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La biomasa y el exterminio de los animales salvajes

Biomasa de animales terrestres - ¡Derechos Animales ya!

El estudio de la biomasa revela una extinción global

Desde que el ser humano empezó a manipular el medio ambiente por fines utilitarios, ha ido desarrollándose un grave desequilibrio natural que se refleja en la biomasa. Ésta se refiere a la razón cuantitativa de compuestos orgánicos que componen a los seres vivos. A partir del Neolítico, tras el inicio de la ganadería (esclavitud animal), ha llegado a nuestros días una tendencia caracterizada por la crianza de unos animales por los beneficios obtenidos y el exterminio perpetrado contra muchos otros por su aparente falta de utilidad.

Debido a nuestro antropocentrismo, heredado a lo largo de generaciones, la humanidad no piensa que los demás animales tengan siquiera derecho a habitar este planeta y vivir sus propias vidas libremente. Ejercemos contra ellos una discriminación sistemática basada en la especie y creemos dogmáticamente que sus vidas no tengan el mismo valor que las nuestras. Conforme nuestra población crece, construye y se erige sobre sus cadáveres, están cada vez más cercados y comprimidos por la expansión del animal bípedo.

Así ocurre hasta el punto de que ya alrededor del 90% de la biomasa de animales terrestres —a excepción de los insectos— y el 96% de la biomasa de vertebrados pertenece exclusivamente a humanos y animales domesticados. ¿Por qué sucede? Pues porque desde entonces estamos utilizando como recursos el espacio, la desaparición y la propia muerte de unos animales para hacer nuestra vida más fácil, apacible y darles de comer a nuestros esclavos no-humanos.

En pleno siglo XXI existe la creencia de que haya millones de animales no humanos en libertad. Los documentales de la BBC o National Geographic, entre otros, sacan la belleza que todavía queda en la naturaleza a pesar de la destrucción humana. Sin embargo, los animales que aún sobreviven pueden considerarse los últimos supervivientes o víctimas ante el previsible final muy próximo de sus poblaciones y especies en aquellos hábitats en donde moraban antes de que el ser humano bajase de los árboles.

La ciencia ya vaticina que nuestras acciones van a causar la sexta gran extinción planetaria, un cataclismo para la biota tan grave como la que hubo en el periodo Pérmico. Es decir, se calcula que los humanos causaremos la muerte masiva del 97% de todas las especies existentes. Las evidencias respecto a la biomasa revelan una devastación a todos los niveles y estratos con independencia del ecosistema.

Una cifra muy simbólica es el caso de los leones (Panthera leo), quienes han pasado de una población superior al millón hace aproximadamente 2000 años a una de tan sólo 20.000 ejemplares mientras escribo estas líneas. Todos los animales, desde los grandes a los pequeños, han sufrido una hecatombe similar o incluso con cifras más horrorosas.

¡Derechos Animales ya! - Ilustración de vertidos de plásticos y tóxicos al mar - Exterminio de animales debido a la contaminación

El estudio de la biomasa viene a confirmar el  exterminio de la vida y los daños evidentes causados por las acciones humanas. No sólo la contaminación mata a los animales sino, ante todo, el hecho de que a diario los criemos, hacinemos, cacemos y asesinemos para engullir sus cadáveres por placer e indiferencias. Podemos y debemos vivir sin causarles daño a adrede a otros animales.

¿Cabe alguna esperanza frente al exterminio?

La desproporción encontrada en la biomasa demuestra que estamos aniquilando sistemáticamente a los animales silvestres por falta de ética hacia ellos. Sin embargo, entretanto, los colectivos ecologistas (proteccionistas) se limitan a esgrimir el mismo antropocentrismo que los condena. Hablan de «conservación» y plantean argumentos utilitaristas para tratar de salvarlos: una ingenuidad que alcanza el grado de cinismo cuando muchos participan en el mismo crimen que condenan.

Cometen así el mismo error que las organizaciones animalistas cuando lanzan sus críticas contra el mal llamado «maltrato animal» o promueven sin pudor el fraude del «bienestar animal». Si de verdad queremos detener esta mera consecuencia de la explotación animal, primero deberemos obligatoriamente aceptar la injusticia que supone la crianza de unos y el exterminio de otros.

Un problema intrínseco a nuestra sociedad actual, por su configuración y planteamiento sobre el terreno, radica en que nuestra mera existencia impide, reduce o condiciona la vida de otros animales. A diferencia de quienes aún viven en tribus, somos el único animal que, por su modo de vida, altera con mayor alcance la superficie, área o volumen de espacio que requieren otros animales para vivir o moverse con libertad. Y, cuando no, la única especie que somete y esclaviza genéticamente a otros animales.

Para solucionar el extermino global que estamos causando —incompatible con la vida plena y libre de otros animales— debemos plantear un modelo semejante al de las sociedades tribales pero con las tecnologías y necesidades del mundo desarrollado.

Por ejemplo, a título personal se me ocurre reducir la duplicidad de carreteras, que todas cuenten con medios alternativos para el desplazamiento de animales salvajes a lo largo de sus hábitats, que se permita la vida de animales silvestres en parques con la debida precaución y, en definitiva, que las ciudades no sean recintos cerrados y estancos en expansión que permitan a los demás animales sortear infraestructuras, superarlas y vivir «entremedio» de la sociedad humana sin que les suponga un menoscabo para sus intereses en forma de muerte, agresión o esclavitud.

Hoy por hoy es imposible tanto a nivel moral como legal evitar el exterminio o proteger los intereses inalienables de los animales. Lo que observamos respecto a la biomasa son consecuencias esperables e irresolubles mientras la mentalidad humana siga siendo especista. Se requiere un cambio de paradigma absoluto y difícilmente llegará a lograrse antes de que los daños sean totalmente irreparables.

Lo peor no está en que una u otra especie se extinga (argumento ecologista); sino en que explotemos a tales individuos y éstos desaparezcan de la faz de Tierra sin haber recibido el respeto que merecían por parte de nuestros congéneres. Podemos y debemos vivir sin causarles daño a adrede a otros animales. Ése es el significado del veganismo.

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Nicho ecológico: fundamental y realizado

Cascada paradisíaca en Costa Rica - ¡Derechos Animales ya!Cascada de aguas cristalinas en Costa Rica. Cualquier conjunto de variables fisico-químicas puede constituir el nicho ecológico (nicho fundamental o nicho realizado) de una especie.

El concepto de nicho ecológico ha sido y es uno de los más trascendentales en la historia de la ecología. Durante el siglo que lleva definido ha sufrido diversas interpretaciones.

Teoría clásica del nicho ecológico

Joseph Grinnell fue el primer ecólogo en definirlo como: «La unidad de distribución más pequeña dentro de la cual cada especie se mantiene debido a sus limitaciones instintivas y estructurales» (1924).

Posteriormente, Charles Elton acuñó su propia apreciación: «El nicho describe lo que hace un animal en su comunidad. Es lo que hace, más que a qué se parece, lo importante» (1927, libro Animal Ecology).

Tanto Grinnell como Elton califican el nicho ecológico como el lugar que ocupa o el papel que desempeña una especie en el medio ambiente.

Fotografía de G. E. Hutchinson - Ecólogo brillanteGeorge Evelyn Hutchinson.

El cambio radical en el entendimiento del concepto vino a manos de G. E. Hutchinson en 1957. Transformó la noción asentada de que el nicho ecológico sea un atributo del ambiente y pasó a estimarlo como una característica intrínseca de cada especie.

Él lo identificó como el hipervolumen de n dimensiones dentro del cual la especie puede mantener una población viable.

Nicho ecológico - Gradientes ambientalesUna definición extendida de mi propia cosecha sería el conjunto global multivariable de condiciones físicas y químicas que determinan la idoneidad o posibilidad de que un ser vivo pueda vivir y reproducirse ante una coyuntura considerada. Establece la posición funcional o relacional de una especie en un hábitat. Así, por ejemplo, el nicho ecológico del ser humano vendría delimitado por las temperaturas que llegamos a soportar, la disponibilidad de alimentos que logramos asimilar, nuestras acciones hacia otros organismos y un largo etcétera.

El nicho ecológico se confunde a menudo con el hábitat o entorno en donde vive el organismo. No obstante, ambos términos pertenecen a categorías diferentes. El hábitat se refiere al área física ocupada por una especie y no dice nada acerca de sus relaciones.

Hutchinson señaló algunas restricciones en su representación del nicho ecológico:

  • Algunas regiones del nicho ecológico son más apropiadas que otras en términos de posibilidades de supervivencia de la especie.
  • No todas las variables que afectan a un organismo pueden expresarse de manera lineal.
  • No considera una dimensión temporal. Su modelo tiene en cuenta un solo instante en el tiempo.

Asimismo, su análisis coincide con otros autores en el establecimiento del principio de exclusión competitiva: si dos especies coexisten en un mismo tiempo y espacio, presentan forzosamente nichos ecológicos distintos.

Nicho ecológico - Exclusión competitivaEstudio de exclusión competitiva en tres especies de pinzones en puntos localizados de las Islas Galápagos. Esto refleja la gran variabilidad del dicho realizado a tenor de las relaciones interespecíficas.

La presencia y ausencia de las especies en un medio considerado depende del nicho ecológico y de las interacciones con otros elementos. En dicho sentido, distingue el nicho fundamental y el nicho realizado.

Nicho fundamental

El nicho fundamental —o potencial— engloba toda potencialidad de vida para una especie sin considerar los efectos de las interacciones físico-químicas que limitan su existencia. Sería pues el intervalo multidimensional cuyo resultado da unas probabilidades entre 0% ≥ 100% de que tal especie pudiera habitar un ambiente en concreto si se dieran las circunstancias.

Nicho realizado

El nicho realizado —o efectivo— es la inclusión de factores aleatorios al nicho fundamental. Se refiere a las condiciones reales (presentes o pasadas) que disponen la situación de una especie en la biosfera. Por definición, el nicho realizado presenta unos límites más estrechos dentro del nicho fundamental. Sin embargo, el nicho realizado no tiene por qué ser el nicho que tuviera mayores posibilidades de acontecer en la realidad. La competencia entre especies desencadena que algunas queden bastante desplazadas de su óptimo ecológico.

Nicho ecológico - Diferencia entre nicho fundamental y nicho realizadoEl nicho fundamental es el nicho ideal o potencial de la especie. Y el nicho realizado es el nicho que la especie ocupa realmente por múltiples causas, entre ellas, la exclusión competitiva.

Para entenderlo mejor conviene poner un caso hipotético: ¿Por qué no hay leones en la Antártida? Como no los hay, podemos afirmar que su nicho realizado no se halla en el conjunto multimensional propio de ese medio natural. No obstante, ¿sería imposible que hubiese leones en la Antártida si tuvieran refugios donde guarecerse y presas con las cuales alimentarse? Por desgracia, conocer el nicho fundamental de una especie resulta una tarea casi imposible; pues difícilmente consigamos valorar todas las variables en juego.

En resumen: el nicho realizado «es» y el nicho fundamental «pudiera ser». Por ello, resulta un error creer que el hábitat de una especie sea potencialmente el único que satisfaga el conjunto multidimensional de variables que el animal requiere para sobrevivir.

Teoría moderna y unificada del nicho ecológico

A pesar de que lleva casi cien años en uso, el concepto del nicho ecológico no se ha visto exento de críticas y reformulaciones durante las últimas décadas.

MacArthur, Levins y otros postularon la teoría moderna del nicho. Según ésta, el nicho ecológico comprendería la distribución de las especies de acuerdo con su explotación de los recursos. Al estar definida para poblaciones de especies particulares permite estudiar la utilización o explotación fraccional de los recursos a lo largo de una o más dimensiones llamadas «ejes del nicho. En consecuencia, el aprovechamiento ejercido por una población sobre los recursos puede representarse como un histograma de frecuencias. Esta representación posibilita la evaluación de algunas propiedades de los nichos ecológicos, tales como su amplitud o el solapamiento existente entre ellos.

Este planteamiento ha recibido numerosas reprobaciones por parte de botánicos, quienes lo consideran limitado o inadecuado para las plantas debido a que todas ellas muestran requerimientos similares. Por tanto, no ofrece una explicación para sus nichos ecológicos.

En el año 2001, Hubbell planteó la titulada «Teoría neutral unificada de biodiversidad y biogeografía». En ésta, las diferencias entre nichos resultan irrelevantes. Explica que el principio de exclusión competitiva suele tardar demasiado tiempo, por ello, otros procesos como la dispersión y la deriva ecológica aleatoria se vuelven dominantes en combinación con ciertas características poblacionales (natalidad, mortalidad y reproducción).

El modelo neutral ha tenido un éxito limitado. Su principal defecto radica en el modelo no funciona en grandes escalas espaciales y únicamente puede aplicarse para un mismo nivel trófico. Por ende, no sirve para analizar cómo un nivel trófico puede afectar a otros.

Hasta la fecha, la teoría clásica propuesta por George Evelyn Hutchinson goza de amplia mayoría y se enseña como base en las universidades. Posiblemente en los próximos años se produzcan otras interpretaciones del concepto o se añadan matizaciones gracias a los avances en computación.

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