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Partido Vegano - Los animales no deben formar parte del menú

Los animales no deben ser comida para los humanos

Partido Vegano - Los animales no deben formar parte del menúLa práctica del veganismo no reduce el menú ni implica despojar a otros humanos de sus derechos. Los animales no deben ser comida para los humanos porque podemos entender que ellos poseen sus propios intereses.

Los animales no deben formar parte del menú

Una de los reacciones más habituales por parte de nuestra sociedad se resume en alegar que el veganismo es malo, perjudicial o antisocial porque propone quitar comida del menú o limitar las libertades y los derechos de los humanos. En este artículo deseo responder a algunas de estas acusaciones tan habituales.

Un menú se refiere al conjunto de alimentos que conforman la elaboración de una comida. Atendiendo a las razones ya aportadas en otros artículos y fuentes académicas, no existe justificación ética para que cosifiquemos a los demás animales —nosotros también somos animales— como forma de alimento ni de ninguna otra forma. Los animales con quienes compartimos el planeta no deben ser comida para los humanos. Y que los animales no deban aparecer en el menú de los humanos no significa que el ser humano pase a estar más limitado o que se nos despojen de derechos.

A pesar de que existen decenas de miles alimentos potenciales para el ser humano, la sociedad de los distintos países solamente emplea una lista muy corta de ingredientes que combina hasta el infinito. Por ejemplo, productos como la leche o los huevos son omnipresentes por una razón estrictamente cultural, a pesar de que no contienen absolutamente nada especial. Existe una infinidad de productos vegetales que presentan cantidades muy elevadas de proteínas, grasas poliinsaturadas —las «mejores»— y múltiples vitaminas.

Existe una lista casi interminable de productos de origen vegetal —quinoa, algas, frutos exóticos, etc.— que muchos ciudadanos no comen a diario y que otros preferirán no probar en sus vidas, ¿acaso resulta correcto decir que la no-utilización de miles de ingredientes potenciales supone una reducción del menú o una limitación para los derechos de los humanos?

Al igual que el ser humano del siglo XXI elige cocinar con leche y huevos, podría crear sus platos y viandas con otros productos sin que ello perjudicara nuestra nutrición. Esto no es una hipótesis; sino una realidad ya presente en millones de individuos veganos que creamos platos igual o más diversos y sanos que los corrientes. En la práctica, el veganismo no es diferente ni más caro que aplicar otra dieta. Por tanto, aquí desterramos el primer mito: la creencia errónea de que la supresión de ciertos alimentos restrinja la variedad o complejidad del menú.

Partido Vegano - Supermercado con productos de origen vegetal - Comer animales no es un derechoLos animales no deben ser comida porque son sujetos como nosotros. En varios países ya existen supermercados enteros para productos de origen vegetal. La práctica del veganismo no tiene ningún misterio. El único obstáculo son los prejuicios de una sociedad antropocéntrica.

Comer animales no un derecho humano

Por su parte, el argumento de que el veganismo limite los derechos de los humanos parte desde la premisa falaz de que comer animales sea un derecho humano. Un derecho es la protección de un interés y un interés es una necesidad consciente. Nuestra necesidad consciente consiste en nutrirnos para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas; no necesariamente de una fuente en específico. A pesar de que pueda existir el deseo humano de alimentarse con los tejidos o productos de un animal en concreto —al igual que un humano puede preferir cazar, montar a caballo, ir a un zoológico, acuario, etc—, dicho deseo no puede juzgarse de manera unilateral.

Cuando las acciones humanas afectan o contravienen los intereses de terceros, todos podemos comprender que tales acciones no pueden juzgarse o establecer con base en el beneficio o interés de una de las partes implicadas. Los demás animales, científicamente, también poseen conciencia y deseos. Esto implica que también cuentan con sus propios intereses inalienables: vida, libertad e integridad.

Por ende, carece de fundamento ético que los intereses humanos se superpongan a los intereses de otros animales. Los animales no deben ser comida para los humanos porque, como agentes morales, podemos entender y razonar que los animales poseen sus propios intereses y que, por ello, merece que respetemos sus vidas, libertad e integridad.

El ser humano elige alimentarse de animales por resultado de la educación, el hábito y la costumbre inculcadas desde la infancia. No practicamos múltiples formas de explotación animal porque exista una necesidad; sino porque vemos a los animales como seres inferiores u objetos que existen para servirnos.

Los animales no debieran ser comida

En un sentido legal, está permitido comer animales porque están catalogados al mismo nivel que un televisor o un parterre, no porque comer animales constituya un derecho humano. No forma parte de nuestros derechos morales regir la vida de otros individuos.

Los veganos defendemos los Derechos Animales por la misma razón ética que sustenta los Derechos Humanos. El reconocimiento de derechos nunca puede suponer una limitación legal a otros individuos, sólo se protegen aquellos intereses que antes quedaban desamparados. No basta con oponerse al maltrato animal o al sufrimiento que causamos a los animales. Si realmente te importan los animales, hazte vegano, hazte activista y colabora con nosotros.

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¿Qué siente uno cuando se hace vegano?

¡Derechos Animales ya! - Chica con venda en los ojos por su propia melena - Qué siente uno cuando se hace veganoCuando uno se hace vegano siente que se ha quitado una venda de los ojos que le permite conocer y entender a los animales y las injusticias que padecen como nunca lo habíamos hecho hasta entonces.

Un resumen de qué siente uno cuando se hace vegano

A todos los veganos nos han preguntado alguna vez, por curiosidad genuina, qué se siente cuando nos hacemos veganos. Cada quien dio el paso hacia el veganismo a raíz de detonantes personales muy diversos. No obstante, casi todas las personas veganas solemos ponernos de acuerdo en algunos sentimientos encontrados. En esta entrada quisiera contar de una manera muy resumida aquello que empezó a rondar por mi cabeza cuando comencé a asumir que debía cambiar mis acciones, hábitos y rutinas porque perjudican innecesariamente a los animales.

En resumidas cuentas, cuando uno se hace vegano siente como si se le hubiera caído una venda de los ojos. En cuanto tomamos conciencia de la realidad que padecen los animales y nos cuestionamos la ética de nuestras acciones, rápidamente percibimos cuán perversa y manipuladora puede llegar a ser nuestra sociedad.

Desde pequeños nos han adoctrinado para hacernos pensar que los animales sean seres inferiores que existen para servirnos. Esto provoca que, cuando somos adultos, no lleguemos a preguntarnos si aquello que estamos haciendo roza la barbarie y la más absoluta de las aberraciones.

¡Derechos Animales ya! - Esquema de visión cárnica de una vaca - Qué sentimos los veganos a hacernos veganosCuando uno se hace vegano se quita una venda de los ojos y deja de ver a los animales como seres inferiores u objetos que existan para servirnos. Una vaca no es un objeto cuyo cuerpo debamos trocear para satisfacer nuestra gula; es un sujeto que valora su vida y que desea vivir tanto como nosotros.

Ejemplos cotidianos que nos quitan la venda de los ojos

Cada día podemos extraer ejemplos de cómo nuestra sociedad percibe y cosifica a los animales con quienes compartimos el planeta.

A nuestro alrededor, la gente habla sobre lo bien que saben, supuestamente, los tejidos muertos de un animal —con aditivos añadidos que evitan su putrefacción— o las extremidades descuartizadas de un cerdo que han estado colgadas más de un año.

A nuestro alrededor, la gente habla sobre comprar o regalar animales de ciertas especies y razas para cumplir un capricho particular o ajeno. Comerciamos y mercadeamos con las vidas de los animales tal como fuesen simples objetos decorativos que tienen la función de suplir una carencia emocional o para ejercer algún tipo de terapia física o psicológica. Se llega hasta el punto deleznable de oír que tal o cual perra, gata o yegua está, casualmente, embarazada al tiempo que lo está la hablante. Qué alegría debería sentir la hembra en cuestión si supiera que jamás volverá a ver a su cría. ¿De verdad no cabe esto en la cabeza de una madre humana?

A nuestro alrededor, la gente disfruta yendo a zoológicos y acuarios sin plantearse que están financiando el encierro y la captura de animales que quisieran vivir en libertad. O yendo de caza o pesca para ensartar animales con una bala o alguna herramienta más rudimentaria.

A nuestro alrededor, la gente se regodea con fiestas nacionales o castizas en que se les da muerte a un toro —o a cualquier otro animal usado como sacrifico ritual— mientras se explota a otros tantos animales para la carga y el transporte de seres humanos gordos y perezosos que van peregrinando con la supuesta intención de venerar a una figura religiosa que les dicta ser mejores con sus semejantes…

A nuestro alrededor, la gente habla sobre celebrar vacaciones en un país extranjero para montar sobre un camello, un elefante o hacer un safari entre leones confinados y otras especies animales que, casualmente, están en peligro de extinción por razones «no relacionadas» con su desprecio hacia la vida y la libertad de los animales.

En definitiva, cuando uno da el paso hacia el veganismo se percata de que todo nuestro mundo es horrible y de que muchos humanos se quejan de que es horrible mientras es su mentalidad egoísta, colectivista, ególatra y narcisista la que lo convierte en un mundo atroz.

Los animales son legalmente esclavos y no deberían serlo. Queda en nosotros, los veganos, ser el futuro de la sociedad. Unámonos para cambiar el mundo.

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Partido Vegano - Conejo con mascarilla puesta

El año del coronavirus y del sacrificio de animales

Partido Vegano - Conejo con mascarilla puesta - Año del cocornavirus - 2020 - AnimalesEl año 2020 ha sido el «el año del coronavirus» debido a las implicaciones mundiales que ha tenido la pandemia del COVID-19. Por desgracia, los humanos no han sido las únicas víctimas. El coronavirus se ha cobrado más víctimas de animales de otras especie que individuos humanos; pues los seres humanos hemos ejercicio el sacrificio —asesinato — sistemático de animales como fruto de nuestro antropocentrismo.

El ser humano trata de combatir el coronavirus mediante el asesinato de animales

En este blog ya he publicado otros artículos sobre el panorama dejado por el coronavirus. En este artículo queremos dar un vistazo general a los hechos ocurridos durante el año y aportar algunas reflexiones finales.

El año 2020 va a quedar en la historia con el epíteto propio de haber sido «el año del coronavirus». Durante los meses de confinamiento hubo una especie de «curiosidad» ante el hecho insólito de que millones de animales regresaban a ocupar hábitats arrebatados por el ser humano, en nuestras ciudades se había reducido la contaminación y los ambientes naturales se veían más limpios.

Mientras la mitad del mundo se desgañitaba por salir de sus hogares y empleaba expresiones especistas para comparar su situación con las miserables vidas de muchos animales, muchos veganos encontrábamos una paz relativa y manteníamos la fe de que la humanidad podría aprender algo de esta pandemia. Sin embargo, no ha sido el caso y difícilmente lo será mientras impere una mentalidad únicamente centrada en el «yo».

Esta mentalidad de que solamente importa nuestra supervivencia a costa de los demás y de cualquier precio, lleva a que nuestra sociedad y nuestros gobiernos practiquen, y hayan practicado durante este año 2020, el sacrificio —asesinato— sistemático de animales con el argumento de paliar o combatir la transmisión del coronavirus. Millones de animales, domesticados y salvajes, como visones, caballos, conejos, ratas y otros animales empleados en experimentación ha pagado una vez más el desprecio, la hipocresía y el desinterés humano en cualquier sujeto que no fuere uno mismo.

Partido Vegano - Huevos de gallinas con letras de COVID-19El coronavirus no está en los huevos de gallinas esclavizadas; pero hay un virus todavía peor que infecta a toda la humanidad: el especismo.

Conclusión

Aun cuando la muerte de seres humanos es un motivo de pesar y tristeza, resulta muy injusto que limitemos nuestra empatía y sentimientos a quienes sean miembros de nuestra especie. Hablamos de sacrificio de animales en lugar de reconocer que se trata de un asesinato. El año 2020 se ha cobrado víctimas forzadas por el ser humano: millones de animales ordenador a ejecutar, calcinados y enterrados vivos por el supuesto riesgo de que pudieran contagiar a humanos. No solamente dicho riesgo no se ha demostrado; sino que, incluso aunque así fuere, ello jamás justificaría el asesinato de animales como tampoco justificaría el sacrificio de humanos enfermos con el argumento de salvaguardar a la humanidad.

La humanidad no parece haber aprendido absolutamente nada por esta coyuntura mundial. Tras haber transcurrido los peores momentos de la pandemia, los ciudadanos de España y de otros países han vuelto a continuar con sus actividades especistas, dañinas para el medio ambiente y carentes de autocrítica. Si acaso, sólo los gobiernos y empresas han aprendido cuán fácil es manipular a la sociedad, generar paranoia, ocultar información y asentar sus intereses institucionales como si estuviesen dirigidos a un bien social o filántropo.

Nuestra historia antropocéntrica se acordará de las millones de víctimas humanas que hubo, de los innumerables esfuerzos que se ejercieron para obtener una vacuna —sin mencionar cuántos animales mataban al día por ello— y otros detalles «heroicos» según el autor y su nacionalidad. Sin embargo, nuestra historia olvidará una vez más —o mencionará con absoluta indiferencia—, a aquellos millones de animales a los que se les dio muerte con el argumento de tener o transmitir el coronavirus.

Los animales merecen el mismo respeto que esperaríamos para nosotros mismos. La justicia es incompatible con cualquier discriminación moral basada en la raza, el sexo o la especie. Si queremos que cesen las injusticias que padecen los animales, debemos dejar de participar en toda forma de explotación animal —dar el paso hacia el veganismo— y ejercer un activismo educativo centrado en explicarle a la sociedad por qué los animales merecen derechos legales. Depende de todos nosotros.

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¡Derechos Animales ya! - Debemos hacer activismo vegano por los animales

Las cenas navideñas, la incomprensión familiar y la hipocresía animalista

¡Derechos Animales ya! - Debemos hacer activismo vegano por los animalesLas cenas navideñas, en compañía de familiares poco tolerantes, pueden suponer unos momentos bastante desagradables para los veganos. La incomprensión familiar y la hipocresía de muchos autodenominados animalistas conforman el problema que padecen las víctimas no humanas.

Ser vegano y sobrevivir a las cenas navideñas

Ser vegano puede llegar a ser muy duro en un contexto social en que más del 95% de la humanidad percibe a los animales como seres inferiores o simples objetos que existen para nuestro uso, servicio y disfrute. A tenor de ello, deseo expresar una reflexión sobre aquello que vivimos y sentimos una gran parte de los veganos cuando, por tradición y amor a nuestras familias, pasamos tiempo con familiares no-veganos en Navidad y en otras fechas señaladas.

El veganismo es un principio ético muy minoritario en la sociedad actual. Tan minoritario que el grueso de la sociedad no conoce el término, y a otro tercio le suena tristemente por las constantes tergiversaciones vertidas por la prensa acerca de supuestos famosos veganos que, después, afirman dejar su «dieta vegana» y comer jamón en Navidad.

Hay veganos que, en lugar de acudir a cenas navideñas con amigos o familiares no-veganos, prefieren quedarse solos en casa o con sus parejas. Resulta comprensible que no nos sintamos cómodos ante la elevada posibilidad de soportar bromas, comentarios fuera de lugar, preguntas retóricas con el talante de quien sienta cátedra y otras situaciones que dan la impresión de buscar provocación o un sentimiento de superioridad basado en el statu quo.

No obstante, también hay personas veganas que, con optimismo y afán de ejemplo, acuden a cenas navideñas y a otros festejos para demostrarles a sus familiares que los veganos somos humanos sanos física y psicológicamente. La dieta vegana es sana tanto para adultos como para niños.

Partido Vegano - Hipocresía en navidad - Hipocresía animalistaA la sociedad general y a nuestros familiares les gusta expresar buenos deseos para el año próximo mientras sus acciones son las responsables de muchas injusticias y miserias en el mundo. Y, a veces, sus acciones llegan a ser incluso las culpables de su propia situación. A la sociedad le escasea la autocrítica y le abunda la hipocresía. Acontece una incomprensión familiar cuando se comenta esta realidad.

La hipocresía en Navidad

La Navidad es una de las fechas que nuestro colectivo suele soportar peor. Así ocurre porque las fiestas de Navidad sonsacan el rostro más hipócrita y cínico de la sociedad humana cuando ésta ruega prosperidad y dicha mientras mantiene la mentalidad egoísta y narcisista de participar en la explotación animal por simple gusto, placer y conveniencia. No tiene sentido pedir paz en el mundo, o quejarse de las desgracias vividas, mientras se participa y financia la crianza, manipulación, coacción y asesinato de millones de animales a lo largo del año.

Por razones que muchas veces no entendemos, nuestros amigos y familiares no son conscientes de que sus acciones causan víctimas innecesarias y que, a nosotros, nos hiere tanto tales acciones como su incomprensión hacia nuestro modo de vida.

Nuestra sociedad, de una forma inculcada e irreflexiva, considera que la vida de los animales no vale nada y que sólo importa reducir el sufrimiento mientras nos aprovechamos de ellos de infinitos modos y maneras. Esta percepción utilitarista, denominada «bienestarismo», es la ideología imperante todavía entre los animalistas desde el siglo XVIII y la mayor responsable de que, todavía en el siglo XX, la lucha por los Derechos Animales se vea marginada y en un segundo plano frente a acciones y campañas especistas, sensacionalistas, monotemáticas y antropocéntricas.

Partido Vegano - Bola en árbol de NavidadToda la sociedad humana es responsable en mayor o menor grados de las acciones que ejercemos sobre los animales y otras víctimas. A pesar de ello, existe una mentalidad ingenua y de autoengaño. Nuevamente, se produce una enorme incomprensión familiar cuando uno se limita a contar y explicar la realidad.

Los animalistas deben salir de su burbuja especista

A menudo, algunos de nuestros familiares se consideran «animalistas» y no dudan en narrarnos en Navidad sus buenas acciones del año. Muchos creen hacer el bien cuando se limitan a exigir jaulas más grandes para las gallinas, delfines en libertad —pero no para los peces que se encuentran a veces en el mismo acuario—, conejitos con los que no se experimente para comésticos —pero sí para vacunas— o perritos que puedan salir a la calle durante la pandemia. Al mismo tiempo, olvidan o les parece menos prioritario que todos los animales están catalogados como «bienes muebles semovientes» —objetos con movimiento autónomo— y que, por tanto, el gobierno puede decretar el asesinato de cualquiera ellos.

Los animales no necesitan «animalistas concienciados» con el «sufrimiento animal». Lo que necesitan los animales son veganos, nada más y nada menos. Quien no es vegano está, por definición, ejerciendo una violencia sistemática y apoyando el sistema legal que permite y avala todo clase de injusticias contra los animales.

Esta explicación, tan sencilla si uno reflexiona sin prejuicios, suele caer en un saco roto en muchos de quienes se perciben a sí mismos como salvadores de los animales, mientras se dedican a proponer acciones inútiles o soeces, y a firmar campañas sobre «maneras éticas» de sacrificar animales «de abasto». Y, luego, durante las cenas navideñas, suelen ser de los más indignados ante el «maltrato animal».

Los animalistas, ya sean familiares, amigos o desconocidos, no lo hacen con mala intención. Simplemente han aceptado una serie de ideas erróneas sobre lo que implica defender a los animales ante la ley y cuáles acciones son éticas y coherentes para lograr el reconocimiento de derechos legales.

Partido Vegano - Cenas navideñas - Cena familiar - AnimalistasEn nuestra mano queda elegir cómo afrontar las cenas navideñas y cómo trasladarle a la sociedad las razones de por qué todos los animales merecen respeto.

Conclusión

La Navidad suele ser un momento poco halagüeño y triste para el colectivo vegano debido a la incomprensión familiar y la hipocresía de conocidos que se ven como defensores de los animales mientras no comprenden el fundamento de por qué los animales merecen respeto y causan daños evitables.

De nosotros depende tanto respetar a todos los animales como trasladar a la sociedad aquellos valores que nos mueven por dentro. A pesar de las dificultades de ser los únicos veganos en nuestras familias, debemos permanecer al pie del cañón porque las víctimas no-humanas sólo nos tienen a nosotros. Si quieres comenzar un nuevo año cambiando el mundo, te invito a conocer el apartado de formación para activistas.

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Partido Vegano - Caballos acosados por un helicóptero en Australia

La matanza de caballos en Australia y la perversidad del antropocentrismo

Partido Vegano - Caballos acosados por un helicóptero en Australia - Matanza de caballos en AustraliaUn helicóptero acosa a una manada de caballos para dirigirlos hacia donde les conviene. Está produciéndose una matanza de caballos y de otros animales en Australia con el argumento falso de salvaguardar sus recursos hídricos para así satisfacer hasta la última gota de nuestro antropocentrismo perverso.

[Fuente de la fotografía: El País] [El círculo rojo ha sido una adición mía]

La antesala del exterminio masivo de animales

En este artículo queremos rescatar un terrible suceso que tuvo lugar en el año 2013: una cruel matanza de más de 3000 caballos en Australia. Volvemos a traerlo a colación por tres motivos muy importantes:

  1. Tales hechos fueron atroces y reflejaron en grado máximo la indiferencia, la insensiblidad, el sensacionalismo, la confusión, la hipocresía, la cosificación animal y el más absoluto de los desprecios que nuestra sociedad muestra hacia los animales.
  2. Australia y otros países han ejercido —y siguen ejerciendo— batidas y cacerías sistemáticas contra aquellos animales que perjudican sus intereses institucionales.
  3. Estos actos tan deplorables cobran de nuevo una especial relevancia tras la noticia de que el agua ha empezado a cotizar en la bolsa de Wall Street.

A tenor de estas razones, queremos relatar y comentar los terribles acontecimientos que se produjeron como antesala de aquello que podría volver a acontecer muy pronto a escala planetaria. Hay serios indicios de que, a partir de ahora, diversos diversos gobiernos de todo el mundo buscarán múltiples excusas para exterminar animales salvajes con el objetivo de controlar sus recursos hídricos.

Partido Vegano - Caballo asesinado desde un helicóptero en Australia - Exterminio de animales por recursos hídricosCaballo asesinado en Australia por un disparo desde un helicóptero. Los escasos recursos hídricos de Australia se llenan con la sangre de inocentes mientras se riegan campos de golf.

Una matanza caballos con premeditación y alevosía por parte del gobierno australiano

En 2013, el Consejo Central de la Tierra (CLC), un organismo gubernamental del gobierno australiano, aprobó la decisión de asesinar a más de 3000 caballos salvajes que habitaban en Tempe Downs, un territorio virgen en la zona interior del continente australiano que estaba muy afectado por una larga sequía.

Atendiendo a las pruebas de dicho suceso, la razón de esta decisión estuvo motivada porque estos caballos salvajes interferían en los intereses ganaderos de la región. Los caballos salvajes suponían una competencia por los pocos pastos verdes y la escasa agua que se encuentra en estas vastas extensiones de 4.750 kilómetros cuadrados. Además, como hemos tratado en un artículo sobre la domesticación, los caballos salvajes suponen también un problema para las yeguadas que se dedican a seleccionar una raza en particular.

Sin embargo, lejos de recurrir al argumento antropocéntrico de que «los caballos son una plaga» —porque atentaban contra los intereses egoístas de quienes esclavizaban a caballos domesticados y otros animales como ganado—, al gobierno australiano se le ocurrió una manera más infame de realizar un control de daños frente la opinión pública: ejercieron unas campaña publicitaria que supuestamente demostraba que tales caballos salvajes estaban pasando hambre y sed por la falta de recursos hídricos y que, según ellos, lo más ético y humanitario era abatirlos desde un helicóptero para poner fin a sus vidas y que dejaran de sufrir.

Este movimiento manipulador generó tres grandes grupos de opinión: los australianos que se posicionaban a favor de la matanza para que los animales no «sufrieran», los australianos que se posicionaban a favor del exterminio porque previamente entendían que esta matanza de caballos les beneficiaba por algún motivo egocéntrico, y los australianos que se oponían alegando que matarlos desde un helicóptero no se trataba de una forma «humanitaria» o «higiénica» de acabar con todos estos animales. Como sucede en otros conflictos con animales, estas interpretaciones debieron a tres posturas ideológicas interrelacionadas y nacidas del antropocentrismo.

En este vídeo expongo comentario completo sobre la matanza de caballos en Australia. La introducción menciona al Partido Vegano, un proyecto que estuvo en funcionamiento durante el año 2020 y principios de 2021.

Un análisis necesario

Esta matanza de caballos en Australia es un ejemplo completo de varias circunstancias actuales: de cómo un gobierno excusa el exterminio de animales «por su propio bien»; de cómo la sociedad bienestarista percibe que está bien matar animales con el argumento de que «no sufran»; de cómo los humanos más antropocéntricos lo ven bien porque perjudican a intereses humanos y de cómo los ecologistas especistas sólo se preocupan por unos animales según su cuantía poblacional, por razones sentimentales, nacionalistas, simbólicas o salubres.

Por desgracia, no cabe ningún consuelo para el caso que nos ocupa. Por un lado, a la mayor parte de la sociedad le importa un bledo que asesinen a más de 3.000 caballos de la noche a la mañana desde varios helicópteros. Las únicas voces críticas contra este crimen se reducen a la idea de que deberían haber llevado a estos animales al matadero para darles utilidad, a que no se ha producido una «muerte humanitaria» o a que habría convenido potenciar la doma y venta de estos caballos con fines recreativos o deportivos.

Nadie —o nadie que hayan recogido los medios— parece pronunciarse contra la propia acción inmoral de determinar la ejecución de otros sujetos y de regir las vidas de los animales como si fuesen objetos a nuestra disposición. Mientras en esta región de Australia se cometen matanzas de caballos salvajes, en otras zonas de este mismo país y en otros lugares del mundo se crían e inseminan forzadamente a yeguas para engendrar nuevos caballos que explotar y esclavizar. La única diferencia está en que los animales sólo tienen valor si su propietario los estima valiosos. Todos son esclavos.

Partido Vegano - Caballo recostado sobre la hierbaFotografía de un caballo recostado plácidamente sobre la hierba. No existe ningún argumento válido para justificar una matanza de caballos ni de ningún animal, ya fuere desde un helicóptero, con venenos u otros métodos aplicados. Cualquier argumento antropocéntrico, como el de salvaguardar supuestamente los recursos hídricos de una nación, es el resultado de un profundo desprecio que tenemos por los animales como fruto de un adoctrinamiento infantil.

Conclusión

Éste, señores, es el mundo en que vivimos. Un holocausto perpetuo en que los pocos animales mínimamente libres son abatidos de un helicóptero. Los animales de todo el planeta deben escoger entre morir a manos de los indiferentes, de sus explotadores o de sus «defensores»: los ecologistas y los animalistas. A los primeros sólo les preocupa un medio ideal en que cada animal esté controlado en su sitio y a los otros sólo les quita el sueño si los animales sufren o no sufren cuanto podrían sufrir mientras se les dan muerte.

Ni unos ni otros parecen comprender que a los animales no les basta con menos sufrimiento o con algo de libertad frente a nuestro régimen universal de persecución y exterminio. Todos los animales merecen respeto hacia sus vidas, libertad e integridad. El especismo pudiera considerarse una enfermedad porque se trata de un trastorno inculcado altera el uso de la razón. Nuestra sociedad está enferma de especismo.

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