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¡Derechos Animales ya! - Perritos y gatitos de distintas razas

No, los animales no tienen derechos legales

¡Derechos Animales ya! - Perritos y gatitos de distintas razas - Los animales no tienen derechos¿Tienen derechos los animales? Los animales no tienen derechos legales reconocidos. De hecho, para la mayor parte de la ciudadanía, el término «animal» no abarca más allá de los individuos mostrados en esta imagen.

¿Tienen derechos los animales?

Como activista vegano y defensor de los Derechos Animales, tengo el interés de que a los animales se los respete y reconozca como sujetos de derecho. Ello no significa que sea correcto afirmar que, en la actualidad, tengan derechos legales reconocidos. Si así fuera, esta página web carecería de sentido.

Con una frecuencia escalofriante me encuentro a individuos y cientos de portales de noticias en donde se afirman que los animales tienen (algunos) derechos. Esta afirmación, sin pies ni cabeza, responde a una mezcla entre ignorancia, necesidad de autoengaño o la intención de ciertas organizaciones y empresas de manipular la opinión pública.

En esta entrada voy a insistir, incidir y reincidir en la idea básica y fácil de entender de que los animales no tienen derechos legales en ninguna parte del mundo. Voy a explicar, de una forma directa y sencilla, algunas de las formas de manipulación más comunes para quienes carecen de formación en Derecho.

Aquí no voy a señalar las razones científicas, éticas y legales de por qué los animales merecen derechos legales reconocidos. Tampoco seré demasiado estricto o pulcro con el uso de los términos vinculados al Derecho porque no es mi especialidad ni tampoco ayudará a aclarar la cuestión. Si tiene interés en conocer estos argumentos previos y necesarios para entender esta disertación, visite los artículos enlazados en las palabras claves.

¡Derechos Animales ya! - Macaco esclavizado para divertimiento de turistasMacaco esclavizado como reclamo para el divertimiento de turistas en países del sudeste asiático. La sociedad se apena al ver fotografía como éstas mientras cada día participa en acciones terribles e impide que los animales tengan derechos reconocidos.

El engaño de las leyes contra el maltrato animal

Como he señalado en otras entradas anteriores respecto al concepto de «maltrato animal», las «normativas de bienestar animal» y el cinismo de la «Dirección General de Derechos Animales», las leyes contra el maltrato animal sólo tienen el fin de maquillar algunas consecuencias derivadas de la explotación animal para tranquilizar a las masas sociales al hacerles creer que algunos humanos especialmente crueles son condenados por practicar violencia contra los animales.

Las leyes contra el maltrato animal no protegen a los animales porque ni siquiera consideran a los animales como sujetos que merezcan protección. Dichas leyes establecen que los animales son bienes o mercancías que deben recibir un tratamiento concreto para uso y desecho. Nuestras leyes indican que uno no puede abandonar un televisor en un parque e, igualmente, que un propietario no puede abandonar un perro en una carretera. Ni el televisor ni el perro tienen ningún derecho.

Las leyes contra el maltrato animal no condenan la acción sobre el animal, sino que protegen los intereses de personas físicas o jurídicas que se han vulnerado respecto al tratamiento de un animal. Es decir, por ejemplo, alguien no va a la cárcel por matar a un perro; sino porque matar un perro quebranta las normas de la ciudadanía. Por esta razón, alguien puede ser condenado (o no) dependiendo de si la sociedad considera (o no) que el animal cuyos intereses se han vulnerado merecen algún respeto o no.

Si los animales tuvieran derechos, entonces se condenaría cualquier clase de acción injusta sobre ellos. No se podrían comprar, vender, alquilar, recortarles orejas y colas, castrarlos sin razón médica, etc. Que estas acciones sean legales en animales —y no en humanos— ya debería ser una evidencia clara para aquellos humanos menos adormilados cognitivamente que el resto.

¡Derechos Animales ya! - Declaración universal de los derechos del animalCaptura de esta «declaración de los derechos del animal», puede leerla entera —y vomitar— en el enlace anterior.

El mito de la declaración de los derechos del animal

De cuando en cuando, sobre todo cuando se celebra el Día Internacional de los Derechos Animales, aparece y reaparece una supuesta «declaración de los derechos del animal» que, supuestamente, fue aprobada por la UNESCO en sabe Dios cuál año y que se compone de una serie de apartados, cada cuál más grotesco y antropocéntrico. Todo ello, por supuesto, sin citar ninguna fuente de las Naciones Unidas.

Nunca hubo ninguna aceptación u aprobación oficial por parte de la UNESCO. Esos 14 artículos fueron una declaración bienestarista que se presentó como forma de manifestación. De hecho, dicha declaración ni siquiera defiende los Derechos Animales, puesto que en ésta se valida la explotación y asesinato de animales «bien tratados». A diferencia de los Derechos Humanos, ningún organismo ha redactado una versión oficial.

Cabe incidir en que los Derechos Animales son, hasta la fecha, un conjunto ideológico (no un documento) tratado por expertos en la materia como Tom Regan y Gary Francione. Bajo este nombre se incluyen —o pueden incluirse— únicamente aquellos principios compatibles con los intereses inalienables de los animales: vida, libertad e integridad.

La declaración antedicha avala que un animal «de consumo» sea asesinato con dicho fin; que basta con darles una «libertad necesaria» —lo cual no significa nada en la práctica— y, por supuesto, no cuestiona ninguna práctica relacionada con la compra-venta de animales ni amputación de órganos con fines comerciales.

El hecho de que susodicha declaración bienestarista aparezca comúnmente bajo el término «Derechos Animales», y su correspondiente publicidad, es una artimaña de grandes organizaciones animalistas y de la propia industria ganadera para hacer creer que ellos se comprometen con los animales.

Hasta la fecha sí ha habido exposiciones, simposios y reivindicaciones efectuadas por juristas y otros expertos en Derecho. Pero no ha habido el reconocimiento legal de los animales como sujetos de derecho y no creo que viva lo suficiente como para verlo.

¡Derechos Animales ya! - Portales de noticias que afirman que los animales tienen derechosUna mentira mil veces repetida no se convierte en verdad. No, los animales no tienen derechos. Si tu información y conocimiento de la realidad depende de medios de comunicación —manipulación— de masas, posiblemente no tengas idea de nada y lo poco que creas saber sea falso.

El fraude del reconocimiento de los animales como seres sensibles o con sentimientos

El cúlmen de la manipulación cínica con intereses partidistas y comerciales viene cuando uno puede leer en la prensa que tal o cual país, región o comunidad autónoma ha reconocido o va a reconocer a (algunos) animales como seres sensibles y que, según afirman tan alegremente en el cuerpo del texto, «ya no son cosas», «dejarán de ser cosas» o «se equipara el bienestar de la mascota al del resto de la familia».

A mí se me queda una cara de póker —por no decir algo peor— al atisbar el tan escaso nivel de decencia y profesionalidad que hay detrás de tales medios de comunicación para afirmar tales cosas y quedarse tan anchos y panchos. Y aquí no se incluyen solamente aquellos medios generalistas, sino también la mayoría de quienes se autodenominan medios «alternativos», «independientes» o «disidentes».

El mero hecho de llamarlos «mascotas» ya implica la existencia de una categoría legal por la cual se establece que determinados animales existen con el fin de servir de compañía al ser humano. ¿Existe bienestar mientras se los cría en una nave industrial y se los vende en una tienda? ¿Dónde está esa «equiparación»?

Los animales son objetos, propiedades, bienes muebles semovientes y cosas, en definitiva, porque así están catalogados legalmente. Así figuran en todas las legislaciones del mundo y en los tratados de comercio, al margen de que existan o no regulaciones sobre el uso de la propiedad para evitar el maltrato. Esto lo he señalado en el primer apartado.

A los animales no se los explota —o se avala su explotación— porque sientan o no sientan. Baste con señalar que, desde época griega, se sabe que los animales sienten y experimentan emociones. Nuestros conocimientos nos permiten explotar a los animales con fines científicos porque, precisamente, el sistema nervioso central de muchos mamíferos es tremendamente similar al nuestro.

A los animales se los explota (cría, engorda, asesina, etc.) porque no son humanos, simple y llanamente. No hay otra razón más profunda, honda ni metafísica.

Para las legislaciones del mundo moderno, la figura del derecho está basada en quién es el ente del derecho. Es tal el atraso ético de nuestras leyes que, al mismo tiempo que se rechazan las leyes de autor —en países democráticos—, el ser humano se basa en si el ente es humano o no para establecer sistemáticamente si puede o no quedar amparado por su marco legal. De ahí surgen muchas obras de ciencia ficción sobre androides con conciencia que, según la obra, la persecución y exterminio por reclamar sus derechos: desde Blade Runner hasta El hombre bicentenario.

A pesar del rechazo histórico habido hacia el contractualismo, nos encontramos con que el grueso de la humanidad y de los juristas aplican la versión más despótica de éste hacia los animales. Cuando se abolió la esclavitud negra, lejos de sentar una argumentación cabal sobre los límites del derecho, el humano moderno se limitó a incluir a los humanos negros en la categoría de «humanos», una categoría que antes se les negaba, tal como se les sigue negando a los animales su categoría de «personas».

Poco importa que, ahora, en un futuro o en cualquier parte, a los animales se los reconozca como «seres sensibles» o «seres mágicos del metaverso». Mientras existan leyes que permitan su explotación y asesinato, nada cambiará para ellos. Y dichas leyes existirán mientras nos basemos el criterio de la especie —especismo— para discriminarlos.

¡Derechos Animales ya! - Captura BOE Ley 17⁄2021, de 15 de diciembreLeer el BOE es un remedio fantástico contra el estreñimiento. Si uno desea estudiar de primera mano los principios de la manipulación política y la capacidad gubernamental para blanquear hasta la mayor de las perversidades posibles, sólo tiene que leerlo y observar el grave cinismo que contiene.

¿Bienes inembargables y atendidos?

Finalmente, para incidir un más en la realidad, cabe señalar que algunos medios se han hecho eco de la reciente entrada en vigor de la «Ley 17/2021, de 15 de diciembre», la cual, según apodan, es una «gran reforma sobre el régimen jurídico de los animales» por aquello de considerarlos ahora como «seres sensibles».

Para justificarlo, citan que, supuestamente, algunos animales —los actualmente catalogados como «animales de compañía»— son ahora inembargables y que deben ser atendidos. En primer lugar, que un animal dado no pueda ser embargado no significa que deje de ser un objeto. El mero hecho de que se lo pueda comprar en una tienda, criar y asesinar ya implica que es legalmente un objeto.

Y, en segundo lugar, que se indique que debe ser atendido es papel mojado; pues las propias leyes fijan que los intereses humanos siempre deben prevalecer. Esto significa que, en la práctica, podrán ser decomisados —embargados por el Estado y posteriormente sacrificados— y abandonados en caso de accidente mientras exista una justificación de que los humanos afectados debían recibir atención prioritaria.

¿Cambia esto algo para los animales? Nada. Sólo es humo.

Una gran reforma sería que a los animales pasaran a estar considerados como sujetos de derecho; no como bienes de uso limitado o con excepcionalidad según la consideración subjetiva de su bienestar durante su explotación.

¡Derechos Animales ya! - Perro abandonado en la calleLo peor no está en pensar que millones de animales sufren, sino en saber que millones lo hacen y lo harán cada día mientras millones de humanos están convencidos de que hacen lo correcto o de que se preocupan por los animales mientras se los comen y participan en la explotación de otros miles.

No, los animales no tienen derechos legales reconocidos

Considero necesario publicar una entrada como ésta para responder específicamente a la falacia de que los animales tengan derechos legales reconocidos.

No, nunca ha habido hasta la fecha ningún reconocimiento internacional en materia de Derechos Animales. Si así hubiera sido, ahora mismo ya no sería legal la venta, la crianza, la compra-venta y explotación de ningún animal. Si los animales tuvieran derechos legales reconocidos hoy mismo, ya no habría zoológicos, acuarios, deportes o festejos con animales, etc.

Dada la legislación actual y los intereses económicos depositados en la explotación animal, es diametralmente imposible que los animales estén protegidos frente a acciones humanas.

El animalista de turno puede esperar sentado si cree que rellenando peticiones y firmas por internet —mal escritas, terriblemente expuestas y con unos argumentos paupérrimos— va a conseguir algo. Los logros se obtienen mediante acciones coherentes.

Si de verdad nos preocupa la situación de los animales y queremos colaborar para cambiar su situación legal, debemos dar el paso hacia el veganismo y rechazar toda forma de explotación animal. Sólo así podremos ser coherente entre nuestros deseos y nuestras acciones.

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¡Derechos Animales ya! - Empoderamiento humano y empoderamiento animal

La corrección política y el empoderamiento animal

¡Derechos Animales ya! - Empoderamiento humano y empoderamiento animalLa corrección política no sirve para reconocer el respeto que merecen los seres humanos y contribuye a perpetuar la explotación de los animales. El empoderamiento animal es tan justo y necesario como el empoderamiento humano.

Introducción

La corrección política está muy extendida en nuestros días en multitud de ámbitos, desde sociales hasta artísticos. Ésta podría definirse como la actitud de moderación, censura y autocensura respecto a la expresión de alguien en sus opiniones en lo tocante a temas que generan debate, suscitan indignación o están vinculados a ciertas creencias religiosas o rasgos endogrupales de determinados colectivos humanos.

Para mí, un misterio casi inexplicable subyace en cómo aparece y prolifera la corrección política. Como ocurre con los eufemismos, su manifestación simple, la corrección política parece encontrar su origen y recovecos en la mediocridad humana, la incapacidad para una confrontación y diálogos racionales, la falta de habilidad para debatir y de exponer ideas con respeto y razonamiento. Y, por supuesto, está causada en gran medida por el avance imparable del posmodernismo y su dogma de que todas las acciones o creencias son respetables si pertenecen a la supuesta cultura de un grupo social.

En esta entrada, voy a lanzar una reflexión para relacionar la actitud hipócrita y disonante del ser humano cuando practica la corrección política mientras no duda en participar y en exponer manifiestamente el prejuicio moral del especismo y sus terribles acciones contra los animales.

Si algunos colectivos humanos están seguros de su necesidad y derecho de ser empoderados, yo argumentaré aquí que debemos hablar primero de empoderamiento animal antes que de muchas otras cuestiones banales.

¡Derechos Animales ya! - Niño negro tira de un carromatoNuestra sociedad se desgarra las vestiduras por situaciones injustas mientras participa, directa o indirectamente, en situaciones de injusticia contra otros humanos y animales.

La corrección política como reconstrucción de una neorrealidad antropocéntrica

Hoy, parece normal encontrarnos una serie o película supuestamente basada en la Antigüedad, en la Edad Media, en el Renacimiento o en la Revolución Industrial —en localizaciones y épocas históricas— en donde aparece gente negra y mujeres en puestos y funciones sociales que tenían claramente vetados en sus respectivos momentos y lugares.

Hubo mujeres guerreras, sacerdotisas, profetas, monarcas y mucho más, claro. También hubo pequeñas poblaciones de gente negra en Europa, generalmente traídos como esclavos, desde la Edad Media hasta bien entrados en la Revolución Industrial. A título personal, he estudiado cómo fue la esclavitud de negros, canarios e indios en las Américas y en la Península Ibérica en el siglo XVI a manos de los españoles, que no se diga.

Sin embargo, la existencia de un entorno real y de gente reales no conducen a relaciones sociales reales. Con esto me vengo a referir que, ante nuestro grave desacuerdo con las acciones del pasado, nuestra sociedad del siglo XXI, obsesionada con la corrección política, busca reconstruir la historia y plasmar cómo le gustaría que hubiera sido en lugar de cómo fue realmente.

¿Cuáles son esos motivos?: ¿Para honrar a las víctimas? ¿Para no hacernos sentir tan mal al saber que toda nuestras civilizaciones, presentes y pasadas, han existido y evolucionado a costa de aprovecharse y de esclavizar a los débiles? Somos una especie ancestralmente esclavista que encontró en la esclavitud su vía para prosperar.

¡Derechos Animales ya! - Explotación de burros por gente negraUn colectivo oprimido, marginado, discriminado y esclavizado puede ser también opresor, marginador, discriminar y esclavizador de otros sujetos. A menudo se vierte una visión romántica de la esclavitud animal ejercida por colectivos oprimidos. Ni la gente negra existe para servir a la gente blanca ni los animales para servir a los seres humanos.

Humanos empoderados y animales esclavizados

Cada día podemos ver noticias, películas, series, novelas y un largo etcétera de obras artísticas que, mientras cuidan su lenguaje y descripción de los hechos para promover valores de igualdad, justicia y no ofender a nadie, estos mismos contenidos dan por sentado, válido y adecuado la transmisión de ideas, juicios y valores en donde el ser humano afirma y reafirma su superioridad frente a los animales, los cosifica, los explota y los asesina sin pudor, mérito ni necesidad.

A diario, nos encontramos con películas, series y libros muy modernos con mujeres negras y valientes que no dudan en montar a caballo, ser ganaderas y cazar animales con sus propias manos; en un intento de reafirmar sus habilidades y su igualdad cometiendo las mismas acciones y crímenes tradicionalmente reservados al varón.

Nunca antes en la historia ha habido tantísimos justicieros e individuos supuestamente defensores de la justicia. Sin embargo, cuando a estas mismas personas se les habla sobre que los animales también merecen respeto, adoptan exactamente la misma actitud, postura y dialéctica de aquéllos a quienes se oponen. ¡Qué irónico!

Y esta dialéctica de la hipocresía no acontece únicamente en el terreno de las artes o de la opinión. Con frecuencia, la corrección política institucional ejerce la más estricta censura cuando el movimiento vegano cuestiona el especismo y señala analogías evidentes con otras formas de esclavitud humana.

Incluso el Tribunal de Estrasburgo, dedicado a la defensa de los Derechos Humanos, censuró una campaña que, según ellos, ofendía al colectivo judío al comparar el holocausto ejercido por los nazis con aquel que ejerce toda la sociedad a diario contra los animales.

Irónicamente, lejos de ser una analogía poco acertada, fueron no pocos autores judíos y supervivientes del holocausto quienes apelaron a ésta para defender los Derechos Animales. Como ejemplo de ello tenemos la obra de Eternal Treblinka, de Charles Patterson.

Nos topamos, pues, con un ejemplo de cinismo colectivo y de silenciamiento de unas víctimas en favor de otras según su especie y de los intereses políticos del momento.

¡Derechos Animales ya! - Figura de egipcios y explotación de un burroA menudo, en documentos y análisis de nuestra historia se tocan ciertos temas humanos con mucho tacto mientras se trata la explotación de los animales como sin ningún tipo de cuestionamiento moral.

La corrección política oculta e invisibiliza la violencia contra los animales y su opresión sufrida

Hoy se oculta y maquilla la violencia contra los animales por el mismo mecanismo de corrección política que se aplica a situaciones humanas. No obstante, si a un humano se lo empodera poniéndolo en una clase social alta, nuestra sociedad actual no empodera a los animales mostrándolos en manadas libres o independientes de los humanos.

Nuestro mundo del presente no considera que los animales necesiten ser libres ni que tengamos la obligación moral de brindarles derechos legales reconocidos como sí se reconocieron a otros esclavos. Nuestra sociedad sólo cuestiona el trato y las condiciones en que viven los animales, no el propio hecho de que sigan siendo nuestros esclavos como las mujeres, negros e indios en épocas pasadas.

En producciones cinematográficas y otras obras artísticas no aparecerá, salvo necesidad de la trama, cómo un personaje golpea a animales o los violenta de múltiples maneras. Esto también es —y era— tan cotidiano como tener a una mujer como esclava sexual o a cuatro negros que llevaran a una condesa en una silla de manos.

No obstante, nuestra sociedad actual no percibe la necesidad de «reformular» la realidad pasada porque coincide con su sentimiento de adecuación moral respecto a la realidad presente.

¡Derechos Animales ya! - Gorila en la jaula de un zoológicoExplotamos a los animales porque podemos. No hay ninguna razón científica que justifique el hecho de criar, encerrar y asesinar animales por gusto y placer.

El empoderamiento humano silencia el empoderamiento animal

No vale con decir, como muchos hacen sin razonar nada, que los esclavos humanos eran humanos y que los esclavos animales son animales. Antaño también se decía que una mujer era una mujer y que un negro era un negro. Este razonamiento circular sólo evidencia desconocimiento y desprecio hacia quienes se considera diferentes.

Con todos los animales compartimos la mayor parte de nuestro ADN. Acciones obvias y actuales, como la experimentación animal, se practican porque nuestros cuerpos y mentes son tan parecidos que lo experimentado o sufrido por ellos muy probablemente nos sirva a nosotros de alguna forma. Nuestra diferencia con otros animales, en todos los casos, está en nuestro grado de semejanza. Algo que señaló el propio Charles Darwin. Y discriminar por grado de semejanza es científicamente arbitrario.

Hoy no cabe negar la sintiencia ni la conciencia de los animales. A los animales no se los explota o esclaviza porque carezcan de inteligencia o sentimientos, sino porque no pueden defenderse de nosotros. Como se ha estudiado en antropología, primero se establece la relación de dominación y luego se busca el argumento para excusar dicha relación. Así ha ocurrido con todas las relaciones esclavistas habidas entre seres humanos y otros sujetos, ya fueren humanos de otra nacionalidad, religión o raza; u otros animales.

Lo mismo ocurrió con negros y mujeres: primero se los redujo a la esclavitud y a la sumisión y luego se buscaron maneras de perpetuar ese statu quo. Esto está estudiado desde el Neolítico. Mucha gente lo entiende cuando lo sufre en sus carnes, pero parece olvidarlo cuando son otros las víctimas de sus acciones.

Así ocurre porque el grueso de quienes se autollaman «defensores» de la igualdad y de la justicia son únicamente tribalistas que se aprovechan de una lucha global para obtener un beneficio particular.

Como he señalado en más de una ocasión, ser vegano y promover los Derechos Animales constituye una nueva etapa en el progreso de nuestra sociedad. A pesar de ello, como cualquier avance social, éste no se reconoce hasta siglos posteriores.

¡Derechos Animales ya! - Chica con un teléfono móvil en la manoEn una sociedad enferma e idiotizada es más común encontrarse con gente que se indigna cuando se le dice la verdad que con ánimo de razonar siquiera cuanto tiene ante sus ojos.

La realidad no está reñida con la fantasía

Cabe señalar que una representación utópica o «buenista» de la realidad no está reñida con luchar por las víctimas, siempre que exista un contraste claro entre nuestra idea concebida y la realidad que padecen los animales.

No critico a las series actuales por tratar de empoderar a quienes fueron víctimas; sino por no cuestionar que siquiera lo fueron y por contribuir a la perpetuación de la injusticia hacia los animales implicados.

A menudo, estas producciones reciben buenas críticas por el afán de ensalzar temas candentes como el feminismo o la diversidad racial. Al mismo tiempo, con un cinismo estratosférico, se vierten centenares de malas críticas —o simples comentarios estúpidos— hacia aquellos documentales que plasman o versan la realidad de los animales esclavizados en granjas y en otras situaciones.

Lo que en el caso de los humanos se convierte en un «testimonio esperanzador de una época de opresión» pasa a convertirse en «un intento vegano por adoctrinar al espectador al humanizar a los animales». Se respira una hipocresía de tomo al lomo cuando el crítico se da cuenta de que él o ella es quien oprime a la víctima.

Entre otros ejemplos, hay noticias en donde se aclama a perros policía o a otros animales que rescatan de humanos sin cuestionar que tales animales han sido obligados a ello. Y nos topamos con reportajes sobre los beneficios de las terapias con animales sin que nadie se cuestione —ni les importa demasiado— los perjuicios que conlleva para tales animales. En resumen, vemos que se aclama, proclama, excusa y justifica por doquier incluso las formas de explotación animal más crueles y triviales.

¡Derechos Animales ya! - Corrección políticaLa corrección política es el resultado de la hipocresía humana y de la incapacidad de tocar asuntos esenciales con rigor.

Conclusión

La corrección política genera una paradoja y una hipocresía. La paradoja está en que maquillar y alterar el pasado no nos enseña historia ni nos educa para impedir que crímenes como aquéllos vuelvan a ocurrir.

Y la hipocresía está en que, en estas mismas obras donde aparecen mujeres empoderadas y negros nobles en la Edad Media europea, o durante la Revolución Industrial, no existe reparo alguno para mostrar y tratar a los animales exactamente como hoy se los percibe: como esclavos y objetos que existen para servirnos.

La sociedad todavía adopta una postura hostil ante los argumentos de la empoderación animal porque, más allá de sus prejuicios dependientes de la inercia social imperante, implica un cambio radical en nuestro modelo económico. Un modelo que, como debemos recordar, se basa hoy en la esclavitud animal más incluso que durante el Neolítico.

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¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor Sanz

¿Qué es el veganismo? Explicado en 5 minutos

¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor SanzLa definición de veganismo es sencilla: rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento del valor inherente de los animales. La sociedad general no conoce todavía el verdadero significado del veganismo. Muchos veganos, por desgracia, tampoco tienen muy claro este concepto, su origen ni sus límites.

¿Qué es el veganismo?

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal en reconocimiento de que los animales, como nosotros, valoran su vida, libertad e integridad.

El concepto de veganismo apareció por primera vez en 1944 cuando Donald Watson explicó que algunos miembros estaban escindiéndose de la Organización Vegetariana Internacional debido a que ya no se consideraban representados por el término «vegetariano» y sus habituales razones egocéntricas. Posteriormente, apareció definido por Leslie Cross en el año 1951 dentro del primer boletín de la Vegan Society como «la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales».

De tal forma, el veganismo consiste en la aplicación del principio ético de igualdad hacia todos los demás animales. La razón de este principio y su aplicación para otras especies radica en que los animales contamos con la capacidad de sentir debido a la posesión de células nerviosas, lo cual nos permite desarrollar intereses inalienables.

Llevado a la práctica, el veganismo implica no consumir productos de origen animal, no vestirnos con sus pieles, no encerrarlos en zoológicos, en acuarios, circos o delfinarios, no montarlos, divertirnos a su costa ni usarlos de ninguna manera como si fuesen objetos, recursos o vehículos para fines de terceros. A pesar de su parecido léxico, no debe confundirse con el vegetarianismo.

Posteriormente, filósofos como Tom Regan y Gary Francione matizaron y postularon aquellas razones filosóficas por las cuales los no-humanos merecen el mismo respeto que los seres humanos. Las obras de ambos pensadores han sido diversas. No obstante, las obras de Francione destacan por su análisis profundo y pormenorizado sobre el estatus legal adjudicado a animales no humanos y los distintos enfoques sociales respecto a nuestra relación con ellos.

En un sentido general, el veganismo constituye el principio básico sobre el cual se constituyen los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Todos los animales queremos vivirEl veganismo se fundamenta en la idea básica, sencilla y trivial de que todos los animales merecemos el derecho a la vida, la libertad y a la integridad.

Antecedentes para entender la definición de veganismo y sus bases éticas

La cultura es una parte integral de lo que somos: forja cada elemento que la biología deja a disposición del medio, marca el idioma con que nos comunicamos, cómo nos relacionamos con los demás y nuestra percepción hacia el mundo físico. No nacemos como una tabula rasa; pues ya desde el vientre materno empezamos a asimilar un «yo» que nos acompañará durante buena parte de nuestra vida. El conocimiento, las experiencias y los traumas moldean nuestra predisposición genética y nos forman una personalidad única y diferente.

Al igual que hace siglos había humanos expuestos a crecer en una atmósfera terriblemente racista, y todavía hay quienes se engendran en un ambiente sexista y homófobo, todos nos criamos en una cultura especista. Es decir, nos inculcan desde pequeños una serie de valores o deberes para con otros animales, basados siempre en la utilidad que nos ofrecen (utilitarismo) porque, a pesar de que la mayoría de los animales se desplacen y muchos posean un cerebro y sentidos muy desarrollados, consideramos dogmáticamente que sólo nosotros —los humanos— contamos con individualidad e intereses.

Tomando nuestros propios sentidos como base, la ciencia (aún con dificultad) reconoce que no nos diferenciamos en nada relevante. Si no fuese así, cuanto sabemos de ellos no sería en absoluto aplicable a nuestra especie y, por tanto, no existiría la experimentación animal. La mayor parte del conocimiento científico sobre el Homo sapiens proviene de la observación histórica y, más recientemente, por medio de la instrumentación absoluta de quienes consideramos seres inferiores que existen para servirnos.

La explotación animal es cultural; pues no tenemos ninguna necesidad biológica ni instinto que nos fuerce explotar animales. Todo cuanto les hemos proveído a otros animales a lo largo de la historia ha sido por nuestro provecho y beneficio. La veterinaria, por ejemplo, no existe para salvar la vida de los animales ni tampoco mantenemos una relación mutualista ni son ciertas muchas sandeces pseudocientíficas que todavía se oyen dentro de las facultades de ciencias o se difunden a los cuatro vientos entre asociaciones ecologistas.

El avance científico, en lugar de servir como argumento para la continuación de prácticas antropocéntricas, nos lleva de nuevo a reconocer forzadamente que, si otros animales no son distintos de nosotros, no cabe darles un tratamiento desigual en aquellos parámetros en que coincidamos, ¿verdad? A menudo se señala que si un animal carece de obligaciones no puede tener derechos, lo cual, además de incurrir en una falacia típica en Derecho, resulta sumamente hipócrita: cuando los explotamos les endilgamos una obligación para con nosotros.

Un toro en una plaza, un caballo montado o atalajado, un primate en un zoo, una vaca estabulada, una gallina enjaulada, cerdos, sardinas, palomas, abejas, etc., tales animales están obligados a hacer o permanecer de cierta forma porque los humanos lo hemos decidido. Entonces, ¿dónde quedan sus derechos?

También hay quienes caen en el relativismo moral de afirmar que todas las acciones son relativas y que los derechos son «invenciones» o «constructos sociales» del ser humano. Si así fuera, ¿alguno de nuestros oyentes o lectores dejaría que otro lo asesinase apelando a que la ética fuese subjetiva? Me temo que no hay nada relativo en que poseamos unos intereses propios, así como tampoco hay nada de relativo en la existencia de la gravedad y de otros fenómenos físicos; aunque su estudio sí pueda considerarse un acercamiento relativo a la cuestión.

Un derecho es la defensa de un hecho: la defensa de dicho interés. Los animales con capacidad de sentir merecen derechos apelando a los mismos criterios que se establecieron en los Derechos Humanos. No hay nada relativo ni cuestionable en la proposición lógica de que un mismo criterio no admite una discriminación basada en la especie del sujeto, como tampoco en el sexo o en la raza.

¡Derechos Animales ya! - Partes de una oveja - El especismo cosifica a los animales como si fuesen trozos o mercancíasEl veganismo lleva, entre otros, a descosificar a los animales domesticados, empezar a verlos como personas y oponernos al propio hecho de que sean esclavizados y coaccionados.

Las razones del veganismo

El veganismo trata de justicia fundamental, ni más ni menos. Y la justicia se consigue cuando los agentes morales —aquellos sujetos con plena conciencia de sus acciones— dejan de cometer barbaries y aberraciones. No basta con pedir que a los animales se los trate mejor ni con que los hagan sufrir menos mientras nos aprovechamos de ellos.

Del mismo modo en que antes del cese de la esclavitud humana se postularon medidas y propuestas con un fin «amortiguador» entre los conflictos de intereses existentes, desde hace décadas existe una respuesta «apagaconciencias»: el bienestarismo. Esta ideología toma la filosofía del utilitarismo moral y la aplica a la explotación animal.

La analogía con la esclavitud humana no cobraría sentido si los demás animales fuesen piedras o seres inertes, pero no lo son. No habría ningún debate académico si nuestra observación no indicase la existencia de una discordancia entre lo que perciben nuestros sentidos y lo que asimilamos por interés endogrupal.

El veganismo, de igual modo al principio abolicionista de la esclavitud negra, argumenta que los animales merecen un reconocimiento moral y legal a tenor de las mismas razones que se emplearon para constituir los Derechos Humanos: la posesión de intereses inalienables (necesidades conscientes) tales como la libertad, integridad y vida; las cuales se derivan de la capacidad de sentir (sintiencia).

Si estimamos que dichos intereses son valiosos en sí mismos en nosotros, ¿por qué acaso no van a serlo en tales sujetos? Hasta la más diminuta hormiga pelea por sobrevivir y estima su vida aunque nadie más lo haga. Reducir las acciones no-humanas al instinto, como a menudo se esgrime, es un reduccionismo para obviar el sesgo de que nos cuesta asumir las semejanzas. Pues, si los humanos al final no resultamos ser tan exclusivos ni el sol gira a nuestro alrededor, ¿en qué podemos agarrarnos para darles un sentido a nuestra existencia?

Si hace dos siglos nos encontrábamos con organizaciones que pedían un descanso para los negros el domingo porque era el día del Señor, menos latigazos, la utilización rápida de la carimba, o la compra conjunta de madres e hijos para evitar la separación filial; en el caso que nos atañe nos topamos con grandes instituciones que exigen mataderos de muerte rápida, huevos de corral (olvidándose de los pollitos triturados) y jaulas algo más grandes para estos esclavos. El fin es el mismo: perpetuar el uso como recurso porque nos beneficia al mismo tiempo que se logra mantener la conciencia tranquila.

Los medios y fines se diluyen ante las apetencias puntuales o permanentes de sus explotadores. A las organizaciones animalistas y a sus empresas asociadas cualquier cosa les vale por tal de vivir gracias a la compasión de sus socios y donantes. Cada explotador, ya hablemos de particulares o la industria, maneja sus «objetos» como desee. El bienestarismo refuerza la idea de que todo ello sería una «elección personal» mientras a los animales no se los hiciere sufrir en exceso para la finalidad que se ha dispuesto para ellos.

Por otro lado, están otro tipo de colectivos y organizaciones animalistas que sólo piden respeto para determinados grupos animales (primates o cetáceos, generalmente) o que promueven algunas formas de explotación animal «compasivas» (que no conducen directamente a la muerte o que se producen por un «bien mayor»), como el caso de la «doma natural» o de una tauromaquia sin estocadas. Por si los hechos no hablasen por sí solos, siempre hay gente valiente que, aun proviniendo de este mundillo, reconoce sus crueles prácticas y da el paso hacia el veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Litografía de la Edad MediaTodos los periodos de la historia de la humanidad se han caracterizado por las guerras y la subyugación de unos grupos, tribus o civilizaciones contra otras. La cosificación de otros humanos como seres inferiores provino de la previa cosificación de los animales como seres que existen para servirnos.

¿Por qué debemos dejar de participar en la explotación animal?

Cada uno es libre de creer en cuanto desee; pero no de obrar según sus gustos, intereses o apetitos. Si los demás animales valoran sus propios intereses, ningunearlos sería una contradicción respecto al deseo propio de que otros respetasen los nuestros. Por esta inferencia lógica nació históricamente el veganismo: el movimiento social por la abolición de la explotación animal, el cual, como se ha señalado, se confunde constantemente y con dudosa intencionalidad con el vegetarianismo.

Una vez tomamos conciencia de una realidad científica (ellos también sienten y padecen) y antropológica (cultural), nos lanzamos a tratar de explicar cómo hemos llegado a esta situación en que millones de animales pertenecientes a otras especies pierden la vida en nuestras manos por razones inverosímiles y el más nimio de los placeres atávicos.

Así, retornamos al punto inicial, nacemos en una cultura que nos inculca nociones incorrectas y sesgadas sobre la naturaleza. Estas fallas, en consonancia con propósitos individuales o colectivos, nos llevó al origen del especismo: la discriminación moral según la especie.

Éste se resume en la creencia de que una diferencia de especie marca la diferencia entre quiénes merecen respeto y quiénes la muerte del mismo modo en que desde los albores de la civilización hemos esclavizado vilmente a otros humanos. Por tanto, nuestro deber es dejar de participar en la explotación animal (uso como recurso) de todos los demás animales de la misma manera en que abogamos por la justicia hacia otros seres humanos.

Por desgracia, el sencillo planteamiento del veganismo se ve expuesto y vapuleado frente al egocentrismo y conveniencias de quienes viven y disfrutan gracias al trabajo de terceros. La creciente preocupación social por el «bienestar animal» ha convertido lo que debiera ser una evolución o progreso humano en un negocio redondo (con audiencia televisiva incluida), en el lucro mediante victorias pregonadas sobre la desgracia ajena y el autoconsuelo de quienes prefieren ceder su arbitrio y agencia moral en aquéllos que, con bellas y rimbombantes palabras, les alivia el sufrimiento de saber que causan un mal evitable (por ejemplo, comer carne) por el hecho de donar para que, milagrosamente, ciertas víctimas sufran una miseria algo menor antes de terminar en sus platos.

Gran parte de estas campañas y de las tergiversaciones existentes están orquestadas adrede desde los puestos de poder con la finalidad de evitar el avance del movimiento vegano. Hace no mucho leí en redes sociales el comentario de un ganadero que revelaba, en muy pocas palabras, cómo perciben el veganismo aquéllos que se ganan el sueldo como esclavistas de animales:

El problema de los veganos no está en que no coman carne; sino en por qué no comen carne.

Es decir, este ganadero estaba reconocimiento que la «gravedad» del veganismo para sus intereses explotadores no radicaba en su práctica (similar al vegetarianismo en este sentido) sino al trasfondo o motivo fundamental que lleva a alguien a adoptar el veganismo.

Los ganaderos saben perfectamente que otros movimientos sociales, como el animalista o el ecologista, son compatibles con su negocio. Sin embargo, el veganismo es incompatible con la esclavitud animal por mucho que intenten endulzar su imagen. Por ello, harán todo cuanto quede en sus manos para manipular, calumniar y pervertir el movimiento vegano.

¡Derechos Animales ya! - Lo relevante no son las diferencias con otros animales sino lo que tenemos en común - La explotación animal es injustaEl veganismo se basa en la sintiencia para reconocer el respeto que merecen los demás animales.

Tergiversaciones hacia el significado del veganismo

En 1951, Leslie Cross escribía:

El sentido de esta iniciativa es hacer del veganismo algo único entre los movimientos relacionados con el bienestar animal. Por ese motivo se ha materializado en una totalidad y no, como los otros movimientos, en una abstracción. Cuando los otros movimientos se ocupan de sectores determinados —y por tanto van directamente a las prácticas más que a los principios— el veganismo es en sí mismo un principio, del cual se derivan de manera lógica ciertas prácticas.

Tomando como base la argumentación de Donald Watson y Leslie Cross, podemos diferenciar claramente cuáles acciones o posturas son compatibles, o no, con el veganismo. En la actualidad existe una infinidad de tergiversaciones comunes del veganismo. A continuación aparecen las más frecuentes.

¡Derechos Animales ya! - Osos polares acurrucadosQue tengamos sentimientos hacia los animales no nos convierte en veganos, sino el hecho de que rechacemos la explotación animal por ellos.

El veganismo no se basa en la empatía o en los sentimientos

El veganismo se basa en la lógica —la ética—; pues ésta nos permite comprender que los animales merecen respeto porque son seres conscientes, con necesidades y deseos.

Hay quienes afirman, equivocados, que el veganismo se basa en la empatía o en «ponernos en la piel de los animales». Los sentimientos no nos dicen ni nos dictan qué está bien o qué está mal. A nosotros puede darnos pena cortar un arbusto y esto no significa que sea una acción injusta o inmoral; pues las plantas no sienten. El veganismo no nace de nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro; sino de comprender que existe un «otro» que debemos respetar.

¡Derechos Animales ya! - Puesta de sol entre campos de cultivo y un parque eólicoEl veganismo tiene efectos sobre el medio ambiente, sobre nuestra salud y sobre nuestra organización social. Ello no significa que el veganismo aborde tales cuestiones.

El veganismo no se refiere al medio ambiente, a nuestra salud ni a asuntos humanos

En redes sociales es muy común encontrar carteles y textos sencillos y esquemáticos en donde se señala que debemos ser veganos por «por el planeta, nuestra salud y los animales» o dicen cosas cosas como «el veganismo es por los animales y las personas».

Este tipo de afirmaciones y eslóganes son falsos y dañinos para la comprensión del veganismo y de los Derechos Animales; pues sólo ofrecen una visión superficial y sesgada del verdadero significado del veganismo. Afirmar que el veganismo es por el planeta equivale a convertirlo en sinónimo de ecologismo, y señalar que es por nuestra salud equivale a convertirlo en un sinónimo de dieta o religión.

Para mas inri, decir que el veganismo va dirigido a «animales y personas» significa promover la creencia antropocéntrica de que los humanos no somos animales o de que existe una diferencia ética entre «humanos» y «animales». Además, la base fundamental de los Derechos Animales reside en la consideración ética y legal de que ellos son y deberían ser reconocidos como personas —sujetos de derecho— ante la ley. Por tanto, afirmaciones como la presente incurren en un doble error de conceptos básicos.

Este tipo de campañas animalistas proceden, generalmente, de organizaciones y colectivos animalistasbienestaristas— que se lucran a través de la compasión y buscan llamar la atención y captar socios y donantes mediante mensajes simplistas que cualquiera puede entender sin esfuerzo.

Por otra parte, el veganismo no es interseccional porque se refiere específicamente a las víctimas no humanas. Hay mucha gente que usa el veganismo como parapeto de otros ideales sociales o políticos. Tales ideologías incurren en antropocentrismo cuando justifican la explotación animal apelando a colectivos humanos oprimidos.

¡Derechos Animales ya! - Perro encerrado en una perreraEl veganismo no pide jaulas más grandes; sino que los animales dejen en jaulas ni privados de libertad alguna por el ser humano. Pedir jaulas más grandes no es compatible con el veganismo. La industria siempre establecerá las condiciones más rentables para su explotación.

El veganismo no se basa en el bienestar animal ni se refiere a reducir el sufrimiento de los animales

El veganismo parte desde la idea fundamental de que los animales merecen derechos legales reconocidos y un trato justo. El trato hacia los animales siempre debe estar basado en la consideración de que son seres conscientes y con voluntad propia. En consecuencia, el veganismo se opone a que los animales puedan ser criados, encerrados, manipulados o asesinados por el ser humano.

El veganismo no se conforma con que los animales sean mejor tratados; sino en liberarlos de toda opresión humana. Centrarse en el sufrimiento animal es un error porque ello pone el foco en las condiciones en que se produce la explotación animal y transmite la falsa creencia de un buen trato sea compatible con la explotación de los animales.

Mucha gente —incluso autodenominada «vegana»— promueve o sostiene la idea de que el veganismo busca reducir el sufrimiento de los animales o de que debamos ejercer campañas que mejoren el bienestar de los animales. De esta guisa, apelan erróneamente a que debemos buscar pequeñas «victorias» o que reducir el consumo de productos de origen animal es un camino hacia el veganismo.

El veganismo es abolicionista por definición. El abolicionismo se opone a aquellas acciones que participan o promueven el uso de animales, al igual que el abolicionismo de la esclavitud negra se oponía a aquellas acciones que participaban o promovían la esclavitud humana.

Las campañas abolicionistas son, por definición, las únicas que defienden los Derechos Animales; pues condenan el propio hecho de que los animales sean nuestros esclavos independientemente del trato que se les dé.

Cualquier campaña animalista referida al trato que se les da a los animales (bienestarismo) no puede conseguir derechos para los animales; pues las campañas bienestaristas no reivindican que los animales deban ser reconocidos como sujetos de derecho. Ser objetos mejor tratados no es una victoria, ni grande ni pequeña, en el marco legal.

¡Derechos Animales ya! - Desayuno con frutas y muesli - El veganismo no es una dieta o modaLos veganos tenemos una dieta 100% vegetal para respetar a todos los animales. La dieta es el medio; no el fin.

El veganismo no es una dieta o moda

Otra de las tergiversaciones comunes respecto al significado del veganismo radica en afirmar que es una dieta o presentarlo como moda que alguien realiza por cualquier razón.

El veganismo es un principio ético, por tanto, uno se convierte en vegano cuando tiene una dieta 100% vegetal para no participar en la explotación animal. Alguien puede tener una dieta 100% vegetal por cualquier razón, pero ello no convierte a dicha persona en vegana.

Mucha gente siente una verdadera molestia o resquemor al percibir el veganismo como un principio ético porque se percatan de que ellos causan daño a los animales sin necesidad y se perciben a sí mismos como «menos buenos». Muchos animalistas rescatan animales o aman con pasión a sus perros o gatos mientras financia a diario la crianza y asesinato de otros miles de animales.

La coherencia se convierte en un defecto en un mundo donde impera la hipocresía. Esta realidad origina que, ante la incapacidad de hacer autocrítica, muchos miembros de nuestra sociedad se victimicen o ataquen a los veganos por el simple hecho de seamos y obremos con coherencia ante un principio ético fundamental.

¡Derechos Animales ya! - Parroquia cristiana - El veganismo no es una religiónEl veganismo no se basa en creencias indemostradas, sobrenaturales o divinas. La ciencia avala tanto la capacidad de sentir de los animales como la viabilidad de una dieta 100% vegetal.

El veganismo no es una religión

Otra de las tergiversaciones comunes del veganismo estriba en tacharla de ser una religión. La sociedad percibe que las razones del veganismo son demasiados racionales como para poder ser refutadas. En consecuencia, una manera de trivializar o de rechazar la universalidad o lógica inherente del veganismo reside en apelar que se trata de una religión o creencias religiosas en el seno de una sociedad diversa en que cada quien, al parecer, tiene derecho a obrar como desee según sus creencias.

En nuestros días acontece una paradoja de la tolerancia social hacia los dogmas religiosos, es decir, la sociedad parte desde la premisa de que cualquier dogma religioso es respetable —incluso cuando su aplicación vulnera intereses inalienables de terceros; p. ej. el velo islámico mientras que no muestra esa misma aceptación o permisividad hacia los principios éticos.

Si un musulmán no come jamón porque lo dice un libro sagrado, para nuestra sociedad se trata de algo respetable; pero si un vegano no come a ningún animal para no causarles daño, entonces se trata de algo excesivo y propio de un demente. Así ocurre porque, nuevamente, cuando el oyente se da cuenta de las razones y del significado del veganismo, pasa a verse a sí mismo como carente de razones o argumentos con que sostener su postura.

Las religiones no suponen una afrenta porque cada quien es libre de creer o no en ellas. De esta manera, tachar el veganismo como si fuera una religión se convierte en un modo sencillo de evitar el debate al partir desde la premisa de que las razones para ser vegano estén a la altura de cualquier dogma religioso.

Si todos nos guiásemos por dogmas, entonces cada miembro de la sociedad quedaría igual ante su religión. En cambio, como el veganismo no es una religión, la mera consideración de una filosofía o ética profunda asusta a quienes acostumbran a repetir consignas o necesitan sentirse guiados por un ente superior que rija sus vidas para darles algún sentido.

¡Derechos Animales ya! - Caballo se defiende y tira a su jineteEn esta fotografía, un caballo se defiende de su jinete porque no quiere ser dominado ni coaccionado por nadie. El veganismo se refiere específicamente a la esclavitud y explotación animal de la misma manera en que el feminismo se refiere concretamente a la esclavitud y explotación de las mujeres. El veganismo persigue el cese de la cosificación animal y de su estatus como propiedades y bienes del ser humano. Los animales merecen respeto por sí mismos con independencia de los intereses humanos. Las condiciones de la esclavitud —maltrato animal y sufrimiento animal—, así como las consecuencias de cambiar de dieta no son razones ni objetivos del veganismo.

Un resumen sobre el verdadero significado del veganismo

La realidad está en que mucho se habla sobre veganismo y pocos saben definirlo. Una de las dedicaciones permanentes de los activistas veganos es la de asentar el significado original del veganismo y combatir la tergiversación sistemática que se ejerce desde particulares hasta medios de comunicación.

Para resumir lo ya expuesto sobre el veganismo, citaré las palabras de Igor Sanz, un activista incansable:

Para entender el veganismo quizá sea conveniente empezar por un análisis de nuestra sociedad. Se trata, por encima de todo, de una sociedad caracterizada por la cosificación institucionalizada del resto de animales. Para los humanos, el resto de animales son meros objetos. Herramientas y recursos de los que poder echar mano sin contemplaciones.

[…]

Pero este tipo de situaciones no han sido exclusivas de los nohumanos. La historia de la humanidad es una historia de sometidos y sometidores. La esclavitud humana puede parecer ahora una simple mancha negra en nuestro historial, pero lo cierto es que su práctica ha sido la tónica dominante durante la mayor parte de los siglos precedentes.

Desde la antigua civilización egipcia hasta la guerra civil Norteamérica, la esclavitud de seres humanos ha sido un hecho de extendida práctica y aceptación, ya fuera por motivos de raza, etnia o cualesquiera otros aspectos superficiales y arbitrarios.

Y lo mismo ocurre con el pasado de las mujeres, sometidas a una perpetua dominación por parte de los hombres, si no tanto a nivel legal, sí al menos a nivel social.

El veganismo no es, por tanto, ni una dieta ni un estilo de vida. El veganismo es un principio moral que nos dicta que el resto de los animales no son nuestros medios, sino fines en sí mismos, dignos en todo momento de ser tratados como tales, sin vulnerar sus derechos básicos y sin explotarlos de manera alguna.

Como puntualización a las palabras de Igor Sanz, cabe señalar que el veganismo se refiere específicamente a la explotación animal y al estatus de propiedad al que están sometidos todos los animales. El verdadero significado del veganismo no abarca todas las posibles relaciones humanas con los animales ni aquellos daños no derivados de su cosificación. Asuntos como el cuidado del medio ambiente o la gestión agrícola corresponden a los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - El aumento exponencial de veganosEl veganismo está expandiéndose más rápido que nunca gracias a los avances en informática.

Algunas consideraciones sobre el veganismo llevado a la práctica

El cambio comienza en nosotros mismos; no cabe esperar un mundo más justo mientras seamos parte de la injusticia y del bando opresor. En un principio, solemos sentirnos asaltados por racionalizaciones peregrinas para no aceptar la realidad (justificación en la tradición, en el supuesto beneficio, etc.). Nadie piensa nunca que está equivocado.

Asumir que nuestra cultura causa un holocausto contra otros animales sin ninguna necesidad real nos genera de antemano un fuerte rechazo que motiva el incurrimiento en falacias dialécticas. Una vez abandonamos la visión tan «idílica» (manipulada) de la explotación animal, introducida desde nuestra infancia, entendemos nuestro deber de actuar.

Cambios hacia el interior

El veganismo, llevado a la práctica, implica romper y promover un cambio radical en la forma en que percibimos y tratamos a los animales como consecuencia de nuestra cultura. Parte desde el hecho evidente y argumentado de que todas las culturas humanas participan en explotación animal debido a un fenómeno de cosificación derivado de una discriminación moral (especismo).

Hacerse vegano no tiene ningún misterio. Basta con informarse sobre llevar una dieta variada y evitar cualquier producto o acción que conlleve el uso de animales como recurso. Sin embargo, sí resulta más complicado tener las ideas claras y formarse como activista para promover el respeto que merecen las víctimas no-humanas. A menudo, entre los grupos veganos existen acalorados debates en torno a la acción directa. Salvar víctimas mediante acción directa puede ser una virtud; pero, por desgracia, entrar en una granja, boicotear una corrida de toros o gritarle a la gente no sirve para cambiar la mentalidad colectiva.

Dado que todas nuestras acciones derivan de la cultura, si no nos esforzamos por transformar el acervo cultural en donde nos hemos criado, ¿cómo evitaremos el statu quo? Es literalmente imposible, por ejemplo, que un cazador deje de cazar o que un pescador deje de ver con buenos ojos el acto de pescar porque exista gente que rescate peces y vuelva a echarlos al agua. Aparte de una sonrisilla entre dientes, no lograremos un cambio en dicha persona. En consecuencia, si el problema es cultural; la solución deberá producirse mediante activismo educativo.

Freedom for animalsEl veganismo propone la emancipación de todos los animales frente al dominio humano.

Cambios hacia el exterior

Dado que somos seres emocionales, el activismo vegano causa estrés y frustración, tanto por su ejercicio como por nuestra experiencia acerca de los horrores de la explotación animal. Este desasosiego propicia oscilaciones comportamentales que pueden conducirnos hacia la pérdida de nuestros valores tan apreciados.

Las prisas por reconvertir la sociedad y las esperanzas vacuas provocan que muchos activistas vuelvan a convertirse en parte del problema al apoyar las medidas que permiten y fomentan la continuidad de la percepción moral causante de todo mal.

Defender medidas y propuestas como el «Lunes sin carne» equivale a reivindicar un «Lunes sin violaciones», implica afirmar que reducir el consumo o las violaciones sea un paso en sí mismo en vez de un deber mientras fomenta otras formas de explotación como los lácteos o los huevos. En el mismo saco se hallan las campañas monotemáticas, propuestas bienestaristas como la carne de laboratorio y el enfoque errado en el «maltrato animal».

Las presiones por parte de instituciones animalistas (empresas de facto que manipulan las bases del veganismo y traicionan a los animales) y los visos todavía presentes del especismo de nuestro anterior «yo», llevan al autoengaño, el «elitismo altruista» (sentido de superioridad a causa de que se hace el bien en un océano de malas conductas), el «elitismo moral» (pensamiento consistente en que los demás no están preparados para cambiar) y la sobrevaloración (especismo de preferencias) de aquellos animales más cercanos (perros, gatos, etc.). Así como la promoción de prácticas que, a pesar de su avala social, son contrarias a los Derechos Animales; tales como la castración sistemática o la eutanasia de animales sanos.

Otros, además, son hedonistas extremos, están profundamente influenciados por sus sentimientos y perciben a los demás animales como un alter ego sobre el cual intervenir sin ninguna clase de coherencia ética. Proponen desde la extinción de especies carnívoras y practicar la zoofilia hasta la manipulación genética de animales para «despojarlos del defecto de sufrir».

El veganismo se opone, por definición, a la crianza en cautividad y a cualquier condicionamiento de la vida de los animales contrario a sus intereses inalienables. Quienes promulgan y practican estas barbaridades, como el autor de una página web llamada «Respuestas veganas» (el nombre es ya de por sí una auténtica propiación), no son veganos y únicamente empañan nuestra labor y argumentos para satisfacer traumas y obsesiones personales.

¡Derechos Animales ya! - Definición de veganismoEs nuestro deber moral dar el paso hacia el veganismo.

Conclusiones

El veganismo, como principio basado en los Derechos Animales, rechaza la actual consideración legal de todos los animales no humanos del planeta. Todos ellos están catalogados como «bienes muebles semovientes». A raíz de que tal denominación responde a una previa consideración moral —el especismo heredado de generación en generación—, de nada sirve luchar contra los términos aplicados (por ejemplo, a través de peticiones por internet).

La transformación social requiere la derogación o abolición de su estatus de propiedad como respuesta intrínseca a una asunción moral en la igualdad. Esto se sintetiza en los seis apartados del principio abolicionista. Sin activismo, no hay avance posible porque nuestros actos proceden de una enseñanza anterior.

Si, finalmente, comprendemos el origen de nuestra mentalidad, por qué debemos cambiar y cómo hemos de aplicarnos hacia otros humanos, debemos hacernos veganos para marcar la verdadera diferencia que necesita este mundo; no por nosotros, sino por ellos.

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