Archivo de la categoría: Ciencia

¡Derechos Animales ya! - Las «especies invasoras», las plagas y la xenofobia ecologista

Las «especies invasoras», las plagas y la xenofobia ecologista

¡Derechos Animales ya! - Las «especies invasoras», las plagas y la xenofobia ecologistaLos animales no son plagas ni especies invasoras; solamente buscan vivir, sobrevivir y ser libres de nuestra dominación. El especismo y la xenofobia ecologista causan el asesinato sistemático de millones de animales.

Introducción

Desde tiempos antiguos, el ser humano ha utilizado distintos vocablos y expresiones para designar su relación con otros animales. De esta forma surgieron palabras como «mascota», «ganado», «res», «animal de trabajo», «animal de granja», «animal de laboratorio» y un largo etcétera.

En esta entrada quisiera ahondar en los conceptos de «plaga» y de «especies invasoras» para definirlos y relacionarlos con el sesgo antropocéntrico existente hacia aquellos animales cuya existencia o acciones contravienen los intereses humanos.

Asimismo, acontece un fenómeno de xenofobia ecologista cuando los partidarios del ecologismo se basan en argumentos de tipo nacionalista —que una especie sea o no propia de un país o región— para determinar si a dicho animal se lo debe dejar vivir o matar.

Deseo, pues, tomar algunos ejemplos para condenar no sólo el lenguaje especista; sino para reflexionar sobre la hipocresía humana, el desdén hacia la vida de los animales y el exterminio sistemático al que los sometemos.

¡Derechos Animales ya! - Pareja de tórtola turcaPareja de tórtola turca. La catalogación de «especie invasora» es tan arbitraria que depende del país y los intereses económicos que haya detrás de la especie.

El concepto de «plagas»: un uso especista de lenguaje

Los seres humanos, debido a nuestra mentalidad antropocéntrica, incurrimos en un uso especista del lenguaje para ocultar, deformar, normalizar y blanquear la explotación animal y la esclavitud de los animales.

La sociedad llama «plaga» o «plagas» a cualquier conjunto de animales que vulneren nuestros intereses. Una simple bandada de palomas por la ciudad puede ser una «plaga» si molesta a los turistas, varios nidos de golondrinas pueden ser una «plaga» si estorban en la parroquia de un pueblo, y cualquier animal que alguien haya traído a otro país, aparte de ser tildado de «plaga», pasa a ser una «especie invasora» en un alarde absoluto de ecologismo xenofóbico.

La distinción entre «plagas» y «especies invasoras» es muy sutil. El término «plaga» es de ámbito social y se refiere a cualquier animal que estorbe, moleste o perjudique algún interés humano, por trivial o insignificante que fuere. Por su parte, el término «especie invasora» nació en el seno académico e intelectual, influenciado por el mismo especismo presente en el resto de la sociedad, para catalogar a aquellas especies que afectaban a intereses humanos específicamente por encontrarse fuera de su hábitat natural considerado.

¡Derechos Animales ya! - Conejo en el campoLos conejos eran unos habitantes muy frecuentes en la península ibérica antes de la llegada de los primeros humanos. Hoy, en un alarde de supremacía humana, se los tacha de «plaga» mientras apenas logran subsistir en los montes de España y los miles de cotos de caza en manos de gente ociosa.

La xenofobia ecologista

Nótese la especial relevancia de que el colectivo ecologista incurre así en doble sesgo que ya he denunciado en otros artículos previos:

  1. En primer lugar, los ecologistas establecen dogmáticamente cuál es el hábitat natural de un animal —no debe confundirse con nicho ecológico— para inferir, sin lógica alguna, que todo animal fuera de su hábitat natural está en un lugar equivocado, que desplaza a especies autóctonas o que no debieran estar ahí porque sí. Científicamente, las poblaciones animales migran y se desplazan por propia voluntad; las especies surgen y se extinguen de manera natural, y se dan multitud de procesos y fenómenos naturales. Esto significa que ni una especie es «invasora» por estar en un hábitat diferente del habitual ni ello nos otorga potestad a los seres humanos para decidir sobre su gestión.
  2. En segundo lugar, el hecho de que una especie esté fuera de su hábitat natural no constituye, por sí mismo, un criterio para determinar que una especie alóctona tiene menos valor o derecho a estar ahí que una especie autóctona.
    Acontece así un sesgo xenofóbico, al que denomino «xenofobia ecologista», cuando los ecologistas establecen dogmáticamente que a un animal no debe permitírsele vivir en un lugar por no ser autóctono. ¿Qué diríamos de este argumentos aplicado a seres humanos? ¿Nos imaginamos a humanos blancos que exijan a humanos negros regresar al continente africano o que humanos negros les pidan a blancos africanos que regresen a Europa o Asia?

Esta petición de principio —falta de base argumental para justificar sus acciones— tratan de excusarla o enmascararla apelando a un «deber moral del ser humano por su inteligencia» —de un modo similar a la creencia religiosa de que el ser humano es el vicario de Dios en la Tierra— o, cómo no, esgrimiendo la necesidad de intervenir en la naturaleza para evitar la extinción de especies —que únicamente les preocupa porque conduce a pérdidas económicas— o al sufrimiento de los animales —un argumento proteccionista o bienestarista que, según el caso, se enfoca sobre el progreso social humano o sobre el dogma de que el sufrimiento sea malo y de que tengamos el deber de eliminarlo en lo animales.

Los ecologistas y otros grupos, a menudo revestidos de ciencia, intentan justificar el asesinato sistemático de miles de animales apelando a la protección de la fauna local, al mismo tiempo que a los gobernantes de turno —y a ellos mismos— les importa un bledo permitir la construcción de un hotel en una zona protegida si luego habrá un hipotético beneficio a nivel legislativo o económico.

Otro ejemplo, igual de sangrante, se produce cuando justifican o promocionan una «caza y pesca sostenibles» mientras condenan la caza furtiva por los daños que causa al medio ambiente. La moraleja está en que los animales no les preocupan como individuos o sujetos de una vida, sólo les concierne si su muerte les renta un beneficio. Con extrema frecuencia, la hipocresía gubernamental encuentra la horma de su zapato con el cinismo ecologista.

En otras ocasiones, tanto ecologistas como otros especistas presentan a estos animales como «malos», «sucios», «portadores de enfermedades» y un largo etcétera de catalogaciones subjetivas. De este modo, intentan justificar «acciones humanas correctivas» mientras prefieren ignorar o callar que el ser humano es el mayor portador de enfermedades a otros humanos, que tales enfermedades están vinculadas a nuestro modo de vida y que la ganadería es el mayor vector de enfermedades del mundo debido al principio ecológico de la homogeniedad. Y no, no se trata de que la ganadería esté mal por las condiciones higiénicas de los animales o del trato que reciben. Todos los animales merecen vivir libres.

En definitiva, los ecologistas incurren en el mismo especismo y antropocentrismo omnipresentes para perpetrar acciones injustas contra los animales y sus derechos por la simple consideración de que los intereses humanos deben prevalecer o por la creencia de que se logra así un bien mayor, el cual, casualmente, beneficia a la sociedad humana a costa de asesinar animales inocentes.

¡Derechos Animales ya! - Asesinato de aves exóticas en SevillaEl ser humano trae a millones de animales a otros países para esclavizarlos como «mascotas». La mayoría de las veces es legal. Sin embargo, pero cuando se escapaban o la gente los suelta, entonces se convierten en peligrosas especies invasoras. Las leyes no los protegen y luego, para más inri, son la causa de su muerte aun cuando no han hecho nada.

Noticias y ejemplos sobre el tratamiento de las plagas, especies invasoras y la xenofobia ecologista

  • Asesinato de aves exóticas en Sevilla. Como sevillano, he de decir que la noticia mostrada en la captura de pantalla superior es un buen ejemplo del especismo, de la xenogobia ecologista y de la tremenda hipocresía social. Después del especismo y de las leyes especistas, lo que más me enfada es el uso especista y eufemístico del lenguaje.
    Ese «se empezarán a sacrificar» es un eufemismo para decir «el ayuntamiento contratará a unos cuantos paletos para que les peguen tiros a unos animales inocentes mientras después les decimos a nuestros hijos que no les tiren piedras a los pajaritos y nos llenamos la boca con el mantra de ‘ciudad libre de maltrato animal’. Idos a la porra, hipócritas de mierda.
  • Búsqueda y captura de un cocodrilo en Valladolid. Hace un tiempo saltó la noticia de que pudiera haber un cocodrilo del Nilo, un caimán o cualquier otro animal en las cercanías del Pisuerga, Valladolid. Si suponemos que, en este caso, alguien ha traído a nuestro país la cría de un animal exótico y lo haya soltado de adulto, ¿también lo llamaremos «especie invasora»?
    Y si en España hubiera granjas de cocodrilos —¡lo que faltaba!—, ¿también se los consideraría una «especie invasora»? Si finalmente se trata de cocodrilo u otro animal que nos moleste o que esté catalogado como «especie invasora», lo matarán porque es legal y lo más barato. O, con suerte, terminará en un zoológico y el centro de turno dirá que está «recuperando la especie». Los animales no son plagas; nosotros lo somos. El único invasor en toda la Tierra es el ser humano.
  • ¿Conejos? Hispania, nombre que le dieron los romanos a la península ibérica, significa «tierra de conejos». Sin embargo, ahora nos encontramos con que los conejos aparecen catalogados como plagas en algunas regiones de España. Resulta bastante llamativo que un animal, como tantos otros, cuya población ha sido diezmada hasta el exterminio durante los últimos 2000 años, se los considere molestos por ocupar menos del 1% del territorio que habitaba antaño. Paradojas del supremacismo humano.
  • La tórtola turca, los mapaches y muchos otros casos. Hay muchos animales que el ser humano ha llevado a España y a otros lugares con fines comerciales y cinegéticos. Luego se da la paradoja de que, cuando tales animales aumentan de población, alcanzan otras zonas no previstas o entran en conflicto con intereses humanos u otros animales esclavizados por los humanos, entonces se los pasa a considerar «especie invasora».
    Los propios cazadores que los han traído justifican su lucro y negocio cazándolos como si fuera un deber nacional. Irónicamente, hay casos como el de la tórtola turca, la cual ha llegado a España por migración natural, pero hay quienes han tratado de catalogarla como «invasora» para poder entretenerse con un tiro al pichón.
  • Roedores, cucarachas y otros animales vilipendiados. Al margen de que ciertos animales puedan transmitir enfermedades, cabe recordar que actúan como vectores a razón del pésimo estado en que viven. Nosotros los hemos despojado de su hábitat, los obligamos a vivir entre la inmundicia y, después, los condenamos a morir porque nos dan asco o pueden hacernos daño.
    Al igual que en los demás puntos resaltados, el especismo y el cinismo se unen en forma de miles de empresas exterminadoras —autodenominadas «fumigadoras» o «de control de plagas»—, cuyo lucro proviene de asesinar sistemáticamente a animales inocentes en un alarde de limpieza, saneamiento y civismo mientras millones de animales contaminan cada centímetro cuadrado que pisan,

Partido Vegano - Mapache sobre hierba - Xenofobia ecologistaEl ser humano cría animales y los traslada entre distintos países para explotarlos de alguna forma. Después, cuando ellos se escapan o alguien los libera, pasan a estar catalogados como «especies invasoras». ¿No somos acaso nosotros los responsables? ¿No somos nosotros quienes invadimos todos los hábitats? Menudo cinismo.

Conclusión

El concepto de «plagas» y de «especies invasoras» no tiene validez ni objetividad científica. Tales conceptos existen como parte del antropocentrismo humano y la necesidad humana de culpar y de vilipendiar a otros animales por el mero hecho de existir y de querer vivir sus vidas sin ser coaccionados, dominados o asesinados por el ser humano.

Los animales no son plagas ni especies invasoras. Ellos son meras víctimas de la gestión humana. Sólo intentan satisfacer sus intereses, como lo hacemos nosotros, y no tienen conciencia moral sobre los daños que causan a terceros. El lenguaje especista —con que nos adoctrinan desde pequeños— los cosifica como simples estorbos o incluso los crucifica como si fuesen responsables de sus actos o de su mera existencia. Justo al contrario: nosotros somos culpables de casi todas las consecuencias catastróficas que acontecen en la agricultura y en  medios naturales a causa de nuestras acciones.

El veganismo es el único principio ético que defiende a los animales y persigue el reconocimiento universal de sus derechos. Los activistas veganos defendemos a todos los animales con independencia de que sean o no de nuestro país porque todos ellos sienten y padecen como nosotros. Proponemos una gestión ecologista que no pase por encima de la vida de estas víctimas y que no asesine animales en nombre del bien de los ecosistemas.

Artículos relacionados
Fotografía-de-Lloyd-Morgan

La inteligencia animal, Lloyd Morgan y el negacionismo científico


Lloyd Morgan - Inteligencia animal - Negacionismo científicoEl negacionismo científico respecto a la inteligencia animal sigue tomando su base en el Canon de Lloyd Morgan.

El Canon de Lloyd Morgan

La inteligencia animal es un asunto que nos fascina. Aunque, a menudo, no para bien. Las ciencias aplicadas hacia los animales se centran en estudiar aquello que quizás podamos explotar de ellos. Esta breve entrada pretende señalar algunas nociones básicas sobre el estudio de la inteligencia animal y ejercer una condena sobre los sesgos antropocéntricos. Para profundizar, recomiendo visitar los respectivos enlaces.

Los estudios de etología, salvo honrosas excepciones que busquen desentrañar un misterio al estilo naturalista decimonónico, sólo analizan el comportamiento animal en la medida en que sirva para satisfacer intereses humanos. Y, por supuesto, si de rebote se llega a la conclusión de que tal o cual especie muestra ciertas habilidades complejas o incluso superiores a las humanas en algunos ámbitos, se tratará de reducir su mérito apelando a la ley de la parsimonia o parquedad, a menudo llamada también «Canon de Lloyd Morgan»:

«En psicología animal es absolutamente preciso no interpretar en ningún caso una acción como si fuese el resultado del ejercicio de una facultad mental elevada, siempre que pueda ser considerada como la consecuencia del funcionamiento de una facultad situada más abajo en la escala psicológica».

Lo paradójico del asunto es que, incluso hoy, el Canon de Lloyd Morgan se presenta como un razonamiento que busca combatir el antropomorfismo, aun cuando dicha premisa, en nuestro contexto actual, funciona como base de un razonamiento antropocéntrico.

Chimpancé rascándose la cabeza - Inteligencia animalLos científicos y la sociedad general empieza a aceptar al idea de que ciertos animales sean muy inteligentes y considera que deberían tener derechos por ello. Sin embargo, la mayoría de los animales continúan infravalorados por una razón de parentesco y la sociedad todavía no ha comprendido que el nivel de inteligencia no constituye un criterio para determinar el respeto que merecen los animales en sí mismos.

La inteligencia animal se desdeña

Los humanos somos infinitamente más condescendientes cuando nos autoestudiamos que cuando estudiamos la inteligencia animal. Y así ocurre a pesar de que, en la actualidad, conocemos con bastante profundidad que las diferencias cognitivas entre los humanos y otros animales no son tan abismales como siempre se ha estimado.

En pleno siglo XXI, podría alcanzarse el súmmum de que si un elefante encerrado en un zoológico aprendiera a tocar el piano, algún etólogo diría que se trata de una «respuesta compleja mediada por un condicionamiento operante por el cual el animal quiere captar la atención de los humanos para que les echen cacahuetes».

Resulta incoherente que se efectúen tantos y tantos estudios cuando la hipótesis nula ya está sesgada y se buscará racionalizar cualquier resultado fuera de las premisas. Esto es lo que llamamos negacionismo científico.

El negacionismo científico alcanza un cinismo sobrecogedor cuando, al mismo tiempo que se niega sistemáticamente la inteligencia de los animales, el ser humano se vale de la cognición animal para obligarlos a servirnos tras un proceso de adiestramiento y doma.

Recientemente, leía con asombro la noticia de que unos investigadores habían logrado enseñar a vacas a ir al baño con el objetivo de reducir la contaminación por amoniaco. O sea, la contaminación en el medio ambiente está mal; pero eso de criar y hacinar a millones de vacas por el simple gusto de saborear sus cadáveres está bien…

Si se estudiara a un ser humano con algún déficit cognitivo, ningún investigador tendría el valor de aducir, en un contexto dado, que un cetáceo o chimpancé fuese más inteligente ni cuestionaría el hecho de que el humano con dicho déficit poseyera derechos morales. Sin embargo, al margen de su inteligencia, les negamos sus derechos legales a todos los animales por la sencilla premisa de que no son humanos ni ningún estudio los hará cambiar de filogenia.

Y no hablamos únicamente de elefantes, chimpancés, cetáceos y otros animales de demostrado intelecto; sino de todos los animales en conjunto. A todos se los infravalora como consecuencia de la cosificación.

Cuervo visto de perfil - Cognición animal - Negacionismo científicoLos cuervos, entre otras aves, son unos animales muy inteligentes. A pesar del negacionismo científico, gracias a animales como éstos se ha desechado mitos sobre el cerebro tripartito y la creencia de que la cognición se encontrase en el neocórtex de los mamíferos. Asimismo, hay estudios en aves y otros animales que desmontan la creencia de que la inteligencia sea proporcional al tamaño del cerebro. Existe una correlación, no absoluta, respecto al índice o cociente de encefalización.

Cuando el prejuicio construye la ciencia

La inteligencia animal y sus particularidades nos asustan porque derruyen nuestras asunciones de superioridad. Conceptos como empatía se emplean también como arma del supremacismo humano. Este artículo de Oxford, del año 2012, afirma gratuita y contundemente que no había ninguna evidencia de que ningún animal aparte de los humanos mostrasen empatía. Madre mía.

Estos investigadores no debieron ver un perro en su vida ni a 200 metros. Lo llamativo del asunto es que, apenas un mes antes de la publicación de dicho artículo, una cumbre de neurocientíficos, en la Universidad de Cambridge, avaló la existencia de la conciencia animal. ¿Será que el autor o autores no pudieron asistir? ¿No estaban actualizados? ¿Estaban financiados por la industria ganadera? ¿O directamente son negacionistas científicos?

Cuando en ciencia se habla de la extraordinaria inteligencia humana, lo que estamos haciendo es utilizarlo como argumento para justificar nuestro prejuicio supremacista. Esgrimimos la inteligencia cual bandera identitaria. Debido a nuestro especismo nos importa realmente un bledo de cuánto sean capaces otros animales o cuál sea su nivel cognitivo, simplemente los discriminamos, desdeñamos y los consideremos inferiores porque no son humanos.

Mientras la ciencia sea especista, no podremos hablar de que sea enteramente objetiva a la hora de estudiar a los animales no humanos y la inteligencia animal. Para que alcancemos el progreso científico se precisa una ciencia ejercida por científicos que desechen sus prejuicios contra los no-humanos.

El negacionismo científico sigue siendo un lastre en la actualidad. Por ello, el activismo vegano no solamente actúa para devolverles la justicia fundamental a los animales, sino que, además, contribuye al avance de la ciencia mediante la eliminación de prejuicios.

Artículos relacionados
¡Derechos-Animales-ya-Gato-intentando-cazar-un-pez

Piensos vegetales para animales domésticos, ¿son saludables?

¡Derechos Animales ya! - Gato intentando cazar un pezQue los gatos sean animales carnívoros y tengan un instinto cazador muy desarrollado no significa que no puedan o que esté mal alimentarlos con piensos vegetales. Nuestra sociedad especista considera arbitrariamente que unos animales merecen vivir y otros, morir.

Los piensos vegetales, un debate constante

Actualmente, el número creciente de veganos y de alternativas sin explotación animal pone sobre la mesa la incoherencia de rescatar a unos animales —obrar el bien— mientras se financia el asesinato de otros animales por la sencilla razón de que pertenecen a otra especie animal.

Los piensos vegetales han llegado con bastante fuerza y el desarrollo actual de la sociedad indica que irán volviéndose más populares. La mayor inquietud de los compradores —en este caso los consumidores serían aquellos animales mantenidos— es si los piensos vegetales son saludables para animales. En este artículo quisiera aclarar algunas nociones básicas al respecto. Antes de comenzar, cabe señalar que Vet y vegan ya les ha dedicado un artículo a los bienestaristas y falsos veganos que justifican el asesinato de animales para convertirse en comida de otros animales.

Hay tres temas conflictivos que son la piedra de toque común respecto a los debates en torno a la práctica del veganismo: el vegetarianismo (excusado en el bienestar animal), las esterilizaciones de animales y su alimentación (tema que nos ocupa en esta entrada), Y así ocurre, en general, por una mezcolanza entre los prejuicios y la ignorancia de quienes sólo han comprendido en parte los fundamentos de los Derechos Animales.

Piensos vegetales para perros y gatos - Tabla explicativaEn la actualidad hay disponibles diferentes opciones de piensos vegetales que permiten velar por la salud de nuestros animales rescatados —como perros o gatos— sin causar daños a otros animales. En esta tabla podrá leer algunas explicaciones sobre la nutrición en gatos.

Los piensos vegetales son sanos y saludables

Muchos humanos son conscientes ya de que una dieta 100% vegetal es saludable en nuestra especie mientras se aplique el sentido común, es decir, mientras se tenga un mínimo de responsabilidad e interés en informarse para evitar cualquier tipo de carencia nutricional. Sin embargo, muchos veganos no parecen todavía convencidos de que la alimentación vegetal sea saludable para otros animales e incurren en el grave error de justificar su ignorancia y preferencia entre animales hasta el punto de participar y fomentar el asesinato de animales.

Si no es ético que ejerzamos ninguna forma de explotación animal en nuestro beneficio, ¿cambia algo que se haga en beneficio de terceros? En absoluto. Se confunde el obrar un bien para un animal con el hecho de que obrar bien pueda excusar un daño intencional y evitable en otros animales. A demasiada gente sólo le preocupan los animales que tienen en casa y no los que están esclavizados en granjas. Esto se llama «especismo de preferencias».

Tanto perros como gatos —por mencionar los animales domesticados más comunes— pueden llevar una dieta vegetal sin ningún problema. No obstante, parece haber mucha más reticencia en el caso concreto de los gatos a pesar de que no hay tanta diferencia real. Los requerimientos nutricionales de ambas especies se conocen desde hace décadas años. Si el pienso vegetal incorpora todos esos nutrientes en una proporción adecuada, cualquier especie animal logra alimentarse de manera vegana y conservar perfectamente su estado de salud durante toda su vida.

De momento, los estudios que existen sobre nutrición vegetal es animales indican claramente que suplen con creces las necesidades nutricionales de tales animales y que los riesgos asociados son menores en relación a los vinculados a los piensos cárnicos. Tal como explica la veterinaria y activista Mónica Manzanares (página web de su centro veterinario), existe el mito de que los carbohidratos causen diabetes u obesidad en los gatos. Los piensos grain-free son un producto de marketing, no existe hasta la fecha ninguna evidencia científica de que los carbohidratos causen problemas.

¡Derechos Animales ya! - Gato mirando al frenteAntes de sentar cátedra sobre la biología de distintos animales para justificar formas de explotación animal, la sociedad general debería informarse y tratar de ser coherente con sus pensamientos.

Carnivoría, omnivoría y la falacia naturalista sobre los piensos vegetales

Los animales podemos clasificarnos según nuestro metabolismo en distintas categorías que nos indican qué podríamos digerir y qué no. Los antiguos conceptos de «carnivoría», «omnivoría» y «herbivoría» están en desuso académico porque tales distinciones son arbitrarias. Los animales poseemos un conjunto enzimático que degrada compuestos biológicos. Según las características de dicho conjunto, junto con la síntesis o no en nuestro organismo de ciertos compuestos por reordenación de moléculas biológicas, podremos degradar —digerir— unas u otras sustancias ingeridas. Esto significará que ciertas sustancias nos alimentarán, otras nos serán neutras y otras tantas, quizás, nos dañen.

Típicamente, a un animal se lo ha considerado omnívoro si puede obtener un mismo nutriente por medio de distintas fuentes —no debe confundirse posibilidad con necesidad— o carnívoro si obtiene ciertos nutrientes de la carne para sobrevivir. Los perros, al contrario de lo que cree mucha gente, son omnívoros. Así que no debiera haber siquiera ningún debate sobre si darles o no piensos vegetales. Sin embargo, los gatos, aunque son carnívoros obligados, no necesitan tampoco que se les suministren piensos cárnicos. Ellos requieren una sustancia llamada «taurina» para vivir, la cual se añade a los piensos vegetales y suple cualquier necesidad que tuviera de cazar en la naturaleza. De hecho, la taurina presente en los piensos cárnicos también es artificial, como explica la veterinaria Mónica Manzanares (su blog):

La taurina se sintetiza y se añade artificialmente porque esos subproductos [los piensos cárnicos] han pasado por un proceso de transformación tan poco natural que no llega ni rastro de la taurina naturalmente presente en las vísceras, o al menos, no en cantidad suficiente para cubrir los requerimientos. Así que, una vez más, no hay gran diferencia entre los piensos comerciales veganos y no veganos.

Entonces, ¿dónde está el debate?

Ante estos hechos, la sociedad general e hipócritamente escéptica —porque se vuelve escéptica contra los piensos vegetales y no sabe nada sobre los perjuicios y enfermedades causadas por los piensos cárnicos— suele rechazar los piensos vegetales apelando a argumentos falaces. El alegato falaz más común es la falacia naturalista en sus muy heterogéneas manifestaciones. A continuación se exponen algunas de los alegatos más frecuentes.

Lo natural contra lo artificial

Como parte de la mentada falacia naturalista, hay quienes parecen convencidos de «lo natural» —mejor dicho, lo que ellos consideren «natural»— sea más sano que lo artificial. Esta creencia es triplemente errónea.

  1. Todo lo que comemos es artificial. Las plantaciones son artificiales, el proceso de recogida es artificial y las subsiguientes etapas de manipulación, higienización y venta son artificiales. En la naturaleza, los alimentos pueden contener bacterias, virus y otras sustancias perjudiciales para la salud. ¿Abrevaríamos a nuestros animales agua de una charca porque es más «natural»? ¿Acaso es más natural darles a los gatos trozos desecados de animales muertos que fueron criados y alimentados artificialmente? ¿No es un poco contradictorio? Hay quienes sueltan la palabrería esa de «la naturaleza es sabia» mientras los alimentan con unas bolitas extrusionadas fabricadas con cadáveres de pollo, vacas, espinas de pescado, perros eutanasiados en perreras y aceites de mala calidad desechados por los humanos que no valdrían ni para engrasar el motor de un coche.
  2. Los humanos llevamos tantos milenios manipulando la naturaleza que, en vista de nuestra tecnología actual y alcances sobre los distintos hábitat, podemos afirmar que no queda ni un centímetro cuadrado que sea «natural» en la naturaleza. Por poner un ejemplo sencillo, salvo en el Amazonas y otras regiones remotas, no queda ni un solo árbol que nosotros no hayamos plantado.
  3. Que algo sea natural o artificial no dice nada respecto a que sea mejor o peor. Para entenderlo mejor, consulte este artículo al respecto.

Un pienso vegetal suple todas las necesidades nutricionales del animal. Nuestro deber como sus cuidadores es velar por su bienestar sin perjudicar a terceros. Debemos aplicar la misma ética que con nuestros hijos.

¡Derechos Animales ya! - Gato junto con pato y gallinaLos gatos y otros animales domesticados pueden alimentarse saludablemente con aquello que les demos. Las condiciones humanas hacen posible que convivan entre sí animales que en la naturaleza se atacaría entre sí. No es nuestro objetivo manipular las vidas de los animales, sino ser justos con todos ellos mientras seamos responsables de sus vidas.

Tenencia y responsabilidad moral

Cuando se señala lo anterior, una de las excusas siguientes suele ser el alegato de que el veganismo sea una «imposición» en los animales o que hemos de dejar que hagan o que coman cuanto lo ellos decidan o prefieran. Ésta es la misma falacia de quienes dicen ser veganos pero no quieren que sus hijos lo sean. ¿Dar comida vegetal es una «imposición» y no lo es el ponerles en la mesa el cadáver de un animal? No me digas.

Nosotros somos responsables moralmente de aquellos animales cuyo cuidado asumimos. Al igual que no estaría bien abandonarlos a su suerte, tampoco tiene sentido permitir que cacen a otros animales o pagar para que otros humanos los maten para alimentar a nuestros animales recogidos. Nadie habla de alimentar a animales libres con piensos vegetales por la sencilla razón de que solamente somos responsables moralmente de aquellos a quienes cuidamos. Lo que hagan otros animales libres en la naturaleza no es nuestra responsabilidad mientras no seamos causantes de su existencia o estado.

Un recordatorio sobre el mal uso de los términos

El veganismo es un principio ético y, por definición, los principios éticos sólo pueden ser acatados por agentes morales. Los perros, gatos, conejos, vacas y demás animales no-humanos pueden llevar una dieta acorde con el veganismo pero no pueden ser veganos porque no son agentes morales —no distinguen lo bueno de lo malo—, son pacientes morales (merecedores del respeto).

Cuenco con muesli (cereales) - Piensos vegetalesLos piensos vegetales, como pudieran serlo nuestro cereales —muesli— para el desayuno, pueden ser tan saludables para los demás animales como para nosotros.

Conclusión sobre los piensos vegetales

Para finalizar este artículo sobre los piensos vegetales, los estudios existentes y la recepción social, quisiera citar un comentario completo del activista Igor Sanz (sitio web) sobre las reacciones que despierta este tema:

No se me escapa que el 90% de las actitudes reaccionarias frente a este tema provienen siempre de personas latinoamericanas. O dicho de otro modo: quienes más se oponen a las dietas vegetales para perros y gatos son «casualmente» aquellos que peor acceso tienen a ellas.
Y yo entiendo perfectamente que una persona que no disponga de piensos veganos siga alimentando con comida especista a los animales que conviven con ella; pero más útil sería que reconociera la dificultad de su situación y tratara de buscarle remedio a que ande poniendo excusas baratas y confundiendo a la gente con ese alarde de ignorancia supina (así sea fingida o involuntaria).
La situación en España hace 10 años era similar. Hoy en cambio la inmensa mayoría de los veganos españoles que conozco mantiene a sus perros y gatos a base de dietas vegetales y el debate se revela más o menos superado. Todos esos cientos de gatos en particular siguen maullando, afilándose las uñas y ronroneando. No han desarrollado plumas, ni escamas, ni ningún otro síntoma que sugiera una alteración de su «naturaleza».
Lo único que se aprecia aquí es una vuelta a lo de siempre: a esa tendencia general por fijar las opiniones en función de nuestra conveniencia.

Artículos relacionados