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¡Derechos Animales ya! - La banalidad de la explotación animal (mujer montada sobre un delfín)

La banalidad de la explotación animal

¡Derechos Animales ya! - La banalidad de la explotación animal (mujer montada sobre un delfín)Acontece una banalidad de la explotación animal cuando el ser humano ejerce acciones dañinas y evitables contra los animales por simple indiferencia y gozo debido a un fenómeno de inercia social. Este montaje fotográfico representa la mentalidad supremacista humana y su deseo de dominar a todos los animales por beneficio y placer.

La banalidad del mal

La filósofa Hanna Arendt acuñó el concepto de «la banalidad del mal» en su ensayo «Eichmann en Jerusalén». En dicha obra, Arendt analizó las acciones y motivos que llevaron a Adolf Eichmann, uno de los principales burócratas de las SS, a proponer y a cometer crímeses de lesa humanidad contra los judíos. En este artículo, deseo relacionar el concepto anterior con un fenómeno similar al que nombraré «la banalidad de la explotación animal».

Según las palabras de Arendt, extraídas a partir de documentos y entrevistas, Eichmann había sido un funcionario de segundo grado que, motivado por dejar su impronta en la nación Alemana, había sucumbido a la ideología nazi y participado en graves crímenes por una suerte de inercia social.

Arendt se refirió a su concepto de «la banalidad del mal» como síntesis de que cualquier humano común y corriente, sin estar loco ni ser especialmente cruel, podía participar activamente en toda clase de crímenes perversos si las circunstancias y el ambiente favorecían tales actos.

¡Derechos Animales ya! - Gofres y huevosEn un supermercado, blogs de cocina y libros de receta se propone y excusa la compra, utilización y consumo de productos de origen animal por creencias infundadas y meros caprichos gastronómicos.

¿Qué es «la banalidad de la explotación animal»?

Tomando como base el concepto acuñado por Hanna Arendt, llamo «la banalidad de la explotación animal» al mismo fenómeno observado en millones de seres humanos que, sin reflexión ni cuestionamiento, asumen un rol activo en la crianza, hacinamiento, manipulación, tortura y asesinato de miles de millones de animales por la sencilla razón de que les han enseñado que está bien (en la familia, en la escuela, etc.), porque es lo que se espera de ellos (condiconamiento social) o les dan incentivos para hacerlo (fama, reconocimiento, etc.).

Además de este sentido, plenamente coincidente con el de «la banalidad del mal», podemos referirnos a «la banalidad de la explotación animal» como ejemplo de que la humanidad incurre en numerosas formas de explotación animal sin siquiera recibir una recompensa social.

A diario, podemos observar hasta qué punto la humanidad tiene interiorizada su supremacía y desprecio hacia los animales (p. ej. en el lenguaje) que incluso recibe con sorpresa o indignación cualquier mención sobre cuántas acciones injustas y perversas cometemos por simple hábito, costumbre o falta de reflexión.

Que la industria le añada leche y huevos a toda clase productos vegetales sin sentido alguno, o que haya consumidores dispuestos a consumir el hígado hipertrofiado de un pato u oca obligados a ingerir comida a la fuerza durante meses (un ejemplo de especismo asociado al estatus social), podrían ser buenos ejemplos comparables a cuando los nazis fabricaban jabones con el cuerpo de los judíos.

¡Derechos Animales ya! - Campo de concentración de AuschwitzEl campo de concentración de Auschwitz pasó a la historia por haber sido el mayor centro de exterminio de humanos. En cambio, los libros de historia son reaciones a señalar que este campo se estructuraba y organizaba como los pasados y actuales mataderos.

Comparaciones «odiosas»

Hasta la fecha, se han escrito océanos de tinta sobre el holocausto judío y los fenómenos psicológicos que intervienen en la propaganda, el fanatismo y la obediencia ciega al grupo o a la jerarquía. Sin embargo, todavía han sido relativamente pocos los autores que han tomado estas reflexiones y conocimientos en sociología para estudiar, asimismo, cómo el fenómeno de la explotación animal se produce por razones igualmente triviales, cotidianas y supeditadas al entorno en que se mueve el individuo perpetrador.

Charles Patterson, autor de Eternal Treblinka, nos recuerda los métodos utilizados por los nazis en los campos de concentración e incluso los vagones usados para el transporte de la población judía eran los mismos que ya habían empezado a usarse años antes para el transporte y asesinato de los animales esclavizados como ganado. A pesar de algunas víctimas del holocausto se hicieron veganas o asumieron la relación existente entre ambos fenómenos, el grueso de la sociedad todavía mantiene una actitud negacionista sobre el holocausto animal.

Si entendemos que gran parte de los abusos cometidos por los nazis contra judíos, y otras minorías étnicas, fueron fruto de una cosificación moral previa, no cabe extrañarse de que los humanos del mundo actual sean capaces y prefieran cometer acciones injustas e innecesarias contra los animales por simple placer.

Actividades como la caza, la pesca, la tauromaquia responden a la consideración individual de que nuestros apetitos están por encima de la vida, libertad e integridad de los animales porque «son animales»; de la misma forma en que los nazis se justificaban entre sí diciendo: «son judíos».

Aprovecho para señalar que, por mi parte, he dedicado ya algunos ensayos a estudiar el orgen de las discriminaciones morales, el especismo inculcado en la infancia, el condicionamiento social por figuras de autoridad, el origen y los efectos de la domesticación y otras representaciones artísticas que reflejan, modulan, transmiten y normalizan el conjunto de ideales, creencias, argumentos falaces y dogmas que posibilitan, excusan y desembocan en la explotación animal en todas sus formas.

¡Derechos Animales ya! - Perrito vestido con ropa de cueroA diario puede verse ejemplos callejeros de la banalidad de la explotación animal. A esta perrita le han puesto un arnés o camisa de cuero, es decir, confeccionado mediante el asesinato injusto e innecesario de otro animal.

La banalidad de la explotación animal causada por el proteccionismo y el bienestarismo

Históricamente, pensadores como Kant han condenado la violencia contra los animales porque inspiraba malas acciones entre humanos. Y otros filosófosos utilitarias, como Singer, han planteado que sólo ciertas formas y procedimientos de la explotación animal están mal si causan un sufrimiento innecesario para el placer o beneficio humano.

Lejos de ser una mera relación causal, la violencia contra los humanos comparte la misma naturaleza epistemológica con la violencia contra los animales. Acontece, pues, una banalidad de la explotación animal cuando el enfoque de esta problemática se reduce a las consecuencias que tendría su práctica para los seres humanos y se olvida, sistemáticamente, a las víctimas directas de nuestras acciones.

Condenar únicamente los graves crímenes sufridos por seres humanos incurre en el doble error de pensar que sólo los humanos somos víctimas de crímenes semejantes, o que baste con tratar de evitar los crímenes cometidos contra humanos mientras nuestra sociedad se regodea en la miseria de todos los animales amparado en el beneficio y en el placer más trivial y subjetivo.

¡Derechos Animales ya! - Adolf EichmannAdolf Eichmann propuso y planificó el exterminio de seres humanos con las mismas razones y argumentos que cada día se esgrimen para justificar el exterminio de animales. La humanidad entera es como Adolf Eichmann.

[Fuente de la fotografía]

Conclusión

El grueso del mundillo intelectual aún no se ha percatado de que el grueso de los conceptos, razonamientos y valores morales asumido para con seres humanos es aplicable al caso de los animales.

Abogo en este breve ensayo por el concepto de «la banalidad de la explotación animal» como una analogía o un subtipo de la propia banalidad del mal con que la filósofa Hanna Arendt sentenciaba el origen y las motivaciones de Adolf Eichmann entre otros miles de afiliados y simpatizantes al Partido Nazi.

No existe ninguna diferencia relevante, contextual o semántica, entre los fenómenos y sucesos que desencadenaron el holocausto judío y aquéllos diaron origen a la explotación y esclavitud animal: la mayor opresión histórica, tanto cuantitativa como cualitativa, ocurrida hasta la fecha.

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¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humana

¿Sobrepoblación humana o plaga humana?

¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humanaLa población humana ha alcanzado cotas insostenibles para el planeta. Debemos afrontar el problema de la sobrepoblación humana o plaga humana tanto por nuestro futuro como por el de otros animales.

Introducción

La sociedad del siglo XXI sigue manteniendo muchas conductas y aspiraciones que, lejos de lo racional, proceden de instintos y sentimientos básicos y compartidos con otros animales. En este artículo, deseo argumentar que existe una sobrepoblación humana, por qué es objetivo afirmar que hemos alcanzado el nivel de convertirnos en una plaga humana en el planeta y cómo podemos o debemos enfrentar el problema de la población humana fuera de los asuntos convencionales.

El ser humano, desde los albores de la civilización, ha establecido con los demás animales una relación depredadora y parasitista. En otros artículos he tratado los aspectos de la discriminación moral, así como algunos desencadenante biológicos referidos a nuestra actitud hacia los animales y el conjunto de símbolos y recreaciones de poder con que hemos establecido argumentos falaces y mecanismos de defensa social —o statu quo— basados en la utilidad.

Han sido muy pocos los pensadores en la historia que han cuestionado las acciones humanas para con los animales. Ha sido relativamente reciente cuando se ha empezado a abolir algunos de los mayores crímenes causados por la humanidad a otros humanos. Y hoy, cientos de miles de años después de nuestro surgimiento como especie en la Tierra, es la primera vez que existe un colectivo creciente para la defensa de los animales y sus derechos.

Sin embargo, la promoción del veganismo y la lucha por los Derechos Animales queda empañada o subsumida ante el crecimiento incesante y exponencial de la población humana, la cual ha generado una sobrepoblación humana o plaga humana. Esto hecho nos invita a desarrollar una visión bastante pesimista de un futuro próximo.

¡Derechos Animales ya! - Ectoparásitos de las vacasEl ser humano cataloga como plaga a cualquier animal que perjudica a nuestros intereses. En esta fotografía, por ejemplo, se hablaría de que esta vaca sufre una plaga de moscas porque las moscas perjudican el valor de esa vaca —objeto, propiedad o esclava—, es decir, porque perjudican nuestros intereses derivados de la esclavitud animal.

¿Los humanos somos una plaga?

Para nuestra sociedad especista y antropocéntrica, plaga sólo pueden serlo los animales, las plantas, los hongos, las bacterias y otros organismos; no nosotros. Durante mi carrera en biología tuve profesores de ecología que negaban sistemáticamente que los humanos fuéramos plagas o que pudiéramos serlo.

Aunque suene llamativo, he oído en bocas de científicos que la población humana —por ser humana— siempre será una población «natural» porque «somos responsables de nuestras decisiones», como si los demás animales se reprodujeran siguiendo únicamente un intrincado reloj biológico —o fuesen simplen máquinas autorreplicantes— y como si la moralidad de una acción variara según la naturaleza de su origen.

Resulta especialmente chocante que un investigador dedicado a los efectos de la contaminación, la deforestación y el cambio climático niegue, en cambio, que tales efectos estén relacionados con la sobrepoblación humana. A la vista queda que el antropocentrismo es un prejucio capaz de anular cualquier atisbo de autocrítica y racionalidad en lo tocante a la población humana.

Podemos afirmar que ya existe una sobrepoblación humana porque nuestra magnitud poblacional, unida a nuestros hábitos de vida, consume e impacta sobre la biosfera mucho más de cuanto ésta puede resistir (concepto de «resiliencia ecológica»).

Hay quienes aducen que no es correcto hablar de sobrepoblación humana porque nuestro impacto va mediado pricipalmente por nuestros hábitos de consumo. No obstante, considero que este enfoque es falaz porque se vuelve imposible desligar la huella ecológica de un ser vivo a sus propias acciones, ya sean o no estrictamente necesarias para su supervivencia.

Si entendemos que, en un sentido social, el significado de «plaga» alude a cualquier conjunto de organismos cuya población perjudica a nuestros intereses, se vuelve lógico aceptar que, si la población humana perjudica a otros sujetos —los animales— por nuestra población desmesurada, entonces es justo afirmar que existe una plaga humana respecto al resto de los animales.

Ocurre, no obstante, que el ser humano evita usar los mismos términos despectivos para nosotros que los usados para otros animales. Ésta es la razón, y no otra, de por qué se ha popularizado el concepto de «sobrepoblación humana» y no el de «plaga humana».

¡Derechos Animales ya! - Esquema de crecimiento de la población humanaLos humanos, en conjunto, nos hemos convertido en una plaga para los animales con quienes compartimos el planeta. Considerar esto no significa ni aboga la misantropía ni conlleva afirmar que haya razas o culturas humanas mejores, peores, superiores o inferiores.

Hablar de plaga humana no implica ni justifica la misantropía

Un camino fácil para el lector medio sería aducir que hablar de «plaga humana» evidencia algún tipo de trastorno mental o un fuerte componente misántropo en quien redacta estas líneas. Aunque no queda en mi mano que cada quien interprete mis textos con la finalidad deseada, no puedo sino recordar que este término responde a una mera analogía del uso social que hace la humanidad cuando tacha a determinados animales, sus poblaciones y especies como «plaga» —o incluso de «especies invasoras»— en un sentido absoluto del término.

Soy de la opinión de que el progreso social y ético depende de la confrontación de ideas. Y de que dicha confrontación de ideas se ve favorecida por la reflexión que suscita el uso de nuevos términos o giros idiomáticos para expresar un planteamiento no considerado — o no de esa forma— o sobre el cual recaen prejuicios previos. He aquí mi advertencia in media res.

¡Derechos Animales ya! - Agricultura y pesticidasLa agricultura intensiva para alimentar al ganado esclavizado es una de las mayores causas de deforestación. La deforestación, a su vez, favorece el cambio climático y otras consecuencias sobre el clima. La sobrepoblación humana y nuestra mentalidad hacia los animales perjudican nuestra propia supervivencia y destruye absolutamente la de ellos.

El enfoque antropocéntrico de la sobrepoblación humana o plaga humana

Cuando uno plantea siquiera el hecho objetivo de que ya hay y habrá más humanos que la capacidad del planeta para regenerar aquellos recursos que necesitamos, la sociedad sólo suele caer inmediatamente en los argumentos antropocéntricos de corte ecologista.

Dado que los humanos nos consideramos seres especiales, superiores y cuya obligación ética se limita a nuestros semejantes, no cabe extrañarse de que la sobrepoblación humana sólo se plantee como un problema para la supervivencia de las futuras generaciones. A menudo, se esgrime el aforismo de que debemos dejar «un planeta mejor para las generaciones futuras» en lugar de comprender que debemos dejar «mejores generaciones futuras para el planeta».

El planeta, como tal, no es un sujeto ni posee derechos porque no cuenta con intereses. La Tierra es un espacio físico finito compuesto por la suma de innumerables compuestos moleculares que forman estructuras inertes o vivas. Cuando un ecólogo habla de «planeta» se refiere a la biosfera. Y cuando un activista vegano —como un servidor— habla de «planeta» se refiere al conjunto de sujetos no humanos, es decir, a los animales.

Cuando se dice que la sobrepoblación humana supone «un problema para el planeta» se incurre en un reduccionismo antropocéntrico en que «planeta» pasa a significar el conjunto de recursos que nuestra especie requiere para sobrevivir. El enfoque ecologista no adquiere, pues, un sentido ético ni filosófico, sino meramente antropocéntrico. A menos que entendamos dicha postura como una filosofía antropocéntrica.

¡Derechos Animales ya! - Niños pobres en la IndiaLa pobreza es, a veces, resultado de una baja planificación familiar unida a costumbres y hábitos heredados. Se da la paradoja de que el ser humano decide controlar la reproducción de los animales con el argumento de evitar las plagas o los abandonos mientras no tiene ningún tipo de conciencia sobre nuestra propia reproducción y cómo hay niños que terminan viviendo entre la basura.

La hipocresía social respecto a la sobrepoblación humana

Como he señalado en otros ensayos, el ser humano no duda en exterminar a otros animales al considerarlos plaga mientras, al mismo tiempo, el ser humano niega su propia condición y no hay ningún otro ser en la Tierra que cause o pueda causar potencialmente más daño a sus semejantes y al resto.

La sociedad presenta una serie de ideas erróneas respecto a su reproducción y la del resto de los animales:

  1. La sociedad humana piensa que nuestra reproducción —tener hijos— está motivada por factores diferentes al de los animales. Los humanos nos reproducimos porque se trata de un instinto natural para la supervivencia de la especie. Es, a posteriori, cuando la sociedad y los científicos buscan un supuesto origen surgido de un elevado razonamiento con que distinguirse de la «reproducción vulgar» de otros animales. En humanos, el cuidado parental implica sacrificios sociales y legales, medidos en energía y tiempo, que no pueden justificarse apelando a la necesidad del individuo o un beneficio potencial. La «apetencia» por tener hijos está condicionada por un factor biológico y cultural.
  2. La sociedad humana piensa que su reproducción está legitimada en sí misma. Otros animales presentan mecanismos fisiológicos o conductuales para controlar su reproducción. En cambio, el ser humano se reproduce con una planificación que, en muchos casos, llega ser inferior a la de otros animales. Resulta llamativo que la sobrepoblación humana esté más presente en aquellas regiones del mundo con menor índice de alfabetización o grado de desarrollo teconlógico, lo cual viene a confirmar que la reproducción no proviene en su mayor parte de una educación o reflexión previa, justo como sucede en los animales.
  3. La sociedad humana piensa que tiene legitimidad, en cualquier caso, para condicionar o impedir la reproducción de otros animales. Como consecuencia del antropocentrismo ya aludido, el ser humano busca reproducirse sin planificación ni estima de las consecuencias mientras ejercer acciones sistemáticas para la mutilación de órganos genitales de perros, gatos y otros animales con el argumento de que es por su bien o para evitar el abandono de animales. Ambos argumentos proceden de una mentalidad —el bienestarismo— que no percibe a los animales como sujetos que merecen el mismo respeto que nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humanaUn crecimiento perpetuo es insostenible y físicamente imposible en un medio finito. Que haya regiones del mundo con una densidad humana tan alta ya es un signo evidente de que nos hemos convertido en una plaga humana y de que algo estamos haciendo mal.

¿Por qué debemos reducir nuestra población?

Aparte de la evidencia científica en lo tocante a la superivencia de la humanidad, la sobrepoblación humana —o plaga humana— supone un grave problema para los animales con quienes compartimos el planeta. Si entendemos que los animales no son máquinas autorreplicantes —o «activos autorreplicantes— en un sentido económico— porque sienten, padecen y poseen conciencia, entonces debemos no sólo cuestionar nuestras acciones para con otros humanos, sino también en cómo afectan o perjudican a los animales.

El ecologismo especista se acuerda de la extinción de especies y apela a la conservación de animales —como si fueran obras de arte en un museo— porque la desaparición de dichos animales, siempre sujeta a la plaga humana y sus actividades, supondría una merma para las actividades humanas, tanto aquéllas vinculadas a nuestras necesidades básicas (p. ej. comida) como aquéllas relacionadas con necesidades derivadas (p. ej. dinero).

A los animales no les basta con existir o estar cuidados en zoológicos, acuarios, delfinarios u otros centros de explotación animal. Ellos poseen intereses inalienables que los llevan a desear ser libres y a vivir sin la violencia, manipulación, coacción o intervención humana.

Por ende, cualquier enfoque que se limite a proponer la crianza en cautividad de animales para su preservación presente y futura no sólo está obviando el problema de la sobrepoblación humana y de la destrucción de hábitats naturales; sino basándose en el statu quo que detona la situación global que vivimos, es decir, el prejucio de que sólo los seres humanos importamos y de que nuestros deseos bien merecerían la ruina y destrucción de la Tierra y de cualquier planeta que busquemos colonizar.

No sé si los seres humanos llegaremos a habitar otros planetas. Probablemente sí en un futuro más o menos lejano. Sin embargo, si no nuestra mentalidad para con los animales no varía, siempre seremos un virus o una plaga en perpetua autopropagación.

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¡Derechos Animales ya! - Pasarela de moda con vestidos de piel

El elitismo especista y el valor de los animales

¡Derechos Animales ya! - Pasarela de moda con vestidos de piel - Elitismo especista - Valor de los animales - Poder o estatusNuestra sociedad utiliza a los animales como recursos para cubrir hasta el último de sus deseos o caprichos. Acontece un elitismo especista cuando los humanos participan o desean participar en determinadas formas de explotación animal como exhibición de poder o estatus.

El animal como símbolo de poder o estatus

En otros artículos previos se ha señalado las evidencias biológicas y sociales que explican el fenómeno de la discriminación moral y la mentalidad especista que desemboca en el antropocentrismo y sus diversas manifestaciones sociales, entre ellas, la famosa «ley del más fuerte». Asimismo, he hablado con anterioridad sobre la caza y otros rituales de dominación humana como ejemplos de la relación existente entre el poder —la capacidad de influir sobre otros— con la posterior búsqueda de argumentos con que legitimiar el uso de este poder.

En esta entrada, quisiera reflexionar sobre las razones histórico-sociales que han condicionado una percepción positiva o deseada hacia ciertos animales o productos derivados de la explotación animal como medios para la exhibición de poder o estatus en la sociedad occidental.

Expresado de una manera más sencilla: busco relacionar que una vasta cantidad de animales o productos de lujo se consideran «de lujo» porque son (o proceden de) animales y que la sociedad considera, sin más, que un producto de origen animal es más valioso porque está vinculado socio-culturamente con la nobleza y la alta burguesía.

¡Derechos Animales ya! - Panecillos con caviarEl elitismo especista mantiene una estrecha relación entre la percepción de tradicional del lujo y nuevas formas de explotación animal que permita seguir destacando ante el resto de la sociedad. El caviar y el consumo de animales o productos de origen animal raros es muy común entre aquellos humanos que buscan llamar la atención valiéndose de su poder económico.

¿Qué es el elitismo especista?

A mi juicio, se produce un fenómeno de elitismo especista cuando los miembros de nuestra sociedad aspiran a poseer o exhibir determinados animales, razas de animales o productos de origen animal por la mera razón de que, según la mentalidad individual y colectiva, se trasvasa la rareza o costo de la crianza o adquisión del animal y su posterior transformación —sacrificio, doma, entrenamiento, etc., en caso pertinente— hacia el valor figurado o social de quien posee dicho producto.

Todas las formas de explotación animal existentes derivan de nuestra creencia de que los animales sean simples objetos o seres inferiores que existan para servirnos. Irónicamente, a pesar de esta consideración de inferioridad frente al ser humano, la historia nos demuestra que la posesión y tenencia de productos derivados de los animales (esclavos) se ha empleado como símbolo de poder o estatus.

El motivo de este hecho pudiera estar vinculado a que las primeras civilizaciones humanas, antes de la acuñación de monedas, empleaban los animales esclavizados como ganado y las pieles cazadas como bienes de intercambio.

Dada la relación lógica entre la dificultad de cazar o criar animales respecto a la obtención o recolección de otros bienes más comunes o fáciles de obtener, no cabe extrañarse de que la humanidad estableciera prontamente una conexión figurada entre la posesión de animales y sus productos con un mayor poder o estatus en sociedad. Si bien, la relación entre precio y dificultad de obtención es tremendamente engañosa en nuestros días.

¡Derechos Animales ya! - Mujer rubia con animales de razaPara el elitismo especista existe una obsesión por destacar mediante la compra y tenencia de diversos animales seleccionados por su raza. Cuanto mayor sea su rareza o costo relativo, mayor tendencia habrá de que deseen tales animales o sus productos derivados.

La confusión entre el valor de los animales y su precio

En economía puede señalarse con parquedad que el valor de una mercancía es la importancia que tiene para su poseedor y que, en cambio, el precio es la cuantía monetaria que otro esté dispuesto para pagar por dicha mercancía.

En el seno de nuestra sociedad profundamente especista, el precio de los animales —su valor económico— ha venido condicionado por el valor subjetivo que la sociedad le adjudica a cada especie y ejemplar. Así, por ejemplo, el precio de una vaca ha venido determinado históricamente por factores utilitarios, a saber, su peso (para carne), su producción (de leche), número de crías (si sirve como hembra de vientre), así como su casta y otros rasgos de interés ganadero.

El especismo, unido al mal uso del lenguaje, es capaz de generar situaciones diarias bastante aberrantes. Como anécdota, una vez me topé en un autobús urbano con una señora ciega que estaba presumiendo del «valor» de una perra que acababa de comprar para que le sirviera como instrumento de guía.

Esta señora se expresaba diciendo: «Esta perra vale 30.000€». Esta expresión incurre dos errores graves, uno lingüístico y otro ético. En primer lugar, que a esta señora le haya costado una cantidad determinada no significa que otros humanos no hubieran estado dispuestos a pagar más o menos por dicha perra. Y, en segundo lugar y más importante, el valor de un animal es infinito.

El valor de los animales no puede medirse con dinero porque ellos son sujetos que sienten y padecen como nosotros. Los animales poseen sus propios intereses inalienables que son tan importantes para ellos como para nosotros los nuestros.

¡Derechos Animales ya! - Colección de mariposasLas colecciones privadas de animales han sido una forma tradicional de elitismo especista que derivó en el surgimiento comercial de centros dedicados al encierro y exhibición de animales para humanos que, tal vez, desearían poseerlos y dominarlos por sí mismos.

El valor de los animales asociado a su origen y forma de explotación

Esta relación entre el poder y la posesión de animales o de ciertos productos de origen animal se ha mantenido y diversificado hasta nuestros días. Ha habido tres fenómenos históricos contemporáneos que han modificado ligeramente cuáles animales o productos de origen animal se consideran de lujo y, por tanto, como objetos de deseo para mostrar poder o estatus:

En consecuencia, en nuestro siglo presente, la percepción del poder o estatus obtenido por medio de la tenencia de un animal o su producto es muy diferente de la que se tenía siglos antes.

En la actualidad, cuanto más innecesaria, pomposa, extravagante o absurda resulte una forma de explotación animal, mayor tendencia existe de que surja o se practique por una cuestión de elitismo especista.

¡Derechos Animales ya! - Pieles de animalesExhibir las pieles de animales brutalmente asesinados, ya sea en granjas o en la naturaleza, constituye uno de los símbolos del elitismo especista.

El elitismo especista y las actividades tradicionales

En la actualidad, el elitismo especista se manifiesta de formas muy variadas. Una de las más claras radica en el deseo de usar y poseer productos confeccionados con la piel de distintos animales.

Esta forma de elitismo especista suele estar vinculada a tendencias y estilos de vida propios de aquellos humanos con altos ingresos económicos. Debido las razones históricas ya mencionadas, en este caso, la explotación animal está fuertemente vinculada a la exhibición de un poder o estatus social con independencia de la calidad real del producto.

Hay varios sectores en que la explotación animal está muy asociado al estatus social, por ejemplo, la moda, la música clásica o los vehículos de alta gama. El elitismo especista se observa especialmente en ciertos deportes derivados de actividades tradicionales de la nobleza europea, a saber, la caza con perros, las carreras de caballos o el polo.

No se trata de cuestionar que la carne de avestruz o la piel de cocodrilo, por poner unos ejemplos, sean productos de baja calidad; sino de entender que la razón de por qué comenzaron las granjas de avestruces y las granjas de cocodrilos responde a una necesidad de esnobismo especista, es decir, de optar por el consumo de nuevos productos menos comunes para destacar sobre otros humanos.

¡Derechos Animales ya! - Desfile en carroza ceremonial de la Casa Real británicaEl ser humano siempre ha buscado formas de ostentar y representar su poder sobre la naturaleza, los animales y otros humanos. Las Casas Reales de distintas monarquías son un ejemplo actual de elitismo especista cuando, en determinadas fiestas, se pasean en sus carruajes de siglos pasados como reminiscencia tradicional de su poder o estatus a través de la posesión, control y dominio de animales. Asimismo, la esclavitud de tales animales simboliza y recrea la subjugación que pueden ejercer sobre el pueblo llano. Los ciudadanos de pie suelen sentir fascinación porque quisieran ostentar dicho poder.

Conclusión

A pesar de que existen condicionantes biológicos, la explotación animal es un fenómeno de origen cultural cuya percepción hacia la misma ha ido variando a lo largo del tiempo. Debido a la cosificación de los animales, nuestra sociedad ha establecido una serie de patrones arbitrarios que han marcado tanto el precio (valor económico) de tales esclavos como el valor social que tienen para su dueño o propietario.

El elitismo especista procede del afán humano de distinguirse de otros por medio del uso y obtención de aquellos animales o productos de origen que representan su poder y estatus con independencia de la necesidad o calidad real del bien considerado. En ciertos casos, la posesión y dominio de animales sirve también para recrear el poder que tienen para dominar a otros humanos que contraríen sus intereses de clase.

En virtud de ello, se dan sucesos cotidianos bastante chocantes en que humanos mejor o peor parados en la jerarquía social apelan al uso y posesión de animales esclavizados para así tratar de granjear alguna suerte de respeto social; un respeto que violan para aquéllos a quienes esclavizan o cuya esclavitud financian.

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¡Derechos Animales ya! - Hakuna Matata (Disney)

Hakuna matata, narcisismo y falsa tolerancia

¡Derechos Animales ya! - Hakuna Matata (Disney) - Narcisismo y falsa toleranciaLa película de Disney «El rey león» popularizó la expresión suajili «hakuna matata». Alrededor de este fenómeno hay mucho que reflexionar.

¿Es «Hakuna Matata» un reflejo del narcisismo y de la falsa tolerancia de nuestra sociedad?

Los jóvenes —o no tan jóvenes— de la década de los 90 crecimos con una de las letras más sonadas de Disney: «Hakuna Matata». En esta entrada, deseo establecer una relación contextual entre el entendimiento y popularidad de esta canción infantil con el creciente narcisismo de la juventud y la falsa tolerancia que exhiben nuestra sociedad respecto a las acciones de los demás.

Tal como señala la propia Wikipedia, hakuna matata es una expresión suajili (idioma de la región del «Cuerno de África») que significa «No hay problema» o «Sin preocupaciones». Disney tomó acertamente esta expresión para elaborar una de las canciones que representa el núcleo argumental de «El rey león».

En el «Rey León», una versión libre de Hamlet, los personajes Timón y Tumba tratan de tranquilizar al cachorro Simba tras la autoculpada muerte de su padre y subsiguiente destierro por vergüenza y miedo.

En esta canción, en el original cantado en inglés aparecen las líneas «It means no worries for the rest of your days» y «It’s our problem-free philosophy», que se tradujeron al castellano o español de España como «Vive y deja vivir» y «Vive y sé feliz».

Aunque resulta obvia la intencionalidad consolante de los dos personajes, me pregunto si la elección de estas letras estuvo condicionada por el clima social de nuestra sociedad actual, es decir, por un contexto marcado por una individualidad forzada, una sociedad cada vez más decadente, y unas nuevas generaciones representantes de un mayor narcisismo (única preocupación ética por uno mismo) y con un entendimiento confuso del significado real de la tolerancia frente a otros.

¡Derechos Animales ya! - Timón y Pumba - Película de Disney - El rey leónLas películas de Disney ofrecen una visión idealizada de la naturaleza que, a menudo, se emplea o sirve de sustento para incurrir en todo tipo de falacias contra el veganismo o los Derechos Animales.

¿Es éticamente correcto decir «Vive y deja vivir» y «Vive y sé feliz»?

En un sentido estricto, no tiene absolutamente nada de malo pensar y obrar con la intención de ser feliz. Tampoco tiene nada de malo dejar a otros en paz con sus cosas y permitirles hacer aquello que deseen y elijan libremente. De lo contrario, estaríamos hablando de privación, control o esclavitud.

Sin embargo, como fruto de una educación pobre en valores y llena de anfibologías, nuestra sociedad actual confunde el significado del respeto (consideración moral por los intereses inalienables de un individuo) y de la tolerancia (consideración objetiva sobre las acciones ajenas) con «permitir que otros hagan lo quieran a cambio de que nadie se meta en mi vida».

«Vive y deja vivir» significa que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás. Esto significa que nadie tiene derecho a ser feliz ni a ser dejado en paz si dicha felicidad o paz depende de atentar contra la vida, libertad e integridad de los demás. Quizás, por desgracia, la expresión hakuna matata refuerza la idea de que uno no debe responsabilizarse por sus malas acciones o errores cometidos. En este sentido, estaría promoviendo la desconexión ética del individuo en pos de uno mismo.

¡Derechos Animales ya! - Suricato en un zoológicoEn la vida real, los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes» y su vida no tienen ningún valor legal. Las películas de Disney humanizan a los animales mientras la sociedad les niega cualquier atisbo de individualidad, personalidad y conciencia. El «vive y deja vivir» debería aplicarse también para los animales.

«Hakuna Matata» y los animales

No deja de ser irónico que la canción de Disney «Hakuna Matata» la canten dos animales al mismo tiempo que nuestra sociedad los desprecia y cosifica moralmente. De hecho, el propio Pumba, que representa a un facóquero, se pone a comer insectos mientras canta. Esto no lo señalo con la intención de censurar una determinada obra de ficción; sino sólo con el objetivo de señalar el notorio trasfondo especista que envuelve a los creadores como a cualquier otro humano de nuestra sociedad.

Esta elección artística representa, inconscientemente, que los dibujantes —al igual que la sociedad en su conjunto— entendían la canción como un constructo de aplicación exclusivamente humana, es decir, tanto creadores como expectadores daban por sentado que el significado de la expresión hakuna matata y las frases «vive y deja vivir» y «vive y sé feliz» se referían únicamente a colectivos humanos y que no aludían a dejar vivir y en paz a los animales.

El trasfondo social de esta canción releva el antropocentrismo y el especismo de nuestra sociedad. La humanidad, sin reflexionar ni planteárselo siquiera, asume ciégamente que sólo otros humanos merecen respeto y que sólo otros humanos merecen vivir en paz. Estamos, pues, ante un ejemplo común de cómo la sociedad defiende o no unos principios éticos universales según la víctima que padezca una injusticia.

Hace apenas siglo y medio, la sociedad occidental consideraban que sólo los blancos o los hombres merecían respeto y el «derecho» de vivir en paz y con independencia. Hoy, la humanidad debiera empezar a comprender ya que todos los animales sienten, padecen y que merecen su reconocimiento legal como personas (sujetos de derecho).

¡Derechos Animales ya! - Registro de Hakuna Matata como marca registrada por Disney

Patente de Disney sobre la expresión «Hakuna matata» como marca registrada.

«Hakuna matata» y la sinvergüencería de Disney

En otro orden de sucesos, no podía dejar este artículo sin mencionar que, al buscar información complementaria, me topé con que en el año 2018, antes del esperado lanzamiento del ‘remake’ de «El rey león», Disney registró la expresión «Habuna matata» (en minúscula por referirnos a las palabras suajilis), que no la canción —ya protegida por derechos de autor— como marca registrada (trademark) para su uso y aparición en camisetas.

Debido a la ambigüedad y enorme permisión de una marca registrada, ésta puede granjear una explotación exclusiva para algunos campos u objetos fuera de su aplicación concebida. No en vano, desde hace un par de años se han recogido firmas para lograr que Disney anule esta patente tan aberrante.

Esto constituye otro ejemplo fragrante de cómo la ética de la sociedad se mueve por el interés propio en detrimento del ajeno. Dado que los animales no pueden establecer contratos retroactivos con nosotros, el ser humano se autolegitima para utilizarlos en su beneficio.

¡Derechos Animales ya! - Captura comentario Pumba en Bioparc de ValenciaSiempre, siempre, siempre hay algún humano que, en referencia a animales reales representados en películas de animación, trata de hacer alguna gracieta. En este caso, un fotógrafo afirma que «el amigo Pumba», de «El rey león», está de vacaciones en el Bioparc de Valencia. Los zoológicos no son ‘resorts’, sino centros de cautiverio basados en la explotación animal que no dudan en vender o sacrificar animales según sus fines. El autor debería recordar la letra de «vive y deja vivir» para oponerse a la esclavitud de los animales.

Conclusión

La canción de «Hakuna Matata» fue una creación creativa de Disney que, en el contexto de la fábula, cobra su sentido y justificación. Sin embargo, su mensaje complaciente y disculpador pudiera dirigir a una malinterpretación nuestras obligaciones éticas para con los demás a tenor de la grave incapacidad humana para comprender y extraer conclusiones lógicas.

Nuestra sociedad alcanza un narcisismo extremo e incurre en una falsa tolerancia cuando establece, arbitariamente, que los animales quedan fuera de la ética de sus acciones; del mismo modo en que hace no mucho asumía que otros humanos merecían encierro, privación y trabajos forzados.

La falta de ética alcanza alcanza su colofón cuando grandes multinaciones, como Disney, se apropian del lenguaje aprovechándose de países extranjeros y lenguas minoritarias. ¿Qué será lo siguiente? Esto demuestra, una vez más, que el sistema actual de patentes está diseñado para permitir el monopolio y el abuso de los fuertes contra los débiles.

Un conjunto de la sociedad, los ecologistas (proteccionistas), se limita a promover la protección de los animales y de sus hábitats naturales, contra la extinción de especies, para que la humanidad pueda seguir aprovechándose de ellos.

Otro conjunto de la sociedad, los animalistas (bienestaristas), se limita a aplicar solamente algunos valores éticos para los animales según el beneficio obtenido por medio de la explotación animal. Pero no basta con hablar de «maltrato animal», de reducir el consumo de carne, ni con ser vegetarianos, ni con denunciar acciones crueles mientras casi toda la sociedad asume que los humanos somos superiores y que nuestros criterios han de limitarse a aquellos con quienes compartimos una serie de rasgos muy cercanos.

El «vive y deja vivir» no debiera cambiar si hablamos de animales. La justicia debe ser para todos y bajo los mismos criterios, de lo contrario no existe. Nuestro mundo actual, como revela además las nuevas corrientes posmodernas, confunde la aspiración hacia una justicia universal con simple y llano tribalismo.

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El darwinismo social o ley del más fuerte

¡Derechos Animales ya! - Paisanos del Tibet subidos a un carro - Ley del más fuerte contra los animalesEl darwinismo social se basa en la selección natural para afirmar que existe una ley del más fuerte que legitima a unas razas humanas a imponerse ante otras. Se da la paradoja de que casi toda la humanidad cree que el poder otorga derechos sobre otros, percibe a los animales como seres inferiores y valida contra ellos estos mismos argumentos nazis que se esgrimen contra minorías étnicas o pueblos subdesarrollados. En la fotografía, dos paisanos tibetanos van en un carromato tirado por un caballo esclavizado. El ser humano emplea la violencia para dominar a los animales por la misma razón que la utiliza para dominar a otros seres humanos.

¿El poder otorga derechos sobre otros?

Si hacemos un análisis crítico de nuestra historia, vemos que la ideología subyacente en todos los grandes imperios —o intentos de construirlos— comparte un rasgo común: la creencia de que el poder otorga derechos sobre otros.

En este artículo, quisiera lanzar una reflexión sobre la falacia de apelar a la ley del más fuerte y cómo ha derivado en ideologías o paradigmas socio-políticos conocidos como el darwinismo social, el fascismo o el nazismo. Dichas ideologías, a su vez, mantienen una estrecha relación antropológica con los argumentos esgrimidos hasta la actualidad para tratar de excusar y legitimar la explotación y esclavitud animal.

La llamada «ley del más fuerte» es una manera clásica de referirnos a un pensamiento primitivo —de origen anterior a las primeras civilizaciones— que se ha postulado desde antaño para conquitar, avasallar, asesinar y esclavizar a quienes se consideraban inferiores o eran más débiles (incapaces de defenderse).

Decimos que la ley del más fuerte es una falacia porque se resume en la petición de principio de que si alguien tiene capacidad de aprovecharse de otros, entonces no hay nada malo en hacerlo. Consiste, pues, en la confusión categorial entre el poder y el deber, entre lo que podemos hacer y lo que está bien hacer.

La ley del más fuerte es el corolario del utilitarismo moral, una postura filosófica que niega la objetividad y universalidad de la ética para establecer, arbitrariamente, que las acciones son correctas o incorrectas según la relación subjetiva entre el beneficio o placer obtenido respecto al perjuicio causado en terceros. De esta forma, cualquier acción queda automáticamente validada si el sujeto de ésta determina que tiene poder para efectuarla.

¡Derechos Animales ya! - Primate enjaulado en un zoológicoEncerramos a los animales en zoológicos y los explotamos de infinitas formas por la sencilla razón de que creemos que el poder otorga derechos y tenemos suficiente poder para hacerlo. Dicha posibilidad nos lleva, después, a justificar tales acciones apelando al argumento falaz de que la naturaleza se rija por la ley del más fuerte. El darwinismo social es la materialización de esta creencia.

Desde la ley del más fuerte hasta el origen del darwinismo social

En antropología está bastante bien estudiada la relación biológica y social que ha forjado el inicio y propagación de la falacia de la ley del más fuerte. A lo largo del siglo XX, muchos los pensadores han presentado análisis y críticas sobre las terribles aberraciones cometidas contra los Derechos Humanos. Ya en el siglo XXI, hoy otros tantos pensadores analizamos éste y otros argumentos carentes de fundamento para defender los Derechos Animales.

A partir de mediados del siglo XIX, surgieron o se reforzaron varias ideologías antropocéntricas, nacionalistas, racistas, discriminatorias y autoritarias que han intentado excusar o incentivar la creencia de que el poder otorga derechos sobre otros. Entre éstas tenemos, el darwinismo social, el fascismo y el nazismo.

¡Derechos Animales ya! - Personas sin hogar - Darwinismo social y eugenesiaEl darwinismo social propone acciones como la eugenesia —selección artificial humana— para anular los efectos que ejerce la organización social sobre la selección natural. Para los defensores de esta ideología, la supresión —violenta o pacífica— de los elementos «dañinos» o «poco adaptados» de nuestra sociedad se convierte en un deber para el progreso del conjunto de la población.

¿Qué es el darwinismo social?

El darwinismo social podría definirse como el intento de aplicar las leyes de Darwin al terreno socio-politico. Darwin, en su libro «El origen de las especies» trataba de argumentar con pruebas y evidencias la existencia de un origen común para todas las especies existentes en el planeta.

Para explicar la enorme diversidad biológica, él señaló acertamente a la selección natural como factor fundamental del proceso evolutivo. He aquí, en este punto, donde muchos pensadores con diversas ideologías previas encontraron en los trabajos de Darwin una justificación ad hoc de sus prejuicios y desinformaciones.

Sin ánimo de alargarme demasiado, la selección natural no un ente sabio ni un poder cósmico; sólo es un proceso empírico (observable) por el cual sólo consiguen sobrevivir y reproducirse aquellos seres vivos que posean unos determinados rasgos convenientes (adaptativos) para el medio en que habitan.

No obstante, debe admitirse que bastantes matices del darwinismo social proceden de muchos argumentos e hipótesis erróneas del propio Charles Darwin como fruto de su propio adoctrinamiento cultural, típico de la época del colonialismo inglés.

¡Derechos Animales ya! - Aborígenes peruanos junto a una llamaDarwin y otros pensadores racistas pensaban que existían razas humanas superiores e inferiores. Este pensamiento, propio del darwinismo social, sigue vigente cuando el ser humano se cree superior a los animales, los extermina y usa en su propio beneficio.

El darwinismo social y los errores de Darwin

Por ejemplo, Darwin consideraba que existía razas humanas civilizadas e incivilizadas según el tamaño craneal —criterio considerado actualmente como pseudocientífico— y alertaba de la importancia, necesidad o «conclusión natural» de que desaparecieran las razas humanas inferiores:

En algún periodo del futuro, no muy distante, como en cuestión de siglos, es casi seguro que las razas civilizadas del hombre exterminarán y reemplazarán a las razas salvajes en todo el mundo. Al mismo tiempo, los monos antropomorfos, tal como el profesor Schaaffhausen ha señalado, serán sin duda exterminados.

La ruptura entre el hombre y sus aliados más cercanos entonces será más amplia, porque intervendrá en el hombre en un estado más civilizado, como podemos esperar, incluso que el de los caucásicos, y algunos monos tan inferiores como el mandril, en lugar de como ahora [pasa] entre el negro o el australiano y el gorila.

Charles Darwin (1871), Cap. VI, «En el lugar de nacimiento y la antigüedad del hombre»

De hecho, este razonamiento presentado por Darwin —que inspiró al movimiento del darwinismo social— es una descripción fiel del mismo pensamiento antropocéntrico que está ejerciendo el exterminio y una matanza sistemática de animales en todo el mundo.

Tanto entonces como hoy, los ideólogos políticos no cuentan con un gran conocimiento de biología ni los biólogos con un gran conocimiento de antropología. Por ello, la apelación a la selección natural ha sido hasta hoy una fuente inagotable de falacias y justificaciones filosóficas y éticas en ambos sentidos: los ideólogos políticos apelan a la biología para justificar discriminaciones entre humanos y los biólogos sesgan la ciencia por sus prejuicios sociales para justificar discriminaciones hacia los animales.

¡Derechos Animales ya! - Invasión nazi al gueto de Varsovia - Nazismo y darwinismo socialHitler emprendió un exterminio sistemático de los judíos y otros colectivos con el argumento de que la raza aria era superior y tenía el derecho de dominar, al menos, Europa del Este. El antropocentrismo del día a día incurre en justificaciones propias del nazismo cuando aduce que los humanos tenemos prioridad, que está bien matar animales y que tenemos derecho a dominar la Tierra. En la fotografía, ciudadanos judíos del gueto de Varosvia son obligados a marchar a lo que después se convertiría en un campo de exterminio.

Relación entre el darwinismo social, el fascismo y el nazismo

El darwinismo social inspiró e influyó a algunos pensadores para retomar o forjar varias ideologías que marcarían el devenir del siglo XX:

  • El fascismo podría definirse la ideología socio-política que toma la falacia de la ley del más fuerte para justificar un modelo de gobierno autoritario en que un líder o jefe de estado acapara todo el poder con la finalidad extender el poder y dominio de su nación. El fascismo, como ideología esencialmente derivada del utilitarismo moral, establece que el individuo carece de valor intrínseco y que puede —y debe— ser sacrificado en busca de un bien mayor.
  • El nazismo es un derivado directo al fascismo que, como novedad, incorpora los argumentos del darwinismo social para establecer que una raza humana —la raza aria— es superior a las demás y tiene el derecho —y el deber— de expandirse y de someter a aquellas razas que consideran subhumanas: judíos, gitanos, esclavos, etc.

Cabe señalar, no obstante, que la selección natural propuesta por Darwin y el darwinismo social también influyeron el ideologías como el marxismo o el comunismo para explicar el origen y evolución de la lucha de clases y del modelo económico capitalista.

¡Derechos Animales ya! - Ganadera junto a sus reses - Ley del más fuerte

Los campos de exterminio continúan existiendo en forma granjas y mataderos, situados a las afueras de las ciudades. La sociedad actual es tan ignorante y vive tan desconectada ahora como lo fue durante el holocausto nazi y presenta el mismo autoengaño y desconexión moral que llevó a los alemanes a cometer uno de los mayores crímenes contra la humanidad. En la fotografía, una mujer ganadera anota el estado de sus reses —del latín, «esclavos»—. Se produce un mal entendimiento del femenismo cuando se promueve la ganadería como una forma correcta de empoderamiento femenino.

Desde el darwinismo social hasta las justificaciones modernas del especismo y del antropocentrismo

Si entendemos que diversas ideologías socio-políticas han incorporado la falacia de la ley del más fuerte, nutrida por interpretaciones modernas del funcionamiento de la naturaleza, huelga extrañarse de que esta falacia y las ideologías contemporáneas hayan servido también para reforzar y tratar de excusar posturas y postulados basados en la creencia de que el poder otorga derechos sobre los animales y sus vidas.

Como he expresado decenas de veces en otros artículos, nuestra relación pasada y actual con los animales viene definida por los mismos principios biológicos y culturales que han fomentado o derivado en las mayores injusticias y crueldades con otros humanos.

Aún hoy, sin premeditación ni conocimiento, la práctica totalidad de la humanidad es especista (discrimina a otros sujetos según su especie) y antropocéntrica (considera que la especie humana es superior y tiene legitimidad para disponer de los animales a su antojo).

¡Derechos Animales ya! - Jinete a caballo tienta a un toro en una corridaUna gran parte de la sociedad rechaza la tauromaquia y otros festejos con animales por su crueldad. Sin embargo, esa misma parte de la sociedad no suele rechazar otras acciones crueles e innecesarias cuando obtiene un beneficio por ello. En la fotografía, un toro tienta a un toro que morirá en la plaza mientras expone la vida de un caballo contra su voluntad. La sociedad disfruta con demostraciones rituales de poder y dominio sobre los animales.

La ley del más fuerte caracteriza al movimiento ecologista y al movimiento animalista

Autores como Kant o el movimiento ecologistaproteccionista— sólo se han alarmado históricamente por la discriminación y violencia sufrida por los animales en tanto que fomenta la violencia entre seres humanos o conduce hacia la extinción de especies. Por ello, rechazan múltiples atentados contra el medio ambiente, las corridas de toros y la caza furtiva, entre otros.

Autores como Singer o el movimiento animalistabienestarista— sólo se han alarmado históricamente por la discriminación y violencia sufrida por los animales en tanto que causamos un sufrimiento innecesario para los usos y beneficios que se esperan obtener de los animales. Por ello, rechazan el maltrato animal, el abandono de perros y gatos, y proponen regulaciones legales dirigidas a criar, manipular, coaccionar y asesinar «compasivamente» animales catalogados como ganado, entre otros.

Ambas posturas utilitaristas, el proteccionismo y el bienestarismo, derivan de la misma petición de principio que determina la incoherencia e irracionalidad de la llamada ley del más fuerte. En algunos aspectos comparten, además, la visión del darwinismo social de que la sociedad humana debe organizarse según criterios «naturales». Aquí entramos en la creencia de que está bien comer animales porque somos omnívoros y en el terreno de la falacia naturalista o del fijismo ecologista.

¡Derechos Animales ya! - Loros dándose piquitosLos animales desean vivir y tienen el mismo derecho que nosotros a hacerlo en paz. La ley del más fuerte o la creencia de que el poder otorga derechos es uno de los mayores lastres de nuestra historia como especie supuestamente más racional.

Conclusión

El ser humano no duda en emplear la violencia contra seres humanos con la excusa de que son razas inferiores porque, ya en el Neolítico, no dudaba en emplear la violencia contra los animales con la excusa de que son especies inferiores. Los animales, al igual que los seres humanos, son sujetos sintientes que poseen sus propios intereses inalienables. Tales intereses merecen respeto con independencia del interés, del valor o de la fuerza que nosotros tengamos en relación a ellos.

El mundo moderno suele mostrarse tajamente contrario al darwinismo social y al argumento de que existen razas humanas más fuertes y con merecimiento de dominar a otras si alcanzan al hacerlo. Sin embargo, ese mismo mundo moderno pasa aceptar el argumento de que el ser humano sea una especie superior y tenga legitimidad para violentar, aprovecharse y exterminar a los animales si tenemos el poder de hacerlo.

A diferencia de los avances morales acontecidos durante este último siglo, el pensamiento social hacia los animales sigue siendo, en esencia, fascista y nazi hacia los animales por el simple hecho de que no tienen poder o capacidad para defenderse de nuestras acciones. Por desgracia, no hay todavía visos de que haya a mejorar pronto el enorme vacío intelectual existente en lo tocante a las injusticias que padecen los animales como fines en sí mismos; no como objetos o seres inferiores cuyos daños nos conviene evitar.

Si realmente nos importa la justicia para con los seres humanos, también debería importarnos asimismo la justicia para con los animales. El veganismo es el principio ético básico que rechaza la explotación y constituye la base de los Derechos Animales.

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