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¡Derechos Animales ya! - Representación de Jesucristo

Un autor cristiano contra el veganismo

¡Derechos Animales ya! - Representación de JesucristoJesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» [Lucas 23:34]. A veces, en páginas cristianas es donde uno encuentra reflejados los mayores argumentos contrarios a la paz y al respeto hacia el prójimo. En esta entrada muestro a un autor cristiano contra el veganismo y a otros creyentes cuyo credo los lleva a defender, gratuitamente, la violencia y la miseria contra los animales.

Introducción

Cualquier idea, por simple o generalizada que esté, puede ser origen de controversia en una sociedad mediatizada. Si a ello le unimos que el veganismo y la defensa de los Derechos Animales abarcan un conjunto de ideas y argumentos poco conocidos, la inercia social y los prejuicios de cada quien pueden acarrear que determinados individuos o grupos sociales decidan lanzar ataques y mofas sistemáticos sobre aquello que ni se han parado a analizar.

Que si los veganos somos comunistas, que si somos satánicos, que si somos materialistas, individualistas, feministas radicales, podemitas, parte del movimiento ‘woke’ posmoderno, negacionistas, terraplanistas, antivacunas, anticapitalistas, porristas, ecologistas desnortados, drogadictos, progres urbanitas, zoofílicos, abortistas, adolescentes aburridos, niños ricos, necios, ilusos, seguidores de las modas y un largo etcétera de acusaciones inverosímiles.

Y sí, un vegano puede ser o no, al mismo tiempo, algo de eso. Englobarnos a todos en un mismo saco evidencia ignorancia y un espíritu crítica perezoso y autocomplaciente.

Si algo tienen en común todos y cada uno de aquellos que no tienen argumentos —o de habilidades comunicativas para argumentarlos— es su necesidad de reducir, simplificar y patologizar a todos los defensores de una doctrina para crear así un monigote simplón y estéril, un espantapájaros al que poder linchar y moler a palos. Y se quedan tan a gusto, porque su objetivo no es el debate; sino el codeo, el disfrute en compañía de quienes hacen eco de sus opiniones nacidas en la barra de un bar.

A diferencia de estos individuos y de su escasa dialéctica, todos mis artículos se refieren a ideas o posturas concretas y expresiones específicas de dichas ideas o posturas. Nadie leerá en mi blog cosas del tipo «todos los religiosos, comunistas, progres son…». Eso revela una actitud infantil, inmadura y contraria al diálogo y a los buenos valores sociales.

¡Derechos Animales ya! - Captura del artículo «Los bárbaros modernos II», de Pedro Luis Llera - Autor cristiano contra el veganismoEl título y el eslogan utilizados —al estilo de «Juegos de tronos»— ya nos llevan a presuponer un tratamiento sensacionalista y visceral. La crítica vertida por este autor cristiano no tiene nada de particular ni diferente a la que se podría oír en boca de algún cazador, taurino, ganadero o cualquier hijo de vecino; pero sirve para utilizarlo de ejemplo sobre falacias nacidas de un fanatismo religioso.

Comentario al artículo de un autor cristiano

Entrando en materia, el otro día me encontré con varias visitas que procedían un medio de difusión cristiano. Por experiencia, eso suele significar que me están poniendo a caldo a mí, al colectivo vegano o al veganismo.

Efectivamente, hallé un texto poco menos que titulado «Bárbaros modernos II» en donde el autor había copiado hasta las letras en negrita de mis textos para crear un refrito con que atacar el veganismo.

Y no se malentienda, no critico que se tomen mis textos; de lo contrario, no lo permitiría mediante una licencia Creative Commons Zero. Lo que señalo expresamente es que alguien pueda creer que tomando distintos textos y metiéndolos con calzador pueda describir, plasmar o analizar la ideología de algún movimiento. Condeno la forma tan pedestre y poco honesta con que se ha ejercido el derecho a la crítica.

Copiar y reformular los textos, fuera de contexto, para que signifiquen lo que uno quiera e ir hilándolo con interpretaciones peregrinas no equivale a una actitud crítica ni racional. Y si eso le sumamos ataques personales, juicios de valor, especulaciones sin fundamento y toda clase de reacciones viscerales, llegamos a un cóctel explosivo nada diferente de una tertulia matutina de un programa de salsa rosa.

¡Derechos Animales ya! - Representación de David contra GoliatLuchar contra el antropocentrismo en nuestra sociedad contemporánea se vuelve más arduo que la lucha entre David y Goliat.

Mi comentario a este autor cristiano contra el veganismo

Me deslicé por la página en cuestión y me tomé unos minutos para sintetizar las ideas principales del veganismo y los Derechos Animales, con la simplicidad que requiere para un oyente ajeno a razonamientos filosóficos o legales. Si lo desea, el lector puede saltárselo para ir directamente a analizar la respuesta, si se puede llamar así, que me dio el autor del artículo.

Hola a todos:

Me llamo Adrián y soy el autor de la página web «¡Derechos Animales ya!». Tal como permite la licencia de mi contenido, cualquiera es libre de utilizar el contenido de mi blog para cualquier propósito.

No obstante, siento verdadera tristeza de que el autor de este artículo haya copiado hasta la negrita de varios ensayos míos para unirlo con textos de otros autores y crear un refrito incoherente con que, supuestamente, lanzar un argumento cristiano contra el veganismo y los Derechos Animales.

Cabe señalar que para refutar una postura se requiere analizarla con entendimiento. Que aquí aparezcan distintos textos remezclados, y que se contradicen entre sí, de poco sirve para debatir cualquier tema.

Yo estudié en un colegio católico y unas de las mejores enseñanzas que recibí de pequeño fue la de no hablar sobre algo sin disponer primero de conocimientos sobre el asunto tratado.

Observo demasiados comentarios con afirmaciones improcedentes, clamaciones al cielo y otros ejemplos de visceralidad carente de lógica. Así pues, quisiera hacer unas ligeras aclaraciones:

1. Los veganos no somos una secta satánica. No nos referimos a satán ni nos posicionamos con él.

2. El veganismo no se refiere al aborto en ningún caso porque sólo está definido en cuanto a nuestras acciones para con los animales. Que un vegano defienda o esté en contra del aborto es tan irrelevante para veganismo como si está a favor o en contra del capitalismo.

3. Los animales no tienen por qué cumplir obligaciones para tener derechos, al igual que tampoco cumplen obligaciones los niños y adultos con trastornos graves y discapacidades. Un derecho es simplemente la protección de un interés.

Los animales poseen intereses inalienables (vida, libertad e integridad) porque, como nosotros, poseen células nerviosas. Dichos intereses los lleva a defender su vida y a no querer estar encerrados. Esto es un hecho observable, verificable, objetivo e innegable.

Los derechos *no* dependen de las obligaciones. Ustedes parecen sostener una visión decimonómica del Derecho basado en el contractualismo, aquel que sostenía que ni niños ni ancianos merecían protección ni respeto si no eran capaces de defenderse por sí mismos.

Resulta irónico cómo alguien cristiano pueda, sin darse cuenta, hacer apología del darwinismo social (base del racismo contemporáneo y, a la postre, del nazismo) por tal de negar los Derechos Animales.

El objetivo de los veganos es que los animales sean reconocidos legalmente como sujetos de derecho. Esto no invalida, contradice ni menoscaba al ser humano de ninguna forma.

Afirmar eso nos recuerda, muy tristemente, cuando había humanos hace siglo y medio que alegaban que otorgarles derechos a la gente negra significaba un menoscabo a la dignidad de la gente blanca.

El único menoscabo que supone el reconocimiento de los Derechos Animales es el de disponer de ellos para violentarlos, coaccionarlos y de tratarlos como simples objetos que existan para servirnos. Es esta pérdida de poder, similar al del antiguo esclavista sureño, la que, de forma eufemística, se intenta presentar cual si fuese una afrenta a la dignidad humana.

Si la dignidad humana reside, entre otras cosas, en nuestra facultad de diferenciar el bien y del mal, ¿cómo se puede acaso justificar el asesinato sistemático de millones de animales al día por simple placer e indiferencia?

Los humanos no explotamos a los animales porque lo necesitemos sino porque *podemos*. Es decir, los humanos somos más poderosos que los animales tanto como otros pueblos de la antigüedad lo fueron para reducir a otros a la esclavitud. ¿Justificarían ustedes esos hechos si todavía se produjeran en la actualidad?

No necesitamos comer carne, no necesitamos encerrarlos en zoológicos, no necesitamos divertirnos torturando a un toro en una plaza ni necesitamos el 99% de los daños que se causa a los animales a diario.

En cambio, cuando los veganos señalamos esta realidad científica, histórica e impepinable, sólo recibimos odios sordos y ataques sin fundamentos por los supuestos creyentes del creador universal. Y yo me pregunto: ¿Cuál es vuestro dios: Él o satán?

Para quienes deseen profundizar en la historia del veganismo y sus fundamentos filosóficos y legales, le recomiendo este ensayo que escribí.

Un saludo cordial.

La respuesta del autor cristiano Pedro Luis Llara

A continuación, expondré capturas de los párrafos que componen su réplica junto con algunos subrayados míos para resaltar su tesis central e incongruencias:

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario Pedro Luis Llera (con subrayado 1)El autor cristiano Pedro Luis Llara inicia su discurso con unos preámbulos que van desde lo fútil hasta el hombre de paja. Lo primero que me sorprendió fue su cita sobre el significado de un blog. ¿Era necesaria? ¿En qué momento de mi mensaje había cuestionado que su artículo fuera una entrada de blog?

Como él mismo expone, está convencido de que copiar y pegar varias fuentes ya constituye un argumento sobre aquello que pretende criticar. Yo no lo acuso de apropiarse de nada, he ahí su primera tergiversación de mis palabras.

Le señalo únicamente que juntar varias fuentes que se contradicen entre sí no es una forma racional de criticar una ideología. Que sea un blog y no una revista académica no es una excusa válida para soltar información desordenada, emitir juicios de valor y pensar que se tiene una «opinión crítica».

Señor Pedro Luis Llara, un vegano y bienestarista no son lo mismo, que usted tome las palabras de Peter Singer para definir el especismo y la postura vegana sería equivalente a citar a Adolf Hitler para hablar sobre los «derechos de los judíos».

Peter Singer no sólo no es vegano; sino que ataca a los veganos y se refiere al veganismo como un mecanismo para reducir el sufrimiento de los animales o como una dieta, la misma forma en que usted y los suyos parecen entenderlo.

Usted, por supuesto, puede tomar las palabras de este autor y de quienes desee, pero no es legítimo presentarlo como si esto sea lo que pensamos y defendemos los veganos.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario Pedro Luis Llera (con subrayado 2)Ahora, cómo no, llegan el momento de las valoraciones personales sobre mis intenciones en lugar de mentar siquiera los argumentos que le había comentado previamente en mi mensaje. A mí no me ofende ni me parece mal que se me critique a mí, a mis ideas o a las ideas que busco representar. ¡Sólo pido que lo haga con argumentos!

Veamos cuáles son los argumentos del señor Pedro Luis Llara. Este autor cristiano comienza su alocución con la típica falacia de apelación a los consecuencias (ad consequentiam), la cual, en este caso, sugiere que el autor tenga una visión determinista del pasado y llega a hipotetizar sobre qué habrá sido de nuestra especie.

No creo que se refiera a la hipótesis, ya refutada por la ciencia, de que el cerebro humano evolucionara gracias al consumo de carne porque el cristianismo ortodoxo establece que los humanos somos imagen y semejanza de Dios.

Por ello, debo entender que el señor Pedro se refiere únicamente al valor utilitario de los animales a lo largo de la historia. Y su perspectiva parte desde la premisa, bastante atrevida, de que nos hubiéramos extinguido si Dios no nos hubiera dispuesto a los animales como esclavos.

Al margen de los dogmas cristianos, la ciencia considera que las grandes migraciones humanas de la Prehistoria estuvieron motivadas, en gran parte, por los cambios climáticos y pequeña edad de hielo que cubrió, durante milenios, un vasto porcentaje de las tierras que hoy están conformadas por bosques templados.

Es un hecho científico que el inicio de la ganadería, en el periodo Neolítico, supuso una mejora para los intereses humanos. Ningún vegano, con la debida formación, niega eso. Sin embargo, considerar que someter, hacinar y esclavizar animales ha sido algo bueno o correcto porque nos beneficiara o porque se hiciera desde tiempos remotos no son argumentos válidos para justificar la explotación y esclavitud animal que se ejerce en nuestros días.

De hecho, resulta bastante probable que el señor Pedro Luis Llara desconozca que la ciencia también establece en el periodo Neolítico el inicio de la esclavitud humana. Como bien expone el historiógrafo Charles Patterson, en su obra «Eternal Treblinka», cuanto sabemos de la Antigüedad nos indica que fue nuestra toma de conciencia, como cultura supremacista, acerca de nuestra capacidad para dominar a los animales lo que nos llevó a emular tales acciones para otros seres humanos.

De este modo, este autor cristiano llega a su primera contradicción: le parece fundamental la esclavitud animal para el inicio de nuestra civilización mientras desconoce o aplaude que nuestras civilizaciones evolucionaron, tanto o más, gracias a la mano de obra esclava.

Civilizaciones como la Griega, Romana, Egipcia y demás tal vez nunca habrían alcanzado tal gloria y poder si no fuese por el estrato esclavo, el cual, según épocas, llegaba a alcanzar el 70% de la población total. Unas cifras semejantes observamos respecto a la ganadería en nuestros días: más del 70% de todos los animales del planeta viven hoy como esclavos del ser humano.

El señor Pedro Luis Llara pasa entonces a la segunda falacia de apelación a las consecuencias más trillada en nuestros días: la mención de que la gente se moriría de hambre y de que se perderían puestos de trabajo. En primer lugar, a mí siempre me ha sorprendido cuánta gente, supuestamente culta, parece creer que los animales esclavizados como ganado viven del aire, como el famoso Claudio Bertonatti.

Tal como señaló hace tiempo un estudio de la FAO, más de dos tercios de la producción agrícola mundial se destina a alimentar al ganado esclavizado. Si el mundo entero fuera vegano no solamente no habría semejante hambre global; sino que sobrarían millones de toneladas de la cantidad que ya plantamos actualmente a nivel planetario.

Tomando los datos en la mano, soy yo, señor Pedro Luis Lara, quien podría acusarlo de ser, en parte, responsable de la desnutrición de miles de seres humanos mientras usted financia la crianza y engorde de millones de animales que se comen dicho grano. Me acusa de ser un urbanita que nunca ha pisado el campo, ¿de verdad es capaz de sostener dicha suposición suya mientras es partícipe en la desigualdad hacia otros seres humanos?

En segundo lugar, cuando se abolió la esclavitud negra también hubo millones de familias que se quedaron sin fuentes de ingresos. En los cambios sociales siempre hay favorecidos y desfavorecidos. No obstante, en el caso que nos ocupa, su mención es ridícula. El número de veganos está aumentando de manera constante y proporcional.

Ningún cambio de produce de la noche a la mañana y la industria tiene capacidad de sobra para reconvertirse. ¿No sabe usted que incluso las empresas ganaderas de España, como Central Lechera Asturiana, sacan productos de soja para veganos? ¿Dónde estarían esos desempleos?

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario Pedro Luis Llera (con subrayado 3).webpEn la recta final de su comentario se lo nota apurado por seguir excusándose y recurre a una contradicción y una tergiversación más. Después de haberme dirigido a mí y a otros veganos esas alusiones personales, ¿cómo se cree con derecho a acusarnos de que despreciamos a distintos explotadores de animales?

Como dije al inicio de este artículo, esas acusaciones globales son un síntoma de pereza y de escasa honestidad. Hay veganos soeces, crueles y de todo tipo porque somos seres humanos. Lo que no voy a permitirle es un intención de englobarme como si yo u otro presente hubiéramos defendido la violencia. No se equivoque, señor Pedro Luis Llara, es usted el único entre ambos que promueve la violencia según quién sea la víctima y el interés del explotador. ¿Dejará de comer carne, al menos, por la gente que se muere de hambre en países del tercer mundo?

Algo curioso de algunos cristianos está en su fijación obsesiva por el aborto. A pocos parece conmover que, a diario, miles de humanos fallezcan de inanición o que la pena de muerte esté extendida en múltiples países de alta población cristiana. En España, al menos, no hay manifestaciones contra estos hechos y acciones contrarias a los Derechos Humanos. En cambio, sí genera discordia la extirpación de un conjunto de células indiferenciadas —un embrión— al que se confunde intencionalmente con un feto.

Señor Pedro Luis Llara, le aclaro que el veganismo no se refiere al aborto. Cosa distinta es que una ideología puede ser o no compatible con otra. El veganismo es compatible con el aborto establecido a criterio médico, es decir, mientras el ente en desarrollo no sienta.

Los veganos no defendemos a los animales por ser animales. El veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los animales somos los únicos seres en la faz de la Tierra que, tras un proceso embrionario, desarrollan intereses inalienables. El aborto legal no mata fetos; sino embriones. La vida carece de valor moral en sí misma. Y usted, a pesar de que no se lo haya planteado, obra de esta misma forma cuando participa en la explotación animal a pesar de que éstos seres sí sienten y sufren por ello.

Y sí, señor Pedro Luis Llara, usted me ha faltado al emitir juicios de valor sobre mi persona. Y permítame añadir que eso no es un gesto de cortesía. Ha publicado mi comentario para poder emparejarlo junto con su réplica y obtener así algún tipo de calma mental ante una incapacidad, demostrada aquí, de analizar los argumentos que le había expuesto.

A modo de autocrítica, me faltó terminar mi comentario con un juego de palabras para sugerir que ustedes son los bárbaros al defender acciones y prácticas que el ser humano lleva milenios ejerciendo barbáricamente mientras presumen de fe y virtudes variadas. En el sentido romano, el «bárbaro» era el extranjero y usted nos ataca porque no pertenecemos a su grupo religioso.

Gracias y buenas noches.

Extra: Comentarios de otros cristianos palmeros

El autor cristiano de este artículo se centró más en sus justificaciones de haberlo escrito que en emitir falacias. Otros cristianos presentes, sus palmeros, lo ayudaron a completar toda la ristra de falacias y a demostrar el tremendo cacao epistemológico que padecen. A modo de resumen, confunden las categorías de «ética/legalidad», «derecho/obligación», «agencia moral/paciencia moral», etc.

Dan mucha pereza y, en cierta medida, me limitaré a enlazar a los artículos en donde ya he abordado dichas cuestiones.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario CristiánBueno… no hay mucho que comentar. Son solamente apelaciones ad hominem con que negar el discurso del otro. Quizás me dice que necesito un exorcista porque causo verdadero terror entre los fanáticos religiosos.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario JoseluÉste es el típico comentario de quien demoniza al contrario como representación absoluta de todos los males o ideologías que desprecia. Para este usuario, todas las ideologías que no son la suya son posmodernas y destructivas; la suya, en cambio, es la moral verdadera «que procede de la divinidad». Vaya.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario Hornero¿Qué tiene esa gente en la cabeza? ¿Serrín? ¿Acaban de salir de la Edad Media? ¿Cómo osa declarar que «es de bárbaros permanecer en la barbarie sin advertirla» cuando son ellos quienes promueven acciones bárbaras como la violencia contra los animales y su encierro sin ningún tipo de justificación racional? Ni siquiera expresan que los animales merezcan un buen trato; ni eso. Al parecer, su dios no es bondadoso; sino cruel.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario JSP (1)Este usuario ni siquiera leyó mi comentario, pues en éste indico claramente que los niños y humanos con trastornos psicológicos tienen derechos y no obligaciones. ¿Puede un niño de tres años manifestarse por su propia voluntad y reclamar derechos? ¿Significa eso que no deberían tenerlos?

Puntualicé, además, que esa creencia de que lo uno va parejo a lo otro pertenece a una ideología del siglo XIX llamada «contractualismo» y que se utilizó en la época para justificar el dominio del blanco sobre el negro y del varón sobre mujer mujer.

Y no, yo no hablé de «células», a secas, sino de «células nerviosas». En el fondo, hipotetizo que opinan así porque su capacidad de discernimiento es limitada.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario JSP (2)Y otro comentario del mismo usuario con las mismas lindezas. Si el usuario buscase la verdad y el bien no estaría frente a un teclado indignándose por la posibilidad de que el ser humano tuviera que dejar de asesinar animales por placer.

Y sí, los veganos defendemos a todos los animales. La categoría de «plagas» es un término antropocéntrico. Y no, los animales no son agentes morales —sino pacientes morales—; no podemos juzgar sus actos, como tampoco podemos llevar un bebé ante un tribunal.

Los veganos no pretendemos modificar las acciones de los animales; sino de los humanos hacia los animales. Todo el mundo sabe que los leones cazan gacelas, pero la mayoría olvida que también violan a las hembras de su especie.

Aquellos se escudan en que está bien explotar animales porque «los animales se explotan entre sí» deberían, para ser consistentes, justificar el robo, las violaciones, la pederastia y todas aquellas acciones que, ejercidas por distintas especies animales, también existen en la naturaleza.

¡Derechos Animales ya! - Captura de comentario África MarteacheLos veganos estamos interesados en que los humanos dejen de explotar y de asesinar animales. La extinción de una especie es el resultado de ejercer el asesinato sistemático de determinados animales a lo largo del tiempo, como ha venido sucediendo hasta la fecha.

Las especies ni sienten ni padecen, son los individuos que las constituyen ante quienes debemos responder. La falacia conservacionista, propia de los ecologistas, reduce a los animales a meros objetos que conservar por nuestro beneficio porque, como leemos en este mensaje, cualquier consideración de que los animales posean un valor propio como individuo implica que un vegano está «antromorfizándolos».

Si los ecologistas —incluidos algunos religiosos— se oponen a la ganadería industrial o a la contaminación no es porque les importen los animales como sujetos de derecho; sino porque la crianza de especies domesticadas y los daños al medio ambiente causan extinción de especies y esto, a su vez, implica que el ser humano ya no podría explotar (pj: obtener medicamentos) mediante el aprovechamiento de las especies —incluidos animales— que existan en la naturaleza.

Existe el mito social de que los animales domesticados no podrían sobrevivir sin los humanos. Aunque cueste creerlo, éste era también un argumento proesclavista de la época por el cual se decía que si a los negros se les otorgaban derechos, ellos mismos serían la causa de sus desgracias porque «el negro sólo se mueve por impulso y caería en el vicio y la decadencia absoluta».

Y, como expresó Darwin allá también en el siglo XIX, no hay ninguna característica humana exclusiva de los seres humanos; nuestras diferencias son de grado, no de clase. Compartimos la «otredad» mediante nuestro impulso por vivir, la defensa de nuestra libertad y de nuestra integridad.

El concepto de «sintiencia» se aplica a aquellos seres que cuentan con estructuras capaces, científicamente, de producir y modular potenciales de acciones entre tejidos. Las plantas no pueden hacer tal cosa. Y, sin esto, un organismo es incapaz de transmitir sensaciones y, por ende, de poseer un «yo». Por tanto, y al igual que quienes alegan que Dios existe porque su existencia no puede ser demostrada, estamos ante una falacia ad ignorantiam.

En fin…

¡Derechos Animales ya! - Captura de la web «Infocatólica» en se posicionan contra los derechos para un orangutánAquellos autores cristianos más fanáticos incluso consideran una afrenta o un peligro que se proteja legalmente a los animales. En esta captura vemos cómo este individuo, Jorge Soley Climent, considera que liberar a una orangután de un zoológico supone un ataque a los Derechos Humanos.

El fanatismo religioso de esta gente raya ya en la parodia. Vamos a ver, ¿en qué te afecta a ti que una pobre orangután sea salvada de estar toda su vida confinada en un zoológico? ¿Impide eso que tú tengas seis hijos —eso, de camino, apoya la teoría de la disgenesia—, que los adoctrines en tu credo de especista de mierda o que puedas ir, viajar y recorrer un mundo en el ser humano ha devastado y desplazado a los animales de sus hábitats naturales.

Me recuerdas a esos blancos proesclavistas orgullosos que, tan anchos y ufanos, esgrimían que darles derechos a los negros supondría poco menos que el Apocalipsis. Tú, amigo, eres un cretino, por no llamarte algo peor.

Una conclusión sobre el fanatismo religioso

Algo que caracteriza a un fanático es su decisión manifiesta de ignorar sistemáticamente los argumentos presentados por el contrario para lanzar un discurso que contenga todos sus enseñanzas y dogmas aprendidos sin arrojar ninguna mera refutación a aquello que se haya puesto sobre la mesa.

Cuando se debate con las redes con algún fanático. Hay dos opciones: si el fanático se siente solo, ignora los comentarios en contra y hace el vacío. Y si se siente acompañado por una marabunta de individuos que replican su misma postura, saca pecho y contestar con vehemencia cualquier variedad de tonterías y necedades que les grajee el apoyo de los suyos.

Dado que había multitud de comentarios en esa misma entrada, a cual más disparatado, sabía que este autor cristiano replicaría con el mismo tono. Como establece el estudiado sesgo de Dunning-Kruger, cuanta menor es la certeza e información de alguien sobre una materia, mayor es la vehemencia y seguridad con la se expresa.

A rasgos generales, cuando alguien dice «no sé de esto, pero pienso esto otro» significa que no se ha tomado la molestia de comprender ni de enjuiciar sus ideas; sin embargo, ya se cree con legitimidad para expresarlas. Y lo que es mejor: el fanático de turno siempre llega a pensar que sus ocurrencias son únicas y distintas, se empecina a pensar que a su debatiente nunca le hayan plasmado esos mismos alegatos carentes de fundamento.

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Introducción

La corrección política está muy extendida en nuestros días en multitud de ámbitos, desde sociales hasta artísticos. Ésta podría definirse como la actitud de moderación, censura y autocensura respecto a la expresión de alguien en sus opiniones en lo tocante a temas que generan debate, suscitan indignación o están vinculados a ciertas creencias religiosas o rasgos endogrupales de determinados colectivos humanos.

Para mí, un misterio casi inexplicable subyace en cómo aparece y prolifera la corrección política. Como ocurre con los eufemismos, su manifestación simple, la corrección política parece encontrar su origen y recovecos en la mediocridad humana, la incapacidad para una confrontación y diálogos racionales, la falta de habilidad para debatir y de exponer ideas con respeto y razonamiento. Y, por supuesto, está causada en gran medida por el avance imparable del posmodernismo y su dogma de que todas las acciones o creencias son respetables si pertenecen a la supuesta cultura de un grupo social.

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Sin embargo, la existencia de un entorno real y de gente reales no conducen a relaciones sociales reales. Con esto me vengo a referir que, ante nuestro grave desacuerdo con las acciones del pasado, nuestra sociedad del siglo XXI, obsesionada con la corrección política, busca reconstruir la historia y plasmar cómo le gustaría que hubiera sido en lugar de cómo fue realmente.

¿Cuáles son esos motivos?: ¿Para honrar a las víctimas? ¿Para no hacernos sentir tan mal al saber que toda nuestras civilizaciones, presentes y pasadas, han existido y evolucionado a costa de aprovecharse y de esclavizar a los débiles? Somos una especie ancestralmente esclavista que encontró en la esclavitud su vía para prosperar.

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A diario, nos encontramos con películas, series y libros muy modernos con mujeres negras y valientes que no dudan en montar a caballo, ser ganaderas y cazar animales con sus propias manos; en un intento de reafirmar sus habilidades y su igualdad cometiendo las mismas acciones y crímenes tradicionalmente reservados al varón.

Nunca antes en la historia ha habido tantísimos justicieros e individuos supuestamente defensores de la justicia. Sin embargo, cuando a estas mismas personas se les habla sobre que los animales también merecen respeto, adoptan exactamente la misma actitud, postura y dialéctica de aquéllos a quienes se oponen. ¡Qué irónico!

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En producciones cinematográficas y otras obras artísticas no aparecerá, salvo necesidad de la trama, cómo un personaje golpea a animales o los violenta de múltiples maneras. Esto también es —y era— tan cotidiano como tener a una mujer como esclava sexual o a cuatro negros que llevaran a una condesa en una silla de manos.

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No vale con decir, como muchos hacen sin razonar nada, que los esclavos humanos eran humanos y que los esclavos animales son animales. Antaño también se decía que una mujer era una mujer y que un negro era un negro. Este razonamiento circular sólo evidencia desconocimiento y desprecio hacia quienes se considera diferentes.

Con todos los animales compartimos la mayor parte de nuestro ADN. Acciones obvias y actuales, como la experimentación animal, se practican porque nuestros cuerpos y mentes son tan parecidos que lo experimentado o sufrido por ellos muy probablemente nos sirva a nosotros de alguna forma. Nuestra diferencia con otros animales, en todos los casos, está en nuestro grado de semejanza. Algo que señaló el propio Charles Darwin. Y discriminar por grado de semejanza es científicamente arbitrario.

Hoy no cabe negar la sintiencia ni la conciencia de los animales. A los animales no se los explota o esclaviza porque carezcan de inteligencia o sentimientos, sino porque no pueden defenderse de nosotros. Como se ha estudiado en antropología, primero se establece la relación de dominación y luego se busca el argumento para excusar dicha relación. Así ha ocurrido con todas las relaciones esclavistas habidas entre seres humanos y otros sujetos, ya fueren humanos de otra nacionalidad, religión o raza; u otros animales.

Lo mismo ocurrió con negros y mujeres: primero se los redujo a la esclavitud y a la sumisión y luego se buscaron maneras de perpetuar ese statu quo. Esto está estudiado desde el Neolítico. Mucha gente lo entiende cuando lo sufre en sus carnes, pero parece olvidarlo cuando son otros las víctimas de sus acciones.

Así ocurre porque el grueso de quienes se autollaman «defensores» de la igualdad y de la justicia son únicamente tribalistas que se aprovechan de una lucha global para obtener un beneficio particular.

Como he señalado en más de una ocasión, ser vegano y promover los Derechos Animales constituye una nueva etapa en el progreso de nuestra sociedad. A pesar de ello, como cualquier avance social, éste no se reconoce hasta siglos posteriores.

¡Derechos Animales ya! - Chica con un teléfono móvil en la manoEn una sociedad enferma e idiotizada es más común encontrarse con gente que se indigna cuando se le dice la verdad que con ánimo de razonar siquiera cuanto tiene ante sus ojos.

La realidad no está reñida con la fantasía

Cabe señalar que una representación utópica o «buenista» de la realidad no está reñida con luchar por las víctimas, siempre que exista un contraste claro entre nuestra idea concebida y la realidad que padecen los animales.

No critico a las series actuales por tratar de empoderar a quienes fueron víctimas; sino por no cuestionar que siquiera lo fueron y por contribuir a la perpetuación de la injusticia hacia los animales implicados.

A menudo, estas producciones reciben buenas críticas por el afán de ensalzar temas candentes como el feminismo o la diversidad racial. Al mismo tiempo, con un cinismo estratosférico, se vierten centenares de malas críticas —o simples comentarios estúpidos— hacia aquellos documentales que plasman o versan la realidad de los animales esclavizados en granjas y en otras situaciones.

Lo que en el caso de los humanos se convierte en un «testimonio esperanzador de una época de opresión» pasa a convertirse en «un intento vegano por adoctrinar al espectador al humanizar a los animales». Se respira una hipocresía de tomo al lomo cuando el crítico se da cuenta de que él o ella es quien oprime a la víctima.

Entre otros ejemplos, hay noticias en donde se aclama a perros policía o a otros animales que rescatan de humanos sin cuestionar que tales animales han sido obligados a ello. Y nos topamos con reportajes sobre los beneficios de las terapias con animales sin que nadie se cuestione —ni les importa demasiado— los perjuicios que conlleva para tales animales. En resumen, vemos que se aclama, proclama, excusa y justifica por doquier incluso las formas de explotación animal más crueles y triviales.

¡Derechos Animales ya! - Corrección políticaLa corrección política es el resultado de la hipocresía humana y de la incapacidad de tocar asuntos esenciales con rigor.

Conclusión

La corrección política genera una paradoja y una hipocresía. La paradoja está en que maquillar y alterar el pasado no nos enseña historia ni nos educa para impedir que crímenes como aquéllos vuelvan a ocurrir.

Y la hipocresía está en que, en estas mismas obras donde aparecen mujeres empoderadas y negros nobles en la Edad Media europea, o durante la Revolución Industrial, no existe reparo alguno para mostrar y tratar a los animales exactamente como hoy se los percibe: como esclavos y objetos que existen para servirnos.

La sociedad todavía adopta una postura hostil ante los argumentos de la empoderación animal porque, más allá de sus prejuicios dependientes de la inercia social imperante, implica un cambio radical en nuestro modelo económico. Un modelo que, como debemos recordar, se basa hoy en la esclavitud animal más incluso que durante el Neolítico.

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¿Explotar animales por su propio bien?

¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro - Explotar a los animales por su propio bienEl ser humano ejerce la explotación animal por su propio interés. Sin embargo, a menudo encuentra excusas para explotar animales por su propio bien.

Introducción

En otros ensayos previos he argumentado sobre tipos de explotación animal, su definición, orígenes y por qué es injusta. A menudo, circunstancias muy complicadas o especiales propician que la explotación de un animal pueda servir en su propio beneficio, o bien, que el explotador lo interprete así por sesgos emocionales o de vinculación económica.

En esta entrada, quisiera transmitir algunas reflexiones y ejemplos sobre el argumento de explotar a los animales por su propio bien. Voy a exponer algunas situaciones reales y cotidianas para ofrecer razones acerca de cuál sería nuestro deber si nos consideramos personas humanas interesadas en velar por los animales y en ser justos con ellos.

Hay también un ensayo titulado de forma semejante, escrito por el activista Luis Tovar. No obstante, la finalidad de ambos escritos es muy diferente. En aquel texto, Luis Tovar hablaba sobre el argumento de manipular o explotar a los animales salvajes —aquéllos que no dependen o están supeditados físicamente a nosotros— con el fin de beneficiar a otros. En el caso presente, me refiero exclusivamente a cuando el ser humano participa en la explotación animal con el argumento de beneficiar a los propios animales explotados.

¡Derechos Animales ya! - CervatilloUn fin noble no implica que los medios empleados sean justos o coherentes con éste. Por ejemplo, salvar la vida de animales salvajes no justifica su encierro en zoológicos ni comerciar con sus vidas. Quienes justifican lo uno con lo otro utilizan a los animales como ‘alter ego’ de sus propios intereses.

El fin no justifica los medios

Para entender el punto central de la cuestión, se vuelve necesario comenzar por una serie de premisas teóricas. El famoso aforismo de «el fin no justifica los medios» nos señala, con acierto, que perseguir un fin bueno, justo o positivo no legitima automáticamente cualquier cosa que hagamos para conseguirlo. Tales fines como medios deben estar regidos por la ética, es decir, por una valoración racional sobre nuestras acciones.

En un sentido filosófico, decimos que un sujeto es un fin en sí mismo. Esto significa que su vida no está —ni debiera estar— al servicio de otros. Los animales son también sujetos de sus vidas —son personas— porque poseen conciencia, sentimientos y capacidad de sentir y experimentar.

Explotar animales —utilizarlos como medios para un fin— no deja de ser inherentemente injusto, aunque el propio sujeto sea un fin de su propia explotación. La razón para ello está en que el propio hecho de explotar, aun en beneficio del propio sujeto explotado, ya implica la vulneración de su voluntad e intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Cisne hembra con su cría en la espaldaCasi la totalidad de las relaciones que mantenemos con los animales son de tipo de explotador. La sociedad se empecina a buscar justificaciones, armonías y equilibrios naturales donde no los hay.

Diferencia entre altruismo y explotación

Con cierta frecuencia, mucha gente se percata de que los animales no pueden darnos su consentimiento libre e informado para participar en actividades con nosotros o para brindar algún servicio que se retribuya en ellos mismos. Ante estos hechos, incurren en la conclusión falaz de que, como no pueden decirnos «sí» o «no», entonces también decidir por ellos; ya sea buscando su bien o el nuestro. En términos humanos hablamos de la falacia «a silentio».

De hecho, la mayoría de quienes explotan animales —incluso ganaderos, cazadores o taurinossuelen alegar que sus actividades también benefician a sus animales explotados y a otros, apelando al bienestar animal, a que viven mejor de como lo harían en la naturaleza, o esgrimiendo el argumento conservacionista de que evitan la extinción de especies. ¿Son acaso estas acciones altruistas?

Acontece, pues, una confusión entre altruismo y explotación. Una acción altruista es aquélla que se hace sin esperar nada a cambio. Y una acción explotadora es aquélla que siempre genera un beneficio para quien la practica, con independencia de que el sujeto explotado también reciba algún beneficio.

Seamos claros, quien cría y explota animales no practicaría ninguna de tales acciones si no recibiera algo a cambio; ya sea dinero, diversión o cualquier otra cosa. Ello nos permite demostrar que no existe altruismo alguno. Además, argumentos como el de la conservación de animales son inherentemente antropocéntricos; pues el mantenimiento de la biosfera se plantea únicamente como un problema porque perjudica a intereses humanos.

Y, por supuesto, no hemos de incurrir en el error de pensar que sólo determinadas actividades, como las antedichas, sean los únicos ejemplos de explotación animal. Los propios animalistas participan a diario en la explotación animal de sus propios animales y de tantos otros.

Las organizaciones animalistas tampoco defienden a los animales ni sus derechos. Su enfoque se limita a condenar la violencia excesiva —sin cuestionar su origen— para lograr regulaciones sobre la manera de criar, explotar y asesinar animales para beneficio de los humanos y tranquilizar conciencias.

¡Derechos Animales ya - Gatitos recogidos en las manos de un hombreSi uno adopta animales por su propia conveniencia y no los respeta, no está siendo altruista ni justo con ellos.

¿Acción altruista o acción explotadora?

Para enredar un poco más el asunto, cabe recordar dos aspectos esenciales para valorar la moralidad de una acción:

  1. Una misma acción puede considerarse altruista o explotadora según cuál sea la motivación de quien la practica. Como ejemplo, tenemos casos como el de la castración o el de la tenencia de animales. Si uno castra a un animal porque quiere evitar aquellos comportamientos que considera molestos, entonces está obteniendo un beneficio por aquella acción. Y si uno tiene animales únicamente para disfrutar con su compañía o para presumir de su tenencia, entonces está obteniendo igualmente un beneficio. Ambas acciones son ejemplos de explotación animal.
  2. Una acción altruista puede ser injusta aunque no pretenda ningún mal hacia el animal. Por ejemplo, cuando alguien recoge a un polluelo que se ha caído del nido con la intención de salvarlo, está ejerciendo una acción altruista. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los casos, recoger animales salvajes sin ningún tipo de experiencia respecto a su manejo equivale a condenarlos a muerte. Si uno es culpable de su muerte por haber tomado una mala decisión, hablamos de una acción altruista pero injusta.

Criadero de perrosLas organizaciones y colectivos animalistas se acuerdan constantemente de la situación de perros y gatos mientras no van a la raíz del problema: el especismo. El Partido PACMA ha utilizado varios veces esta imagen en dominio público y otras semejantes para lucrarse a costa de la miseria de los animales.

Casos estudiados sobre el argumento de explotar animales por su propio bien

Este ensayo iba a contener originalmente mi reflexión sobre dos casos reales en que se esgrime el argumento de que sea correcto explotar animales por su propio bien. Sin embargo, la enorme longitud del escrito me hizo preferir que ambos casos aparecieran en entradas independientes para facilitar su lectura, indexación y búsqueda desde los motores de internet.

Podrá leer dichos artículos pulsando en los títulos inferiores:

Caso I: Coaching con caballos

Caso II: Perros asesinados por sus adoptantes

Conclusión

Nunca es correcto explotar a los animales por su propio bien porque el mero hecho de explotarlos ya implica vulnerar sus intereses inalienables. Debido al antropocentrismo y a la falta de reflexión moral sobre nuestras acciones, algunos de los mayores defensores de los animales son también algunos de sus mayores explotadores.

Queda en nuestra mano analizar y reflexionar sobre los razonamientos y ejemplos expuestos con anterioridad para ser justos con los animales. El veganismo trata simplemente sobre eso.

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