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¡Derechos Animales ya! - Bebé niña con ojos azules

¿Bebé muerto por una dieta vegana?

¡Derechos Animales ya! - Bebé niña con ojos azules - ¿Bebé muerto por una dieta vegana?Una noticia reciente del diario 20 Minutos afirma que se ha encontrado un bebé muerto por una dieta vegana. Acontece un uso perverso del lenguaje cuando se achaca al veganismo la culpa del fallecimiento de un menor. Nótese que esta fotografía es meramente ilustrativa; no la víctima de tal suceso.

Introducción

Cada dos por tres, en diversos medios de comunicación, se publican noticias muy similares en las cuales se relata que se ha encontrado un bebé muerto por una dieta vegana. Por ejemplo, tomo como referencia esta noticia publicada en el diario 20 Minutos. En este artículo, deseo señalar varios asuntos relacionados que, a menudo, se utilizan como arma arrojadiza para difamar, tergiversar o calumniar al veganismo o a quienes somos activistas por los Derechos Animales.

Conforme el veganismo crece en número de practicantes y de gente interesada en saber del tema, han aumentado también los conflictos de intereses respecto a este principio ético. Los intereses de la industria, unidos a los prejuicios colectivos y un escaso rigor periodístico se convierten en una bomba mediática que desemboca en titulares amarillistas y en un uso perverso del lenguaje para relatar para sucesos terribles que en nada se relacionan con el veganismo, con los veganos o con una dieta vegana.

No pretendo, como algunos podrían interpretar, blanquear este lamentable suceso o afirmar que todo ello se produce por una conspiración contra los veganos. No lo creo. Lo que sí considero, con base en las evidencias, es la existencia de una ignorancia social muy grave respecto al significado del veganismo y una necesidad social de desprestigiarlo utilizando sucesos o argumentos espúreos como forma de autoprotección mental ante las acciones propias.

¡Derechos Animales ya! - Padre da la mano a su bebéUn padre o madre debe ser responsable con sus hijos. Un vegano o vegana quiere lo mejor para sus hijos sin participar, al mismo tiempo, en injusticias contra los animales. Una dieta vegana, bien planificada, es saludable en todas las etapas de la vida.

¿Hay algún bebé muerto por una dieta vegana?

Tomando la noticia mencionada al inicio de este artículo, podemos leer que el titular achaca que el menor murió desnutrido porque su madre lo alimentaba con una «dieta vegana estricta».

En el cuerpo del texto se afirma que una mujer está acusada de homicidio por ser responsable de la muerte por negligencia de su bebé. Incomprensiblemente, se agrega sin pudor que el bebé murió por seguir una «dieta vegana estricta»; aun cuando los hechos relatados en la propia noticia permiten discernir que la madre no era vegana y que la muerte del bebé se produjo por una absoluta negligencia materna, no a la existencia de una dieta vegana.

Una dieta vegana, por definición, es aquella dieta que seguimos las personas veganas como rechazo ético hacia la explotación animal. En consecuencia, una dieta vegana no presenta productos de origen animal. Desde el punto de vista semántico, es incorrecto (un pleonasmo) añadir el adjetivo «estricta» porque el veganismo no es una dieta y toda dieta vegana excluye productos de origen animal por definición.

La dieta vegana está avalada por organismos internacionales (más referencias aquí). La madre que malnutrió a su hijo no seguía una dieta vegana porque no era vegana. Esto se evidencia en la propia noticia cuando ésta afirma que lo hace por motivos religiosos. Y, a su vez, una dieta vegana, bien ejercida, es incompatible con la malnutrición, privación o efectos perjudiciales en bebés o niños.

¡Derechos Animales ya! - Bebé llama por teléfono de cableAfirmar que hay un bebé muerto por una dieta vegana equivale a afirmar que la práctica del veganismo es responsable de la muerte de un menor.

Un uso perverso del lenguaje

Acontece un uso perverso del lenguaje cuando se aduce que alguien muere por seguir una dieta vegana; pues transmite la información falsa y anticientífica de que alguien puede morir por seguir una dieta vegana o que ésta lleve a la muerte a seres humanos por ser inherentemente deficitaria.

En resumidas cuentas, la mención innecesaria e irrelevante de que el bebé seguía una dieta vegana sólo sirve para establecer una relación causa-efecto inexistente que lleva a los lectores a pensar, falsamente, que el veganismo sea una dieta que alguien pueda seguir por razones religiosas y que la dieta vegana sea, per se, dañina o deficitaria.

Irónicamente, esta información agregada para «explicar» la existencia de este «bebé muerto por seguir una dieta vegana» no se produce nunca en aquellas noticias en que se detallan que ciertos menores han fallecido o les han retirado a sus padres la patria potestad en virtud de que los tenían en un estado de malnutrición alimentándolos a base de hamburguesas del McDonald’s o de otros productos insalubres de origen animal.

Cuando la dieta que unos padres le imponen a un menor es la típica, común o habitual para el seno de la sociedad, no se alega que sea la «dieta mediterránea» o la «dieta estadounidense» la culpable en sí misma de causar la muerte de un humano. En tales casos, se especifica que el bebé o niño murió por negligencia parental no asociada a la salubridad de la dieta.

En cambio, cuando existe el testimonio o la mera suposición de que unos padres alimentan a sus hijos con una dieta vegetal, los periodistas asumen que los padres son veganos y que los menores llevan una dieta vegana. Pues no, que unos adultos sigan una dieta vegetal no los convierte en veganos —pueden ser vegetarianos—, ni ello conlleva que a sus hijos los alimenten bien o mal, ni que una dieta vegana sea deficitaria por ser únicamente vegetal.

¡Derechos Animales ya! - Bebé toma un biberónUn bebé necesita leche materna para alimentarse; pero no necesita la leche de otras hembras mamíferas. A veces, la sociedad confunde el no consumo de productos de origen animal con el rechazo hacia la propia leche materna de una madre humana.

Temores infundados hacia una dieta vegana

Existe un rechazo infundado hacia una dieta vegana, sobre todo, en menores. A menudo hay quienes afirman tajantes y sin reflexión que resulta imposible alimentar a un niño de forma vegana o que crecerá con déficit en vitaminas, proteínas, hierro u otros nutrientes.

Estas consideraciones sin sentido no nacen, en ningún caso, de una profunda investigación, análisis o estudio; sino de informaciones falsas, datos sesgados o asunciones obtenidas por fuentes no fidedignas.

La sociedad incurre a menudo en varias falacias asociadas a una dieta vegana en menores, a saber, la creencia de que alimentar a un hijo con una dieta vegana equivale a una «imposición» (falacia de la imposición) o «maltrato infantil», o el alegato improvisado de que, según ellos, un vegano estaría incumpliendo el veganismo al alimentar a su bebé con leche materna, o bien, que no lo alimenta con leche materna o que no podría vivir sin consumir leche de vaca.

  1. El deber de un padre se resume en cuidar y educar a sus hijos para que puedan desarrollarse y prosperar en nuestra sociedad. Cualquier alimentación que se les provea es una imposición, en tanto que el menor no elige o no alcanza el nivel de conciencia necesario para elegir una dieta que supla sus necesidades nutricionales. No es, precisamente, mayor imposición ofrecerles alimentos 100% vegetales y sanos que alimentarlos con los huesos, músculos, vísceras y otros tejidos de animales muertos que fueron criados, hormonados y engordados artificialmente por el ser humano. Para colmo de males, muchos de los humanos que tildan una dieta vegana de «maltrato infantil» son los mismos que, más tarde, participan o justifican que a las niñas se les agurejeen las orejas como al ganado esclavizado.
  2. Los veganos no consumimos productos de origen animal porque provienen, por definición, de la explotación animal (uso de animales como recursos para nuestros fines). Dar a nuestros hijos una leche proveniente de una hembra mamífera significa apoyar su crianza, hacinamiento, marcaje, inseminación artificial, separación de sus crías y posterior asesinato. Esto no tiene nada que ver con la leche materna, la cual segrega la propia madre (u otros madres humanas) con pleno consentimiento y sin perjuicio para sus intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Bebé asiático vestido de sabioUn niño criado sin los prejuicios de una sociedad especista llegará, indefectiblemente, a pensar mejor por sí mismo y adquirirá un mejor conocimiento de aquello que lo rodea. No hay ningún bebé muerto por una dieta vegana, pero sí muchos animales muertos por dietas no veganas.

Conclusión

Esta noticia sobre un «bebé muerto por una dieta vegana» llegó a mí, como a tantos lectores, mediante una columna de 20 segundos de la versión en papel. Esto agrava todavía más la desinformación posible entre los lectores. En dicha columna, apenas aparecía el titular y veinte palabras en que se afirmaba que se había hallado un bebé muerto y que había indicios de que había muerto por una «dieta vegana estricta».

La razón de fondo reside en que el redactor de turno, como la propia sociedad, relaciona que si una dieta vegana consiste en «eliminar productos animales del menú», entonces debe de ser deficitaria en tanto que, según nos adoctrinan desde pequeños, los productos de origen animal son esenciales para el crecimiento correcto de nuestros huesos y músculos. ¿No dicen eso los anuncios de Puleva o de otras empresas con intereses específicos en promover la crianza y asesinato sistemático de animales por simple gusto, placer, tradición y utilidad de los seres humanos?

Escribí al periódico 20 Minutos a razón de esta noticia sobre el supuesto bebé muerto por una dieta vegana y no obtuve respuesta. Por ello, me permito la licencia de dudar sobre la honestidad de dicho medio por haber falseado la información del caso y haber perpetrado un uso perverso del lenguaje.

A los profesionales de la información que sean verdaderamente honestos les ruego un mayor rigor y profesionalidad periodística para no incurrir en este uso perverso del lenguaje. El periodismo en la actualidad se ha convertido en un bastión de desinformación y propaganda. Y a la sociedad general le pido que abandone sus miedos y graves reticencias hacia la práctica del veganismo y que empiece a pensar más allá de la publicidad, de la cultura inculcada y de los argumentos falaces y autocomplacientes.

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¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humana

¿Sobrepoblación humana o plaga humana?

¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humanaLa población humana ha alcanzado cotas insostenibles para el planeta. Debemos afrontar el problema de la sobrepoblación humana o plaga humana tanto por nuestro futuro como por el de otros animales.

Introducción

La sociedad del siglo XXI sigue manteniendo muchas conductas y aspiraciones que, lejos de lo racional, proceden de instintos y sentimientos básicos y compartidos con otros animales. En este artículo, deseo argumentar que existe una sobrepoblación humana, por qué es objetivo afirmar que hemos alcanzado el nivel de convertirnos en una plaga humana en el planeta y cómo podemos o debemos enfrentar el problema de la población humana fuera de los asuntos convencionales.

El ser humano, desde los albores de la civilización, ha establecido con los demás animales una relación depredadora y parasitista. En otros artículos he tratado los aspectos de la discriminación moral, así como algunos desencadenante biológicos referidos a nuestra actitud hacia los animales y el conjunto de símbolos y recreaciones de poder con que hemos establecido argumentos falaces y mecanismos de defensa social —o statu quobasados en la utilidad.

Han sido muy pocos los pensadores en la historia que han cuestionado las acciones humanas para con los animales. Ha sido relativamente reciente cuando se ha empezado a abolir algunos de los mayores crímenes causados por la humanidad a otros humanos. Y hoy, cientos de miles de años después de nuestro surgimiento como especie en la Tierra, es la primera vez que existe un colectivo creciente para la defensa de los animales y sus derechos.

Sin embargo, la promoción del veganismo y la lucha por los Derechos Animales queda empañada o subsumida ante el crecimiento incesante y exponencial de la población humana, la cual ha generado una sobrepoblación humana o plaga humana. Esto hecho nos invita a desarrollar una visión bastante pesimista de un futuro próximo.

¡Derechos Animales ya! - Ectoparásitos de las vacasEl ser humano cataloga como plaga a cualquier animal que perjudica a nuestros intereses. En esta fotografía, por ejemplo, se hablaría de que esta vaca sufre una plaga de moscas porque las moscas perjudican el valor de esa vaca —objeto, propiedad o esclava—, es decir, porque perjudican nuestros intereses derivados de la esclavitud animal.

¿Los humanos somos una plaga?

Para nuestra sociedad especista y antropocéntrica, plaga sólo pueden serlo los animales, las plantas, los hongos, las bacterias y otros organismos; no nosotros. Durante mi carrera en biología tuve profesores de ecología que negaban sistemáticamente que los humanos fuéramos plagas o que pudiéramos serlo.

Aunque suene llamativo, he oído en bocas de científicos que la población humana —por ser humana— siempre será una población «natural» porque «somos responsables de nuestras decisiones», como si los demás animales se reprodujeran siguiendo únicamente un intrincado reloj biológico —o fuesen simplen máquinas autorreplicantes— y como si la moralidad de una acción variara según la naturaleza de su origen.

Resulta especialmente chocante que un investigador dedicado a los efectos de la contaminación, la deforestación y el cambio climático niegue, en cambio, que tales efectos estén relacionados con la sobrepoblación humana. A la vista queda que el antropocentrismo es un prejucio capaz de anular cualquier atisbo de autocrítica y racionalidad en lo tocante a la población humana.

Podemos afirmar que ya existe una sobrepoblación humana porque nuestra magnitud poblacional, unida a nuestros hábitos de vida, consume e impacta sobre la biosfera mucho más de cuanto ésta puede resistir (concepto de «resiliencia ecológica»).

Hay quienes aducen que no es correcto hablar de sobrepoblación humana porque nuestro impacto va mediado principalmente por nuestros hábitos de consumo. No obstante, considero que este enfoque es falaz porque se vuelve imposible desligar la huella ecológica de un ser vivo a sus propias acciones, ya sean o no estrictamente necesarias para su supervivencia.

Si entendemos que, en un sentido social, el significado de «plaga» alude a cualquier conjunto de organismos cuya población perjudica a nuestros intereses, se vuelve lógico aceptar que, si la población humana perjudica a otros sujetos —los animales— por nuestra población desmesurada, entonces es justo afirmar que existe una plaga humana respecto al resto de los animales.

Ocurre, no obstante, que el ser humano evita usar los mismos términos despectivos para nosotros que los usados para otros animales. Ésta es la razón, y no otra, de por qué se ha popularizado el concepto de «sobrepoblación humana» y no el de «plaga humana».

¡Derechos Animales ya! - Esquema de crecimiento de la población humanaLos humanos, en conjunto, nos hemos convertido en una plaga para los animales con quienes compartimos el planeta. Considerar esto no significa ni aboga la misantropía ni conlleva afirmar que haya razas o culturas humanas mejores, peores, superiores o inferiores.

Hablar de plaga humana no implica ni justifica la misantropía

Un camino fácil para el lector medio sería aducir que hablar de «plaga humana» evidencia algún tipo de trastorno mental o un fuerte componente misántropo en quien redacta estas líneas. Aunque no queda en mi mano que cada quien interprete mis textos con la finalidad deseada, no puedo sino recordar que este término responde a una mera analogía del uso social que hace la humanidad cuando tacha a determinados animales, sus poblaciones y especies como «plaga» —o incluso de «especies invasoras»— en un sentido absoluto del término.

Soy de la opinión de que el progreso social y ético depende de la confrontación de ideas. Y de que dicha confrontación de ideas se ve favorecida por la reflexión que suscita el uso de nuevos términos o giros idiomáticos para expresar un planteamiento no considerado — o no de esa forma— o sobre el cual recaen prejuicios previos. He aquí mi advertencia in media res.

¡Derechos Animales ya! - Agricultura y pesticidasLa agricultura intensiva para alimentar al ganado esclavizado es una de las mayores causas de deforestación. La deforestación, a su vez, favorece el cambio climático y otras consecuencias sobre el clima. La sobrepoblación humana y nuestra mentalidad hacia los animales perjudican nuestra propia supervivencia y destruye absolutamente la de ellos.

El enfoque antropocéntrico de la sobrepoblación humana o plaga humana

Cuando uno plantea siquiera el hecho objetivo de que ya hay y habrá más humanos que la capacidad del planeta para regenerar aquellos recursos que necesitamos, la sociedad sólo suele caer inmediatamente en los argumentos antropocéntricos de corte ecologista.

Dado que los humanos nos consideramos seres especiales, superiores y cuya obligación ética se limita a nuestros semejantes, no cabe extrañarse de que la sobrepoblación humana sólo se plantee como un problema para la supervivencia de las futuras generaciones. A menudo, se esgrime el aforismo de que debemos dejar «un planeta mejor para las generaciones futuras» en lugar de comprender que debemos dejar «mejores generaciones futuras para el planeta».

El planeta, como tal, no es un sujeto ni posee derechos porque no cuenta con intereses. La Tierra es un espacio físico finito compuesto por la suma de innumerables compuestos moleculares que forman estructuras inertes o vivas. Cuando un ecólogo habla de «planeta» se refiere a la biosfera. Y cuando un activista vegano —como un servidor— habla de «planeta» se refiere al conjunto de sujetos no humanos, es decir, a los animales.

Cuando se dice que la sobrepoblación humana supone «un problema para el planeta» se incurre en un reduccionismo antropocéntrico en que «planeta» pasa a significar el conjunto de recursos que nuestra especie requiere para sobrevivir. El enfoque ecologista no adquiere, pues, un sentido ético ni filosófico, sino meramente antropocéntrico. A menos que entendamos dicha postura como una filosofía antropocéntrica.

¡Derechos Animales ya! - Niños pobres en la IndiaLa pobreza es, a veces, resultado de una baja planificación familiar unida a costumbres y hábitos heredados. Se da la paradoja de que el ser humano decide controlar la reproducción de los animales con el argumento de evitar las plagas o los abandonos mientras no tiene ningún tipo de conciencia sobre nuestra propia reproducción y cómo hay niños que terminan viviendo entre la basura.

La hipocresía social respecto a la sobrepoblación humana

Como he señalado en otros ensayos, el ser humano no duda en exterminar a otros animales al considerarlos plaga mientras, al mismo tiempo, el ser humano niega su propia condición y no hay ningún otro ser en la Tierra que cause o pueda causar potencialmente más daño a sus semejantes y al resto.

La sociedad presenta una serie de ideas erróneas respecto a su reproducción y la del resto de los animales:

  1. La sociedad humana piensa que nuestra reproducción —tener hijos— está motivada por factores diferentes al de los animales. Los humanos nos reproducimos porque se trata de un instinto natural para la supervivencia de la especie. Es, a posteriori, cuando la sociedad y los científicos buscan un supuesto origen surgido de un elevado razonamiento con que distinguirse de la «reproducción vulgar» de otros animales. En humanos, el cuidado parental implica sacrificios sociales y legales, medidos en energía y tiempo, que no pueden justificarse apelando a la necesidad del individuo o un beneficio potencial. La «apetencia» por tener hijos está condicionada por un factor biológico y cultural.
  2. La sociedad humana piensa que su reproducción está legitimada en sí misma. Otros animales presentan mecanismos fisiológicos o conductuales para controlar su reproducción. En cambio, el ser humano se reproduce con una planificación que, en muchos casos, llega ser inferior a la de otros animales. Resulta llamativo que la sobrepoblación humana esté más presente en aquellas regiones del mundo con menor índice de alfabetización o grado de desarrollo tecnológico, lo cual viene a confirmar que la reproducción no proviene en su mayor parte de una educación o reflexión previa, justo como sucede en los animales.
  3. La sociedad humana piensa que tiene legitimidad, en cualquier caso, para condicionar o impedir la reproducción de otros animales. Como consecuencia del antropocentrismo ya aludido, el ser humano busca reproducirse sin planificación ni estima de las consecuencias mientras ejercer acciones sistemáticas para la mutilación de órganos genitales de perros, gatos y otros animales con el argumento de que es por su bien o para evitar el abandono de animales. Ambos argumentos proceden de una mentalidad —el bienestarismo— que no percibe a los animales como sujetos que merecen el mismo respeto que nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Sobrepoblación humana o plaga humanaUn crecimiento perpetuo es insostenible y físicamente imposible en un medio finito. Que haya regiones del mundo con una densidad humana tan alta ya es un signo evidente de que nos hemos convertido en una plaga humana y de que algo estamos haciendo mal.

¿Por qué debemos reducir nuestra población?

Aparte de la evidencia científica en lo tocante a la supervivencia de la humanidad, la sobrepoblación humana —o plaga humana— supone un grave problema para los animales con quienes compartimos el planeta. Si entendemos que los animales no son máquinas autorreplicantes —o «activos autorreplicantes— en un sentido económico— porque sienten, padecen y poseen conciencia, entonces debemos no sólo cuestionar nuestras acciones para con otros humanos, sino también en cómo afectan o perjudican a los animales.

El ecologismo especista se acuerda de la extinción de especies y apela a la conservación de animales —como si fueran obras de arte en un museo— porque la desaparición de dichos animales, siempre sujeta a la plaga humana y sus actividades, supondría una merma para las actividades humanas, tanto aquéllas vinculadas a nuestras necesidades básicas (p. ej. comida) como aquéllas relacionadas con necesidades derivadas (p. ej. dinero).

A los animales no les basta con existir o estar cuidados en zoológicos, acuarios, delfinarios u otros centros de explotación animal. Ellos poseen intereses inalienables que los llevan a desear ser libres y a vivir sin la violencia, manipulación, coacción o intervención humana.

Por ende, cualquier enfoque que se limite a proponer la crianza en cautividad de animales para su preservación presente y futura no sólo está obviando el problema de la sobrepoblación humana y de la destrucción de hábitats naturales; sino basándose en el statu quo que detona la situación global que vivimos, es decir, el prejuicio de que sólo los seres humanos importamos y de que nuestros deseos bien merecerían la ruina y destrucción de la Tierra y de cualquier planeta que busquemos colonizar.

No sé si los seres humanos llegaremos a habitar otros planetas. Probablemente sí en un futuro más o menos lejano. Sin embargo, si no nuestra mentalidad para con los animales no varía, siempre seremos un virus o una plaga en perpetua autopropagación.

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¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos

La domesticación, la selección artificial y sus efectos

¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectosLa domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

Una introducción al especismo científico

Un biólogo investigador, experto en el campo de la domesticación animal, trató de humillarme en Twitter —sin expresar ningún argumento, dejándome a merced de sus seguidores (o palmeros)— ante mi afirmación de que la domesticación podría definirse como «el proceso de endogamia forzada por el cual el ser humano ha seleccionado y manipulado a los demás animales para disponerlos como recursos para sus fines. Es la consecuencia de un fenómeno de cosificación».

Quizás recurrió a la ridiculización y al insulto fácil porque no sabía que yo también era biólogo. Este señor, como doctorado, posee un nivel de conocimientos y de especialización mayor en su área. Sin embargo, eso no lo vuelve inmune de incurrir en el efecto Dunning-Kruger, es decir, sus altos conocimientos no le impiden caer en la creencia irracional de que siempre llevará razón en su campo de estudio o de que tenga suficiente conocimientos para refutar o contraargumentar en otros campos (como en filosofía, antropología, historia o Derechos Animales).

Los prejuicios morales, junto con los conflictos de intereses personales y colectivos, constituyen uno de los pilares del antropocentrismo. Y una interpretación sesgada de la naturaleza nos lleva a tratar de excusar la explotación animal apelando a la falacia naturalista. La ciencia es objetiva en sí misma. Sin embargo, al estar construida por seres humanos, no queda libre de prejuicios especistas camuflados de objetividad.

Sin más preámbulos, en este artículo quisiera definir y reflexionar acerca del proceso y los efectos de la domesticación desde un punto de vista biológico y filosófico, y ofrecer mis propios juicios sobre la selección artificial y, en sentido amplio, la manipulación humana de animales como fruto del antropocentrismo.

Este ensayo está íntimamente relacionado con otro titulado: La ganadería y las prácticas ganaderas

Los animales domesticados son los actuales descendientes de animales salvajes que fueron separados, confinados, manipulados y asesinados por el ser humano. Lejos de conformarnos con esclavizarlos a nivel de «individuo», los hemos esclavizado como «colectivo» o «raza» al condicionar sus caracteres por selección artificial para volverlos dóciles e, hipotéticamente, también menos inteligentes.

¿Qué es la domesticación?

Desde un punto de vista biológico, la domesticación es un proceso artificial —ejercido o condicionado por el ser humano, elemento antrópico— consistente en la selección de animales con unos rasgos biológicos determinados —o, en la actualidad, su inclusión genética— que ingenió nuestra especie desde los albores de la civilización para mejorar e incrementar los beneficios obtenidos por medio de la explotación animal.

Desde antaño, tales ganancias se traducen en recursos y dinero (bienes materiales y bienes abstractos). Por ejemplo, seleccionar a aquellas vacas con las ubres más voluminosas y que segregaran más leche aumentaba la producción de dicha sustancia y, a mismo tiempo, el rendimiento económico del ganadero.

El mismo caso aconteció con infinidad de especies animales: cerdos más gordos al nacer y que engordasen más rápido, caballos más pesados o rápidos según a cuál fin se los vinculase, o toros que, supuestamente, fuesen más agresivos de lo esperado para un animal herbívoro con el fin de que los humanos —«la raza superior»— pudiera divertirse mediante la tauromaquia u otros festejos que son una recreación festiva de la dominación humana.

La domesticación, por definición, implica la selección artificial de caracteres beneficiosos para el ser humano, no para el animal de turno. La aparición de un fenotipo beneficioso para el ser humano requiere conseguir que los ejemplares sean de «raza pura», es decir, que sean homocigóticos para el carácter deseado. Un animal homocigótico o de «raza pura» para uno o más caracteres es aquél que presenta todos sus alelos —variantes posibles de un gen— iguales para uno o varios caracteres.

Hoy, por fortuna o desgracia de los avances científicos en genética, la selección artificial permitr incluso insertar genes alóctonos y perjudiciales para sus vidas con tal de incrementar la productividad.

Explicado de una manera simple, la domesticación requiere la selección de unos animales que muestren unos caracteres deseados y que, al mismo tiempo, estos caracteres sean la única manifestación génica posible de los parentales para evitar que la aleatoriedad de los cruzamientos —originada por recombinación génica— genere híbridos —animales con más de un alelo diferente para un mismo carácter— sin los caracteres deseados.

Es tal el grado de cosificación, que por boca de ecólogos, he llegado a oír que los animales esclavizados como «ganado» —el propio término despierta connotaciones negativas— constituyen «microhábitats» de la biodiversidad para moscas, tábanos, bacterias y endoparásitos. Yo, en esta fotografía, sólo veo la parte del cuerpo de un animal. Las funciones que pueda desempeñar un animal por su existencia en la naturaleza no deben reducir al animal a ser un mero elemento del paisaje.

Relación entre domesticación y endogamia

Cruzando animales que sean razas puras para los caracteres deseados, el ser humano se asegura de que su descendencia, en teoría —a menos que lo impidan la expresión de otros genes—, manifieste fenotípicamente dichos caracteres deseados.

Debido a que la presencia de caracteres homocigóticos aumenta dentro de una población animal seleccionada por el ser humano —como consecuencia de la selección artificial— la domesticación conlleva, inherentemente, un incremento de la endogamia —del parecido genético— entre los animales seleccionados y reproducidos con el fin de mantener dichos caracteres.

El concepto de «endogamia», con ligeras variaciones según de la fuente tomada, aparece definida usualmente como «la acción y el efecto del cruzamiento o la reproducción entre individuos con un parentesco genético».

En veterinaria abundan los artículos académicos sobre animales esclavizados como ganado en los que analizan sus tasas de endogamia como fruto de la selección artificial. Por ejemplo, enlazo esta tesis doctoral sobre la tasa de endogamia en la ganadería vacuna mexicana para la raza «beefmaster», nótese que los humanos somos jocosos incluso a la hora de nombrar a nuestros esclavos.

Que la domesticación conduce a la endogamia no es un misterio de la ciencia. Por este hecho, los veterinarios cómplices de la industria ganadera deben analizar de cuando en cuando la tasa de endogamia del ganado esclavizado.

¡Derechos Animales ya! - Buceador junto a una mantarraya - Especismo en la cienciaLa ciencia actual está muy condicionada por el especismo. A través de la domesticación y de la selección artificial hemos esclavizado a los animales. Los pocos animales salvajes que todavía quedan se libran, de refilón, de la endogamia impuesta por el ser humano sobre los animales domesticados.

Verdades y mitos sobre la domesticación

La endogamia en animales —como en humanos— genera enfermedades por taras genéticas y los vuelve más susceptibles a otras. La selección artificial ha creado y crea animales deformes y enfermos. Esta razón, unida al hacinamiento o incluso a la introducción intencional de genes dañinos para su salud, hace que los animales esclavizados requieran una gran cantidad de medicamentos.

Por otra parte, existen muchos mitos sociales sobre los efectos de la domesticación y de la selección artificial. En algunas ocasiones, incluso aparecen divulgados sin pudor en libros académicos de filosofía, derecho o incluso de veterinaria.

Se alega a menudo que los animales domesticados por el ser humano carecen de la capacidad o fortaleza de sobrevivir en la naturaleza aun cuando existen especies asilvestradas de prácticamente de todas las especies domesticadas; las cuales reciben la etiqueta de «plaga» y acaban siendo asesinadas cuando molestan a las poblaciones humanas adyacentes. De hecho, el ser humano se ha esforzado históricamente por impedir que las especies domesticadas vivan sin depender de él, so pena de ver mermados los efectos de la selección artificial.

A menudo se cree que la docilidad hacia el ser humano implica indefensión frente al medio natural. Que un animal se muestre dócil no significa que, en en condiciones naturales, no sepa sobrevivir o adopte estructuras sociales complejas aunque nunca las haya conocido. Los animales no somos una tabla rasa ni la domesticación es capaz de sobrescribir millones de años de evolución.

En estos casos se observa una dualidad entre ignorancia y racionalización. La sociedad general asume que no pueden vivir sin nosotros con la intención interiorizada de justificar el dominio que ejercemos sobre ellos o, al menos, su tenencia en nuestros hogares porque así nos beneficiamos.

Por fortuna, la selección artificial es reversible si obra de nuevo la selección natural, bastan unas pocas generaciones de selección natural para que reviertan la mayor parte de las taras génicas debidas a la endogamia. Esto rompe el mito social —también común entre veganos— de que los animales domesticados siempre serán dependientes de los humanos para sobrevivir.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoHasta la fecha están relativamente bien estudiados aquellos rasgos más característicos en las especies domesticadas y en sus respectivas razas como fruto de la selección artificial. Un ejemplo llamativo de carácter obtenido como consecuencia de la domesticación —y propagado mediante endogamia— reside en la mancha blanca que exhiben los bovinos e incluso en équidos.

Se estima que ciertos genes cuya expresión modulan la agresividad también intervienen en la secreción de melanina, al menos, en estas especies. En consecuencia, la selección de aquellos ejemplares —individuos— más dóciles ha causado que éstos también exhiban una mancha blanca sobre sus frentes.

Mi argumentación para definir la domesticación

Mi definición de la domesticación —expuesta al comienzo de este artículo— es una simple inferencia secuencial de proposiciones: Si la domesticación (A) aumenta la presencia de caracteres homocigóticos (B) porque se basa en la selección de parentales con caracteres homocigóticos, y la presencia de caracteres homocigóticos (B) incrementa la tasa de endogamia (C) porque se requiere mantener cruzamientos entre animales con caracteres homocigócitos —con parentesco génico— para la continuidad del fenotipo deseado, ergo, la domesticación (A) conlleva un aumento de la tasa de endogamia (C) dentro la población dada.

Si la domesticación, debido a la selección artificial, es un proceso que conduce inevitablemente a la endogamia, y la endogamia no se produce voluntariamente en los animales esclavizados —porque ellos, los parentales, no eligen la pareja por selección natural—, es legítimo entonces añadir el adjetivo o epíteto «endogamia forzada» para indicar así que la domesticación es un proceso de endogamia forzada.

De hecho, me atrevo a afirmar sin reparos que la domesticación es un proceso triplemente forzado:

  1. Forzado porque nosotros —los humanos— imponemos nuestra voluntad e intereses sobre la voluntad e intereses de los animales domesticados.
  2. Forzado porque la selección artificial —base de la domesticación—, conlleva el uso inherente de la violencia para sujetar, atar, controlar, inmovilizar, separar o dirigir a los animales sementales y a las hembras destinadas a la procreación, ya sea para una cópula natural o una recogida de semen y posterior inseminación artificial.
  3. Forzado porque los animales parentales no eligen a sus parejas ni ningún otro elemento que altera y modula el desarrollo de sus vidas y de la de su descendencia.

En conclusión, por mucho que este biólogo sea experto en el campo de la domesticación, ha optado por intentar una refutación sin argumentos porque posiblemente no tiene argumentos con que refutar esta argumentación sobre la evidencia de que la domesticación va ligada a la endogamia.

Quizás le haya sorprendido mi uso intencional de los términos en rechazo del especismo y la vehemencia con que me expreso —eso me comentaron cuando presenté mi TFM—, pero este rasgo —originado en mi caso por una selección natural sin muchos de los filtros naturales— no constituye una incorrección científica.

Lo más grave del comportamiento de muchos «expertos» reside en que su arrogancia convierte su talento potencial en manifestaciones de irracionalidad. En ausencia de contar con los argumentos de este biólogo, considero que lo expuesto hasta el momento en este artículo es coherente y científicamente correcto. De hecho, lo expuesto refleja estudios realizados por el CSIC de España sobre la domesticación.

¡Derechos Animales ya! - La domesticación, la selección artificial y sus efectos (2)La domesticación es un proceso antrópico de endogamia forzada por el cual el ser humano practica la selección artificial de animales para obtener sujetos ideales (llamados «ejemplares» o «especímenes») para la forma de explotación que ha dispuesto para ellos.

¿Una visión filosófica sobre la dominación humana?

Hasta ahora, este artículo ha intentado ahondar en el concepto de domesticación desde un punto de vista biológico. Sin embargo, la propia ciencia se asienta sobre la filosofía para establecer la lógica de sus axiomas. ¿Por qué no verter asimismo algunas reflexiones filosóficas sobre el fenómeno de la domesticación?

Podría comenzar argumentando que la palabra «domesticación» es, en sí, un eufemismo para referirnos a la simple y llana esclavitud, es decir, al estado y proceso por el cual un sujeto queda subyugado a la voluntad de otro. Los animales domesticados son esclavos del ser humano en el sentido estricto del término. Y el concepto de «endogamia forzada» no significaría otra cosa que la selección artificial —control reproductivo— sobre una población sometida a la domesticación.

Cualquier lector podría señalar que la domesticación no es un proceso que ocurra exclusivamente en animales. Y es cierto. No obstante, sólo podemos juzgar —y condenar— moralmente la domesticación ejercida sobre los animales porque únicamente los seres vivos que conformamos dicho clado podemos ser personas a raíz de la posesión de células nerviosas.

Aquellos seres que poseemos células nerviosas llegamos a desarrollar interesesnecesidades conscientes— y conciencia. Las bacterias o las plantas —tan recurrentes cuando hacemos activismo— no poseen intereses ni conciencia.

Por tanto, la domesticación es un fenómeno injusto y aberrante: injusto porque quebranta la justicia al hacerles a otros aquello que no quisiéramos para nosotros y aberrante porque el ingenio humano aplicado a ésta conduce a causarles todo tipo de miserias, desgracias, sufrimiento y muerte.

Como ocurre en las plantaciones agrícolas, los animales domesticados deben soportar el hacinamiento por una simple razón de máximo aprovechamiento del espacio. A los humanos nos nos importan sus intereses inalienables y que, a diferencia de las plantas, necesiten moverse.

Cuando muchos animalistas dicen luchar para mejorar las condiciones de su crianza y explotación, lo que buscan es calmar su propio sufrimiento causado al ver a tales víctimas como un alter ego. Poco importa si se les deja más espacio —algo que ocurre si el ganadero logra por ello una revalorización del producto—, el asunto fundamental radica en que son nuestros esclavos y no debieran serlo.

Hipótesis propias sobre la domesticación, la selección artificial y sus efectos

Desde que apenas iniciaba mi formación en el veganismo y los Derechos Animales, se me ocurrieron algunas hipótesis que relacionaban mis estudios en biología con los grandes interrogantes e inquietudes que despierta el conocer que toda nuestra vida nos han mentido al decirnos que está bien explotar a los animales o que necesitamos hacerlo por nuestra salud. A continuación se presentan algunas ellas en lo tocante a la domesticación, la endogamia y sus efectos o consecuencias.

Relación entre domesticación y esclavitud humana

Conforme leía sobre Derechos Animales y el abolicionismo de la esclavitud negra en obras excelentes como «La cabaña del tío Tom» —ahora desdeñada en las universidades de ‘humanidades’ y por los movimientos identitarios de izquierda porque la escribió una autora blanca—, desarrollé la hipótesis de que la domesticación fue uno de los detonantes o auspiciadores de otras prácticas amparadas en prejuicios análogos y formas de discriminaciones morales entre humanos.

Aunque en un principio creí que era el único, otros autores ya habían postulado hipótesis y varias pruebas contundentes en sociología y antropología que relacionan el prejuicio moral del especismo con otros prejuicios morales que desembocan en el racismo o en el sexismo.

En referencia al feminismo, la autora Anna Charlton señalaba en su libro «Las mujeres y los animales»:

Se ha mantenido que la subyugación y la domesticación de los animales proporcionó el prototipo para la subyugación de grupos de humanos, ya sea mediante la esclavitud, el sexismo o el prejuicio basado en la raza, la pertenencia a un grupo étnico o la orientación sexual. En la esfera de la discriminación en contra de las mujeres, el reconocimiento de la reciprocidad de la identificación entre las mujeres y los animales ha sido clara.

¡Derechos Animales ya! - Oveja con mirada curiosa e interesanteNo nos gusta considerarnos iguales a aquellos que hemos esclavizados y esclavizamos a los animales en un pasado por no considerarlos iguales a nosotros en un sentido moral.

Eternal Treblinka, un ensayo sobre el origen de la domesticación

Y, en referencia al racismo, según explica el autor Charles Patterson, en su recomendadísima obra «Eternal Treblinka» —tendría que citar toda la obra—, el holocausto nazi consistió esencialmente en aplicar a otros humanos aquellos métodos de matanza industrial que empezaban a utilizarse para asesinar masivamente a animales no humanos, a raíz de las crecientes demandas poblacionales que se dispararon en Occidente desde comienzos del siglo XX.

En Eternal Treblinka se argumenta que el supremacismo humano se impuso como ideología dominante desde que los albores de la civilización humana y que, acorde establecíamos una racionalización de la supremacía humana para justificar la explotación animal que ya cometíamos —como previos animales menos racionales—, este argumento endogrupal nos permitió excusar y tranquilizar nuestras propias conciencias al esclavizar también a otros humanos apelando a que sus rasgos se parecían más al de los animales que al nuestro grupo.

A lo largo de sus páginas, Eternal Treblinka lanza un intenso repaso sobre algunos momentos decisivos que han moldeado la civilización humana hasta llegar a la domesticación de los animales y otras formas de violencias institucionalizadas que resultan de la racionalización de discriminaciones morales.

Según el autor, la domesticación de animales fue clave para sentar las bases del pensamiento jerárquico occidental y las teorías racistas, las cuales conquistaron y explotaron a quienes consideraban como miembros de razas inferiores. Entre el holocausto nazi y el holocausto animal sólo existe una diferencia de especie, una diferencia de especie que convierte a muchos defensores de los Derechos Humanos en negacionistas de un holocausto mayor en cifras y más presente.

A partir de estos autores y de compañeros tan bien formados y eruditos, como Luis Tovar o Igor Sanz, me he sentido a hombros de gigantes. Gracias a ellos, y junto con una formación complementaria en literatura, he ido desarrollando una serie de hipótesis entre los prejuicios morales y el fenómeno de la alteridad, la estética en el arte, el concepto de lo sublime y las características del monstruo literario como reflejo de la división categórica entre el «yo», el «grupo» y el «no-grupo» en el contexto de los condicionantes biológicos y culturales de la explotación animal.

Puede leer más sobre este tema en mi artículo: «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana».

¡Derechos Animales ya! - Cerdos y gallinas junto a los establos de una granja - DomesticaciónQuizás, si los humanos tuviésemos una esperanza de vida más baja que la de la mayoría de los animales, la domesticación se habría visto limitada por nuestra propia percepción del espacio-tiempo. Poco importa lo bien que podamos tratarlos, su condición y final son siempre los mismos.

Relación entre la esperanza de vida de explotador y explotado en los animales domesticados

Otro lector podría argumentar que la esclavitud humana no ha conllevado una selección artificial de los individuos esclavizados; pero opino que esto no ha ocurrido por varias razones ajenas al propio fenómeno de la esclavitud. Un punto importante para estudiar la domesticación biológica radica en que los humanos contamos con una larga esperanza de vida en comparación con otros animales.

Por ello, cabe tener en cuenta que el ser humano puede influir y sobrevivir a varias —o incluso decenas de— generaciones de ratas, conejos, perros, caballos y de otros animales; pero no contamos con esta percepción de «omnipresencia temporal» respecto a las vidas de otros humanos.

Así pues, por ejemplo, haber seleccionado a los negros más fuertes durante la época colonial habría sido una tarea ardua y sin resultados visibles. Por fortuna, ningún imperio esclavista ha durado lo suficiente como para que una hipotética domesticación humana hubiera llegado a acontecer.

La relación entre la esperanza de vida entre explotador y explotado nos lleva a pensar que si, por el contrario, los humanos tuviéramos una esperanza de vida menor al de otros animales, nuestra limitación espacio-temporal hubiera mermado o anulado el propio surgimiento de la domesticación.

Basta con señalar que no existe ningún animal domesticado cuya esperanza de vida sea mayor que la de un ser humano. Si bien, no debemos desdeñar que la esperanza de vida de los animales domesticados quizás haya sufrido una merma considerable respecto a sus contrapartes salvajes como fruto directo o indirecto de la selección artificial.

¡Derechos Animales ya! - Cráneo de búfalo¿Hubiéramos reproducido o dejado reproducirse a algún animal que, por alguna mutación, fuese más inteligente que el resto? La inteligencia otorga poder. Los humanos somos más poderosos que los animales raíz de nuestra cognición. Nunca permitiríamos que ningún otro animal nos igualase y lo impediríamos mediante selección artificial si así ocurriere. Ésta es una de las razones por las cuales el ser humano, por antropocentrismo, se negaría a reconocerles derechos a las inteligencias artificiales.

Relación entre domesticación e inteligencia en los animales domesticados

Un aspecto que me inquieta, y quizás sea muy difícil de llegar a demostrar científicamente, es si la domesticación ha causado un decremento en la inteligencia de los animales domesticados. Hasta la fecha sí está bastante aceptada la hipótesis de que la domesticación ha provocado una reducción sustancial del tamaño cerebral en mamíferos domesticados.

Se estima que las especies primitivas del perro, el gato o el caballo tenían un cerebro entre un 15-30% más grande que las razas actuales. Es decir, no sólo hemos esclavizado física y biológicamente a otros animales empleando nuestra inteligencia y capacidad de agencia; sino que, potencialmente, también hemos reducido su cognición y capacidad de autonomía. La mención de que los humanos somos más inteligentes no podría ser ahora más cínica.

Como he señalado antes, la domesticación consiste en la selección artificial de caracteres en beneficio humano. Cuando los rasgos se seleccionan mediante selección natural, la inteligencia, como cualquier otro fenotipo, depende de una serie de genes con sus diferentes «jerarquías» y «expresiones epigenéticas» (cambio en la expresión génica modulada por el medio ambiente).

Si se producen algunas mutaciones que afectan a la expresión global de la inteligencia, ya sea porque alteran la estructura del encéfalo o posibilitan otras modificaciones anatómicas, morfológicas o fisiológicas que causan una «reconfiguración cerebral» y, a su vez, estas mutaciones llegan a fijarse en la población (al situar el éxito reproductor por encima de la media en la población considerada), una población animal podría ver modificada su inteligencia a lo largo del tiempo. Para afirmar esto, apenas me he limitado a indicar cómo ha podido desarrollarse algo que ya sabemos que nos ha sucedido a nosotros. Y, por supuesto, hay estudios sobre los efectos del asilvestramiento.

En cambio, en los animales sujetos a la selección artificial, el fenotipo está modulado por los intereses humanos y nuestra especie genera una «presión selectiva» —un filtro, hablando coloquialmente— contraria a aquellos fenotipos que se enfrentan a los intereses humanos.

Si consideramos que una mayor inteligencia se expresa en forma de un animal con mayores capacidades para evadir al ser humano y resistirse ante su manipulación y violencia, entonces podríamos aducir que la inteligencia animal se convierte un rasgo seleccionado negativamente bajo selección artificial.

Los propios centros que se dedican a la crianza de animales para la investigación en laboratorios saben que resulta más fácil «operar» con ejemplares más «dóciles». Ocurre que quizás no se han planteado o no quieren plantearse que algunas de aquellas formas de lo que ellos llaman «agresividad» —una simple defensa propia ante la privación de libertad y un atentado sistemático contra su integridad física y mental—, esté tal vez, en algunos casos, motivada por una mayor cognición en lugar de ser el mero resultado de unas respuestas instintivas.

Si deducimos a partir de estas hipótesis, podemos concluir que, desde los albores de la domesticación, aquellos animales con fenotipos más inteligentes irían apareciendo en menor grado hasta quedar relegados, muy posiblemente, a tener alelos recesivos.

El antropocentrismo, pues, no causa únicamente el exterminio de cualquier animal salvaje, sino que atenta directamente contra cualquier rasgo que beneficie a los esclavos frente a su dominador y ello se traduce en que los humanos operamos contra una posible evolución positiva de la inteligencia animal por parte de la selección natural.

¡Derechos animales ya! - Vacas esclavizadas como ganado detrás de una verja de espinoLos animales domesticados son esclavos: carecen de libertad y no respetamos su integridad ni sus vidas. Al igual que los esclavos humanos en la historia, están recluidos, encerrados y marcados —etiquetados con un código de barras— como un producto fabricado en serie. A pesar de los males que les causamos con la domesticación, cada uno de ellos sigue siendo un individuo único que muestra personalidad y deseos de libertad.

Conclusiones

La domesticación, mediante la selección artificial, ha reducido a los animales no sólo a la condición de esclavos; sino que los ha convertido en esclavos dóciles y con taras genéticas que pueden llevarlos a sufrir una vida miserable antes de ser asesinados en nombre del consumo o de la ciencia.

Los avances en la veterinaria, la etología y otras ciencias aplicadas demuestran que los animales son algo más de que lo perciben nuestros ojos por culpa del especismo. Hoy, la ciencia va despojándose tímidamente de prejuicios hacia los demás animales de la misma manera en que hace apenas unas décadas tuvo que despojarse masivamente de los prejuicios racistas y sexistas.

Aunque me ilusionaría poder aportar como investigador a las ciencias biológicas, si me dedicara al campo de la zoología o de la etología encontraría obstáculos serios a causa de la incompresión y los prejuicios. De hecho, si apenas he escrito artículos sobre investigación científica es porque me siento como un aspirante a intelectual renegado de una ciencia gravemente influenciada por el especismo.

El mensaje vegano y a favor de los Derechos Animales está logrando penetrar en las distintas capas sociales. Pero, entretanto, los intereses particulares y colectivos referidos a la explotación animal luchan a diario por contrarrestar un progreso social inevitable mediante falacias, tergiversaciones, manipulación de la opinión pública y el lucro a través de socios, donaciones y promesas en lo tocante al «bienestar animal» para que el consumidor siga consumiendo con la conciencia tranquila.

Las propias organizaciones animalistas se lucran proponiendo medidas aberrantes que se basan en la propia cosificación de las víctimas, entre ellas, las castraciones sistemáticas e incluso el sacrificio —asesinato— de animales sanos.

En cada uno de nosotros queda tratar de comportarnos con justicia y ser lo más justos posible con los demás animales con quienes compartimos este planeta. El veganismo es la base de los Derechos Animales y poco a poco puede ir calando en la sociedadsin violencia ni excesos— si transmitimos bien información y argumentos como los aquí contenidos.

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La inteligencia animal, Lloyd Morgan y el negacionismo científico


Lloyd Morgan - Inteligencia animal - Negacionismo científicoEl negacionismo científico respecto a la inteligencia animal sigue tomando su base en el Canon de Lloyd Morgan.

El Canon de Lloyd Morgan

La inteligencia animal es un asunto que nos fascina. Aunque, a menudo, no para bien. Las ciencias aplicadas hacia los animales se centran en estudiar aquello que quizás podamos explotar de ellos. Esta breve entrada pretende señalar algunas nociones básicas sobre el estudio de la inteligencia animal y ejercer una condena sobre los sesgos antropocéntricos. Para profundizar, recomiendo visitar los respectivos enlaces.

Los estudios de etología, salvo honrosas excepciones que busquen desentrañar un misterio al estilo naturalista decimonónico, sólo analizan el comportamiento animal en la medida en que sirva para satisfacer intereses humanos. Y, por supuesto, si de rebote se llega a la conclusión de que tal o cual especie muestra ciertas habilidades complejas o incluso superiores a las humanas en algunos ámbitos, se tratará de reducir su mérito apelando a la ley de la parsimonia o parquedad, a menudo llamada también «Canon de Lloyd Morgan»:

«En psicología animal es absolutamente preciso no interpretar en ningún caso una acción como si fuese el resultado del ejercicio de una facultad mental elevada, siempre que pueda ser considerada como la consecuencia del funcionamiento de una facultad situada más abajo en la escala psicológica».

Lo paradójico del asunto es que, incluso hoy, el Canon de Lloyd Morgan se presenta como un razonamiento que busca combatir el antropomorfismo, aun cuando dicha premisa, en nuestro contexto actual, funciona como base de un razonamiento antropocéntrico.

Chimpancé rascándose la cabeza - Inteligencia animal

Los científicos y la sociedad general empieza a aceptar al idea de que ciertos animales sean muy inteligentes y considera que deberían tener derechos por ello. Sin embargo, la mayoría de los animales continúan infravalorados por una razón de parentesco y la sociedad todavía no ha comprendido que el nivel de inteligencia no constituye un criterio para determinar el respeto que merecen los animales en sí mismos.

La inteligencia animal se desdeña

Los humanos somos infinitamente más condescendientes cuando nos autoestudiamos que cuando estudiamos la inteligencia animal. Y así ocurre a pesar de que, en la actualidad, conocemos con bastante profundidad que las diferencias cognitivas entre los humanos y otros animales no son tan abismales como siempre se ha estimado. En pleno siglo XXI, podría alcanzarse el súmmum de que si un elefante encerrado en un zoológico aprendiera a tocar el piano, algún etólogo diría que se trata de una «respuesta compleja mediada por un condicionamiento operante por el cual el animal quiere captar la atención de los humanos para que les echen cacahuetes».

Resulta incoherente que se efectúen tantos y tantos estudios cuando la hipótesis nula ya está sesgada y se buscará racionalizar cualquier resultado fuera de las premisas. Esto es lo que llamamos negacionismo científico. Si se estudiara a un ser humano con algún déficit cognitivo, ningún investigador tendría el valor de aducir, en un contexto dado, que un cetáceo o chimpancé fuese más inteligente ni cuestionaría el hecho de que el humano con dicho déficit poseyera derechos morales. Sin embargo, al margen de su inteligencia, les negamos sus derechos legales a todos los animales por la sencilla premisa de que no son humanos ni ningún estudio los hará cambiar de filogenia.

Y no hablamos únicamente de elefantes, chimpancés, cetáceos y otros animales de demostrado intelecto; sino de todos los animales en conjunto. A todos se los infravalora como consecuencia de la cosificación.

Cuervo visto de perfil - Cognición animal - Negacionismo científico

Los cuervos, entre otras aves, son unos animales muy inteligentes. A pesar del negacionismo científico, gracias a animales como éstos se ha desechado mitos sobre el cerebro tripartito y la creencia de que la cognición se encontrase en el neocórtex de los mamíferos. Asimismo, hay estudios en aves y otros animales que desmontan la creencia de que la inteligencia sea proporcional al tamaño del cerebro. Existe una correlación, no absoluta, respecto al índice o cociente de encefalización.

Cuando el prejuicio construye la ciencia

La inteligencia animal y sus particularidades nos asustan porque derruyen nuestras asunciones de superioridad. Conceptos como empatía se emplean también como arma del supremacismo humano. Este artículo de Oxford, del año 2012, afirma gratuita y contundemente que no había ninguna evidencia de que ningún animal aparte de los humanos mostrasen empatía. Madre mía. Estos investigadores no debieron ver un perro en su vida ni a 200 metros. Lo llamativo del asunto es que, apenas un mes antes de la publicación de dicho artículo, una cumbre de neurocientíficos, en la Universidad de Cambridge, avaló la existencia de la conciencia animal. ¿Será que el autor o autores no pudieron asistir? ¿No estaban actualizado? ¿O directamente son negacionistas científicos?

Cuando en ciencia se habla de la extraordinaria inteligencia humana, lo que estamos haciendo es utilizarlo como argumento para justificar nuestro prejuicio supremacista. Esgrimimos la inteligencia cual bandera identitaria. Debido a nuestro especismo nos importa realmente un bledo de cuánto sean capaces otros animales o cuál sea su nivel cognitivo, simplemente los discriminamos, desdeñamos y los consideremos inferiores porque no son humanos.

Mientras la ciencia sea especista, no podremos hablar de que sea enteramente objetiva a la hora de estudiar a los animales no humanos y la inteligencia animal. Para que alcancemos el progreso científico se precisa una ciencia ejercida por científicos que desechen sus prejuicios contra los no-humanos. El negacionismo científico sigue siendo un lastre en la actualidad. Por ello, el activismo vegano no solamente actúa para devolverles la justicia fundamental a los animales, sino que, además, contribuye al avance de la ciencia mediante la eliminación de prejuicios.

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Piensos vegetales para animales domésticos, ¿son saludables?

¡Derechos Animales ya! - Gato intentando cazar un pezQue los gatos sean animales carnívoros y tengan un instinto cazador muy desarrollado no significa que no puedan o que esté mal alimentarlos con piensos vegetales. Nuestra sociedad especista considera arbitrariamente que unos animales merecen vivir y otros, morir.

Los piensos vegetales, un debate constante

Actualmente, el número creciente de veganos y de alternativas sin explotación animal pone sobre la mesa la incoherencia de rescatar a unos animales —obrar el bien— mientras se financia el asesinato de otros animales por la sencilla razón de que pertenecen a otra especie animal.

Los piensos vegetales han llegado con bastante fuerza y el desarrollo actual de la sociedad indica que irán volviéndose más populares. La mayor inquietud de los compradores —en este caso los consumidores serían aquellos animales mantenidos— es si los piensos vegetales son saludables para animales. En este artículo quisiera aclarar algunas nociones básicas al respecto. Antes de comenzar, cabe señalar que Vet y vegan ya les ha dedicado un artículo a los bienestaristas y falsos veganos que justifican el asesinato de animales para convertirse en comida de otros animales.

Hay tres temas conflictivos que son la piedra de toque común respecto a los debates en torno a la práctica del veganismo: el vegetarianismo (excusado en el bienestar animal), las esterilizaciones de animales y su alimentación (tema que nos ocupa en esta entrada), Y así ocurre, en general, por una mezcolanza entre los prejuicios y la ignorancia de quienes sólo han comprendido en parte los fundamentos de los Derechos Animales.

Piensos vegetales para perros y gatos - Tabla explicativaEn la actualidad hay disponibles diferentes opciones de piensos vegetales que permiten velar por la salud de nuestros animales rescatados —como perros o gatos— sin causar daños a otros animales. En esta tabla podrá leer algunas explicaciones sobre la nutrición en gatos.

Los piensos vegetales son sanos y saludables

Muchos humanos son conscientes ya de que una dieta 100% vegetal es saludable en nuestra especie mientras se aplique el sentido común, es decir, mientras se tenga un mínimo de responsabilidad e interés en informarse para evitar cualquier tipo de carencia nutricional. Sin embargo, muchos veganos no parecen todavía convencidos de que la alimentación vegetal sea saludable para otros animales e incurren en el grave error de justificar su ignorancia y preferencia entre animales hasta el punto de participar y fomentar el asesinato de animales.

Si no es ético que ejerzamos ninguna forma de explotación animal en nuestro beneficio, ¿cambia algo que se haga en beneficio de terceros? En absoluto. Se confunde el obrar un bien para un animal con el hecho de que obrar bien pueda excusar un daño intencional y evitable en otros animales. A demasiada gente sólo le preocupan los animales que tienen en casa y no los que están esclavizados en granjas. Esto se llama «especismo de preferencias».

Tanto perros como gatos —por mencionar los animales domesticados más comunes— pueden llevar una dieta vegetal sin ningún problema. No obstante, parece haber mucha más reticencia en el caso concreto de los gatos a pesar de que no hay tanta diferencia real. Los requerimientos nutricionales de ambas especies se conocen desde hace décadas años. Si el pienso vegetal incorpora todos esos nutrientes en una proporción adecuada, cualquier especie animal logra alimentarse de manera vegana y conservar perfectamente su estado de salud durante toda su vida.

De momento, los estudios que existen sobre nutrición vegetal es animales indican claramente que suplen con creces las necesidades nutricionales de tales animales y que los riesgos asociados son menores en relación a los vinculados a los piensos cárnicos. Tal como explica la veterinaria y activista Mónica Manzanares (página web de su centro veterinario), existe el mito de que los carbohidratos causen diabetes u obesidad en los gatos. Los piensos grain-free son un producto de marketing, no existe hasta la fecha ninguna evidencia científica de que los carbohidratos causen problemas.

¡Derechos Animales ya! - Gato mirando al frenteAntes de sentar cátedra sobre la biología de distintos animales para justificar formas de explotación animal, la sociedad general debería informarse y tratar de ser coherente con sus pensamientos.

Carnivoría, omnivoría y la falacia naturalista sobre los piensos vegetales

Los animales podemos clasificarnos según nuestro metabolismo en distintas categorías que nos indican qué podríamos digerir y qué no. Los antiguos conceptos de «carnivoría», «omnivoría» y «herbivoría» están en desuso académico porque tales distinciones son arbitrarias. Los animales poseemos un conjunto enzimático que degrada compuestos biológicos. Según las características de dicho conjunto, junto con la síntesis o no en nuestro organismo de ciertos compuestos por reordenación de moléculas biológicas, podremos degradar —digerir— unas u otras sustancias ingeridas. Esto significará que ciertas sustancias nos alimentarán, otras nos serán neutras y otras tantas, quizás, nos dañen.

Típicamente, a un animal se lo ha considerado omnívoro si puede obtener un mismo nutriente por medio de distintas fuentes —no debe confundirse posibilidad con necesidad— o carnívoro si obtiene ciertos nutrientes de la carne para sobrevivir. Los perros, al contrario de lo que cree mucha gente, son omnívoros. Así que no debiera haber siquiera ningún debate sobre si darles o no piensos vegetales. Sin embargo, los gatos, aunque son carnívoros obligados, no necesitan tampoco que se les suministren piensos cárnicos. Ellos requieren una sustancia llamada «taurina» para vivir, la cual se añade a los piensos vegetales y suple cualquier necesidad que tuviera de cazar en la naturaleza. De hecho, la taurina presente en los piensos cárnicos también es artificial, como explica la veterinaria Mónica Manzanares (su blog):

La taurina se sintetiza y se añade artificialmente porque esos subproductos [los piensos cárnicos] han pasado por un proceso de transformación tan poco natural que no llega ni rastro de la taurina naturalmente presente en las vísceras, o al menos, no en cantidad suficiente para cubrir los requerimientos. Así que, una vez más, no hay gran diferencia entre los piensos comerciales veganos y no veganos.

Entonces, ¿dónde está el debate?

Ante estos hechos, la sociedad general e hipócritamente escéptica —porque se vuelve escéptica contra los piensos vegetales y no sabe nada sobre los perjuicios y enfermedades causadas por los piensos cárnicos— suele rechazar los piensos vegetales apelando a argumentos falaces. El alegato falaz más común es la falacia naturalista en sus muy heterogéneas manifestaciones. A continuación se exponen algunas de los alegatos más frecuentes.

Lo natural contra lo artificial

Como parte de la mentada falacia naturalista, hay quienes parecen convencidos de «lo natural» —mejor dicho, lo que ellos consideren «natural»— sea más sano que lo artificial. Esta creencia es triplemente errónea.

  1. Todo lo que comemos es artificial. Las plantaciones son artificiales, el proceso de recogida es artificial y las subsiguientes etapas de manipulación, higienización y venta son artificiales. En la naturaleza, los alimentos pueden contener bacterias, virus y otras sustancias perjudiciales para la salud. ¿Abrevaríamos a nuestros animales agua de una charca porque es más «natural»? ¿Acaso es más natural darles a los gatos trozos desecados de animales muertos que fueron criados y alimentados artificialmente? ¿No es un poco contradictorio? Hay quienes sueltan la palabrería esa de «la naturaleza es sabia» mientras los alimentan con unas bolitas extrusionadas fabricadas con cadáveres de pollo, vacas, espinas de pescado, perros eutanasiados en perreras y aceites de mala calidad desechados por los humanos que no valdrían ni para engrasar el motor de un coche.
  2. Los humanos llevamos tantos milenios manipulando la naturaleza que, en vista de nuestra tecnología actual y alcances sobre los distintos hábitat, podemos afirmar que no queda ni un centímetro cuadrado que sea «natural» en la naturaleza. Por poner un ejemplo sencillo, salvo en el Amazonas y otras regiones remotas, no queda ni un solo árbol que nosotros no hayamos plantado.
  3. Que algo sea natural o artificial no dice nada respecto a que sea mejor o peor. Para entenderlo mejor, consulte este artículo al respecto.

Un pienso vegetal suple todas las necesidades nutricionales del animal. Nuestro deber como sus cuidadores es velar por su bienestar sin perjudicar a terceros. Debemos aplicar la misma ética que con nuestros hijos.

¡Derechos Animales ya! - Gato junto con pato y gallinaLos gatos y otros animales domesticados pueden alimentarse saludablemente con aquello que les demos. Las condiciones humanas hacen posible que convivan entre sí animales que en la naturaleza se atacaría entre sí. No es nuestro objetivo manipular las vidas de los animales, sino ser justos con todos ellos mientras seamos responsables de sus vidas.

Tenencia y responsabilidad moral

Cuando se señala lo anterior, una de las excusas siguientes suele ser el alegato de que el veganismo sea una «imposición» en los animales o que hemos de dejar que hagan o que coman cuanto lo ellos decidan o prefieran. Ésta es la misma falacia de quienes dicen ser veganos pero no quieren que sus hijos lo sean. ¿Dar comida vegetal es una «imposición» y no lo es el ponerles en la mesa el cadáver de un animal? No me digas.

Nosotros somos responsables moralmente de aquellos animales cuyo cuidado asumimos. Al igual que no estaría bien abandonarlos a su suerte, tampoco tiene sentido permitir que cacen a otros animales o pagar para que otros humanos los maten para alimentar a nuestros animales recogidos. Nadie habla de alimentar a animales libres con piensos vegetales por la sencilla razón de que solamente somos responsables moralmente de aquellos a quienes cuidamos. Lo que hagan otros animales libres en la naturaleza no es nuestra responsabilidad mientras no seamos causantes de su existencia o estado.

Un recordatorio sobre el mal uso de los términos

El veganismo es un principio ético y, por definición, los principios éticos sólo pueden ser acatados por agentes morales. Los perros, gatos, conejos, vacas y demás animales no-humanos pueden llevar una dieta acorde con el veganismo pero no pueden ser veganos porque no son agentes morales —no distinguen lo bueno de lo malo—, son pacientes morales (merecedores del respeto).

Cuenco con muesli (cereales) - Piensos vegetalesLos piensos vegetales, como pudieran serlo nuestro cereales —muesli— para el desayuno, pueden ser tan saludables para los demás animales como para nosotros.

Conclusión sobre los piensos vegetales

Para finalizar este artículo sobre los piensos vegetales, los estudios existentes y la recepción social, quisiera citar un comentario completo del activista Igor Sanz (sitio web) sobre las reacciones que despierta este tema:

No se me escapa que el 90% de las actitudes reaccionarias frente a este tema provienen siempre de personas latinoamericanas. O dicho de otro modo: quienes más se oponen a las dietas vegetales para perros y gatos son «casualmente» aquellos que peor acceso tienen a ellas.
Y yo entiendo perfectamente que una persona que no disponga de piensos veganos siga alimentando con comida especista a los animales que conviven con ella; pero más útil sería que reconociera la dificultad de su situación y tratara de buscarle remedio a que ande poniendo excusas baratas y confundiendo a la gente con ese alarde de ignorancia supina (así sea fingida o involuntaria).
La situación en España hace 10 años era similar. Hoy en cambio la inmensa mayoría de los veganos españoles que conozco mantiene a sus perros y gatos a base de dietas vegetales y el debate se revela más o menos superado. Todos esos cientos de gatos en particular siguen maullando, afilándose las uñas y ronroneando. No han desarrollado plumas, ni escamas, ni ningún otro síntoma que sugiera una alteración de su «naturaleza».
Lo único que se aprecia aquí es una vuelta a lo de siempre: a esa tendencia general por fijar las opiniones en función de nuestra conveniencia.

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