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¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor Sanz

¿Qué es el veganismo? Explicado en 5 minutos

¡Derechos Animales ya! - El verdadero significado del veganismo - Igor SanzLa definición de veganismo es sencilla: rechazar toda forma de explotación animal en reconocimiento del valor inherente de los animales. La sociedad general no conoce todavía el verdadero significado del veganismo. Muchos veganos, por desgracia, tampoco tienen muy claro este concepto, su origen ni sus límites.

¿Qué es el veganismo?

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal en reconocimiento de quelos animales, como nosotros, valoran su vida, libertad e integridad.

El concepto de veganismo apareció por primera vez en 1944 cuando Donald Watson explicó que algunos miembros estaban escindiéndose de la Organización Vegetariana Internacional debido a que ya no se consideraban representados por el término «vegetariano» y sus habituales razones egocéntricas. Posteriormente, apareció definido por Leslie Cross en el año 1951 dentro del primer boletín de la Vegan Society como «la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales».

De tal forma, el veganismo consiste en la aplicación del principio ético de igualdad hacia todos los demás animales. La razón de este principio y su aplicación para otras especies radica en que los animales contamos con la capacidad de sentir debido a la posesión de células nerviosas, lo cual nos permite desarrollar intereses inalienables.

Llevado a la práctica, el veganismo implica no consumir productos de origen animal, no vestirnos con sus pieles, no encerrarlos en zoológicos, en acuarios, circos o delfinarios, no montarlos, divertirnos a su costa ni usarlos de ninguna manera como si fuesen objetos, recursos o vehículos para fines de terceros. A pesar de su parecido léxico, no debe confundirse con el vegetarianismo.

Posteriormente, filósofos como Tom Regan y Gary Francione matizaron y postularon aquellas razones filosóficas por las cuales los no-humanos merecen el mismo respeto que los seres humanos. Las obras de ambos pensadores han sido diversas. No obstante, las obras de Francione destacan por su análisis profundo y pormenorizado sobre el estatus legal adjudicado a animales no humanos y los distintos enfoques sociales respecto a nuestra relación con ellos.

En un sentido general, el veganismo constituye el principio básico sobre el cual se constituyen los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Todos los animales queremos vivirEl veganismo se fundamenta en la idea básica, sencilla y trivial de que todos los animales merecemos el derecho a la vida, la libertad y a la integridad.

Antecedentes para entender la definición de veganismo y sus bases éticas

La cultura es una parte integral de lo que somos: forja cada elemento que la biología deja a disposición del medio, marca el idioma con que nos comunicamos, cómo nos relacionamos con los demás y nuestra percepción hacia el mundo físico. No nacemos como una tabula rasa; pues ya desde el vientre materno empezamos a asimilar un «yo» que nos acompañará durante buena parte de nuestra vida. El conocimiento, las experiencias y los traumas moldean nuestra predisposición genética y nos forman una personalidad única y diferente.

Al igual que hace siglos había humanos expuestos a crecer en una atmósfera terriblemente racista, y todavía hay quienes se engendran en un ambiente sexista y homófobo, todos nos criamos en una cultura especista. Es decir, nos inculcan desde pequeños una serie de valores o deberes para con otros animales, basados siempre en la utilidad que nos ofrecen (utilitarismo) porque, a pesar de que la mayoría de los animales se desplacen y muchos posean un cerebro y sentidos muy desarrollados, consideramos dogmáticamente que sólo nosotros —los humanos— contamos con individualidad e intereses.

Tomando nuestros propios sentidos como base, la ciencia (aún con dificultad) reconoce que no nos diferenciamos en nada relevante. Si no fuese así, cuanto sabemos de ellos no sería en absoluto aplicable a nuestra especie y, por tanto, no existiría la experimentación animal. La mayor parte del conocimiento científico sobre el Homo sapiens proviene de la observación histórica y, más recientemente, por medio de la instrumentación absoluta de quienes consideramos seres inferiores que existen para servirnos.

La explotación animal es cultural; pues no tenemos ninguna necesidad biológica ni instinto que nos fuerce explotar animales. Todo cuanto les hemos proveído a otros animales a lo largo de la historia ha sido por nuestro provecho y beneficio. La veterinaria, por ejemplo, no existe para salvar la vida de los animales ni tampoco mantenemos una relación mutualista ni son ciertas muchas sandeces pseudocientíficas que todavía se oyen dentro de las facultades de ciencias o se difunden a los cuatro vientos entre asociaciones ecologistas.

El avance científico, en lugar de servir como argumento para la continuación de prácticas antropocéntricas, nos lleva de nuevo a reconocer forzadamente que, si otros animales no son distintos de nosotros, no cabe darles un tratamiento desigual en aquellos parámetros en que coincidamos, ¿verdad? A menudo se señala que si un animal carece de obligaciones no puede tener derechos, lo cual, además de incurrir en una falacia típica en Derecho, resulta sumamente hipócrita: cuando los explotamos les endilgamos una obligación para con nosotros.

Un toro en una plaza, un caballo montado o atalajado, un primate en un zoo, una vaca estabulada, una gallina enjaulada, cerdos, sardinas, palomas, abejas, etc., tales animales están obligados a hacer o permanecer de cierta forma porque los humanos lo hemos decidido. Entonces, ¿dónde quedan sus derechos?

También hay quienes caen en el relativismo moral de afirmar que todas las acciones son relativas y que los derechos son «invenciones» o «constructos sociales» del ser humano. Si así fuera, ¿alguno de nuestros oyentes o lectores dejaría que otro lo asesinase apelando a que la ética fuese subjetiva? Me temo que no hay nada relativo en que poseamos unos intereses propios, así como tampoco hay nada de relativo en la existencia de la gravedad y de otros fenómenos físicos; aunque su estudio sí pueda considerarse un acercamiento relativo a la cuestión.

Un derecho es la defensa de un hecho: la defensa de dicho interés. Los animales con capacidad de sentir merecen derechos apelando a los mismos criterios que se establecieron en los Derechos Humanos. No hay nada relativo ni cuestionable en la proposición lógica de que un mismo criterio no admite una discriminación basada en la especie del sujeto, como tampoco en el sexo o en la raza.

¡Derechos Animales ya! - Partes de una oveja - El especismo cosifica a los animales como si fuesen trozos o mercancíasEl veganismo lleva, entre otros, a descosificar a los animales domesticados, empezar a verlos como personas y oponernos al propio hecho de que sean esclavizados y coaccionados.

Las razones del veganismo

El veganismo trata de justicia fundamental, ni más ni menos. Y la justicia se consigue cuando los agentes morales —aquellos sujetos con plena conciencia de sus acciones— dejan de cometer barbaries y aberraciones. No basta con pedir que a los animales se los trate mejor ni con que los hagan sufrir menos mientras nos aprovechamos de ellos.

Del mismo modo en que antes del cese de la esclavitud humana se postularon medidas y propuestas con un fin «amortiguador» entre los conflictos de intereses existentes, desde hace décadas existe una respuesta «apagaconciencias»: el bienestarismo. Esta ideología toma la filosofía del utilitarismo moral y la aplica a la explotación animal.

La analogía con la esclavitud humana no cobraría sentido si los demás animales fuesen piedras o seres inertes, pero no lo son. No habría ningún debate académico si nuestra observación no indicase la existencia de una discordancia entre lo que perciben nuestros sentidos y lo que asimilamos por interés endogrupal.

El veganismo, de igual modo al principio abolicionista de la esclavitud negra, argumenta que los animales merecen un reconocimiento moral y legal a tenor de las mismas razones que se emplearon para constituir los Derechos Humanos: la posesión de intereses inalienables (necesidades conscientes) tales como la libertad, integridad y vida; las cuales se derivan de la capacidad de sentir (sintiencia).

Si estimamos que dichos intereses son valiosos en sí mismos en nosotros, ¿por qué acaso no van a serlo en tales sujetos? Hasta la más diminuta hormiga pelea por sobrevivir y estima su vida aunque nadie más lo haga. Reducir las acciones no-humanas al instinto, como a menudo se esgrime, es un reduccionismo para obviar el sesgo de que nos cuesta asumir las semejanzas. Pues, si los humanos al final no resultamos ser tan exclusivos ni el sol gira a nuestro alrededor, ¿en qué podemos agarrarnos para darles un sentido a nuestra existencia?

Si hace dos siglos nos encontrábamos con organizaciones que pedían un descanso para los negros el domingo porque era el día del Señor, menos latigazos, la utilización rápida de la carimba, o la compra conjunta de madres e hijos para evitar la separación filial; en el caso que nos atañe nos topamos con grandes instituciones que exigen mataderos de muerte rápida, huevos de corral (olvidándose de los pollitos triturados) y jaulas algo más grandes para estos esclavos. El fin es el mismo: perpetuar el uso como recurso porque nos beneficia al mismo tiempo que se logra mantener la conciencia tranquila.

Los medios y fines se diluyen ante las apetencias puntuales o permanentes de sus explotadores. A las organizaciones animalistas y a sus empresas asociadas cualquier cosa les vale por tal de vivir gracias a la compasión de sus socios y donantes. Cada explotador, ya hablemos de particulares o la industria, maneja sus «objetos» como desee. El bienestarismo refuerza la idea de que todo ello sería una «elección personal» mientras a los animales no se los hiciere sufrir en exceso para la finalidad que se ha dispuesto para ellos.

Por otro lado, están otro tipo de colectivos y organizaciones animalistas que sólo piden respeto para determinados grupos animales (primates o cetáceos, generalmente) o que promueven algunas formas de explotación animal «compasivas» (que no conducen directamente a la muerte o que se producen por un «bien mayor»), como el caso de la «doma natural» o de una tauromaquia sin estocadas. Por si los hechos no hablasen por sí solos, siempre hay gente valiente que, aun proviniendo de este mundillo, reconoce sus crueles prácticas y da el paso hacia el veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Litografía de la Edad MediaTodos los periodos de la historia de la humanidad se han caracterizado por las guerras y la subyugación de unos grupos, tribus o civilizaciones contra otras. La cosificación de otros humanos como seres inferiores provino de la previa cosificación de los animales como seres que existen para servirnos.

¿Por qué debemos dejar de participar en la explotación animal?

Cada uno es libre de creer en cuanto desee; pero no de obrar según sus gustos, intereses o apetitos. Si los demás animales valoran sus propios intereses, ningunearlos sería una contradicción respecto al deseo propio de que otros respectasen los nuestros. Por esta inferencia lógica nació históricamente el veganismo: el movimiento social por la abolición de la explotación animal, el cual, como se ha señalado, se confunde constantemente y con dudosa intencionalidad con el vegetarianismo.

Una vez tomamos conciencia de una realidad científica (ellos también sienten y padecen) y antropológica (cultural), nos lanzamos a tratar de explicar cómo hemos llegado a esta situación en que millones de animales pertenecientes a otras especies pierden la vida en nuestras manos por razones inverosímiles y el más nimio de los placeres atávicos.

Así, retornamos al punto inicial, nacemos en una cultura que nos inculca nociones incorrectas y sesgadas sobre la naturaleza. Estas fallas, en consonancia con propósitos individuales o colectivos, nos llevó al origen del especismo: la discriminación moral según la especie.

Éste se resume en la creencia de que una diferencia de especie marca la diferencia entre quiénes merecen respeto y quiénes la muerte del mismo modo en que desde los albores de la civilización hemos esclavizado vilmente a otros humanos. Por tanto, nuestro deber es dejar de participar en la explotación animal (uso como recurso) de todos los demás animales de la misma manera en que abogamos por la justicia hacia otros seres humanos.

Por desgracia, el sencillo planteamiento del veganismo se ve expuesto y vapuleado frente al egocentrismo y conveniencias de quienes viven y disfrutan gracias al trabajo de terceros. La creciente preocupación social por el «bienestar animal» ha convertido lo que debiera ser una evolución o progreso humano en un negocio redondo (con audiencia televisiva incluida), en el lucro mediante victorias pregonadas sobre la desgracia ajena y el autoconsuelo de quienes prefieren ceder su arbitrio y agencia moral en aquéllos que, con bellas y rimbombantes palabras, les alivia el sufrimiento de saber que causan un mal evitable (por ejemplo, comer carne) por el hecho de donar para que, milagrosamente, ciertas víctimas sufran una miseria algo menor antes de terminar en sus platos.

Gran parte de estas campañas y de las tergiversaciones existentes están orquestadas adrede desde los puestos de poder con la finalidad de evitar el avance del movimiento vegano. Hace no mucho leí en redes sociales el comentario de un ganadero que revelaba, en muy pocas palabras, cómo perciben el veganismo aquéllos que se ganan el sueldo como esclavistas de animales:

El problema de los veganos no está en que no coman carne; sino en por qué no comen carne.

Es decir, este ganadero estaba reconocimiento que la «gravedad» del veganismo para sus intereses explotadores no radicaba en su práctica (similar al vegetarianismo en este sentido) sino al trasfondo o motivo fundamental que lleva a alguien a adoptar el veganismo.

Los ganaderos saben perfectamente que otros movimientos sociales, como el animalista o el ecologista, son compatibles con su negocio. Sin embargo, el veganismo es incompatible con la esclavitud animal por mucho que intenten endulzar su imagen. Por ello, harán todo cuanto quede en sus manos para manipular, calumniar y pervertir el movimiento vegano.

¡Derechos Animales ya! - Lo relevante no son las diferencias con otros animales sino lo que tenemos en común - La explotación animal es injustaEl veganismo se basa en la sintiencia para reconocer el respeto que merecen los demás animales.

Tergiversaciones hacia el significado del veganismo

En 1951, Leslie Cross escribía:

El sentido de esta iniciativa es hacer del veganismo algo único entre los movimientos relacionados con el bienestar animal. Por ese motivo se ha materializado en una totalidad y no, como los otros movimientos, en una abstracción. Cuando los otros movimientos se ocupan de sectores determinados —y por tanto van directamente a las prácticas más que a los principios— el veganismo es en sí mismo un principio, del cual se derivan de manera lógica ciertas prácticas.

Tomando como base la argumentación de Donald Watson y Leslie Cross, podemos diferenciar claramente cuáles acciones o posturas son compatibles, o no, con el veganismo. En la actualidad existe una infinidad de tergiversaciones comunes del veganismo. A continuación aparecen las más frecuentes.

¡Derechos Animales ya! - Osos polares acurrucadosQue tengamos sentimientos hacia los animales no nos convierte en veganos, sino el hecho de que rechacemos la explotación animal por ellos.

El veganismo no se basa en la empatía o en los sentimientos

El veganismo se basa en la lógica —la ética—; pues ésta nos permite comprender que los animales merecen respeto porque son seres conscientes, con necesidades y deseos.

Hay quienes afirman, equivocados, que el veganismo se basa en la empatía o en «ponernos en la piel de los animales». Los sentimientos no nos dicen ni nos dictan qué está bien o qué está mal. A nosotros puede darnos pena cortar un arbusto y esto no significa que sea una acción injusta o inmoral; pues las plantas no sienten. El veganismo no nace de nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro; sino de comprender que existe un «otro» que debemos respetar.

¡Derechos Animales ya! - Puesta de sol entre campos de cultivo y un parque eólicoEl veganismo tiene efectos sobre el medio ambiente, sobre nuestra salud y sobre nuestra organización social. Ello no significa que el veganismo aborde tales cuestiones.

El veganismo no se refiere al medio ambiente, a nuestra salud ni a asuntos humanos

En redes sociales es muy común encontrar carteles y textos sencillos y esquemáticos en donde se señala que debemos ser veganos por «por el planeta, nuestra salud y los animales» o dicen cosas cosas como «el veganismo es por los animales y las personas».

Este tipo de afirmaciones y eslóganes son falsos y dañinos para la comprensión del veganismo y de los Derechos Animales; pues sólo ofrecen una visión superficial y sesgada del verdadero significado del veganismo. Afirmar que el veganismo es por el planeta equivale a convertirlo en sinónimo de ecologismo, y señalar que es por nuestra salud equivale a convertirlo en un sinónimo de dieta o religión.

Para mas inri, decir que el veganismo va dirigido a «animales y personas» significa promover la creencia antropocéntrica de que los humanos no somos animales o de que existe una diferencia ética entre «humanos» y «animales». Además, la base fundamental de los Derechos Animales reside en la consideración ética y legal de que ellos son y deberían ser reconocidos como personas —sujetos de derecho— ante la ley. Por tanto, afirmaciones como la presente incurren en un doble error de conceptos básicos.

Este tipo de campañas animalistas proceden, generalmente, de organizaciones y colectivos animalistasbienestaristas— que se lucran a través de la compasión y buscan llamar la atención y captar socios y donantes mediante mensajes simplistas que cualquiera puede entender sin esfuerzo.

Por otra parte, el veganismo no es interseccional porque se refiere específicamente a las víctimas no humanas. Hay mucha gente que usa el veganismo como parapeto de otros ideales sociales o políticos. Tales ideologías incurren en antropocentrismo cuando justifican la explotación animal apelando a colectivos humanos oprimidos.

¡Derechos Animales ya! - Perro encerrado en una perreraEl veganismo no pide jaulas más grandes; sino que los animales dejen en jaulas ni privados de libertad alguna por el ser humano. Pedir jaulas más grandes no es compatible con el veganismo. La industria siempre establecerá las condiciones más rentables para su explotación.

El veganismo no se basa en el bienestar animal ni se refiere a reducir el sufrimiento de los animales

El veganismo parte desde la idea fundamental de que los animales merecen derechos legales reconocidos y un trato justo. El trato hacia los animales siempre debe estar basado en la consideración de que son seres conscientes y con voluntad propia. En consecuencia, el veganismo se opone a que los animales puedan ser criados, encerrados, manipulados o asesinados por el ser humano.

El veganismo no se conforma con que los animales sean mejor tratados; sino en liberarlos de toda opresión humana. Centrarse en el sufrimiento animal es un error porque ello pone el foco en las condiciones en que se produce la explotación animal y transmite la falsa creencia de un buen trato sea compatible con la explotación de los animales.

Mucha gente —incluso autodenominada «vegana»— promueve o sostiene la idea de que el veganismo busca reducir el sufrimiento de los animales o de que debamos ejercer campañas que mejoren el bienestar de los animales. De esta guisa, apelan erróneamente a que debemos buscar pequeñas «victorias» o que reducir el consumo de productos de origen animal es un camino hacia el veganismo.

El veganismo es abolicionista por definición. El abolicionismo se opone a aquellas acciones que participan o promueven el uso de animales, al igual que el abolicionismo de la esclavitud negra se oponía a aquellas acciones que participaban o promovían la esclavitud humana.

Las campañas abolicionistas son, por definición, las únicas que defienden los Derechos Animales; pues condenan el propio hecho de que los animales sean nuestros esclavos independientemente del trato que se les dé.

Cualquier campaña animalista referida al trato que se les da a los animales (bienestarismo) no puede conseguir derechos para los animales; pues las campañas bienestaristas no reivindican que los animales deban ser reconocidos como sujetos de derecho. Ser objetos mejor tratados no es una victoria, ni grande ni pequeña, en el marco legal.

¡Derechos Animales ya! - Desayuno con frutas y muesli - El veganismo no es una dieta o modaLos veganos tenemos una dieta 100% vegetal para respetar a todos los animales. La dieta es el medio; no el fin.

El veganismo no es una dieta o moda

Otra de las tergiversaciones comunes respecto al significado del veganismo radica en afirmar que es una dieta o presentarlo como moda que alguien realiza por cualquier razón.

El veganismo es un principio ético, por tanto, uno se convierte en vegano cuando tiene una dieta 100% vegetal para no participar en la explotación animal. Alguien puede tener una dieta 100% vegetal por cualquier razón, pero ello no convierte a dicha persona en vegana.

Mucha gente siente una verdadera molestia o resquemor al percibir el veganismo como un principio ético porque se percatan de que ellos causan daño a los animales sin necesidad y se perciben a sí mismos como «menos buenos». Muchos animalistas rescatan animales o aman con pasión a sus perros o gatos mientras financia a diario la crianza y asesinato de otros miles de animales.

La coherencia se convierte en un defecto en un mundo donde impera la hipocresía. Esta realidad origina que, ante la incapacidad de hacer autocrítica, muchos miembros de nuestra sociedad se victimicen o ataquen a los veganos por el simple hecho de seamos y obremos con coherencia ante un principio ético fundamental.

¡Derechos Animales ya! - Parroquia cristiana - El veganismo no es una religiónEl veganismo no se basa en creencias indemostradas, sobrenaturales o divinas. La ciencia avala tanto la capacidad de sentir de los animales como la viabilidad de una dieta 100% vegetal.

El veganismo no es una religión

Otra de las tergiversaciones comunes del veganismo estriba en tacharla de ser una religión. La sociedad percibe que las razones del veganismo son demasiados racionales como para poder ser refutadas. En consecuencia, una manera de trivializar o de rechazar la universalidad o lógica inherente del veganismo reside en apelar que se trata de una religión o creencias religiosas en el seno de una sociedad diversa en que cada quien, al parecer, tiene derecho a obrar como desee según sus creencias.

En nuestros días acontece una paradoja de la tolerancia social hacia los dogmas religiosos, es decir, la sociedad parte desde la premisa de que cualquier dogma religioso es respetable —incluso cuando su aplicación vulnera intereses inalienables de terceros; p. ej. el velo islámico mientras que no muestra esa misma aceptación o permisividad hacia los principios éticos.

Si un musulmán no come jamón porque lo dice un libro sagrado, para nuestra sociedad se trata de algo respetable; pero si un vegano no come a ningún animal para no causarles daño, entonces se trata de algo excesivo y propio de un demente. Así ocurre porque, nuevamente, cuando el oyente se da cuenta de las razones y del significado del veganismo, pasa a verse a sí mismo como carente de razones o argumentos con que sostener su postura.

Las religiones no suponen una afrenta porque cada quien es libre de creer o no en ellas. De esta manera, tachar el veganismo como si fuera una religión se convierte en un modo sencillo de evitar el debate al partir desde la premisa de que las razones para ser vegano estén a la altura de cualquier dogma religioso.

Si todos nos guiásemos por dogmas, entonces cada miembro de la sociedad quedaría igual ante su religión. En cambio, como el veganismo no es una religión, la mera consideración de una filosofía o ética profunda asusta a quienes acostumbran a repetir consignas o necesitan sentirse guiados por un ente superior que rija sus vidas para darles algún sentido.

¡Derechos Animales ya! - Caballo se defiende y tira a su jineteEn esta fotografía, un caballo se defiende de su jinete porque no quiere ser dominado ni coaccionado por nadie. El veganismo se refiere específicamente a la esclavitud y explotación animal de la misma manera en que el feminismo se refiere concretamente a la esclavitud y explotación de las mujeres. El veganismo persigue el cese de la cosificación animal y de su estatus como propiedades y bienes del ser humano. Los animales merecen respeto por sí mismos con independencia de los intereses humanos. Las condiciones de la esclavitud —maltrato animal y sufrimiento animal—, así como las consecuencias de cambiar de dieta no son razones ni objetivos del veganismo.

Un resumen sobre el verdadero significado del veganismo

La realidad está en que mucho se habla sobre veganismo y pocos saben definirlo. Una de las dedicaciones permanentes de los activistas veganos es la de asentar el significado original del veganismo y combatir la tergiversación sistemática que se ejerce desde particulares hasta medios de comunicación.

Para resumir lo ya expuesto sobre el veganismo, citaré las palabras de Igor Sanz, un activista incansable:

Para entender el veganismo quizá sea conveniente empezar por un análisis de nuestra sociedad. Se trata, por encima de todo, de una sociedad caracterizada por la cosificación institucionalizada del resto de animales. Para los humanos, el resto de animales son meros objetos. Herramientas y recursos de los que poder echar mano sin contemplaciones.

[…]

Pero este tipo de situaciones no han sido exclusivas de los nohumanos. La historia de la humanidad es una historia de sometidos y sometidores. La esclavitud humana puede parecer ahora una simple mancha negra en nuestro historial, pero lo cierto es que su práctica ha sido la tónica dominante durante la mayor parte de los siglos precedentes.

Desde la antigua civilización egipcia hasta la guerra civil Norteamérica, la esclavitud de seres humanos ha sido un hecho de extendida práctica y aceptación, ya fuera por motivos de raza, etnia o cualesquiera otros aspectos superficiales y arbitrarios.

Y lo mismo ocurre con el pasado de las mujeres, sometidas a una perpetua dominación por parte de los hombres, si no tanto a nivel legal, sí al menos a nivel social.

El veganismo no es, por tanto, ni una dieta ni un estilo de vida. El veganismo es un principio moral que nos dicta que el resto de los animales no son nuestros medios, sino fines en sí mismos, dignos en todo momento de ser tratados como tales, sin vulnerar sus derechos básicos y sin explotarlos de manera alguna.

Como puntualización a las palabras de Igor Sanz, cabe señalar que el veganismo se refiere específicamente a la explotación animal y al estatus de propiedad al que están sometidos todos los animales. El verdadero significado del veganismo no abarca todas las posibles relaciones humanas con los animales ni aquellos daños no derivados de su cosificación. Asuntos como el cuidado del medio ambiente o la gestión agrícola corresponden a los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - El aumento exponencial de veganosEl veganismo está expandiéndose más rápido que nunca gracias a los avances en informática.

Algunas consideraciones sobre el veganismo llevado a la práctica

El cambio comienza en nosotros mismos; no cabe esperar un mundo más justo mientras seamos parte de la injusticia y del bando opresor. En un principio, solemos sentirnos asaltados por racionalizaciones peregrinas para no aceptar la realidad (justificación en la tradición, en el supuesto beneficio, etc.). Nadie piensa nunca que está equivocado.

Asumir que nuestra cultura causa un holocausto contra otros animales sin ninguna necesidad real nos genera de antemano un fuerte rechazo que motiva el incurrimiento en falacias dialécticas. Una vez abandonamos la visión tan «idílica» (manipulada) de la explotación animal, introducida desde nuestra infancia, entendemos nuestro deber de actuar.

Cambios hacia el interior

El veganismo, llevado a la práctica, implica romper y promover un cambio radical en la forma en que percibimos y tratamos a los animales como consecuencia de nuestra cultura. Parte desde el hecho evidente y argumentado de que todas las culturas humanas participan en explotación animal debido a un fenómeno de cosificación derivado de una discriminación moral (especismo).

Hacerse vegano no tiene ningún misterio. Basta con informarse sobre llevar una dieta variada y evitar cualquier producto o acción que conlleve el uso de animales como recurso. Sin embargo, sí resulta más complicado tener las ideas claras y formarse como activista para promover el respeto que merecen las víctimas no-humanas. A menudo, entre los grupos veganos existen acalorados debates en torno a la acción directa. Salvar víctimas mediante acción directa puede ser una virtud; pero, por desgracia, entrar en una granja, boicotear una corrida de toros o gritarle a la gente no sirve para cambiar la mentalidad colectiva.

Dado que todas nuestras acciones derivan de la cultura, si no nos esforzamos por transformar el acervo cultural en donde nos hemos criado, ¿cómo evitaremos el statu quo? Es literalmente imposible, por ejemplo, que un cazador deje de cazar o que un pescador deje de ver con buenos ojos el acto de pescar porque exista gente que rescate peces y vuelva a echarlos al agua. Aparte de una sonrisilla entre dientes, no lograremos un cambio en dicha persona. En consecuencia, si el problema es cultural; la solución deberá producirse mediante activismo educativo.

Freedom for animalsEl veganismo propone la emancipación de todos los animales frente al dominio humano.

Cambios hacia el exterior

Dado que somos seres emocionales, el activismo vegano causa estrés y frustración, tanto por su ejercicio como por nuestra experiencia acerca de los horrores de la explotación animal. Este desasosiego propicia oscilaciones comportamentales que pueden conducirnos hacia la pérdida de nuestros valores tan apreciados.

Las prisas por reconvertir la sociedad y las esperanzas vacuas provocan que muchos activistas vuelvan a convertirse en parte del problema al apoyar las medidas que permiten y fomentan la continuidad de la percepción moral causante de todo mal.

Defender medidas y propuestas como el «Lunes sin carne» equivale a reivindicar un «Lunes sin violaciones», implica afirmar que reducir el consumo o las violaciones sea un paso en sí mismo en vez de un deber mientras fomenta otras formas de explotación como los lácteos o los huevos. En el mismo saco se hallan las campañas monotemáticas, propuestas bienestaristas como la carne de laboratorio y el enfoque errado en el «maltrato animal».

Las presiones por parte de instituciones animalistas (empresas de facto que manipulan las bases del veganismo y traicionan a los animales) y los visos todavía presentes del especismo de nuestro anterior «yo», llevan al autoengaño, el «elitismo altruista» (sentido de superioridad a causa de que se hace el bien en un océano de malas conductas), el «elitismo moral» (pensamiento consistente en que los demás no están preparados para cambiar) y la sobrevaloración (especismo de preferencias) de aquellos animales más cercanos (perros, gatos, etc.). Así como la promoción de prácticas que, a pesar de su avala social, son contrarias a los Derechos Animales; tales como la castración sistemática o la eutanasia de animales sanos.

Otros, además, son hedonistas extremos, están profundamente influenciados por sus sentimientos y perciben a los demás animales como un alter ego sobre el cual intervenir sin ninguna clase de coherencia ética. Proponen desde la extinción de especies carnívoras y practicar la zoofilia hasta la manipulación genética de animales para «despojarlos del defecto de sufrir».

El veganismo se opone, por definición, a la crianza en cautividad y a cualquier condicionamiento de la vida de los animales contrario a sus intereses inalienables. Quienes promulgan y practican estas barbaridades, como el autor de una página web llamada «Respuestas veganas» (el nombre es ya de por sí una auténtica propiación), no son veganos y únicamente empañan nuestra labor y argumentos para satisfacer traumas y obsesiones personales.

¡Derechos Animales ya! - Definición de veganismoEs nuestro deber moral dar el paso hacia el veganismo.

Conclusiones

El veganismo, como principio basado en los Derechos Animales, rechaza la actual consideración legal de todos los animales no humanos del planeta. Todos ellos están catalogados como «bienes muebles semovientes». A raíz de que tal denominación responde a una previa consideración moral —el especismo heredado de generación en generación—, de nada sirve luchar contra los términos aplicados (por ejemplo, a través de peticiones por internet).

La transformación social requiere la derogación o abolición de su estatus de propiedad como respuesta intrínseca a una asunción moral en la igualdad. Esto se sintetiza en los seis apartados del principio abolicionista. Sin activismo, no hay avance posible porque nuestros actos proceden de una enseñanza anterior.

Si, finalmente, comprendemos el origen de nuestra mentalidad, por qué debemos cambiar y cómo hemos de aplicarnos hacia otros humanos, debemos hacernos veganos para marcar la verdadera diferencia que necesita este mundo; no por nosotros, sino por ellos.

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Introducción

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En la actualidad, el término «ganadería» se aplica para mamíferos, aves y reptiles; si bien, es mucho más común para los primeros y no incluye a los peces (p. ej. acuicultura) ni a los insectos (p. ej. apicultura). Las explotaciones ganaderas, en sus distintas modalidades, comprenden la manipulación, coacción y encierro de muy diversas especies animales, entre ellas: vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, visones, avestruces, cocodrilos, etc.

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[Fuente de la fotografía]

Historia de la ganadería

La historia de la ganadería se remonta hasta el Neolítico, la era en que el ser humano empezó a abandonar su vida nómada como cazador y recolector para establecer poblaciones sedentarias. De esta era se han conservado pinturas rupestres, megalitos, dólmenes y otras obras de arte asociadas al modo de vida y creencias religiosas de estas tribus.

La ganadería surgió en un lapso paralelo al de la agricultura. Aunque rudimentarios, los primeros cultivos brindaban un excedente de alimento que atraía a herbívoros salvajes y les permitía a los humanos usar comida para atraer presas de su interés. Para entonces, el ser humano llevaba miles de años explotando animales de diversas formas (comida, vestimenta, etc), pero no condicionaba sus vidas desde el nacimiento hasta la muerte.

Más concretamente, las prácticas ganaderas tuvieron su origen cuando el ser humano capturó y aisló crías de animales salvajes a las que cazaba para alimentarlas en sus poblados [Referencia muy didáctica]. Para evitar que los animales escaparan, los humanos crearon cercales, rediles, corrales e instrumentos de control y sometimiento, tales como cuerdas, cadenas, bozales, etc.

Al mismo tiempo, la mera observación de los caracteres llevó a que el ser humano se interesara por escoger los cruzamientos de estos animales para así favorecer el nacimiento de individuos más dóciles y con las características deseadas según la función endosada a tales víctimas. Este proceso integró, a su vez, el inicio de la domesticación y de la esclavitud animal.

¡Derechos Animales ya! - Zorro en el bosqueLos zorros y otros pequeños predadores vieron reducidas sus poblaciones desde el Neolítico. La caza de determinados animales era sistemática con el objetivo de exterminar las poblaciones de depredadores.

La domesticación de los herbívoros y el exterminio de los carnívoros

El surgimiento de la ganadería supuso un nuevo paso de la humanidad hacia su búsqueda y consolidación de su poder frente a la naturaleza. Cabe recordar que ya existían actividades ritualizadas, como la caza o el sacrificio de animales, asociados al paso hacia la adultez y a la veneración a los dioses.

El ser humano comenzó a domesticar a los animales herbívoros porque éstos no competían por los mismos recursos y brindaban recursos derivados de sus cuerpos. A la par, los humanos del Neolítico empezaron a exterminar sistemáticamente a los animales carnívoros, tanto por autoprotección como para evitar que consumieran sus recursos, es decir, a los animales a quienes cazaban o esclavizaban.

La domesticación del perro fue un caso peculiar; pues el ser humano consiguió convertir a un predador potencial en un fiel aliado. En diversos estudios, incluso académicos, se emplea un lenguaje poco preciso, o directamente falso, cuando se dice que el perro se domesticó por sí mismo o que el perro se adaptó para sobrevivir junto al hombre. En ambos casos, este uso intencionado del lenguaje falsea la situación como si los perros hubieran tomado una parte activa y voluntaria en su esclavitud.

La extinción de especies animales causada por el ser humano no es un fenómeno nuevo; sino una consecuencia antigua y esperable de una mentalidad supremacista que apenas se ha visto modificada desde entonces. La ganadería es sólo una manifestación más de nuestro antropocentrismo.

¡Derechos Animales ya! - Niña frente a un toro nórdicoHasta nuestros días se desarrolla una visión romántica de la esclavitud animal cuando se percibe o manifiesta una idealización de los animales de granja como esclavos felices que nos «dan» sus productos y sus vidas.

La cosificación animal y el romanticismo ganadero

Desde su origen, la ganadería implicó la instrumentalización de diversos animales para un fin establecido por nuestra especie. Dicho uso de los animales como recursos vino pareja a una serie de racionalizaciones con que el ser humano justificaba y establecía un statu quo en que la explotación animal pasaba a convertirse en el eje central del desarrollo de las civilizaciones humanas.

Los animales esclavizados como ganado no sólo proporcionaban alimento, al ser violentados, durante su vida o tras su muerte; sino que también ofrecían, forzadamente, fuerza de trabajo motriz y actuaban incluso como reservorios de nutrientes y de riqueza. Este fenómeno propició el desarrollo de la cosificación animal, es decir, de la visión de los animales como objetos que existen para servirnos. Muchas religiones del mundo han intentado justificar esta creencia de un modo u otro apelando a la creación del mundo o la singularidad humana.

En una época en que el dinero no existía o podía perderse con facilidad, el ganado representaba tanto el poder humano en su extensión como las posesiones de aquellos humanos situados en las partes más altas de la jerarquía social. Esto, a su vez, perseveraba en la visión de la ganadería y de la esclavitud animal como acciones deseables para exhibir poder y ascender dentro de la sociedad.

A raíz de ello, hasta la fecha, existen muchos mitos y una visión romántica sobre el inicio de la ganadería y de la domesticación de los animales. Así ocurre porque el ser humano se vanagloria en su poder y capacidad para dominar a la naturaleza y prefiere autoengañarse pensando que nuestra relación con los animales tiene algo de mutualista o positiva para ellos.

Esta idealización sobre el rol del ser humano en la naturaleza no coincide, en absoluto, con los datos disponibles ni con las inferencias lógicas que podemos extraer de la historia de la humanidad; una historia cargada de crímenes —secuestro de mujeres, sacrificio de menores, decapitación de varones, etc.— y aberraciones sádicas contra otros congéneres por un simple conflicto de recursos y tierras. No creo que se requieran referencias académicas para atestiguarlo.

En el cine, la literatura, los videojuegos y otras obras artísticas, los humanos tratan de crear una narrativa que ampare nuestra percepción del mundo y que nos permita justificar nuestras acciones. Esta razón fue la misma que desembocó en las diversas justificaciones históricas que el ser humano ha dedicado para excusar la esclavitud humana o los genocidios a otros pueblos.

¡Derechos Animales ya! - Vacas estabuladasLos animales esclavizados como ganado son los descendientes de animales que fueron confinados por humanos primitivos. Hoy, la selección artificial mediante la introducción de genes causa que padezca diferentes enfermedades metabólicas.

Las prácticas ganaderas

La ganadería, desde su origen, requiere el aprendizaje y empleo de diversas prácticas ganaderas para lograr el sometimiento de los animales y la optimización de los recursos disponibles. Los intercambios culturales habidos en la historia, y la evolución de la ciencia y de las técnicas, desembocaron en la aparición paulatina de distintas metodologías e instrumentos.

Desde el Neolítico hasta el presente, los únicos cambios relevantes se han observado en cuanto al incremento en la productividad por individuo (biomasa) por mejoras en la alimentación y selección genética, y la capacidad de criar más individuos por unidad de espacio debido a una mayor compartimentalización y reparto eficiente de agua y comida en las granjas y otros centros ganaderos.

Para alcanzar el mayor rendimiento económico, el ser humano contemporáneo emplea un conjunto heterogéneo de prácticas ganaderas que, en la medida de lo posible, se tratan de maquillar y de ocultar a los consumidores y a la opinión pública a tenor de la ideología bienestarista imperante en la actualidad.

En los siguientes apartados describiré brevemente algunas de las prácticas ganaderas más frecuentes. Para obtener referencias y más datos sobre cifras y metodologías recomiendo leer un ensayo de Joanna Lucas titulado «Humane animal farming? Take a closer look», traducido al español por el activista Igor Sanz en su artículo «¿Ganadería humanitaria? Echa un detenido vistazo».

¡Derechos Animales ya! - Prácticas de inseminación artificial en bovinosPrácticas de inseminación artificial en bovinos. La domesticación va ligada siempre a la violencia sistemática contra los animales esclavizados.

[Fuente de la fotografía]

Inseminación

La producción de animales depende directamente de la generación de nuevos ejemplares con rasgos deseados que suplan la demanda humana para el bien considerado.

Tanto para favorecer la selección artificial como para reducir costos, los ganaderos recurren a la extracción de semen de machos (p. ej. mamporreros en caballos o estimulación por introducción de solución salina en cocodrilos) y a la inseminación de hembras (p. ej. introducción de esperma en el cuello uterino de cerdas). Tanto en machos como en hembras se produce una violencia inherente al acto reproductor.

Las hembras parirán crías o pondrán huevos que, a menudo, nunca volverán a ver. En la ganadería, este proceso se repite en un periodo determinado por el mínimo tiempo posible en que la hembra vuelve a estar receptiva. En muchos casos, se emplean tratamientos hormonales para acelerar el ciclo menstrual o facilitar la regulación del estro en las hembras.

¡Derechos Animales ya! - Pollitos recién salidos del huevoEn la industria del huevo se asesinan sistemáticamente millones de pollitos macho al día por la sencilla razón de que los machos no sirven de nada en la industria avícola.

Descarte

Como necesidad derivada de la eficiencia, cada ciclo de producción precisa el descarte, eliminación o matanza de aquellos ejemplares —animales cosificados— que no resultan productivos porque han nacido con malformaciones, enfermedades u otras condiciones que los convierten en no-aptos para fines ganaderos. Otra veces, los animales nacidos están perfectamente sanos; pero no son rentables para el tipo de explotación.

Este proceso, como otros los restantes, acontece con independencia del modelo de crianza. Poco importa si se trata de una granja industrial, extensiva o ecológica: nadie va a alimentar ni gasta un céntimo en un animal improductivo. Se los asesina —se les quita la vida con premeditación— por la simple razón de que sus vidas no valen nada para el fin deseado egoístamente por los seres humanos.

¡Derechos Animales ya! - Marcaje de ganadoEl marcaje de animales surgió como método para la identificación y reclamación de las propiedades animales. Esta práctica cruel sigue vigente en todos los animales catalogados como ganado.

Mutilación

Los animales esclavizados como ganado nacen con partes corporales no deseadas por sus explotadores, ya sea porque les permiten defenderse (p. ej. picos de las aves), porque propician conductas no deseadas (p. ej. cubrición de toros a vacas) o alteran el valor final del producto obtenido (p. ej. carne de verraco).

La mutilación engloba la extirpación o alteración del cuerpo del animal con un propósito derivado de su esclavitud. Entre estas intervenciones se incluyen la castración, el despique, el descorne, la amputación de la cola, de las uñas, el raspado de dientes, el marcaje a hierro candente o por nitrógeno líquido y un sinfín de acciones similares.

Estas prácticas ganaderas se realizan con rapidez, agresividad y sin anestesia por tal de optimizar el tiempo y reducir gastos. De hecho, si algún animal sale accidentalmente más herido de la cuenta, se procede a su sacrificio (asesinato) porque la atención veterinaria suele ser más costosa que el valor económico de un ejemplar dado.

¡Derechos Animales ya! - Bovino entre henoUn animal esclavizado como ganado quizás disponga de comida abundante; pero, ante todo, es un sujeto con un crotal en la oreja que lo etiqueta como mercancía al servicio de los humanos.

Hacinamiento y condicionamiento

Los animales esclavizados como ganado vivirán toda su vida bajo las condiciones establecidas por los seres humanos. Esto incluye su encierro en rediles, su hacinamiento en naves industriales o establos atestados.

Su alimentación, compañía e incluso su sueño dependerá de si el ser humano ha elegido una dieta u otra, si los tiene metidos en una jaula sin contacto con sus congéneres o si jamás verá la luz del sol (p. ej. gallinas ponedoras). Esto les genera toda clase de trastornos físicos y psicológicos derivados de la privación de libertad.

Debido a las condiciones de hacinamiento, todos los animales esclavizados como ganado reciben dosis diarias de antibióticos. El ser humano sólo se acuerda de ello cuando se apelan a las enormes cantidades de medicamentos destinados a nuestros esclavos y a la aparición de nuevos virus y cepas por la ley ecológica de la homogeneidad.

¡Derechos Animales ya! - Ternero junto a su madreA los terneros y a otros animales esclavizados en granjas les colocan anillos nasales u otros instrumentos análogos para impedir que mamen de las ubres de sus madres o la lastimen al intentarlo.

Destete y separación

Todos los animales domesticados, como esclavos, se enfrentan a la misma realidad que relataron escritores como Frederick Douglass o Harriet Beecher Stowe respecto a la esclavitud negra: los bebés pertenecen a sus amos, no a las madres.

Las crías de los mamíferos maman de sus madres durante los primeros meses como única o principal forma de alimento. Para los intereses ganaderos esto supone un problema porque vincula sentimentalmente a madres y crías, y dificulta su manejo. Asimismo, en el caso de las vacas esclavizadas para la obtención de leche, la propia cría se convierte en un competidor por el mismo recursos comercializado.

Ya sea justo después del parto o semanas más tarde, todas las crías se ven separadas de sus madres para terminar en el matadero, en otra granja o en otra parte de dicha granja dedicada al engorde de crías. También se produce esta acción en yeguadas para así domar a los potros por lotes y someterlos con mayor facilidad a la obediencia.

Para lograrlo, los ganaderos colocan aros nasales o separan paulatinamente a madres y crías para que la separación final les resulte más sencilla. Dichas acciones, como no podía ser de otra manera, suelen narrarse en manuales y cursos de ganadería como si se practicaran por el bien de los animales para «reducirles el estrés».

¡Derechos Animales ya! - Cabra dentro de un corral en una feria de ganadoUn animal quizás no sea consciente de por qué está en una subasta de ganado ni cuál será su destino, pero todos los animales sentimos y defendemos nuestra vida porque es lo único verdaderamente valioso que tenemos.

Venta y asesinato

Todos los animales esclavizados como ganado terminan asesinados muchos años por debajo de su esperanza de vida media; ya sea en mataderos, matanzas rurales o en otros lugares. A menudo, antes de terminar en el matadero pasan por subastas o ferias de ganado en que se les da un segundo uso o se los vende a granel al mejor postor.

La razón final de todas sus miserias estriba en el placer, el apetito y la indiferencia humana hacia el consumo de sus cuerpos y productos derivados, sin ninguna necesidad biológica que nos fuerce a ello ni ninguna argumentación ética que lo justifique.

¡Derechos Animales ya! - La ganadería y las prácticas ganaderas (2)El especismo nos lleva a ver la superficie en lugar del fondo. Ni un humano ni un animal quisieran ser esclavos. Tanto un niño como un becerro comparten el amor por la vida.

Los intereses y las falacias de gobiernos, empresas y organizaciones

La ganadería, como otras formas de explotación animal, existe por una razón cultural mantenida a lo largo de las generaciones por una serie de intereses humanos, desde personales hasta estatales.

Para poder continuar extrayendo beneficios a partir de la esclavitud animal, los gobiernos, empresas y organizaciones, como partes integrales de la propia sociedad, generan una ristra de argumentos falaces en forma de propaganda que intentan inculcar a las nuevas generaciones para así mantener su statu quo.

En España, la creación de la Dirección General de Derechos Animales —que usa, adrede, el término de «Derechos animales» para engañar a la ciudadanía—, las normativas de bienestar animal, las campañas monotemáticas y otras prácticas mediáticas son instrumentos al servicio del poder del Estado y de los grandes intereses comerciales para manipular la opinión y los juicios de una masa social desinformada, carente de juicio crítico y de voluntad alguna para tomar responsabilidad sobre las consecuencias de sus acciones para las vidas ajenas.

Al mismo tiempo, la sociedad general asume algunas creencias sin sentido ni fundamento. A menudo se esgrime que si no comiéramos animales, entonces éstos nos invadirían. Parece que la sociedad humana desconoce algo tan básico como que la población de los animales esclavizados por la ganadería y las prácticas ganaderas está sujeta a la demanda humana, la cual procede a su vez de la cuantía poblacional de nuestra especie.

¡Derechos Animales ya! - Ganadería y deforestaciónLa ganadería no suele plantearse como un problema ético. Si acaso, sólo algunos ecologistas se acuerdan de las prácticas ganaderas en tanto que implican deforestación, contaminación de aguas, de suelos y otros efectos.

La hipocresía ecologista respecto a la ganadería

Las organizaciones ecologistas suelen realizar múltiples campañas dirigidas a la utilización de plásticos o a los vertidos de petróleo en mares y costas. Sin embargo, suele haber escasas menciones a la ganadería a pesar de que implica, aproximadamente, la mitad de las emisiones de metano a nivel mundial, el gas con mayor impacto en el efecto invernadero.

Gobiernos y organizaciones proponen medidas para reducir las emisiones de carbono en el transporte privado y en ámbitos de ocio mientras, al mismo tiempo, mantienen una ceguera voluntaria hacia las emisiones caprichosas e innecesarias que se produce por la ganadería a través del consumo de animales y de sus secreciones.

La sociedad parece olvidar que tan innecesario es tener un coche excesivamente contaminante como 10.000 millones de vacas esclavizadas que hay para comernos sus cuerpos. Sería aun mayor la producción obtenida, en cuanto a nutrientes finales, sin ese espacio, tiempo y dinero se invirtiera en cultivos agrícolas. Y esto no lo digo yo, sino la FAO.

Esta ausencia no es casual. La ganadería conforma una industria muy poderosa a escala planetaria y los propios ecologistas, debido a su especismo, conciben como posible una suerte de sociedad bucólica en que los humanos coman carne ecológica y productos de animales bien tratados y bajos en emisiones. A menudo, se perciben cual salvadores del medio ambiente mientras sus propia acciones y justificaciones son responsables directos de la destrucción de tales ecosistemas.

Como sucede con otras ideologías antropocéntricas, el ecologismo pretende solucionar graves problemas medioambientales sin llegar primero a la mentalidad subyacente que origina tales problemas.

¡Derechos Animales ya! - De ganaderos a veganosA pesar de que vivimos en un mundo demasiado falto de empatía, a veces acontecen casos maravillosos que nos ilusionan con un mundo mejor para los animales.

Ganaderos que se convierten en veganos

Todo el mundo puede cambiar. No sería positivo acabar la redacción de este ensayo sin recordar que la práctica totalidad de quienes hoy somos veganos fuimos antes explotadores de animales. De hecho, entre los activistas veganos se encuentran gente que fue taurina, cazadora, equitadora o ganadera.

En este sentido, me gustaría recomendar el visionado de un documental titulado «Reino apacible: el camino a casa», el cual narra las vivencias reales de una familia de granjeros de Estados Unidos que se hicieron veganos después de llevar varias generaciones como ganaderos y de haber criado y asesinado a multitud de animales.

Si pueden cambiar incluso aquéllos que más han normalizado desde pequeños la explotación animal, queda de manifiesto que cualquier ser humano dotado de razón puede dar el paso hacia el veganismo y convertirse en el defensor de los Derechos Animales que necesitan las víctimas no humanas.

¡Derechos Animales ya! - Oveja tras la valla de un redilLa ganadería es incompatible con los Derechos Animales. No importa si un animal dispone de más o menos espacio; ninguno debería ser nuestro esclavo o nuestra propiedad.

Conclusión

La ganadería surgió por intereses humanos y se ha mantenido hasta nuestros días por una razón de simbolismo, poder y beneficios. La realidad de las víctimas animales, plasmada en este mismo artículo, junto con las razones éticas planteadas en centenares de entradas previas, sirven de base para promover y exigir el cese de toda forma de explotación animal.

Los estudios científicos realizados demuestran de forma clara y tajante que podemos vivir sin consumir productos de origen animal. La sociedad actual sigue pensando que necesita carne, leche, huevos y otros productos de origen animal para sobrevivir.

Gran parte de estas creencias se originan por una previa racionalización de los prejuicios, ya mentados, sobre la exclusividad humana y la consideración de que cualquier beneficio individual o colectivo justifica la vulneración de los intereses inalienables de otros sujetos por no ser humanos.

Derruir estos mitos es tanto una labor de los activistas veganos como un deber de cualquier persona humana comprometida con la verdad y la ciencia.

Para respetar a los animales no basta con regular la ganadería ni las prácticas ganaderas, ni tampoco con legislar una supuesta forma aceptable de inseminar, mutilar, separar crías o asesinar animales. Si de verdad nos importan sus vidas, debemos dejar de practicar la ganadería y de aprovecharnos a costa de su nacimiento, de su existencia y de su muerte programada.

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¡Derechos Animales ya! - La banalidad de la explotación animal (mujer montada sobre un delfín)

La banalidad de la explotación animal

¡Derechos Animales ya! - La banalidad de la explotación animal (mujer montada sobre un delfín)Acontece una banalidad de la explotación animal cuando el ser humano ejerce acciones dañinas y evitables contra los animales por simple indiferencia y gozo debido a un fenómeno de inercia social. Este montaje fotográfico representa la mentalidad supremacista humana y su deseo de dominar a todos los animales por beneficio y placer.

La banalidad del mal

La filósofa Hanna Arendt acuñó el concepto de «la banalidad del mal» en su ensayo «Eichmann en Jerusalén». En dicha obra, Arendt analizó las acciones y motivos que llevaron a Adolf Eichmann, uno de los principales burócratas de las SS, a proponer y a cometer crímeses de lesa humanidad contra los judíos. En este artículo, deseo relacionar el concepto anterior con un fenómeno similar al que nombraré «la banalidad de la explotación animal».

Según las palabras de Arendt, extraídas a partir de documentos y entrevistas, Eichmann había sido un funcionario de segundo grado que, motivado por dejar su impronta en la nación Alemana, había sucumbido a la ideología nazi y participado en graves crímenes por una suerte de inercia social.

Arendt se refirió a su concepto de «la banalidad del mal» como síntesis de que cualquier humano común y corriente, sin estar loco ni ser especialmente cruel, podía participar activamente en toda clase de crímenes perversos si las circunstancias y el ambiente favorecían tales actos.

¡Derechos Animales ya! - Gofres y huevosEn un supermercado, blogs de cocina y libros de receta se propone y excusa la compra, utilización y consumo de productos de origen animal por creencias infundadas y meros caprichos gastronómicos. En estos casos acontece una banalidad de la explotación animal.

¿Qué es «la banalidad de la explotación animal»?

Tomando como base el concepto acuñado por Hanna Arendt, llamo «la banalidad de la explotación animal» al mismo fenómeno observado en millones de seres humanos cuando, sin reflexión ni cuestionamiento, asumen un rol activo en la crianza, hacinamiento, manipulación, tortura y asesinato de miles de millones de animales por la sencilla razón de que les han enseñado que está bien (en la familia, en la escuela, etc.), porque es lo que se espera de ellos (condiconamiento social) o les dan incentivos para hacerlo (fama, reconocimiento, etc.).

Además de este sentido, plenamente coincidente con el de «la banalidad del mal», podemos referirnos a «la banalidad de la explotación animal» como ejemplo de que la humanidad incurre en numerosas formas de explotación animal o causa daño a los animales sin siquiera recibir una recompensa social.

A diario, podemos observar hasta qué punto la humanidad tiene interiorizada su supremacía y desprecio hacia los animales (p. ej. en el lenguaje) que incluso recibe con sorpresa o indignación cualquier mención sobre cuántas acciones injustas y perversas cometemos por simple hábito, costumbre o falta de reflexión.

Por ejemplo, el ser humano pisa arañas, descuartiza lagartijas o aplastan polilla porque nuestra sociedad nos enseña a despreciar y considerar un estorbo aquello que se sale de su control o ambiente antromorfizado. No hay que confundir estos hechos con la existencia de fobias ni tampoco las fobias justifican incurrir en acciones injustas contra los animales en tanto que ellos no son culpables ni responsables de nuestras sensaciones, reacciones o sentimientos.

Otro caso lo tenemos en la alimentación cotidiana, que la industria le añada leche y huevos a toda clase productos vegetales sin sentido alguno, o que haya consumidores dispuestos a consumir el hígado hipertrofiado de un pato u oca obligados a ingerir comida a la fuerza durante meses (un ejemplo de especismo asociado al estatus social), podrían ser buenos ejemplos de una banalidad de la explotación animal comparables a cuando los nazis fabricaban jabones con el cuerpo de los judíos.

¡Derechos Animales ya! - Campo de concentración de AuschwitzEl campo de concentración de Auschwitz pasó a la historia por haber sido el mayor centro de exterminio de humanos. En cambio, los libros de historia son reacios a señalar que este campo se estructuraba y organizaba como los pasados y actuales mataderos.

Comparaciones «odiosas»

Hasta la fecha, se han escrito océanos de tinta sobre el holocausto judío y los fenómenos psicológicos que intervienen en la propaganda, el fanatismo y la obediencia ciega al grupo o a la jerarquía. Sin embargo, todavía han sido relativamente pocos los autores que han tomado estas reflexiones y conocimientos en sociología para estudiar, asimismo, cómo el fenómeno de la explotación animal se produce por razones igualmente triviales, cotidianas y supeditadas al entorno en que se mueve el individuo perpetrador.

Charles Patterson, autor de Eternal Treblinka, nos recuerda los métodos utilizados por los nazis en los campos de concentración e incluso los vagones usados para el transporte de la población judía eran los mismos que ya habían empezado a usarse años antes para el transporte y asesinato de los animales esclavizados como ganado. A pesar de algunas víctimas del holocausto se hicieron veganas o asumieron la relación existente entre ambos fenómenos, el grueso de la sociedad todavía mantiene una actitud negacionista sobre el holocausto animal.

Si entendemos que gran parte de los abusos cometidos por los nazis contra judíos, y otras minorías étnicas, fueron fruto de una cosificación moral previa, no cabe extrañarse de que los humanos del mundo actual sean capaces y prefieran cometer acciones injustas e innecesarias contra los animales por simple placer.

Actividades como la caza, la pesca, la tauromaquia responden a la consideración individual de que nuestros apetitos están por encima de la vida, libertad e integridad de los animales porque «son animales»; de la misma forma en que los nazis se justificaban entre sí diciendo: «son judíos».

Aprovecho para señalar que, por mi parte, he dedicado ya algunos ensayos a estudiar el origen de las discriminaciones morales, el especismo inculcado en la infancia, el condicionamiento social por figuras de autoridad, el origen y los efectos de la domesticación y otras representaciones artísticas que reflejan, modulan, transmiten y normalizan el conjunto de ideales, creencias, argumentos falaces y dogmas que posibilitan, excusan y desembocan en la explotación animal en todas sus formas.

¡Derechos Animales ya! - Perrito vestido con ropa de cueroA diario puede verse ejemplos callejeros de la banalidad de la explotación animal. A esta perrita le han puesto un arnés o camisa de cuero, es decir, confeccionado mediante el asesinato injusto e innecesario de otro animal.

La banalidad de la explotación animal causada por el proteccionismo y el bienestarismo

Históricamente, pensadores como Kant han condenado la violencia contra los animales porque inspiraba malas acciones entre humanos. Y otros filósofos utilitarias, como Singer, han planteado que sólo ciertas formas y procedimientos de la explotación animal están mal si causan un sufrimiento innecesario para el placer o beneficio humano.

Lejos de ser una mera relación causal, la violencia contra los humanos comparte la misma naturaleza epistemológica con la violencia contra los animales. Acontece, pues, una banalidad de la explotación animal cuando el enfoque de esta problemática se reduce a las consecuencias que tendría su práctica para los seres humanos y se olvida, sistemáticamente, a las víctimas directas de nuestras acciones.

Condenar únicamente los graves crímenes sufridos por seres humanos incurre en el doble error de pensar que sólo los humanos somos víctimas de crímenes semejantes, o que baste con tratar de evitar los crímenes cometidos contra humanos mientras nuestra sociedad se regodea en la miseria de todos los animales amparado en el beneficio y en el placer más trivial y subjetivo.

¡Derechos Animales ya! - Adolf EichmannAdolf Eichmann propuso y planificó el exterminio de seres humanos con las mismas razones y argumentos que cada día se esgrimen para justificar el exterminio de animales. La humanidad entera es como Adolf Eichmann.

[Fuente de la fotografía]

Conclusión

El grueso del mundillo intelectual aún no se ha percatado de que el grueso de los conceptos, razonamientos y valores morales asumido para con seres humanos es aplicable al caso de los animales.

Abogo en este breve ensayo por el concepto de «la banalidad de la explotación animal» como una analogía o un subtipo de la propia banalidad del mal con que la filósofa Hanna Arendt sentenciaba el origen y las motivaciones de Adolf Eichmann entre otros miles de afiliados y simpatizantes al Partido Nazi.

No existe ninguna diferencia relevante, contextual o semántica, entre los fenómenos y sucesos que desencadenaron el holocausto judío y aquéllos dieron origen a la explotación y esclavitud animal: la mayor opresión histórica, tanto cuantitativa como cualitativa, ocurrida hasta la fecha.

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¡Derechos Animales ya! - Hakuna Matata (Disney)

Hakuna matata, narcisismo y falsa tolerancia

¡Derechos Animales ya! - Hakuna Matata (Disney) - Narcisismo y falsa toleranciaLa película de Disney «El rey león» popularizó la expresión suajili «hakuna matata». Alrededor de este fenómeno hay mucho que reflexionar.

¿Es «Hakuna Matata» un reflejo del narcisismo y de la falsa tolerancia de nuestra sociedad?

Los jóvenes —o no tan jóvenes— de la década de los 90 crecimos con una de las letras más sonadas de Disney: «Hakuna Matata». En esta entrada, deseo establecer una relación contextual entre el entendimiento y popularidad de esta canción infantil con el creciente narcisismo de la juventud y la falsa tolerancia que exhiben nuestra sociedad respecto a las acciones de los demás.

Tal como señala la propia Wikipedia, hakuna matata es una expresión suajili (idioma de la región del «Cuerno de África») que significa «No hay problema» o «Sin preocupaciones». Disney tomó acertadamente esta expresión para elaborar una de las canciones que representa el núcleo argumental de «El rey león».

En el «Rey León», una versión libre de Hamlet, los personajes Timón y Tumba tratan de tranquilizar al cachorro Simba tras la autoculpada muerte de su padre y subsiguiente destierro por vergüenza y miedo.

En esta canción, en el original cantado en inglés aparecen las líneas «It means no worries for the rest of your days» y «It’s our problem-free philosophy», que se tradujeron al castellano o español de España como «Vive y deja vivir» y «Vive y sé feliz».

Aunque resulta obvia la intencionalidad consolante de los dos personajes, me pregunto si la elección de estas letras estuvo condicionada por el clima social de nuestra sociedad actual, es decir, por un contexto marcado por una individualidad forzada, una sociedad cada vez más decadente, y unas nuevas generaciones representantes de un mayor narcisismo (única preocupación ética por uno mismo) y con un entendimiento confuso del significado real de la tolerancia frente a otros.

¡Derechos Animales ya! - Timón y Pumba - Película de Disney - El rey leónLas películas de Disney ofrecen una visión idealizada de la naturaleza que, a menudo, se emplea o sirve de sustento para incurrir en todo tipo de falacias contra el veganismo o los Derechos Animales.

¿Es éticamente correcto decir «Vive y deja vivir» y «Vive y sé feliz»?

En un sentido estricto, no tiene absolutamente nada de malo pensar y obrar con la intención de ser feliz. Tampoco tiene nada de malo dejar a otros en paz con sus cosas y permitirles hacer aquello que deseen y elijan libremente. De lo contrario, estaríamos hablando de privación, control o esclavitud.

Sin embargo, como fruto de una educación pobre en valores y llena de anfibologías, nuestra sociedad actual confunde el significado del respeto (consideración moral por los intereses inalienables de un individuo) y de la tolerancia (consideración objetiva sobre las acciones ajenas) con «permitir que otros hagan lo quieran a cambio de que nadie se meta en mi vida».

«Vive y deja vivir» significa que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás. Esto significa que nadie tiene derecho a ser feliz ni a ser dejado en paz si dicha felicidad o paz depende de atentar contra la vida, libertad e integridad de los demás. Quizás, por desgracia, la expresión hakuna matata refuerza la idea de que uno no debe responsabilizarse por sus malas acciones o errores cometidos. En este sentido, estaría promoviendo la desconexión ética del individuo en pos de uno mismo.

¡Derechos Animales ya! - Suricato en un zoológicoEn la vida real, los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes» y su vida no tienen ningún valor legal. Las películas de Disney humanizan a los animales mientras la sociedad les niega cualquier atisbo de individualidad, personalidad y conciencia. El «vive y deja vivir» debería aplicarse también para los animales.

«Hakuna Matata» y los animales

No deja de ser irónico que la canción de Disney «Hakuna Matata» la canten dos animales al mismo tiempo que nuestra sociedad los desprecia y cosifica moralmente. De hecho, el propio Pumba, que representa a un facóquero, se pone a comer insectos mientras canta. Esto no lo señalo con la intención de censurar una determinada obra de ficción; sino sólo con el objetivo de señalar el notorio trasfondo especista que envuelve a los creadores como a cualquier otro humano de nuestra sociedad.

Esta elección artística representa, inconscientemente, que los dibujantes —al igual que la sociedad en su conjunto— entendían la canción como un constructo de aplicación exclusivamente humana, es decir, tanto creadores como espectadores daban por sentado que el significado de la expresión hakuna matata y las frases «vive y deja vivir» y «vive y sé feliz» se referían únicamente a colectivos humanos y que no aludían a dejar vivir y en paz a los animales.

El trasfondo social de esta canción releva el antropocentrismo y el especismo de nuestra sociedad. La humanidad, sin reflexionar ni planteárselo siquiera, asume ciegamente que sólo otros humanos merecen respeto y que sólo otros humanos merecen vivir en paz. Estamos, pues, ante un ejemplo común de cómo la sociedad defiende o no unos principios éticos universales según la víctima que padezca una injusticia.

Hace apenas siglo y medio, la sociedad occidental consideraban que sólo los blancos o los hombres merecían respeto y el «derecho» de vivir en paz y con independencia. Hoy, la humanidad debiera empezar a comprender ya que todos los animales sienten, padecen y que merecen su reconocimiento legal como personas (sujetos de derecho).

¡Derechos Animales ya! - Registro de Hakuna Matata como marca registrada por Disney

Patente de Disney sobre la expresión «Hakuna matata» como marca registrada.

«Hakuna matata» y la sinvergüencería de Disney

En otro orden de sucesos, no podía dejar este artículo sin mencionar que, al buscar información complementaria, me topé con que en el año 2018, antes del esperado lanzamiento del ‘remake’ de «El rey león», Disney registró la expresión «Habuna matata» (en minúscula por referirnos a las palabras suajilis), que no la canción —ya protegida por derechos de autor— como marca registrada (trademark) para su uso y aparición en camisetas.

Debido a la ambigüedad y enorme permisión de una marca registrada, ésta puede granjear una explotación exclusiva para algunos campos u objetos fuera de su aplicación concebida. No en vano, desde hace un par de años se han recogido firmas para lograr que Disney anule esta patente tan aberrante.

Esto constituye otro ejemplo flagrante de cómo la ética de la sociedad se mueve por el interés propio en detrimento del ajeno. Dado que los animales no pueden establecer contratos retroactivos con nosotros, el ser humano se autolegitima para utilizarlos en su beneficio.

¡Derechos Animales ya! - Captura comentario Pumba en Bioparc de ValenciaSiempre, siempre, siempre hay algún humano que, en referencia a animales reales representados en películas de animación, trata de hacer alguna gracieta. En este caso, un fotógrafo afirma que «el amigo Pumba», de «El rey león», está de vacaciones en el Bioparc de Valencia. Los zoológicos no son ‘resorts’, sino centros de cautiverio basados en la explotación animal que no dudan en vender o sacrificar animales según sus fines. El autor debería recordar la letra de «vive y deja vivir» para oponerse a la esclavitud de los animales.

Conclusión

La canción de «Hakuna Matata» fue una creación creativa de Disney que, en el contexto de la fábula, cobra su sentido y justificación. Sin embargo, su mensaje complaciente y disculpador pudiera dirigir a una malinterpretación nuestras obligaciones éticas para con los demás a tenor de la grave incapacidad humana para comprender y extraer conclusiones lógicas.

Nuestra sociedad alcanza un narcisismo extremo e incurre en una falsa tolerancia cuando establece, arbitrariamente, que los animales quedan fuera de la ética de sus acciones; del mismo modo en que hace no mucho asumía que otros humanos merecían encierro, privación y trabajos forzados.

La falta de ética alcanza alcanza su colofón cuando grandes multinacionales, como Disney, se apropian del lenguaje aprovechándose de países extranjeros y lenguas minoritarias. ¿Qué será lo siguiente? Esto demuestra, una vez más, que el sistema actual de patentes está diseñado para permitir el monopolio y el abuso de los fuertes contra los débiles.

Un conjunto de la sociedad, los ecologistas (proteccionistas), se limita a promover la protección de los animales y de sus hábitats naturales, contra la extinción de especies, para que la humanidad pueda seguir aprovechándose de ellos.

Otro conjunto de la sociedad, los animalistas (bienestaristas), se limita a aplicar solamente algunos valores éticos para los animales según el beneficio obtenido por medio de la explotación animal. Pero no basta con hablar de «maltrato animal», de reducir el consumo de carne, ni con ser vegetarianos, ni con denunciar acciones crueles mientras casi toda la sociedad asume que los humanos somos superiores y que nuestros criterios han de limitarse a aquellos con quienes compartimos una serie de rasgos muy cercanos.

El «vive y deja vivir» no debiera cambiar si hablamos de animales. La justicia debe ser para todos y bajo los mismos criterios, de lo contrario no existe. Nuestro mundo actual, como revela además las nuevas corrientes posmodernas, confunde la aspiración hacia una justicia universal con simple y llano tribalismo.

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El darwinismo social o ley del más fuerte

¡Derechos Animales ya! - Paisanos del Tibet subidos a un carro - Ley del más fuerte contra los animalesEl darwinismo social se basa en la selección natural para afirmar que existe una ley del más fuerte que legitima a unas razas humanas a imponerse ante otras. Se da la paradoja de que casi toda la humanidad cree que el poder otorga derechos sobre otros, percibe a los animales como seres inferiores y valida contra ellos estos mismos argumentos nazis que se esgrimen contra minorías étnicas o pueblos subdesarrollados. En la fotografía, dos paisanos tibetanos van en un carromato tirado por un caballo esclavizado. El ser humano emplea la violencia para dominar a los animales por la misma razón que la utiliza para dominar a otros seres humanos.

¿El poder otorga derechos sobre otros?

Si hacemos un análisis crítico de nuestra historia, vemos que la ideología subyacente en todos los grandes imperios —o intentos de construirlos— comparte un rasgo común: la creencia de que el poder otorga derechos sobre otros.

En este artículo, quisiera lanzar una reflexión sobre la falacia de apelar a la ley del más fuerte y cómo ha derivado en ideologías o paradigmas socio-políticos conocidos como el darwinismo social, el fascismo o el nazismo. Dichas ideologías, a su vez, mantienen una estrecha relación antropológica con los argumentos esgrimidos hasta la actualidad para tratar de excusar y legitimar la explotación y esclavitud animal.

La llamada «ley del más fuerte» es una manera clásica de referirnos a un pensamiento primitivo —de origen anterior a las primeras civilizaciones— que se ha postulado desde antaño para conquistar, avasallar, asesinar y esclavizar a quienes se consideraban inferiores o eran más débiles (incapaces de defenderse).

Decimos que la ley del más fuerte es una falacia porque se resume en la petición de principio de que si alguien tiene capacidad de aprovecharse de otros, entonces no hay nada malo en hacerlo. Consiste, pues, en la confusión categorial entre el poder y el deber, entre lo que podemos hacer y lo que está bien hacer.

La ley del más fuerte es el corolario del utilitarismo moral, una postura filosófica que niega la objetividad y universalidad de la ética para establecer, arbitrariamente, que las acciones son correctas o incorrectas según la relación subjetiva entre el beneficio o placer obtenido respecto al perjuicio causado en terceros. De esta forma, cualquier acción queda automáticamente validada si el sujeto de ésta determina que tiene poder para efectuarla.

¡Derechos Animales ya! - Primate enjaulado en un zoológicoEncerramos a los animales en zoológicos y los explotamos de infinitas formas por la sencilla razón de que creemos que el poder otorga derechos y tenemos suficiente poder para hacerlo. Dicha posibilidad nos lleva, después, a justificar tales acciones apelando al argumento falaz de que la naturaleza se rija por la ley del más fuerte. El darwinismo social es la materialización de esta creencia.

Desde la ley del más fuerte hasta el origen del darwinismo social

En antropología está bastante bien estudiada la relación biológica y social que ha forjado el inicio y propagación de la falacia de la ley del más fuerte. A lo largo del siglo XX, muchos los pensadores han presentado análisis y críticas sobre las terribles aberraciones cometidas contra los Derechos Humanos. Ya en el siglo XXI, hoy otros tantos pensadores analizamos éste y otros argumentos carentes de fundamento para defender los Derechos Animales.

A partir de mediados del siglo XIX, surgieron o se reforzaron varias ideologías antropocéntricas, nacionalistas, racistas, discriminatorias y autoritarias que han intentado excusar o incentivar la creencia de que el poder otorga derechos sobre otros. Entre éstas tenemos, el darwinismo social, el fascismo y el nazismo.

¡Derechos Animales ya! - Personas sin hogar - Darwinismo social y eugenesiaEl darwinismo social propone acciones como la eugenesia —selección artificial humana— para anular los efectos que ejerce la organización social sobre la selección natural. Para los defensores de esta ideología, la supresión —violenta o pacífica— de los elementos «dañinos» o «poco adaptados» de nuestra sociedad se convierte en un deber para el progreso del conjunto de la población.

¿Qué es el darwinismo social?

El darwinismo social podría definirse como el intento de aplicar las leyes de Darwin al terreno socio-político. Darwin, en su libro «El origen de las especies» trataba de argumentar con pruebas y evidencias la existencia de un origen común para todas las especies existentes en el planeta.

Para explicar la enorme diversidad biológica, él señaló acertadamente a la selección natural como factor fundamental del proceso evolutivo. He aquí, en este punto, donde muchos pensadores con diversas ideologías previas encontraron en los trabajos de Darwin una justificación ad hoc de sus prejuicios y desinformaciones.

Sin ánimo de alargarme demasiado, la selección natural no un ente sabio ni un poder cósmico; sólo es un proceso empírico (observable) por el cual sólo consiguen sobrevivir y reproducirse aquellos seres vivos que posean unos determinados rasgos convenientes (adaptativos) para el medio en que habitan.

No obstante, debe admitirse que bastantes matices del darwinismo social proceden de muchos argumentos e hipótesis erróneas del propio Charles Darwin como fruto de su propio adoctrinamiento cultural, típico de la época del colonialismo inglés.

¡Derechos Animales ya! - Aborígenes peruanos junto a una llamaDarwin y otros pensadores racistas pensaban que existían razas humanas superiores e inferiores. Este pensamiento, propio del darwinismo social, sigue vigente cuando el ser humano se cree superior a los animales, los extermina y usa en su propio beneficio.

El darwinismo social y los errores de Darwin

Por ejemplo, Darwin consideraba que existía razas humanas civilizadas e incivilizadas según el tamaño craneal —criterio considerado actualmente como pseudocientífico— y alertaba de la importancia, necesidad o «conclusión natural» de que desaparecieran las razas humanas inferiores:

En algún periodo del futuro, no muy distante, como en cuestión de siglos, es casi seguro que las razas civilizadas del hombre exterminarán y reemplazarán a las razas salvajes en todo el mundo. Al mismo tiempo, los monos antropomorfos, tal como el profesor Schaaffhausen ha señalado, serán sin duda exterminados.

La ruptura entre el hombre y sus aliados más cercanos entonces será más amplia, porque intervendrá en el hombre en un estado más civilizado, como podemos esperar, incluso que el de los caucásicos, y algunos monos tan inferiores como el mandril, en lugar de como ahora [pasa] entre el negro o el australiano y el gorila.

Charles Darwin (1871), Cap. VI, «En el lugar de nacimiento y la antigüedad del hombre»

De hecho, este razonamiento presentado por Darwin —que inspiró al movimiento del darwinismo social— es una descripción fiel del mismo pensamiento antropocéntrico que está ejerciendo el exterminio y una matanza sistemática de animales en todo el mundo.

Tanto entonces como hoy, los ideólogos políticos no cuentan con un gran conocimiento de biología ni los biólogos con un gran conocimiento de antropología. Por ello, la apelación a la selección natural ha sido hasta hoy una fuente inagotable de falacias y justificaciones filosóficas y éticas en ambos sentidos: los ideólogos políticos apelan a la biología para justificar discriminaciones entre humanos y los biólogos sesgan la ciencia por sus prejuicios sociales para justificar discriminaciones hacia los animales.

¡Derechos Animales ya! - Invasión nazi al gueto de Varsovia - Nazismo y darwinismo socialHitler emprendió un exterminio sistemático de los judíos y otros colectivos con el argumento de que la raza aria era superior y tenía el derecho de dominar, al menos, Europa del Este. El antropocentrismo del día a día incurre en justificaciones propias del nazismo cuando aduce que los humanos tenemos prioridad, que está bien matar animales y que tenemos derecho a dominar la Tierra. En la fotografía, ciudadanos judíos del gueto de Varsovia son obligados a marchar a lo que después se convertiría en un campo de exterminio.

Relación entre el darwinismo social, el fascismo y el nazismo

El darwinismo social inspiró e influyó a algunos pensadores para retomar o forjar varias ideologías que marcarían el devenir del siglo XX:

  • El fascismo podría definirse la ideología socio-política que toma la falacia de la ley del más fuerte para justificar un modelo de gobierno autoritario en que un líder o jefe de estado acapara todo el poder con la finalidad extender el poder y dominio de su nación. El fascismo, como ideología esencialmente derivada del utilitarismo moral, establece que el individuo carece de valor intrínseco y que puede —y debe— ser sacrificado en busca de un bien mayor.
  • El nazismo es un derivado directo al fascismo que, como novedad, incorpora los argumentos del darwinismo social para establecer que una raza humana —la raza aria— es superior a las demás y tiene el derecho —y el deber— de expandirse y de someter a aquellas razas que consideran subhumanas: judíos, gitanos, esclavos, etc.

Cabe señalar, no obstante, que la selección natural propuesta por Darwin y el darwinismo social también influyeron el ideologías como el marxismo o el comunismo para explicar el origen y evolución de la lucha de clases y del modelo económico capitalista.

¡Derechos Animales ya! - Ganadera junto a sus reses - Ley del más fuerteLos campos de exterminio continúan existiendo en forma granjas y mataderos, situados a las afueras de las ciudades. La sociedad actual es tan ignorante y vive tan desconectada ahora como lo fue durante el holocausto nazi y presenta el mismo autoengaño y desconexión moral que llevó a los alemanes a cometer uno de los mayores crímenes contra la humanidad. En la fotografía, una mujer ganadera anota el estado de sus reses —del latín, «esclavos»—. Se produce un mal entendimiento del femenismo cuando se promueve la ganadería como una forma correcta de empoderamiento femenino.

Desde el darwinismo social hasta las justificaciones modernas del especismo y del antropocentrismo

Si entendemos que diversas ideologías socio-políticas han incorporado la falacia de la ley del más fuerte, nutrida por interpretaciones modernas del funcionamiento de la naturaleza, huelga extrañarse de que esta falacia y las ideologías contemporáneas hayan servido también para reforzar y tratar de excusar posturas y postulados basados en la creencia de que el poder otorga derechos sobre los animales y sus vidas.

Como he expresado decenas de veces en otros artículos, nuestra relación pasada y actual con los animales viene definida por los mismos principios biológicos y culturales que han fomentado o derivado en las mayores injusticias y crueldades con otros humanos.

Aún hoy, sin premeditación ni conocimiento, la práctica totalidad de la humanidad es especista (discrimina a otros sujetos según su especie) y antropocéntrica (considera que la especie humana es superior y tiene legitimidad para disponer de los animales a su antojo).

¡Derechos Animales ya! - Jinete a caballo tienta a un toro en una corridaUna gran parte de la sociedad rechaza la tauromaquia y otros festejos con animales por su crueldad. Sin embargo, esa misma parte de la sociedad no suele rechazar otras acciones crueles e innecesarias cuando obtiene un beneficio por ello. En la fotografía, un toro tienta a un toro que morirá en la plaza mientras expone la vida de un caballo contra su voluntad. La sociedad disfruta con demostraciones rituales de poder y dominio sobre los animales.

La ley del más fuerte caracteriza al movimiento ecologista y al movimiento animalista

Autores como Kant o el movimiento ecologistaproteccionista— sólo se han alarmado históricamente por la discriminación y violencia sufrida por los animales en tanto que fomenta la violencia entre seres humanos o conduce hacia la extinción de especies. Por ello, rechazan múltiples atentados contra el medio ambiente, las corridas de toros y la caza furtiva, entre otros.

Autores como Singer o el movimiento animalistabienestarista— sólo se han alarmado históricamente por la discriminación y violencia sufrida por los animales en tanto que causamos un sufrimiento innecesario para los usos y beneficios que se esperan obtener de los animales. Por ello, rechazan el maltrato animal, el abandono de perros y gatos, y proponen regulaciones legales dirigidas a criar, manipular, coaccionar y asesinar «compasivamente» animales catalogados como ganado, entre otros.

Ambas posturas utilitaristas, el proteccionismo y el bienestarismo, derivan de la misma petición de principio que determina la incoherencia e irracionalidad de la llamada ley del más fuerte. En algunos aspectos comparten, además, la visión del darwinismo social de que la sociedad humana debe organizarse según criterios «naturales». Aquí entramos en la creencia de que está bien comer animales porque somos omnívoros y en el terreno de la falacia naturalista o del fijismo ecologista.

¡Derechos Animales ya! - Loros dándose piquitosLos animales desean vivir y tienen el mismo derecho que nosotros a hacerlo en paz. La ley del más fuerte o la creencia de que el poder otorga derechos es uno de los mayores lastres de nuestra historia como especie supuestamente más racional.

Conclusión

El ser humano no duda en emplear la violencia contra seres humanos con la excusa de que son razas inferiores porque, ya en el Neolítico, no dudaba en emplear la violencia contra los animales con la excusa de que son especies inferiores. Los animales, al igual que los seres humanos, son sujetos sintientes que poseen sus propios intereses inalienables. Tales intereses merecen respeto con independencia del interés, del valor o de la fuerza que nosotros tengamos en relación a ellos.

El mundo moderno suele mostrarse tajantemente contrario al darwinismo social y al argumento de que existen razas humanas más fuertes y con merecimiento de dominar a otras si alcanzan al hacerlo. Sin embargo, ese mismo mundo moderno pasa aceptar el argumento de que el ser humano sea una especie superior y tenga legitimidad para violentar, aprovecharse y exterminar a los animales si tenemos el poder de hacerlo.

A diferencia de los avances morales acontecidos durante este último siglo, el pensamiento social hacia los animales sigue siendo, en esencia, fascista y nazi hacia los animales por el simple hecho de que no tienen poder o capacidad para defenderse de nuestras acciones. Por desgracia, no hay todavía visos de que haya a mejorar pronto el enorme vacío intelectual existente en lo tocante a las injusticias que padecen los animales como fines en sí mismos; no como objetos o seres inferiores cuyos daños nos conviene evitar.

Si realmente nos importa la justicia para con los seres humanos, también debería importarnos asimismo la justicia para con los animales. El veganismo es el principio ético básico que rechaza la explotación y constituye la base de los Derechos Animales.

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