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Desobediencia civil contra la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Manifestación contra el especismo - Financiar la explotación animalManifestación contra el especismo. La desobediencia civil es una forma de activismo vegano —un deber circunstancial— para cuestionar la existencia de muchas leyes injustas que, por ejemplo, nos obligan a financiar la explotación animal y, en definitiva, la esclavitud animal.

El veganismo y los deberes circunstanciales

La mayoría de los artículos que aparecen en «Derechos Animales ya» se centran en explicar el veganismo, los Derechos Animales y su puesta en práctica. En éste, en cambio, quisiera lanzar algunas reflexiones sobre cómo podemos intentar ser lo más coherentes posibles como veganos en una sociedad no vegana.

El veganismo es un principio ético referido al cese de toda forma de explotación animal. Para ser veganos basta con asumir el principio de igualdad y en rechazar, consecuentemente, toda forma de explotación animal. Sin embargo, un vegano en una sociedad no vegana contrae asimismo algunos deberes circunstanciales.

Esto sucede así porque si un vegano se conforma con no participar en la explotación animal y no hace nada por minimizar la explotación animal cometida por el conjunto de los demás seres humanos, se convierte en cómplice por defecto del entorno en el que vive. Uno de estos deberes circunstanciales es la desobediencia civil, por ejemplo, para no financiar al explotación animal.

Si el veganismo es un deber moral, ello implica forzosamente que todos los agentes morales deberían respetar a los animales. Ésta es la razón de por qué un vegano debiera convertirse también en activista. Cabe señalar, empero, que no se justifica bajo ningún concepto el uso de la coacción o de la violencia para luchar contra la explotación animal. Sin embargo, sí se justifican otras acciones no violentas que, aun siendo legalmente punibles, son éticamente justas.

¡Derechos Animales ya! - Corte administrativa suprema de LeipzigLas leyes no han hecho nunca más justos a los seres humanos. La esclavitud animal es legal y debemos luchar para que deje de serlo mediante activismo educativo y desobediencia civil. No es justo que a los veganos se nos obligue a financiar la explotación animal o a cometer otras atrocidades en nombre del estado.

La legalidad de la esclavitud animal

La esclavitud animal es legal. Los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes», por ende, pueden ser creados —criados—, almacenados —hacinados—, acondicionados —coaccionados—, manipulados —violentados— y desechados —exterminados— a nuestro antojo. Hemos llegado a esta situación aberrante como consecuencia de nuestro antropocentrismo, el cual, en referencia a los demás animales, se manifiesta en forma de especismo.

La ética —lo justo— y la legalidad —lo permitido— no van necesariamente de la mano. Recordemos que todas las grandes atrocidades de la historia fueron legales en su momento, como el caso de la esclavitud negra, entre miles de ejemplos enumerables. Las leyes no existen para educar ni para mejorar la sociedad; sino para perpetuar un statu quo y cohibir determinadas acciones según unos estándares ratificados por la sociedad general —si se trata de una democracia— o por un grupo de individuos con intereses propios. Creer que la legalidad ha de imponerse sobre la ética nos llevaría a una estructura social autoritaria —no garantista— en donde se vulnerarían las libertades individuales por intereses ajenos al individuo. Esto es lo opuesto a un sistema de derecho.

Si las leyes han cambiado históricamente es, precisamente, por la sociedad del momento se ha opuesto a ellas. Por tanto, nadie debiera escandalizarse ante el hecho de que yo u otro activista vegano promoviera acciones contra la legalidad vigente en favor de los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Estatua de la justiciaLa justicia debe aspirar a regirse por la exclusivamente ética. Forma parte de nuestros deberes circunstanciales como ciudadanos el oponernos a las leyes injustas que validan la esclavitud animal y que sólo representan los intereses de unos colectivos frente al de otros. Financiar la explotación animal responde, asimismo, a una injusticia de índole socio-económica; pues favorecer a determinadas empresas por intereses económicos.

El veganismo aplicado conlleva desobediencia civil

Apelando a la Wikipedia y a sus respectivas fuentes citadas, la desobediencia civil puede definirse como «cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos»:

Los actos de desobediencia civil buscan no la afirmación de un principio en la esfera privada, sino una llamada de atención a la opinión pública sobre el hecho de que una ley o política sancionadas por las autoridades están conculcando un principio de índole moral. En adición, «la desobediencia civil se debe dar a conocer a los representantes de orden público de una manera que se sientan identificados sobre la cuestión por la que van a luchar y sus fines deben ser públicos y limitados. Su objetivo manifiesto no puede ser el beneficio particular o económico; debe guardar cierta relación con una concepción de la justicia o del bien común».

La desobediencia civil, al contrario de como a menudo se plasma en los medios de comunicación por razones sospechosas, no es algo que —únicamente— ejerzan ciertos grupos fanáticos, reaccionarios o anarquistas. A lo largo de la historia, grandes pensadores y filósofos han ejercido algún tipo de desobediencia civil para presionar a los gobiernos y presentar a la sociedad unas acciones alternativas más justas que debieran estar referendadas en las leyes. Parémonos un instante a conocer a uno de los mayores pioneros de la desobediencia civil.

Fotografía de Henry David Thoreau - Pionero de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesHenry David Thoreau fue un pionero en la argumentación de cómo la desobediencia civil no es sólo un derecho; sino un deber del ciudadano para poner a prueba la salud de una democracia. Si hubiera vivido hasta nuestras días, quizás hubiera ejercido un activismo vegano.

Henry David Thoreau, un modelo de justicia coherentemente defendida

Un magnífico ejemplo que combina ética, justicia, coherencia y defensa ante los débiles lo observamos en Henry David Thoreau. Citando las palabras del activista Luis Tovar en un artículo suyo sobre Thoreau:

Una noción fundamental que encontramos en los escritos de Thoreau es la oposición radical a la esclavitud de los seres humanos. También estaba en contra de que el Estado forzara a sus ciudadanos a cumplir con el servicio militar o a pagar impuestos con los que luego financiaba tanto la esclavitud como la guerra. Es por esto que se considera a Thoreau como un pionero —tanto teórico como activista— del movimiento libertario y la desobediencia civil. Aunque no tenemos que ajustarnos a ninguna doctrina concreta para comprender la universalidad de las nociones morales que encontramos en la filosofía de Thoreau.

[…]

El progreso se consigue en el contexto moral y en nuestras actividades diarias. Esperar justicia por parte de las leyes y los gobernantes, cuando los principios morales no predominan en la propia sociedad civil, es esperar en vano. Las leyes simplemente recogen las costumbres más generalizadas o los intereses de los grupos más poderosos.

Recomiendo leer su artículo completo y los textos de Thoreau como fuente perpetua de inspiración para quienes pretendemos hacer del mundo un lugar mejor. Thoreau fue, sin lugar a dudas, un hombre que trató por todos los medios de ser coherente con su propio pensamiento. Llegó incluso a entrar en prisión por negarse a pagar impuestos con los que, según él, se fomentaba la esclavitud humana y la artificiosa guerra contra México.

Parafraseando ligeramente a Martin Luther King, me atrevería a decir que, de hecho, la mayor causa de las injusticias en el mundo no radica en los actos de la gente mala, sino tanto en la indiferencia como en la falta de coherencia de la gente bienintencionada.

Cartel de Martin Luther King - Defensor de la desobediencia civil - Deberes circunstancialesMartin Luther King fue uno de los máximos exponentes de un activismo educativo basado en la no violencia. El activismo vegano debe enriquecerse de muchas de sus enseñanzas.

La desobediencia civil vegana contra la esclavitud animal

Una vez aclarado el significado y las implicaciones del veganismo en el contexto social actual; mencionada la diferencia entre legalidad y justicia; y citado a unos de sus máximos representantes, llega el turno de proponer algunas medidas de desobediencia civil vegana. Se trata de simples ideas o propuestas que, según el caso, podremos o no realizar con mayor acierto o perjuicio.

El objetivo de la desobediencia civil —como del activismo vegano en general— no es convertirnos en héroes o mártires por la causa —aunque alguno «se apuntaría a un bombardeo» por tal de convertirse en tendencia en las redes sociales, sino en dar a conocer la sociedad una serie de prácticas injustas que están amparadas en las leyes y en presionar a las autoridades para que conozcan nuestro descontento hacia dichas injusticias.

Las formas de desobediencia civil están, a menudo, vinculadas a nuestros trabajos, oficios, cargos y otros desempeños en sociedad. Por ejemplo, un veterinario puede verse en la tesitura de estar obligado legalmente a sacrificar a un animal a causa de las leyes injustas que existen sobre el sacrificio de animales «por el riesgo potencial de que sean un vector infeccioso» aun cuando no hayan mostrado síntomas de ninguna enfermedad. El código deontológico en la profesión veterinaria es una gran falsedad. Que un veterinario se niegue a hacerlo es una forma de desobediencia civil ante unas leyes claramente especistas.

A continuación me limito a citar algunas acciones de desobediencia civil relacionadas con los Derechos Animales:

  • De manera general e indeterminada, negarnos a ejercer cualquier acción contra los Derechos Animales que esté legalizada aun cuando sea nuestro trabajo o responsabilidad ejercerla. Aquí entra el ejemplo anterior del veterinario y otros millones de ejemplos potenciales, desde a un biólogo que, trabajando para el estado, le encarguen realizar un estudio sobre cómo cazar, pescar o capturar animales catalogados como «especie invasora» para asesinarlos hasta a un profesor de escuela secundaria que deba enseñar un temario en donde se diga que «necesitamos consumir productos de origen animal» o que «los humanos somos especiales».
  • Colocar carteles, panfletos y material activista en la propiedad pública (calles, plazas, paredes de edificios gubernamentales, etc.) aun cuando esté prohibido para acabar con la visión romántica de la esclavitud animal aun presente.
  • Manifestarnos en momentos y lugares prohibidos por razones incoherentes contra cualquier forma de explotación animal que se ha ejercido o va a ejercerse en nombre del estado y está sufragado por los contribuyentes.
  • No pagar la parte proporcional de los impuestos que van destinados a la explotación animal. Por ejemplo, aquí se incluyen los festejos taurinos y de otra índole en donde se explotan animales y, por supuesto, las subvenciones a explotaciones ganaderos y productos de origen animal.

Una aclaración acerca del activismo vegano y de la desobediencia civil

La desobediencia civil es moralmente legítima y su alcance público —y a veces mediático— puede ser útil para sacar a la palestra distintas injusticias que padecen los animales. Sin embargo, no debemos olvidar que la desobediencia civil, por sí sola, no constituye una forma de activismo vegano que eduque a la sociedad en el respeto que merecen los animales. La sociedad general no puede entender las bases de los Derechos Animales si sólo nos limitamos a contradecir las leyes.

La desobediencia civil puede ser bastante efectiva cuando ya existe una masa social que cuestiona unas leyes injustas tras haber asumido unos principios éticos determinados. Dado que esa situación todavía no existe en el caso del veganismo, hoy nuestro principal deber circunstancial es el de ser activistas educativos por la abolición de la explotación animal. La desobediencia civil es un extra, por así decirlo.

¡Derechos Animales ya! - Activismo de Anonymous for the voiceless contra la esclavitud animalFotografía del activismo de la organización bienestarista «Anonymous for the voiceless». Aunque no tan aberrante como el caso de otras instituciones, esta organización animalista —como tantas otras— cae en el error de enfocarse en el sufrimiento de los animales esclavizados en lugar de explicar la inmoralidad inherente de la esclavitud animal. En consecuencia, los receptores traducen en compasión en regulaciones sobre el uso de la propiedad en lugar de trasformarla en respeto. El activismo vegano debe centrarse siempre en la injusticia de que los animales sean nuestros esclavos. El trato que se les dé es el resultado de su esclavitud, no el origen.

El bienestarismo sólo sirve para financiar la esclavitud animal

Algún lector de este artículo podría llegar a la errónea conclusión de que las manifestaciones, protestas, marchas y otros actos promovidos por grandes organizaciones animalistas —como PETA— sean una forma de desobediencia civil. En absoluto. Si tomamos el adjetivo «civil», éste solamente cuadraría en este caso posponiéndolo a los sustantivos «fraude», «estafa» o «circo»: fraude civil, estafa civil y circo civil. No hay otra manera de definirlo atendiendo a las pruebas existentes.

Las grandes organizaciones animalistas no defienden los Derechos Animales; sino el bienestarismo. Aunque, claro, esto no lo dicen. De hecho, no explican nada. Sólo repiten mantras y convenciones sociales ya asumidas sobre el bienestar animal y promueven sellos de «carne ética». El bienestarismo, llevado a la práctica, consiste en regular la forma en que explotamos a los animalesla forma en que ejercemos la esclavitud animalpara, según sus proponientes, minimizar el sufrimiento de los animales.

El bienestarismo no implica desobediencia civil por la simple razón de que no se opone de ninguna manera al statu quo. Así ocurre porque los artífices del bienestarismo en la actualidad —las grandes organizaciones animalistas— explotan la existencia de la explotación animal y se lucran de la miseria animal mediante campañas fraudulentas destinadas a recaudar fondos mientras engañan a sus socios y donantes haciéndoles creer que hacen algo en favor de las víctimas. Es imposible defender a los animales mientras se participa en la explotación animal y se perpetúa el sistema que los oprime.

Los bienestaristas, inspirados en el filósofo Peter Singer, no desean el cese de la esclavitud animal; sino que aspiran a regular la esclavitud animal de modo que satisfaga la necesidad de los consumidores de obtener placer y beneficios asociados a la explotación animal sin sentirse culpables por las aberraciones en las que incurren a diario.

¡Derechos Aniamales ya! - Manifestación en Polonia - Desobediencia civilManifestación por la justicia en Polonia. El activismo vegano debe tomar las calles: primero para educar y, después, para presionar a los gobiernos.

Conclusiones generales

El activismo vegano es un deber circunstancial a tenor de la sociedad actual en que vivimos. Si nos importa la justicia hacia los animales, no basta con que únicamente nosotros —a título personal— seamos justos con ellos. La desobediencia civil se convierte en un forma de activismo para elevar a la opinión pública el hecho de que las leyes que rigen nuestros países son especistas y aberrantes contra los animales. Debemos ejercer un activismo educativo que, paulatinamente, pueda combinarse con acciones de desobediencia civil en pro de la justicia. Ante todo, hemos de mantener un ojo pegado a la ética de nuestras acciones para no cometer los mismos errores que condenamos.

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Asesinato de animales como alimento para otros animales

¡Derechos Animales ya! - Dos gatos comiendo pienso cárnico en un cuenco - Asesinato de animalesLos humanos consideramos que los demás animales son simples objetos o recursos a nuestro servicio (especismo). En consecuencia, los «administramos» y discriminamos entre animales según la utilidad esperada. El asesinato de animales para alimento de otros es una realidad. Millones de ellos acabarán como piensos para animales de otras especies, otros tantos terminarán criados como alimento de especies en peligro de extinción en centros de cría o recuperación de especies y otros miles serán sacrificados por una razón de rentabilidad o como exhibición en zoológicos, acuarios y otros lugares.

Introducción

A menudo nos comentan a los activistas por los Derechos Animales que está mal decir «asesinar animales» porque sólo se puede «asesinar personas», lo cual es un argumento doblemente errado. Antes de comenzar esta disertación, conviene aportar una serie de argumentos sobre por qué es válido, correcto y justo hablar de «asesinar animales».

Asesinar, con independencia del diccionario que uno consulte, presenta acepciones más específicas que el verbo «matar» en alusión a la existencia de un sujeto que recibe la acción, así como a la intencionalidad y la premeditación de quien le quita la vida. Decir «asesinar animales» es correcto porque los animales también son sujetos y los humanos, en los casos descritos a continuación, les quitamos la vida con intencionalidad y premeditación derivadas de un prejuicio moral. Basta con eso para legitimizar tal uso aun cuando le suene mal a mucha gente porque tenemos cosificados moralmente a los animales y discriminamos entre ellos.

Asesinamos animales para alimentar a otros animales

Al igual que vemos a muchos animales como alimento para humanos, también llegamos a discriminar entre animales y a pensar que algunos animales existen en la Tierra con el único propósito de alimentar a otros. Tal creencia procede de la llamada «falacia naturalista», la cual podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser».

Este artículo es una ampliación de otros ya escritos sobre manifestaciones del especismo, el especismo en la ciencia, el especismo ecologista, creencias y prejuicios entre animalistas y ecologistas, y la gestión ambiental. Por tanto, se evitará repetir en la medida de lo posible y se recomienda consultar los diferentes enlaces para ahondar en cada punto mencionado. En este caso, el artículo presente hará hincapié en las que, a mi juicio, son las tres formas de explotación animal más comunes cuando se destinan animales a alimentar a otros animales.

Los tres casos más comunes de asesinato de animales como alimento para otros animales son:

  1. El asesinato de animales considerados como «ganado» o «de granja» para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos» por medio de piensos cárnicos.
  2. El asesinato de animales considerados como «presas» de una especie predadora para su mantenimiento en cautividad o en peligro de extinción para favorecer el crecimiento de su población.
  3. El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables» para reducir costes de mantenimiento, «equilibrar ecosistemas» o «educar en el ciclo de la vida».

¡Derechos Animales ya! - Dibujo de gato que desea comerse un pavo Discriminar entre animales carece de justificación lógica y ética. Si un gato viviera en un hábitat apropiado y obtuviese su propio alimento, no nos concerniría que cazara. Sin embargo, si un animal vive con nosotros, debemos responsabilizarnos de sus acciones y de su alimentación siguiendo exactamente la misma ética que con nuestros hijos. Por ende, en lugar de alimentarlos con los típicos piensos para animales hechos con carne, debemos de alimentarlos con piensos 100% vegetales.

El asesinato de animales para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos»

El caso más típico y usual es de alimentar a perros y gatos con piensos para animales hechos con carne porque los humanos vemos a los «peluditos» como animales que merecen vivir para darnos compañía; mientras que catalogamos a vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, y un largo etcétera, como «animales de granja» cuyo único fin es ser criados, engordados, hormonados y manipulados por todos los medios posibles para servir como alimento a humanos y a aquellos animales que nosotros consideremos como más valiosos, bellos o admirables. Este hecho —que reduzcamos a ciertos animales a ser la carne de otros animales— sirve para demostrar que no es coherente hablar de «carnismo», sino de simple y llano especismo.

Es injusto e injustificable que asesinemos a unos animales para alimentar a otros simplemente porque nos caen más simpáticos o los consideremos «de la familia». ¿Acaso las vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, etc., no desean vivir? El «bienestar animal» no existe para aquellos animales que tienen etiquetado en una oreja el día que irán al matadero. Como se explica en este artículo previo, se trata de un ejemplo de especismo de preferencias. Los piensos para animales puede ser 100% vegetales sin riesgo para su salud ni implicar ningún tipo de explotación animal.

No valen las excusas ni nadie, por muchas manifestaciones o vigilias a las que vaya, es vegano o vegana mientras considere que hay víctimas de primera y de segunda, y vea a unos animales como simples recursos para otros alegando que «así es la naturaleza». Ya me imagino a algún feminista excusando las violaciones sufridas por mujeres alegando que los leones violan a las hembras de su especie. La doble vara de medir del animalismo especista en todo su esplendor.

¡Derechos Animales ya! - Delfín con mandíbula entreabiertaDiscriminamos entre animales según la simpatía que nos causan. Los delfines y otros animales carnívoros que están esclavizados consumen como alimento a distintos animales, criados muchas veces en sus propios centros explotadores.

El asesinato de animales para alimentar a animales predadores

Ni siquiera en la universidad se cuestiona el dogma de que sea coherente discriminar entre animales y de por qué destinamos a unos para un fin y a otros para un fin distinto. Recuerdo aquellos días, durante mis estudios en la facultad, en que nos enseñaban a calcular cuántos ejemplares de una especie «presa» había que criar por unidad de tiempo para alimentar a un predador. Dicho predador podía ser un lince ibérico criado en un centro de recuperación de especies (o «centros para la manipulación de especies con fines especista-ecológicos»), un cocodrilo hacinado en una granja peletera o un delfín explotado como «bufón» en un acuario.

A modo de ejemplo, en el examen me tocó calcular cuántas lagartijas había que criar para alimentar a una serpiente metida en el terrario de un zoológico. Pues, al parecer, los humanos consideramos justificable no sólo el tener a un animal metido en un caja de cristal para que un público variopinto y vulgar acerque sus mugrientas caras enchurretadas; sino que también vemos bien eso de confinar animales en otra caja con la única finalidad de reproducirse y echárselos vivos a la serpiente.

El caso de los animales asesinados para alimentar a predadores es, al mismo tiempo, de los más comunes en la explotación animal y de los menos mentados, tanto por animalistas particulares como por las grandes y fraudulentas organizaciones animalistas. Cuando tales organizaciones convocan manifestaciones a las puertas de un zoológico o acuario, nunca, nunca, nunca, se acuerdan de los cientos o miles de animales que se encuentran cerrados al públicos para alimentar a los predadores. Sus «victorias» son mera propaganda. Buscan llamar la atención y acaparar doinaciones. Los animales les importan en la medida en que les granjeen dinero. Todos los bienintencionados animalistas piden libertad para los delfines y otros cetáceos mientras les dan olímpicamente igual las sardinas u otros animales que están en el mismo recinto para ser comidos por los primeros. Sirva esta mención como evidencia de lo confundido y la carestía de razón que existe dentro del mal llamado «movimiento animalista».

Jirafa sacrificada en zoológico de DinamarcaEl asesinato de animales como alimento para otros animales adquiere a veces matices que rozan la más absoluta aberración. Hace un tiempo, un zoológico de Dinamarca decidió sacrificar a una cría sana de jirafa y montar un espectáculo para que adultos y niños vieran cómo la anestesiaban, degollaban y descuartizaban por no ser un perro, un gato y, ni mucho menos, un humano.

El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables»

Relacionado directamente con el punto anterior se halla el asesinato de animales porque «sobran» en una explotación o industria determinada. Este caso se extiende desde la matanza y sacrificio de animales sanos de un zoológico para dárselos de comer a otros animales, a ejemplos más generales como el de camadas de determinados animales que han salido más numerosas de lo esperado y no entran en el presupuesto de mantenimiento.

Hace cierto tiempo, como bien señaló el activista Igor Sanz, hubo un escándalo por el asesinato de una cría de jirafa en un zoológico de Dinamarca. Si la propia descripción de los hechos y las excusas del zoológicos ya son, de por sí, repugnantes, todavía mayor repugnancia me causa leer en ciertos medios de comunicación algunas explicaciones sensacionalistas. La BBC se llevó la palma al trivializar el fragrante especismo de asesinar a una cría de jirafa por dinero alegando que «fue condenada a muerte por sus genes». No, amigos de la BBC, fue condenada a muerte por el especismo de quienes gestionan el zoológico y el vuestro al escribir semejante basura.

También se incluye en esta categoría a aquellas intervenciones humanas destinadas a mermar o exterminar adrede una población animal al catalogarla como «especie invasora» o porque atenta contra los intereses económicos de la ganadería. De tal forma, «solucionan dos problema a la vez», se quitan un estorbo de encima y les sacan rédito de otra manera.

Conclusión

Discriminar entre animales y los asesinamos sistemáticamente según fines predispuestos para ellos. Existe una discriminación sistemática entre animales derivada del especismo que nos lleva a considerar que unos animales existen como simple alimento para otros. No puede haber ningún tipo de justicia para los animales mientras a la sociedad general le parezca normal la existencia de una visión jerarquizada de la naturaleza en la cual nosotros nos autocolocamos en el centro y discriminamos entre animales según nuestra conveniencia.

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El fraude del bienestar animal y de la carne ecológica

Vaca-marrón-en-el-pradoEl bienestar animal y la carne ecológica son unos conceptos meramente publicitarios y un instrumento lucrativo de las organizaciones animalistas para vender sellos de bienestar animal. Que esta vaca esté en un prado verde no significa ni que sea libre ni que sea feliz. No existe ningún bienestar en ser marcada, inseminada, separada de tus crías y terminar en el matadero. Todos los animales domesticados son esclavos, tanto en un sentido legal como biológico.

¿Qué es el bienestar animal?

En ciencias aplicadas, el bienestar animal se refiere al estudio empírico del bienestar objetivo (corporal) y subjetivo (mental) de los animales no-humanos esclavizados para intentar asegurar que sus condiciones materiales permiten el buen desarrollo de la explotación y la calidad del producto que se pretende conseguir. Es un área de estudio que se practica dentro de la veterinaria o la zootecnia.

En muchos lugares lo llaman, sin pudor, una «nueva ciencia». Eso es falso. En primer lugar, porque no tiene nada de nuevo aplicar la ciencia a la productividad de una industria; ya hablemos de objetos o seres cosificados. En segundo lugar, porque el fin de la veterinaria, desde su origen en la Antigüedad, siempre ha sido velar por el bienestar animal para permitir o garantizar la explotación de los animales. Y, en tercer lugar, una ciencia pudiera definirse como un campo de estudio realizado mediante una metodología y unas técnicas que buscan recabar y estudiar datos objetivos.

El bienestar animal se convierte en una consideración completamente subjetiva cuando se pretenden establecer relaciones entre variables fisiológicas y psicológicas para concluir que el bienestar del animal de turno es bueno o malo.

¿Están afirmando tales «expertos» que conocen una fórmula mágica para evaluar la felicidad animal frente a la esclavitud? ¿En qué se basan? ¿En los niveles de cortisol en sangre? ¿Les dice el cortisol en sangre qué siente la vaca cuando la separan de su cría? ¿Se pondrán a hacer estadísticos multivariantes para tratar de entender qué siente un cerdo en la línea del matadero? ¿Dirá un estudio de hormonas en sangre si la carne obtenida puede denominarse «carne ecológica» o no?

Resulta cuestionable la tendencia, tanto pasada como actual, de aplicar la ciencia a cualquier asunto sin mayor reparo ni pretensión que el lucro sin cuestionar primero la moralidad de nuestras acciones. Una ciencia sin ética va abocada a cometer la peor de las aberraciones.

¡Derechos Animales ya! - La mentira del bienestar animal - Las organizaciones animalistas promueven la carne ecológicaLa industria de la explotación animal y sus aliadas —las organizaciones animalistas— promueven la idea de que existe un paradigma ético en la esclavitud animal y que sea posible explotarlos con cariño, amor y compasión. Todos los animales, con independencia del tipo de crianza, reciben el mismo trato y obtienen el mismo final. Que su cadáver pueda ayudarse «carne ecológica» o no, es una estupidez.

La mentira del bienestar animal

A diario nos encontramos con anuncios publicitarios que tratan de mostrarnos un supuesto bienestar animal en las granjas, ganaderías y otras explotaciones ganaderas; muchos de los cuales reciben el apoyo, la colaboración y difusión explícitos de organizaciones animalistas (por ejemplo, PETA). Si bien los humanos acostumbramos a criticar supuestos casos de sexismo o racismo en la publicidad, no somos tan conscientes de cuándo nos venden especismo, una mentira para que el consumidor siga financiando un negocio aberrante.

En el caso de la explotación animal, esa mentira reconfortante se llama «bienestar animal». No existe tal cosa como la «ganadería ecológica», la «carne ecológica» o ni tampoco los productos con «garantía del bienestar animal» conllevan ningún tipo de respeto a los animales. El bienestar animal es un fraude para tranquilizar conciencias. En los enlaces que aparecen a lo largo del artículo podrá ahondar en argumentos y casos específicos.

El «bienestar animal», como ocurrió igualmente —aunque con menos tecnología— hace siglos con el «bienestar negro», se presenta con dulces palabras, una sonrisa ante las cámaras, caricias y elementos rimbombantes (danza, música clásica, masajes en el lomo, etc.) que se practican «en favor» del ganado o de otros animales.

La sociedad ha olvidado que, no hace mucho, bien entrado el siglo XIX, se vendía todavía la imagen tranquilizadora, mostrada en periódicos y folletines, de que los negros esclavos en plantaciones de azúcar vivían incluso mejor que la mayoría de los blancos. Eso comentaban nuestros antepasados tan alegremente.

Para entonces, las organizaciones humanitarias asumían el mismo rol depravado que las actuales organizaciones animalistas: colaboraban para perpetuar el statu quo de la industria por motivos económicos. A tenor de que los humanos no suelen aprender de la historia o tan siquiera llegan a conocerla, hoy demasiados consumidores de «carnes ecológicas» creen una vaca «vive bien» porque un supuesto ganadero la acaricia en un anuncio o porque aparece «libre» en un prado verde y lozano, entre innumerables ejemplos similares.

Es para echarse las manos a la cabeza y preguntarle a la sociedad: ¿te gustaría a ti ser un esclavo bien tratado? ¿Qué crees que pensaban los esclavos humanos cuando se vendía esta imagen de ellos mismos en los campos de algodón desde la época colonial?

Los animales con quienes compartimos el planeta están subyugados por nuestra especie y sólo se diferencian de los seres humanos de antaño en que a ellos también los explotamos como alimento. El hecho de que los animales son nuestros esclavos se evidencia en que los usamos como simples medios para nuestros fines, y en que los criamos y asesinamos (fabricar y destruir) como cualquier objeto creado por el ser humano. Entonces, partiendo desde la premisa palpable de que son criados, manipulados (marcados, castrados, descornados, etc.) y asesinados, ¿cómo cabe esperar que entre estas acciones haya un «buen trato»?

Es más, ¿cómo calza eso de un trato ético con que finalmente terminen en el matadero? ¿Forma parte dicho destino final de una «ética humanitaria»? ¿Cómo es posible que las autodenominadas organizaciones animalistas defiendan y promuevan tales aberraciones?

Un anuncio penoso de Leche Pascual con el tema de su campaña «You are so beautiful». No aparecerá, por supuesto, la realidad de su día a día y ni tampoco las organizaciones animalistas mencionarán los múltiples ingenios humanos para coaccionar a los animales. Incluso los medios de comunicación generalistas se están apuntando al carro del sensacionalismo animalista para lucrarse.

La esclavitud humana frente a la de otros animales

Comparar la esclavitud humana y la esclavitud animal no es un capricho de los activistas veganos. El veganismo y los Derechos Animales están basados en los mismos argumentos racionales que forjaron los Derechos Humanos, a saber, que tanto un humano como otro animal valora su vida, defiende su integridad y no quiere ser privado de libertad. En ambos casos se produce que grupos humanos con poder determinan que únicamente los miembros de su grupo tienen derechos.

Todos los humanos, por el simple hecho de contar con unas altas habilidades cognitivas, podemos aprovecharnos de los demás animales. Sin embargo, si no consideramos justo abusar de otros humanos más débiles (p. ej: niños) o con una deficiencia cognitiva, ¿por qué acaso va a estar bien aprovecharnos de de los animales?

La empatía, que motiva y alienta a multitud de animalistas, debiera llevarlos a profundizar en las razones de por qué cometemos tales actos contra otros sujetos por pertenecer a una especie diferente. Cabe basarnos en nuestra propia sintiencia (sensibilidad) para ponernos en su situación y así comprender por qué merecen respeto en lugar de sólo «bienestar». El «bienestar animal» es un paradigma engañoso que pretende mejorar la productividad e imagen pública de la explotación animal.

Las organizaciones animalistas intentan asumir el rol de «agencia moral» de los animalistas y entran en complicidad con la industria para tratar de suavizar y manipular la opinión pública para que el consumidor medio mantenga su conciencia tranquila mientras no hace nada o creer salvar animales siendo antitaurinos.

En consecuencia, nada puede cambiar si la sociedad continúa cerrando los ojos ante aquello que le disgusta o prefiere desconocer para calmar su conciencia ni mientras los animalistas, en su conjunto, no quieren informarse con el fin de respetar a todos los animales por igual y saber defenderlos con conocimiento de causa.

Mientras esto suceda, las argucias de las organizaciones animalistas seguirán acaparando socios y fieles fanáticos que creen haber descubierto a sus salvadores y la publicidad seguirá triunfando, dichos animales morirán entre cuatro paredes ensangrentadas y, para colmo, los consumidores continuarán valorando un «estándar» de bienestar animal que no aceptarían para sus propias personas ni en la peor de sus pesadillas.

Becerro recién nacido - Bienestar animal - Carne ecológicaTernero recién nacido y marcado en la oreja. La mayoría de los machos terminará en el matadero a los pocos meses sin haber probado una gota de la leche de su madre. En la industria del huevo, otro ejemplo típico, los pollitos macho son triturados el mismo día en que eclosionan. Para las organizaciones animalistas, estos hechos no existen o forman parte del «bienestar animal». Los consumidores tratan de tranquilizar sus conciencias pensando que alguno de esto es «natural».

Ignorancia voluntaria y fe en el bienestar de los esclavos

Como ya se ha explicado, el bienestar animal es un concepto subjetivo y vacío, un aforismo comercial, un reclamo para incautos, crédulos y gente que se necesita encontrar un sentido a sus acciones ególatras y su mentalidad especista cuando participa, trabaja o paga para que un animal sea criado, hacinado, manipulado y asesinado sin sentirse culpable por ello.

Por muy educado y asertivo que uno intente ser, basta con explicar esto mismo en público y siempre saltan vegetarianosu otros hipocritarianos— y veterinarios que se ponen prepotentes y violentos cuando, además, se critica a los zoológicos porque ellos trabajan o quieren especializarse en ellos. A todos ellos les sale su vena irracional y especista por un claro conflicto de intereses.

Resulta desolador que la sociedad general no quiere saber adónde va el dinero que paga y prefiere creer que existe esa entelequia llamada «bienestar animal». No quiere saber si el dinero va destinado a separar familias, a inseminar forzosamente a hembras, a vender crías recién nacidas, a comprar o fabricar herramientas de tortura o asesinato, o a encerrar, electrocutar o descuartizar individuos que querían seguir viviendo y un largo etcétera. No quiere saber que los humanos estamos exterminando a todos los animales sobre la Tierra.

Más lamentable, si cabe, es que muchos de los autodenominados «animalistas» rechazan el «maltrato animal» mientras comen carne (¡y dicen que las plantas sienten!) y participan en otras formas de explotación de animal. Pensar que se puede respetar a un animal cuyo destino final es el matadero equivale a creer que, hace apenas dos siglos, los negros eran tan felices siendo esclavos o que la esclavitud era ética si contaban con el suficiente «bienestar».

En el caso de los demás animales, la mayoría de la gente considera que a ellos les valen las simples caricias cuando su vida se basa en ser un producto de consumo cuya fecha de caducidad está marcada en una oreja desde el nacimiento. Las organizaciones animalistas, ni cortas ni perezosas, se limitan a reforzar este prejuicio para sacar tajada.

No existe una igualdad práctica entre humanos y otros animales porque no existe una asunción de igualdad moral, es decir, es imposible en la práctica que exista un trato igual de justo para un miembro ajeno a nuestra especie porque los humanos consideramos dogmáticamente que sólo los miembros de nuestra especie merecen consideración moral.

Este fenómeno, tan bien descrito por múltiples autores, es el especismo, un prejuicio moral que lleva a la sociedad a pensar que los demás animales sean seres inferiores y que, por ende, no merecen el mismo respeto que aplicamos a otros seres humanos. La analogía con el racismo es evidente.

No a la esclavitud animal. Es hora de evolucionar - ¡Derechos Animales ya!Mucha gente se indigna ante estas «comparaciones odiosas» cuando condenamos el concepto de «bienestar animal» y de «carne ecológica» pero ninguno de tales individuos es capaz de argumentar por qué, según ellos, la esclavitud animal sea excusable. Pensar que existe una ética para nosotros y otra diferente para ellos ha causado las mayores aberraciones de la humanidad. Y, por supuesto, las organizaciones animalistas jamás publicarían un cartel semejante. No sólo porque consideran igualmente que los animales son seres inferiores, sino porque hacer sentir culpable a la gente no da dinero.

Una revisión histórica sobre la esclavitud humana

Comencemos con la historia de la esclavitud humana: evidentemente, los esclavos no hubieran podido por sí mismos abolir su esclavitud si no hubiera habido otras personas que se solidarizaran con su causa. Es cierto que hubo revueltas violentas y acciones políticas; pero éstas no habrían tenido lugar ni efecto hasta nuestros días si un porcentaje de la población no afectada (blancos) no hubiera transformado, en algún un momento, su visión acerca de la moralidad de la esclavitud. Primero, hubo movimientos de divulgación en la sociedad, y esta información caló en un pequeño grupo de gente, el suficiente para, por ejemplo, organizadas jornadas y boicots para la liberación de esclavos, unas liberaciones clandestinas en que participaba gente de raza blanca.

Antes de estos hechos y mientras tanto, también había reformistas que abogaban por solamente mejorar las condiciones de los esclavos negros. Sin embargo, los reformistas no condenaban la injusticia de la explotación y, por ello, no concienciaban a nadie sobre por qué era injusto tener esclavos o aprovecharnos a su costa.

El cambio aconteció cuando se alcanzó un porcentaje poblacional tal que provocó las movilizaciones sociales que propiciaron la abolición de la esclavitud. Aunque hoy en día siga habiendo individuos racistas (y quizás siempre los haya), la sociedad general rechaza de pleno el racismo y la esclavitud, es decir, el prejuicio por el cual una raza se siente superior a otra y el fenómeno por el cual explotamos a otros sujetos por dicho prejuicio.

Lo mismo hacemos los activistas veganos en la actualidad: buscamos crear una masa social que cuestione nuestro prejuicio de supremacía humana (antropocentrismo), el cual genera la creencia de que los demás animales sean inferiores a nosotros (especismo), hasta alcanzar el fin de la esclavitud animal. Según se estima por estudios estadísticos, basta con que el 10 % de una sociedad asuma un principio ético para que éste se convierta en mayoritario.

Cabe señalar que la liberación directa de animales, aunque legítima como el caso de los esclavos negros, es un asunto más complejo y delicado que en el de los humanos porque tales animales, muchas veces, carecen de hábitat o no pueden valerse por sí solos. Por ello, el boicot a las granjas de explotación animal, entre otros, es algo que rechazamos generalmente los activistas educativos porque no sirve para generar esa masa social consciente que se necesita.

¡Derechos Animales ya! - Sello de bienestar animal avalado por ANDA - Las organizaciones animalistas crean sus sellos publicitariosLas grandes organizaciones animalistas son aliadas de la industria o sus «agentes de relaciones públicas» para alentar cambios en el consumo que las enriquezcan a ambos sin cambiar en absoluto la situación de los animales esclavizados. No dudan en crear sus propios sellos con que señalar que el animal de turno tuvo una muerte hipotéticamente menos dolorosa que la media de sus congéneres.

La historia del negocio animalista y su relación con el fraude del bienestar animal

Al igual que durante los largos siglos de la esclavitud negra, las organizaciones animalistas y las empresas de la actualidad afirman seguir unos «estrictos protocolos» de «bienestar animal» basados en «compasión» y «respeto» hacia los animales «para consumo humano», lo cual, cualquiera con estudios en zootecnia sabe que no son sino directrices y regulaciones pertinentes que permiten incrementar la producción animal y los ingresos de venta.

Tales beneficios se producen directa o indirectamente, por un incremento de la productividad, un incremento del valor del producto o de la demanda por parte de consumidores que están dispuestos a pagar más por una pegatina sobre un envoltorio de plástico que les diga que los tejidos descuartizados de ese animal («carne ecológica») están en una bandeja con film porque lo mataron a cosquillas o fue el propio animal el que voluntariamente decidió poner fin a su vida, se subió al camión y avanzó en la línea del matadero sin necesidad de que les dieran con una porra eléctrica en las grupas y nalgas para hacerlo avanzar…

Frecuentemente, las organizaciones animalistas de corte neobienestarista —ya que ninguna actualmente se atreve a asumir públicamente su bienestarismo— abogan por el «bienestar animal» y argumentan que las regulaciones son un medio para conseguir la abolición de la explotación animal.

Otros más escépticos y, por ende, bienestaristas implícitos, se resignan a que nunca llegará el día de la abolición de la explotación de animales no humanos, y por ello, justifican las regulaciones alegando que el «bienestar animal» ayuda a los animales y que es lo mejor y mayor que podemos conseguir por ellos. Ahora bien, ¿hay alguna evidencia histórica que nos señale que regular la explotación de individuos trae como consecuencia la abolición?

Las primeras leyes de bienestar animal datan de 1824 en Inglaterra. En aquella época, se constituyeron asociaciones de bienestar animal que recibían donativos de gente «compasiva» y «sensibilizada» que se dedicaban a detectar formas de «maltrato animal» y denunciarlo. Fueron bastante vehementes, por ejemplo, con la tracción animal y el maltrato a los caballos que entonces se explotaban cotidianamente en las calles de las grandes ciudades. Sin embargo, no condenaban el propio hecho de que se los montase o se los obligase a arrastrar cargas. Hasta hoy, la explotación ecuestre y de otros animales sigue siendo vigente.

¿Se requieren más pruebas para demostrar que los animales seguirán sufriendo injusticias mientras la sociedad participe en su explotación? Si no se promueve un cambio de conciencia, las regulaciones habidas o por haber no solucionarán nada para los animales.

¿Cuál ha sido desde 1824 la aportación más importante del bienestar animal?, ¿jaulas más grandes?, ¿sin jaulas?, ¿asesinatos «humanitarios» para obtener «carne ecológica»? Si dichas organizaciones animalistas hubieran promovido el abolicionismo, como en el caso de la esclavitud negra, ya habría en el mundo un porcentaje mucho mayor de veganos conscientes del problema de la cosificación de los animales no humanos, conscientes de su estatus de propiedad, ante la ley y ante la sociedad, y que estaríamos luchando codo con codo para educar a más y más personas humanas.

Así no ha sucedido porque las organizaciones animalistas obtienen mucho más dinero pactando con la industria y porque, si desaparecieran las injusticias que padecen los animales, se les acabaría el chiringuito. Sólo cuando los seres humanos queramos entender y reconocer el valor de la vida en los demás animales, entonces habrá algún tipo de justicia práctica. El desconocimiento, la fe y la credulidad no son buenas conductas que permitan el progreso social en ningún sentido.

Dado que la práctica depende primero de la ética y ésta depende a su vez de los razonamientos lógicos, no cabe tampoco ese desprecio generalizado entre muchos presuntos activistas hacia la teoría vegana o sus puntos más controvertidos por prejuicios especistas.

Tal desprecio les nace a raíz de que quieren ejercer acciones para salvar vidas sin asumir primero la necesidad de formarse. Los animales esclavizados están desprotegidos por partida doble: quedan a merced de la industria y de activistas que quieren acabar con la injusticia sin siquiera entender conceptos básicos ni conocer el origen de la explotación animal. Los animales no necesitan «héroes», sino a gente con las ideas claras.

Cabra montesa La «ganadería ecológica» es tanto igual de injusta para los animales como menos viable para el medio ambiente. Cabe recordar que la ganadería intensiva surgió para solventar una crisis de productividad a mediados del siglo XX. La carne ecológica no existe, como tampoco un «asesinato justo».

La mentira de la carne ecológica

La última gran maniobra de la industria, dirigida a quienes nos les importan los animales sino si su consumo puede suponer un gran impacto en el medio ambiente, es la propaganda de la mal llamada «carne ecológica». No existe tal cosa por dos razones.

En primer lugar, todo animal criado por el ser humano, incluso cuando el ganadero evita el uso de antibióticos, hormonas y otras sustancias comunes, todos están obligados por ley, o por un sentido de la rentabilidad, a alimentarlos con todo tipo de sustancias que llegan a ser perjudiciales para los consumidores y más, si sabe, cuando se infiltran en las tierras a partir de sus deposiciones. Y, en segundo lugar y más importante, conviene recordar que la FAO hizo hace poco un estudio titulado «La larga sombra del ganado» sobre el impacto de la ganadería y en éste expuso:

En total, a la producción ganadera se destina el 70 por ciento de la superficie agrícola y el 30 por ciento de la superficie terrestre del planeta.

La ganadería intensiva es la culpable directa de más de la mitad de los gases de efecto invernadero, eutrofización de aguas y ocupación de tierras fértiles. Y, para colmo, frente a la publicidad de la «carne ecológica», muestra que la ganadería extensiva y tradicional supone una ocupación todavía mayor de tierras que, dada la población humana, es absolutamente inviable.

Así pues, el fraude es nuevamente doble: ni la ganadería puede ser justa para los animales ni ésta puede ser ecológica, en tanto que siempre conlleva una impacto entre 10 y 100 veces mayor por hectárea que el consumo directo de plantas (organismos productores). Dejemos de alimentar esa antítesis, hermana del «bienestar animal», que han decidido llamar «carne ecológica» por ponerle algún nombre.

¡Derechos Animales ya! - El bienestar animal es como permitirles elegir a los esclavos el tipo de alambrada que los confinaComo trata de representar este cartel activista, el bienestar animal equivale a permitirles elegir a los esclavos el tipo de reja, alambrada o vallas que los mantengan confinados y cautivos.

El bienestar animal y la carne ecológica es la crónica de una muerte anunciada

La industria de la explotación animal tiene miedo. Ha de entenderse que nos endosan su publicidad especista y bienestarista porque palpan un gran temor ante el avance del veganismo y ven peligrar sus intereses egoístas. El veganismo es imparable, les guste o no. Algunas empresas ya está optando por adaptarte ante un cambio inevitable, pero las que no tienen pensado hacerlo darán todavía mucha guerra. Ya ha llegado a la calle y está penetrando también en el debate académico.

El miedo al cambio es una realidad a todos los niveles, ya esté el individuo sujeto a un conflicto de intereses más o menos acusado. Millones de humanos participan en la explotación animal por prejuicio, ignorancia o intereses personales. En ningún caso se justifica el uso de otro concepto erróneo y popular en nuestros días, empleado para condenar el consumo de carne o de quienes promueven la carne ecológica: el carnismo.

A pesar de nuestro pasado, la razón siempre termina imponiéndose y lo hará por nuestras obras. Decenas de miles de familias vivían de la trata de esclavos negros en el siglo XIX. También temían como los que más el cese de la esclavitud negra, pero, por fortuna, la ética está por encima de los intereses de quienes «viven del ganado». Únicamente les quedará cambiar su modelo de negocio a uno que no implique explotar animales o desaparecer.

El veganismo ha llegado para combatir una injusticia histórica. Y esto no lo decimos (argumentamos) «cuatro fanáticos», sino algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Hacerse vegano es dar un paso hacia la justicia universal. No tiene ningún misterio.

Declaración de Cambridge - ¡Derechos Animales ya!

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¿Es ética la eutanasia en animales?

Perro abandonado, ¿acaso es ético aplicarle la eutanasia?El concepto de «eutanasia», aplicado a animales, se convierte en un eufemismo que esconde el sacrificio —asesinato legal— de animales no humanos. La eutanasia en animales no es ética porque ellos no pueden dar su consentimiento libre e informado.

¿Cómo se define y en qué consiste la eutanasia?

El concepto de eutanasia, entendido en términos humanos, se refiere a la decisión voluntaria, libre e informada de un agente moral (adulto) de terminar con su vida mediante una muerte programada lo más liviana e indolora posible. Habitualmente, esta decisión proviene tras una deliberación y depresión continuadas en el tiempo ante un estado físico afectado por alguna dolencia muy grave, enfermedad crónica o degenerativa. Ante esta definición cabe preguntarse: ¿puede aplicarse el concepto de eutanasia en animales?

La eutanasia es un tema frecuentemente debatido en asuntos sociales debido a que plantea importantes implicaciones morales, políticas y religiosas. En esta entrada pretendemos abordar los aspectos éticos que surgen en los Derechos Animales por la acción de quitar la vida de un animal no humano en circunstancias extremas, o bien, por mero deseo del «propietario» (explotador) o adoptante.

¿Es correcto usar el término «eutanasia» para animales?

El interés más básico de todos los animales —nosotros incluidos— es la perpetuación y defensa de nuestras vidas; lo cual se concluye por observación y estudios científicos. Si reconocemos la importancia de dicho interés para nuestras personas, también debemos asumirla para los restantes sujetos con independencia de su sexo, raza o especie. Por ende, aplicar la muerte es una acción inmoral a menos que las razones lo justifiquen. Sin embargo, ¿cuáles son esas razones?

A tenor de su definición, cabría señalar en primer lugar que dicho término no podría aplicarse en el mismo sentido para los demás animales; pues los humanos con plenas facultades podemos decidir libremente y, en cambio, ellos no alcanzan el grado de conciencia necesario para expresar o conocer los métodos y consecuencias de esta práctica.

No valdría tampoco inferir sobre sus deseos o interpretar sus emociones a modo de prueba y argumento para escoger si dejarlos vivir o provocarles la muerte. La visión de que basta con evitar su sufrimiento es una postura bienestarista que no respeta ni tienen en cuenta los deseos que pudiera tener el animal al respecto.

El consentimiento es un requisito fundamental en la ética para definir la validez o legitimidad para ejecutar una acción. Sin éste, ningún acto contra los intereses inalienables puede ser moralmente aceptable. El concepto de eutanasia no puede aplicarse a otros animales porque ellos no pueden dar su consentimiento libre e informado para poner fin a sus vidas. Por ello, deberíamos denominarlo más bien un «asesinato compasivo» (asesinar significa quitar la vida sin consentimiento de la víctima) motivado por un prejuicio especista. A pesar de que uno pretenda hacerlo por su bienestar, debemos plantearnos la moralidad de nuestras acciones como lo haríamos con seres humanos.

La realidad es que el concepto de «eutanasia», aplicado a animales, se convierte en un eufemismo que esconde el sacrificio —asesinato legal— de animales no humanos.

¡Derechos Animales ya! - Perro con un carrito o silla de ruedas - Sacrificio de animalesLos animales muestran a menudo una capacidad de autosuperación que obnubila al ser humano. Más de uno individuo de nuestra especie hubiera preferido el sacrificio de este perro que va en su «carrito de ruedas» con el argumento falaz y autocomplaciente de que le evitaría sufrimiento.

¿Es legítimo eutanasiar animales?

La veterinaria —como la medicina— es una ciencia experimental basada en el análisis de síntomas y la deducción de un cuadro clínico. Aunque nuestros conocimientos y tecnologías actuales nos brindan múltiples posibilidades en materia de prevención y nos permite tomar decisiones de antemano, ésta no es 100% pronosticante —no existen las bolas de cristal— ni tampoco sus saberes cambian en grado alguno las consideraciones éticas. Asimismo, como en cualquier disciplina, existe un enorme sesgo de subjetividad cuando se baraja el tiempo que vida que nos queda o las condiciones en que pasaremos nuestros últimos días.

Igualmente, si nos trasladamos al ejemplo de un evento fatídico, nadie excepto la víctima puede saber qué estará experimentando después de un accidente o de si preferiría morir indoloramente allí mismo frente a la imposibilidad de una salvación. Con esta premisa, habría que separar entre realidad y posibilidad, si bien, a rasgos prácticos, nuestro papel debiera ser el mismo en cualesquiera circunstancias que para un niño.

La potencialidad no constituye la ética (el cual es un argumento falaz usado a menudo para justificar la amputación de órganos), por ello, al igual que no tiene sentido encerrar a nuestros hijos para que nunca los atropelle un coche, lo mismo cabe decir contra el hecho de que se asesine por compasión a un animal que quiera vivir ante el hecho de que, por ejemplo, le hayan diagnosticado un cáncer que lo matará supuestamente dentro de un año.

A ellos, además, se los priva de la posibilidad de mejoría (al igual que algunos humanos sobreviven a enfermedades mortales) y de su propia autosuperación. Pocos humanos llegan igualar la capacidad de superación que tiene cualquier animal.

Por otro lado, incluso cuando un humano está agonizando, no asumimos que no debemos aplicar ningún tipo de medicamento para causar su muerte instantánea; pues entendemos que nosotros no tenemos legitimidad sobre la vida de terceros. Esto, no obstante, se vulnera asimismo en aquellos países en donde existen la pena muerte; las cuales incumplen la deontología médica.

Con los animales no aplicamos la misma ética que querríamos para nosotros, sino que a menudo se opta por su sacrificio por nuestra propia conveniencia o autoengaño.

¡Derechos Animales ya! - Gato heridoQue un animal sea viejo o esté enfermo no significa que le hagamos un favor quitándole la vida. Cuando apoyamos el sacrificio de animales, plasmamos nuestro propio sufrimiento sobre ellos con independencia de que sufran más o menos.

Para no-humanos suele aplicarse una deontología especista

La mayor parte de los humanos decide muy a la ligera sobre si el animal de turno ha de continuar viviendo o no por el simple hecho de que no sea humano, y lo hace atendiendo a motivaciones utilitarias (beneficio personal). En ciertos sectores, el sacrificio (asesinato) de animales se vuelve sistemático cuando ya no pueden servir para el propósito que se esperaba por su uso como recurso. Esto sucede en perros explotados en servicios civiles, caballos en carreras o exhibición (¿se imaginaría estar condenado por romperse una extremidad?) y miles de casos análogos.

Dejando a un lado las relaciones basadas en la explotación animal, el grueso de los responsables de animales no humanos incurre en una ligereza similar a tenor de la misma mentalidad bienestarista que a todos nos inculcan en sociedad. De hecho, no se libran ni las aclamadas y grandes organizaciones animalistas.

A modo de ejemplo, PETA asesina por «eutanasia» a miles de perros al año porque sus albergues no dan abasto. Así ocurre porque el bienestarismo no valora que los demás animales deseen continuar viviendo. Para dicha ideología, imperante en el animalismo actual, los demás animales son meras máquinas sin proyección de futuro ni capacidad de anticipación. Los bienestaristas solamente rechazan eso que llaman «maltrato animal» cuando el daño lo causan terceros, no ellos mismos.

¿Por qué esta diferencia moral hacia los no-humanos? Consideramos que se debe a la misma razón por la cual se los castra o se defiende la explotación de animales en terapias o rescates: la mayor parte de los humanos no los ve como sujetos independientes; sino como alter ego, es decir, extensiones de sus personas u objetos que sufren. En consecuencia, si el hecho de quitarles la vida de una forma indolora les tranquiliza la conciencia bajo el argumento falaz de que el sufrimiento potencial justifica el asesinato, entonces no dudan en practicarlo.

Por tanto, la única diferencia estriba en que para el explotador ya no sirve y para el adoptante común ya no sufre. Se trata de un autoconsuelo moral convertido en argumento para arrogarnos una legitimidad inexistente.

¡Derechos Animales ya! - Jeringuilla junto a perro enfermo que va a ser eutanasiado o sacrificadoPonerle una inyección a un animal es una forma triste de poner fin a su vida, como bien saben los veterinarios. Incluso más lamentable resulta cuando pueden obligarlos legalmente a eutanasiar a animales sanos.

Un sacrificio legal de animales

Un asunto espinoso que no suele mencionarse a menudo es que los animales están contemplados legalmente como «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Es legal eutasianarlos mientras el «dueño» (propietario) siga el procedimiento legal propio de cada país o región. Y, asimismo, dado que no se tienen en cuenta sus derechos inalienables, cualquier acontecimiento entendido como de «fuerza mayor» (como una epidemia nacional o internacional), implica que el Estado puede quitarles la vida incluso sin el consentimiento del «dueño».

Se evidencia, por tanto, que las leyes no los protegen —ni podrán protegerlos mientras sean legalmente objetos— y que los veterinarios no aplican el mismo código deontológico que los médicos para humanos. Para cambiarlo, debemos empezar por tomar consciencia de esta realidad y empezar a respetar a todos los animales como se merecen.

Si está mal el sacrificio de animales, ¿qué deberíamos hacer entonces?

Como cuidadores, debemos velar siempre por el respeto hacia los intereses de nuestros recogidos cuanto quede en nuestra mano. Para no arrogarnos elecciones o decisiones que no nos corresponden (ni tampoco a los veterinarios), sólo se les debería aplicar cuidados paliativos en la medida en que garanticen o ayuden a mantener su vida, libertad e integridad.

En conclusión, no podemos hablar de «eutanasia» aplicada a otros animales y es reprobable porque no considera los requisitos morales —voluntariedad y elección— que sí cumple para los humanos con plenas facultades. La veterinaria actual no encuentra objeciones porque su código deontológico es bienestarista y se halla muy alejado de la ética hacia los animales.

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El fraude de las organizaciones bienestaristas

Bienestaristas - Organizaciones animalisttas

Tipos de animalistas: veganos y bienestaristas

Siguiendo la exposición de Sergio Greif podríamos clasificar a los animalistas en dos grupos según sus posiciones ideológicas: los partidarios de la «Liberación Animal» y los partidarios del «Bienestar Animal». En otras palabras: los defensores de la liberación animal y los asesores de la explotación animal. Estos últimos se denominan «bienestaristas» y constituyen lo que actualmente entendemos como organizaciones animalistas.

Los primeros defienden que los animales no humanos sean liberados de nuestra opresión, es decir, que dejen de ser considerados como «seres inferiores», y como objetos y recursos para beneficio humano. Postulan que los animales sean considerados como sujetos de derechos y sea abolido su estatus de propiedad. Asimismo promueven el veganismo como un imperativo moral. A nivel activista, hay diferencias de opinión sobre la manera adecuada de conseguir liberar a los animales, pero el activismo educacional es una de las opciones más apoyadas y es la que yo considero como la más apropiada.

Los segundos defienden que los animales sean tratados de forma «compasiva» o «humanitaria». No consideran que merezcan derechos no defienden que dejen de ser propiedades humanas; sino que se limitan a exigir que se los trate de una forma algo más «humanitaria». Se oponen al «maltrato»; pero no a la explotación y esclavitud de los animales no humanos.

Los bienestaristas defienden que la explotación animal sea reformada legalmente y, en ocasiones, que se prohíban algunos determinados usos que consideran «crueles». Los bienestaristas no pretenden ninguna revolución del paradigma actual sino que sólo pretenden una modificación de la tiranía que los humanos ejercemos sobre los otros animales.

No importa cómo te audenomines a ti mismo. Lo que importan son tus palabras y acciones. Si tus palabras y acciones son soporte para la explotación de los animales entonces no defiendes su liberación.

Origen y auge de los bienestaristas

Esta ideología utilitarista se vio reforzada por las obras del filósofo Peter Singer. sin embargo, No nos dejemos engañar por su libro titulado «Liberación Animal»: lo relevante al final son las ideas y las acciones; no las etiquetas. Ese libro, aunque denuncia el especismo, defiende la posición del «Bienestar Animal» y está basada en la filosofía del utilitarismo.

El propio Singer explica en el prólogo de este libro que él estuvo influido al titularlo por expresiones como «liberación de las mujeres» y denominaciones similares que se pusieron muy en boga durante la década de los 70 del siglo XX cuando lo escribió. Pero la elección no fue acertada; puesto que Singer no defiende en ningún momento que a los animales se los libere de la dominación humana —no defiende su emancipación—; sólo propone una reforma en la manera en que esclavizamos a los demás animales.

Singer reforzó la mentalidad antropocéntrica y alentó la formación de grupos animalistas que se convirtieron en asesores de la explotación animal.

Los bienestaristas actúan como asesores de la explotación animal

Casi todos los grupos autodenominados «animalistas» están conformados por bienestaristas. Tal es el caso de Mercy For Animals y también de IgualdadAnimal. Estos colectivos se dedican a asesorar sobre la forma «correcta» de explotar a los animales. Con dicho adjetivo se refieren a una hipotética manera en que no les causase sufrimiento, o bien, el menor sufrimiento posible.

En una reciente noticia aparecida en la publicación Sin Embargo vemos un ejemplo notorio que ilustra la posición bienestarista:

«Por su parte, Mercy for Animals pide firmar aquí para solicitar a las autoridades que fortalezcan las leyes, protejan a los animales y aseguren que sean insensibilizados antes de que se les corte la garganta.»

Aquí comprobamos que los bienestaristas actúan como asesores de la explotación animal. No estoy usando ninguna figura retórica cuando digo que son asesores. Los bienestaristas son literalmente asesores de la explotación animal. Ellos están a favor de la explotación de los animales, y colaboran en que ésta se mantenga, aunque les preocupa el sufrimiento que les causamos y pretenden reducirlo. Si bien, como veremos ahora, el bienestarismo no ayuda a reducir ese sufrimiento ni a evitarlo.

«La organizaciones Igualdad Animal y Mercy For Animals denunciaron en un video que empleados de al menos 21 rastros en México utilizan métodos inadecuados y crueles para matar ganado. La agrupaciones señalaron que la tortura va desde choques eléctricos en los ojos hasta puñaladas. Por ello, llamaron a reforzar las leyes y a manejar de manera correcta la matanza de animales en los rastros.»

En otra campaña similar, la directora de «Igualdad Animal México» denuncia que la normativa legal no se cumple en los mataderos y exhorta a que los animales sean asesinados cumpliendo con lo que dice la ley de «Bienestar Animal». Por tanto, «Igualdad Animal» funciona en la práctica como una asesoría para los explotadores institucionales y así la gente pueda estar tranquila sabiendo que los animales supuestamente son «sacrificados sin dolor».

Consecuencias de las acciones bienestaristas

Lo que hacen los grupos bienestaristas al difundir ese tipo de medidas no es ayudar a los animales —que seguirán siendo agredidos y asesinados igualmente— sino que están reforzando la idea de que si los animales «sufren menos», o no sienten dolor en el momento de matarlos, entonces es aceptable usarlos de comida. Lo que hacen al promover esa medida es reforzar el mito de que puede haber una explotación «humanitaria». Pero se trata sólo de eso: de un mito.

En primer lugar, no contamos con ningún dato que avale la idea de que el sufrimiento es menor con estas reformas. No hay ningún cálculo ojetivo que explique cómo se supone que reduce el sufrimiento. Nada. En cambio, los informes de los expertos independientes señalan que los animales esclavizados continúan padeciendo toda clase de tormentos en los nuevos tipos de jaulas y que no sería objetivo afirmar que su bienestar sea mejorado gracias a las reformas del «bienestar animal».

Los bienestaristas muestran con sus investigaciones que esas leyes de «bienestar animal» no protegen ningún bienestar real y que su contenido consiste sistemáticamente en vulnerar los intereses básicos de los animales para el beneficio humano: su interés en continuar existiendo, su interés en evitar el daño, su interés en no estar sometidos a la voluntad ajena.

Nos encontramos con el asburdo de que los bienestaristas reconocen que estas leyes no funcionan para proteger a los animales y se incumplen sistemáticamente en la abrumadora mayoría de los casos ¡pero insisten en defenderlas a pesar de la toda evidencia del fracaso del «Bienestar Animal» como presunta estrategia para beneficiar a los animales explotados.

Lo que sí consigue el engaño del «bienestar animal» es perjudicar todo el trabajo que hacemos en favor del veganismo, porque el bienestarismo refuerza la creencia de que está bien explotar animales si no se hace de forma «cruel», que es precisamente lo que buscan los explotadores institucionales con esta propaganda. Gracias al apoyo de los grupos bienestaristas, los explotadores institucionales se presentan ante el público como «compasivos» y «humanitarios» con los animales. Esto no ayuda a los animales, sólo ayuda al beneficio de la explotación animal como actividad económica; lo cual agrava y perpetúa el sufrimiento de tales víctimas.

Según se publica en el medio Vanguardia:

«Organizaciones exigen que el maltrato y la tortura registrada en los rastros y granjas en México sea considerado como un delito que se castigue con cárcel, para así garantizar un trato digno para los animales».

Esto es, según las organizaciones bienestaristas matar a los animales para servirnos de comida es compatible con darles un «trato digno». Según ellos, usarlos como recursos y mercaderías es compatible con darles un «trato digno». ¿Estaríamos de acuerdo en hablar así si se tratara de seres humanos?

En la misma noticia, la directora de «Igualdad Animal México», Dulce Ramírez, declara que ellos buscan que los animales queden inconscientes antes de matarlos:

«Mientras los animales sigan siendo asesinados para convertirse en comida, lo menos que podemos hacer es asegurarnos de que estén inconscientes antes de que los abran a puñaladas o los sumerjan en tanques de agua hirviendo […] Es momento de fortalecer las leyes en México para ayudar a prevenir este tipo de crueldad en contra de los animales. Esta es una medida de sentido común, urgente y necesaria, que aliviaría en gran parte el sufrimiento de millones de animales al año»

¿«Lo menos» que podemos hacer es asegurarnos de que las víctimas estén inconscientes en el momento de matarlas? ¿Y cómo se supone que van a conseguir eso? ¿Van a estar los bienestaristas vigilando en cada ejecución de cada matadero del país asesorando a los matarifes? Además, ¿qué sucede con todo lo anterior a la ejecución? ¿Acaso los animales no padecen toda clase de coacciones y agresiones contra su integridad física?

Los bienestaristas incurren en un error de base

Si nos fijamos, nos daremos cuenta de que la preocupación bienestarista por el sufrimiento se centra solamente en determinado grado de sufrimiento. Por lo general, un grado bastante alto. Si el sufrimiento no llega a ese nivel entonces deja de preocuparles. Sin embargo, no podemos justificar moralmente ningún sufrimiento infligido a los animales motivado por su uso como recursos para los humanos.

El uso de animales incumple todos los principios éticos básicos y, además, ni siquiera se puede excusar apelando a la necesidad, ya que no necesitamos consumir animales para vivir y tener buena calidad de vida.

Las leyes anti-crueldad no sirven para proteger a los animales ni pueden funcionar de esta manera, porque no se crearon para proteger los intereses de los animales sino que su función consiste en proteger la eficiencia de la explotación animal. Todos los partidarios de la explotación animal están a favor del «Bienestar Animal», porque saben bien que esto favorece sus intereses, y no los intereses de los animales que explotan.

Este fracaso del «Bienestar Animal» como supuesta herramienta para proteger a los animales ha sido analizado detalladamente en su trabajo por el profesor Gary Francione, quien explica que esta aparente preocupación por el bienestar de los animales está en realidad motivada por la preocupación real acerca de la eficiencia de la explotación.

Estas leyes persiguen como objetivo que la explotación de los animales mejore en su productividad y rendimiento económico. Pero si ese rendimiento puede continuar adelante sin acatar dichas leyes esto será lo que suceda. A los responsables de esas leyes no les preocupará que se incumplan mientras la explotación funcione adecuadamente, porque el objetivo del «Bienestar Animal» no es proteger a los animales —si así fuera comenzaría por condenar su explotación— sino proteger el bienestar de la industria y de sus consumidores.

La propia organización IgualdadAnimal al comienzo de su vida denunciaba el Bienestar Animal que ahora apoya y promueve; tal y como se puede ver, por ejemplo, en este artículo del año 2007 titulado «Reformar la esclavitud como forma de perpetuarla: el caso del consumo de carne de ternera». No hay un solo dato que indique que la situación haya cambiado desde entonces. Los bienestaristas simplemente han decidido apoyar una estrategia que saben que no ayuda  a los animales; pero que saben que les proporciona ingresos económicos para financiar sus sueldos.

Los bienestaristas descubrieron un filón económico basado en la compasión

Los bienestaristas descubrieron que mucha gente prefiere dar dinero a organizaciones antes que tener que cambiar sus hábitos y costumbres. Descubrieron además que mostrando imágenes de granjas y mataderos industriales aumentaba la demanda de gente dispuesta a dar dinero para que se terminara con la «crueldad» hacia los animales. Así han creado un lucrativo negocio.

En última instancia, los bienestaristas proponen como opción —no como obligación moral— que no comamos animales porque entienden que ésa sería la «mejor» manera de evitar el sufrimiento de los animales. Pero ellos no están en contra de la explotación, sólo están en contra del sufrimiento:

«Por favor, firma la petición para instar al Gobierno federal a que sea un crimen matar a los animales mientras estén aún conscientes y puedan sentir dolor. [Hacerlo] sería un paso en la dirección correcta, pero en última instancia, la mejor manera de que los individuos compasivos protejan a los animales de granja de la crueldad y el sufrimiento innecesario es simplemente dejarlos fuera de nuestros platos”, exhortó a la sociedad en general.»

Los bienestaristas consideran que explotar animales no es intrínsecamente inmoral, y sólo les importa la manera en que lo hagamos. Su ideología se basa en la filosofía del utilitarismo, y esta filosofía postula que sólo importa reducir el sufrimiento y aumentar la felicidad en términos generales. Cualquier cosa que consiga ese objetivo es aceptable para el utilitarismo aunque suponga utilizar a los individuos como simples recursos y destruir sus vidas para lograr ese objetivo. Los bienestaristas llevan a la práctica esa filosofía en el contexto de la relación entre los humanos y los demás animales.

Una síntesis del problema actual de los bienestaristas

Los bienestaristas defienden que hay una formas «mejores» que otras de explotar a los animales. Pero cualquier forma de explotación que supuestamente cause menos sufrimiento que otra ya es «mejor», con lo cual el bienestarismo sirve para condonar cualquier forma de explotación siempre que podamos compararla con otra que supuestamente fuera «peor». Y siempre podremos encontrar otra que sea peor en el sentido de conllevar más daño y sufrimiento a los animales.

El bienestarismo no reduce el sufrimiento sino que lo agrava, porque favorece que los animales sean explotados de la peor manera posible para así poder proponer indefinidamente reformas para conseguir «mejorar» la explotación, que en todos los casos será siempre violenta y brutal.

El bienestarismo existe dentro del mismo esquema mental que el especismo: ambas ideologías consideran que los demás animales son cosas —«cosas que sufren»— que existen para estar a nuestro servicio y disposición y que carecen de personalidad moral y derechos inalienables. Nada de esto tiene que ver con respetar y defender a los animales. Esto es defender que los animales sigan siendo explotados. Los bienestaristas son los asesores de los explotadores institucionales. Son los colaboracionistas de la opresión.

Hay una perspectiva moral diferente y opuesta a la del utilitarismo o bienestarismo: la filosofía de los Derechos Animales. Según esta filosofía, dejar de consumir animales no es la «mejor» opción; es la única. Ante la explotación animal dejar de consumir animales es la única manera de respetar a los demás animales. Por la misma razón que ante la esclavitud humana, dejar de esclavizar a seres humanos no es la «mejor manera»; es la única manera de ser respetuosos con los seres humanos. Dentro de esta filosofía se encuentra su base fundamental que es el veganismo.

Podemos elegir entre trabajar por liberar a los animales de la opresión o podemos elegir apoyar que sigan siendo explotados bajo leyes que dicen que son tratados de forma «humanitaria». Pero antes de elegir deberíamos tener claro que apoyar el «Bienestar Animal», y la regulación de la esclavitud animal, no puede ser coherente ni compatible con la primera opción.

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