. Existen por la única razón de que miles de millones de personas consumen carnes, lácteos y otros productos animales. Es muy cínico que muchos excursionistas se quejen del ganado (y los llamen «asesinos») mientras pagan para criar ganado y matarlo en los mataderos.

Existen estudios antropológicos y sociológicos que indican una correlación directa entre el fenómeno de la discriminación moral y las necesidades de un colectivo humano de mantener a los demás (o a ellos mismos) alejados de aquellos individuos que consideran inferiores. En otras palabras: la razón principal por la que muchos excursionistas piden caminos rurales libres de ganado se debe a la creencia antropocéntrica humana de que sólo los humanos importan y no sienten empatía con estos animales ‘nacidos para morir’.

Los humanos podemos vivir de una manera más respetuosa y ecológica. El veganismo es un principio ético contra la explotación animal en reconocimiento de que los animales no humanos también tienen intereses inalienables. La mayoría de los conflictos entre humanos y animales se evitarían si quisiéramos. El primer paso es desterrar nuestras creencias en la superioridad humana.

Recomiendo esta web para profundizar en el veganismo y los derechos de los animales.

¡Derechos Animales ya! - Excursionista sobre un oteroEl ser humano se percibe como dueño de la Tierra y con potestad para aprovecharse de todo lo existente. Dicha mentalidad es incompatible con los Derechos Animales e, inclusive, con nuestra propia supervivencia.

Conclusión

A pesar de mi educación y molestia en escribirles, dicho comentario no fue publicado ni respondido por ningún medio. Por tanto, este artículo equivale a una suerte de carta abierta ante la censura e incapacidad social de asumir una crítica y de reflexionar sobre la injusticia de las propias acciones.

Los autores de la página «Killer Cows» incurren en un cinismo atroz cuando se quejan de una situación conflictiva de la que ellos son directamente culpables y responsables. Parece que, para la cultura anglosajona, existe una tendencia a culpar a otros animales como malos o asesinos (p. ej. a las orcas, llamadas literalmente «ballenas asesinas»).

Si la humanidad no fuera especista ni esclavista, no existiría la ganadería y, por ende, no habría millones de vacas por los prados de Reino Unido dispuestas a atacar a seres humanos. De hecho, si los animales fueran más inteligentes y conscientes de lo que les hacemos, quizás se organizarían para defenderse de nosotros —sus esclavistas— por justicia fundamental.

Nuestros problemas cotidianos y los de millones de animales se solucionarían de inmediato si el ser humano abandonara su visión antropocéntrica del mundo y pasara a ser más justo con todos los que lo rodean. Esto incluye a los animales con quienes compartimos el planeta, seres sintientes a los que reducimos a la esclavitud desde el Neolítico.

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¡Derechos Animales ya! - Marcaje de negros africanos

La carimba y el marcaje de animales

¡Derechos Animales ya! - Marcaje de negros africanos - EsclavitudLa carimba es un hierro candente que fue empleado para marcar esclavos humanos y que todavía hoy se usa para el marcaje de animales sumidos en la esclavitud.

Introducción

La historia de la humanidad puede resumirse una sola frase: el abuso del fuerte contra el débil. En otros artículos, he tratado algunos aspectos históricos y analogías existentes entre la esclavitud humana y la esclavitud animal. Asimismo, en varios ensayos he hablado sobre el origen de las discriminaciones morales, fenómenos biológicos implicados y cómo la inercia social puede desembocar en la creación de un statuo quo, basado en el beneficio personal y colectivo, que trate de justificar la legitimidad de un sistema explotador.

En esta entrada, quisiera relacionar algunas prácticas que se desarrollaron durante la esclavitud humana en los siglos pasados con la metodología, los instrumentos y los argumentos que todavía hoy se utilizan y esgrimen para ejercer la ganadería y practicar el marcaje de animales.

¡Derechos Animales ya! - Hierro para marcar vacas - Carimba - Marcaje de animalesCarimba o hierro para marcar vacas. No existe ninguna diferencia entre los instrumentos usados para los esclavos humanos y que los todavía empleados para el marcaje de animales (esclavos no humanos).

[Fuente de la fotografía]

¿Qué es la carimba?

La carimba —o calimba, según el área geográfica— es un instrumento usado para el marcaje de animales y de humanos a fuego. Consta de un hierro con un extremo forjado que representa un escudo, letra o símbolo determinado para la identificación y reconocimiento de un sujeto catalogado como mera mercancía o pertenencia de alguien.

En España dicha práctica fue abolida para humanos en 1784, si bien, persistió en los territorios de Cuba hasta muy avanzado el siglo XIX. Los primeros seres humanos que sufrieron la carimba en América fueron los indios nativos. Existen indicios de que, antes de la conquista, ya se marcaban esclavos humanos de esta forma en la Península.

Dichos marcajes a hierro candente se realizaban —o realizan, para el caso de los animales— en zonas visibles de cuerpo: espalda, muslos, pecho y vientre. Después de aplicársele al esclavo este hierro caliente, conocido por carimba, solían echársele ciertos productos encima de la escara para facilitar la cicatrización.

Tanto para el caso de humanos como de otros animales, las marcas dispuestas eran —o son— diversas y, en ocasiones, numerosas para indicar la procedencia o condición del esclavo. Por ejemplo, hasta el siglo XIX, se hacían unas marcas específicas para indicar que el esclavo humano había llegado a los territorios de España de manera ilegal —carimba de indulto al propietario esclavista— y el Ejército de Caballería de España practicaba un marcaje de caballos con una «D» para indicar que eran un desecho que enviar al matadero.

En América, las carimbas para esclavos negros eran marcas reales que se conservaban bajo llave en la intendencia que tuviera jurisdicción en aquella zona. De un modo análogo, en la actualidad, las carimbas para esclavos no humanos poseídos por el Estado se guardan en las dependencias militares dedicadas a la crianza y sometimiento de tales víctimas. Éste es el caso de la Yeguada Militar.

¡Derechos Animales ya! - Acrópolis de AtenasLa civilización humana se ha contruido mediante la subyugación de unos grupos hegemónicos frente a aquéllos más débiles. En la Antigua Grecia, Roma o Egipto existía una esclavitud humana institucionalizada tal como hoy persiste en lo tocante a la esclavitud animal. El marcaje de humanos comparte su origen con el marcaje de animales.

El origen del marcaje de animales y de humanos

La carimba —o hierro de marcar— data de un pasado remoto e incierto; pues, más allá de los registro arqueológicos, resulta prácticamente imposible determinar con certeza cuándo surgió la idea y puesta en práctica de utilizar el fuego y su efecto escarante y cicatrizante para dejar una marca de por vida sobre la piel, pelaje u otra parte del cuerpo de un animal. Ante esta definición escueta, recordemos que los humanos también somos animales.

Como sucedió con otras acciones, diversas prácticas esclavistas en humanos y sus instrumentos proceden directamente de las prácticas ganaderas y de los instrumentos para la coacción, control, violencia y asesinato de animales practicados desde el Neolítico. En este tiempo, lo único que ha ido cambiando han sido las víctimas y los verdugos, así como la normativa vigente y los argumentos de los esclavistas para legitimar sus acciones.

A pesar de que no supone una novedad la existencia de ciertos instrumentos, como la carimba, ni de ciertas metodologías, los historiadores de la actualidad les otorgan importancia a estos hechos porque hoy nos sobrecoge pensar en cuántos horrores hemos cometido contra nuestros congéneres hasta hace muy poco tiempo.

Cabe incidir en que la esclavitud negra en América sólo fue una de las últimas manifestaciones de la esclavitud humana. En Europa, Asia, África y otros lugares, la esclavitud humana ha sido —o es— generalizada para diversas razas, etnias, tribus, etc. Durante la Antigüedad y la Edad Media hubo esclavitud humana en la Península Ibérica y sigue habiendo esclavitud animal.

¡Derechos Animales ya! - Carimba a esclavos negros y a caballos de la Yeguada Militar - Marcaje de caballosA la izquierda, marca de carimba para negros africanos que llegaban a Cuba en el siglo XVIII. A la derecha, marca de carimba para el marcaje de caballos pertenecientes al Ejército de Caballería de España.

Del símbolo práctico al simbolismo cultural

Sin lugar a dudas, la carimba fue una solución encontrada por aquellos humanos con poder para establecer una identificación de aquéllos que consideraba —o considera— sus esclavos. El marcaje de animales y de humanos responde una necesidad práctica derivada del comercio y del pago de impuestos, al mismo tiempo, cumple el valor añadido de establecer una jerarquía física o material entre el dominador y el dominado, y de dotar al dominador de un status superior por la posesión de tales esclavos.

Sin ir más lejos, el Ejército de Caballería de España ejerce un marcaje de caballos a hierro candente por simple exhibición patriótica de que tales caballos pertenecen a la nación y de que son criados siguiendo una tradición centenaria. Las costumbres y tradiciones suelen ser, por lo general, evidencias de la escasa evolución social en un ámbito determinado.

Este fenómeno antropológico resulta también observable en la caza y la acción posterior de posar con las «piezas» —víctimas— cazadas. Así como en muchísimos otros rituales de dominación humana en que el ser humano abate, mutila o corta el pelaje de animales para demostrar su poder, fuerza o astucia.

Las diferentes culturas humanas han ideado diversos vocablos y giros idiomáticos para distinguir los rasgos, órganos u otras cualidades o características de los humanos frente al de los animales. No en vano, a los humanos esclavizados se los equiparaba con animales porque, para el ideario humano inculcado desde la infancia, los animales conforman los seres más inferiores en el escalafón de poder y, supuestamente, tenemos derecho a aprovecharnos de quienes sean más débiles que nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Marcaje de caballos en el Ejército de Caballería de EspañaMarcaje de caballos en el Ejército de Caballería de España. Nótese el uso del hierro de la Yeguada Militar y cómo los caballos son sujetados, atados y violentados de diversas formas. Ningún animal, como ningún ser humano, desea ser sometido a la voluntad de otro.

[Fotografías extraídas de una publicación del Ministerio de Defensa sobre la cría caballar]

La carimba como ejemplo de una disonancia social

Nuestra sociedad destaca por sus terribles contradicciones y una empatía muy selectiva. Mientras nos apenan las injusticias que sufren otros humanos por una suerte de aprendizaje cultural, la mayor parte de la humanidad muestra una indiferencia absoluta o una manipulación intencionada con que excusar las acciones que comete o financia a diario contra la vida, la libertad y la integridad de cientos o miles de animales al día.

Al igual que se marcaban a seres humanos esclavos, la carimba y el marcaje de animales siguen vigente en toda clase de actividades ganaderas para la identificación, exhibición y venta de animales. En la actualidad, aun con los avances tecnológicos —como los microchips que se colocan en animales domesticados—, el marcaje a hierro cadente suele ser habitual en animales catalogados como «ganado» por simple manifestación orgullosa —o comercial— de que proceden de una ganadería o de un lugar en concreto.

Aun en pleno siglo XXI, los manuales de veterinaria proponen prácticas aberrantes que no han evolucionado en siglos. Si en siglos anteriores se esgrimían razones religiosas vinculadas a la Creación para legitimar una suerte de superioridad de blancos frente a negros, hoy todavía se esgrimen razones antropocéntricas para excusar la superioridad humana frente a los demás animales con quienes compartimos el planeta. De hecho, en la ciencia moderna se asumen y estudian dichas prácticas sin siquiera cuestionar nuestra legitimidad ética para realizarlas.

En la actualidad, la mayoría de la sociedad adopta una postura bienestarista hacia los animales y su esclavitud. Esto significa que sólo rechaza el maltrato animal —el sufrimiento animalen la medida en que los daños causados a tales animales no le otorguen un beneficio personal o colectivo.

De esta forma, por ejemplo, la sociedad se lamenta cuando un ganadero tortura animales o cuando se producen rituales satánicos con animales mientras la mayoría no duda en comer animales, en ir a zoológicos, acuarios, circos o en montar a caballo por simple gusto, placer y conveniencia. Los animales no son conscientes de las intenciones humanas. Por ello, según el caso, cuando incurrimos en tales acciones estamos traicionando la confianza e incluso el afecto que tenían en nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Marcaje de un toroLa carimba es un instrumento cotidiano para el marcaje de animales que siguen siendo esclavos del ser humano. Si la tenencia de esclavos humanos era injusta, lo mismo cabe decir de los esclavos animales y de las prácticas que ejercemos contra ellos.

Conclusión

Debido a que el ser humano muestra una memoria muy escasa, apenas nos acordamos de la esclavitud negra en el continente americano. Este tema, tan triste como apasionante de estudiar, debiera servirnos para ampliar nuestras miras y ahondar en cómo ha ido evolucionando el contexto y los argumentos esgrimidos por los humanos con poder para someter a otros.

La carimba —el hierro de marcar— no ha quedado retratado en nuestra historia antropocéntrica porque haya torturado a millones de animales; sino porque fue un ejemplo de cómo la cosificación de seres humanos lleva a ejercer las mismas acciones perversas que todavía nuestra especie comete contra los animales.

Resulta paradójico que un mismo instrumento y una misma acción solamente cobren protagonismo según las víctimas que padecen la acción de los mismos. Si hasta hace apenas unas décadas el racismo era un fenómeno universal, todavía el especismo es la forma de discriminación más extendida en la sociedad humana. Se encuentra en todos los ámbitos, a menudo encubierta de ecologismo, un progreso bucólico o la protección de animales contra la extinción de especies.

El marcaje de animales es tan injusto como hacerlo con humanos. El quid de la cuestión no radica en que el animal —como esclavosufra más o menos durante estas prácticas; sino en que nosotros, como agentes morales, no tenemos legitimidad para atentar contra los intereses inalienables de otros sujetos. Ésta es la misma razón universal de por qué está mal esclavizar y marcar a seres humanos con una carimba.

Se produjo el marcaje de seres humanos porque tales humanos estaban catalogados como mercancías. Igualmente, el marcaje de animales a hierro candente seguirá existiendo mientras ellos también sigan catalogados como propiedades y seres inferiores al servicio del ser humano. En los últimos siglos sólo ha variado ligeramente nuestro respeto hacia otros seres humanos; pero nada ha cambiado en nuestra percepción supremacista de los animales y la cosificación moral que ejercemos contra ellos.

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Introducción

Algo que siempre me ha llamado la atención de España, aun siendo español desde mi nacimiento, es la aparente obsesión por el jamón que muestra la sociedad española. En este artículo quisiera reflexionar sobre cómo y por qué en España el jamón —la pata de un cerdo ibérico cortada y curada— se considera un manjar y una especie de símbolo nacional o «marca España».

No hay bar en España en que uno no pueda toparse con una pata de cerdo ibérico a medio cortar ni casi tampoco ninguna conversación diaria en que alguien, ya sea en la familia, en la universidad o el trabajo, hable sobre comer jamón, comprar un jamón, probar un jamón, querer un jamón cortado en lonchas, desear un bocadillo de jamón, decir que su comida favorita es el jamón o babear mientas piensa en un jamón. Yo, antes siquiera de ser vegano, ya me dejaba anonadado la obsesión que exhibe nuestra por los músculos y otros tejidos grasos de un pobre animal degollado.

No se trata de que a los veganos «no nos guste la carne», como se suele aducir con extraordinaria simpleza; sino que nos planteamos cómo y por qué el ser humano empezó a percibir a los animales y las partes de sus cuerpos como comida. Y más incluso, como algo siquiera apetecible.

Como fruto de nuestra mentalidad supremacista, especista y cosificadora hacia los animales, no cabe sorprenderse de que cualquier apetito, por muy trivial o aberrante que fuere, se reciba con gran júbilo y justificación. Ciertas formas de explotación animal, como la caza o la tauromaquia, se han perpetuado como rituales de dominación humana. Y otras tantas, como la equitación o los propios zoológicos, siguen existiendo hasta nuestros días como símbolo de nobleza feudal o del poder humano sobre la naturaleza.

En lo tocante a los cerdos, estos animales fueron domesticados —esclavizados— hace miles de años junto con otros animales calificados como «ganado». Si bien, el caso del cerdo es peculiar porque su nivel trófico es algo más elevado al de los herbívoros estrictos y se sitúa próximo al de los humanos. Para ahondar en la biología y evolución del cerdo recomiendo un ensayo del activista Igor Sanz.

¡Derechos Animales ya! - Jamones sobre tablas de cortarUn jamón es el resultado de descuartizar y desecar las extremidades de un cerdo ibérico para ingerir sus fibras musculares y grasas retenidas en sus tejidos corporales. Se produce una obsesión por el jamón cuando se anhelan o sobrevaloran sus valores nutricionales o gustativos.

El jamón como ejemplo de cosificación animal extrema

Los cerdos han sido, históricamente, uno de los animales en que el ser humano ha sabido explotar cada centímetro de su cuerpo: carne, grasas, vísceras, pezuñas, etc. Otros animales, como el caballo, se han aprovechado más en cuanto a usos potenciales (carne, leche, transporte, vacunas, piel) que en lo referido a la disección de sus órganos.

En las culturas occidentales, el cerdo ha recibido una consideración social muy peculiar. Por un lado, salvo entre musulmanes, su aprovechamiento se considera útil y valioso como el de cualquier ganado. Por otro, cuando el ser humano se fijó prontamente en los hábitos y las costumbres «poco agradables» de los cerdos, ejerció una cosificación asociada al modo de vida de estos animales. Este fenómeno desembocó en los usos especistas del lenguaje referidos al cerdo —insultos y demás— y el asesinato de cerdos —sacrificio— como recreación de la violencia que merecería un ser humano detestado.

El islam fue más allá de la cosificación alimenticia y tomó el cerdo como punto de partida para establecer una limitación o tabú religioso con la finalidad de impulsar una separación moral entre los creyentes musulmanes y otras «gentes del libro».

¡Derechos Animales ya! - Dehesa de cerdo ibérico en ExtremaduraLos animales no son libres. Que estos cerdos ibéricos estén sueltos en una dehesa no significa que estén libres del dominio humano ni que el buen trato recibido justifique su posterior asesinato en un matadero.

La obsesión por el jamón reflejan que el sabor y el dinero están por encima de la vida y de la verdad

De entre todos los órganos arrancados al cerdo tras su muerte —y que lo llevan a ser criado y asesinado previamente— destacan sus extremidades. En concreto, las dos patas traseras reciben el nombre de «jamón». Desde los pueblos prerrománicos ya existía el conocimiento y el afán por desecar las extremidades del cerdo para luego comerlas a tiras.

Hasta la actualidad, el jamón es un recurso alimenticio muy propio de España. Entre las razones de esta obsesión por el jamón se encuentran su sabor intenso y bastante diferente al de otras carnes sin requerimiento de especias, su alta conservación relativa y la retroalimentación social entre estas particularidades y el valor etnocéntrico de que España haya desarrollado, desde antaño, un comercio interno muy lucrativo.

Irónicamente, el jamón es relativamente insalubre por su enorme cantidad de grasas saturadas y su nula presencia de vitaminas. Algo que se puso de manifiesto hace poco mediante los sellos de NutriScore, los cuales suspendían al jamón, el chorizo y todos aquellos productos derivados del cerdo.

Estos hechos recientes suponen una afrenta a los intereses ganaderos de España. Y, tal como marcan los cánones de España, los ganaderos de nuestro país se dispusieran a presionar al Gobierno y a manipular la opinión pública con el fin de saltarse la normativa europea y que los sellos de NutriScore no aparecieran sobre el jamón, so pena de que los consumidores —masa social inercial— pudieran fijarse —mientras sostuvieran el móvil con la otra mano para mirar el Whatsapp— y llegar a pensar que quizás su obsesión por el jamón es meramente cultural y no algo necesario ni sano.

Para desgracia de ellos, el Gobierno no cede ante estos chantajes procedentes del consorcio ganadero.

¡Derechos Animales ya! - Cerdos ibéricos en una ganaderíaLa ganadería del cerdo ibérico comparte su base con la crianza, manipulación y violencia ejercida en granjas contra otros animales domesticados.

Conclusión

Los cerdos han sido uno de los animales más violentados y vilipendiados, a partes iguales, en la historia de la humanidad. En la Península Ibérica ha existido desde los pueblos prerromanos la crianza del cerdo ibérico y una obsesión por el jamón mantenida por prejuicios e intereses económicos.

Los animales, como nosotros, poseen sus propios intereses inalienables que debemos respetar. La tradición o la cultura no establecen criterios de corrección moral ni un argumento válido para justificar acciones injustas y evitables. Se da la paradoja de que la sociedad aspira a ser compasiva con los animales mientras no tiene la menor intención de evitar las acciones frívolas e innecesarias que practicamos contra ellos. Cada dos por tres salen noticias sobre el maltrato animal en que los consumidores exigen medidas que los ayude a calmar sus propias conciencias.

La mayor parte de la ciudadanía española se llena la boca a diario con apelaciones al progreso o la justicia social mientras, al minuto siguiente, habla sobre cuánto le gusta el jamón o quisiera comprar uno por Navidad. Dice mucho de España, como nación, que sigamos anclados a percepciones y a modos de vida primitivos en que el mero placer gustativo está por encima de nuestra salud y, ante todo, de la vida de terceros.

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