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¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro

¿Explotar animales por su propio bien?

¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro - Explotar a los animales por su propio bienEl ser humano ejerce la explotación animal por su propio interés. Sin embargo, a menudo encuentra excusas para explotar animales por su propio bien.

Introducción

En otros ensayos previos he argumentado sobre tipos de explotación animal, su definición, orígenes y por qué es injusta. A menudo, circunstancias muy complicadas o especiales propician que la explotación de un animal pueda servir en su propio beneficio, o bien, que el explotador lo interprete así por sesgos emocionales o de vinculación económica.

En esta entrada, quisiera transmitir algunas reflexiones y ejemplos sobre el argumento de explotar a los animales por su propio bien. Voy a exponer algunas situaciones reales y cotidianas para ofrecer razones acerca de cuál sería nuestro deber si nos consideramos personas humanas interesadas en velar por los animales y en ser justos con ellos.

Hay también un ensayo titulado de forma semejante, escrito por el activista Luis Tovar. No obstante, la finalidad de ambos escritos es muy diferente. En aquel texto, Luis Tovar hablaba sobre el argumento de manipular o explotar a los animales salvajes —aquéllos que no dependen o están supeditados físicamente a nosotros— con el fin de beneficiar a otros. En el caso presente, me refiero exclusivamente a cuando el ser humano participa en la explotación animal con el argumento de beneficiar a los propios animales explotados.

¡Derechos Animales ya! - CervatilloUn fin noble no implica que los medios empleados sean justos o coherentes con éste. Por ejemplo, salvar la vida de animales salvajes no justifica su encierro en zoológicos ni comerciar con sus vidas. Quienes justifican lo uno con lo otro utilizan a los animales como ‘alter ego’ de sus propios intereses.

El fin no justifica los medios

Para entender el punto central de la cuestión, se vuelve necesario comenzar por una serie de premisas teóricas. El famoso aforismo de «el fin no justifica los medios» nos señala, con acierto, que perseguir un fin bueno, justo o positivo no legitima automáticamente cualquier cosa que hagamos para conseguirlo. Tales fines como medios deben estar regidos por la ética, es decir, por una valoración racional sobre nuestras acciones.

En un sentido filosófico, decimos que un sujeto es un fin en sí mismo. Esto significa que su vida no está —ni debiera estar— al servicio de otros. Los animales son también sujetos de sus vidas —son personas— porque poseen conciencia, sentimientos y capacidad de sentir y experimentar.

Explotar animales —utilizarlos como medios para un fin— no deja de ser inherentemente injusto, aunque el propio sujeto sea un fin de su propia explotación. La razón para ello está en que el propio hecho de explotar, aun en beneficio del propio sujeto explotado, ya implica la vulneración de su voluntad e intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Cisne hembra con su cría en la espaldaCasi la totalidad de las relaciones que mantenemos con los animales son de tipo de explotador. La sociedad se empecina a buscar justificaciones, armonías y equilibrios naturales donde no los hay.

Diferencia entre altruismo y explotación

Con cierta frecuencia, mucha gente se percata de que los animales no pueden darnos su consentimiento libre e informado para participar en actividades con nosotros o para brindar algún servicio que se retribuya en ellos mismos. Ante estos hechos, incurren en la conclusión falaz de que, como no pueden decirnos «sí» o «no», entonces también decidir por ellos; ya sea buscando su bien o el nuestro. En términos humanos hablamos de la falacia «a silentio».

De hecho, la mayoría de quienes explotan animales —incluso ganaderos, cazadores o taurinossuelen alegar que sus actividades también benefician a sus animales explotados y a otros, apelando al bienestar animal, a que viven mejor de como lo harían en la naturaleza, o esgrimiendo el argumento conservacionista de que evitan la extinción de especies. ¿Son acaso estas acciones altruistas?

Acontece, pues, una confusión entre altruismo y explotación. Una acción altruista es aquélla que se hace sin esperar nada a cambio. Y una acción explotadora es aquélla que siempre genera un beneficio para quien la practica, con independencia de que el sujeto explotado también reciba algún beneficio.

Seamos claros, quien cría y explota animales no practicaría ninguna de tales acciones si no recibiera algo a cambio; ya sea dinero, diversión o cualquier otra cosa. Ello nos permite demostrar que no existe altruismo alguno. Además, argumentos como el de la conservación de animales son inherentemente antropocéntricos; pues el mantenimiento de la biosfera se plantea únicamente como un problema porque perjudica a intereses humanos.

Y, por supuesto, no hemos de incurrir en el error de pensar que sólo determinadas actividades, como las antedichas, sean los únicos ejemplos de explotación animal. Los propios animalistas participan a diario en la explotación animal de sus propios animales y de tantos otros.

Las organizaciones animalistas tampoco defienden a los animales ni sus derechos. Su enfoque se limita a condenar la violencia excesiva —sin cuestionar su origen— para lograr regulaciones sobre la manera de criar, explotar y asesinar animales para beneficio de los humanos y tranquilizar conciencias.

¡Derechos Animales ya - Gatitos recogidos en las manos de un hombreSi uno adopta animales por su propia conveniencia y no los respeta, no está siendo altruista ni justo con ellos.

¿Acción altruista o acción explotadora?

Para enredar un poco más el asunto, cabe recordar dos aspectos esenciales para valorar la moralidad de una acción:

  1. Una misma acción puede considerarse altruista o explotadora según cuál sea la motivación de quien la practica. Como ejemplo, tenemos casos como el de la castración o el de la tenencia de animales. Si uno castra a un animal porque quiere evitar aquellos comportamientos que considera molestos, entonces está obteniendo un beneficio por aquella acción. Y si uno tiene animales únicamente para disfrutar con su compañía o para presumir de su tenencia, entonces está obteniendo igualmente un beneficio. Ambas acciones son ejemplos de explotación animal.
  2. Una acción altruista puede ser injusta aunque no pretenda ningún mal hacia el animal. Por ejemplo, cuando alguien recoge a un polluelo que se ha caído del nido con la intención de salvarlo, está ejerciendo una acción altruista. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los casos, recoger animales salvajes sin ningún tipo de experiencia respecto a su manejo equivale a condenarlos a muerte. Si uno es culpable de su muerte por haber tomado una mala decisión, hablamos de una acción altruista pero injusta.

Criadero de perrosLas organizaciones y colectivos animalistas se acuerdan constantemente de la situación de perros y gatos mientras no van a la raíz del problema: el especismo. El Partido PACMA ha utilizado varios veces esta imagen en dominio público y otras semejantes para lucrarse a costa de la miseria de los animales.

Casos estudiados sobre el argumento de explotar animales por su propio bien

Este ensayo iba a contener originalmente mi reflexión sobre dos casos reales en que se esgrime el argumento de que sea correcto explotar animales por su propio bien. Sin embargo, la enorme longitud del escrito me hizo preferir que ambos casos aparecieran en entradas independientes para facilitar su lectura, indexación y búsqueda desde los motores de internet.

Podrá leer dichos artículos pulsando en los títulos inferiores:

Caso I: Coaching con caballos

Caso II: Perros asesinados por sus adoptantes

Conclusión

Nunca es correcto explotar a los animales por su propio bien porque el mero hecho de explotarlos ya implica vulnerar sus intereses inalienables. Debido al antropocentrismo y a la falta de reflexión moral sobre nuestras acciones, algunos de los mayores defensores de los animales son también algunos de sus mayores explotadores.

Queda en nuestra mano analizar y reflexionar sobre los razonamientos y ejemplos expuestos con anterioridad para ser justos con los animales. El veganismo trata simplemente sobre eso.

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El reciclaje de animales usados

¡Derechos Animales ya! - Cuidar la Tierra y cuidar la naturalezaEn este artículo lanzo una reflexión sobre cómo la cosificación de los animales implica su tratamiento como objetos en todas las etapas de sus vidas. En un mundo en que los animales están cosificados, se produce un reciclaje de animales usados similar al de otros objetos usados.

Introducción

El desarrollo de las civilizaciones humanas, unido al aumento paulatino de nuestra población, propició el surgimiento de lugares y métodos para la recogida, gestión y eliminación de desechos. Más recientemente, los avances científicos y técnicos han permitido volver a moldear diversos materiales y sustancias para darles nuevos usos. Este proceso se conoce en nuestros días con el término «reciclaje».

Como se ha explicado en otros artículos previos, los animales están catalogados legalmente al mismo nivel que cualquier objeto o mercancía porque el ser humano, desde el Neolítico, los trata como bienes o recursos a su servicio y disposición. Por ello, al igual que existe un interés por reaprovechar los recursos presentes en cualquier objeto, dicha expectación o deseo también se manifiesta respecto a los animales.

Hace un tiempo escribí sobre las reconversiones de la explotación animal. En esta entrada, en vez de centrarme en el tratamiento socioeconómico de los animales, me enfocaré en el propio tratamiento que reciben a nivel individual como objetos en nuestra sociedad especista. Voy a relacionar los procesos y centros que intervienen en el reciclaje de objetos usados con los procesos y centros que intervienen en el reciclaje de animales usados.

¡Derechos Animales ya! - VertederoMientras que los vertederos de objetos son visibles y despiertan preocupación social. Las fosas comunes en donde se queman y entierran animales asesinados conforman uno de los holocaustos más ignorados de nuestra sociedad.

Contenedores y puntos limpios para objetos usados

En cualquier urbanización humana, incluso en aquéllas que no se molestan en separar el papel y el plástico de los residuos orgánicos, hay cubículos para depositar o dejar aquellos objetos usados que ya no sirven. En muchas ocasiones, también existen multitud de puntos limpios repartidos por los municipios con el fin catalogar y separar correctamente los materiales constituyentes del objeto.

Los animales también experimentan un proceso de reciclaje, si bien, el procedimiento y las etapas cambian según si están vivos o ya se les ha despojado de vida. Y, por supuesto, depende de si su nueva función va ligada a que sigan vivos —reaprovechamiento de sus materiales y sustancias ordenadas químicamente de manera natural— o a que sean asesinados para reaprovechar sus materiales y sustancias de manera artificial.

Reciclaje de animales usados vivos

Si nos referimos a un animal vivo —como un perro o un caballo—, que ya carezca de utilidad para su dueño por cualquier razón, el propietario, como sucede con la basura, puede optar por abandonarlo en algún lugar indeterminado o dejarlo en un punto limpio. La sociedad sólo suele hablar del abandono de animales cuando a un animal se lo deja en la calle como un desperdicio. Sin embargo, miles de animales son dejados legalmente en puntos limpios.

El nombre de este «punto limpio» varía dependiendo de si el animal está catalogado, a su vez, como «animal de compañía» (mascota), «animal de producción» (ganado), «animal salvaje» (sólo puede pertenecer al Estado), etc, entre una ristra infinita de terminología antropocéntrica. Un punto limpio para animales vivos puede ser una perrera, una protectora o un centro de recuperación de especies amenazadas.

¡Derechos Animales ya! - Ovejas de madera - Reciclaje de animales usadosIncluso quienes se rigen por altos valores y principios pueden incurrir en terribles crímenes contra los animales y sus intereses inalienables.

Perreras, protectoras y centros de recuperación de especies

Los animales dejados en perreras y otros puntos limpios gestionados por el Estado terminan convenientemente desechados o eliminados en caso de que no haya adoptantes para el animal en un periodo de tiempo determinado. Al contrario de lo que puede pensar la mayoría de la gente, los animales recogidos en protectoras no suelen correr una mejor suerte.

Si las perreras reciclan animales mediante su muerte; las protectoras acostumbran a reciclar animales dándoles un nuevo uso en vida. Ambas comparten el mismo fundamento: reciclan animales usados cual objetos usados.

Resulta manifiesto que muchas protectoras ejercen una labor encomiable al rescatar, cuidar y atender animales abandonados y enfermos. Sin embargo, en no pocas ocasiones, como describo en el apartado inferior, tales grupos y organizaciones no manejan debidamente el concepto de «adopción responsable» y se convierten en cómplices de la violencia sufrida por éstos y otros animales.

A menudo, estos colectivos sólo se preocupan por el trato que recibirá el animal adoptado, sin cuestionar que el adoptante vaya a usarlo para su lucro o disfrute. De tal forma, en analogía con otros objetos, quedan convertidos en meros centros para el reciclaje de animales.

Sólo se salvan, relativamente, aquellos animales catalogados como «especie amenazada» porque, en este caso, el valor económico de estos objetos es superior en su forma natural —viva— que en una artificial —muerta— debido a la escasez de «ejemplares» (objetos representativos de un mismo modelo surgido de forma natural). Se trata de el mismo fundamento de por qué vale más una obra de arte en sí misma que sus propios constituyentes materiales.

En el otro extremo se sitúan los animales catalogados como «especies invasoras», a los cuales se los caza y extermina sistemáticamente porque su «uso natural» —regido por la propia voluntad dichos animales— se contrapone a los intereses humanos, generalmente, por conflictos con ganaderos.

¡Derechos Animales ya! - Contaminación del planeta y los ojos de un niñoLos ecologistas buscan un mundo mejor para nuestros hijos, en lugar de dejar unos hijos mejores para este mundo. La contaminación y la destrucción de hábitats son la consecuencia esperable de que nos creamos con legitimidad para reducir a cenizas las vidas de otros sujetos que no pertenecen a nuestra especie.

Reciclaje de animales usados muertos

Todo animal muerto antes estaba vivo. Cuando la sociedad humana tiene interés en aprovechar los materiales de sus cuerpos, procede a quitarles la vida. El reciclaje de animales muertos consiste en detener su homeostasis y separar mecánicamente sus constituyentes orgánicos para someterlos a un posterior tratado físico-químico. El propio hecho de asesinar y de comer a un animal ya constituye una forma de reciclaje.

Existen algunos tipos de animales a los que se explota en vida por sus cuerpos, secreciones y fuerza hasta que se los recicla en mataderos: vacas que ya no producen tanta leche, caballos que ya no sirven para galopar e incluso animales en zoológicos que ya están viejos, feos o no son rentables de mantener. Para los animales explotados no existe una jubilación feliz; los objetos no se jubilan, se desechan.

Hay múltiples tipos de centros para el reciclaje de animales muertos, entre ellos, cabe distinguir entre los que reciclan animales por primera vez —mataderos— o los que los reciclan sucesivas veces. En este último caso, su cosificación ha alcanzado el grado de que ya pueden contenerse en puntos limpios normales y transformarse como otros objetos que nunca fueron sujetos sintientes ni tuvieron sentimientos.

¡Derechos Animales ya! - Propaganda de un albergue de caballos explotados - Protectoras de animalesMuchos albergues de animales participan y promueven en la explotación animal. Esta imagen corresponde a la captura de un vídeo publicitario de la organización británica «Horse World», la cual recoge donaciones al mismo tiempo que adiestra y doma caballos para que sirvan a sus nuevos amos.

Extra: Mi experiencia en un albergue de caballos

Debido a que los animales están cosificados moralmente, se da la paradoja de que muchos humanos de a quienes les importan los animales incurren en los mismos errores de percepción que quienes los abandonan en la calle, en perreras, en protectoras y otros puntos limpios. Este fenómeno se da tanto entre los adoptantes como entre quienes gestionan tales centros.

De hecho, yo me hice vegano tras trabajar de voluntario con caballos víctimas de la explotación. Algo que rompió todos mis esquemas fue observar que dicho albergue rescataba caballos para, después, ponerlos en manos de otros humanos que los explotarían de nuevo como objetos. Según comentaban allí mismo, en más de alguna ocasión habían devuelto caballos al centro.

A menudo, las protectoras se convierten en cómplices de la explotación animal y del abandono de animales al reforzar los mismos prejuicios sociales que desembocan en tales actos. Si una protectora se dedica a promover la adopción de caballos y de otros animales ensalzando su utilidad, alegando argumentos como: «Tu hijo pequeño aprenderá mucho al montar en este poni» o «Montar a caballo es un ejercicio magnífico», ¿acaso se extrañan de que luego el propietario los deseche cuando ya no cumplen la finalidad que le prometieron antes de la adopción?

Al parecer, el albergue en que trabajé no extraía ninguna experiencia de esto. Y este suceso no es la excepción; sino la norma en España y en el mundo. A menudo, este fenómeno se ve reforzado por una vertiente personal y otra económica.

Quienes gestionan tales centros se obsesionan con luchar contra el «maltrato animal» y el «sufrimiento animal» mientras pierden de vista que ambos fenómenos derivan de la previa creencia humana de que tengamos legitimidad para usar y tirar a los animales como si fuesen objetos. Por esta razón, el movimiento animalista ha malgastado casi dos siglos de esfuerzos mientras, más que nunca, millones de animales en el mundo nacen, son vendidos y son reciclados.

Y, por desgracia, los gastos derivados de mantener animales recogidos se traduce en que sus cuidadores pasen a adoptar medidas más permisivas y a alentar los pensamientos especistas y antropocéntricos de sus donantes por una cuestión de interés personal.

¡Derechos Animales ya! - Oso de peluche usado - Reciclaje de animales usadosLos animales usados son juguetes doblemente rotos; se quebranta su voluntad y se moldea sus cuerpos hasta el fin de sus vidas. Y luego, cuando ya han perdido su existencia, el ser humano sigue regodéandose al comerciar y reciclar sus cuerpos.

Conclusión

El ser humano, alentado por un proceso de cosificación hacia los diferentes, valora y estima a los animales empleando exactamente los mismos criterios que con otros objetos. Hemos aprovechado nuestro poder para someter y convertir a los animales en nuestros esclavos y no deberían serlo.

En un mundo que ha cosificado a los animales durante generaciones, lo extraño no está en plantear las similitudes entre el reciclaje de objetos usados y el reciclaje de animales usados; lo verdaderamente preocupante está en que la sociedad general ni siquiera se plantee cómo ha ido forjando un paradigma de opresión, sometimiento y exterminio hacia quienes considera seres inferiores por no ser humanos.

Para ser justos con los animales debemos dejar de verlos y de usarlos como objetos que existan para servirnos. Ése, y no otro, es el significado del veganismo.

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Los animalistas y la paradoja de Jevons

¡Derechos Animales ya! - Paradoja del infinitoLa paradoja de Jevons explica que los animalistas incrementan el número de víctimas animales cuando, en su afán de reducir el sufrimiento animal, mejoran la eficiencia y productividad de la industria.

Introducción

El número de animalistas en el mundo se cuenta por millones. Sin embargo, en ninguna parte del mundo ha habido avances sustanciales en materia de Derechos Animales. Cada día se crían y asesinan más animales en el mundo que en la jornada anterior.

En este artículo deseo ofrecer una respuesta a por qué los animalistas, a pesar de sus buenas intenciones, sólo están causando que más y más animales sigan siendo explotados y asesinados por sus enfoques errados y sus actitudes contradictorias. Para explicarlo, voy a partir desde el enfoque de una famosa paradoja de la macroeconomía: La paradoja de Jevons.

¡Derechos Animales ya! - Paradoja de JevonsLa paradoja de Jevons señala, en cierto sentido, que incrementar la eficiencia de la explotación animal aumenta el número de animales explotados.

¿Qué es la paradoja de Jevons?

La paradoja de Jevons, denominada así por su descubridor William Stanley Jevons (1835-1882), sostiene que, irónicamente, aumenta el consumo de un recurso conforme aumenta la eficiencia con la que se genera o utiliza dicho recurso. Se trata una paradoja en economía por ser contraintuitiva al pensamiento común y esperado.

Jevons observó que el consumo del carbón se elevó en Inglaterra después de que James Watt creara una máquina de vapor mucho más eficiente que el primer diseño creado por Thomas Newcomen. De esta forma, la nueva máquina de vapor, al consumir menos carbón, presentaba un menos coste de mantenimiento.

El invento de esta nueva máquina de vapor fomentó que muchas más empresas se interesaran por aplicarla a sus negocios y se crearan nuevas líneas ferroviarias, muchas de las cuales eran innecesarias o no iban lo suficientemente llenas de pasajeros o de mercancías.

Por todo ello, a pesar de que la nueva máquina de vapor consumía menos carbón, la extensión de esta tecnología dirigió hacia una explotación menos óptima del carbón y a un despilfarro todavía mayor que el existente hasta entonces.

¡Derechos Animales ya! - Gallinas ponedoras en jaulas - Organizaciones animalistasGallinas ponedoras hacinadas en jaulas. Las organizaciones animalistas sólo exigen regulaciones sobre la manera de criar y de tratar a los animales que redundan en beneficios para todos: para la organización, para la conciencia de los animalistas y para las empresas explotadoras.

La paradoja de Jevons aplicada a los animalistas

El animalismo engloba todas aquellas posturas que buscan realizar cambios sobre la manera de percibir o de tratar a los animales. En otras entradas previas ya he explicado pormenorizadamente que el animalismo no es un movimiento homogéneo. La típica expresión de «todos estamos en el mismo barco» no podría ser más desatinada. Al contrario, en el seno del animalismo se distinguen tres ideologías opuestas entre sí: proteccionismo, bienestarismo y veganismo.

Uno de los tópicos animalistas más repetidos es el reducir o eliminar el sufrimiento animal. Así ocurre porque casi la totalidad de los animalistas son especistas y bienestaristas. Es decir, no consideran que todos los animales merezcan respeto y sólo desean mejorar el trato o las condiciones en las que se ejerce la explotación animal según si el sufrimiento de los animales les reporta o no un beneficio personal o colectivo.

Si tomamos el ejemplo antes señalado, podemos observar que la paradoja de Jevons se cumple también cuando los animalistas (bienestaristas) y sus organizaciones asociadas ejercen campañas que buscan disminuir el consumo de productos de origen animal o cuando promueven un uso más eficiente de los animales al exigir cambios en materia de bienestar animal.

Así ocurre porque, al promocionar el reducetarianismo, están validando la percepción de los animales como recursos a los que consumir con moderación. Y, al promover mejoras en el trato hacia los animales, consiguen tanto mejorar la imagen de la industria como evitar accidentes laborales y otras situaciones que incrementan los beneficios y la productividad de dicha industria.

En otras palabras: la mentalidad bienestarista de los animalistas y sus campañas especistas y monotemáticas favorecen un aumento en el consumo de productos de origen animal por parte de los consumidores y facilitan la creación y adaptación legal de empresas ganaderas para su continuidad y ampliación a lo largo del tiempo. Los animales esclavizados salen más baratos de mantener y los productos de origen animal logran unos márgenes mayores de beneficio.

La población humana no para de crecer y los animales esclavizados para alimentación, vestimenta, compañía, recreación, experimentación, terapias, etc., se crían a demanda. Esto implica que si los animalistas siguen centrándose en buscar maneras de que la explotación animal sea más eficiente, sólo consiguen perpetuar el problema y que cada vez haya un número mayor de animales esclavizados por partida doble.

¡Derechos Animales ya! - Recogida de piensos cárnicos para perros y gatos - Animalistas especistas y perro-gatistasPiensos cárnicos para perros y gatos recogidos por animalistas (bienestaristas).

[Fuente de la fotografía]

Un ejemplo cotidiano: los piensos cárnicos

Hace poco vi la publicación de una animalista, en cuyo avatar figuraba el lema Animal Rights Activist. Esta chica había participado en una recogida masiva de piensos para perros y gatos abandonados y recogidos en protectoras. Por desgracia, en las fotografías publicadas se observaba que todos los piensos recogidos eran cárnicos. Es decir, se ayudaba y cuidada a unos animales mientras se fomentaba y participaba en el asesinato de otros animales.

Una forma aplicada de la paradoja de Jevons radica en entender que si alguien participa en la explotación de unos animales para salvar la vida de otros animales, entonces está favoreciendo cambios en la industria que perpetúen la explotación —y el sufrimiento— de unos animales en beneficio de otros, y que todos los cambios habidos en el mundo se traduzcan en un mayor número de animales asesinados, tanto para consumo humano como para el de los animales a quienes hemos reducido como animales de compañía.

Como es de esperar, este tipo de acciones reciben constantes alabanzas dentro del mundillo animalista (bienestarista). En estos círculos no tiene cabida la reflexión ni la autocrítica, ni siquiera cuando se esgrime el lema de «activista por los Derechos Animales» mientras se practica todo lo contrario de aquello que representa la lucha por tales derechos. Para el animalista común y corriente, «animal» significa perro y gato; los demás seres encerrados en granjas o asesinados de determinadas formas no son animales para ellos.

A continuación, presento la conversación que mantuve con esta chica animalista después de indicarle, amablemente, la contradicción existente entre festejar que habían ayudado a cientos de perros y gatos mientras tales piensos implicaban la muerte de cientos de otros animales en mataderos. Responde ella (texto literal):

Cierto…en eso creo q estamos d acuerdo todos los animalistas , pero tu si lo eres también deberías d entender que las cosas se empiezan x abajo y van paso a paso…primero hay q evitar q se mueran d hambre y una vez conseguido esto por supuesto que la siguiente lucha es la q tu planteas…ahora contamos con los medios q tenemos a nuestro alcance.

No se puede obligar a nadie a ser vegano …se puede promover….hay muchas personas q aún no lo son y sin embargo si que ayudan muchísimo ….nadie se hace vegano de un día para otro…es un proceso….hay q ir paso a paso y para mi lo primordial es q no se mueran de hambre….y después d eso ya hablamos de ideologías….

Como siempre, ningún tipo de discriminación moral puede justificarse bajo el prisma de la lógica. Por ello, el interlocutor siempre está forzado a incurrir en falacias de todo tipo para excusar lo inexcusable.

Nadie están hablando de dejarlos morir de hambre. Existen los piensos veganos para gatos, perfectamente avalados por veterinarios. Precisamente, las cosas empiezan desde abajo. Esto significa que es imposible defender a los gatos si su alimentación depende de haber financiado previamente la muerte de otros animales. Nadie puede ser vegano por obligación, sin embargo, si alguien quiere ser justo con los animales sí tiene la obligación de ser vegano.

Es imposible otorgar derechos legales a perros y gatos mientras los demás animales sigan criados en granjas. Todos se rigen por el mismo marco legal. También hubo humanos en la época que ayudaban a los negros mientras tenían esclavos, pero eso no permitía que la lucha continuara. Hacer un bien no justifica cometer o ignorar otro mal cometido.

Y claro que hay un proceso en hacerse vegano. El asunto está en que casi ningún animalista se encuentra en proceso de hacerse vegano porque se conforma con cuidar a unos animales mientras no le importa matar a otros. Ésa es la realidad, ni más ni menos.

Finalmente, cabe señalar que el veganismo es un principio ético. Al igual que lo fue el abolicionismo de la esclavitud humana. Todas nuestras acciones se rigen por ideologías. Como señalé al inicio de este artículo, la ideología mayoritaria entre los animalistas se llama «bienestarismo» y ése es el origen del problema.

Tras mi réplica, ella vuelve a comentar:

No tengo intención d discutir pq sería absurdo teniendo en cuenta q sigo estando d acuerdo contigo….por supuesto q hay piensos veganos …pero no en todas partes….la mayoría d supermercados ni los tienen…además son bastante más caros….si tu puedes pagarlos t ánimo a q lo hagas ….m parece hasta frívolo criticar a gente q si q ayuda a alimentarlos….igual es más fácil teclear q ayudar….tu sabrás……

y el ” bienestarismo” es bastante mejor q dejar q se mueran de hambre una cantidad importante si no hay dinero para todos …x lo tanto…primero bienestarismo antes q hambre y tortura ..y luego x supuesto q veganismo….x otra parte decir q la mayoría d animalistas no son veganos m parece otra frivolidad….de donde sacas los datos? Yo creo q estas equivocado….

Lo dicho…. igual no llegamos a un acuerdo en esto….solo tienes q pensar en ti mismo….si tuvieses solo unos filetes para comer y no fuese posible nada más de momento…creo q t los comerias antes de dejarte morir…..pues ya está….paso a paso…y ayudando

Viendo que no puede sostener su argumento, empieza el juego de los ataques personales y de las tergiversaciones. Esta chica me acusa de preferir de la muerte de los gatos mientras justifica la muerte de otros animales apelando a que los piensos veganos son más caros. ¡Eso sí que es una frivolidad a la altura de PETA!

Como suele ser habitual entre los animalistas por fruto de su narcisismo, ellos no son capaces de soportar crítica alguna sin que saquen a relucir su currículum vitae animalista. Afirma que yo pienso en mí mismo mientras, precisamente, mi comentario —y todo este artículo— busca hacer notar una contradicción con el fin de defender a todos los animales por igual.

Esta chica dice que no ayudo cuando, precisamente, cualquiera que tenga interés en informarse en internet sobre Derechos Animales se encuentra con esta página web, la cual es el resultado de miles de horas de estudio, reflexión y esfuerzo.

La falacia del paso a paso lleva existiendo desde el siglo XVIII, época en que se fundó en Inglaterra la primera organización animalista. Actualmente nacen y mueren más animales que nunca en el mundo, y los animalistas quieren solucionar una situación gravísima sin cuestionar la mentalidad que origina dicha coyuntura.

Finalmente, otros amigos animalistas vinieron en su ayuda y juntos se pusieron a insultarme y a comentar, de manera cínica, que lo mejor era ignorarme porque mis comentarios no ayudaban en nada a los animales. Todo ello, por supuesto, con una ortografía y una expresión escrita a la altura de un Premio Nobel de Literatura. Indignada, me bloqueó para no tener que soportar mi «obscenidad» al pedirle que no matara animales.

¡Derechos Animales ya! - Pensamiento lógicoEl pensamiento lógico brilla por su ausencia en un mundo lleno de ególatras y hedonistas que utilizan a los animales como ‘alter ego‘ de sus sentimientos y de su baja autoestima.

Conclusión

Los animalistas, lejos de evitar el sufrimiento animal, son causantes de aumentarlo al tener la misma mentalidad que subyace en el fenómeno de la explotación animal. La paradoja de Jevons sirve para argumentar que los animalistas llevan varios siglos empecinados en acabar con el sufrimiento animal mientras ellos lo causan y perpetúan al promover nuevas maneras de criar y asesinar animales más eficientemente.

El mantra de «reducir el sufrimiento animal», al igual que el de «salvar vidas», se usa a menudo para intentar justificar la injusticia. La razón fundamental de por qué toda crítica cae en saco roto está en que los animalistas (bienestaristas) realmente persiguen eliminar su propio sufrimiento.

Cuando un animalista dice estar en contra del sufrimiento animal o del maltrato animal, está únicamente en contra del sufrimiento que le genera a su persona conocer la existencia de tales circunstancias.

Cualquier cosa que le sirva a un animalista para reducir su propio sufrimiento, aunque sea una ilusión o una mentira reconfortante que solamente cause la perpetuación y el aumento del sufrimiento de millones de animales, le parecerá buena y deseable.

Y si uno osa romper esa burbuja, deberá preparase para sentir la ira de miles de animalistas con grandes currículums y pretensiones que correrán a linchar a aquel vil activista por los Derechos Animales que cuestione por qué hay gente usa este epíteto sin tener la más mínima noción de lo que ello conlleva para todas las víctimas.

La única manera de detener esta injusticia sin fin para todos los animales está en dejar de participar en toda forma de explotación animal. El principio ético básico que establece el respeto que merecen todos los animales se denomina «veganismo» y su práctica es sana a todas las edades.

Ni nosotros ni nuestros animales recogidos necesitamos comer carne ni consumir nada que provenga de animales, ni tampoco necesitamos vestirlos ni divertirnos a su costa. A pesar de ello, los animalistas se empeñan en encontrar nuevas formas de explotar a los animales y de mejorar la eficiencia de la explotación animal mientras se perciben como héroes de fantasía.

Se produce la triste paradoja de Jevons cuando los supuestos adalides contra el sufrimiento animal ponen todo su esfuerzo en que la sociedad humana continúe explotando a los animales con «menos sufrimiento» en un «paso a paso» infinito que nunca terminará.

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La Fiesta del Cordero, matanzas por religión

¡Derechos Animales ya! - Cordero con crotales - Fiesta del CorderoLa Fiesta del Cordero es un sacrificio ritual musulmán en que el ser humano festeja su poder de dar muerte a inocentes.

Introducción

La Fiesta del Cordero, en árabe عيد الأضحى‎‎‎ [ʿīd al-aḍḥā], es un sacrificio ritual de corderos y de otros animales como parte de una festividad religiosa islámica. En este artículo, quisiera lanzar unas reflexiones sobre el significado antropológico de esta fiesta, su origen basado en el especismo y el tratamiento social y mediático de la cultura occidental en el seno de una sociedad posmoderna.

En otros muchos artículos he soltado pinceladas sobre las religiones y aspectos culturales que han determinado su existencia. Esta vez, me gustaría centrarme en la Fiesta del Cordero como ejemplo de matanzas por religión y de cómo el ser humano es capaz de practicar toda clase de acciones crueles e injustas en nombre de un dios o como representación de las enseñanzas de un libro sagrado.

¡Derechos Animales ya! - Manada de ovejas y corderosLos corderos, las ovejas y otros animales son víctimas de la creencia humana de que tenemos legitimidad para dominar y matar a los animales porque no son humanos.

¿Qué es la Fiesta del Cordero?

La Fiesta del Cordero es un festejo islámico caracterizado por el sacrificio ritual de un animal, comúnmente un cordero macho, para confirmar la sumisión de los fieles musulmanes ante Dios. Dicho sacrificio busca recrear la acción del profeta Abraham cuando Dios exoneró la vida de su hijo y le dijo que, en su lugar, le entregara a él un cordero en sacrificio. En el islam, la Fiesta del Cordero está inserta en el conjunto del sacrificio hahal.

Detrás este mito, como ocurre como todos, hay un componente antropológico que determina su surgimiento y perpetuación. La creencia de que exista un dios creador que creó a los seres humanos como vicarios sobre la Tierra —e incluso a su imagen y semejanza en el caso específico del cristianismo— y que nos otorgó potestad para señorear y disponer de todo lo existente a nuestro antojo refleja el interés y la búsqueda del ser humano primitivo de encontrar una forma de justificar y de canalizar su poder para someter a otros.

Para el islam, dicho poder encuentra su manejo y control en la aceptación de que Dios es el ser supremo y de que los fieles deben someterse ante su voluntad y deseos. Dado que el ser humano, de antes y de hoy, considera dogmáticamente que los animales existen para servirnos —y le atribuye a un ser supremo dicha condición inmutable e imperecedera según el orden natural de las cosas—, nuestra especie no duda en ejercer el sacrificio ritual de animales para así demostrar doblemente su sumisión frente a un ente en el que creen y demostrar su poder para dominar a todos los demás seres que lo rodean.

La Fiesta del Cordero, como cualquier otra acción basada en matar por un dios, se engloba en un conjunto de matanzas por religión que han conformado la triste y aberrante historia de nuestra especie desde que decidió expandirse por el mundo y buscarle un sentido a su existencia mientras exterminaba sistemáticamente a todo animal que no tenía utilidad o le molestaba.

¡Derechos Animales ya! - Oveja y corderoEl hacimiento, los crotales en la oreja y otras circunstancias son el resultado de la sistematización de costumbres heredadas de tiempos remotos basadas en el ejercicio de nuestro poder para someter a otros.

El origen de la Fiesta del Cordero

Para los fieles musulmanes repartidos por todo el mundo, la Fiesta del Cordero se une a otras costumbres propias de la zona e insertan sus ligeras modificaciones en cuanto a la fecha en que se celebra o al animal que toman como víctima de sus creencias antropocéntricas. La enorme divergencia de interpretaciones de una misma práctica ya sirve de manifiesto acerca de cómo el componente cultural se impone sobre cualquier argumentación lógica.

El sacrificio de corderos o de otros animales no responde a algo «natural» o «necesario». El ser humano explota y asesina a millones de animales todos los días porque, desde el Neolítico, ejercemos una discriminación moral basada en nuestro poder frente a los débiles. No se trata de la satisfacción de una necesidad; pues los seres humanos no tenemos ninguna necesidad fisiológica de alimentarnos de animales. La ganadería y otras formas de explotación animal —y de esclavitud animal— surgieron por beneficio personal y colectivo; no por estricta necesidad. Así como la esclavitud humana no surgió y se mantuvo porque estuviéramos forzados de algún modo a esclavizar a nuestros congéneres.

El surgimiento de festejos en torno a «la muerte de los diferentes» es una confirmación de nuestra propia identidad por medio de la alteridad, es decir, en función de aquello que nos define y distingue por nuestros rasgos y por aquello que somos capaces de causar en otros. Desde antaño, el ser humano practica la caza, la pesca y otras acciones como recreación o representación de su poder para dominar la naturaleza y a todo lo que en ésta habita.

El ser humano actual, con independencia de su religión o cultura, considera que los animales son seres inferiores cuyos intereses no existen o han de quedar supeditados a los nuestros. De tal forma, no cabe sorprenderse de que tanto en el pasado como en el presente, el tratamiento de los animales en la Fiesta del Cordero o en el día a día sea exactamente el mismo que cuando a alguien se le ocurrió escribirlo en algún soporte escritulario y a otros creérselo y transmitirlo como verdad absoluta.

¡Derechos Animales ya! - Bienestarismo de PACMA respecto a la fiesta del corderoPACMA y otros partidos y organizaciones animalistas sólo están en contra del sufrimiento animal y de lo que ellos consideran «maltrato animal». No protegen a los animales ni pueden protegerlos; pues tienen la misma mentalidad antropocéntrica que origina estos actos atroces.

El tratamiento de la Fiesta del Cordero en Occidente

El ser humano de Occidente ha pasado escandalosamente rápido desde una xenofobia recalcitrante hacia una falsa tolerancia posmoderna en que todos los aspectos culturales extranjeros merecen, por antonomasia, ser tolerados, respetados e incluso protegidos por ley.

Ocurre, sin embargo, que la legitimidad de una acción no depende de su origen cultural ni de la virtud de sus practicantes. Una acción es justa o injusta según si se amolda a principios éticos universalmente argumentables. Un argumento científico e incuestionable está en que no sólo los seres humanos poseemos intereses inalienables. Los demás animales con quienes compartimos el planeta también sienten, padecen, poseen conciencia y valoran sus vidas, libertad e integridad.

Por tanto, es igual de injusto atentar contra la vida de un ser humano y ponerlo en sacrificio que hacerlo con otros animales. Sin embargo, el especismo sigue siendo el prejuicio social más arraigado del mundo y, en combinación con ciertos valores posmodernos, como el relativismo moral o la inferencia ante las injusticias sufridas por terceros, nos encontramos con que la Fiesta del Cordero, y otras fiestas propias de culturas de Oriente, reciben un tratamiento especial basado en el acercamiento y la «comprensión».

Para mucha gente autoconsiderada progresista, la tauromaquia es un espectáculo terrible y espantoso. En cambio, la Fiesta del Cordero y cualquier acontecimiento de otras culturas es digno de consideración y tolerancia. Resulta fácil racionalizar aquellas injusticias de las que uno no es la víctima.

Esta razón —la racionalización o banalización— de sucesos que no nos afectan ha conllevado que, entre otros, aquellos colectivos considerados víctimas o marginados parezcan contar ahora con potestad para saltarse los principios éticos y las leyes en virtud de los crímenes e injusticias soportados por sus antepasados. Si cada quien se pusiera a revisar la historia de su familia podría encontrar así un argumento falaz para poder matar a su vecino. No es nada diferente de los argumentos esgrimidos para cometer atrocidades contra los animales.

Sin ir más lejos, el movimiento feminista actual no duda en participar en la opresión sistemática de animales promoviendo un empoderamiento femenino basado en el dominio y asesinato de animales. Y grupos contra el racismo se acuerdan de que sus antepasados de raza negra fueron esclavos en el continente americano para considerar que ellos, por su condición innata de víctimas, no tienen por qué preocuparse de ejercer como victimarios hacia terceros.

¡Derechos Animales ya! - Cordero en brazosLa humanidad debe transformar radicalmente su manera de percibir a los animales. Dicha transformación no pasa por la «compasión», sino por el respeto. Debemos respetar a los animales tal como hoy asumimos que debemos respetar a otros humanos. No hay más misterio.

Conclusión

La Fiesta del Cordero es un ejemplo de cómo las religiones —y, por extensión, toda cultura humana— enceguecen nuestra percepción de la realidad y fomenta un pensamiento inercial e ilógico, únicamente basado en intereses personales y de nuestros colectivos identitarios.

Dichos intereses se evidencian, una vez más, en la paranoia social dejada por la pandemia del coronavirus. La Fiesta del Cordero y otros acontecimientos populosos aparecen recogidos en los medios de comunicación por único argumento omnipresente de que deben extremarse precauciones para evitar los contagios. El mismo argumento que España alegó para decidir el asesinato de 92700 visones y que en otros países llegó a la cifra de más de 15 millones de visones —entre otros animales— que, después de haber sido traídos al mundo con violencia y egoísmo, fueron asesinados por la obsesión compulsiva de sus «dioses humanos».

Resulta irónico que los medios se centren en exclusividad sobre la transmisión del virus entre humanos y olviden, una vez más, que tanto el coronavirus como otros virus con vectores animales existen, surgen y se difunden debido a la crianza de animales para el placer gustativo de humanos ajenos a la justicia de quienes no sean ellos mismos o de sus conocidos.

En la actualidad, el grueso de los ecologistas —proteccionistas— únicamente alzan la voz contra las matanzas de animales en peligro de extinción porque, con independencia del motivo injusto que conlleve su asesinato, solamente les preocupa que una especie animal se extinga porque ello implicaría el cese de beneficios potenciales derivados de su explotación.

Mientras tanto, la mayoría de los animalistas —bienestaristas— únicamente hablan sobre la Fiesta del Cordero y otros festejos con animales para pedir un «buen trato» y un «menor sufrimiento» mientras otros humanos —o inclusive ellos mismos— los crían, los hacinan para transportarlos en un barco hasta algún rincón remoto del mundo, los venden en una plaza, les atan las patas, los disponen mirando a La Meca y les rajan la garganta hasta perder la última gota de sangre.

No hay nada indoloro en el asesinato de animales ni ninguna justificación, con independencia de que alguien sufra o no, para hacerles a otros aquello que no querríamos para nosotros mismos. A pesar de ello, todavía hay millones de humanos que se autoperciben como buenos creyentes o personas compasivas mientras perpetran o se convierten en cómplices de terribles e innumerables crímenes en nombre de la virtud o de la neotolerancia del siglo XXI.

Si nos importan los animales, entonces debemos ser consecuentes y dejar de participar o de excusar su explotación y asesinato. El principio ético que defiende la igualdad ética y legal hacia los animales se denomina «veganismo».

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¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de Sevilla

José Antonio Marina y el especismo ignorado

¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de SevillaJosé Antonio Marina, durante una entrevista en el Aula de Cultura ABC de Sevilla en 2018. Una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla sirve de ejemplo sobre la falta de perspectiva sobre el especismo.

[Fuente de la fotografía]

Breve análisis de una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla

No suelo leer la prensa. No lo hago casi nunca. Sin embargo, cuando incurro en la necedad de dedicar unos minutos de mi tiempo a un periódico, me doy siempre de bruces con una exposición de argumentos bastante pobre por parte del periodista de turno. En los medios de comunicación imperan y se propagan noticias falsas, sensacionalistas y manipuladoras sobre el veganismo y sus fundamentos, o científicamente falsas sobre los animales, sus habilidades, capacidades y situación legal.

En general, las entrevistas a ciertas personalidades suelen ser más enriquecedoras. Pero, incluso éstas rebosan de especismo e incongruencias sociales en una sociedad ciega de prejuicios y motivada por intereses personales o colectivistas.

El 15 de junio de 2021 leí una interesante entrevista a José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, en el Diario de Sevilla, quien había publicado recientemente un ensayo titulado «Biografía de la inhumanidad», acerca de los horrores históricos que ha cometido la humanidad.

A pesar de que estaría de acuerdo con él en algunos asuntos políticos o religiosos, quisiera resaltar algunas palabras de esta entrevista a José Antonio Marina como ejemplo de un enceguecimiento particular y frecuente en el ámbito intelectual y académico. Existe una terrible falta de perspectiva sobre el especismo y su importancia histórica encontrada en las relaciones humanas.

He decidido escribir este breve ensayo para cuestionar una tendencia muy arraigada entre pensadores de nuestro tiempo: la falta de reflexión, de conocimiento y de perspectiva social sobre el especismo. Tomando estudios y argumentos ya expuestos en esta web, quisiera ahondar en cómo este déficit impide llegar a conclusiones morales lógicas sobre cómo prevenir las injusticias y aminorar sus detonantes biológicos y sociales.

¡Derechos Animales ya! - Captura de la entrevista a José Antonio Marina en Diario de SevillaCaptura de la entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla.

Breve análisis de los argumentos expuestos por José Antonio Marina

Un punto de partida nada novedoso

Sin ánimo de enjuiciar apresuradamente la labor intelectual de José Antonio Marina, lo cual no es el objeto ni objetivo de este texto, sí quisiera señalar algunos errores que considero importantes en sus palabras emitidas durante su entrevista citada al Diario de Sevilla.

Quisiera limitarme a indicar la incorrección de sus argumentos expuestos sobre los animales y su aparente desconocimiento sobre las nuevas teorías o estudios habidos respecto a la temática de su ensayo.

José Antonio Marina afirma que todos los horrores se repiten mediante un mismo mecanismo y que deberíamos identificarlo por el bien de todos. Este planteamiento podría considerarse retórico; pues se conocen con bastante cercanía distintos fenómenos biológicos y sociales que condicionan la aparición y desarrollo de discriminaciones morales, las cuales, bajo una ideología determinada, consiguen establecer un paradigma de dominación sobre aquellos sujetos incapaces de defender sus intereses inalienables frente a un poder hegemónico.

El mito de la exclusividad humana

En su siguiente intervención, José Antonio Marina parece sugerir que las dificultades encontradas para analizar el origen de las injusticias reside en la propia exclusividad humana, a saber, su inteligencia.

El alto grado de inteligencia lleva a los humanos a poder pensar y ejercer actos más elaborados y a adquirir agencia moral (responsabilidad sobre sus actos). Efectivamente, sólo los seres humanos podemos ser crueles porque sólo los humanos con plenas facultades podemos ejercer acciones que sabemos y entendemos como injustas e incorrectas.

Sin embargo, como muestran sus palabras, José Antonio Marina confunde gravemente dos categorías: inteligencia y agencia moral. Y, a partir de esta confusión, emite la petición de principio de que los animales no son crueles ni tienen compasión.

Que los animales ajenos a nuestra especie carezcan del grado de cognición necesario para responsabilizarse éticamente de sus acciones no significa que carezcan de inteligencia. Es cierto que un animal no puede ser cruel ni debemos enjuiciar sus acciones desde el punto de vista moral, sin embargo, ello no implica que los animales carezcan de raciocinio.

La inteligencia animal es algo estudiado desde el siglo XIX y ampliamente aceptado en la ciencia. Huelga recordar que, no en vano, existe la ciencia etológica y que los modelos conductuales de animales se utilizan para la experimentación y análisis del comportamiento humano.

La afirmación —certera pero inargumentada — de que los animales no pueden ser crueles lleva a José Antonio Marina a cometer una falacia del consecuente. Que los animales no sean crueles no significa que carezcan de compasión. Mientras que la crueldad pertenece a la categoría del enjuiciamiento moral, la compasión entra en la categoría de la respuesta moral.

Por estudios científicos sabemos que los animales sí poseen empatía y que sí muestran comportamientos altruistas y compasivos que podría catalogar como «protomorales». Y no únicamente con sus semejantes o con quienes podría mantener pactos contractuales.

Una falta de perspectiva sobre el especismo

José Antonio Marina nos recuerda, con absoluta verdad, que todos podemos cometer atrocidades por falta de reflexión y un proceso de adoctrinamiento motivado por una ideología. Respecto al caso del nazismo, pocas reflexiones vienen tan bien a colación como la reflexión el ensayo de la filósofa Hanna Arendt sobre la banalidad del mal.

Por desgracia, nuestro entrevistado no cayó en la cuenta de que este proceso de adoctrinamiento, deterioro y presión social es exactamente el mismo que lo ha convertido a él en un humano especista que considera dogmáticamente a la especie humana como superior y diferente de los animales y que, al mismo tiempo, los considere cual simples objetos que existen para servirnos.

¡Derechos Animales ya! - Varano enjaulado en un zoológicoFotografía de un varano enjaulado en un zoológico. Hasta hace poco, el ser humano ha ejercido la esclavitud humana y el genocidio de pueblos por las mismas razones que todavía hoy esgrimimos para criar, encerrar y asesinar animales en nombre de nuestra superioridad.

Conclusión

Se vuelve imposible tratar de estudiar o de combatir las injusticias sociales si incluso aquellos individuos que analizan y aspiran a comprender el origen y motor de las injusticias sociales no realizan un esfuerzo de introspección para cuestionar y desterrar sus propios prejuicios arraigados.

Volviendo al inicio de esta entrada, las evidencias y argumentos ya existentes nos permite sostener una idea básica: los humanos hemos esclavizado y cometido genocidio contra otros pueblos al cosificarlos tal y como hacemos con los animales.

Por ello, el primer paso de cualquier pensador filántropo debería ser el de analizar y cuestionar por qué los humanos empezamos a cosificar los animales y cómo el mantenimiento del especismo conlleva, indefectiblemente, una injusticia universal hacia los demás animales y una promoción explícita hacia el abuso y cosificación de otros seres humanos.

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